[FIC] (+18) Amar en pipis revueltos
#2
Al amanecer, el inhóspito destino se abalanzó sobre Zarek como un gato cachorro y juguetón contra un insecto desprevenido: Sin miramientos en su crueldad. La salida del pozo se vio liberada de barrotes y cubierta por una red de cadenas férreas frías y pesadas que se desplomaron cayendo sin dilación sobre el cuerpo del Birkaniano cautivo. Al tacto, el dolor y el impacto de las mismas fue sobradamente más acusado que usualmente, y es que el Hereje podía sentir la debilidad y el malestar en su cuerpo de forma demasiado notoria. Aquellas cadenas estaban creadas con un compuesto, una aleación, un material... un algo especial. Algo que, por más que el malhablado y maléfico habitante del Mar Azul quisiera hacer uso de sus poderes, no podría.

Lo sacaron envuelto en dicha red de cadenas, y lo lanzaron contra el suelo del poblado, con fuerza y furia. Zarek pudo observar como, un rostro familiar para él - pero por duplicado - se personaban. Dos de los ángeles que custodiaban la entrada en Shandora - quien sabe si uno de ellos era incluso quien le había privado de acceder a los juegos - habían respondido al llamado del jefe de la tribu Birka, y habían seguido las instrucciones de palacio para, cargando una red de Kairoseki, envolver y extraer del pozo al criminal. Pero desgraciadamente eso no era lo peor que iba a pasarle, pues ambos guardias propiciaron senda cantidad de golpes con sus bastones, impactando en las dobleces de las articulaciones principalmente, como los tobillos, las rodillas o los codos, tratando de dañar y malgastar al prisionero sin mediar palabra ninguna. Sólo un aluvión de estocadas doradas con sus bastones, como los pescadores de lanza en la orilla del río, mientras el pueblo Birka contemplaba la brutalidad del castigo.

Obviamente al notificar el pueblo que se habían hecho con este prisionero la orden para los Custodios era terminar el trabajo, pues no se toleraba la falta de respeto tal que había emitido aquel forastero. La paliza propiciada por los protectores del reino fue cruenta e ininterrumpida, silenciosa por completo por su parte, y derramando la sangre del Birkaniano sobre el suelo en el que yacía indefenso, envuelto en el metal místico de aquellas gentes. Poco a poco las luces en los ojos del bravo asesino se fueron apagando, hasta que la oscuridad lo fue todo y la última visión que tuvo de las tierras del cielo, fue la cara de uno de ellos antes de ser opacada por el extremo de su bastón. Y aunque dejó de moverse, o quejarse, los golpes continuaron aun un poco más, y cuando los Custodios consideraron que habían hecho suficiente, agarraron la red y la arrastraron llevándose el cuerpo de Zarek al interior de la jungla, dejando un reguero de sangre y tierra tras de si.

Los Custodios, realmente habían actuado por libre, pues las órdenes reales eran llevar el cuerpo de Zarek en presencia del Emperador para poder ser juzgado, pero sabiendo estos de la benevolencia de su majestad, decidieron forzar un juicio nulo, alegando que estaba así cuando lo encontraron. Ante la imposibilidad de hablar con él, y sabiendo de su carácter hostil, el Emperador sabía que la opción de ofertarle vivir en el pueblo de las afueras con su gente ya no era algo válido, así que sólo le quedaba la opción del destierro. Con pesar y algo de decepción, decretó que Zarek, el Hereje, sería deportado de nuevo al Mar Azul usando el servicio de mensajería Ñord-Co. Los Custodios asintieron y se llevaron el cuerpo hasta una gran caja que parecía más bien un ataud. Encerraron dentro el cuerpo libre de cadenas pero inconsciente, y sellaron el improvisado sarcófago por fuera con cadenas mundanas de acero común, bien para evitar que pudiera abrirse y propiciar la muerte del navegante y bien para que los "portadores" pudieran llevarse el paquete.

Así fue como con un denso y largo silbido, el cielo se oscureció y de él descendieron dos poderosas e imponentes aves: Dos Ñordikis. Estas, agitando sus alas con celeridad y dificultad dado su peso - como siempre - se alzaron sobre la caja encadenada y sujetaron los eslabones de acero para emprender el vuelo, alzándose y yendo hacia el linde de la isla para descender en dirección a la parte anterior del Grand Linem buscando dejar aquel paquete a mitad de camino entre la tierra que abandonaba y el acceso de nuevo a los Blues: La isla Kyodaina, de la Corriente Akai.


Ahora, el destino de Zarek volvía a estar en sus manos. ¿Usaría lo aprendido aquí para evitar cometer los mismos errores?.
¿Aprendería de esta segunda oportunidad? ¿Agradecería no haberse podrido en un pozo apestando a orina, en medio de la jungla de Skypiea? ¿Sería consciente de la suerte que tuvo al sobrevivir al impacto de un Custodio? ¿Comprendería que, si su actitud continuaba por ese camino, sólo le esperaba una muerte prematura, y la suerte ya no se iba a poner más de su parte?
Un pesado suspiro de Zarutsuki reflexionando sobre los eventos vividos estos últimos días en Skypiea, su tierra e imperio, esperaba inconscientemente que, si tenía que volver a ver a aquel joven, no fuera su cadáver.





Zarek
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[FIC] (+18) Amar en pipis revueltos - por Zarek - 04-06-2024, 06:50 PM
RE: [FIC] (+18) Amar en pipis revueltos - por Voz Seductora - 05-06-2024, 01:47 AM

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