06-03-2024, 03:32 PM
Tras dar el golpe me giré mirando al presentador para conocer los resultados. No tenía muchas esperanzas teniendo en cuenta las personas a las que me enfrentaba, pero, para mi sorpresa, me proclamó ganadora. Escuchaba los vítores y gritos de júbilo, sin embargo, la sensación era agridulce. Me sentía satisfecha por estar un paso más cerca de ganar, pero sabía que algo había tenido que pasar para que hubiese podido vencer a aquellas bestias que eran mis rivales. El tipo de las pintas raras era un maldito tigre, la marine musculosa no sabía lo que era, ya la había visto con anterioridad de aquella forma, simulando un pájaro, aunque no uno normal. Nada en ella parecía común, ni su aspecto imponente, ni su voz enérgica y escandalosa ni esa especie de ser alado llameante. Todo apuntaba a que sus golpes eran realmente potentes. Pero el que más me mosqueaba era el marine barbudo, Joe. Sus músculos y sus pectorales parecían luchar por salir de su camisa, algo similar a lo que ocurría con la marine pelirroja, esa sensual Pili Mari… (tal vez la marina debía plantearse dar uniformes nuevos y de la talla correspondiente a sus miembros). Además, ya le había visto pelear, sabía de lo que era capaz y que no lo había dado todo en aquella prueba. ¿Por qué? ¿No le importaba ganar, estaba por encima de todo esto, o lo que había hecho el tal Garnet le había afectado más de la cuenta? De cualquier forma, había conseguido una victoria, que era lo importante, pero no me sentía ganadora y no pensaba confiarme ni subestimar a los demás.
Volví a donde estaba mi grupo para esperar a que se anunciase la siguiente prueba. Ahora solo me quedaba agunatar pacientemente y observar a los rivales y a mis compañeros. Esta vez, la prueba sería de velocidad, uno de mis puntos flojos. Odiaba correr. El primero que se presentó fue Yamamura. No conocía a ninguno de los participantes en los juegos, pero había visto a nuestro capitán volar y dudaba que alguno pudiese, siquiera, acercársele. —¡VAMOS, YAMAMURA! —grité cuando le vi cruzar el sensor. Había ido a tal velocidad que casi no me dio tiempo a animarle, antes de darme cuenta ya había recorrido la distancia. La otra pirata de nuestro equipo, Sasha había dicho el presentador que se llamaba, parecía alegre y animada comentando la jugada de Yamamura. Casi se me escapa la risa cuando llamó viejo a Yamamura. Tuve que contenerme para no perder la dignidad. Por lo visto, había otro lunarian e iba con ella, pero no era capaz de hacer lo mismo que Yamamura. Sería cuestión de entrenar. —Seguro que si tu amigo se esfuerza puede llegar a volar así —le dije para animarla.
El siguiente que se presentó fue Aspros. Una pena que dos de los nuestros compitiesen en la misma prueba, pero también había observado a Aspros y sabía que su velocidad, aunque no pudiese comprarse con la de Yamamura, era envidiable. Corrió tal y como era él, grácil y letal. —¡Bien hecho, Aspros! —le animé también. Tendría que pensar en mi equipo, pero no me apetecía gritarles de la misma manera que a mis compañeros y, menos aún, al saber que el que se presentaría sería el de la máscara, al que ahora podía ponerle nombre, Sohem. Cuando se alejó de nosotros para participar dudé un momento si debía decirle algo a Sasha. No me gustaba inmiscuirme en la vida de la gente, pero no quería que le ocurriese lo mismo que a nosotros.
—Oye Sasha, no me importa qué relación tienes con ese tal Sohem, ya eres mayor para decidir lo que haces, pero ten cuidado con él y vigílale cuando esté cerca de tu banda. No es la primera vez que mata un pirata para obtener su recompensa —le advertí para que estuviese alerta. Ella y los suyos no parecían piratas crueles y había algo en ese cazador que no estaba bien. Era peligroso, extremadamente fuerte y, lo peor, parecía que estaba mal de la cabeza. Para colmo, además de ser peligroso con su habilidad para generar calor y con su enorme arma, ahora acababa de comprobar que era endiabladamente rápido. Ese tío era un peligro.
Volví a donde estaba mi grupo para esperar a que se anunciase la siguiente prueba. Ahora solo me quedaba agunatar pacientemente y observar a los rivales y a mis compañeros. Esta vez, la prueba sería de velocidad, uno de mis puntos flojos. Odiaba correr. El primero que se presentó fue Yamamura. No conocía a ninguno de los participantes en los juegos, pero había visto a nuestro capitán volar y dudaba que alguno pudiese, siquiera, acercársele. —¡VAMOS, YAMAMURA! —grité cuando le vi cruzar el sensor. Había ido a tal velocidad que casi no me dio tiempo a animarle, antes de darme cuenta ya había recorrido la distancia. La otra pirata de nuestro equipo, Sasha había dicho el presentador que se llamaba, parecía alegre y animada comentando la jugada de Yamamura. Casi se me escapa la risa cuando llamó viejo a Yamamura. Tuve que contenerme para no perder la dignidad. Por lo visto, había otro lunarian e iba con ella, pero no era capaz de hacer lo mismo que Yamamura. Sería cuestión de entrenar. —Seguro que si tu amigo se esfuerza puede llegar a volar así —le dije para animarla.
El siguiente que se presentó fue Aspros. Una pena que dos de los nuestros compitiesen en la misma prueba, pero también había observado a Aspros y sabía que su velocidad, aunque no pudiese comprarse con la de Yamamura, era envidiable. Corrió tal y como era él, grácil y letal. —¡Bien hecho, Aspros! —le animé también. Tendría que pensar en mi equipo, pero no me apetecía gritarles de la misma manera que a mis compañeros y, menos aún, al saber que el que se presentaría sería el de la máscara, al que ahora podía ponerle nombre, Sohem. Cuando se alejó de nosotros para participar dudé un momento si debía decirle algo a Sasha. No me gustaba inmiscuirme en la vida de la gente, pero no quería que le ocurriese lo mismo que a nosotros.
—Oye Sasha, no me importa qué relación tienes con ese tal Sohem, ya eres mayor para decidir lo que haces, pero ten cuidado con él y vigílale cuando esté cerca de tu banda. No es la primera vez que mata un pirata para obtener su recompensa —le advertí para que estuviese alerta. Ella y los suyos no parecían piratas crueles y había algo en ese cazador que no estaba bien. Era peligroso, extremadamente fuerte y, lo peor, parecía que estaba mal de la cabeza. Para colmo, además de ser peligroso con su habilidad para generar calor y con su enorme arma, ahora acababa de comprobar que era endiabladamente rápido. Ese tío era un peligro.
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