14-04-2024, 08:54 PM
Después de que Zorak estuviera unos largos minutos en aquella interminable cola de invitados, el guarda de la entrada, finalmente, pudo ver la invitación que, astutamente, habías conseguido agenciarte. A pesar de quedarse completamente extrañado por el conjunto de ropa que habías decido llevar, la invitación era más que suficiente para permitirse el paso, asintiéndote sutil y silenciosamente para que pasaras al interior de la lujosa mansión del aclamado artista. Una vez dentro, no sólo pudiste comprobar lo ostentoso que era, sino, para tu desgracia, el talento que poseía aquel delincuente, además de la presencia de tu compañero Kisuke en la parte izquierda del salón.
Unos pocos minutos de espera siguieron transcurriendo, hasta que llegaran el resto de personalidades que habían solicitado asistir a la exposición o, directamente, habían sido invitados de primera mano por el propio Griffith, todo mientras, los guardias, seguíais impasibles, observando que ningún listillo o listilla se pasara de la raya y osara, en ningún momento, acercarse demasiado a las creaciones casi divinas de Tudor. Al compañero de seguridad que se hallaba a la izquierda de Kisuke, y el cuál no había parado de establecer contacto visual en lo que llevaban de noche, le comenzó sonar el Den Den Mushi de muñeca que le había entregado el jefe de seguridad, Jason. El guardaespaldas se acercó el caracolófono al oído y, sin mediar ninguna palabra con el emisor de la llamada, asintió al Den Den Mushi para, acto seguido, mirar, uno por uno, y a los que su alcance visual permitía, a cada uno de sus compañeros, finalizando con Kisuke, asintiéndoles silenciosamente, dando a entender que todo seguía el trascurso y que ya mismo él haría acto de presencia.
Por otro lado, en la primer planta de la mansión, el que sería el protagonista de la noche se estaba preparando en su habitación mientras tarareaba, como si se tratara de una estrella acicalándose y maquillándose en su camerino, para una noche que debía ser inolvidable, al menos para él. Frente a la puerta de la habitación, un muro de carne de casi 2,50 m se interponía para bloquear el paso a cualquiera con, la suficiente estupidez como para irrumpir en los aposentos del pintor. Su resplandeciente calvicie y gafas de sol, al igual que su bigote y barba de color rosado le delataban como el jefe de seguridad Jason, el hombre en el que, probablemente, Griffith más confiaba, aparte de él mismo. Los cantos alegres del pintor, de repente, cesaron, dando unos tres toques a la puerta con su diestra para que, Jason, se apartara y le abriera paso.- Señor, está todo listo, todos los invitados han llegado con éxito.- Anunciaba el jefe de seguridad a la misteriosa y galante figura que salía al pasillo, y comenzaba a caminar con suma elegancia hacia las gran escaleras que les llevarían a la planta baja.- Humhumhumhum excelente, ¡excelente!- Reía y caminaba, con aires llenos de solemnidad y con sus manos situadas a su espalda, sin apartar la vista del frente, al mismo tiempo que, a una distancia bastante prudencial, le seguía Jason.- Humhumhumhum todo debe salir según lo planeado si quiero que el día de hoy... No... ¡Toda esta era! Lleve mi nombre escrito, ¿no es así, Jason?- Declaraba el artista a su fiel seguidor, el cuál le seguía el paso.- Por supuesto, señor.-
Siguieron caminando hasta que llegaron a las rojizas escaleras, apoyando Griffith, momentáneamente, su brazo izquierdo sobre la barandilla.- Es hora de hacer historia, ¡qué comience el show!- Se dijo, así mismo y a Jason, apartando la mano de la barandilla para comenzar a descender, escalón a escalón, con lentitud, seguido muy de cerca por el grandullón de dos metros y pico. Si prestabais la suficiente atención, en el salón, podíais escuchar los pasos firmes producidos por las pisadas de Griffith en las escaleras, que cada vez se sentían más cerca de vosotros, pisadas que, se verían eclipsadas, por un torrente de una angelical voz que procedería del mismo origen que las pisadas.-¡DAMAS Y CABALLEROS! NIÑOS Y NIÑAS NO, PORQUE NO ESTÁN PERMITIDOS EN ESTA FIESTA HUMHUMHUM- Exclamaba el anfitrión, provocando las risas, algunas más forzadas que otras, frente a la ocurrencia de su frase.- SEAN TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS BIENVENIDOS A MI HUMILDE MORADA Y, ADEMÁS, A MI HUMILDE EXPOSICIÓN DE MIS MEJORES OBRAS DE ARTE.- Seguía gritando a toda voz, pero sin llegar a ser molesto Griffith, al mismo tiempo que seguía descendiendo por las interminables escaleras, dejando ver, ahora, unos zapatos de color granate, que se unían a unos pantalones de terciopelo magenta acabados en unos volantes de color blanco.-OS AGRADEZCO A TODOS VUESTRA ATESORABLE E INIGUALABLE PRESENCIA...- Seguía bajando las escaleras mientras extendía sus dos brazos hacia cada uno de sus flancos y todas las miradas se centraban en él, dejando ver, ahora, una chaqueta con cola de un tono similar a sus pantalones. Debajo de dicha chaqueta, se podía apreciar una camisa de color rosa, de la cual colgaba, de su cuello, una corbata de color negro, que se escondía en la propia chaqueta.- HAGAMOS DE ESTA NOCHE, DAMAS Y CABALLEROS, ¡UNA NOCHE INOLVIDABLE!- Exclamó al llegar hasta el pie de las escaleras, dejando ver su rostro, o parte de él, pues una máscara rosada tapaba parte de la mitad superior de su cara. Plantado frente a vosotros, el anfitrión se inclinó hacia vosotros, a modo de reverencia, dejando caer su melena rubia y sus dos mechones de color azul, extendiendo ahora su diestra hacia atrás y llevándose su siniestra al pecho, quedando, Jason, a su derecha, a unos dos metros por detrás de él. El gran Griffith Tudor, uno de los mejores artistas de todo el West Blue, y traficante de armas en las sombras, hacía acto de presencia.
Unos pocos minutos de espera siguieron transcurriendo, hasta que llegaran el resto de personalidades que habían solicitado asistir a la exposición o, directamente, habían sido invitados de primera mano por el propio Griffith, todo mientras, los guardias, seguíais impasibles, observando que ningún listillo o listilla se pasara de la raya y osara, en ningún momento, acercarse demasiado a las creaciones casi divinas de Tudor. Al compañero de seguridad que se hallaba a la izquierda de Kisuke, y el cuál no había parado de establecer contacto visual en lo que llevaban de noche, le comenzó sonar el Den Den Mushi de muñeca que le había entregado el jefe de seguridad, Jason. El guardaespaldas se acercó el caracolófono al oído y, sin mediar ninguna palabra con el emisor de la llamada, asintió al Den Den Mushi para, acto seguido, mirar, uno por uno, y a los que su alcance visual permitía, a cada uno de sus compañeros, finalizando con Kisuke, asintiéndoles silenciosamente, dando a entender que todo seguía el trascurso y que ya mismo él haría acto de presencia.
Por otro lado, en la primer planta de la mansión, el que sería el protagonista de la noche se estaba preparando en su habitación mientras tarareaba, como si se tratara de una estrella acicalándose y maquillándose en su camerino, para una noche que debía ser inolvidable, al menos para él. Frente a la puerta de la habitación, un muro de carne de casi 2,50 m se interponía para bloquear el paso a cualquiera con, la suficiente estupidez como para irrumpir en los aposentos del pintor. Su resplandeciente calvicie y gafas de sol, al igual que su bigote y barba de color rosado le delataban como el jefe de seguridad Jason, el hombre en el que, probablemente, Griffith más confiaba, aparte de él mismo. Los cantos alegres del pintor, de repente, cesaron, dando unos tres toques a la puerta con su diestra para que, Jason, se apartara y le abriera paso.- Señor, está todo listo, todos los invitados han llegado con éxito.- Anunciaba el jefe de seguridad a la misteriosa y galante figura que salía al pasillo, y comenzaba a caminar con suma elegancia hacia las gran escaleras que les llevarían a la planta baja.- Humhumhumhum excelente, ¡excelente!- Reía y caminaba, con aires llenos de solemnidad y con sus manos situadas a su espalda, sin apartar la vista del frente, al mismo tiempo que, a una distancia bastante prudencial, le seguía Jason.- Humhumhumhum todo debe salir según lo planeado si quiero que el día de hoy... No... ¡Toda esta era! Lleve mi nombre escrito, ¿no es así, Jason?- Declaraba el artista a su fiel seguidor, el cuál le seguía el paso.- Por supuesto, señor.-
Siguieron caminando hasta que llegaron a las rojizas escaleras, apoyando Griffith, momentáneamente, su brazo izquierdo sobre la barandilla.- Es hora de hacer historia, ¡qué comience el show!- Se dijo, así mismo y a Jason, apartando la mano de la barandilla para comenzar a descender, escalón a escalón, con lentitud, seguido muy de cerca por el grandullón de dos metros y pico. Si prestabais la suficiente atención, en el salón, podíais escuchar los pasos firmes producidos por las pisadas de Griffith en las escaleras, que cada vez se sentían más cerca de vosotros, pisadas que, se verían eclipsadas, por un torrente de una angelical voz que procedería del mismo origen que las pisadas.-¡DAMAS Y CABALLEROS! NIÑOS Y NIÑAS NO, PORQUE NO ESTÁN PERMITIDOS EN ESTA FIESTA HUMHUMHUM- Exclamaba el anfitrión, provocando las risas, algunas más forzadas que otras, frente a la ocurrencia de su frase.- SEAN TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS BIENVENIDOS A MI HUMILDE MORADA Y, ADEMÁS, A MI HUMILDE EXPOSICIÓN DE MIS MEJORES OBRAS DE ARTE.- Seguía gritando a toda voz, pero sin llegar a ser molesto Griffith, al mismo tiempo que seguía descendiendo por las interminables escaleras, dejando ver, ahora, unos zapatos de color granate, que se unían a unos pantalones de terciopelo magenta acabados en unos volantes de color blanco.-OS AGRADEZCO A TODOS VUESTRA ATESORABLE E INIGUALABLE PRESENCIA...- Seguía bajando las escaleras mientras extendía sus dos brazos hacia cada uno de sus flancos y todas las miradas se centraban en él, dejando ver, ahora, una chaqueta con cola de un tono similar a sus pantalones. Debajo de dicha chaqueta, se podía apreciar una camisa de color rosa, de la cual colgaba, de su cuello, una corbata de color negro, que se escondía en la propia chaqueta.- HAGAMOS DE ESTA NOCHE, DAMAS Y CABALLEROS, ¡UNA NOCHE INOLVIDABLE!- Exclamó al llegar hasta el pie de las escaleras, dejando ver su rostro, o parte de él, pues una máscara rosada tapaba parte de la mitad superior de su cara. Plantado frente a vosotros, el anfitrión se inclinó hacia vosotros, a modo de reverencia, dejando caer su melena rubia y sus dos mechones de color azul, extendiendo ahora su diestra hacia atrás y llevándose su siniestra al pecho, quedando, Jason, a su derecha, a unos dos metros por detrás de él. El gran Griffith Tudor, uno de los mejores artistas de todo el West Blue, y traficante de armas en las sombras, hacía acto de presencia.
GRIFFITH TUDOR
INFO
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