29-08-2023, 07:15 AM
La lluvia empezó a caer, eran gotas suaves que no empeorarían el campo de batalla más de lo que ya estaba después de la caída de Don Bambú. ¿No? pues no, claro que no. El tipo no cayó realmente sobre el suelo, se sumergió en este como si de una piscina se tratara. - Otra vez esa habilidad - Pensó Kovashi, que comenzó a darle vueltas a una manera de acabar con un tipo como aquel. Siendo objetivo le quedaban pocas opciones, su katana de poco servía, en la primera ofensiva le logró atravesar la piel, pero en esta segunda, un ataque mucho más amplio y de carácter más agresivo, ni un rasguño. ¿Cómo era esto posible? Panda escondía muchos misterios que escapaban a la mente de un hombre como Kovashi. — Creo que el más normalito de aquí soy yo. — Dijo sin tapujos, dándose halagos. Lo cierto es que distaba mucho de ser alguien normal, pero entre tanto personaje peculiar, él no destacaba mucho.
Se sintió en el ambiente un fuerte golpe procedente del otro encuentro que se estaba dando. Fue un segundo, tan solo un breve segundo, en el que apartó la vista del campo de batalla que a él le tocaba estar observando para que el enemigo lo aprovechara. Surgió de la tierra misma, nuevamente utilizando la misma como compañera. Se elevó en los aires, recogiendo su puño para lanzar una nueva ofensiva. Logró verlo, mirarlo bien, esta vez había sido sorpresivo, pero lo había sido por tener imaginación ... Sin embargo, salir de allí, dar el salto y retener el golpe para poder dar con todas sus fuerzas le quitaba tiempo que para Kovashi era suficiente para poder esquivar. - ¿Y si no lo esquivo? - Fue un fugaz pensamiento, uno fuerte que se apoderó de sus movimientos. Se abrió de brazos, liberando el poder de su akuma no mi, quedando el cuerpo de Kovashi sostenido en el aire, aunque duraría poco. Un buen puñetazo le reventó el rostro. La mano de Panda era como la cabeza entera del Shimatsu, su puño abarcaba toda la cara. Golpeó con violencia el cuerpo del espadachín que salió disparado contra el suelo. Su espalda impactó contra una de las tienditas improvisadas que los buenos ciudadanos del pueblo habían montado por el bien de sus salvadores.
Pobre gente que creían que daban cobijo a gente normal.
Kovashi no tardó en levantar el torso del suelo. Estaba lleno de barro por culpa de la lluvia que se estaba intensificando. Le corría la sangre por la cara, esta emanaba de su nariz y boca, una sensación que no era la primera vez que experimentaba. — Esto desde luego no es lo que esperaba. ¿No esquivar? se me ocurren una de gilipolleces. — Comentó mientras se buscaba algo entre la ropa. Pero no estaba, lo que buscaba se encontraba a unos centímetros de su mano derecha, la petaca. — Aquí ... — Se quitó la mano del rostro, sustituyéndola por la petaca, que abrió con su propia nariz ensangrentada. Bebió hasta dejarla completamente vacía, tampoco quedaba mucho. No tardó en notar como su cuerpo se inflaba de felicidad, sus músculos retomaban la firmeza que comenzaban a perder, su mirada relucía con más fuerza. Era el poder del alcohol.
Se la guardo ya vacía en el interior de la camisa de nuevo. Recogió su katana, que yacía casi enterrada bajo el barro. Al intentar alcanzarla notó un picor intenso en su nariz, esta soltó un ligero chorro de sangre que cayó sobre el mango de su arma. Pero se levantó. Se sacudió la ropa y miró al mink.
— Pegas fuerte. — Movilizó su arma hacia el tipo, señalandolo. — Además tienes un poder que solo puede proceder de una akuma del diablo, que también debo añadir que es muy extraña. — Suspiró, después escupió sangre al suelo. — Te has sumergido en la tierra como si fuera agua, eso es increible. — Mostraba admiración por el enemigo, la segunda regla imperturbable que un hombre debía ofrecer en un combate ajustado o en desventaja, aparentemente no le podía cortar, tampoco utilizar el terreno a favor, lo tenía todo en contra. — Pero esto solo ha comenzado. — Dijo de manera digna.
La primera regla de los Shimatsu, una que le vino a la cabeza después de recordar su primer ataque, su hoja cruzando el corto escenario hasta atravesar la piel del hombre animal.
Se sintió en el ambiente un fuerte golpe procedente del otro encuentro que se estaba dando. Fue un segundo, tan solo un breve segundo, en el que apartó la vista del campo de batalla que a él le tocaba estar observando para que el enemigo lo aprovechara. Surgió de la tierra misma, nuevamente utilizando la misma como compañera. Se elevó en los aires, recogiendo su puño para lanzar una nueva ofensiva. Logró verlo, mirarlo bien, esta vez había sido sorpresivo, pero lo había sido por tener imaginación ... Sin embargo, salir de allí, dar el salto y retener el golpe para poder dar con todas sus fuerzas le quitaba tiempo que para Kovashi era suficiente para poder esquivar. - ¿Y si no lo esquivo? - Fue un fugaz pensamiento, uno fuerte que se apoderó de sus movimientos. Se abrió de brazos, liberando el poder de su akuma no mi, quedando el cuerpo de Kovashi sostenido en el aire, aunque duraría poco. Un buen puñetazo le reventó el rostro. La mano de Panda era como la cabeza entera del Shimatsu, su puño abarcaba toda la cara. Golpeó con violencia el cuerpo del espadachín que salió disparado contra el suelo. Su espalda impactó contra una de las tienditas improvisadas que los buenos ciudadanos del pueblo habían montado por el bien de sus salvadores.
Pobre gente que creían que daban cobijo a gente normal.
Kovashi no tardó en levantar el torso del suelo. Estaba lleno de barro por culpa de la lluvia que se estaba intensificando. Le corría la sangre por la cara, esta emanaba de su nariz y boca, una sensación que no era la primera vez que experimentaba. — Esto desde luego no es lo que esperaba. ¿No esquivar? se me ocurren una de gilipolleces. — Comentó mientras se buscaba algo entre la ropa. Pero no estaba, lo que buscaba se encontraba a unos centímetros de su mano derecha, la petaca. — Aquí ... — Se quitó la mano del rostro, sustituyéndola por la petaca, que abrió con su propia nariz ensangrentada. Bebió hasta dejarla completamente vacía, tampoco quedaba mucho. No tardó en notar como su cuerpo se inflaba de felicidad, sus músculos retomaban la firmeza que comenzaban a perder, su mirada relucía con más fuerza. Era el poder del alcohol.
Se la guardo ya vacía en el interior de la camisa de nuevo. Recogió su katana, que yacía casi enterrada bajo el barro. Al intentar alcanzarla notó un picor intenso en su nariz, esta soltó un ligero chorro de sangre que cayó sobre el mango de su arma. Pero se levantó. Se sacudió la ropa y miró al mink.
— Pegas fuerte. — Movilizó su arma hacia el tipo, señalandolo. — Además tienes un poder que solo puede proceder de una akuma del diablo, que también debo añadir que es muy extraña. — Suspiró, después escupió sangre al suelo. — Te has sumergido en la tierra como si fuera agua, eso es increible. — Mostraba admiración por el enemigo, la segunda regla imperturbable que un hombre debía ofrecer en un combate ajustado o en desventaja, aparentemente no le podía cortar, tampoco utilizar el terreno a favor, lo tenía todo en contra. — Pero esto solo ha comenzado. — Dijo de manera digna.
La primera regla de los Shimatsu, una que le vino a la cabeza después de recordar su primer ataque, su hoja cruzando el corto escenario hasta atravesar la piel del hombre animal.
"Si sangra, puede morir"
Cita:Karma negativo: Vicio - Alcohol (Saciado en este tema)
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