25-06-2024, 10:29 PM
FINALES DEL OTOÑO - AÑO 12
EN LA CORRIENTE 2 DEL GRAN LINE, UN BARCO PESQUERO DE GRAN TAMAÑO SE ACERCA A AL ISLA KYODAINA.
EN LA CORRIENTE 2 DEL GRAN LINE, UN BARCO PESQUERO DE GRAN TAMAÑO SE ACERCA A AL ISLA KYODAINA.
Recuerdo esos días con mucho pesar. Dolor, agobio, humo. Ya habían pasado 8 meses desde que Lily marchó, 7 y medio desde el incidente en el que mataron a Kaze, 6 desde que me largué de aquella condenada isla dónde los recuerdos me torturaban. Alcohol, barcos, descontrol, peleas, trifulcas. Estos 6 meses había estado sumido en una borrachera perpetua, no recuerdo casi nada de lo que paso, todo en mi mente era un borrón, en algún punto mi cuerpo adquirió un poder extraño, en algún momento me había vuelto más fuerte, de alguna manera seguía vivo. Mi locura paseaba por mi mente como los niños por los jardines, saltando feliz, arrancando las flores más bonitas y pisando las demás. Esto es lo primero que recuerdo con claridad desde hace 6 meses, los 15 años con Lily nunca más volverán a ser nombrados, nadie sabrá de eso, mucho menos que es mi mayor debilidad. Soñé con días mejores. Me desperté sobresaltado. Miré a mis lados, mi katana descansaba en mi hombro, parecía que había estado dormido abrazado a ella. Seguramente fue así.
- ¿Dónde estoy? - Dije mientras despegaba la lengua de mi paladar, tenía la boca seca como la tierra. Resaca.
- En un barco pesquero - Respondió una voz oscura, pesarosa, melancólica.
La claridad dañaba mi vista, tardé un poco en enfocar. Vi entonces las redes, las velas, el olor a salitre inundó mi olfato, los tablones de madera del suelo estaban un poco majados las salpicaduras de las olas, el mar susurraba un nombre, ¿yo? Me sentía empapado y débil. Un viejo arqueado se encontraba al timón, manejaba aquel colosal pesquero sin problema, estaba alejado de mi, subiendo las escaleras, se encontraba el mascarón de mando, desde donde con un pulso tembloroso manejaba la embarcación.
- ¿Dónde cojones estamos maldito anciano? - Repetí con mucha más brusquedad apretando el mango de mi katana.
- Ya te lo he dicho, en un barco pesquero - Repitió el timonel.
Bufé como contestación. Esa no era la respuesta que buscaba, poco a poco mis sentidos iban volviendo a funcionar como es debido. Me sentía muy débil. Entonces me di cuenta, estaba sentado sobre una pileta de agua, el agua me llegaba hasta la cintura mientras estaba sentado.
- ¿Qué es esto? - Pregunté apoyando mi mano en uno de los bordes de la pileta para intentar salir.
- No, no, no... No salgas - me dijo hábilmente el anciano - Estabas enfermo, eso esta ayudando a bajar tus fiebres -
¿Enfermo yo? Me parecía extraño. No suelo enfermar, pero si que es verdad que me sentía débil. ¿Sería que era la primera vez que no despertaba borracho? ¿Cuánto tiempo había dormido? ¿Cómo había llegado allí? Antes de que pudiera contestar el viejos siguió hablando.
- Te estoy llevando dónde querías - No parecía temerme, tampoco apreciarme - En la isla a la que vamos hay mucha gente indefensa, podrás matar todo cuanto gustes -
Es verdad. Mi cruzada contra el mundo había comenzado, si yo no podía ser feliz nadie lo sería.
- Perfecto - Contesté, pero noté tristeza en mis palabras.
- Estamos a punto de llegar - Me dijo el barquero. Me sentía embotado, me costaba pensar con claridad, medio año de mi vida se había esfumado al igual que casi la mitad de mi vida. La sensación era desoladora, sentía como cada fibra de mi ser luchaba por no morir, por no perecer. En mi pecho el vacío llenaba todo, irónico.
- Tú nombre - le dije al anciano, no era una pregunta, era una orden.
- Caronte - Contestó.
- ¿Estamos tú y yo solos? - Dije mientras miraba la embarcación, era grande, yo entraba sin problemas. La pileta debería de servir para llevar pescado vivo a los puertos, mantenerlo fresco. Muchos peces entrarían en ella. Ese barco no era para una sola persona.
- Sí - Me contestó - Solos tú y yo demonio - Frialdad en sus palabras. Me odiaba ¿Qué había pasado?
- Podría matarte, quedarme el barco - Me sentía débil pero seguía siendo yo.
- Seguro... - Contestó Caronte - ¿Y qué harías en estos salvajes mares? La fuerza no es lo único que se necesita para sobrevivir - Parecía retarme.
Chisté en respuesta, levanté la cabeza al cielo. Algunas gaviotas sobrevolaban la barcaza, supongo que curiosas, supongo que atraídas por el olor que desprendía. El sueño se apoderó de mi, me sentía muy cansado. Lily, kaze, humo, muerte y sangre bailaron en mis sueños. Todo en un consecución vertiginosa, entremezclándose haciéndome a mí. Me volví a sobresaltar. Me desperté.
- Hemos llegado - Dijo Caronte, no me había mirado una sola vez.
- Perfecto - Salí de la pileta, empecé a sentirme mejor, supongo que era verdad que estaba enfermo y me había curado. Caronte saltó a un bote, le miré, era pequeño no entraríamos. Suspiró. Cambiamos de lado y fuimos a uno mucho más grande, el viejo haría un esfuerzo sobrehumano para llevarme a la costa, igual las espichaba.
Una vez subimos al bote las cuerdas rechinaron por mi peso pero nos bajaron sin problemas, sonó un leve chapuzón al apoyarse las maderas en el mar. Caronte empezó a remar. Yo le miraba, el miraba los tablones que nos separaban. Empezaba a sentirme bastante mejor, pero los recuerdos seguían asolándome. La costa cada vez estaba más cerca. Una isla de medianas dimensiones se mostraba ante mi, mucha vegetación pero no veía ciudades.
- Oye viejo - dije con voz áspera - No veo casas, ¿Dónde esta la gente? -
Caronte tragó saliva.
- Más al interior, son civilizaciones algo atrasadas, viven en la jungla, no será muy difícil matarlos a todos, además hay un montón de niños, tienden a... Reproducirse mucho - El viejo seguía mirando los tablones, parecía que ahora me temía mucho más. Suspiré, estaría bien mientras no mintiera. El cansancio se notaba en el viejo, yo pesó muchísimo, la balsa era muy grande, era sorpréndete que aún así pudiera movernos, pero lo hacía. Me fijé en él, parecía fuerte, con cada remada sus músculos se tensaban y los pliegues de su piel se estiraban, tenía unos brazos definidos, las manos llenas de cicatrices y una cara con las típicas muesca de haber vivido una vida bajo el sol sin protección. No era un viejo cualquiera, seguramente el mar le había curtido.
Llegamos a la costa ayudados por el bamboleo de las olas, el viejo parecía más calmado ahora que habíamos llegado. Me miró esperando a que bajará, intranquilo, inquietado por mi presencia.
- ¿Y si te mato ahora viejo? - Dije mientras agarraba mi katana y la desenfundaba un poco - Nada me lo impide -
Caronte palideció, perdió todo el color de su moreno en un instante, parecía que había visto su misma muerte.
- No lo hagas, vendré por ti cuando acabes con todos, te lo aseguro - Sus palabras dudaban, pero entre la maleza vi aparecer algo. Era un bicho de dimensiones gigantescas, parecía un topo o algo así, pero era muchísimo más grande.
Mi instinto me hizo saltar de la barca y empezar a perseguirlo, el animal se fijó en mi y como si hubiera estado esperando mil soles a que algo apareciera delante de él se abalanzó sobre mi. Empecé un combate contra la fiera, le destruí sin recibir un solo golpe. Cuándo había acabado ni Caronte ni su barcaza estaban allí, se había marchado en medio del frenesí del combate.
- Mierda, ¿Cuándo me dijo que iba a venir a por mi? - Dije mientras miraba el mar, atrás de mi una jungla que se convertiría en mi hogar durante la estación de invierno.
En ese tiempo no me di cuenta, pero tras mucho pensarlo llegué a la conclusión de que debí hacer algo, algo en la tierra natal de Caronte, algo que no debió de ser muy moral, supongo que acabaría con la vida de algunas personas, caería dormido borracho en aquel barco y vieron la oportunidad de encerrarme en esta selva. Supongo, porque no me acuerdo de nada, como he dicho pasé 6 meses borracho, no recuerdo que hice, ni como, ni cuando, ni dónde, ni de que isla provenía aquel barco, todo lo que sé es que estuve atrapado en la selva Oki mucho tiempo, demasiado para mi gusto. Estuve solo hasta encontré a Nicolás, pensé que aquella isla sería una tumba para mi, pera el destino tenía otros senderos por lo que debería andar. Recordaré con cariño (con el poco que puedo) este lugar, pues la Selva Oki fue el primer paso, el primer paso de LOS PASOS DE LA GUERRA.
![[Imagen: 51pnN8x.png]](https://imgur.com/51pnN8x.png)
