25-08-2023, 12:39 AM
Derya escuchaba a hablar a Kovashi completamente embelesada. No entendía mucho, no sabía nada sobre cómo se hacía el alcohol, y además empezaba a sentirse atontada. Pero lo que decía era lo de menos, a ella le importaba el momento, el calor de su cuerpo contra el de ella, sus estilizados gestos y su atractiva voz. El resto del mundo desaparecía. Intentaba seguirle el ritmo con los chupitos, pero era bastante complicado. El vicio y el tranquillo que le había pillado Kovashi era difícil de igualar. Él bebió el tercero y ella igual. Estaba empezando a notar cómo el calor del alcohol subía por su pecho. Poco a poco se iba acostumbrando y dejaba de sentir tantos escalofríos, pero sabía que estaba justo en el límite. Sabía que si seguía bebiendo, ya no sería consciente de sus actos.
Escuchó la escueta historia de la vida de Kovashi. Sabía que tenía que haber más, que no le estaba contando todo. Pero lo entendió. Ella tampoco le había contado casi nada de la suya, después de todo, y sus cicatrices contaban también parte de su historia. Derya supo que no debería haber sido sencilla, así que era mejor no ahondar demasiado. Ella entendía lo que era ahorrarse detalles escabrosos. Aún así, lo poco que le contó, le llamó suficiente la atención. — ¡El Nuevo Mundo! — Bebió otro chupito, igual que él. Efectivamente, había rebasado el límite del control. — Me encantaría ir allí alguna vez... Dicen que cada isla es única y especial. — Cuando parecía que iban a quedarse sin bebida, enseguida apareció la señora para traerles más. Dios mio, cómo se iba a arrepentir la mañana siguiente. — Seguro que son preciosas, tus islas... — La lengua se le resbalaba entre los dientes. — ¿Cuánto más vamos a beber? A este ritmo... — Soltó una pequeña risita. A ratos estaba enérgica sobre el sofá, y a ratos parecía que se escurría en su asiento, era un manojo de nervios y borracha era impredecible y un poco caótica.
Cogió un chupito más y se lo acercó a Kovashi, dejándolo frente suya. — Te propongo un juego. — Esbozó una sonrisa juguetona. — Verdad o reto. Empiezo yo, quiero reto, y si no lo hago tengo que beber. — Se quedó pensativa unos segundos. — ¿O era el revés, si lo hago bien es cuando bebo? Bueno, da igual, como sea. Vamos allá. — Su mirada hacia Kovashi era intensa, ahora mismo estaba lo suficientemente bebida como para que no le diese miedo hacer nada.
Escuchó la escueta historia de la vida de Kovashi. Sabía que tenía que haber más, que no le estaba contando todo. Pero lo entendió. Ella tampoco le había contado casi nada de la suya, después de todo, y sus cicatrices contaban también parte de su historia. Derya supo que no debería haber sido sencilla, así que era mejor no ahondar demasiado. Ella entendía lo que era ahorrarse detalles escabrosos. Aún así, lo poco que le contó, le llamó suficiente la atención. — ¡El Nuevo Mundo! — Bebió otro chupito, igual que él. Efectivamente, había rebasado el límite del control. — Me encantaría ir allí alguna vez... Dicen que cada isla es única y especial. — Cuando parecía que iban a quedarse sin bebida, enseguida apareció la señora para traerles más. Dios mio, cómo se iba a arrepentir la mañana siguiente. — Seguro que son preciosas, tus islas... — La lengua se le resbalaba entre los dientes. — ¿Cuánto más vamos a beber? A este ritmo... — Soltó una pequeña risita. A ratos estaba enérgica sobre el sofá, y a ratos parecía que se escurría en su asiento, era un manojo de nervios y borracha era impredecible y un poco caótica.
Cogió un chupito más y se lo acercó a Kovashi, dejándolo frente suya. — Te propongo un juego. — Esbozó una sonrisa juguetona. — Verdad o reto. Empiezo yo, quiero reto, y si no lo hago tengo que beber. — Se quedó pensativa unos segundos. — ¿O era el revés, si lo hago bien es cuando bebo? Bueno, da igual, como sea. Vamos allá. — Su mirada hacia Kovashi era intensa, ahora mismo estaba lo suficientemente bebida como para que no le diese miedo hacer nada.
