27-08-2023, 09:07 AM
(Última modificación: 27-08-2023, 01:51 PM por Kovashi Shimatsu.)
Se sintió bien, como cuando cortas la primera rebanada de pan para hacerte la tostada, con el cuchillo pasando lentamente por el mullido producto. La katana de Kovashi atravesó el pelaje del mink manchando su filo de rojo. Sangraba como los humanos, por muy grande, temible e imponente que fuera, era tan mortal como todos los demás. Una enseñanza que da la experiencia en batalla es que todo el mundo puede ser derrotado, por muy invencible que pareciera el objetivo siempre había un truco que poder hacer, una estrategia que llevar a cabo, cualquier cosa. Los ojos del peli blanco contemplarían al darse la vuelta rápidamente como el cuerpo de la mujer gyojin fue mandado a un costado, es decir que la ofensiva del Panda terminó siendo efectiva. — Eres muy lento, grandullón. — Por algún motivo que no alcanzaba a entender, Kovashi había relacionado a todos los minks como si tuvieran las capacidades de Khruner, su amigo oso no era lento para nada, además sumado a la habilidad del diablo que la vida le otorgó, podríamos decir que era hasta rápido. - ¿Tanto como yo? no creo - Pensó de forma intrusiva. Lo que sí podría achacarle a los dos es que portaban un poder en la voz que cualquier persona se sentía intimidaba, Khruner lo mostró frente a todos. Kovashi no llegó a prestarle demasiada atención, pero su voz, acompañada de los civiles huyendo, determinaron lo que acababa de suceder.
Nubes de tormenta se acercaban, negras como el carbón, repleta de fogonazos de luz azulados que surcaban el cielo como si este les perteneciera. Una música melancólica comenzó a sonar en la cabeza de Kovashi. Esa escena, el panda dándose la vuelta, saltando, atacando. La lluvia llegando, Caló y Derya enfrentándose también. Le recordaba amargamente a su antigua vida. ¿Problemas? Ninguno, la melancolía, los momentos de dolor autoafligidos por la mente le gustaban. Él era así, la tristeza le acompañaba, era amiga en su viaje.
Kovashi clavó su katana justo en medio de sus pies, liberando ambas extremidades, después tocó el terreno y dejó que la magia sucediera sola. Por suerte la velocidad de Panda no había cambiado en absoluto, sus movimientos a ojos de Kovashi eran lentos, que es lo peor que podía pasar contra un personaje como el Shimatsu, que este pudiera verte venir y organizar estrategias con tiempo. Caía en picado, con los brazos completamente estirados como si fuera un torpedo. Estaba loco lanzándose así. Le encantaba esa forma de afrontar los combates, un todo o nada. Mostró una ligera sonrisa justo antes de que bajo los pies del espadachín se formara un rectángulo de tierra al unirse dos cubos. — Furaito o Ageru ... — Susurró. Y salió despedido sobre el trocito de tierra que se enganchó en sus pies. No estaba esquivando hacia un costado, bloqueando, no, nuevamente le estaba haciendo frente de cara, defendiéndose ante un ataque con otro. Mostrando así la determinación en el campo de batalla que tanto le caracterizaba.
Fue un impulso de medio metro, Panda estaba ya encima. Los pies de Kovashi le hicieron rotar, apartar las manos del contacto con la tierra y sujetar su katana de nuevo. El terreno que por segundos se había adherido a sus pies se desprendió, pero le sirvió como impulso no solo para elevarse, sino de rotación. Su cuerpo avanzó hacia el de Panda. Si el mink tuviera tiempo después para recordar, le llegaría una imagen de Kovashi asestando un fuerte golpe al gorila del otro día, utilizando justo esa técnica.
El cuerpo de kovashi rotó lo suficiente para ir movilizando su katana al unísono del movimiento. Esquivando por un lateral los puños, pero dejando pasar su hoja de acero desde la barbilla del panda hasta el abdomen. El cuerpo de Kovashi quedó a unos dos metros sobre el aire, mientras el de Panda se estrellaría contra el terreno. Kovashi sujetó la katana con la boca y estiró ambas manos para que los mismos cubos de tierra que se habían desprendido de sus pies volvieran, haciendo de soporte para sostenerse en pleno aire e incluso elevándose un poco para dejar una distancia firme de unos cuatro metros, tomando como referencia donde Panda había caído.
Nubes de tormenta se acercaban, negras como el carbón, repleta de fogonazos de luz azulados que surcaban el cielo como si este les perteneciera. Una música melancólica comenzó a sonar en la cabeza de Kovashi. Esa escena, el panda dándose la vuelta, saltando, atacando. La lluvia llegando, Caló y Derya enfrentándose también. Le recordaba amargamente a su antigua vida. ¿Problemas? Ninguno, la melancolía, los momentos de dolor autoafligidos por la mente le gustaban. Él era así, la tristeza le acompañaba, era amiga en su viaje.
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Kovashi clavó su katana justo en medio de sus pies, liberando ambas extremidades, después tocó el terreno y dejó que la magia sucediera sola. Por suerte la velocidad de Panda no había cambiado en absoluto, sus movimientos a ojos de Kovashi eran lentos, que es lo peor que podía pasar contra un personaje como el Shimatsu, que este pudiera verte venir y organizar estrategias con tiempo. Caía en picado, con los brazos completamente estirados como si fuera un torpedo. Estaba loco lanzándose así. Le encantaba esa forma de afrontar los combates, un todo o nada. Mostró una ligera sonrisa justo antes de que bajo los pies del espadachín se formara un rectángulo de tierra al unirse dos cubos. — Furaito o Ageru ... — Susurró. Y salió despedido sobre el trocito de tierra que se enganchó en sus pies. No estaba esquivando hacia un costado, bloqueando, no, nuevamente le estaba haciendo frente de cara, defendiéndose ante un ataque con otro. Mostrando así la determinación en el campo de batalla que tanto le caracterizaba.
Fue un impulso de medio metro, Panda estaba ya encima. Los pies de Kovashi le hicieron rotar, apartar las manos del contacto con la tierra y sujetar su katana de nuevo. El terreno que por segundos se había adherido a sus pies se desprendió, pero le sirvió como impulso no solo para elevarse, sino de rotación. Su cuerpo avanzó hacia el de Panda. Si el mink tuviera tiempo después para recordar, le llegaría una imagen de Kovashi asestando un fuerte golpe al gorila del otro día, utilizando justo esa técnica.
El cuerpo de kovashi rotó lo suficiente para ir movilizando su katana al unísono del movimiento. Esquivando por un lateral los puños, pero dejando pasar su hoja de acero desde la barbilla del panda hasta el abdomen. El cuerpo de Kovashi quedó a unos dos metros sobre el aire, mientras el de Panda se estrellaría contra el terreno. Kovashi sujetó la katana con la boca y estiró ambas manos para que los mismos cubos de tierra que se habían desprendido de sus pies volvieran, haciendo de soporte para sostenerse en pleno aire e incluso elevándose un poco para dejar una distancia firme de unos cuatro metros, tomando como referencia donde Panda había caído.
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