[Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine.
#24
Los sentimientos que se estaban forjando en el interior del músico hacia la marine, comenzaban a cobrar tanta fuerza, que sentía que podían romper todos los tabús y barreras establecidas por la sociedad. Cuando Garnet expresó lo mucho que se la pelaba que pertenecieran a bandos opuestos, pudo ver como Ikirami, quien estaba cabizbaja, alzaba su cabeza, con los ojos abiertos de par en par, al mismo tiempo que sentía como sus manos presionaban con fuerza las del skypiean. Al escuchar como la bella mujer - con un notorio sonrojo en su rostro y mejillas - respondía que ella sentía lo mismo que el pirata, que no le importaban los límites impuestos entre sus facciones, y que no quería se fuera de su vida, el músico respiró aliviado al saber que todo lo que sentía era correspondido. Tras decirle lo idiota que sería si se alejara de ella, Ikirami, con una gran sonrisa en su cara y soltando una de sus manos para pasarla por detrás de la cabeza de Garnet, casi al mismo tiempo que el pirata, y como si sus mentes, junto a sus ganas de darse amor el uno al otro, estuvieran conectadas, se dieron un beso, tras el cuál, y después de contarle que no contaría jamás nada de lo que se hablaría en ese claro, Ikirami respondió con un suspiró, seguido de un tierno beso a su mejilla que hizo - junto a la manera en la que la marine sujetaba sus manos - que al pirata se le erizara la piel por completo.

Al preguntar si los responsables de que los que le habían arruinado su vida habían sido piratas, Garnet sintió como el mundo se congelaba y los segundos se hacían eternos. No sabía cuanto tiempo pudo estar Ikirami en silencio, preparándose para responder a la tan complicada pregunta del músico, pero en esa relativa eternidad, sentía como el corazón de Garnet se le subía a la garganta. Cuando afirmó la marine lo que se temía el pirata, no pudo evitar volver a desviar la mirada, cargando con una culpa que a él no le correspondía. Fue entonces cuando Ikirami, en mayor profundidad y detalle que hasta hace un momento, explicó que fue lo que le había ocurrido, haciendo que el skypiean volviera a mirarla.

Comenzó narrando que, un día en el que tenía 14 primaveras, Ikirami volvía de las clases con su tutor cuando empezó a ver humo, fuego, gente huyendo, además de escuchar sus gritos y el sonido metálico de las armas chocando, mientras ella corría hacia su hogar. Pudo notar la tristeza que le empezaba a generar contar aquella trágica historia. Ciertamente, pintaba peor de lo que aparentaba, y el músico, en silencio, y dándole su espacio para contarlo con libertad, se limitó a apretar con fuerza sus labios. La joven pelirroja, cuando llegó a la casa fue directa a esconderse a un armario junto a sus hermanos bajo las órdenes de un padre que quería proteger a su familia. Obviamente, sabía de antemano que todo salió de las peores maneras posibles. Podía sentir su agonía y angustia cuando soltó su mano izquierda, justamente para agarrar con las dos su diestra, para llevársela a su frente mientras cerraba los ojos. Con su siniestra libre, aprovechó para situarla encima de su muslo y, con la mano parada, comenzar a contraer y expandir los cinco dedos de su mano con delicadeza y suavidad, mientras apretaba con firmeza con su otra mano las otras dos de la mujer. Sólo tenía deseos de abrazarla, de decirle que todo iba a ir bien, pero no era el momento, aún no. Debía ser paciente y fuerte por ella, y esperar a que terminara de contar su historia.

La marine prosiguió relatando ese oscuro episodio de su vida. Como cabía esperar, los piratas la acabaron encontrando, tanto a ella como a sus hermanitos. De solo imaginar el terror que tuvo que vivir en ese momento, un nudo se le formó en la garganta del músico, pero la cosa sólo hacía más que empeorar. Por lo visto, cogieron sólo a Ikirami, ante la idea de venderla como una mercancía, cosa que hizo rechinar los dientes de Garnet, fruncir su ceño y apretar el puño de la mano que estaba sobre su pierna. Intentó suplicar que no hicieran nada a sus hermanos, explicó, pero fue en vano, pues el capitán, gracias a los poderes de una fruta que no conocía en absoluto, los convirtió en óxido delante de los ojos de una Ikirami, desesperada,, que lloraba y gritaba por una ayuda que no le llegaba. No podía imaginarse el dolor que tuvo que soportar al vivir esa experiencia tan terrible, dolor que le recordó ligeramente al que sintió al presenciar las muertes de todos sus amigos de los Shogun Gari. No sabía que decir en ese momento, ni aún menos que hacer. Lo único que podía hacer era seguir escuchándola, liberarse de esas cadenas que le oprimían durante tanto tiempo, en silencio. Ver como la pelirroja sollozaba desconsoladamente, mientras contaba todo en el pecho de Garnet, le partía el alma en mil pedazos. Hizo una pequeña pausa, en la que sus lágrimas seguían descendiendo por sus mejillas y en la que el skypiean aprovechó para pasar la mano situada en su muslo a la parte superior de su cabeza.- Llora lo que tengas que llorar, Ikirami, el menda sigue aquí, ¿es o no es?- Se limitó a decir, con una voz que sentía que le pesaba toneladas, antes de que la marine siguiera relatando su historia.

Continuó comentando que siempre se había culpado a ella misma por sus muertes, frase que se le hacía muy similar al propio Garnet por todas sus vivencias, transmitiéndole una mirada cargada de pena. Siguió relatando como los piratas se la llevaron, tuviendo que ver los cadáveres de sus padres y como ardía y se consumía en las llamas todo lo que había querido y había formado parte de su vida hasta ese entonces. Fue entonces, tras contar eso, que Ikirami decidió separarse por el momento del cuerpo de Garnet. Se abrazó a ella misma - cubriéndose con la misma camisa que le había puesto por encima anteriormente el pelirrojo a Ikirami - y miró hacia el frente. El pelirrojo intuyó que necesitaba algo de espacio físico y personal, así que hizo lo propio y apartó sus manos de ellas, pese a todas las ganas que le invadían por abrazarla fuertemente a cada segundo que pasaba, y las situó sobre sus rodillas, todo mientras seguía en silencio, sin apartar su apenada vista de ella.

Siguió narrando como la raptaron hasta llevarla a su barco, lugar dónde, en contra de su voluntad, la encerraron en una bodega y la ataron en una columna hasta que la vendieran a saber quién que. Una ligera mezcla entre, ira, tristeza e impotencia se empezaba a apoderar de la mente del pelirrojo, el cuál comenzó a respirar con mayor profundidad para calmarse y no montar un pollo antes de tiempo. La marine intentó esbozar una sonrisa, que había quedado super forzada, cuando contó como le arrancó un dedo de un mordisco, después de que uno de sus piratas se mofara de ella. Por un lado, Garnet no pudo evitar emocionarse y pensar que se lo tenía merecido ese cabrón, pero esa emoción, en apenas un segundo despareció, volviendo esa cólera y pena al escuchar como ese mismo pirata luego le pegó una paliza a la, en aquel entonces, adolescente, enterándose luego el capitán de esto y castigándolo transformando su mano en óxido. En ningún momento, Garnet llegó a imaginar que la situación que había tenido que vivir Ikirami, fuera tan cruda. Y lo peor de todo es que aún no sabía todo.

El músico podía notar como a la marine le costaba horrores seguir, viendo como cerraba los ojos y sacudía su cabeza, como si estuviera peleando consigo mismo para olvidar lo que venía a continuación. Por lo visto, como castigo ante la acción de la pelirroja, a los días la enjaularon, estando el mismo hombre que se había mofado de ella como encargado de vigilarla. Como añadido al castigo, como si no fuera suficiente, la obligó a lavarse delante de él, siendo entonces objetivo de sus burlas, mientras la pobre chica lloraba, por su cuerpo ya entonces desarrollado. Como respuesta a esto, Ikirami contó como le escupió, casi por inercia, haciendo otra pequeña pausa seguida de otro llanto, para seguir relatando como, debido a aquella falta de respeto, ese pirata la asaltó y la violó. Al escuchar esto, Garnet se quedó con los ojos abiertos como platos y una cara de pasmado. Estaba atónito, paralizado, como si no acabara de digerir el contenido del mensaje que le acababa de transmitir Ikirami. Fue entonces, cuando sintió como algo dentro de él se fragmentaba, como si de un jarrón a punto de colisionar con el suelo se tratara. Entonces, aún sin creer lo que le había contado, sus ojos se aguaron hasta el punto de que una lágrima descendió por su mejilla izquierda, pestañeando varias veces, aún incrédulo, ante lo que le había contado Ikirami, quién seguía llorando con las cara escondida entre sus manos. Aún así, siguió contando hasta finalizar su tan deprimente pasado.

Tras eso, Ikirami expresó su duda de no saber que pasó exactamente en ese momento, sintiendo tan solo los golpes que le llegaban hasta el punto de perder el conocimiento, y un deseo que iba más allá de preferir estar muerta antes que vivir aquella experiencia, al no poder ser salvada por nadie y sentir como, al haber acabado ese hombre con ella, fue convertido en óxido por el Capitán Rust. Conforme más contaba, más lágrimas brotaban de los ojos del pelirrojo. Su impotencia, impotencia por no haber podido hacer nada - obviamente - en su momento de mayor debilidad, se manifestaban en el rechinar de sus dientes y en el apretar de sus puños con fuerza, a la par que el músico alzaba su cabeza hacia arriba. A pesar de no mirar, a la mujer, seguía escuchándola con atención. Prosiguió contando como, después de esa experiencia traumática, ya no le servían para nada, quedando su papel relegado a ser tomada por ese asqueroso capitán pirata casi todas las noches. Por fortuna, en una de esas noches, Ikirami consiguió colar un cuchillo al camarote, estableciéndole múltiples puñaladas al hombre y asesinándolo en el acto. Seguidamente prendería el camarote en llamas, esparciéndose por todo el barco y entonces, saltar al mar, con la esperanza de salir de aquel infierno, aunque tuviera que morir ahogada, finalizando su historia en como, las olas, afortunadamente, la llevaron a la orilla de una isla inconsciente.

Garnet, que seguía con la cabeza orientada hacia arriba, llena de lágrimas, mocos y babas, no pudo ver como Ikirami se giraba para volver a mirarle, declarando que, desde ese entonces, era la primera vez que estaba así con alguien, haciendo que el músico tuviera ahora una mezcla de sentimientos agridulces, finalizando con que no iba a pedir que lo aceptase por lo complicado que era.- ¿Aceptarlo?- Pensó incrédulo Garnet, el cuál se sorbía los mocos que seguían bajando por su cara. ¿Qué acababa de escuchar el pirata? ¿Qué clase de vida había tenido Ikirami desde esos 14 años? Lo máximo que había vivido a esa edad el músico, era una especie de crisis existencial, debido al chute hormonas propia de la pubertad, dónde sentía que debía cambiar todo él, para ser realmente fiel a sí mismo. ¿Pero eso? Eso era una historia muchísimo mayor. Casi por acto reflejo, con suma rapidez e intensidad, el skypiean se abalanzó hacia Ikirami, dándole un fuerte abrazo, apoyando su cabeza en uno de sus hombros, situando su diestra en su espalda y su siniestra en la parte posterior de su cabeza.- Iki...Ikirami...- Se sorbía nuevamente los mocos.- Perdón, lo has tenido que pasar fatal todo este tiempo, ¿es o no es?- Tragaba saliva e intentaba respirar con normalidad. Frunció el ceño entonces, a la par que aferraba con mayor firmeza a Ikirami entre sus brazos y su pecho.- NO SÉ CÓMO COJONES LO HARÉ, PERO EL MENDA NO TE DEJARÁ QUE TE VUELVA A PASAR ALGO ASÍ, ¿ES O NO ES?- Rechinaba sus dientes y separaba levemente la cabeza del hombro en el que estaba apoyado. Sabiendo por todo lo que había pasado la marine, sentía definitivamente que no podía perderla, y que movería cielo, mar y tierra para estar con ella y no dejar que le ocurriera nada malo.- PASE LO QUE PASE, TE PROTEGERÉ Y DE ALGUNA MANERA TE HARÉ FELIZ, ¿ES O NO ES?.- Dijo, casi sin pensar realmente en el significado de esas palabras, llevado por la emoción del momento. Alzó entonces su cabeza, con los ojos en blanco, completamente ido de sí y comenzó a gritar hacia el cielo de dolor, haciendo que los árboles retumbaran con aquel llanto tan desgarrador.

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BWHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOAAAAAAAAAAAA
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Lloró desconsoladamente por todo lo que había escuchado, visto, y sentido por parte de la marine durante minutos y minutos. Aquella desnudez de su alma que le había mostrado Ikirami a Garnet, había sentenciado, al menos para el músico, la conexión que se estaba forjando entre los dos amantes. Al terminar de llorar, el músico comenzó a respirar con más calma. Sentía que se había quitado todo el peso que había ganado al escuchar aquello de encima. El pirata seguía rodeando entre sus brazos a la pelirroja, hasta ese momento, que decidió separarse para, volver a darle un pequeño beso en sus labios nuevamente. Al alejar su cabeza, le miró con, los ojos rojos de llorar y una sonrisa discreta.-Ikirami, gracias por dejarme escuchar el rugido de tu alma.- Desvió entonces su mirada, sonrojado.- Aún no me entra en la mollera como en tan poco tiempo has puesto patas arriba todo mi corazón.- Volvió a posar su vista en la mujer, con otra sonrisa, a la vez que situaba su mano sobre su muslo, nuevamente.- Ahora que estoy al loro de tu dolor, me alegro de que todos esos psicópatas la hayan palmado... Y aunque entiendo que todo eso lo veas como un momento de vergüenza y vulnerabilidad.- Tragó saliva y la miró con decisión.- El menda sólo es capaz de ver la mujer tan increíble y fuerte que tiene en frente.- Con la otro mano que tenía libre, fue directa a tomar su mano izquierda.- El menda no te va a juzgar por algo de lo que no tienes culpa de nada...- Fue entonces directo a depositar un beso en su frente.- ...¿Sabes?- Dijo de manera tierna, usando a propósito la muletilla que era característica de la marine. La miró entonces con preocupación ahora.- ¿Cómo... Te encuentras ahora?- Quería saber de todo corazón si, quitarse aquella carga que la consumía, había hecho sentirse mejor.


KARMAS


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RE: [Pasado] (+18) La fascinante, esplendida, radiante, hermosa y exquisita Marine. - por Garnet D. Matlock - 16-06-2024, 03:13 PM

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