30-04-2024, 06:34 PM
(Última modificación: 30-04-2024, 06:36 PM por Garnet D. Matlock.)
[personajeinvalido=907]
Aquel corto periodo de tiempo en el que Sohem iba en camino de darle el golpe de gracia a Yojimbo se hacía eterno. Y sin embargo, nada pudieron hacer Garnet ni Sasha, más que gritar y suplicar que parara esa locura. Era la forma que tenía el músico de apoyar a su compi, pero aún así no podía evitar sentirse débil e inútil, siendo incapaz de saltar a la arena, por velocidad y miedo, para salvar la vida de Yojimbo. Después de que la semioni les recriminara tanto al Dirigente como al mono en llamas que movieran el culo, el primero se levantó de su asiento, en vano, pues parecía que el feroz calor que producía el enmascarado era demasiado potente como para que el maestro de ceremonias detuviera a tiempo el intento de asesinato de Sohem.
Las palabras, ni la ayuda llegaban, Sohem había hecho caso omiso a las palabras de Sasha, pisoteando la confianza y la amistad tan pura con el que creía tener la adolescente. Garnet fruncía el ceño, aún más después de haber visto la cara de pena y llena de miedo que le había puesto Sasha. La ira, la impotencia, la debilidad y el hecho de haber dañado a una de las personas que más quería en el mundo, hizo que la oscuridad que se había quedado latente en su corazón, después de las genuinas acciones de Sasha, emergieran nuevamente.- ¡SOHEEEEEEEEEM!- Gritaba iracundo y enrabietado Garnet, mientras intentaba evitar la presencia del custodio que tenía frente a él, moviéndose hacia su derecha, con la intención de saltar a la arena. Se acabó. No sabía como, pero ahora mismo, sólo quería meterle una paliza al hombre del casco, muy a pesar de saber que podría, muy pero que muy posiblemente, acabar igual que el lunarian.
Afortunadamente, salvando a Garnet de cometer una locura, una estela de fuego, que salió despedida de la carpa a velocidades vertiginosas e imperceptibles para el ojo del músico, se interpuso entre el cazador y el pirata, parando el garrote en el acto del agresor, y defendiendo a Yojimbo de ser asesinado, como bien estipulaban las normas del combate.- ¿Qué cojones acaba de pasar? ¿Es o no es?- Preguntaba, confuso, el skypiean, deteniendo su acción de irrumpir en la arena al ver que el kanabo del cazador había sido incapaz de llegar a su destino. Todo había transcurrido demasiado rápido como para entenderlo correctamente. Solo cuando, el salvador se paró, altivo, frente a Sohem, Garnet pudo apreciar que, el que había impedido la muerte de Yojimbo, no era otro que el simio de fuego. Ya había visto de primera mano la velocidad a la que se podía mover el capitán de los Alas Negras, la más rápida que había presenciado hasta entonces. Encima, aunque no sabía como lo había hecho, había detenido con suma facilidad el garrotazo del humano, que usando de referencia a Sasha, no era nada fácil, ni mucho menos. ¿De qué pasta estaba hecho el simio? Encontrarse con que había gente con aún más poder de la que podía imaginarse, hacía que la cólera del músico se apaciguara, trastornándose en miedo e inseguridad.
Y todo, de repente, se volvió negro. Garnet sintió como su voluntad y consciencia era atacada y abofeteada por un abrumador e invisible poder, ajeno al calor que emanaba Sohem. Al igual que la gran mayoría de los presentes, los ojos del pelirrojo se tornaron de color blanco, emborronándose su vista a la par que de su boca comenzaba a salir espuma debido al shock que producía estar presente a tal devastador poder. No tenía ni idea de que estaba ocurriendo, pero, por el devenir de los acontecimientos, tenía que ser obra del primate. Sus piernas, ya de por si temblorosas por su trauma, empezaron a tambalearse, cayéndose de lado, por completo hacia su derecha y desplomándose en el suelo.- El menda... El menda es demasiado débil... Así... No podré... Proteger a... Nadie...- Pensaba de forma intermitente, luchando por no perder la consciencia, y forzando a su cuerpo, sin éxito, a levantarse.- ¿Es... O no...- E inevitablemente, Garnet cayó inconsciente, completamente apabullado por la presencia de Zarutsuki. Los juegos del emperador, aquel evento que habían captado la atención de los Shogun Gari, finalizaban para el músico.
Aquel día había sido uno lleno de emociones. Quizás demasiadas, a decir verdad. Había sentido la alegría de reencontrarse con su hermano jurado Panda, al igual que con Jolyne y Aspros, e incluso con su rival de la marina, Sephiroth... Junto a Kuraku, pudo conocer la procedencia de su raza. Además, pudo conocer al resto de los Alas Negras, pero sobre todo, a Triana y a sus simpáticas gemelas... Había podido abrirse a Aspros sobre un tema que le carcomía el corazón, aclarándole algunas de sus dudas y quitándose un peso de encima... A pesar de que fuera marine, había tenido una cita con una diosa terrenal, Ikirami, con la que había pasado, sorprendentemente, un buen rato, sellando la cita con un pasional beso y la promesa de volver a encontrarse... Había podido vivir aventuras y pasar tiempo de calidad con su familia, los Shogun Gari, y sobre todo con Sasha, a quiénes Garnet atesoraba más que a nada.
Todos y cada uno de esos momentos habían sido maravillosos. Y sin embargo, la incertidumbre de llegar a un paraíso desconocido... La frustración de perder a pesar de haberlo dado todo... Las inseguridades de no ser suficiente para proteger la vida de las personas que son importantes para él... Encontrarse con un muro infranqueable, al cuál no puedes abatir por más que golpees, además de un poder tan abrumador, que no serías capaz de soportar... Y, nuevamente, el sentimiento de perder a otra persona, un posible futuro colega, frente a tus ojos, y sin poder hacer nada. Sin lugar a dudas, Skypiea, o mejor dicho, los juegos organizados por el emperador Zarutsuki, marcarían, para bien o para mal, un antes y un después en la débil y retorcida mentalidad de Garnet. Pero eso ya es otra historia... ¿Es o no es?
Aquel corto periodo de tiempo en el que Sohem iba en camino de darle el golpe de gracia a Yojimbo se hacía eterno. Y sin embargo, nada pudieron hacer Garnet ni Sasha, más que gritar y suplicar que parara esa locura. Era la forma que tenía el músico de apoyar a su compi, pero aún así no podía evitar sentirse débil e inútil, siendo incapaz de saltar a la arena, por velocidad y miedo, para salvar la vida de Yojimbo. Después de que la semioni les recriminara tanto al Dirigente como al mono en llamas que movieran el culo, el primero se levantó de su asiento, en vano, pues parecía que el feroz calor que producía el enmascarado era demasiado potente como para que el maestro de ceremonias detuviera a tiempo el intento de asesinato de Sohem.
Las palabras, ni la ayuda llegaban, Sohem había hecho caso omiso a las palabras de Sasha, pisoteando la confianza y la amistad tan pura con el que creía tener la adolescente. Garnet fruncía el ceño, aún más después de haber visto la cara de pena y llena de miedo que le había puesto Sasha. La ira, la impotencia, la debilidad y el hecho de haber dañado a una de las personas que más quería en el mundo, hizo que la oscuridad que se había quedado latente en su corazón, después de las genuinas acciones de Sasha, emergieran nuevamente.- ¡SOHEEEEEEEEEM!- Gritaba iracundo y enrabietado Garnet, mientras intentaba evitar la presencia del custodio que tenía frente a él, moviéndose hacia su derecha, con la intención de saltar a la arena. Se acabó. No sabía como, pero ahora mismo, sólo quería meterle una paliza al hombre del casco, muy a pesar de saber que podría, muy pero que muy posiblemente, acabar igual que el lunarian.
Afortunadamente, salvando a Garnet de cometer una locura, una estela de fuego, que salió despedida de la carpa a velocidades vertiginosas e imperceptibles para el ojo del músico, se interpuso entre el cazador y el pirata, parando el garrote en el acto del agresor, y defendiendo a Yojimbo de ser asesinado, como bien estipulaban las normas del combate.- ¿Qué cojones acaba de pasar? ¿Es o no es?- Preguntaba, confuso, el skypiean, deteniendo su acción de irrumpir en la arena al ver que el kanabo del cazador había sido incapaz de llegar a su destino. Todo había transcurrido demasiado rápido como para entenderlo correctamente. Solo cuando, el salvador se paró, altivo, frente a Sohem, Garnet pudo apreciar que, el que había impedido la muerte de Yojimbo, no era otro que el simio de fuego. Ya había visto de primera mano la velocidad a la que se podía mover el capitán de los Alas Negras, la más rápida que había presenciado hasta entonces. Encima, aunque no sabía como lo había hecho, había detenido con suma facilidad el garrotazo del humano, que usando de referencia a Sasha, no era nada fácil, ni mucho menos. ¿De qué pasta estaba hecho el simio? Encontrarse con que había gente con aún más poder de la que podía imaginarse, hacía que la cólera del músico se apaciguara, trastornándose en miedo e inseguridad.
Y todo, de repente, se volvió negro. Garnet sintió como su voluntad y consciencia era atacada y abofeteada por un abrumador e invisible poder, ajeno al calor que emanaba Sohem. Al igual que la gran mayoría de los presentes, los ojos del pelirrojo se tornaron de color blanco, emborronándose su vista a la par que de su boca comenzaba a salir espuma debido al shock que producía estar presente a tal devastador poder. No tenía ni idea de que estaba ocurriendo, pero, por el devenir de los acontecimientos, tenía que ser obra del primate. Sus piernas, ya de por si temblorosas por su trauma, empezaron a tambalearse, cayéndose de lado, por completo hacia su derecha y desplomándose en el suelo.- El menda... El menda es demasiado débil... Así... No podré... Proteger a... Nadie...- Pensaba de forma intermitente, luchando por no perder la consciencia, y forzando a su cuerpo, sin éxito, a levantarse.- ¿Es... O no...- E inevitablemente, Garnet cayó inconsciente, completamente apabullado por la presencia de Zarutsuki. Los juegos del emperador, aquel evento que habían captado la atención de los Shogun Gari, finalizaban para el músico.
Aquel día había sido uno lleno de emociones. Quizás demasiadas, a decir verdad. Había sentido la alegría de reencontrarse con su hermano jurado Panda, al igual que con Jolyne y Aspros, e incluso con su rival de la marina, Sephiroth... Junto a Kuraku, pudo conocer la procedencia de su raza. Además, pudo conocer al resto de los Alas Negras, pero sobre todo, a Triana y a sus simpáticas gemelas... Había podido abrirse a Aspros sobre un tema que le carcomía el corazón, aclarándole algunas de sus dudas y quitándose un peso de encima... A pesar de que fuera marine, había tenido una cita con una diosa terrenal, Ikirami, con la que había pasado, sorprendentemente, un buen rato, sellando la cita con un pasional beso y la promesa de volver a encontrarse... Había podido vivir aventuras y pasar tiempo de calidad con su familia, los Shogun Gari, y sobre todo con Sasha, a quiénes Garnet atesoraba más que a nada.
Todos y cada uno de esos momentos habían sido maravillosos. Y sin embargo, la incertidumbre de llegar a un paraíso desconocido... La frustración de perder a pesar de haberlo dado todo... Las inseguridades de no ser suficiente para proteger la vida de las personas que son importantes para él... Encontrarse con un muro infranqueable, al cuál no puedes abatir por más que golpees, además de un poder tan abrumador, que no serías capaz de soportar... Y, nuevamente, el sentimiento de perder a otra persona, un posible futuro colega, frente a tus ojos, y sin poder hacer nada. Sin lugar a dudas, Skypiea, o mejor dicho, los juegos organizados por el emperador Zarutsuki, marcarían, para bien o para mal, un antes y un después en la débil y retorcida mentalidad de Garnet. Pero eso ya es otra historia... ¿Es o no es?
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
