31-08-2023, 01:45 AM
No se había percatado de que ya no estaban solos en el local. Cuando entraron, no había nadie más, pero cuando empezaron a aplaudirla pudo ver que estaba bastante más ambientado. Aquello le dio un poco de vergüenza, pero sonrió. — ¡Muchas gracias! — Rápidamente buscó refugio al lado de Kovashi. Aunque él no parecía muy convencido de seguir con el juego. — No pasa nada, podemos dejarlo para otro momento. — Sonrió dulcemente, la verdad es que parecía irreal que fuera tan amable. Le dio un traguito a su bebida, llevaba un rato sin haber bebido nada y quería volver al ruedo, aunque estaba empezando ya a encontrarse mareadilla.
Sin que se diera cuenta, un par de hombres se acercaron a su mesa. Parecían la antítesis el uno del otro, al menos en el aspecto físico, porque ambos eran asquerosos y olían mal, y a ambos les prefería bien lejos, sobre todo en aquel contexto de alcohol que vuelve loca a la gente. El más delgado la halagó. Derya no tenía ganas de hablar con ellos, no le daban buenas sensaciones, pero tampoco le salía ser desagradable. — Gracias, no ha sido para tanto. — Dijo con una sonrisa, aunque podía notarse que era incómoda. El comentario ofensivo de Kovashi pareció ser recibido con risas. A Derya le sorprendió la sinceridad con la que hablaba, casi suelta una carcajada ella también.
Entonces se autoinvitaron a la mesa. Con la excusa de pagarles la siguiente ronda de bebidas, ambos se sentaron en el sofá con la pareja. Se presentaron. El que estaba sentado más cerca de ella era Doxy, un hombre barbudo y canoso con un cuerpo enorme que abarcó una buena parte del asiento, y el otro era J, un tio siniestro, con gafas y pelo a jirones negros. Derya se acercó aún más a Kovashi, apretando su cuerpo contra el de él. Su lenguaje corporal era claro, no quería estar cerca de Doxy, de ninguno de los dos, realmente. Y por el contrario, se sentía lo suficientemente cómoda con Kovashi como para buscar un refugio en su cuerpo.
La mirada de Doxy le puso los pelos de punta, sintió incluso un malestar físico que intentaba ocultar en su rostro, que no fuera demasiado evidente. Sin embargo, había que ser ciego para no darse cuenta de que la joven estaba incómoda de cojones. — Qué va... No ha sido nada. — Se repetía, pero es que estaba nerviosa y honestamente, no llevaba bien los halagos. Nunca sabía como responder a ellos. Si los aceptaba, parecería una creída, y sino podía dar la imagen de falsa humildad. Siempre era una encrucijada, esto de los halagos. Solo esperaba que las bebidas llegaran rápido, que se las bebieran rápido, y que se fueran rápido.
Sin que se diera cuenta, un par de hombres se acercaron a su mesa. Parecían la antítesis el uno del otro, al menos en el aspecto físico, porque ambos eran asquerosos y olían mal, y a ambos les prefería bien lejos, sobre todo en aquel contexto de alcohol que vuelve loca a la gente. El más delgado la halagó. Derya no tenía ganas de hablar con ellos, no le daban buenas sensaciones, pero tampoco le salía ser desagradable. — Gracias, no ha sido para tanto. — Dijo con una sonrisa, aunque podía notarse que era incómoda. El comentario ofensivo de Kovashi pareció ser recibido con risas. A Derya le sorprendió la sinceridad con la que hablaba, casi suelta una carcajada ella también.
Entonces se autoinvitaron a la mesa. Con la excusa de pagarles la siguiente ronda de bebidas, ambos se sentaron en el sofá con la pareja. Se presentaron. El que estaba sentado más cerca de ella era Doxy, un hombre barbudo y canoso con un cuerpo enorme que abarcó una buena parte del asiento, y el otro era J, un tio siniestro, con gafas y pelo a jirones negros. Derya se acercó aún más a Kovashi, apretando su cuerpo contra el de él. Su lenguaje corporal era claro, no quería estar cerca de Doxy, de ninguno de los dos, realmente. Y por el contrario, se sentía lo suficientemente cómoda con Kovashi como para buscar un refugio en su cuerpo.
La mirada de Doxy le puso los pelos de punta, sintió incluso un malestar físico que intentaba ocultar en su rostro, que no fuera demasiado evidente. Sin embargo, había que ser ciego para no darse cuenta de que la joven estaba incómoda de cojones. — Qué va... No ha sido nada. — Se repetía, pero es que estaba nerviosa y honestamente, no llevaba bien los halagos. Nunca sabía como responder a ellos. Si los aceptaba, parecería una creída, y sino podía dar la imagen de falsa humildad. Siempre era una encrucijada, esto de los halagos. Solo esperaba que las bebidas llegaran rápido, que se las bebieran rápido, y que se fueran rápido.
