22-08-2023, 11:58 PM
Era evidente que la joven me estaba analizando a medida que me acercaba, probablemente no había visto a nadie semejante a mí en toda su vida, y no la culpo, yo tampoco a decir verdad.
Las sensaciones que me daba esta chica era muy curiosa, ya que mezclaba la impresión que podría dar una niña curiosa y graciosa, pero al mismo tiempo me daba la impresión propia de una mujer de campo que posee tanto amplios conocimientos y costumbres propias de las personas que han trabajado en el campo toda su vida. Sin embargo, debo admitir que me seguía llamando más la atención el color de sus cabellos rosados.
- ¿Lo dices por esto?, no pasa nada, si está bueno. – Me contestó muy rápida al respecto de comer patatas recogidas en tierra y continuó hablando. - Por aquí vas a encontrar gente de todo tipo. Por ejemplo, ¿ves esa casa de ahí? – Me preguntó señalando una casa relativamente cercana.
Volví mi mirada hacia esa casa, la cual no llamaba mi atención en nada, parecía tan normal como cualquier otra del lugar.
- Ahí vive una vieja que dice que tiene un cerdo que sabe contar hasta diez. La gente se amontonaba para ver cómo el cerdito movía sus patas y oinkaba en orden numérico. Algunos decían que tenía el ojo agudo para los números, pero yo creo que más bien se dejaba llevar por los pedacitos de manzana que le daban. ¿Y esa de allí? – Preguntó rauda sin darme siquiera tiempo a procesar la historia que me acababa de contar.
Estaba riéndome un poco, aunque también estupefacto por la anterior historia y cómo lo contaba cuando me indicó otra casa, que en apariencia, también era normal. Aunque era evidente que la peculiaridad de este lugar no residía precisamente en las casas.
- Dicen que sus vacas dan leche con sabor a miel, a mí la verdad es que no supo a nada. – Me informó de muy buen agrado, acompañan dicha información con su propia experiencia personal.
- ¡Vaya! Este lugar parece de todo menos aburrido jajaja, me está empezando a gustar más de lo que creía. – Contesté con una gran sonrisa al tiempo que asentía levemente con la cabeza.
Tras esto ella se presentó como Jolyne. Un curioso, pero bonito nombre. Nunca lo había escuchado, aunque claro, tampoco es que yo haya sido criado entre humanos o algo así, había convivido con más Tontattas que con cualquier otra raza.
- Encantado de conocerte, ¡Jolyne! – Contesté rápido antes de que volviese a tomar la palabra. Algo que no tardó en hacer para contestar mi anterior pregunta sobre las tabernas.
- Aah sí, la clásica taberna. Yo nunca me he acercado porque siempre andan pidiendo dinero, pero la gente sale de allí tan feliz como un perro con dos colas. Y, sobre las patatas, supongo que las cocinarán, pero si te soy sincera a mí me sabe todo igual. – Dijo entre risas, provocando que se me contagiase a mí también la risa, y continuó hablando. - De todas formas, esas cosas tan refinadas no van conmigo ni por asomo. Mira, sígueme. Te voy a llevar a un sitio que tengo en mente, más cerquita y que seguro que te encantará, ya verás
Ella se reincorporó rápido y comenzó a caminar con una gran sonrisa en el rostro haciéndome señas para que la siguiese. A lo cual hice caso con total naturalidad. ¿Por qué me sentía como si estuviese tratando con alguien a quien conozco de toda la vida?
- Pero cuéntame Legan, ¿de qué rincón vienes tú? ¿qué te ha traído hasta este pueblito tan sencillo como un nido de ratones? - Me preguntó al tiempo que sacaba algo de su bolsillo y lo masticaba. Ofreciéndome también a mí posteriormente.
- ¿Nido de ratones? Que curiosa forma de hablar de su pueblo. - Pensé entre risas para luego aceptar su ofrecimiento, aunque con ciertas dudas.
- Eeeehm, sí, claro. – Contesté cogiendo lo que me estaba ofreciendo para llevármelo a la boca y masticarlo. - ¿Esto se come? – Pregunté con inocencia al tiempo que me reía un poco.
Nada más llevármelo a la boca abrí mis ojos como platos, y posteriormente fruncí el ceño intentando asimilarlo, era un sabor horrible.
- Nunca he masticado la suela de un zapato, pero imagino que debe saber parecido a esto. – Pensé intentando cambiar mi gesto en la cara para no delatar la mala reacción que me había causado, no quería que se sintiese ofendida, sin embargo debo admitir que casi sentía las lágrimas salirse de mis ojos.
- Uff, está fuerte ¿eh? – Comenté forzando una malograda sonrisa antes de contestar a su pregunta.
- Pues la verdad es que vengo de lejos, estoy con dos compañeros míos viajando de aquí para allá por las diferentes islas de East Blue. – Comenté mientras intentaba limpiar con la lengua trozos de este tabasco que se me estaba quedando pegado a los dientes. – El barco en el que viajamos ha hecho una parada aquí para comprar madera, y decidí dar una vuelta para estirar las piernas, que pequeñas no son Jajajaja
Supuse que tarde o temprano preguntaría sobre qué soy, ya que era evidente que no era alguien normal y parecía una chica curiosa. Decidí explicarlo para corresponder su calurosa bienvenida a la isla.
- Supongo que te parecerá raro un tipo como yo, no es muy común ver a gente cornuda ¿Verdad? – Pregunté entre risas. – Pues que sepas que yo tampoco los he visto. Yo soy hijo de un Oni, una raza que en términos simples es igual que yo, pero más grande aún y robustos. Mi madre era humana, por lo que soy un semioni, un híbrido, algo así como un chucho ¿Sabes? – Le dije entre risas.
Coloqué los brazos por detrás de mi cabeza, cruzados para mayor comodidad, y contemplé el cielo con una gran sonrisa antes de continuar contándole sobre mí.
- Y la verdad es que quiero ser un gran pirata algún día. Es por eso que viajo por estas islas. Me gustaría reunir a un grupo de personas para cumplir todos nuestros sueños juntos. – Le expliqué riéndome un poco para a continuación mirar a sus ojos fijamente, pero manteniendo una sonrisa. - ¿Tú tienes algún sueño, Jolyne?. - Me atreví a preguntarle con naturalidad. Estaba cómodo hablando con ella y comenzaba a bajar la guardia más de la cuenta.
Las sensaciones que me daba esta chica era muy curiosa, ya que mezclaba la impresión que podría dar una niña curiosa y graciosa, pero al mismo tiempo me daba la impresión propia de una mujer de campo que posee tanto amplios conocimientos y costumbres propias de las personas que han trabajado en el campo toda su vida. Sin embargo, debo admitir que me seguía llamando más la atención el color de sus cabellos rosados.
- ¿Lo dices por esto?, no pasa nada, si está bueno. – Me contestó muy rápida al respecto de comer patatas recogidas en tierra y continuó hablando. - Por aquí vas a encontrar gente de todo tipo. Por ejemplo, ¿ves esa casa de ahí? – Me preguntó señalando una casa relativamente cercana.
Volví mi mirada hacia esa casa, la cual no llamaba mi atención en nada, parecía tan normal como cualquier otra del lugar.
- Ahí vive una vieja que dice que tiene un cerdo que sabe contar hasta diez. La gente se amontonaba para ver cómo el cerdito movía sus patas y oinkaba en orden numérico. Algunos decían que tenía el ojo agudo para los números, pero yo creo que más bien se dejaba llevar por los pedacitos de manzana que le daban. ¿Y esa de allí? – Preguntó rauda sin darme siquiera tiempo a procesar la historia que me acababa de contar.
Estaba riéndome un poco, aunque también estupefacto por la anterior historia y cómo lo contaba cuando me indicó otra casa, que en apariencia, también era normal. Aunque era evidente que la peculiaridad de este lugar no residía precisamente en las casas.
- Dicen que sus vacas dan leche con sabor a miel, a mí la verdad es que no supo a nada. – Me informó de muy buen agrado, acompañan dicha información con su propia experiencia personal.
- ¡Vaya! Este lugar parece de todo menos aburrido jajaja, me está empezando a gustar más de lo que creía. – Contesté con una gran sonrisa al tiempo que asentía levemente con la cabeza.
Tras esto ella se presentó como Jolyne. Un curioso, pero bonito nombre. Nunca lo había escuchado, aunque claro, tampoco es que yo haya sido criado entre humanos o algo así, había convivido con más Tontattas que con cualquier otra raza.
- Encantado de conocerte, ¡Jolyne! – Contesté rápido antes de que volviese a tomar la palabra. Algo que no tardó en hacer para contestar mi anterior pregunta sobre las tabernas.
- Aah sí, la clásica taberna. Yo nunca me he acercado porque siempre andan pidiendo dinero, pero la gente sale de allí tan feliz como un perro con dos colas. Y, sobre las patatas, supongo que las cocinarán, pero si te soy sincera a mí me sabe todo igual. – Dijo entre risas, provocando que se me contagiase a mí también la risa, y continuó hablando. - De todas formas, esas cosas tan refinadas no van conmigo ni por asomo. Mira, sígueme. Te voy a llevar a un sitio que tengo en mente, más cerquita y que seguro que te encantará, ya verás
Ella se reincorporó rápido y comenzó a caminar con una gran sonrisa en el rostro haciéndome señas para que la siguiese. A lo cual hice caso con total naturalidad. ¿Por qué me sentía como si estuviese tratando con alguien a quien conozco de toda la vida?
- Pero cuéntame Legan, ¿de qué rincón vienes tú? ¿qué te ha traído hasta este pueblito tan sencillo como un nido de ratones? - Me preguntó al tiempo que sacaba algo de su bolsillo y lo masticaba. Ofreciéndome también a mí posteriormente.
- ¿Nido de ratones? Que curiosa forma de hablar de su pueblo. - Pensé entre risas para luego aceptar su ofrecimiento, aunque con ciertas dudas.
- Eeeehm, sí, claro. – Contesté cogiendo lo que me estaba ofreciendo para llevármelo a la boca y masticarlo. - ¿Esto se come? – Pregunté con inocencia al tiempo que me reía un poco.
Nada más llevármelo a la boca abrí mis ojos como platos, y posteriormente fruncí el ceño intentando asimilarlo, era un sabor horrible.
- Nunca he masticado la suela de un zapato, pero imagino que debe saber parecido a esto. – Pensé intentando cambiar mi gesto en la cara para no delatar la mala reacción que me había causado, no quería que se sintiese ofendida, sin embargo debo admitir que casi sentía las lágrimas salirse de mis ojos.
- Uff, está fuerte ¿eh? – Comenté forzando una malograda sonrisa antes de contestar a su pregunta.
- Pues la verdad es que vengo de lejos, estoy con dos compañeros míos viajando de aquí para allá por las diferentes islas de East Blue. – Comenté mientras intentaba limpiar con la lengua trozos de este tabasco que se me estaba quedando pegado a los dientes. – El barco en el que viajamos ha hecho una parada aquí para comprar madera, y decidí dar una vuelta para estirar las piernas, que pequeñas no son Jajajaja
Supuse que tarde o temprano preguntaría sobre qué soy, ya que era evidente que no era alguien normal y parecía una chica curiosa. Decidí explicarlo para corresponder su calurosa bienvenida a la isla.
- Supongo que te parecerá raro un tipo como yo, no es muy común ver a gente cornuda ¿Verdad? – Pregunté entre risas. – Pues que sepas que yo tampoco los he visto. Yo soy hijo de un Oni, una raza que en términos simples es igual que yo, pero más grande aún y robustos. Mi madre era humana, por lo que soy un semioni, un híbrido, algo así como un chucho ¿Sabes? – Le dije entre risas.
Coloqué los brazos por detrás de mi cabeza, cruzados para mayor comodidad, y contemplé el cielo con una gran sonrisa antes de continuar contándole sobre mí.
- Y la verdad es que quiero ser un gran pirata algún día. Es por eso que viajo por estas islas. Me gustaría reunir a un grupo de personas para cumplir todos nuestros sueños juntos. – Le expliqué riéndome un poco para a continuación mirar a sus ojos fijamente, pero manteniendo una sonrisa. - ¿Tú tienes algún sueño, Jolyne?. - Me atreví a preguntarle con naturalidad. Estaba cómodo hablando con ella y comenzaba a bajar la guardia más de la cuenta.
