No Compres: Adopta! (Pasado/Bai Mudan)
#11
No Compres: Adopta!
Zona Sur, Dia 20 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
Habría intentado encontrar reposo. Cerrando ambos ojos, rindiendo mi cuerpo sobre el frio trozo de cartón que por este momento llegaba a ser tanto para aquel vagabundo y como para mi un colchón, encontrando paz en la quietud, tal vez escondiéndome además, aunque no es como si hubiera idea preconcebida de que fuera a ser buscado ni que aquella hermosa mujer de piel canela fuera buena, incluso cuando en mi cabeza me parecía hermosa, entendí en mi descanso que no a todos les gusta la compañía de los gatos y acepte en silencio que cuando fuera abrir los ojos seguiría mi propio paso.

Las vibrisas nasales del gato entonces sintieron.
Había una figura acercándose y esta era alta,
Escuchando cada paso buscándole discernir,
Consciente y atento del silencio que acecha.

Pero, ¿que más daba sí alguien alto me buscaba? no era la primera vez y tras haber sido arrojado en un desapego tan abrupto tampoco iba a responder ante la comida o cualquier cosa puesta enfrente, pero decidí observar lo que me era ofrecido, encontrándome las manos de la mujer y habría cesado el movimiento curioso de mi nariz a razón de la desconfianza, sin intención de probar de la comida, sin saber por completo sus intenciones, decidí por fin que era tiempo de levantarme así que erguido sobre las dos patas traseras de gato camine hasta el vagabundo, quien me observaba con confusión.

No había palabras que sirvieran en el hombre.
Pero entendía que no todo era sobre la voz,
Razón por la que la imitaría en cierta forma,
Sacando del bolsillo un poco de dinero para.

¿Honestamente? no me importaba, era algo de dinero, pero esperaba qué si el hombre quisiera de algún capricho o de mejorar un poco su vida fuera una decisión suya, así había entregado mi dinero, una pequeña parte que podría gastar sin culpa, de manera que luego volví a mis cuatro patas para salir del callejón y encontrarme con la figura alta de la mujer, quien tenia pequeñas alas de blanco, ¿siempre había tenido aquel par de alas? no lo había notado la primera vez, pero comprendía que estaba emparentada de forma no tan alejada de los lunarian y eso me hizo aplacar mi decepción.

Aunque tampoco había algo que fuera a decir.
En primer lugar no sabia como comunicar,
Ni sabiendo imaginaba por donde iniciar,
De manera que mantuve la vista y espere.

‘¿Que buscas?’ señalaba mi mirada con sutileza, sin fruncir el ceño con molestia, o cualquier gesto de incomodidad, buscando saber sinceramente sus razones, sin comprender del todo sus tratos, pero negándome rotundamente en convertirme en la mascota que pegas cuando te da el gusto y que llamas en cualquier momento con un plato de comida, sin dudas, le juzgaba y observe firme.


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#12
Bai no quiso esperar. Aunque, a decir verdad, sí lo deseaba. ¿Quizás el temor al rechazo se estaba imponía sobre su voluntad? Era, sin duda, algo más que plausible. Así que que, en su retirada, lo único que atinó a hacer fue dedicarle al gato un leve gesto con la cabeza —un discreto símbolo de despedida—, para luego girarse sin ofrecer respuesta a la interrogante que el felino parecía formular con su mirada insondable. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? ¿Seguir desperdiciando el tiempo en algo tan curioso como revelador? Desde luego que…

Por su mente cruzó, con la fuerza de mil relámpagos, la idea de intentar hacerse comprender; junto a ella emergió también el recuerdo de la bitácora que guardaba celosamente en su habitación: las hojas amarillentas, el aroma a tinta vieja, los trazos de su puño y letra… ¿Qué era, en definitiva, más importante?

¿Debía seguir al prodigio zoológico que tenía frente a ella? A esa herida en la jerarquía natural, o, ¿quizás debía volver a su vida contemplativa dónde el centro del conocimiento era ella?

Pensando en esa disyuntiva se detuvo al llegar a la entrada de la calle, justo en el umbral del angosto callejón, y entonces lo comprendió: jamás había presenciado algo semejante, y precisamente por ello resultaba imprescindible consignarlo en sus notas. Sobre todo porque, sabía de buena mano que, depende de cómo lo contrara, incluso podría hablar de ese encuentro como el de uno con con un oráculo viviente.  Así que, al final, volvió a girarse hacia el animal, y de sus labios brotó, por primera vez en mucho tiempo, palabras suaves:
—Por favor, acompáñame, pequeño.

A esto le acompañó un gesto: una palmada suave en su muslo, y, de nuevo, le dio la espalda para salir de ahí.

¡Por supuesto que era una jugada arriesgada! Quizá la más arriesgada de todas; mas valía la pena intentarlo. Al fin y al cabo, los materiales que tanto buscaba podían aguardar. Y pensado eso, volvió hacia atrás, deshaciendo paso a paso el camino que había recorrido, hasta encaminarse otra vez hacia aquel diminuto y claustrofóbico cuarto del que, de cuando en cuando, se se escuchaban reververar incómodos gemidos.
#13
No Compres: Adopta!
Zona Sur, Dia 20 de Verano, año 16.
[Imagen: C6kX3Y6.png]
La palmada de la mujer tenia obvia intención. Pero, en todo caso solo era un humilde gato de color ¿como iba a entender la diferencia entre una indicación no verbal de seguir o de montarse encima?, tal vez un gato amaestrado pudiera comprender la diferencia mejor, pero dado que era un gato en cierta manera novato debo haberme aprovechado de la situación para interpretar el gesto al gusto, primeramente dirigiendo mi mirada tras la mujer quien ciertamente había logrado sin dificultad que la siguiera (sabrá solo el destino a donde), pues, había decidido que, ¿por qué no? ir detrás de ella.

Así, sin mucho más, luego de arquear ligeramente mi cuello y estando a su espalda, habría brincado hacia ella lo suficiente para quedar sujeto sobre la altura de su rodilla mientras que ella caminaba, entonces seguí subiendo con tenue pero constante impulso de mis patas traseras hasta que quede sobre la altura de su muslo con mis garras pero manteniendo la cara más en dirección a sus glúteos, olisqueando de manera curiosa mientras solo me quedaba observar con detalle por donde íbamos alejándonos y de vez en cuando, muy casualmente, hacia arriba donde ella, mirándola desde abajo.

Intente qué mis uñas no se clavaran demasiado.
Apenas aferrado por encima de sus prendas,
Tal vez raspando un tanto de su piel morena,
Más nada que no considerara muy necesario.

No había nada que pudiera comentar pues de todas maneras había comprendido que la bella ángel y yo no compartíamos un mismo idioma así que, tal vez por mera venganza, si clave garras cada tanto, manteniendo alerta de mi cuidado, pero buscar ninguna herida o sensación de verdadero peligro en lo que me iba abrazado entre el lateral y la parte posterior como un accesorio de lo más excéntrico, incluso de vez en cuando dirigiendo la mirada a los carteristas cercanos, a quienes con mucho menos cuidado propinaría de un golpe (zarpazo) que durante tres o cuatro cuadras esperaba ella no notara.

Aunque mi zarpazo había derribado al carterista.
¿me había visto? esperaba que no fuera así,
de manera que simplemente fingí no saber,
Y fingí observar sin entender al desmayado.

“¿Que le ocurrió al señor?” transmitía con la mirada, y luego desvié la mirada de nuevo hacia atrás o hacia el frente donde para terminar, solo porque me lo permitía, frotar mi cabeza aferrado en ella.


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#14
Un gesto de molestia se instauró en su rostro cuando las garras del gato rasgaron su piel tostada. En consecuencia, exhaló un suspiro entre dientes y lo apremió a que se moviera de donde estaba pues, al final, ¿a quién le gusta ser aruñado? Además, esa difusa línea carmesí que ardía podía haberse evitado si, el animal, simplemente se hubiera limitado a seguirle como un perro.

Negó con la cabeza.

Después, posó la mano sobre la cabeza del animal y le dió un suave tirón en la oreja más cercana, llamándole la atención por su comportamiento. Luego, sin volverse, emprendió el paso, ignorando el rumor que empezaba a crecer a su lado del oído. ¿Sería el gato quejándose?

Sin pensar más en ello, avanzó entre el gentío bullicioso, sorteando los cuerpos sudorosos de los transeuntes, y el gato —encaramado a su hombro— se removió inquieto, emitiendo lo que ella creía que era un maullido. Tampoco le dio importancia; en su mente sólo era un animal quejica que quería una gran comodidad cuando era imposible.

Pero entonces algo cambió.

Un murmullo distinto por parte del gato, discordante, recorrió sus nervios y le hizo sentir que algo andaba mal. Se quedó parada, volteó a todas partes pero... Nada. Todo parecía seguir su curso. Volvió a llevar la mano a la cabeza del animal para acariciarlo mientras le susurraba dulces y tranquilas palabras par si algo lo había molestado. Después, continuó andando hasta llegar a una pequeña tienda de abastos en la que, con un gesto, instó al animal a que eligiera algo para comer en lo que ella escogía un poco de fruta y pagaba.

—¿Listo para conocer tu nuevo hogar? —preguntó poco antes ponerse a pelar la naranja que había comprado.
#15
TEMA CERRADO


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