11-06-2024, 02:56 PM
La "atrapada" marine escuchó con atención las respuestas y explicaciones de Garnet. Parecía que conocía de sobra el nombre de Finn, hasta el punto de saberse hasta el apodo, cosa que no era de extrañar pues, al ser un miembro de las supuestas fuerzas de la justicia, debía conocer al dedillo a todos los piratas, con recompensa por su cabeza, que andaban sueltos. Ikirami llegó a sentir de corazón todo lo que le había sucedido al músico, a lo cuál, Garnet, tan sólo respondió con una ligera sonrisa. Le encantaría agradecérselo y decirle que ya estaba todo bien y que lo había superado al matar al asesino de su pequeña familia, pero sería mentirle a ella, a sí mismo y gastar saliva de manera innecesaria.
Luego, cuando explicó la razón de porqué había saltado a salvar a la marine y la soltó de entre sus brazos, Ikirami bajó su cabeza hasta apoyar su mejilla en el tonificado y ensangrentado pecho de Garnet, quedándose de lado. Aquella postura, eliminando la sangre de la ecuación, le resultaba completamente reconfortante al skypiean, notando un suave calor en su órgano latiente. Cuando mencionó que quería seguir conociendo, tocando y tocando música a Ikirami, la diosa terrenal giró su cabeza, siendo ahora el apoyo de su cabeza contra el pecho de Garnet su barbilla. El pelirrojo pudo notar como la mujer tenía la mejilla, sobre la que se había apoyado, manchada de sangre además de como le costaba mantenerle la mirada al pirata, respondiéndole con un nervioso "es". Y entonces, ocurrió. Cuando la teniente intentó incorporarse, Garnet, suavemente y con cero brusquedad, se lanzó, sosteniendo la cabeza de la marine con su diestra, a besar sus labios que, tras un gemido de Ikirami, se hizo aquella paradójica unión.
A priori, algo que parecía inconcebible estaba sucediendo en ese claro, quien era el único testigo de la pasión y deseo que segregaban los dos pelirrojos por cada poro de su piel y cuerpo. Sin querer despegarse ni un segundo el uno del otro, la marine sujeto con ambas manos la cabeza de Garnet, casi igual que él hacía con ella. El pirata cerró los ojos, buscando saborear con suavidad cada rincón de la boca de Ikirami. Mientras aquel beso, que Garnet deseaba que no se acabara jamás, seguía dándose, la marine buscó adoptar una postura más cómoda en la que seguir dejando salir toda la tensión sexual que se habían estado guardando durante todo este tiempo. La pelirroja se quedó sentada sobre sus muslos, rodeando la cintura del pirata con sus piernas y el cuello del mismo con sus brazos, que se iban moviendo y manchando de su sangre pasionalmente por el cuerpo del músico mientras seguían dándose el lote. Cada roce y caricia que le regalaba la bella mujer, hacía erizar los pelos y plumas del skypiean más y más, a la par que soltaba pequeños jadeos que hacían eco en la boca de la marine. Garnet desplazó su diestra del cogote de Ikirami hacia su mejilla izquierda, acariciándola con el pulgar de esa misma mano y, con el resto de sus dedos, tocando con suavidad su perfecto cuello. Por otro lado, con su siniestra, con la que se estaba ayudando para apoyarse en el suelo, la posicionó en su espalda, llegándola a mover y meter por debajo de ese uniforme apretado que tan malo le había puesto, topándose con la banda de su sujetador y pensando, por un instante, en desabrocharlo, pero cambiando de parecer al momento. En cambio, descendió su mano, con lentitud y buscando perderse en cada curva de su espalda hacia su glúteo derecho, palpándolo durante unos segundos para, luego, agarrarlo con firmeza.
Garnet sentía como, a cada segundo que pasaba así, como cada segundo que se dejaba llevar por la lujuria, su tercera antena luchaba por romper su prisión de tela, a la vez que su tigre interior le forzaba a dejarle a salir. Pero no podía. Las veces que tuvo sexo con Aurora sí que podía dejarse llevar por su lado más primitivo y animal al ser ambos usuarios zoan. Pero, ¿qué sería de Ikirami si se transformaba en un tigre antropomórfico de casi tres metros así de la nada? - R-relaja, Garnet... Uffff...R-relaja la raja, aún es pronto para esto...-
Tenía que controlarse y, por fortuna, Ikirami, tras morder su labio inferior, y poniendo aún más a mil al músico, se alejó, momentáneamente de sus labios. Al darse un pequeño tiempo muerto del pequeño paraíso del pecado que estaban viviendo, Garnet pudo apreciar como Ikirami se encontraba completamente extasiado y jadeando, al igual que él. La pelirroja intentó hablar, sin poder despegar la vista de los labios del pirata. El músico estaba en las mismas, sólo quería seguir alimentándose de esa dulce ambrosía que eran los labios de la marine. Casi al unísono y como si de los polos opuestos de dos imanes se trataran, buscó seguir saboreando aquellos bordes carnosos que tan loco le estaban volviendo. Tras otros segundos - donde el tiempo parecía haberse parado - intercambiando saliva, esta vez, Ikirami si que consiguió separarse del pirata y poder decir lo que se le había pasado por la mente. Mientras tanto Garnet, completamente perdido y ciego de pasión, con su mano derecha aún en su cuello, fue a besuquear y lamer el lado opuesto del cuello. La sensual mujer quiso aclarar que, después de eso, aún le quedaban bastante preguntas por hacerle. Al finalizar la aclaración, Garnet se despegó de su cuello y, aún jadeando, la miró fijamente como ella misma le observaba y pasaba sus manos por sus pectorales. Iba a responder el pelirrojo pero, justamente, la marine añadió que, retomando su anterior pregunta, le encantaría que le compusiera alguna canción para ella.
Al escuchar esto, los ojos del pelirrojo se llenaron de chiribitas. No estaba en su mejor momento musical, no, pero que le diera la oportunidad de componerle algo en un futuro no sólo significaba poder demostrarle una mejor versión de él, sino también era una intención de querer volver a verse, viendo como, los sentimientos de Garnet hacia Ikirami, en una primera instancia, parecían ser recíprocos. De nuevo, una ligera calidez invadió el corazón del pelirrojo.- C-claro, Iki uffff...- Intentó responder pero, justo entonces, la mujer se lanzó directo a su cuello, proporcionándole un lametón y un mordisco que hizo resoplar al pelirrojo y desplazar ambas manos a la espalda de la marine. Intentó, como fuera posible recobrar la compostura, al menos, para responder. - Ufff, dalo por hecho, Ikirami, las preguntas están para conocerse, ¿es o no es?- Le daba vía libre Garnet para que preguntara todo lo que tuviera que preguntarle.
Tras eso, Ikirami se alejó de su cuello, pudiendo Garnet adorar la imagen de la marine relamiéndose los labios para, después de declarar que el pirata sería suyo, lanzarse a por él, en otro embriagador beso. El pirata se dejó caer, hasta volver a apoyar su espalda en el suelo, quedando la marine encima de él. Por momentos, le encantaría agarrarle de la ropa y arrancársela de cuajo para poder sentir el frote de sus cuerpos desnudos, pero tampoco quería dejarla en bolas y sin ropa en mitad del bosque, más a sabiendas que tenía que volver a la ciudad. Cada segundo que consumía más del veneno de sus labios, iba adoptando cada vez más y más esa idea. Como solución temporal, volvió a posar cada mano en uno de sus glúteos, recorriendo con ellas sus interminables piernas seguidamente, de arriba a abajo, hasta que volvió al punto de partida, dándole una cachetada en glúteo izquierdo. Con ambas manos sobre sus posaderas, hizo fuerza hacia abajo, sintiendo dicha presión en el mini Garnet.- El menda es todo tuyo.- Dijo, entre jadeos y tentándole, alejándose de los labios de Ikirami -girando su cabeza hacia su derecha- para seguidamente volver a besarlos. Lo cierto es que, en el momento en el que presionó la pelvis de la pelirroja contra la del pirata, Garnet se dio cuenta de algo. Algo que, para lo obvio que era, había pasado muy desapercibido para el músico. Ikirami tenía vagina y tetas, al contrario que Aurora. Iba a ser su primera vez haciéndolo con una mujer con dichos atributos y, al caer en ello, el pelirrojo se puso algo nervioso, por lo que optó por la opción más sensata: dejar tomar el control a la marine, al menos hasta que cogiera más soltura.
Luego, cuando explicó la razón de porqué había saltado a salvar a la marine y la soltó de entre sus brazos, Ikirami bajó su cabeza hasta apoyar su mejilla en el tonificado y ensangrentado pecho de Garnet, quedándose de lado. Aquella postura, eliminando la sangre de la ecuación, le resultaba completamente reconfortante al skypiean, notando un suave calor en su órgano latiente. Cuando mencionó que quería seguir conociendo, tocando y tocando música a Ikirami, la diosa terrenal giró su cabeza, siendo ahora el apoyo de su cabeza contra el pecho de Garnet su barbilla. El pelirrojo pudo notar como la mujer tenía la mejilla, sobre la que se había apoyado, manchada de sangre además de como le costaba mantenerle la mirada al pirata, respondiéndole con un nervioso "es". Y entonces, ocurrió. Cuando la teniente intentó incorporarse, Garnet, suavemente y con cero brusquedad, se lanzó, sosteniendo la cabeza de la marine con su diestra, a besar sus labios que, tras un gemido de Ikirami, se hizo aquella paradójica unión.
A priori, algo que parecía inconcebible estaba sucediendo en ese claro, quien era el único testigo de la pasión y deseo que segregaban los dos pelirrojos por cada poro de su piel y cuerpo. Sin querer despegarse ni un segundo el uno del otro, la marine sujeto con ambas manos la cabeza de Garnet, casi igual que él hacía con ella. El pirata cerró los ojos, buscando saborear con suavidad cada rincón de la boca de Ikirami. Mientras aquel beso, que Garnet deseaba que no se acabara jamás, seguía dándose, la marine buscó adoptar una postura más cómoda en la que seguir dejando salir toda la tensión sexual que se habían estado guardando durante todo este tiempo. La pelirroja se quedó sentada sobre sus muslos, rodeando la cintura del pirata con sus piernas y el cuello del mismo con sus brazos, que se iban moviendo y manchando de su sangre pasionalmente por el cuerpo del músico mientras seguían dándose el lote. Cada roce y caricia que le regalaba la bella mujer, hacía erizar los pelos y plumas del skypiean más y más, a la par que soltaba pequeños jadeos que hacían eco en la boca de la marine. Garnet desplazó su diestra del cogote de Ikirami hacia su mejilla izquierda, acariciándola con el pulgar de esa misma mano y, con el resto de sus dedos, tocando con suavidad su perfecto cuello. Por otro lado, con su siniestra, con la que se estaba ayudando para apoyarse en el suelo, la posicionó en su espalda, llegándola a mover y meter por debajo de ese uniforme apretado que tan malo le había puesto, topándose con la banda de su sujetador y pensando, por un instante, en desabrocharlo, pero cambiando de parecer al momento. En cambio, descendió su mano, con lentitud y buscando perderse en cada curva de su espalda hacia su glúteo derecho, palpándolo durante unos segundos para, luego, agarrarlo con firmeza.
Garnet sentía como, a cada segundo que pasaba así, como cada segundo que se dejaba llevar por la lujuria, su tercera antena luchaba por romper su prisión de tela, a la vez que su tigre interior le forzaba a dejarle a salir. Pero no podía. Las veces que tuvo sexo con Aurora sí que podía dejarse llevar por su lado más primitivo y animal al ser ambos usuarios zoan. Pero, ¿qué sería de Ikirami si se transformaba en un tigre antropomórfico de casi tres metros así de la nada? - R-relaja, Garnet... Uffff...R-relaja la raja, aún es pronto para esto...-
Tenía que controlarse y, por fortuna, Ikirami, tras morder su labio inferior, y poniendo aún más a mil al músico, se alejó, momentáneamente de sus labios. Al darse un pequeño tiempo muerto del pequeño paraíso del pecado que estaban viviendo, Garnet pudo apreciar como Ikirami se encontraba completamente extasiado y jadeando, al igual que él. La pelirroja intentó hablar, sin poder despegar la vista de los labios del pirata. El músico estaba en las mismas, sólo quería seguir alimentándose de esa dulce ambrosía que eran los labios de la marine. Casi al unísono y como si de los polos opuestos de dos imanes se trataran, buscó seguir saboreando aquellos bordes carnosos que tan loco le estaban volviendo. Tras otros segundos - donde el tiempo parecía haberse parado - intercambiando saliva, esta vez, Ikirami si que consiguió separarse del pirata y poder decir lo que se le había pasado por la mente. Mientras tanto Garnet, completamente perdido y ciego de pasión, con su mano derecha aún en su cuello, fue a besuquear y lamer el lado opuesto del cuello. La sensual mujer quiso aclarar que, después de eso, aún le quedaban bastante preguntas por hacerle. Al finalizar la aclaración, Garnet se despegó de su cuello y, aún jadeando, la miró fijamente como ella misma le observaba y pasaba sus manos por sus pectorales. Iba a responder el pelirrojo pero, justamente, la marine añadió que, retomando su anterior pregunta, le encantaría que le compusiera alguna canción para ella.
Al escuchar esto, los ojos del pelirrojo se llenaron de chiribitas. No estaba en su mejor momento musical, no, pero que le diera la oportunidad de componerle algo en un futuro no sólo significaba poder demostrarle una mejor versión de él, sino también era una intención de querer volver a verse, viendo como, los sentimientos de Garnet hacia Ikirami, en una primera instancia, parecían ser recíprocos. De nuevo, una ligera calidez invadió el corazón del pelirrojo.- C-claro, Iki uffff...- Intentó responder pero, justo entonces, la mujer se lanzó directo a su cuello, proporcionándole un lametón y un mordisco que hizo resoplar al pelirrojo y desplazar ambas manos a la espalda de la marine. Intentó, como fuera posible recobrar la compostura, al menos, para responder. - Ufff, dalo por hecho, Ikirami, las preguntas están para conocerse, ¿es o no es?- Le daba vía libre Garnet para que preguntara todo lo que tuviera que preguntarle.
Tras eso, Ikirami se alejó de su cuello, pudiendo Garnet adorar la imagen de la marine relamiéndose los labios para, después de declarar que el pirata sería suyo, lanzarse a por él, en otro embriagador beso. El pirata se dejó caer, hasta volver a apoyar su espalda en el suelo, quedando la marine encima de él. Por momentos, le encantaría agarrarle de la ropa y arrancársela de cuajo para poder sentir el frote de sus cuerpos desnudos, pero tampoco quería dejarla en bolas y sin ropa en mitad del bosque, más a sabiendas que tenía que volver a la ciudad. Cada segundo que consumía más del veneno de sus labios, iba adoptando cada vez más y más esa idea. Como solución temporal, volvió a posar cada mano en uno de sus glúteos, recorriendo con ellas sus interminables piernas seguidamente, de arriba a abajo, hasta que volvió al punto de partida, dándole una cachetada en glúteo izquierdo. Con ambas manos sobre sus posaderas, hizo fuerza hacia abajo, sintiendo dicha presión en el mini Garnet.- El menda es todo tuyo.- Dijo, entre jadeos y tentándole, alejándose de los labios de Ikirami -girando su cabeza hacia su derecha- para seguidamente volver a besarlos. Lo cierto es que, en el momento en el que presionó la pelvis de la pelirroja contra la del pirata, Garnet se dio cuenta de algo. Algo que, para lo obvio que era, había pasado muy desapercibido para el músico. Ikirami tenía vagina y tetas, al contrario que Aurora. Iba a ser su primera vez haciéndolo con una mujer con dichos atributos y, al caer en ello, el pelirrojo se puso algo nervioso, por lo que optó por la opción más sensata: dejar tomar el control a la marine, al menos hasta que cogiera más soltura.
KARMAS
INVENTARIO
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