La primera pista [Pasado - Jin]
#11
La impotencia y frustración que experimenta es horrible. Siente unas ganas incontrolables de matarse, de ir a reunirse con todos los caídos donde sea que vayan los muertos para disculparse por no haberlos ayudado y recibir el castigo correspondiente. Seguramente eso sería mucho mejor que quedarse aquí, con los vivos, lamentándose para siempre.

Las lágrimas no dejan de caer desde sus ojos, su labio incluso llega a sangrar de lo fuerte que lo muerde. Da golpes desesperados al vientre del cadáver, solo descargando una ira que no tiene fin. Bien dicen que los tipos más callados son los más intensos cuando llega el momento de expresar lo que sientes, y Kiyoshi está siendo la prueba viva de que eso es cierto.

La respiración se le escucha pesada y lenta, pero aumentando el ritmo cada vez más rápido. Pareciera incluso que está cerca de sufrir un ataque al corazón o algo similar, pues toda la situación está superando por mucho sus capacidades tanto físicas como mentales. — Quiero morir, quiero morir, quiero morir… — Pues en este momento, ni uno, realmente ninguno, no ve motivos en su vida para querer seguir adelante.

¿Acaso deberá enfrentar esto cada vez que deba ir a por la verdad de sus padres? ¿Tendrá que resignar su vida como médico y deseos de ayudar a la salud de las personas, para así entregarse a un destino que solo lanzará muerte delante de su camino? Si tuviese un cuchillo o algo similar en este momento, probablemente estaría buscando suicidarse sin pensárselo demasiado. Su cabeza no está en buen estado y es evidente a los ojos de todos, aunque bueno, actualmente vivo solo se encuentra Jin. Todos los demás murieron a manos del mismo Kiyoshi, a excepción de Elena.

Sin darse cuenta, sin ser consiente de lo que hacía, Kiyoshi provocó una matanza, fue el autor de un hecho que, en cualquier otro contexto, él mismo catalogaría como despreciable. Pero hoy es distinto, no es el mismo hombre de siempre, aquel sereno, calmado, calculador. Se está mostrando como es en el fondo, un tipo débil, asustadizo, con falta de confianza y falta de deseos de vivir. La máscara se le ha caído y solo una persona es testigo de esto.

Escuchar la voz de Jin es lo que le saca de ese trance tan pesimista y doloroso en el que se encuentra. Al fin levanta la cabeza y enseña ese rostro con ojos muy hinchados y rojos producto del llanto. — ¿Qué dices? — Por su tono, claramente lo dice enfadado. No le gusta nada lo que escucha. — ¿Quién te crees que eres para decir eso, imbécil? — Se pone de pie, ayudado por la adrenalina, para olvidar cualquier tipo de dolor que esté soportando su cuerpo. No olvidemos que fue muy golpeado hace poco tiempo. Dentro de un rato, eso le pasará factura, pero, por ahora, es como si estuviese en condiciones perfectas.

— Era tu labor defenderla, me arriesgué para que te la lleves y por algún motivo llegaron ambos separados a este lugar. ¿Es que acaso no eres capaz de hacer nada bien? — No, no, si es que no quiere oír ninguna palabra más que venga desde este tipo. Desafortunadamente para Jin, al ser el único ser vivo que está presente, será en quien descargue su frustración. Todos en la vida pasan por la maldición de estar en el lugar incorrecto es el momento menos preciso.

Sin importarle lo afectado por la inyección que pueda estar el yakuza, porque de plano ni se percató de todo eso, se le lanza encima para derribarlo al suelo. Lo acorrala contra la tierra cargando su vientre con la cadera, y utilizando las piernas como celda. Puede usar su brazo bueno si quiere, o si es que puede. Lo que es relevante es que Kiyoshi no pierde segundo en comenzar a golpear con todas sus fuerzas el rostro de Jin, sin importarle el daño que pueda causarle.

— ¡ES TU CULPA! ¡TU CULPA! ¡TU CULPA! ¡TU CULPA! ¡TU CULPA! ¡TU CULPA! ¡TU CULPA! — Golpea luego de cada pequeña frase, repitiendo una y otra vez, retomando las lágrimas de antes, pues vuelve a llorar. Está desatado. — ¡Todos ustedes son unos imbéciles! ¡Unos tontos! ¡Creen que pueden jugar con la vida de las personas! — Parece que los puñetazos no son suficientes, pues incluso mete los dedos en las cuencas de sus ojos, como si quisiera quitárselos. Afortunadamente, no posee la fuerza para hacer eso, pero el dolor y el miedo a que suceda debe estar latente en Jin.

O quizás no… ¿Será que disfrutará todo este castigo que le está dando Kiyoshi? Es un tipo raro. Menos mal el médico no se dio cuenta de la reacción que tuvo el cuerpo ajeno cuando lo torturó días antes. ¿Hoy Jin sufrirá lo mismo o demostrará que no está tan enfermo de la cabeza?

Aparta los dedos de los ojos, pero las manos no se quedan quietas y ahora aprietan su cuello. Si bien Kiyoshi no es el tipo más fuerte del mundo, sino que todo lo contrario, la ira fortalece incluso a los más débiles, por lo que pueden verse hasta las venas en esas manos tan delgadas, producto de la fuerza que aplica.

— Ni creas que me detendré. Tenemos un contrato y te obligaré a que lo cumplas, te obligaré a que la próxima vez seas tú quien deba recibir ese cuchillo en el cuello y no alguien inocente. — Refiriéndose a Elena. — He perdido a todos los que he querido o me han querido, ¿sabes lo que es eso? Perderlo todo, que no quede nadie. — Porque por mucho que no haya tenido sentimientos románticos hacia esa mujer, sí reconocía los sentimientos de ella y los intentaba valorar a su manera. — Cumplirás con nuestro trato, o yo me aseguraré de encargarme de quitarte a cualquier ser querido que te quede. No dejaré que esto termine así, no puedo… — Nuevamente es atacado por la tristeza, así que suelta su cuello un momento…

¿Qué pasará? ¿Jin entenderá este comportamiento de Kiyoshi o reaccionará mal? Ya queremos saber la respuesta.
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#12

¿Dónde estaba? ¿En qué estaba…? No lo sabía, ni siquiera supo qué estaba ocurriendo del todo en su entorno. Era todo lejano, cada vez más. Solo podía verse en el suelo, la corbata arrugada. ¿Lo golpeaban? ¿Estaba soñando? De no ser por la droga que ahora incrementaba su efecto, probablemente habría podido sentir el dolor, o lo que fuere. Cierto, había dolor, la sangre caía por su rostro a cada golpe, pero todo era borroso, su mente parecía estar viajando en otro mundo.

Sus manos se alzaron instintivamente, temblando. Los ojos, sabía que sentía algo molesto en sus propios ojos. ¿Era dolor? Era más bien la sensación de que sus propias cuencas entraban, como si fueran a estallar, pero a su vez era tan irreal que no sabía sentirlo. No, no hubo reacción, no existió. Ahora luchaba con un yo que se estaba alejando. Estaba cuerdo, pero todo lo percibía y veía como si fuera lejano, como si se encontrase dentro de un sueño. Lo único que podía escuchar era al contrario clamando que todo era su culpa. ¿El qué? Sí, claro, eso… Elena, la chica… ¿Estaba viva? ¿Había muerto? No, creía recordar un cuchillo… Ella tendría que haber obedecido, pero no había sido el caso. Maldición, su mente se nublaba otra vez.

Solo percibió la situación en la que se encontraba una vez que el contrario finalmente se apartó. No abrió los ojos al momento, incluso si estuviera en las mejores condiciones no podría. Nadie sufre algo semejante sin que los glóbulos oculares no sufran daños. Ahora solo sintió algo, sí, esta vez lo sintió. Faltaba aire. Sus dos manos ahora se posicionaron en el contrario, incluso en su pelea interna por mantenerse cuerdo bajo el efecto de la droga.

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Incluso si intentase abrir la boca, no iba siquiera a poder hablar, las palabras se ahogaron entre la falta de aire, el cual ni siquiera podía salir. Al menos gracias a eso pudo, más o menos, volver en sí. Veía la furia de Kiyoshi, el rostro que parecía no tener forma ahora lo podía apreciar cargado de dolor y furia. Quizás también frustración. Al fin comprendía qué hacía allí, y por qué estaba allí.

Al fin, aire. Comenzó a toser gracias a que el aire al fin regresó a sus pulmones. Su mano se encontraba en su garganta a la vez que intentaba retomar el aire en sus pulmones. La saliva corría de entre sus labios, como si hubiera estado atascada en algún momento. Sintió la sangre ahora correr por su rostro, quizás sí era sangre, o quizás solo su propia imaginación dentro del efecto de la droga. Ahora sí, logra, al fin, abrir los ojos, los mismos se encuentran inyectados en sangre y no por ira ni frustración, sino la mezcla de que el contrario hubiera apretado los mismos y, a su vez, también el hecho de que la droga siguiera en su organismo. ¿Qué diablos le habían dado?

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Se incorporó, había logrado escuchar partes de las palabras de Kiyoshi, pero más que suficiente para saber que había descargado en él toda su ira. Terminó de levantarse, primero apoyándose de sus codos. Su cabeza seguía dando vueltas, le costaba ponerse en pie y ahora comenzaba a sentir el derramamiento de la sangre que estaba manchando su traje. ¿Seguía con las balas en su cuerpo? Se puso de lado, tratando de incorporarse en su lamentable estado, pero ahora un poco más ubicado, al menos dentro de lo que podía.

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—¿Ya te... sientes… mejor…?

No podía ni enfocar la mirada directamente hacia el joven, solo luchaba para que todo a su alrededor dejara de sentirse tan lejano, luchar con su propia mente para no volver a confundir la situación en la que estaba. Eso no significaba que no comprendiera lo que hacía, ni el por qué lo hacía. —¿O vas a seguir… un poco… más? — sus palabras sonaban débiles, suaves. Tenía que respirar a cada palabra que pronunciaba y luchar contra todo su propio cuerpo para poder ubicarse. No era la primera vez que había visto a alguien descargar su furia, ya fuera contra él o cualquier otro. No lo culpaba tampoco, por lo contrario, lo consideró tan natural que era sorprendente incluso en el lamentable estado en el que se encontraba. —Lo… siento… por la… señorita… Y por... ti... — Ah, maldita sea, tuvo que volver a cerrar los ojos, el picor lo estaba comenzando a afectar, sacudió incluso su propia cabeza para reubicarse otra vez. —No olvido… el… contrato… Kiyo…shi. — ¿Se estaba desangrando? ¿O solo era su imaginación? No lo recordaba, incluso cuando su costado seguía manchando el traje de su propia sangre, y su propio rostro ahora goteaba el líquido carmesí. Todo era demasiado confuso. No sería siquiera capaz posiblemente de salir por su propia cuenta hasta que el efecto de la droga pasara... si es que no moría antes desangrado.
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#13
Lo ve malherido, en un estado lamentable, y en gran parte por culpa suya. Kiyoshi es un médico con vocación. No se dedicó a esta profesión por gusto en el dinero, tampoco por presión ejercida por sus padres. Desde pequeño quiso enfocarse en esto para lograr que el resto tenga una buena salud y no sufra tanto como él. Por lo mismo, que sus manos en vez de dar vida, estén provocando muerte y sufrimiento, causan en él un sentimiento negativo. Una tristeza y un enojo consigo mismo que no puede controlar.

— Qué hago… Qué estoy haciendo… Yo no soy… — Aún ayudado por la adrenalina, se aleja unos cuantos metros de Jin, ignorando sus intentos de levantarse porque no se atreve a mirarlo de frente. Dentro de su cabeza hay muchas dudas. Una parte de él es duro consigo mismo y le critica el convertirse en otro de todos estos malditos expertos en causar daño. Pero otra parte es más comprensiva, y se fusiona más con el odio.

La ira, el rencor, todo se acumula dentro suyo. ¿Acaso no son todos merecedores del castigo que le has propiciado? Quizás sí, quizás no. Ninguno traerá de regreso a Elena, tampoco a sus padres. Pero matarlos, incluso golpear al yakuza, todo ha sido… fascinante, increíble. Liberar la frustración de esa forma, desprenderse de un fuerte peso sobre sus hombros, aunque su mente se vea cargada de pensamientos, su cuerpo luce más relajado.

— Relájate, tonto, ya está… No puedes cambiar nada, solo avanzar. — Voltea hacia atrás cuando Jin le habla, mostrando aún lo mal que está producto de tanto castigo. Kiyoshi se muerde el labio inferior y luego suspira. Mientras busca su comunicador dentro de su ropa, pone en práctica distintas técnicas de respiración que le permitan seguir de pie. Sabe que él también sufrió mucho daño y que, si sigue parado es meramente por una reacción momentánea de su cuerpo. Una vez la adrenalina se esfume, estará bastante mal. Solo espera que, para entonces, ya esté lejos de aquí.

La persona que llama a través del Den Den Mushi es el doctor que lo atendió a él, trabajador de Jin. Antes de venir hasta aquí, le pidió en secreto su contacto para así comunicarse con él en caso de necesitarlo. Rechazó de buenas a primeras, pero Kiyoshi pudo fácilmente convencerlo.

— Oye, tonto, no pierdas el tiempo. Estamos donde sabes. Ven rápido a tratar a tu amo o quizás pierde la vida. Yo no tengo ni el equipo ni la mente clara como para atenderlo. Corre o solo verás su cadáver.
— ¡O-oye! ¿Qué estás…? — No alcanza a terminar su frase, pues Kiyoshi corta la llamada.

Da unos últimos pasos hacia el moribundo Jin y le dirige una mirada llena de odio, pero una que no es solo hacia él, sino que hacia todos, hacia este mundo lleno de corruptos y criminales. Para él, todos son iguales. Por mucho que tenta un trato con el Onizuka, no excluirá a los Yakuza de todo aquello que considera directamente basura.

— Te llamaré para cerciorarme de que viviste o moriste. Si sigues vivito y coleando, el contrato seguirá en pie. Estaremos en contacto. No pienso huir, esto apenas comienza. — Una vez dicho eso, procede a retirarse de la zona. Seguramente cuando ya se aleje lo suficiente, se lanzará al suelo para descansar y esperar a que pase el dolor ocasionado por tanto golpe sufrido. De seguro tendrá varios días de sufrimiento en lo que se recupera, así que planea usar otra vez el den den mushi para llamar a algún conocido que vaya a buscarlo.

Aquí termina este fatídico capítulo, siendo uno clave que siente las bases para que, en el futuro, Kiyoshi termine aceptando la propuesta de arrojarse a los mares convertido en pirata. Quedarse quieto, solo esperar y depender del resto no cambiará nada.

Debe hacer las cosas por su cuenta, pues no vale la pena dejarle el trabajo a los tontos. Eso lo tiene más que claro.

— Esto también irá por ti, Elena. Solo sigue observándome.
[Imagen: u2oxCl9.png]

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