22-08-2023, 01:48 PM
Cinco segundos. Cinco segundos dan para mucho.
Durante esos cinco segundos que aquel hombre me dio para soltarlo pude pensar varias cosas. Es curioso ver cuánto puedes llegar a reflexionar en tan poco tiempo.
¿Y si lo soltaba? Perdería un posible pirata que seguramente tuviera precio por su cabeza. ¿Y si continuaba? Quizás los marines acudieran y ambos acabáramos encerrados. En cualquier caso, no había buenas decisiones. No había una elección acertada.
Su voz resonaba en mi cabeza. Imponía cierto respeto de alguna manera. Casi llegué a plantearme soltarlo, pero... escudriñé su mirada a través de los agujeros de su máscara. Intentaba buscar una emoción humana. Un tic, algo que me diera una ventaja aunque fuera psicológica. No lo encontré. Y entonces.
Clic.
Nublé todas las ideas que tenía y simplemente vi un animal más pequeño y frágil. El sol que nos calentaba, hizo arder también con sus palabras, mi sangre y, en aquella calle semi transitada, decidí que iba a hacerle tragarse su amenaza. Era una calle ancha, con sitio de sobra para pelear, con un suelo de tierra compacta y dura, prácticamente inmutable por los impactos. A nuestro alrededor, la gente comenzaba a alejarse y quizá un par de curiosos se quedaba mirando qué ocurría.
Manteniendo mi agarre sobre su solapa, flexioné de golpe todo mi torso, mi cadera y finalmente mi cuello, buscando impactar con mi frente en la diminuta cabeza del hombrecillo. En mi mente, casi era como un martillo clavando una púa en el suelo. - Vas a necesitar un taburete para llegar a mi cabeza, ¡ENANO DE MIERDA! - grité poniéndome a su nivel de voz tras mi golpe.
