[Presente Relativo] Conteo regresivo | Social
#11
De la nada y de forma completamente injustificada, la furia de Runin se materializó en un sonoro golpe en la nuca del castaño. “¡Auch!” exclamó con dolor, apenas alcanzando a quejarse antes de sentir el pellizco en su mejilla que lo obligó a girar hacia la hermosa morena.

[Imagen: 5JWkhSo.png]

Los vocablos de Runin le hicieron imposible refutar algo. Una mezcla de dolor y miedo se arremolinó en su interior, dando origen a la idea de guardar silencio para no sufrir más daños generados por la señorita. “Pero yo que hice…” Dijo en su interior al tiempo que sobaba su nuca, para luego volver a peinar sus cabellos hacia atrás, bajando del carromanto según la orden de su compañera. “Mandona…” Se quejó en voz baja, desviando la mirada como una pequeña expresión de rebeldía. Obviamente se encargó de no decirlo tan alto como para ser escuchado.

Al regresar la mirada hacia el festival, el dolor se disipó y los ojos color miel de Ryota se detuvieron a contemplar el entorno. El festival lucía hermoso, rebosante de gente, con puestos de comida, risas y mujeres radiantes. Todo era tal como lo había imaginado cuando uno de los pescadores de la isla le habló sobre aquella celebración en el puerto.

Con el ánimo renovado, el collar con forma de ancla que pendía de su cuello reflejó la luz de las farolas, marcando el instante en que las palabras de Runin volvieron a hacerse presentes.

[Imagen: ZRsuaXk.png]

“Sí, nadie puede compararse.”

Respaldó las palabras de Runin; en el fondo, él también pensaba lo mismo, aunque desde una perspectiva más amplia. Ninguna chica podía compararse con otra: todas eran únicas a su manera. Y, por supuesto, ella era incomparable… alguien con quien compartía una historia que la hacía aún más especial.

Con agrado, Ryota tomo el equipaje de la hermosa joven y avanzo para ponerse a su lado.

[Imagen: FliGcn7.png]

“Claro, yo tampoco planeaba dormir. 
Apostemos 100 Berys a quien caiga primero.”

Respondió, dejándose atrapar por la complicidad única que existía entre ambos. Fue entonces cuando, al girar la vista, distinguió en uno de los quioscos del festival su dulce favorito. “¡Chicle!” exclamó con entusiasmo, acercándose apresuradamente al tendero para pedirle varios. “Bro dame una bolsa, por favor.” Tomó uno, lo llevó a la boca y sonrió con evidente satisfacción.

El festival apenas había iniciado.
[Imagen: ELRAliP.png]
#12
TEMA CERRADO


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