29-08-2023, 11:27 PM
Pasaron de mi. Todos...
Podía entender porque Sohem no me hacía ni caso. Al final no era ni su rival directo ni nadie relevante. Y viendo el carácter que tenía, al menos lo demostrado, dejaba mucho que desear. Sólo había tenido en cuenta la paliza personal que le estaba pegando a Joe. Para él, más que un entreno, era una demostración para si mismo de sus capacidades a la hora de humillar a un rival de forma innecesaria. El rival le había entrado de primeras con un ataque frontal y sencillo, y en respuesta el enmascarado no le soltó pegándole con todo.
Luego estaba Taka. El grandote tenía parte de mi simpatía. Aunque su ataque principal fue a traición, lo justificó con "aprendizaje" y "lecciónes". Luego tuvimos un duelo muy comedido, pero donde se podía ver un poco de todo sin llegar a la masacre. Pero me falló a la hora del honor en el duelo. Cuando pudo, enganchó a Joe, lo derribó a pesar de toda la campanada que estaba recibiendo y luego pasó de mi rostro. A diferencia de su compañero, este procesó un interés en el cese de hostilidades. Pero no sabía si era debido a una altruista moral de acabar este "entreno" o si por consiguiente se había terminado de mofar en nuestra cara y ya no le hacía gracia seguir.
Pero sin duda, mi mayor frustración en ese momento procedía de mi compañero. No solo era un marine que, por tener buenas intenciones y entrenar a gusto, se había llevado una paliza. Sino que el enmascarado se había reído de él y este seguía con su buen humor y carácter. No solo eso, sino que encima los estaba felicitando.
- Pero que tipo de justicia vergonzosa es esa? Celebrando con el rival la derrota y la humillación...- pensaba con furia y con la mirada fija en el suelo.
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Quería contener las lágrimas de frustración y disimular de la mejor manera posible, pero me fue inevitable no dejar caer una.
Algunos dirán que fui víctima de un ataque de frustración y rabia, típico de los novatos que entran en algún club o deporte y ven que no logran sus objetivos. Otros me podían acusar de infantilismo desmedido y de tener una rabieta de bebé al no poder ganar al adulto. Y quizá el más burlón de todos creería que soy una mierda más en el camino que no es capaz de aceptar que no voy a ser tan grande como a los que me enfrento.
Podrían ser todas esas las razones, o puede que alguna de ellas o ninguna. Otras quizá. En ese momento me daba igual.
En ese momento yo sentía como se estaba mancillado el buen nombre de la Marina. Como mi justicia estaba siendo pisoteada por todos, incluso un marine. Como todo por lo que creía estaba siendo objeto de burla y risa. Tanto esfuerzo y tanto trabajo.
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En ese momento entré en barrena con mi mente.
Guardé la pistola en la carcasa y empecé a correr. La mala leche me llevó al gesto más impulsivo pero que más necesitaba sacar.
La estrategia había quedado de lado y en mi cabeza solo se escuchaba una cosa:
LA JUSTICIA ABSOLUTA NO SE RINDE
Sin dejar de pensar en eso, fui corriendo hasta Sohem, conectando un puñetazo directo en su rostro, con la derecha cargada desde atrás, poniendo toda la fuerza en el golpe.
En ese momento no dejaba se gritar, siendo más animal que persona.
Podía entender porque Sohem no me hacía ni caso. Al final no era ni su rival directo ni nadie relevante. Y viendo el carácter que tenía, al menos lo demostrado, dejaba mucho que desear. Sólo había tenido en cuenta la paliza personal que le estaba pegando a Joe. Para él, más que un entreno, era una demostración para si mismo de sus capacidades a la hora de humillar a un rival de forma innecesaria. El rival le había entrado de primeras con un ataque frontal y sencillo, y en respuesta el enmascarado no le soltó pegándole con todo.
Luego estaba Taka. El grandote tenía parte de mi simpatía. Aunque su ataque principal fue a traición, lo justificó con "aprendizaje" y "lecciónes". Luego tuvimos un duelo muy comedido, pero donde se podía ver un poco de todo sin llegar a la masacre. Pero me falló a la hora del honor en el duelo. Cuando pudo, enganchó a Joe, lo derribó a pesar de toda la campanada que estaba recibiendo y luego pasó de mi rostro. A diferencia de su compañero, este procesó un interés en el cese de hostilidades. Pero no sabía si era debido a una altruista moral de acabar este "entreno" o si por consiguiente se había terminado de mofar en nuestra cara y ya no le hacía gracia seguir.
Pero sin duda, mi mayor frustración en ese momento procedía de mi compañero. No solo era un marine que, por tener buenas intenciones y entrenar a gusto, se había llevado una paliza. Sino que el enmascarado se había reído de él y este seguía con su buen humor y carácter. No solo eso, sino que encima los estaba felicitando.
- Pero que tipo de justicia vergonzosa es esa? Celebrando con el rival la derrota y la humillación...- pensaba con furia y con la mirada fija en el suelo.
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Quería contener las lágrimas de frustración y disimular de la mejor manera posible, pero me fue inevitable no dejar caer una.
Algunos dirán que fui víctima de un ataque de frustración y rabia, típico de los novatos que entran en algún club o deporte y ven que no logran sus objetivos. Otros me podían acusar de infantilismo desmedido y de tener una rabieta de bebé al no poder ganar al adulto. Y quizá el más burlón de todos creería que soy una mierda más en el camino que no es capaz de aceptar que no voy a ser tan grande como a los que me enfrento.
Podrían ser todas esas las razones, o puede que alguna de ellas o ninguna. Otras quizá. En ese momento me daba igual.
En ese momento yo sentía como se estaba mancillado el buen nombre de la Marina. Como mi justicia estaba siendo pisoteada por todos, incluso un marine. Como todo por lo que creía estaba siendo objeto de burla y risa. Tanto esfuerzo y tanto trabajo.
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En ese momento entré en barrena con mi mente.
Guardé la pistola en la carcasa y empecé a correr. La mala leche me llevó al gesto más impulsivo pero que más necesitaba sacar.
La estrategia había quedado de lado y en mi cabeza solo se escuchaba una cosa:
LA JUSTICIA ABSOLUTA NO SE RINDE
Sin dejar de pensar en eso, fui corriendo hasta Sohem, conectando un puñetazo directo en su rostro, con la derecha cargada desde atrás, poniendo toda la fuerza en el golpe.
En ese momento no dejaba se gritar, siendo más animal que persona.
Aclaraciones
