Hyákinthos
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
128
106
72
55
112
101
92
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25
0
¿Hace cuánto que no corría tanta adrenalina por su cuerpo?
Cuando era más joven acostumbraba a pelearse seguido con algunos de sus compañeros de su antigua tripulación, con otros piratas, con civiles y, por supuesto, con alguno que otro marine en algún bar.
Sí, de adolescente no era tan delicado…bueno, al menos eso era lo que podía recordar, los momentos vividos después de sus quince años, cuando sus memorias comienzan, pues antes de esa edad, antes de despertar en la celda de ese viejo barco pirata, solo hay un océano oscuro de información a la que no puede acceder.
En otro momento se habría sentido mal por su falta de memoria, pero, ahora…solo sonrío.
Recordó lo ideal, el momento justo en el que no le importaba mancharse los puños directamente, cuando otros se atrevían a pararse frente a él para encararlo y él se atrevía a responderles… ¿Cuándo se había vuelto más cuidadoso y delicado?
Bueno, no importaba, quería golpear a ese marine, quería golpear a Rafael y, sobre todo, a los guardias que actuaron como idiotas y permitieron que los descubrieran. Toda la situación era un mal chiste, uno que mantenía su adrenalina por las nubes y; sin embargo, debía controlarse…porque lamentablemente, aunque la situación lo emocionara, no podía comportarse como cuando era más joven…no podía irse a los puños, debía negociar. No había otra forma, la “batalla” sería con palabras.
Dejó escapar una risa que sonó más como un bufido de burla, algo que no temió en mostrar cuando escuchó las primeras palabras que el marine le dirigió.
—¿Cómo sabes que esta persona es inocente e indefensa? Además…No es hipocresía si no soy quien empezó el juego, es solo…una reacción a tu acción. Si te hubieras ido antes, este chico no tendría una jeringuilla tan cerca de su cuello —. Tendría sierras y bisturíes pasando por su cuerpo, pero eso no tenía que saberlo el pelirrojo. —Y… disculpa… ¿Quién ha dicho que no te respeto? Si no lo hiciera no me habría tomado la molestia de protegerme de esta manera. Míralo así, te respeto tanto como para preocuparme por tu presencia ¿No es suficiente?
Necesitaba hablar, ganar tiempo con la esperanza de que los guardias heridos se recobraran, aunque por los quejidos al otro lado de la habitación, dudaba mucho que eso ocurriera pronto. Chasqueó la lengua, esto estaba mal, demasiado mal.
—Y respondiendo a tu pregunta: No, yo no apuntaría con un arma a quien crea que va a atacarme —. Hizo una pausa, como si pensara si pronunciar o no sus siguientes palabras, pero, finalmente, terminó cediendo ante ese impulso idiota, el mismo que lo motivaba cuando era adolescente. —Yo dispararía sin pensarlo dos veces. Eso debiste hacer tu desde un inicio también ¿No lo crees? Te habrías evitado esta situación.
La mano que sostenía al muchacho se aferró con más fuerza alrededor de su brazo y, la que sostenía la jeringuilla no cedió ni un momento de su lugar. Su pulso era firme, como el de un buen cirujano y, con eso, dejaba en claro, que no cedería tan fácil ante la situación…bueno…no ahora que negociaba con la vida de Rafael y la de su mercancía… ¿Por qué tenía que pasarle esto? Todo iba tan bien.
En otro momento habría dejado morir al rubio…claro, si ese rubio fuera cualquier miembro de ese grupo mafioso con el que ahora trabajaba mano a mano, pero no, siendo la mano derecha de uno de los altos rangos, no podía entregarlo así nada más, eso no sería bien visto. Suspiró…cansado. Hablar no servía, los otros hombres seguían sin responder y el rubio seguía con una flecha apuntando directo a su cabeza.
Volvió a morder sus labios. Tal vez lo mejor sería moverse, intentar llegar con el pelirrojo marine, pero, antes de que su cuerpo pudiera reaccionar para atacar, la voz del chico volvió a escucharse, no para burlarse ni para amenazar, al menos no de manera directa, si no para negociar… ¡Bingo! De algo le había servido ser tan hablador.
Lo escuchó con atención y, en verdad, poco podía importarle lo que le ocurriera a los guardias, después de todo, ellos, a diferencia de Rafael, eran más reemplazables, pero si el marine creía que en verdad les importaba la vida de ese par, podían usarlo a su favor…además, así como su mercancía, los guardias eran dos. Salían ganando, no importa como lo vieran.
—Te dejo a los dos chicos y nombre no hay —. Sostuvo bien al que tenía aun frente a él y miró hacia la celda abierta con el otro muchacho dentro, no sería difícil sacarlo, pero no quería darle la espalda al marine y sabía bien que el no bajaría el arco para cargar a los muchachos, pues se quitaría la única ventaja que tenía en un 2 vs. 1, así que, el médico giró su cabeza hacia Rafael…sabía que al hombre no le gustaba hacer el trabajo pesado, pero ahora tendría que hacerlo si quería mantener sus sesos en su lugar.
—Deja que mi compañero cargue al otro muchacho —. Sabía que Rafael tenía una pistola en algún lugar, lo que no sabía Hyak es que esa arma ahora era visible para el pelirrojo estando Rafael de espaldas, después de todo, la llevaba en la parte de atrás de su cinturón, pero...sin esa información, el médico seguía pensando que si el rubio se alejaba lo suficiente, tal vez podrían terminar con esto sin más demora. —Alguien tiene que llevarlo a la salida y no creo que ese quieras ser tu…no si eso implica bajar tu arma ¿O me equivoco? —Lo miró con seriedad, dejando de lado cualquier rastro de burla que pudiera haber mostrado antes.
—Otra cosa, será mejor que olvides nuestros rostros y todo lo que pasó esta noche…porque las personas con las que trabajamos podrían encontrarte fácilmente y eso no sería bueno para ti…a ellos no les importa mucho la autoridad ¿Sabes? —No lo dijo a modo de broma, era una advertencia seria, algo que se notó en el tono grave de la voz del pelirrosa…aunque, a pesar de esa seriedad que intentaba demostrar, temía que ahora su rostro fuera conocido…temía aparecer en el periódico. No quería que le pusieran un precio a su cabeza.
En ese instante, Rafael reaccionó. Sus manos seguían elevadas a los lados de su cabeza, pero sus piernas se movieron un paso hacia adelante.
—¿Qué estás haciendo? No podemos…
—Sí podemos. Aceptaremos el trato. Podemos encargarnos luego de las consecuencias —. Y con eso, dejó implícito para el rubio, que tenía un plan para no quedar mal con sus clientes. —Ahora, ayuda al marine a cargar al chico hacia la entrada, por favor.
Miró al marine pelirrojo, esperando que este dijera algo o al menos hiciera una seña de que aceptaba la ayuda del rubio para cargar a una de sus víctimas hasta la puerta.
Bertram Gaufrid
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
37
103
130
130
100
105
59
57
50
0
El jvoen arquero mantenía el arco apuntando al rubio, no con la misma tensión que antes pues la idea era llegar a un acuerdo y lograr salir de allí con los dos jóvenes en lugar de iniciar una pelea que, para el momento, el joven marine no tenía las de ganar, estaba en una clara desventaja numérica, motivo por el que decidió tirar por la ruta de la negociación, ofreciendo algo de valor para los culpables, como por ejemplo la opción de salir libres e ilesos de allí a cambio de dejar a sus víctimas libres también. En otras circunstancias el joven contramaestre hubiera avisado a sus compañeros para que enviaran refuerzos, con un grupo de reclutas bastaba para disuadirlos de pelear y que se entregaran sin necesidad de derramar sangre y mucho menos matar a nadie, algo que el arquero detestaba hacer. El joven pelirrojo intenta razonar con el pelirosa, quien parecía ser a quien llamaron para hacer el trabajo sucio, podía ser alguien que compartía el pensamiento de los que lo organizaron todo o simplemente alguien que no encontró otra forma de ganarse la vida, igualmente en ese momento era a quien debía convencer de dejar al pobre muchacho libre y no le inyectara lo que fuera que tuviera en esa jeringa.
Tras las palabras del hombre Bertram lo miró con calma, no sin antes ver el arma en la cintura del rubio y saber que no debía descuidarlo, pero igual no mostraría conocimiento de ello, prefería tener cartas ocultas en lugar de exponerlo todo. Su mirada se fija en los ojos del hombre que sostenía a la víctima, quien decía algo que tenía cierto punto de razón, Bertram no tenía cómo saber si eran inocentes e indefensos, solo lo estaban siendo en ese momento, además de escuchar su explicación sobre el respeto. Bertram recordaba situaciones así de hace tiempo, gente que aprovechaba su fuerza, poder e influencia para hacer lo que quisieran creyendo estar por encima de las consecuencias de sus actos, como los que le arrebataron a toda su familia. Recordar eso hizo que la mano que sostenía el arco apretara con más fuerza, pero el joven mantuvo la expresión invariable y habló con el mismo tono que antes
-Puede que tengas razón y no sepa si de normal son inocentes e indefensos, pero ahora mismo lo único que veo es dos sujetos aparentemente drogados e incapaces siquiera de saber lo que les está ocurriendo, sir.-
La mirada del joven arquero se fijaba en todo lo que había en el lugar, mientras sus oídos permanecían atentos a los guardias, en el momento que escuchara que intentaban tomarlo por la espalda, el joven arquero no dudaría en disparar al rubio si era necesario. Cuando el misterioso pelirosa mencionó lo de que él hubiera disparado el joven arquero se rio y dijo
-A diferencia de ti, yo prefiero evitar dañar a los demás de ser necesario, la mayoría de las veces la amenaza es suficiente. Además, pareces demasiado preocupado porque le ocurra algo al rubio por lo que deduzco no es tan prescindible como pueda aparentar.-
Su acto de morderse el labio indicó a Bertram que sus sospechas eran apropiadas, el rubio era alguien a quien no podía dejar morir, al menos no de forma que pudieran culparlo a él de su muerte, por lo que tenerlo controlado fue la decisión acertada. La idea era simple, salvar a los muchachos a cambio de que los guardias de afuera tomaran su lugar o ellos hicieran lo que quisieran con ellos, no le importaba, y al parecer el sujeto de la jeringa aceptó, pero no dio nombre a lo que el contramaestre lo miró y se mantuvo en silencio, escuchando con atención la propuesta del hombre, diciendo que dejara que el rubio llevara al otro chico a la puerta, pues no estaba en condiciones de caminar y llevarlo el marine implicaría perder el único control que tenía sobre la situación. Tras eso mencionó a los jefes y que era mejor olvidar lo ocurrido allí y también la discusión entre ambos, a lo que el arquero sonrió y dijo tras un leve movimiento de cabeza
-De acuerdo, pero primero que deje el arma junto a mí, no quiero sorpresas luego, sir. Además, necesitaré sí o sí el nombre de uno de ustedes, no importa quien quiera ser considerado el responsable. Puede ser el rubio o tú mismo, pero prefiero tener un control sobre los sospechoso que me encuentro, además, eso hará más sencillo evitaros a futuro para poder seguir tu consejo, sir.-
La mirada del joven arquero permanecía fija en el pelirrosa y en el rubio, no confiaba en que no fueran a tratar de hacer algo, además podían usar ese momento como una distracción para intentar atacarle, motivo por el que prefería que al menos no tuviera el arma a mano.
Hyákinthos
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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106
72
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Claro, se había delatado, aunque por un lado le aliviaba saber que Rafael estaría bien, así habría menos cosas que explicarles a los encargados de organizar todo. Por supuesto, el médico haría notar de que no tuvo la culpa de nada de lo ocurrido esta noche y que, incluso, había ayudado al rubio en el problema en que se metió. ¡Bingo! Al final, en medio del caos, podía ver una luz.
—Ya lo escuchaste, Rafael —dijo su nombre a propósito ¿Qué importaba ya? De todos modos, antes lo había pronunciado delante del inesperado visitante, así que decirlo una segunda vez no haría una gran diferencia. Mataba dos pájaros de un solo tiro, le daba la orden al rubio y el nombre que quería el marine.
—Esto no acabará bien, Doc…
El rubio refunfuñó, pero a pesar de todo, una de sus manos se dirigió a su cinturón, en donde tenía el arma. En cualquier otro momento habría atacado, de hecho, lo pensó cuando sintió el metal frío de la pistola entre sus dedos, pero…con la presión de la punta de la flecha apuntando directo a su cabeza, sabía que hacer algo estúpido significaba perder la vida al instante. Sí, intentar disparar era una pésima idea.
Chasqueó la lengua y tomó aire, todo mientras sujetaba la empuñadura del arma entre sus dedos. Tan cerca y tan lejos. Al final botó el aire que antes había inhalado y dejó caer la pistola en la mesa que estaba justo al lado del pelirrojo.
—¿Contento, marine? Ahora déjame buscar a ese muchacho al que tanto deseas liberar —espetó Rafael mientras que daba unos cuantos pasos al frente, aun poco decidido a actuar, pues sentía todavía el peligro latente tras su cabeza.
—Supongo que eso sería suficiente ¿No? —Ahora fue el pelirrosa quien habló. No se había movido de su lugar, pero había ajustado mejor el cuerpo del chico que tenía frente a él, pero sin apartar la inyección de su cuello. No quería que las cosas pudieran ponerse peor, aun necesitaba un rehén. —Ahora eres libre de ayudar con el chico… ¿Qué esperas? Rápido, te recuerdo que estamos en esto porque dejaste la puerta abierta y…la verdad, entre antes salgamos de este asunto, mejor para mí, solo quiero descansar —. En ese momento miró al pelirrojo, dándole una leve señal, con sus palabras, de que no tenía intención de que las cosas escalaran más si no era necesario. Las ganas de golpearlo seguían ahí, pero tenía que controlarse.
—Jmp…no creas que mandas, doctor —. A pesar de lo dicho, el rubio caminó hasta la celda y sacó de esta a la segunda víctima de la noche. No dudó en tirárselo al hombro, algo que resultó fácil, pues el sujeto estaba tan sedado que apenas y podía moverse de manera correcta. No tenía voluntad alguna para oponerse a cualquier cosa que quisieran hacerle…tuvo suerte de que llegaran a salvarlo. —Parece que alguien allá arriba cuida bien a estos dos —. Comentó el rubio, irónico, antes de salir de la celda con el muchacho al hombro, eso le dificultaba moverse, actuar o, si quiera, pensar en agarrar el arma.
—Sí, como sea…Ahora dejemos a estos dos arriba, en el callejón —. El médico se movió y, para ello, tuvo que alejar la inyección del chico, además de tirárselo al hombro para cargarlo como un saco de papas, eso sí, luego de asegurarse de que no se le cayera, volvió a usar la inyección para mantenerla cerca del cuerpo del muchacho. —Pelirrojo, no intentes nada estúpido ¿Sí? Porque la amenaza no cambia, si intentas algo contra mi compañero o contra mí, este chico sufrirá una muerte agonizante. Te lo aseguro.
El rubio sonrió de medio lado, aunque en su rostro se podía leer hartazgo más que complacencia y, luego de escuchar al médico, también caminó hasta alcanzar la puerta que los separaba del almacén principal, en donde los dos guardias distraídos seguían quejándose por culpa de las heridas que habían recibido de parte del pelirrojo.
Mientras tanto, tras el rubio, el médico lo siguió, caminando de manera casual, como si nada de lo que estuviera pasando pudiera afectarle, aunque lo cierto es que su mente se dividía entre la preocupación y la adrenalina, de hecho, a diferencia de su compañero, no se detuvo a sentir lástima por los que resultaron heridos, al contrario, siguió de largo hasta que sus pasos lo llevaron a la escalera por la que había entrado. No dijo nada en el camino, solo esperaba que el pelirrojo los siguiera para guiarlo a la salida.
Cuando por fin llegaron arriba, la puerta seguía entreabierta. Rafael no tuvo que hacer más que empujarla para salir del sitio y, una vez ahí, dejó caer al drogado muchacho al suelo, sin cuidado alguno, haciendo resonar el piso terroso con la carga, en cambio, Hyak, tarareando una melodía tranquila, depositó el cuerpo del chico con cuidado al lado de la puerta, recostado a la pared del callejón. Parecía un gesto muy contradictorio al resto de su comportamiento dentro del lugar, dispuesto a herir sin importarle las consecuencias.
—Cumplimos nuestra parte, marine —dijo el pelirrosa, arrodillado a un lado del cuerpo, observándolo como si se tratara de una pintura en un museo. —Ahora cumple la tuya, llévate a los chicos y vete lejos de aquí. Olvida todo. Nadie tiene que saber lo que viste o lo que sucede en este lugar…supongo que alguien con el honor que profesas puede hacer algo así de simple —. En ese instante, el doctor se levantó del suelo y metió sus manos en los bolsillos antes de adentrarse de nuevo hacia la bodega, seguido por Rafael, que bajó las escaleras enseguida. Cherry, en cambio, prefirió dar una última mirada hacia atrás, como si intentara memorizar el rostro del chico…una lástima que su memoria se lo impediría.
—Buenas noches, chico —. Antes de cerrar la puerta, esta vez como debía ser, el pelirrosa le sonrió al marine con amabilidad, gentileza…podía leerse algo de inocencia en el rostro del pirata, contrastando con la verdadera naturaleza de este, una más fría y, en realidad, aunque no lo aparentara, esa última sonrisa era parte de esa misma frialdad, representaba el cinismo de alguien que no temía mostrar un rostro ingenuo aun cuando su alma estaba corrompida hasta el núcleo.
La puerta se cerró. Ahora el acero los separaba y, con eso, el médico bajó las escaleras tarareando la misma canción que tarareó mientras subía. Ahora que el peligro había pasado, estaba más “tranquilo”, por más que supiera que, apenas bajara, tendría que encargarse de los guardias y, de paso, limpiar todo para salir de ese lugar cuanto antes, después de todo, no podían arriesgarse a quedarse en un sitio que ya había sido “localizado”. Era tiempo de una mudanza.
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