La emisión de la onda de mi Haoshoku desmayó a todos los presentes a excepción de seis personas. La Marine pelirroja que yacía junto a dos usuarios de frutas zoan mitológicas, la semioni participante en el combate de semifinales, y el cazador que no había revelado aun su fruta. El mink panda que aguardaba expectante en las gradas, y el humano refinado, subordinado de Mord Yojimbo, que estaba próximo a él, y a quien tras de mi aun podía sentir su presencia y escuchar su 'voz' en mi interior. Con esto eran cuatro, que sumados a mi buen amigo Pawurs en la carpa presidencial y al cazador que se mantenía frente a mi hacían el total de seis personas con la ambición de los reyes. Con el poder de los gobernantes. Con el color de los conquistadores.
Todos los demás caían presos de la potente presión de mi presencia sin parangón ni premisa previa. Todos, uno por uno, sentían el poder del "Emperador". Uno tan alejado de su alcance que ni en sueños podrían intentar optar por mantenerse frente a mi como lo harían frente a un cualquiera. Pero aquellos que aun seguían en pie... Esa Marine era sin duda la más débil de su equipo, o la que mejor disimulaba de todos. Su prueba fue un desastre, su aportación nula y su presencia aunque llamativa, nada constructiva para los acontecimientos. Pero extrañamente tenía en si la sangre de los dominantes.
El panda, comedido y discreto, reveló lo justo en la prueba como para dictaminar que era alguien con un poder latente más allá de lo que quería mostrar en ese momento y lugar, pero que mantuviera la conciencia ante lo que arremetía contra su espíritu, confirmaba que albergaba el poder de los libertadores... o los opresores. El hombre de los 'Alas Negras' mostraba su elegancia y su constante compostura altiva haciendo alarde de una clase que el resto no podía alcanzar... siendo quizá la antesala de ese don especial que sólo tienen unos pocos elegidos por el destino para imponerse a otros.
No fue ninguna sorpresa que Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero aguantase aquella tromba de poder, aunque cayese preso de sus heridas previas, pues dos generaciones antes de la suya precedían el manejo de dicha aura digna sólo de los Gobernantes absolutos. En otras circunstancias sentiría alegría y júbilo público ante tal hallazgo y verdad, pero actualmente sólo podía reprimir mi malestar por el maltrato de un simple humano hacia la sangre real de mi patria y tierra. Ese humano, de pie frente a mi, mostrándome orgulloso su rostro y diciéndome su nombre sin titubear. Se presentaba a sí mismo con un Saint en su nombre, ni más ni menos.
— Saint O'Heil... — musité sin variar mi postura — Eso explica muchas cosas-son... — añadí frunciendo el ceño ladeándome y señalando con la punta de todos los dedos de la diestra extendidos, hacia Mord Yojimbo — No hay hombre capaz de hacer sangrar a un dios, Emerec Mars — dije, bajando el brazo y volviendo a encararlo, mirándole de abajo a arriba — Pero un dragón... es otra cosa — finalicé, dándole la espalda y caminando con seguridad y tranquilidad hacia el cuerpo de Yojimbo, acuclillándome y girándolo para colocarlo boca arriba, observando su rostro y sus facciones más de cerca, apartándole un mechón del pelo de la cara, antes de volver a mirar al humano del cabello rosa — Te reconozco como el ganador de mis juegos y por tanto declaro a vuestro equipo el vencedor de la competición-son — dije mientras sujetaba con mi diestra tras los hombros de Yojimbo y con la siniestra bajo sus rodillas, alzándome y levantándolo en mis brazos, mirando hacia las gradas y alzando el tono para que los pocos conscientes pudieran oirme — El sabio Pawurs reanimará a los Custodios para que estos os ayuden a transportar a vuestros amigos a los hogares de invitados que hay disponibles en las lindes del reino, y protegerán cada uno una de dichas instalaciones durante dos días enteros-son — hice una pausa para mirar a Pawurs, quien asintió y comenzó a caminar hacia los Custodios — Los Marines... ellos podrán quedarse en el reino tanto tiempo como deseen y convivir con sus gentes, más no tienen permitido entrar en mi palacio — dije mirando a la pelirroja de la arena — Aquellos que van contigo, miembro de la tribu Mink, podrán gozar de la misma situación siempre y cuando sepan comportarse y respeten la ley, y estarán blindados con mi protección de todo acto hostil por parte de la Marina y el Gobierno Mundial en esta isla. Sois mis invitados — añadí, mirando al panda, y pasé mi mirada al ganador del torneo — Tu gente y tú no seréis bienvenidos en Shandora después de la venidera hospitalidad de dos días que os brindo, en la que tendrás que presentarte en palacio para obtener tus recompensas como ganador de los juegos, y tras ello marcharéis de esta ciudad, pero os permitiré estar en Skypiea mientras os recuperáis para partir, siempre y cuando no pongáis en peligro la integridad de las tierras a mi cuidado-son... Da las gracias a tu beligerancia, dragón — le dije, bajando el tono en la última frase como para que sólo pudiera escucharme él o aquellos con un oído sobrenatural.
Entonces alcé la voz de nuevo para que todos pudieran oírme, mirando en derredor — Porto en mis brazos a Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, hijo del libertador y unificador de clanes Grand Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, mi rey ausente y verdadero Emperador de toda la tierra de Skypiea en los confines en las nubes, por mérito y derecho propio, haciendo a este joven su heredero y digno sucesor y gobernante de todo cuanto protejo y custodio en este sagrado lugar, por petición de su padre, y a la espera de su regreso-son — y con esto, dirigí mi vista hacia el gallardo y apuesto bailarín, el integrante de los Alas Negras, alzando — Tú caminarás a mi lado hacia el palacio, pues todos los subordinados del Heredero descansarán en el interior de las paredes de su casa y gozarán de mi protección y mi humilde servidumbre, buscando así compensar todo cuanto debo a su progenitor, nuestro salvador y rey — sentencié, dedicándole una última mirada a Emerec Mars — Cubrirte el rostro y usar un acrónimo no te desvinculará ni de tu pasado ni de la carga de tu sangre y los pecados de tu linaje, 'Sohem'. Pero si te escondes, quizá reniegas, y en ese caso quizá Pawurs podría ayudarte — finalicé y comencé a caminar para abandonar la arena tras hacer un gesto con la cabeza al joven Aspros, dirigiendo mis pasos hacia el palacio mientras Pawurs tocaba a los Custodios y sacaba de ellos unas esferas pequeñas y traslucidas a medida que les iba devolviendo la conciencia, disponiéndose estos de la siguiente forma. Navar y Naver fueron a recoger a la mujer rubia y la pelirosa compañeras de Mord Yojimbo, y vinieron conmigo, portando cada uno a una mujer a cada lado del bailarín maquillado. Navir se aproximó al ganador del torneo, Navor se plantó frente al panda en las gradas, y Navur se aproximó hacia la pelirroja en la arena. Todos ellos, a su debido tiempo y momento, cargarían con todos los invitados del mar azul que yacían inconscientes y los llevarían a casas ubicadas en la frontera sur del reino. Los acompañantes de Bambú en en lado izquierdo, la más próxima a la primera de las rutas, y los Marines estarían en una casa junto a los Cazadores en la parte derecha, la más próxima al río que flanqueaba la ciudad.
Las casas contarían con habitaciones más que de sobra para todos ellos, con tamaños más que suficientes como para poder albergar semi gigantes sin problemas, y todas contaban con lo necesario para descansar, alimentarse y asearse.
Mis pasos decididos me alejaban de aquella arena mientras las lágrimas de mi rostro caían hacia el pecho herido del hijo de mi mejor amigo, mi capitán y mi rey, a quien había servido fielmente en este lugar protegiendo su sueño y su utopía durante tantas décadas, y había fallado en el peor de los momentos cuando no pude impedir la derrota de su progenie, su heredero y viva imagen, frente a mis propios ojos, preso de la esperanza y la expectativa puesta en él, ansiando ver un reflejo del guerrero que era su padre en sus golpes en aquel combate. Amargas lágrimas de fracaso y dolor, que podía permitirme derramar al saberme en la discreción de mi marcha solitaria hacia el palacio.
Todos los demás caían presos de la potente presión de mi presencia sin parangón ni premisa previa. Todos, uno por uno, sentían el poder del "Emperador". Uno tan alejado de su alcance que ni en sueños podrían intentar optar por mantenerse frente a mi como lo harían frente a un cualquiera. Pero aquellos que aun seguían en pie... Esa Marine era sin duda la más débil de su equipo, o la que mejor disimulaba de todos. Su prueba fue un desastre, su aportación nula y su presencia aunque llamativa, nada constructiva para los acontecimientos. Pero extrañamente tenía en si la sangre de los dominantes.
El panda, comedido y discreto, reveló lo justo en la prueba como para dictaminar que era alguien con un poder latente más allá de lo que quería mostrar en ese momento y lugar, pero que mantuviera la conciencia ante lo que arremetía contra su espíritu, confirmaba que albergaba el poder de los libertadores... o los opresores. El hombre de los 'Alas Negras' mostraba su elegancia y su constante compostura altiva haciendo alarde de una clase que el resto no podía alcanzar... siendo quizá la antesala de ese don especial que sólo tienen unos pocos elegidos por el destino para imponerse a otros.
No fue ninguna sorpresa que Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero aguantase aquella tromba de poder, aunque cayese preso de sus heridas previas, pues dos generaciones antes de la suya precedían el manejo de dicha aura digna sólo de los Gobernantes absolutos. En otras circunstancias sentiría alegría y júbilo público ante tal hallazgo y verdad, pero actualmente sólo podía reprimir mi malestar por el maltrato de un simple humano hacia la sangre real de mi patria y tierra. Ese humano, de pie frente a mi, mostrándome orgulloso su rostro y diciéndome su nombre sin titubear. Se presentaba a sí mismo con un Saint en su nombre, ni más ni menos.
— Saint O'Heil... — musité sin variar mi postura — Eso explica muchas cosas-son... — añadí frunciendo el ceño ladeándome y señalando con la punta de todos los dedos de la diestra extendidos, hacia Mord Yojimbo — No hay hombre capaz de hacer sangrar a un dios, Emerec Mars — dije, bajando el brazo y volviendo a encararlo, mirándole de abajo a arriba — Pero un dragón... es otra cosa — finalicé, dándole la espalda y caminando con seguridad y tranquilidad hacia el cuerpo de Yojimbo, acuclillándome y girándolo para colocarlo boca arriba, observando su rostro y sus facciones más de cerca, apartándole un mechón del pelo de la cara, antes de volver a mirar al humano del cabello rosa — Te reconozco como el ganador de mis juegos y por tanto declaro a vuestro equipo el vencedor de la competición-son — dije mientras sujetaba con mi diestra tras los hombros de Yojimbo y con la siniestra bajo sus rodillas, alzándome y levantándolo en mis brazos, mirando hacia las gradas y alzando el tono para que los pocos conscientes pudieran oirme — El sabio Pawurs reanimará a los Custodios para que estos os ayuden a transportar a vuestros amigos a los hogares de invitados que hay disponibles en las lindes del reino, y protegerán cada uno una de dichas instalaciones durante dos días enteros-son — hice una pausa para mirar a Pawurs, quien asintió y comenzó a caminar hacia los Custodios — Los Marines... ellos podrán quedarse en el reino tanto tiempo como deseen y convivir con sus gentes, más no tienen permitido entrar en mi palacio — dije mirando a la pelirroja de la arena — Aquellos que van contigo, miembro de la tribu Mink, podrán gozar de la misma situación siempre y cuando sepan comportarse y respeten la ley, y estarán blindados con mi protección de todo acto hostil por parte de la Marina y el Gobierno Mundial en esta isla. Sois mis invitados — añadí, mirando al panda, y pasé mi mirada al ganador del torneo — Tu gente y tú no seréis bienvenidos en Shandora después de la venidera hospitalidad de dos días que os brindo, en la que tendrás que presentarte en palacio para obtener tus recompensas como ganador de los juegos, y tras ello marcharéis de esta ciudad, pero os permitiré estar en Skypiea mientras os recuperáis para partir, siempre y cuando no pongáis en peligro la integridad de las tierras a mi cuidado-son... Da las gracias a tu beligerancia, dragón — le dije, bajando el tono en la última frase como para que sólo pudiera escucharme él o aquellos con un oído sobrenatural.
Entonces alcé la voz de nuevo para que todos pudieran oírme, mirando en derredor — Porto en mis brazos a Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, hijo del libertador y unificador de clanes Grand Mord Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo, mi rey ausente y verdadero Emperador de toda la tierra de Skypiea en los confines en las nubes, por mérito y derecho propio, haciendo a este joven su heredero y digno sucesor y gobernante de todo cuanto protejo y custodio en este sagrado lugar, por petición de su padre, y a la espera de su regreso-son — y con esto, dirigí mi vista hacia el gallardo y apuesto bailarín, el integrante de los Alas Negras, alzando — Tú caminarás a mi lado hacia el palacio, pues todos los subordinados del Heredero descansarán en el interior de las paredes de su casa y gozarán de mi protección y mi humilde servidumbre, buscando así compensar todo cuanto debo a su progenitor, nuestro salvador y rey — sentencié, dedicándole una última mirada a Emerec Mars — Cubrirte el rostro y usar un acrónimo no te desvinculará ni de tu pasado ni de la carga de tu sangre y los pecados de tu linaje, 'Sohem'. Pero si te escondes, quizá reniegas, y en ese caso quizá Pawurs podría ayudarte — finalicé y comencé a caminar para abandonar la arena tras hacer un gesto con la cabeza al joven Aspros, dirigiendo mis pasos hacia el palacio mientras Pawurs tocaba a los Custodios y sacaba de ellos unas esferas pequeñas y traslucidas a medida que les iba devolviendo la conciencia, disponiéndose estos de la siguiente forma. Navar y Naver fueron a recoger a la mujer rubia y la pelirosa compañeras de Mord Yojimbo, y vinieron conmigo, portando cada uno a una mujer a cada lado del bailarín maquillado. Navir se aproximó al ganador del torneo, Navor se plantó frente al panda en las gradas, y Navur se aproximó hacia la pelirroja en la arena. Todos ellos, a su debido tiempo y momento, cargarían con todos los invitados del mar azul que yacían inconscientes y los llevarían a casas ubicadas en la frontera sur del reino. Los acompañantes de Bambú en en lado izquierdo, la más próxima a la primera de las rutas, y los Marines estarían en una casa junto a los Cazadores en la parte derecha, la más próxima al río que flanqueaba la ciudad.
Las casas contarían con habitaciones más que de sobra para todos ellos, con tamaños más que suficientes como para poder albergar semi gigantes sin problemas, y todas contaban con lo necesario para descansar, alimentarse y asearse.
Mis pasos decididos me alejaban de aquella arena mientras las lágrimas de mi rostro caían hacia el pecho herido del hijo de mi mejor amigo, mi capitán y mi rey, a quien había servido fielmente en este lugar protegiendo su sueño y su utopía durante tantas décadas, y había fallado en el peor de los momentos cuando no pude impedir la derrota de su progenie, su heredero y viva imagen, frente a mis propios ojos, preso de la esperanza y la expectativa puesta en él, ansiando ver un reflejo del guerrero que era su padre en sus golpes en aquel combate. Amargas lágrimas de fracaso y dolor, que podía permitirme derramar al saberme en la discreción de mi marcha solitaria hacia el palacio.
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