[Pasado] (+18) El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata.
#5
Escuchar de sus labios las ganas que tenía de volver a verle durante su moderada ausencia era música celestial para sus oídos, que junto a lo adorable de su risa, su bello rostro y su perfectamente esculpido por los dioses cuerpo cubierto en lencería hacía que su corazón bailara a ritmo de heavy metal. Era imposible no quedarse embobado y babear por ella, y aún menos si se daba la vuelta, agachándose, y dejando a la vista su suave y redondito culito. A pesar de su comentario sugerente de que aún no había visto su lencería más atrevida, poniendo algo perro al minino - valga la paradoja -, no era el momento de marranadas, y Garnet lo sabía, por lo que, cuando ya había cogido todas sus pertenencias, fue directo a cogerla entre sus brazos, notando en la marine la sorpresa por la espontaneidad de la acción del pirata, saliendo disparado con gran rapidez hacia el destino que les aguardaba.

Durante el trayecto, notó como Ikirami se aferraba al cuello del pirata con sus brazos y hundía su cara en el peludo pecho del skypiean, sintiendo aún más conformidad con ella. Aún era inexplicable para Garnet como, el más mínimo gesto que tuviera la pelirroja con él, por tonto que fuera, podía hacerle sentir tan calentito, en todos los aspectos posibles. Luego, pudo escuchar algo por parte de Ikirami que resultó ser parcialmente inentendible debido al sonido del viento impactando con moderada fuerza sobre ellos, preocupándose momentáneamente por ella por si algo le había sucedido pero, al notar como le abrazaba con más fuerza, interpretó que todo esta bien.

Al parase en seco, Ikirami, confusa, y con una completa falta de visión debido a la oscuridad total que ya se cernía sobre el bosque, preguntó si era ahí dónde Garnet tenía planeado llevar a su amada. Parecía que iba a decir algo más pero, antes de que pudiera terminar de articular otra palabra, llegó la magia. Como si fuera un cuento de hadas, las luciérnagas aparecieron, una a una, iluminando tenuemente, pero lo suficiente como para poder lo que les rodeaba. En el caso del pirata, ver a su mujer, recibiendo esos brillos de tonos verdes y amarillos, al mismo tiempo que ella extendía su mano, hacia una de esas luminiscentes criaturas, hacía derretir el corazón del pirata. Pero aún quedaba lo mejor así que, sin más dilación, saltó, sintiendo como la marine se aferraba a él con una fuerza aún mayor. Toda aquella peripecia acrobática, se reflejó en un suspiro de asombro de la marine cuando consiguieron emerger de la arboleda, recibiendo la luz nocturna de todo el cosmos en sus pieles.

Después de aterrizar, exitosamente, en la plataforma de nubes que había preparado con antelación, observó como la marine tenía la respiración acelerada, con las manos en su pecho y mientras miraba hacia abajo. Garnet pensó que probablemente se había pasado de intrépido, tanto en la velocidad de su desplazamiento como en la altura de su salto. Tenía que calmarla de alguna manera, y al pirata no se le ocurrió mejor forma que contarle todo lo que había pensado para ella. Al deshacer la transformación de su Akuma no Mi, agarró con firmeza las manos de Ikirami, contándole todo lo que había ideado, y acabando con un piropo que Garnet pensaba que así era de todo corazón. En cierto punto, notó como la marine se quedaba quieta, deteniendo su anterior y acelerada respiración.- Algo me ruge que he conseguido que se relaje, puejeje...- Pensaba aliviado. Mas, pobre iluso de él, no tenía ni idea de lo que todo aquello había ocasionado en la joven.

Con la cara mimetizada con el color de su cabello, la marine, de repente, se quedó completamente languida, soltando su mano izquierda de la diestra de Garnet, posicionándola frente a sus ojos -los de ella- en la zona del antebrazo y, seguidamente, dejándose caer, salvándose de esa tragedia gracias a la mano con la que sostenía aún a la mujer y a sus propios pies, que aún se paraban sobre la nube con firmeza. El pirata se acercó preocupado, rodeando, con su brazo libre la zona lumbar de Ikirami. Al acercarse - y después de que la mujer levantara su brazo - pudo prestar más atención a sus rojizos ojos, apreció como estaban húmedos, como si estuviera a punto de llorar.- ¡¿Ikirami?! ¡Mierda! ¡¿L-la habré cagado?!- Se sobresaltó, alterado, ante la idea de que no le hubiera gustado su sorpresa pensando que, quizás, tenía miedo a las alturas y todo. Pero esta línea de pensamientos de desintegraron al escuchar como no podría ser perfecto, añadiendo que, si seguía así, la iba a matar de amor. Oír aquellas palabras, hicieron que el skypiean se ruborizara y respirara aliviado.- Eran lágrimas de felicidad... Ufff, menos mal...- Sonreía intensamente hacia su amada, mientras ella se volvía a poner firme, al mismo tiempo que soltaba la otra mano de Garnet y se limpiaba sus lágrimas.

Cuando el skypiean se sentó sobre la nube, la marine le siguió, sentándose a su lado, y posando su diestra sobre la siniestra del pirata, notando sus caricias hasta que, Garnet, apresó sus dedos entre los de la marine, no queriéndose perder ni por un segundo el dulce tacto de toda su mano. Estaba siendo todo tan ideal, tan platónico, que era como si aún estuviera sobre una nube, y lo mejor de todo era que estaban sobre una, así que aquello que estaba pasando era completamente real. Poder apreciar y admirar el cielo nocturno, junto a una persona, que en tan poquísimo tiempo, había conseguido acaparar un rinconcito tan especial de su ser, generaba una sensación indescriptible en Garnet. Al preguntar si le hacía que el pirata le contara su historia Ikirami, acomodándose y comenzando a acariciar con su otra mano tanto el flequillo como el mentón del pelirrojo, asintió rotundamente, añadiendo que quería conocer todo lo que había hecho que se forjara la persona que hoy se hallaba frente a ella. El pirata se dedicó a mirarla, fijamente, con una sonrisa llena de complicidad, sonrisa que se intensificó cuando la luciérnagas comenzaron ascender por encima de las copas de los árboles, y revoloteando alrededor de los enamorados, como si estuvieran danzando al compás de su rítmico y palpable amor. La escena que sucedería después, por más que lo intentara, el pirata jamás sería capaz de olvidarla.

Tras soltar su mejilla y arrodillarse, Ikirami alzó sus manos hacia el cielo, hacia esas pequeñas y tenues luces con vida propia de forma que, una de las luciérnagas, seguramente atraída al magnetismo desenfrenado que emitía la mujer, se acercó a ella, hasta posarse en su mano. Al cerrar los ojos, y sonreír, a la par que aproximaba al lumínico bichito hacia su cara, Garnet se quedó completamente absorto, maravillado por la belleza y la magia que se respiraba en esa escena. ¿Estaba presenciando a una hada? ¿Un ángel? ¿Una diosa? Sinceramente, no tenía ni idea, pero era como si estuviera siendo testigo de un milagro, y en cierto modo lo era, ¿acaso su encuentro y el nacimiento de su amor, dadas sus circunstancias, no era un milagro en sí mismo? Era posible pero, cuando los párpados de Ikirami se abrieron, permitiendo que los ojos de Garnet se encontrara con la intensa mirada de la mujer y declaró que quería conocer más a fondo a la persona que amaba mientras dejaba volar a la pequeña luciérnaga, el pelirrojo lo supo. Aquella mujer a la que amaba era su milagro. Sonrojado, al escuchar tales palabras, se aproximó a su mejilla, depositando en ella un beso, al mismo tiempo que la rodeaba entre sus brazos, traduciéndose en un fuerte y tierno abrazo, en el que sintió que sus pieles podían fundirse. Segundos después, se apartó, volviendo a su posición inicial, tragando saliva y cogiendo aún más color su rostro, todo mientras no apartaba su mirada de ella.- I-Ikirami... E-el menda...- Comenzó a tartamudear con nerviosismo, cerrando sus ojos y cogiendo aire a continuación.- Tch, ¡relaja la raja, Garnet, tú puedes! ¿Es o no es?- Se animaba así mismo, abriendo entonces los ojos de par en par.- Ikirami, te amo.- Declaró, a la par que sus pupilas bailaban por la magnitud del momento. Era cierto que a Aurora llegó a decirle que la quería, pero no era ni el mismo término, ni se dio en un periodo de tiempo tan corto. No hacía ni 12 horas que había podido conocer en mayor profundidad a esa mujer, pero lo que sentía por ella era tan intenso que podía explotar en cualquier momento. Se quedó durante segundos, mirándola, fijamente, mientras intentaba controlar su respiración. Hasta que giró su cabeza rápidamente hacia el frente, alzándola al cielo.- Hum hum...- Tosió, con los ojos cerrados y llevándose su puño derecho cerrado a su boca.- E-entonces, voy a darle palique a mi historia, ¿es o no es?- Abrió los párpados y la miró de reojo, con una sonrisa. Era hora de que se abriera y contara sobre él.

-Pues al igual que tú, mi historia se pone en marcha en el North Blue, en el Reino Lvneel, situada en la Isla Oykot.- Comenzó a relatar, girando entonces su cara hacia ella.- Con lo lista que es mi chica, seguro que le suena todo eso, ¿es o no es?- Le dijo, guiñándole su ojo derecho para, seguidamente, volver a girar su cara al frente, a la par que acariciaba su mano derecha.-Aunque... Entonces, arqueó su ceja izquierda y puso una mueca, denotando confusión.-Mis viejos me dijeron que nací en otro sitio, y que cuando era casi un recién nacido, se tuvieron que largar a otro lado, por razones que ni pajolera idea...- Se llevó su diestra a su barbilla, acariciándosela pensativo.- Cuando llegamos a Skypiea, algo en mi interior me rugía que es aquí de donde vengo...- Apartó la mano de su barbilla y se encogió de hombros.- Pero a saber.- Dijo, con indecisión, como si viajar a un lugar dónde conviven la mayoría de las personas pertenecientes a tu raza no fuera una razón lo suficientemente convincente. Negó con su cabeza, posando sus ojos sobre los de Ikirami.- Meh, el caso, que me pierdo, es que viví allí durante toda mi vida.- Esbozó una sonrisa incómoda y apretó con fuerza la mano de la marine.- En comparación a ti, Iki, tuve una infancia normal, la verdad.- Con su diestra se señaló, entonces, las protuberancias de su cabeza.- Aunque por culpa de estas mierdiantenas...- Siguió señalándose sus pequeñas alas tintadas de negro, girando su tronco superior ligeramente, para que su espalda quedara frente a Ikirami.- Y las alas de pollo me tacharon de friki y me marginaron casi de por vida puejeje.- Rio, con melancolía, mientras volvía a poner su espalda recta.- Quise esconderlas, pero mi vieja me decía que debía estar orgulloso de ellas, que eran no sé qué de un símbolo de dónde venimos, o algo así.- Comentó de morros y mirando hacia un lado de reojo. Volvió a negar con la cabeza, centrando su mirada en el cielo nocturno.- Luego, también me comí la fruta esta siendo un enano, por lo que la peñuqui me evitaba aún más.- Suspiró.- El menda, que en esa época era muy inocente e inseguro, lo único que tenía era a mi vieja, ya que el viejo trabajaba siempre de más. No era una mala vida, pero tampoco era feliz, para que mentirte.- Esbozó entonces una sonrisa, alimentada por la luz de las estrellas.- Entonces, mi vieja, por mi noveno cumple, después de que tocara una melodía que jamás olvidaré, me regaló mi primer instrumento, descubriendo la gran pasión que, más adelante, recorrería mis venas.- Volvió a dirigir su mirada hacia la bella mujer, con una sonrisa llena de determinación.- Ahí fue cuando mi alma gritaba que el menda tenía que ser músico, pasara lo que pasara, ¿es o no es?- Confesó el músico, parando de seguir contando su historia, por si Ikirami tenía que decir algo al respecto. Había cosas de su pasado que, aunque no fueran trágicas, dolía contar. Pero, al hacerlo frente a la mujer que amaba, sentía una liberación y un calor en su pecho que le hacía querer hablar más sobre toda su vida.

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RE: [Pasado] El baboso, macarra, ruidoso, sensible y felino Pirata. - por Garnet D. Matlock - 21-06-2024, 11:32 AM

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