03-05-2024, 03:40 AM
(Última modificación: 03-05-2024, 03:44 AM por Pawurs Ushoku.)
Tantos años vivo, y nunca había visto tal violencia e ira en un ser vivo como el enmascarado.
Aquel ser humano realmente iba a desobedecer las normas del torneo, quitándole la vida al Mord, pero menos mal que mi amíguete emperador no lo permitió, poniéndose en medio del fatal golpe que el cazador usaría para finalizar una vida. Y no contento con esto, liberó una gran cantidad de Haoshoku, inutilizando completamente a todo el mundo. Bueno, salvo a un servidor y unos afortunados participantes, por lo que mis ojos podían ver - Vaya suerte... - Dije en voz baja.
Me quedé sentado en mi asiento junto a Mariano, apoyado en mi hombro, hasta que me fijé que incluso los custodios habían sido completamente noqueados - Menudo sinvergüenza - Pensé mientras negaba con la cabeza y procedía a levantarme del asiento. Bajé tranquilamente las escaleras para poder acercarme uno a uno de los Custodios para volver a levantarlos, mientras mi amigo se encaraba con el autoproclamado mata Dioses. No dije ni una palabra, solo me limité a escuchar, y vaya sorpresa nos llevamos.
Aquel ser humano no era nada más ni nada menos que un Dragón, tal y como dijo Zarutsuki. Quedé sorprendido, pero no mucho. En mis tiempos yo fui amigo de algún Dragón que otro, no me daba envidia. Pero desde luego, sí que era una revelación más que interesante. Aparte, mi amigo añadió que iba a reanimar a los Custodios para que pudieran hacer su trabajo - Me he adelantado a tu orden, listo - Pensé. Una vez bajé las escaleras y ya estaba a la altura de la arena, el Custodio que más cerca tenía era Navir, el cual perecía en el suelo inconsciente pero con vida. Me agaché un poco de manera lenta - Joder, tengo que hacer más ejercicio - Dije en voz baja, gruñendo cuál viejo casposo. Puse mi mano en la frente del fiel Custodio de manera suave para hacer mi magia. Usando mi fruta, y levantando ahora la mano lentamente, de su frente, salió una pequeña burbujita blanca, la cual, mandé hacia el cielo para que se esfumara de allí. Navir, comenzó a mover la boca y los músculos, poco a poco, estaba funcionando mi tratamiento. Me acerqué un poco a su oído - Venga anda, no seas vago, hay trabajo que hacer - Acompañado de una palmadita en su brazo izquierdo para proceder a levantarme. El custodio reaccionó bien y se puso de pie a los pocos segundos, agradeciéndome con un movimiento de cabeza, como una reverencia - Quita, quita. Venga, al lío - Le dije mientras me daba media vuelta, yendo en dirección a Naver.
Procedí a hacer lo mismo con él, mientras mi amigo comentaba ciertas normas para cada grupo si querían hospedarse allí. Los cazadores, por supuesto, no contaron con mucha suerte, pues se tendrían que ir a los dos días de allí - Ale, a tomar por culo - Pensé mientras reanimaba a Naver, para a continuación ir hasta donde estaba Navar para hacer exactamente lo mismo. Después de él, crucé la arena para ir al otro lado, donde se encontraba al frente Navur, y a su izquierda Navor, y así finalizar mi tarea. Mientras lo hacía, mi amigo reveló quién era realmente el Mord Yojimbo, pues nada más ni nada menos era el hijo del verdadero rey de esta tierra, el heredero auténtico - Vaya sorpresa... Estoy que no me lo creo... - Pensé de manera retórica y burlesca para mí mismo, mientras reanimaba a Navur y me dirigía hacia el último Custodio en el suelo. El joven bailarín de pinta exótica era amigo del Mord, así que el emperador le comentó que tanto el cómo sus amigos podrían acompañarle a palacio y descansar allí junto a él, para luego sentenciar en Sohem que no podrá librarse de su pasado y metiéndome a mí en el ajo con que podía ayudarle -Vamos no me jodas, este muchacho no se cansa de mandarme más y más trabajo - Pensé frunciendo el ceño mientras terminaba de reanimar a Navor, el último Custodio.
Una vez todos arriba, cada uno fue a hacer su trabajo correspondiente. Yo me acerqué al lado de Zarutsuki, el cual cargaba con el Mord Yojimbo, y a su lado dos Custodios con los amigos de este. Miré la cara de mi amigo, la cual solo se podía contemplar lágrimas y tristeza. No sabía qué decirle, yo estoy muy mayor para estas cosas. No estaba muerto, solo inconsciente, era motivo para estar alegre ¿No? Volví a mirarle, inclinando un poco mi cabeza hacia un lado - Venga, arriba ese ánimo. Ahora le hago en palacio el mismo tratamiento y estará como una lechuga de fresco, ya lo verás - Finalicé caminando a su lado, pensando y asimilando todo lo que había pasado hoy. Pues, en el fondo de mí, sabía que todo esto marcaría un antes y un después para toda la gente que ha podido presenciar con sus propios ojos este torneo.
Bueno, un puñado de ellos, más bien. Es lo que tiene usar tal cantidad de Haoshoku y dejarlos a todos por los suelos. Este todavía tiene mucho que aprender, aún es un ignorante de la vida, pero yo iba a permanecer a su lado para ayudarle.
Aquel ser humano realmente iba a desobedecer las normas del torneo, quitándole la vida al Mord, pero menos mal que mi amíguete emperador no lo permitió, poniéndose en medio del fatal golpe que el cazador usaría para finalizar una vida. Y no contento con esto, liberó una gran cantidad de Haoshoku, inutilizando completamente a todo el mundo. Bueno, salvo a un servidor y unos afortunados participantes, por lo que mis ojos podían ver - Vaya suerte... - Dije en voz baja.
Me quedé sentado en mi asiento junto a Mariano, apoyado en mi hombro, hasta que me fijé que incluso los custodios habían sido completamente noqueados - Menudo sinvergüenza - Pensé mientras negaba con la cabeza y procedía a levantarme del asiento. Bajé tranquilamente las escaleras para poder acercarme uno a uno de los Custodios para volver a levantarlos, mientras mi amigo se encaraba con el autoproclamado mata Dioses. No dije ni una palabra, solo me limité a escuchar, y vaya sorpresa nos llevamos.
Aquel ser humano no era nada más ni nada menos que un Dragón, tal y como dijo Zarutsuki. Quedé sorprendido, pero no mucho. En mis tiempos yo fui amigo de algún Dragón que otro, no me daba envidia. Pero desde luego, sí que era una revelación más que interesante. Aparte, mi amigo añadió que iba a reanimar a los Custodios para que pudieran hacer su trabajo - Me he adelantado a tu orden, listo - Pensé. Una vez bajé las escaleras y ya estaba a la altura de la arena, el Custodio que más cerca tenía era Navir, el cual perecía en el suelo inconsciente pero con vida. Me agaché un poco de manera lenta - Joder, tengo que hacer más ejercicio - Dije en voz baja, gruñendo cuál viejo casposo. Puse mi mano en la frente del fiel Custodio de manera suave para hacer mi magia. Usando mi fruta, y levantando ahora la mano lentamente, de su frente, salió una pequeña burbujita blanca, la cual, mandé hacia el cielo para que se esfumara de allí. Navir, comenzó a mover la boca y los músculos, poco a poco, estaba funcionando mi tratamiento. Me acerqué un poco a su oído - Venga anda, no seas vago, hay trabajo que hacer - Acompañado de una palmadita en su brazo izquierdo para proceder a levantarme. El custodio reaccionó bien y se puso de pie a los pocos segundos, agradeciéndome con un movimiento de cabeza, como una reverencia - Quita, quita. Venga, al lío - Le dije mientras me daba media vuelta, yendo en dirección a Naver.
Procedí a hacer lo mismo con él, mientras mi amigo comentaba ciertas normas para cada grupo si querían hospedarse allí. Los cazadores, por supuesto, no contaron con mucha suerte, pues se tendrían que ir a los dos días de allí - Ale, a tomar por culo - Pensé mientras reanimaba a Naver, para a continuación ir hasta donde estaba Navar para hacer exactamente lo mismo. Después de él, crucé la arena para ir al otro lado, donde se encontraba al frente Navur, y a su izquierda Navor, y así finalizar mi tarea. Mientras lo hacía, mi amigo reveló quién era realmente el Mord Yojimbo, pues nada más ni nada menos era el hijo del verdadero rey de esta tierra, el heredero auténtico - Vaya sorpresa... Estoy que no me lo creo... - Pensé de manera retórica y burlesca para mí mismo, mientras reanimaba a Navur y me dirigía hacia el último Custodio en el suelo. El joven bailarín de pinta exótica era amigo del Mord, así que el emperador le comentó que tanto el cómo sus amigos podrían acompañarle a palacio y descansar allí junto a él, para luego sentenciar en Sohem que no podrá librarse de su pasado y metiéndome a mí en el ajo con que podía ayudarle -Vamos no me jodas, este muchacho no se cansa de mandarme más y más trabajo - Pensé frunciendo el ceño mientras terminaba de reanimar a Navor, el último Custodio.
Una vez todos arriba, cada uno fue a hacer su trabajo correspondiente. Yo me acerqué al lado de Zarutsuki, el cual cargaba con el Mord Yojimbo, y a su lado dos Custodios con los amigos de este. Miré la cara de mi amigo, la cual solo se podía contemplar lágrimas y tristeza. No sabía qué decirle, yo estoy muy mayor para estas cosas. No estaba muerto, solo inconsciente, era motivo para estar alegre ¿No? Volví a mirarle, inclinando un poco mi cabeza hacia un lado - Venga, arriba ese ánimo. Ahora le hago en palacio el mismo tratamiento y estará como una lechuga de fresco, ya lo verás - Finalicé caminando a su lado, pensando y asimilando todo lo que había pasado hoy. Pues, en el fondo de mí, sabía que todo esto marcaría un antes y un después para toda la gente que ha podido presenciar con sus propios ojos este torneo.
Bueno, un puñado de ellos, más bien. Es lo que tiene usar tal cantidad de Haoshoku y dejarlos a todos por los suelos. Este todavía tiene mucho que aprender, aún es un ignorante de la vida, pero yo iba a permanecer a su lado para ayudarle.
