06-07-2024, 06:32 PM
Podía sentir como los nervios se apoderaban de él, y era inevitable pues, Garnet jamás había hecho algo así antes, y mucho menos imaginado, ¿pero no estaba siendo justamente aquel inolvidable día uno en el que habían estado descubriendo cosas que jamás habrían hecho? El pirata, lo único que quería en esos momentos era darle todo su amor, de todas las formas que podía, a la mujer que amaba y anhelaba. Sin embargo, a primera instancia, parecía que la marine no estaba del todo segura al entrecerrar súbitamente sus piernas, ¿a qué se debía eso? ¿Estaba avergonzada? ¿Tenía miedo de que Garnet se pasara de bruto? Eran dudas que circulaban la mente del músico hasta que, intentando calmarla, le recordó que, si hacía algo raro durante el acto, podía decírselo y contar con él. En ese momento, pudo notar como las piernas de Ikirami se relajaron, abriéndose nuevamente y mostrando lo que el pirata ahora mismo más deseaba. Tras tragar saliva, el skypiean acercó lentamente y con delicadeza su rostro a ese tesoro que guardaba entre las piernas y que tan loco le había vuelto anteriormente. Con decisión y curiosidad, extendió su lengua hasta sus húmedas carnes, buscando empaparla con el intenso sabor que emanaba de allí, al igual que sus oídos y demás sentidos se empapaban con la dulce armonía que emitía la marine con cada movimiento de su órgano degustador, haciendo que los pelos de Garnet se encresparan con la melodía de su diosa. Simplemente era un ciclo mágico, dónde uno retroalimentaba a la perfección al otro. Uno dónde Garnet quería darle el máximo de los placeres a Ikirami y, con sus respuestas tanto corporales como sonoras, hacía al músico no querer bajar el ritmo en ningún momento, mientras iba descubriendo por como reaccionaba su novia que movimientos eran los más satisfactorios para la bella mujer.
Estuvieron un rato así, descubriéndose el uno al otro y unos mismos, y, queriendo que ese instante fuera eterno en el tiempo, dejaron salir, una vez más, sus deseos más internos de probarse una vez más. Garnet era consciente de que la noche se acababa y que, al inicio de ese nuevo día, ya no sabría cuando sería la próxima vez que pudiera deleitarse tan solo con la presencia o la voz de la pelirroja. Pero si algo sabía también, es que aquello no iba a ser ningún impedimento para terminar de hacer, aún más memorable, esa reluciente noche, tanto por el cosmos como por las luciérnagas que seguían revoloteando al compás de su amor. Como si fuera otra usuaria de la familia de las fruta Neko Neko, Ikirami se las ingenió para cambiar las tornas y, esta vez, ser ella la que se ubicaría más cerca del firmamento. Garnet observaba, embelesado la escena, mientras sentía el tacto de sus dedos por todo su cuerpo, todo para acabar por despojarle el exceso de ropa que tenía. Sentía como cada célula y fibra de su cuerpo rugía de amor por aquella mujer. La deseaba tanto en todos los sentidos que la mera idea de tener que distanciarse de ella o perderla le quemaba por dentro.
Subida encima de Garnet, Ikirami, se lanzó directamente a besar con fuerza sus labios, respondiendo el pirata con la misma intensidad, sabiendo que podría ser el último que se dieran. Cuando sus labios se separaron, para que la marine pudiera morder con pasión el cuello del felino, Garnet sólo podía sentir la necesidad de tener más y más de ella. Casi instantáneamente, llevó sus manos a la espalda de su amada, aferrándola con fuerza contra él para, seguidamente, erguir su tren superior de forma que quedarían sentados en la nube, estando aún la mujer encima del skypiean. Al mismo tiempo que se perdía en cada ferviente beso a cada rincón de sus labios, rostro y cuello, con la manos aún situadas a la espalda de Ikirami, empezó a desenganchar el encaje del sujetador que aún portaba, con el objetivo de liberar de su prisión textil a las gemelas que también le llevaban por el camino de la locura. El mero hecho de sentir el roce de sus cuerpos desnudos era suficiente para que su sistema nervioso se sobrecargara de placer. Con el sostén fuera, jadeando, comenzó a descender su cara hasta sus dos grandes atributos femeninos, perdiéndose por completo en la suavidad y esponjosidad de los mismos y buscando, nuevamente excitar los sentidos de su amada posando y moviendo su lengua por la parte más erógena de las gemelas. Todo al mismo tiempo que sus manos recorrían cada músculo de su espalda, buscando más y más y no perderse ningún sólo centímetro cuadrado de piel de Ikirami, hasta que, una de ellas descendió hasta llegar a sus posaderas, agarrándolas con firmeza.
Todo este cúmulo de emociones instaban al tigre que guardaba Garnet en su interior a que saliera. Sin embargo, al contrario que en la primera ocasión, dónde el músico estaba completamente por toda la tensión sexual que se había ido generando y acumulando desde el primer encontronazo con la mujer, en esta ocasión era más consciente de sí mismo, y de que, anteriormente, a Ikirami parecía haberle encantado hacerlo con él transformado. Sin más preámbulos, procedió a transformarse, ganando otra vez más masa muscular, volumen, altura, hasta el punto que, ahora, se tenía que encorvar de más el skypiean para seguir deleitándose con los labios de la marine. Sin duda, una gran contra de la transformación, pues cada vez se le hacía más complicado vivir sin sus besos, y aún más sabiendo lo que estaba avecinando. El tamaño de sus manos también eran un problema, pues eran demasiado grandes también como para palpar con detalle zonas como su cuello y cara. Su cuerpo se llenó del pelaje característico de los tigres, salvo la zona inferior de su rostro, su pecho y parte de su abdomen. Una vez transformado en su forma híbrida, su respiración agitada por el placer se volvió en unos sonoros ronroneos y, posó su izquierda al borde la nube, para evitar caerse en todo momento, mientras que la derecha la pasaba por detrás de Ikirami, pasando su brazo a lo largo de su espalda, hasta que con su diestra sostuvo la parte posterior de la cabeza de la marine, entrelazando sus dedos a través de sus rojizos y sedosos cabellos. El minino ansiaba seguir saboreando la ambrosía de los labios de su novia pero ergonómicamente, la postura para su espalda no podría ser peor, por lo que dio un último beso, sintiendo como sus lenguas dejaban de danzar y mordiendo, con sumo cuidado, el labio inferior -reitero, de la boca- de la pelirroja antes de separarse.- Te quiero, Iki- Dijo a su diosa, con una mirada que rozaba la lujuria, admiración y el amor hacia su novia para, seguidamente, echarse atrás para dejar su espalda reposando en la nube, a la par que su diestra descendía, lentamente y con delicadeza, por el cuerpo de Ikirami, deteniéndose lo necesario en cada parte para que, su tacto, no lo olvidara cuando estuvieran separados, todo esto hasta que finalizó posando la mano en la cintura de Ikirami, tocando con el pulgar parte de las ingles de la marine y, con el resto de los dedos de sus glúteos.- El menda es todo tuyo, mi diosa, ahora y siempre ¿es o no es?- Declaró Garnet, tanto en términos sexuales como románticos y mirando con deseo y embelesamiento a la figura de la bella mujer mientras se mordía su labio inferior. Lo que la quería, lo que la deseaba y lo que la iba a echar de menos no estaba escrito ni en las estrellas que le daban luz en aquella ardiente noche de invierno.
Estuvieron un rato así, descubriéndose el uno al otro y unos mismos, y, queriendo que ese instante fuera eterno en el tiempo, dejaron salir, una vez más, sus deseos más internos de probarse una vez más. Garnet era consciente de que la noche se acababa y que, al inicio de ese nuevo día, ya no sabría cuando sería la próxima vez que pudiera deleitarse tan solo con la presencia o la voz de la pelirroja. Pero si algo sabía también, es que aquello no iba a ser ningún impedimento para terminar de hacer, aún más memorable, esa reluciente noche, tanto por el cosmos como por las luciérnagas que seguían revoloteando al compás de su amor. Como si fuera otra usuaria de la familia de las fruta Neko Neko, Ikirami se las ingenió para cambiar las tornas y, esta vez, ser ella la que se ubicaría más cerca del firmamento. Garnet observaba, embelesado la escena, mientras sentía el tacto de sus dedos por todo su cuerpo, todo para acabar por despojarle el exceso de ropa que tenía. Sentía como cada célula y fibra de su cuerpo rugía de amor por aquella mujer. La deseaba tanto en todos los sentidos que la mera idea de tener que distanciarse de ella o perderla le quemaba por dentro.
Subida encima de Garnet, Ikirami, se lanzó directamente a besar con fuerza sus labios, respondiendo el pirata con la misma intensidad, sabiendo que podría ser el último que se dieran. Cuando sus labios se separaron, para que la marine pudiera morder con pasión el cuello del felino, Garnet sólo podía sentir la necesidad de tener más y más de ella. Casi instantáneamente, llevó sus manos a la espalda de su amada, aferrándola con fuerza contra él para, seguidamente, erguir su tren superior de forma que quedarían sentados en la nube, estando aún la mujer encima del skypiean. Al mismo tiempo que se perdía en cada ferviente beso a cada rincón de sus labios, rostro y cuello, con la manos aún situadas a la espalda de Ikirami, empezó a desenganchar el encaje del sujetador que aún portaba, con el objetivo de liberar de su prisión textil a las gemelas que también le llevaban por el camino de la locura. El mero hecho de sentir el roce de sus cuerpos desnudos era suficiente para que su sistema nervioso se sobrecargara de placer. Con el sostén fuera, jadeando, comenzó a descender su cara hasta sus dos grandes atributos femeninos, perdiéndose por completo en la suavidad y esponjosidad de los mismos y buscando, nuevamente excitar los sentidos de su amada posando y moviendo su lengua por la parte más erógena de las gemelas. Todo al mismo tiempo que sus manos recorrían cada músculo de su espalda, buscando más y más y no perderse ningún sólo centímetro cuadrado de piel de Ikirami, hasta que, una de ellas descendió hasta llegar a sus posaderas, agarrándolas con firmeza.
Todo este cúmulo de emociones instaban al tigre que guardaba Garnet en su interior a que saliera. Sin embargo, al contrario que en la primera ocasión, dónde el músico estaba completamente por toda la tensión sexual que se había ido generando y acumulando desde el primer encontronazo con la mujer, en esta ocasión era más consciente de sí mismo, y de que, anteriormente, a Ikirami parecía haberle encantado hacerlo con él transformado. Sin más preámbulos, procedió a transformarse, ganando otra vez más masa muscular, volumen, altura, hasta el punto que, ahora, se tenía que encorvar de más el skypiean para seguir deleitándose con los labios de la marine. Sin duda, una gran contra de la transformación, pues cada vez se le hacía más complicado vivir sin sus besos, y aún más sabiendo lo que estaba avecinando. El tamaño de sus manos también eran un problema, pues eran demasiado grandes también como para palpar con detalle zonas como su cuello y cara. Su cuerpo se llenó del pelaje característico de los tigres, salvo la zona inferior de su rostro, su pecho y parte de su abdomen. Una vez transformado en su forma híbrida, su respiración agitada por el placer se volvió en unos sonoros ronroneos y, posó su izquierda al borde la nube, para evitar caerse en todo momento, mientras que la derecha la pasaba por detrás de Ikirami, pasando su brazo a lo largo de su espalda, hasta que con su diestra sostuvo la parte posterior de la cabeza de la marine, entrelazando sus dedos a través de sus rojizos y sedosos cabellos. El minino ansiaba seguir saboreando la ambrosía de los labios de su novia pero ergonómicamente, la postura para su espalda no podría ser peor, por lo que dio un último beso, sintiendo como sus lenguas dejaban de danzar y mordiendo, con sumo cuidado, el labio inferior -reitero, de la boca- de la pelirroja antes de separarse.- Te quiero, Iki- Dijo a su diosa, con una mirada que rozaba la lujuria, admiración y el amor hacia su novia para, seguidamente, echarse atrás para dejar su espalda reposando en la nube, a la par que su diestra descendía, lentamente y con delicadeza, por el cuerpo de Ikirami, deteniéndose lo necesario en cada parte para que, su tacto, no lo olvidara cuando estuvieran separados, todo esto hasta que finalizó posando la mano en la cintura de Ikirami, tocando con el pulgar parte de las ingles de la marine y, con el resto de los dedos de sus glúteos.- El menda es todo tuyo, mi diosa, ahora y siempre ¿es o no es?- Declaró Garnet, tanto en términos sexuales como románticos y mirando con deseo y embelesamiento a la figura de la bella mujer mientras se mordía su labio inferior. Lo que la quería, lo que la deseaba y lo que la iba a echar de menos no estaba escrito ni en las estrellas que le daban luz en aquella ardiente noche de invierno.
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
