15-06-2024, 10:04 PM
El mismo claro que había sido testigo de la más extrañas cochinadas y marranerías que dos amantes, poseídos de puro placer y deseo, podían realizar, en esos momentos observaba en silencio el nacimiento y desarrollo de una conexión, que iba más allá de lo carnal, entre un pirata y una marine. Cada palabra, cada gesto, cada caricia, cada mirada... Cada todo de esa mujer que el músico apreciaba, hacía que el corazón de Garnet bombeara con fuerza a la par que sentía como si una serie de puñales se le clavaran en la boca del estómago. Observar cada una de las reacciones gestuales - caricias, sonrisas, sorpresa - que el rostro de la marine adoptaba con cada palabra, hacía que el músico deseara con fuerza, cada vez más y más, que aquel presente, que era estar junto a ella en esos términos, no se quedara tan sólo en ese día, ni en ese lugar. Sobre todo, cuando comentó el pelirrojo, de manera superficial, la pesadilla que vivía cada vez que esas alas negras se interponían en su campo de visión, pudo notar, sin ni siquiera mediar ninguna palabra, un apoyo muy reconfortante en sus caricias.
Por otro lado, al expresar su enojo hacia aquellos impresentables que no habían tratado a Ikirami como se merecía, Garnet pudo ver como la sonrisa que se le había formado ante el espectáculo del pelirrojo se desvanecía, a la par que su mirada se desviaba hacia abajo, comentando que era una historia bastante larga, y siendo un preludio de lo que se vendría más adelante, aunque, en ese momento, el skypiean no ató cabos y se dedicó a arquear una ceja en señal de confusión. Luego, cuando le explicó que realmente no tenía muy claro porque había tocado música, Ikirami, con una gran sonrisa en su perfecta cara y apoyando su cabeza en el hombro del pirata, comentó que la música hablaba mucho más fuerte y llegaba más profundo que las palabras. Desde luego, aquella frase, aunque en ese preciso instante no le diera la importancia y relevancia que se merecía, se la marcaría a fuego tanto en la mente, como en el alma y en el corazón. Ante esto, el músico, en silencio, se limitó a ladear su cabeza, para apoyarla con delicadeza encima de la de Ikirami. De forma completamente distinta al sexo, Garnet sentía que todo el contacto físico que pudiera tener con la marine, no era suficiente. Necesitaba sentir el suave tacto de cada poro de su piel en su propia carne.
Luego, cuando el pirata decidió dar el tan arriesgado paso, de preguntar por lo que debía ser uno de los momentos más difíciles y duros - si no era el que más - en la vida de Ikirami, notó como la pelirroja quiso separar su cabeza de su hombro, volviendo a enderezar su cuello y girándolo hacia ella. El descender de su mirada, junto al apretón que dio al mano de Garnet, el músico pudo notar todo el dolor y la angustia que debía afligir el corazón de la marine de tan sólo recordar esa experiencia que era toda una incógnita para el pirata. Dubitativa, empezó a hablar, pero fue cortada por las propias palabras del pirata que la animaban a no estar obligada a compartir esa, devolviéndole la mirada, que se trastornó en una de sorpresa cuando el músico le aclaró y recordó que ahora podía compartir su carga con él. No sabía que estaría rondando por la cabeza de la pelirroja, pero tras una sonrisa que expresaba cierta incomodidad, agarró, con su otra mano, la que quedaba libre del pirata. Garnet la aceptó con mucho gusto, usando, ambos pulgares para seguir acariciándole las manos conforme tuviera que narrar lo que tuviera que narrar.
Empezó situando su historia en el reino Daburu, su lugar de nacimiento, una isla ubicada en el North Blue, dato que hizo pensar en que, el propio Garnet, aunque se criara en Oykot, también era originario de ese mismo mar. Al comentar la marine si lo conocía o sabía algo de él, el músico se limitó a negar con la cabeza sin mediar palabra. Después de enfocar su vista en la copa de los árboles, prosiguió, describiendo uno a uno a los miembros de su familia. Por lo visto, debía pertenecer a una familia adinerada al mencionar que vivían en una mansión y que sus padres no pasaban demasiado tiempo en casa debido a su desconocido trabajo. Continuó mencionando a sus hermanos pequeños, llamados Joel y Bael, y como corrían detrás de la mujer como si fueran patitos siguiendo a su madre. Al mismo tiempo que bajaba su mirada hacia el suelo, una sonrisa de ternura se le escapaba de sus labios pero, detrás de esa sonrisa, Garnet podía ir intuyendo a dónde quería ir a parar con eso. Que contara ese dato de sus hermanitos con melancolía, hacía entender el dolor con el que debía cargar la pelirroja. El músico la miraba con tristeza, a la par que apretaba sus dos manos, con cuidado de no hacerle daño a Ikirami. La pelirroja siguió con su trágica historia, narrando como vivían una vida pacífica, en la que no lastimaban a nadie, seguramente gracias a los valores que mencionó Ikirami que poseían sus padres, valores que, al igual que su recuerdo, era lo único que le quedaban pues todo lo demás, se lo arrebataron.
Tras aquellas palabras, Garnet pudo notar un agudo pinchazo en su pecho, que se intensificaba por momentos. No había que ser un genio para darse cuenta que fue lo que pasó, aunque no lo dijera directamente. Su afán de proteger a los más débiles e inocentes... Desear que que alguien hubiera estado allí para salvarla... Que todo lo que tenía y amaba se lo quitaran de las manos... Todo aquello, junto a la frase no todos los piratas son tan gentiles como tú, hizo que la mente del skypiean hiciera click y uniera conceptos.- Piratas... Joder...- Palideció y apretaba con más fuerza las manos de la marine, sintiendo, casi al momento como la marine le respondía ejerciendo más fuerza también, al punto que podía sentir como sus manos se unificaban en una sola. Miro a los ojos de Ikirami, que danzaban respecto a los suyos, apartando, momentáneamente la mirada de la pelirroja, casi al mismo tiempo que ella se enfocaba en sus manos. Era obvio que no había sido culpa suya lo que le había sucedido, y aún menos tenía algo que ver con ese supuesto pirata que Garnet había elucubrado, pero no podía evitar sentirse avergonzado y triste. Suponiendo que un pirata había asesinado a toda su familia, ¿estaba bien que Ikirami estuviera ahora mismo con él, otro pirata? ¿Le haría su compañía algún bien? ¿No le recordaría su mera presencia a aquellos malnacidos que le hundieron la vida? Todas esas dudas asaltaban su mente.
Ikirami siguió hablando, sacando del pequeño trance al skypiean, que volvió a centrar su mirada en la hermosa marine. Contó, avergonzada, como no había sido capaz de hablar de esto con nadie, ni siquiera con sus compañeros y además de que, tras volver a cruzarse sus miradas, confesó que con él se sentía distinto, que a pesar de lo poco que lo conocía, como si una contradicción se tratara, con él podía y quería abrirse al igual que quería conocer más de él, llamándolo por su nombre, posiblemente por primera vez, haciendo que, al igual que Ikirami, el músico se sonrojara y abriera los ojos como platos. La marine siguió con un "pero" después de una breve pausa y es que, tenía miedo de que, después de que le contara lo que quedaba guardado en su corazón, la hiciera ver distinta hasta el punto de perderle. Por un segundo, Garnet la miró con incredulidad, ¿cómo iba a ser que unos piratas asesinaran a su familia un motivo para que la imagen que tenía de ella se viera diferente? ¿Acaso había algo más que la mente del skypiean no había llegado a deducir? ¿Algo incluso peor? No le dio demasiadas vueltas pues, al escuchar que tenía miedo de perderle, pudo notar el pirata como su corazón, ardía con tanta fuerza, que parecía que iba a empezarse a derretir. Las dudas que hasta hace un momento eclipsaron su cabeza, sin llegar a desaparecer del todo, se achicaron, quedando en su mente tan solo un deseo que se hizo tangible en el pequeño impulso de acercarse a su frente y -esquivando los mechones de su pelo - darle un delicado beso, después de que la marine cerrara sus ojos.
Al apartar sus labios de su hermosa frente, Ikirami, con la voz entrecortada y temblorosa, como si las palabras se le atragantaran en su garganta, preguntó que si le prometería que pasara lo que pasara, lo que le contara a continuación quedaría entre ellos dos. Garnet posaba sus ojos con seriedad y tristeza sobre ella. Antes de empezar a hablar, acercó la mano izquierda de la mujer hacia su boca, dándole un tierno beso en ella. Seguidamente, cerró los ojos, para intentar reorganizar sus pensamientos. Cuando supo que decir, los abrió de golpe, con la misma expresión que antes.- Ikirami, al loro, te he mencionado como más de cuatro veces que no soporto a la marina, ¿es o no es?- Comenzó a hablar, dando una pequeña pausa, y esbozando una pequeña sonrisa.- Tú eres una marine... El menda es un pirata... Y sabes qué, me la pela Ikirami.- Dijo sonrojándose y juntando sus labios fuertemente.- Hemos hecho el delicioso, y ahora siento que... Nanai, estamos conectando de otra manera, como si nuestras almas se empezaran a unir, ¿es o no es?- Comenzó a parpadear rápidamente, desviando seguidamente la mirada.- El caso... Es que cada segundo que pasamos juntos, me hace estar más seguro de que no quiero que te vayas mi vida.- Volvió a mirar a Ikirami, cambiando su expresión avergonzada y sonrojada por una más decidida.- A lo que voy es que no vas a perderme, tendría que ser un completo tolai para que este cabezota se alejara de ti.- Aproximó entonces, nuevamente y con sus ojos cerrados, sus labios a los de la marine, para fundirlos en otro tierno y beso. Un par de segundos después, se separaría, volviendo a abrir los párpados, y mirándole otra vez con la seriedad que merecía el momento.- Como que me llamo Garnet Matlock, te juro, por el nombre del rock and roll, que no diré nada sobre lo que has soltado y vayas a soltar a continuación.- Prometió, casi de manera solemne y sin dudar, que cumpliría el pelirrojo con su palabra de mantener toda esa conversación en secreto, creando, de esta manera, un vínculo, que si ya no era lo suficientemente fuerte, ahora sentía que era indestructible para el poco tiempo que habían hablado.
- Solo una cosa, Ikirami...- Llamaba la atención de la mujer, desviando su mirada, casi avergonzado y con pena, mientras sus dedos seguían tocando con suavidad las delicadas pero fuertes manos de la pelirroja. Probablemente lo fuera a explicar a continuación pero, no sabía por qué, sentía la necesidad de preguntarlo el mismo.- Pasara lo que pasara con tu familia...- Cerró los ojos con fuerza.- Fueron piratas, ¿es o no es?- Sentía como esa última frase le costaba horrores salir hacia afuera. Tras acabar la frase, volvió a abrir los ojos y los giró hacia la marine, con esa misma pena y vergüenza de hace escasos segundos.
Por otro lado, al expresar su enojo hacia aquellos impresentables que no habían tratado a Ikirami como se merecía, Garnet pudo ver como la sonrisa que se le había formado ante el espectáculo del pelirrojo se desvanecía, a la par que su mirada se desviaba hacia abajo, comentando que era una historia bastante larga, y siendo un preludio de lo que se vendría más adelante, aunque, en ese momento, el skypiean no ató cabos y se dedicó a arquear una ceja en señal de confusión. Luego, cuando le explicó que realmente no tenía muy claro porque había tocado música, Ikirami, con una gran sonrisa en su perfecta cara y apoyando su cabeza en el hombro del pirata, comentó que la música hablaba mucho más fuerte y llegaba más profundo que las palabras. Desde luego, aquella frase, aunque en ese preciso instante no le diera la importancia y relevancia que se merecía, se la marcaría a fuego tanto en la mente, como en el alma y en el corazón. Ante esto, el músico, en silencio, se limitó a ladear su cabeza, para apoyarla con delicadeza encima de la de Ikirami. De forma completamente distinta al sexo, Garnet sentía que todo el contacto físico que pudiera tener con la marine, no era suficiente. Necesitaba sentir el suave tacto de cada poro de su piel en su propia carne.
Luego, cuando el pirata decidió dar el tan arriesgado paso, de preguntar por lo que debía ser uno de los momentos más difíciles y duros - si no era el que más - en la vida de Ikirami, notó como la pelirroja quiso separar su cabeza de su hombro, volviendo a enderezar su cuello y girándolo hacia ella. El descender de su mirada, junto al apretón que dio al mano de Garnet, el músico pudo notar todo el dolor y la angustia que debía afligir el corazón de la marine de tan sólo recordar esa experiencia que era toda una incógnita para el pirata. Dubitativa, empezó a hablar, pero fue cortada por las propias palabras del pirata que la animaban a no estar obligada a compartir esa, devolviéndole la mirada, que se trastornó en una de sorpresa cuando el músico le aclaró y recordó que ahora podía compartir su carga con él. No sabía que estaría rondando por la cabeza de la pelirroja, pero tras una sonrisa que expresaba cierta incomodidad, agarró, con su otra mano, la que quedaba libre del pirata. Garnet la aceptó con mucho gusto, usando, ambos pulgares para seguir acariciándole las manos conforme tuviera que narrar lo que tuviera que narrar.
Empezó situando su historia en el reino Daburu, su lugar de nacimiento, una isla ubicada en el North Blue, dato que hizo pensar en que, el propio Garnet, aunque se criara en Oykot, también era originario de ese mismo mar. Al comentar la marine si lo conocía o sabía algo de él, el músico se limitó a negar con la cabeza sin mediar palabra. Después de enfocar su vista en la copa de los árboles, prosiguió, describiendo uno a uno a los miembros de su familia. Por lo visto, debía pertenecer a una familia adinerada al mencionar que vivían en una mansión y que sus padres no pasaban demasiado tiempo en casa debido a su desconocido trabajo. Continuó mencionando a sus hermanos pequeños, llamados Joel y Bael, y como corrían detrás de la mujer como si fueran patitos siguiendo a su madre. Al mismo tiempo que bajaba su mirada hacia el suelo, una sonrisa de ternura se le escapaba de sus labios pero, detrás de esa sonrisa, Garnet podía ir intuyendo a dónde quería ir a parar con eso. Que contara ese dato de sus hermanitos con melancolía, hacía entender el dolor con el que debía cargar la pelirroja. El músico la miraba con tristeza, a la par que apretaba sus dos manos, con cuidado de no hacerle daño a Ikirami. La pelirroja siguió con su trágica historia, narrando como vivían una vida pacífica, en la que no lastimaban a nadie, seguramente gracias a los valores que mencionó Ikirami que poseían sus padres, valores que, al igual que su recuerdo, era lo único que le quedaban pues todo lo demás, se lo arrebataron.
Tras aquellas palabras, Garnet pudo notar un agudo pinchazo en su pecho, que se intensificaba por momentos. No había que ser un genio para darse cuenta que fue lo que pasó, aunque no lo dijera directamente. Su afán de proteger a los más débiles e inocentes... Desear que que alguien hubiera estado allí para salvarla... Que todo lo que tenía y amaba se lo quitaran de las manos... Todo aquello, junto a la frase no todos los piratas son tan gentiles como tú, hizo que la mente del skypiean hiciera click y uniera conceptos.- Piratas... Joder...- Palideció y apretaba con más fuerza las manos de la marine, sintiendo, casi al momento como la marine le respondía ejerciendo más fuerza también, al punto que podía sentir como sus manos se unificaban en una sola. Miro a los ojos de Ikirami, que danzaban respecto a los suyos, apartando, momentáneamente la mirada de la pelirroja, casi al mismo tiempo que ella se enfocaba en sus manos. Era obvio que no había sido culpa suya lo que le había sucedido, y aún menos tenía algo que ver con ese supuesto pirata que Garnet había elucubrado, pero no podía evitar sentirse avergonzado y triste. Suponiendo que un pirata había asesinado a toda su familia, ¿estaba bien que Ikirami estuviera ahora mismo con él, otro pirata? ¿Le haría su compañía algún bien? ¿No le recordaría su mera presencia a aquellos malnacidos que le hundieron la vida? Todas esas dudas asaltaban su mente.
Ikirami siguió hablando, sacando del pequeño trance al skypiean, que volvió a centrar su mirada en la hermosa marine. Contó, avergonzada, como no había sido capaz de hablar de esto con nadie, ni siquiera con sus compañeros y además de que, tras volver a cruzarse sus miradas, confesó que con él se sentía distinto, que a pesar de lo poco que lo conocía, como si una contradicción se tratara, con él podía y quería abrirse al igual que quería conocer más de él, llamándolo por su nombre, posiblemente por primera vez, haciendo que, al igual que Ikirami, el músico se sonrojara y abriera los ojos como platos. La marine siguió con un "pero" después de una breve pausa y es que, tenía miedo de que, después de que le contara lo que quedaba guardado en su corazón, la hiciera ver distinta hasta el punto de perderle. Por un segundo, Garnet la miró con incredulidad, ¿cómo iba a ser que unos piratas asesinaran a su familia un motivo para que la imagen que tenía de ella se viera diferente? ¿Acaso había algo más que la mente del skypiean no había llegado a deducir? ¿Algo incluso peor? No le dio demasiadas vueltas pues, al escuchar que tenía miedo de perderle, pudo notar el pirata como su corazón, ardía con tanta fuerza, que parecía que iba a empezarse a derretir. Las dudas que hasta hace un momento eclipsaron su cabeza, sin llegar a desaparecer del todo, se achicaron, quedando en su mente tan solo un deseo que se hizo tangible en el pequeño impulso de acercarse a su frente y -esquivando los mechones de su pelo - darle un delicado beso, después de que la marine cerrara sus ojos.
Al apartar sus labios de su hermosa frente, Ikirami, con la voz entrecortada y temblorosa, como si las palabras se le atragantaran en su garganta, preguntó que si le prometería que pasara lo que pasara, lo que le contara a continuación quedaría entre ellos dos. Garnet posaba sus ojos con seriedad y tristeza sobre ella. Antes de empezar a hablar, acercó la mano izquierda de la mujer hacia su boca, dándole un tierno beso en ella. Seguidamente, cerró los ojos, para intentar reorganizar sus pensamientos. Cuando supo que decir, los abrió de golpe, con la misma expresión que antes.- Ikirami, al loro, te he mencionado como más de cuatro veces que no soporto a la marina, ¿es o no es?- Comenzó a hablar, dando una pequeña pausa, y esbozando una pequeña sonrisa.- Tú eres una marine... El menda es un pirata... Y sabes qué, me la pela Ikirami.- Dijo sonrojándose y juntando sus labios fuertemente.- Hemos hecho el delicioso, y ahora siento que... Nanai, estamos conectando de otra manera, como si nuestras almas se empezaran a unir, ¿es o no es?- Comenzó a parpadear rápidamente, desviando seguidamente la mirada.- El caso... Es que cada segundo que pasamos juntos, me hace estar más seguro de que no quiero que te vayas mi vida.- Volvió a mirar a Ikirami, cambiando su expresión avergonzada y sonrojada por una más decidida.- A lo que voy es que no vas a perderme, tendría que ser un completo tolai para que este cabezota se alejara de ti.- Aproximó entonces, nuevamente y con sus ojos cerrados, sus labios a los de la marine, para fundirlos en otro tierno y beso. Un par de segundos después, se separaría, volviendo a abrir los párpados, y mirándole otra vez con la seriedad que merecía el momento.- Como que me llamo Garnet Matlock, te juro, por el nombre del rock and roll, que no diré nada sobre lo que has soltado y vayas a soltar a continuación.- Prometió, casi de manera solemne y sin dudar, que cumpliría el pelirrojo con su palabra de mantener toda esa conversación en secreto, creando, de esta manera, un vínculo, que si ya no era lo suficientemente fuerte, ahora sentía que era indestructible para el poco tiempo que habían hablado.
- Solo una cosa, Ikirami...- Llamaba la atención de la mujer, desviando su mirada, casi avergonzado y con pena, mientras sus dedos seguían tocando con suavidad las delicadas pero fuertes manos de la pelirroja. Probablemente lo fuera a explicar a continuación pero, no sabía por qué, sentía la necesidad de preguntarlo el mismo.- Pasara lo que pasara con tu familia...- Cerró los ojos con fuerza.- Fueron piratas, ¿es o no es?- Sentía como esa última frase le costaba horrores salir hacia afuera. Tras acabar la frase, volvió a abrir los ojos y los giró hacia la marine, con esa misma pena y vergüenza de hace escasos segundos.
KARMAS
INVENTARIO
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