12-06-2024, 12:46 PM
La anciana apenas tuvo tiempo para reaccionar y tampoco es que hubiese podido hacer demasiado. Ante tu movimiento, gracias al cual pudiste entrar en la habitación rápidamente y cerrar la puerta, se quedó pasmada. Cuando fue consciente de la situación trató de tirar del pomo de la puerta, pero fue en vano. Estaba bien atrancada y ella tampoco tenía la fuerza suficiente. —¡Joven! ¡Sal de ahí ahora mismo! Es peligroso. Hay mucho moho y puede afectarte a los pulmones —dijo tratando por todos los medios de que salieses de ahí de forma voluntaria. Por lo menos, no parecía enfadada. Era posible que se hubiese creído el paripé y pensase que te habías quedado realmente encerrado con aquellos libros viejos.
En los escasos minutos en los que permaneciste en el interior, la bibliotecaria dejó su taza de té para golpear con ambas manos la puerta y pedirte sin cesar y de diferentes maneras que tratases de abrir la puerta, ya que no había otra salida posible. Lo que no sabía, era que tu mente se encontraba en otro sitio, en un lugar recóndito y lejano, tras aquella escritura misteriosa y desconocida. Aquel libro no parecía contener ninguna letra conocida, solo extraños símbolos. Cuando por avisaste de tu decisión de tirar la puerta abajo, la anciana se retiró rápidamente hacia un lado, esperando ansiosa y frotándose las manos arrugadas. —¡Ten cuidado!
Cuando la puerta se abrió bruscamente, pegó un pequeño bote sobresaltada. En su expresión se apreciaba algo de alivio, pero en seguida frunció el ceño, dejando salir de nuevo su fuerte carácter. —¡¿Te crees que nací ayer, joven?! ¿Quién eres tú y qué has venido a hacer aquí? ¿Vienes de parte de la marina? No… —dijo divagando, expresando lo que pasaba por su mente en voz alta. En el caso de que realmente fueses un estudiante corriente, podría parecerte que la anciana había perdido la cabeza, pero si ella prefería que la considerasen una loca antes que confiar en las personas y dejar expuesto aquello que fuese lo que guardaba tras aquella puerta, es que era realmente importante.
—¿Cómo sabías lo que había ahí dentro y por qué lo quieres? Conocer determinada información te puede llevar a la muerte— afirmó, cada vez más segura de sus palabras. Parecía que te había leído la mente. Dio un par de pasitos hacia atrás y extendió las piernas y manos a un par de metros de la puerta de salida en un triste intento por cortarte el paso. —No te puedo dejar salir de aquí sin que me digas qué es lo que pretendes. ¿Eres un chivato? ¿Vas a contárselo a los marines para que me detengan? ¿O estás tan loco como para arriesgar tu vida a cambio de conocimiento? ¡Y no me mientas o lo sabré!
Daba la impresión de estar convencida de sus palabras. Aquella amenaza parecía ridícula, sobre todo porque nada te impedía pasar de largo y largarte de la biblioteca, pero su discurso daba a entender que, efectivamente, era plenamente consciente de lo que guardaba allí bajo y conocía información valiosa y única.
En los escasos minutos en los que permaneciste en el interior, la bibliotecaria dejó su taza de té para golpear con ambas manos la puerta y pedirte sin cesar y de diferentes maneras que tratases de abrir la puerta, ya que no había otra salida posible. Lo que no sabía, era que tu mente se encontraba en otro sitio, en un lugar recóndito y lejano, tras aquella escritura misteriosa y desconocida. Aquel libro no parecía contener ninguna letra conocida, solo extraños símbolos. Cuando por avisaste de tu decisión de tirar la puerta abajo, la anciana se retiró rápidamente hacia un lado, esperando ansiosa y frotándose las manos arrugadas. —¡Ten cuidado!
Cuando la puerta se abrió bruscamente, pegó un pequeño bote sobresaltada. En su expresión se apreciaba algo de alivio, pero en seguida frunció el ceño, dejando salir de nuevo su fuerte carácter. —¡¿Te crees que nací ayer, joven?! ¿Quién eres tú y qué has venido a hacer aquí? ¿Vienes de parte de la marina? No… —dijo divagando, expresando lo que pasaba por su mente en voz alta. En el caso de que realmente fueses un estudiante corriente, podría parecerte que la anciana había perdido la cabeza, pero si ella prefería que la considerasen una loca antes que confiar en las personas y dejar expuesto aquello que fuese lo que guardaba tras aquella puerta, es que era realmente importante.
—¿Cómo sabías lo que había ahí dentro y por qué lo quieres? Conocer determinada información te puede llevar a la muerte— afirmó, cada vez más segura de sus palabras. Parecía que te había leído la mente. Dio un par de pasitos hacia atrás y extendió las piernas y manos a un par de metros de la puerta de salida en un triste intento por cortarte el paso. —No te puedo dejar salir de aquí sin que me digas qué es lo que pretendes. ¿Eres un chivato? ¿Vas a contárselo a los marines para que me detengan? ¿O estás tan loco como para arriesgar tu vida a cambio de conocimiento? ¡Y no me mientas o lo sabré!
Daba la impresión de estar convencida de sus palabras. Aquella amenaza parecía ridícula, sobre todo porque nada te impedía pasar de largo y largarte de la biblioteca, pero su discurso daba a entender que, efectivamente, era plenamente consciente de lo que guardaba allí bajo y conocía información valiosa y única.
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