09-06-2024, 02:18 PM
La mujer frunció el ceño durante un escaso segundo al escuchar tu respuesta. En seguida se percató de que no le resultaría tan fácil depositar aquel libro tras la puerta cerrada a cal y canto. —De verdad que no hace fal… —dijo cortando su frase al ver cómo te aproximabas hacia la puerta con el libro lo suficientemente alto como para que no pudiese alcanzarlo. Se quedó quieta en su posición mientras te observa y trataba de ordenar los pensamientos que ahora nublaban su mente. Con total parsimonia cogió su taza de té, todavía caliente, para beber un par de sorbos. Parecía totalmente calmada, ni sus gestos ni su expresión mostraban lo contrario. Nada parecía indicar que su cabeza se encontraba trabajando a toda velocidad, sopesando las distintas opciones y valorando las consecuencias.
—De acuerdo —dijo finalmente volviendo a dejar la taza de té sobre la mesa. Tal vez ocultase nada y fuese cierto que aquella sala fuese donde se restauraban los libros más antiguos y deteriorados o, tal vez, era consciente de que no le quedaban más opciones ya que, si percibieses algo extraño y te empeñases en entrar, podrías hacerlo fácilmente. Al fin y al cabo, aquella tan solo era una anciana cansada y con todos los achaques propios de su edad. Comenzó a caminar hacia la puerta mientras tiraba de la cadena que se encontraba sobre su cuello hasta sacar una llave que colgaba de ella. La insertó en el cerrojo, que se abrió con algo de dificultad, y empujó la puerta para dejar totalmente expuesto su interior.
Un fuerte olor a papel viejo salió de aquella sala como si tratase de escapar. A saber cuánto tiempo llevaría acumulándose. Unas escaleras de madera podridas por la humedad bajaban hasta un sótano oscuro repleto de estanterías, también de madera oscura. No se trataba de estanterías nuevas, como las de la biblioteca. Eran, más bien, tablones de madera mal clavados entre sí de tal manera que formaban una estructura sobre la cual se encontraban descolocados varios libros. Con un primer vistazo, daba la impresión de que la anciana no había mentido. Realmente, aquella sala parecía un lugar de restauración. Estaba repleta de libros antiguos, muchos de ellos sin ni siquiera título en sus lomos. Algunos no se encontraban en muy mal estado, pero otros daban pena, les faltaban las tapas o los lomos.
—Ahora, déjalo sobre cualquier estantería y ya me encargaré de repararlo —dijo la anciana extendiendo su brazo para invitarte hacia el interior. Le dio a un interruptor para encender una sola bombilla que iluminaba pobremente el sótano, aunque lo suficiente como para no tener un accidente. Con aquel gesto, te daba a entender que no tenía nada que ocultar. Si te fijabas en los libros, verías que ninguno llamaba especialmente la atención. Aparentemente, eran libros comunes. Sin embargo, con una buena vista podrías percibir un detalle interesante. Un libro con unas letras diferentes al resto. Unas letras que no eras capaz de comprender. Más que letras, parecían simples símbolos sin sentido para los menos expertos. —Y date prisa, esto no puede quedarse abierto demasiado tiempo y tengo cosas que hacer —te apremió la anciana.
—De acuerdo —dijo finalmente volviendo a dejar la taza de té sobre la mesa. Tal vez ocultase nada y fuese cierto que aquella sala fuese donde se restauraban los libros más antiguos y deteriorados o, tal vez, era consciente de que no le quedaban más opciones ya que, si percibieses algo extraño y te empeñases en entrar, podrías hacerlo fácilmente. Al fin y al cabo, aquella tan solo era una anciana cansada y con todos los achaques propios de su edad. Comenzó a caminar hacia la puerta mientras tiraba de la cadena que se encontraba sobre su cuello hasta sacar una llave que colgaba de ella. La insertó en el cerrojo, que se abrió con algo de dificultad, y empujó la puerta para dejar totalmente expuesto su interior.
Un fuerte olor a papel viejo salió de aquella sala como si tratase de escapar. A saber cuánto tiempo llevaría acumulándose. Unas escaleras de madera podridas por la humedad bajaban hasta un sótano oscuro repleto de estanterías, también de madera oscura. No se trataba de estanterías nuevas, como las de la biblioteca. Eran, más bien, tablones de madera mal clavados entre sí de tal manera que formaban una estructura sobre la cual se encontraban descolocados varios libros. Con un primer vistazo, daba la impresión de que la anciana no había mentido. Realmente, aquella sala parecía un lugar de restauración. Estaba repleta de libros antiguos, muchos de ellos sin ni siquiera título en sus lomos. Algunos no se encontraban en muy mal estado, pero otros daban pena, les faltaban las tapas o los lomos.
—Ahora, déjalo sobre cualquier estantería y ya me encargaré de repararlo —dijo la anciana extendiendo su brazo para invitarte hacia el interior. Le dio a un interruptor para encender una sola bombilla que iluminaba pobremente el sótano, aunque lo suficiente como para no tener un accidente. Con aquel gesto, te daba a entender que no tenía nada que ocultar. Si te fijabas en los libros, verías que ninguno llamaba especialmente la atención. Aparentemente, eran libros comunes. Sin embargo, con una buena vista podrías percibir un detalle interesante. Un libro con unas letras diferentes al resto. Unas letras que no eras capaz de comprender. Más que letras, parecían simples símbolos sin sentido para los menos expertos. —Y date prisa, esto no puede quedarse abierto demasiado tiempo y tengo cosas que hacer —te apremió la anciana.
![[Imagen: 8Rsjucn.png]](https://imgur.com/8Rsjucn.png)
