26-08-2023, 08:15 PM
Aquella joven, desde luego risueña, no había resuelto aún mi agonizante duda sobre eso que me había dado a probar. Estaba asqueroso y no podía quitar de mi mente la imperiosa necesidad de escupirlo, pero por no hacer un feo a la joven, decidí tragármelo con una clarísima mueca de asco. Eso dejaría mal sabor de boca para el resto del día.
Anteriormente había sentido un poco de tristeza al relatar brevemente mis orígenes. Seguía sin saber nada sobre quién había matado a mi madre y eso me impacientaba. Sin embargo, admito que ese malestar emocional que sentí desapareció cuando escuché hablar a Jolyne sobre su perro, o más bien, su amigo, el Capitán Barks. Sentí la necesidad de achucharlo y comérmelo a besos, pero claro, no estaba con nosotros en ese momento. Si tengo la fortuna de conocerle me gustaría poder hacerlo.
Me gustó ver el impacto que había tenido en Jolyne mi pregunta, no la vio venir y contestó con cierta naturalidad, pero me pareció haber visto en su mirada lo importante que era para ella.
– Sí lo tengo, pero es bastante humilde. Me conformo con vivir sin preocupaciones. No me interesa ni el reconocimiento ni el dinero y si de paso puedo ver todo tipo de animales y conocer buenos compañeros yo encantada. – Me respondió con una de esas sonrisas que te salen sin darte cuenta cuando piensas en algo que te gusta de verdad.
- Puede ser humilde, pero también es importante. En cierto modo, tú también sueñas con libertad ¿No crees? – Pregunté sonriente. – Vivir sin preocupaciones, buena gente a tu alrededor… sí, creo que a eso se le podría llamar felicidad. – Le dije riéndome un poco después. - Si quiero ser un gran pirata es porque quiero ser el hombre más libre del mundo también… con una gran banda donde todos luchemos por todos nuestros sueños… así que de alguna manera… ¡Nuestros sueños se parecen! jajajaja. – Concluí mirando al cielo con la misma sonrisa que le mostré antes.
Finalmente habíamos llegado a lo que parecía nuestro destino, del cual parecía venir un hilo musical bastante peculiar. El sitio no era tan lujoso como otros restaurantes que había visitado de hace un tiempo hasta ahora, era mucho más humilde a decir verdad. Se trataba de un granero abandonado al que le hacían falta muchas reformas. Lamentablemente yo no tengo los conocimientos suficientes, pero de tenerlos me hubiese gustado ofrecerme a repararlo, especialmente siendo un sitio tan importante para Jolyne.
Pude ver no muy lejos de mi cornamenta un cartel que decía “Taberna”. Sin ningún otro nombre para la propia taberna, muy propio de un sitio así.
- Pues ya hemos llegado, este es mi lugar favorito del mundo, aunque tampoco es que haya ido a muchos sitios.
- Puedo ver por qué te gusta tanto, es un lugar auténtico. – Le dije rápidamente como si la respuesta saliese de mi corazón justo antes de que Jolyne abriese la puerta.
Al instante de hacerlo, una señora mayor apareció como por arte de magia. Esta se dirigía a Jolyne expresando su alegría por verla.
- ¿Llevará mucho tiempo sin aparecer por el lugar? – Me pregunté curioso, aunque poco pude dedicar mis pensamientos a esa pregunta cuando la señora se dirigió a mí.
- Uy, ¿y este chico quién es? ¿Qué grande eres no? Espero que no seas un maleante de esos, te advierto que Jolyne es muy buena chiquita.
- No, no, yo so- Intenté responder en vano ya que la señora retomó la palabra rápidamente.
- Bueno, pasad, pasad, os voy a poner una bebida calentita que hace mucho frío ahí fuera – Continuó mientras se dirigía a la barra.
Era curioso como una persona que recién me conocía no se mostraba asustada, impresionada en exceso, o curiosa. Me estaba tratando con total naturalidad, y eso era una novedad para mí.
La música que me había parecido escuchar antes, ahora la escuchaba mucho más clara. Era un señor de avanzada edad tocando el piano, con cierta soltura, aunque se equivocaba en ocasiones. Era una pieza musical bastante peculiar y alegre, pero probablemente lo peculiar se deba más al estado del piano, que no estaba pasando ya por sus mejores años precisamente.
A medida que entrábamos observé un poco el sitio. La decoración era muy curiosa, había incluso cubiertos y platos fijados por la pared, varios cuadros y fotografías, herramientas del campo, y algunos elementos que parecían tener un gran valor sentimental para la dueña. Era como ver el reflejo del alma de esa mujer que había dedicado su vida a aquel lugar.
Podía observar que además de toda esta decoración tan personal la señora había puesto cortinas en el granero, así como manteles a juego para las mesas. Todas parecían haber sido hechas por ella misma. Una forma coqueta de decorar el lugar con sus propias manos.
Estábamos ya en la barra sentados cuando había terminado de ver todo el lugar por encima, así como sus clientes y peculiaridades cuando me percaté que ya teníamos nuestras bebidas en la barra. Observé su contenido preocupado de que me pasase lo mismo que con la otra comida que me ofreció Jolyne antes.
- ¿Te gusta? ¿A que es bonito? Vengo siempre aquí desde que ayudé a la vieja a encontrar a uno de sus gatos perdidos. Mucho mejor que los sitios a los que habrás ido, ¿a que sí? – Me contó Jolyne con mucha energía y alegría. Se notaba el cariño que tenía al lugar y a la señora.
Cogí la bebida caliente y la levanté dispuesto a probarla aún a riesgo de sufrir otra vez por probar cosas sin preguntar antes. Con la mano libre señalé sutilmente a unos ratones que allí habían riéndome en un tono bajo.
- Entonces no tuvo mucho éxito la búsqueda del gato ¿No? – Pregunté curioso con un tono de broma.
Para mi fortuna la bebida no estaba mala, al contrario, estaba logrando que el sabor de ese alimento tan asqueroso dejase al fin mi boca. Con suerte muy pronto sería solo un mal recuerdo.
- Es un sitio auténtico, y se nota que posee una carga emocional muy grande. – Le dije a Jolyne para contestar su anterior pregunta. – Definitivamente me gusta jajaja, muchas gracias por traerme aquí, ¡Espero algún día poder enseñarte mi lugar favorito! – Concluí para hacerle saber lo importante que había sido su gesto.
Sin embargo, lo cierto era que no tenía ningún sitio favorito aún. Se podría decir que la isla Ramirals era importante para mi, pero ¿Tanto como mi sitio favorito? Bueno, quizá sí, pero por descarte de otros sitios, no lo considero realmente mi sitio favorito, aunque sin duda a Jolyne le encantaría conocerla.
- Y oye Jolyne ¿A qué te dedicas por aquí? ¿Tienes alguna empresa familiar o algo a lo que dediques tus esfuerzos? – Pregunté curioso.
Buscábamos a alguien que fuese navegante desde que nos reunimos los tres, por lo que si casualmente Jolyne se dedicaba a ello, podría ser buena incorporación. Además, parecía alguien normal, alguien que no provocaría un alboroto en cualquier momento.
Anteriormente había sentido un poco de tristeza al relatar brevemente mis orígenes. Seguía sin saber nada sobre quién había matado a mi madre y eso me impacientaba. Sin embargo, admito que ese malestar emocional que sentí desapareció cuando escuché hablar a Jolyne sobre su perro, o más bien, su amigo, el Capitán Barks. Sentí la necesidad de achucharlo y comérmelo a besos, pero claro, no estaba con nosotros en ese momento. Si tengo la fortuna de conocerle me gustaría poder hacerlo.
Me gustó ver el impacto que había tenido en Jolyne mi pregunta, no la vio venir y contestó con cierta naturalidad, pero me pareció haber visto en su mirada lo importante que era para ella.
– Sí lo tengo, pero es bastante humilde. Me conformo con vivir sin preocupaciones. No me interesa ni el reconocimiento ni el dinero y si de paso puedo ver todo tipo de animales y conocer buenos compañeros yo encantada. – Me respondió con una de esas sonrisas que te salen sin darte cuenta cuando piensas en algo que te gusta de verdad.
- Puede ser humilde, pero también es importante. En cierto modo, tú también sueñas con libertad ¿No crees? – Pregunté sonriente. – Vivir sin preocupaciones, buena gente a tu alrededor… sí, creo que a eso se le podría llamar felicidad. – Le dije riéndome un poco después. - Si quiero ser un gran pirata es porque quiero ser el hombre más libre del mundo también… con una gran banda donde todos luchemos por todos nuestros sueños… así que de alguna manera… ¡Nuestros sueños se parecen! jajajaja. – Concluí mirando al cielo con la misma sonrisa que le mostré antes.
Finalmente habíamos llegado a lo que parecía nuestro destino, del cual parecía venir un hilo musical bastante peculiar. El sitio no era tan lujoso como otros restaurantes que había visitado de hace un tiempo hasta ahora, era mucho más humilde a decir verdad. Se trataba de un granero abandonado al que le hacían falta muchas reformas. Lamentablemente yo no tengo los conocimientos suficientes, pero de tenerlos me hubiese gustado ofrecerme a repararlo, especialmente siendo un sitio tan importante para Jolyne.
Pude ver no muy lejos de mi cornamenta un cartel que decía “Taberna”. Sin ningún otro nombre para la propia taberna, muy propio de un sitio así.
- Pues ya hemos llegado, este es mi lugar favorito del mundo, aunque tampoco es que haya ido a muchos sitios.
- Puedo ver por qué te gusta tanto, es un lugar auténtico. – Le dije rápidamente como si la respuesta saliese de mi corazón justo antes de que Jolyne abriese la puerta.
Al instante de hacerlo, una señora mayor apareció como por arte de magia. Esta se dirigía a Jolyne expresando su alegría por verla.
- ¿Llevará mucho tiempo sin aparecer por el lugar? – Me pregunté curioso, aunque poco pude dedicar mis pensamientos a esa pregunta cuando la señora se dirigió a mí.
- Uy, ¿y este chico quién es? ¿Qué grande eres no? Espero que no seas un maleante de esos, te advierto que Jolyne es muy buena chiquita.
- No, no, yo so- Intenté responder en vano ya que la señora retomó la palabra rápidamente.
- Bueno, pasad, pasad, os voy a poner una bebida calentita que hace mucho frío ahí fuera – Continuó mientras se dirigía a la barra.
Era curioso como una persona que recién me conocía no se mostraba asustada, impresionada en exceso, o curiosa. Me estaba tratando con total naturalidad, y eso era una novedad para mí.
La música que me había parecido escuchar antes, ahora la escuchaba mucho más clara. Era un señor de avanzada edad tocando el piano, con cierta soltura, aunque se equivocaba en ocasiones. Era una pieza musical bastante peculiar y alegre, pero probablemente lo peculiar se deba más al estado del piano, que no estaba pasando ya por sus mejores años precisamente.
A medida que entrábamos observé un poco el sitio. La decoración era muy curiosa, había incluso cubiertos y platos fijados por la pared, varios cuadros y fotografías, herramientas del campo, y algunos elementos que parecían tener un gran valor sentimental para la dueña. Era como ver el reflejo del alma de esa mujer que había dedicado su vida a aquel lugar.
Podía observar que además de toda esta decoración tan personal la señora había puesto cortinas en el granero, así como manteles a juego para las mesas. Todas parecían haber sido hechas por ella misma. Una forma coqueta de decorar el lugar con sus propias manos.
Estábamos ya en la barra sentados cuando había terminado de ver todo el lugar por encima, así como sus clientes y peculiaridades cuando me percaté que ya teníamos nuestras bebidas en la barra. Observé su contenido preocupado de que me pasase lo mismo que con la otra comida que me ofreció Jolyne antes.
- ¿Te gusta? ¿A que es bonito? Vengo siempre aquí desde que ayudé a la vieja a encontrar a uno de sus gatos perdidos. Mucho mejor que los sitios a los que habrás ido, ¿a que sí? – Me contó Jolyne con mucha energía y alegría. Se notaba el cariño que tenía al lugar y a la señora.
Cogí la bebida caliente y la levanté dispuesto a probarla aún a riesgo de sufrir otra vez por probar cosas sin preguntar antes. Con la mano libre señalé sutilmente a unos ratones que allí habían riéndome en un tono bajo.
- Entonces no tuvo mucho éxito la búsqueda del gato ¿No? – Pregunté curioso con un tono de broma.
Para mi fortuna la bebida no estaba mala, al contrario, estaba logrando que el sabor de ese alimento tan asqueroso dejase al fin mi boca. Con suerte muy pronto sería solo un mal recuerdo.
- Es un sitio auténtico, y se nota que posee una carga emocional muy grande. – Le dije a Jolyne para contestar su anterior pregunta. – Definitivamente me gusta jajaja, muchas gracias por traerme aquí, ¡Espero algún día poder enseñarte mi lugar favorito! – Concluí para hacerle saber lo importante que había sido su gesto.
Sin embargo, lo cierto era que no tenía ningún sitio favorito aún. Se podría decir que la isla Ramirals era importante para mi, pero ¿Tanto como mi sitio favorito? Bueno, quizá sí, pero por descarte de otros sitios, no lo considero realmente mi sitio favorito, aunque sin duda a Jolyne le encantaría conocerla.
- Y oye Jolyne ¿A qué te dedicas por aquí? ¿Tienes alguna empresa familiar o algo a lo que dediques tus esfuerzos? – Pregunté curioso.
Buscábamos a alguien que fuese navegante desde que nos reunimos los tres, por lo que si casualmente Jolyne se dedicaba a ello, podría ser buena incorporación. Además, parecía alguien normal, alguien que no provocaría un alboroto en cualquier momento.
