02-07-2024, 07:14 PM
Obviando por completo la presencia de Zarek, la manada de lobos, sedienta de sangre y fuera de sí, tras la orden de su líder, se lanzó de lleno al unísono a arrancar y trocear la piel, músculos y órganos del espadachín que se situaba frente a los lobos. O esa era su idea pues, tras el firme agarre al mango de su katana, y después de que por su boca salieran cinco letras... Dos sílabas... Una palabra, Ashura, casi antes de que los cánidos pudieran siquiera iniciar su ofensiva, en un limpio y veloz movimiento horizontal de su katana, que pasaría a través de todos los cuerpos, aún con vida, de los lobos, el oni - para desgracia del birkaniano -, sentenciaría en cuestión de un segundo, la desfachatez que habían cometido esos pobres animales al buscar enfrentarse contra una presa que, más que presa era un auténtico depredador. La muerte, bajo el nombre Mofuku Shīto, se había aproximado hacia ellos a pasos agigantados, dejando a su estela un mar de sangre y vísceras que rebosaban a partes iguales en el suelo alrededor del espadachín de casi 5 metros.
Por si fuera poco y no contento, tras privarle de toda la diversión a su socio, Ashura decidió burlarse de Zarek, pudiendo dar pie a un nuevo enfrentamiento entre los dos sanguinarios piratas. Sin embargo, más allá de iniciar una contienda que no llevaría nada, el hereje - después de quejarse y amenazar a su compañero, y posteriormente empaparse el pie de sesos tras pisar con frustración la cabeza de uno de los ya asesinados lobos -, fue inteligente y pensó que lo mejor sería reposar y guardar fuerzas. Por mucho que fueran los más fuertes dentro de aquella peligrosa isla, la realidad era que no tenían escapatoria y eran incapaces de salir de allí. Ahora mismo, no eran más que dos tiburones en un pequeño estanque. Zarek volvió a sentarse en su posición inicial, frente a la orilla, y con medio cuerpo de lobo, algunas ramas secas y el poder de su akuma no mi, hizo un buen fuego y se disponía cocinar algo de carne a la brasa. Con la llegada del fuego a manos del hereje, vuestra visión en la oscura noche, tan solo alimentada, hasta entonces, por la luz procedente del firmamento, aumentaba considerablemente.
Sin embargo, una llama en medio de la oscuridad, en una isla alejada de la mano del hombre, no era más que otra señal que podían delatar vuestra posición ante nuevas amenazas y nuevos enemigos. El fuerte hedor a sangre que emanaba el oni Ashura, ya había despertado el interés de alguien con un gran sentido del olfato, no muy lejos de vosotros, olor que se vería acrecentado tras la instantánea matanza de los 40 cánidos.- Sniff sniff sniff... Hmmm... Huelo más sangre... En esa dirección... RAHAHAHAHA- Sumando a esto la iluminación que proveía la hoguera al claro, hacía que solo pudiera haber un posible resultado.- J-jefe, ¡allí! Se puede ver algo de luz, ¡creo que es fuego!- Informaba uno de las muchas siluetas que se aproximaban a vuestra posición, desde la parte norte del claro.- De puta madre... Cabrones, preparaos para el abordaje.- Dijo la figura que llegaba a los 6,5 metros de alto, corriendo hacia la zona que delimitaba con el claro, casi haciendo que la tierra a su alrededor temblara con cada pisada que el grandullón daba. Tras asentir todos con la cabeza, detrás de él iban otras 10 siluetas, que oscilaban entre los 1,70 y los 2 metros.
Conforme más se acercaban a los arbustos que daban inicio al pequeño rincón dónde os encontrabais, más notabais el tremor que se formaba en el suelo, como si de un terremoto se tratara o como si una estampida se estuviera aproximando a vuestra posición. Un par de segundos después, una enorme masa de carne rosa emergió, o mejor dicho, se llevó por delante los arbustos, dejando tras de si un camino de devastación, apareciendo ante vosotros, desde el norte, y quedándose a unos 6 metros de Zarek y unos 7 de Ashura. Con 6,5 metros de alto, poseía una piel enteramente rosada, brillante a la par que tonificada por sus portentosos músculos, que sobresalían sobre en su pecho, abdominales y brazos, siendo estos, en proporción, mucho más largos que sus piernas, la cuáles eran diminutas. En contraste con la seriedad, fruto de intensos entrenamientos y combates, se encontraba su pelada cabeza, pegada casi a sus hombros sin tener un cuello de por medio, destacando de ella su rostro, compuesto por dos pequeños ojos, situados a los lados de una gran nariz y sobre un morros que abarcaban casi la mitad de su rostro. Y que decir del unicejo que recorría la parte inferior de su frente. Aquella mole, que podía intimidarte a la par que hacerte reír con solo echar un vistazo a su físico, llevaba un chaleco de un color rojo-marrón con las mangas rotas, unos pantalones vaqueros, sostenidos con un cinturón con la chapa de una cara sonriente y con unas rodilleras con pinchos. En cada una de sus manos, se podían distinguir, además, un par de puños "ballywooderos" - puños americanos - y en sus pies, unos zapatos marrón.
Tras de él y situándose justo a su izquierda, aparecieron las otras 10 figuras, resultando ser 6 hombres y 4 mujeres, con unas alturas mucho más "estándar", con varias tonalidades de colores que iban desde el amarillo, hasta el azul e incluso el color verde, cada uno con un sable en su mano dominante. En efecto, se trataba de un grupo de gyojin que, por sus pintas, no parecían ser demasiado amistosos.- J-jefe, ¡los encontramos! ¡Encontramos a más gente en la isla! ¡T-tenías razón!- Exclamó un gyojin merluza, de color azul claro y con el pelo rizado amarillo.- RAHAHAHAH, ¡pues claro merluzo! Cuándo me ha fallado mi olfato, ¿eh?- Dijo, con una voz estridente, el grandullón de color rosa, mas sin abrir los labios, como si de un ventrílocuo se tratase. Seguidamente, con su diestra, apuntó hacia los dos -para ellos- intrusos de lo que sería su isla.- Esta noche estoy muy generoso, soplagaitas, así que ¿qué tal si os vais pirando de MI isla y así me ahorráis el mataros?- Propuso, al mismo tiempo que amenazaba, mientras se crujía el cuello a la par que se llevaba su puño derecho hacia la palma de su siniestra.- Vosotros seguís con vida, y yo no tengo que esforzarme, habría que ser gilipollas para no aceptar ¿verdad? RAHAHHAHAAH.-
Las cartas estaban puestas sobre las mesas, ¿qué harían nuestros aguerridos piratas? ¿Decidirían hacer caso a las amenazas del gigante rosado o, en cambio, se abrirían paso, como habían hecho hasta ahora, a los problemas mediante el uso de la violencia?
Por si fuera poco y no contento, tras privarle de toda la diversión a su socio, Ashura decidió burlarse de Zarek, pudiendo dar pie a un nuevo enfrentamiento entre los dos sanguinarios piratas. Sin embargo, más allá de iniciar una contienda que no llevaría nada, el hereje - después de quejarse y amenazar a su compañero, y posteriormente empaparse el pie de sesos tras pisar con frustración la cabeza de uno de los ya asesinados lobos -, fue inteligente y pensó que lo mejor sería reposar y guardar fuerzas. Por mucho que fueran los más fuertes dentro de aquella peligrosa isla, la realidad era que no tenían escapatoria y eran incapaces de salir de allí. Ahora mismo, no eran más que dos tiburones en un pequeño estanque. Zarek volvió a sentarse en su posición inicial, frente a la orilla, y con medio cuerpo de lobo, algunas ramas secas y el poder de su akuma no mi, hizo un buen fuego y se disponía cocinar algo de carne a la brasa. Con la llegada del fuego a manos del hereje, vuestra visión en la oscura noche, tan solo alimentada, hasta entonces, por la luz procedente del firmamento, aumentaba considerablemente.
Sin embargo, una llama en medio de la oscuridad, en una isla alejada de la mano del hombre, no era más que otra señal que podían delatar vuestra posición ante nuevas amenazas y nuevos enemigos. El fuerte hedor a sangre que emanaba el oni Ashura, ya había despertado el interés de alguien con un gran sentido del olfato, no muy lejos de vosotros, olor que se vería acrecentado tras la instantánea matanza de los 40 cánidos.- Sniff sniff sniff... Hmmm... Huelo más sangre... En esa dirección... RAHAHAHAHA- Sumando a esto la iluminación que proveía la hoguera al claro, hacía que solo pudiera haber un posible resultado.- J-jefe, ¡allí! Se puede ver algo de luz, ¡creo que es fuego!- Informaba uno de las muchas siluetas que se aproximaban a vuestra posición, desde la parte norte del claro.- De puta madre... Cabrones, preparaos para el abordaje.- Dijo la figura que llegaba a los 6,5 metros de alto, corriendo hacia la zona que delimitaba con el claro, casi haciendo que la tierra a su alrededor temblara con cada pisada que el grandullón daba. Tras asentir todos con la cabeza, detrás de él iban otras 10 siluetas, que oscilaban entre los 1,70 y los 2 metros.
Conforme más se acercaban a los arbustos que daban inicio al pequeño rincón dónde os encontrabais, más notabais el tremor que se formaba en el suelo, como si de un terremoto se tratara o como si una estampida se estuviera aproximando a vuestra posición. Un par de segundos después, una enorme masa de carne rosa emergió, o mejor dicho, se llevó por delante los arbustos, dejando tras de si un camino de devastación, apareciendo ante vosotros, desde el norte, y quedándose a unos 6 metros de Zarek y unos 7 de Ashura. Con 6,5 metros de alto, poseía una piel enteramente rosada, brillante a la par que tonificada por sus portentosos músculos, que sobresalían sobre en su pecho, abdominales y brazos, siendo estos, en proporción, mucho más largos que sus piernas, la cuáles eran diminutas. En contraste con la seriedad, fruto de intensos entrenamientos y combates, se encontraba su pelada cabeza, pegada casi a sus hombros sin tener un cuello de por medio, destacando de ella su rostro, compuesto por dos pequeños ojos, situados a los lados de una gran nariz y sobre un morros que abarcaban casi la mitad de su rostro. Y que decir del unicejo que recorría la parte inferior de su frente. Aquella mole, que podía intimidarte a la par que hacerte reír con solo echar un vistazo a su físico, llevaba un chaleco de un color rojo-marrón con las mangas rotas, unos pantalones vaqueros, sostenidos con un cinturón con la chapa de una cara sonriente y con unas rodilleras con pinchos. En cada una de sus manos, se podían distinguir, además, un par de puños "ballywooderos" - puños americanos - y en sus pies, unos zapatos marrón.
IMAGEN DE PACO JONES
Tras de él y situándose justo a su izquierda, aparecieron las otras 10 figuras, resultando ser 6 hombres y 4 mujeres, con unas alturas mucho más "estándar", con varias tonalidades de colores que iban desde el amarillo, hasta el azul e incluso el color verde, cada uno con un sable en su mano dominante. En efecto, se trataba de un grupo de gyojin que, por sus pintas, no parecían ser demasiado amistosos.- J-jefe, ¡los encontramos! ¡Encontramos a más gente en la isla! ¡T-tenías razón!- Exclamó un gyojin merluza, de color azul claro y con el pelo rizado amarillo.- RAHAHAHAH, ¡pues claro merluzo! Cuándo me ha fallado mi olfato, ¿eh?- Dijo, con una voz estridente, el grandullón de color rosa, mas sin abrir los labios, como si de un ventrílocuo se tratase. Seguidamente, con su diestra, apuntó hacia los dos -para ellos- intrusos de lo que sería su isla.- Esta noche estoy muy generoso, soplagaitas, así que ¿qué tal si os vais pirando de MI isla y así me ahorráis el mataros?- Propuso, al mismo tiempo que amenazaba, mientras se crujía el cuello a la par que se llevaba su puño derecho hacia la palma de su siniestra.- Vosotros seguís con vida, y yo no tengo que esforzarme, habría que ser gilipollas para no aceptar ¿verdad? RAHAHHAHAAH.-
Las cartas estaban puestas sobre las mesas, ¿qué harían nuestros aguerridos piratas? ¿Decidirían hacer caso a las amenazas del gigante rosado o, en cambio, se abrirían paso, como habían hecho hasta ahora, a los problemas mediante el uso de la violencia?
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