[Pasado] Gracias por sobrevivir
#11
Ya ni sabía en qué momento se había acostumbrado a aquel apodo, siendo más normal escucharlo que su propio nombre, y se rascó un poco el mentón, observando a quien fuera que se le acercara demasiado, siendo su modo de proteger al gigante, aunque no fuese necesario con lo gigante que era y ella apenas le llegaba a las piernas. Con tranquilidad, se quitó las gafas, sacando un pequeño estuche y lo guardó.

—Estoy aprendiendo a vivir— Escribió con calma. —Eso es lo que aprendo de ti, no hay una forma correcta, hay varias formas. Cuando fui una esclava, me pasaba la mayoría del tiempo encerrada en una celda, imaginándome mi vida cuando saliera de allí, sería una mujer fuerte, revolcándome en aventuras, en cambio, lo primero que hice fue conocerte y llorar— Se llevó una mano a su frente, masajeando en círculos. —Sigo avergonzándome un poquito, pero viéndote llorar, me hace recordar que está bien que me tome mi tiempo, un paso tras otro; está bien dejarme llevar por mis emociones mientras no me destruya en el proceso.

Lo siguió con tranquilidad y silencio, una vez llegados, colocó ambas manos en la barandilla, casi teniendo la impresión que iba a caerse, pero no lo hizo, mirando en dirección al mar, buscando ignorar la vocecita que le decía que no debían de estar ahí, hasta ahora, siguió todas las normas, se merecía un pequeño descanso y cerró sus ojos, disfrutando del sol mientras dejaba a Kazan con sus cosas, estirando un poco sus alas, dando la sensación que en algún momento podía echar a volar, sin embargo, se alejó antes que se le cruce la idea de lanzarse por el borde.

Observando por unos segundos, las flores debajo de ellos, hasta que sin aviso alguno, fue directo a intentar sentarse o más bien escalar las piernas del hombre para sentarse en su regazo y estiró su cuerpo.

—Haz lo que tú quieras— Le enseñó lo escrito. —Algunos lloran solos, abrazados a la almohada, a otros les gusta abrazar personas; algunos lloran enfadados… Yo suelo hacerme pelota y, cuando terminaba, disociar mientras miraba a la pared— Se encogió de hombros, con una sonrisa nerviosa. —Tú, sin miedo— Estiró su mano hacia arriba, hacia él. —No te abandonaré— Sonrió, moviendo sus alas.
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#12
Kazan observó a Seraphine escalar sus piernas con determinación. El wotan permaneció inmóvil durante el proceso, no por incomodidad sino porque cualquier movimiento suyo podría desestabilizar su ascenso precario de la joven y acabar en una tragedia. Leyó lo escrito en el cuaderno que Seraphine sostenía entre sus manos con cuidado, a fin de cuentas era su forma de relacionarse con el mundo. "Haz lo que tú quieras. Algunos lloran solos, abrazados a la almohada, a otros les gusta abrazar; algunos lloran enfadados... Yo suelo hacerme pelota y, cuando terminaba, disociar mientras miraba a la pared. Tú, sin miedo. No te abandonaré." Kazan tocó sus cuernos con una mano mientras procesaba acaso el tenia una manera predeterminada de dejarlo ir, no lo sabia nunca se habia planteado esa situacion.

-Por las profundidades- comenzó -En el Circo de Sangre aprendí exactamente dos formas de procesar el dolor, convertirlo en furia que podía desatar contra oponente en la arena o tragarlo tan profundo que andie pudiera verlo.- Pausó, y paso el pulgar sobre las cuentas de la pulsera nueva. -Ninguna de esas opciones está disponible ahora.- El mar brillaba bajo el sol en el atardecer, un cielo que se pintaba de naranja de un color sumamente bonito. -Cuando me liberaron- continuó con un deje melancolico en la voz, -lloré tres días completo. Pero no era llanto por liberación. Era llanto por treinta años de versiones de mí mismo que no lograron esa version. El niño que no recordaba haber sido ya que me quitaron la infancia. El adolescente que aprendió que supervivencia significaba matar amigos, y por desgracia se le daba bien. El adulto que ejecutó esclavos fugitivos porque obedecer era lo único que conocía hasta que todo acabó.- Su voz se quebró en la última frase. La mano que descansaba sobre Seraphine se tensó ligeramente.

-¿Y sabes qué fue lo peor?- preguntó, finalmente bajando la vista hacia ella. -Que después de tres días, cuando dejé de llorar, pensé que había terminado. Que el proceso estaba completo. Que ahora solo necesitaba seguir adelante siendo útil en nueva capacidad.- Un bufido se escapó de sus labios, ni rastro de su risa normal. -Pero tú acabas de mostrarme con tu pulsera que supervivir es el trabajo.- Las primeras lágrimas llegaron silenciosas, deslizándose por mejillas azules sin aviso dramático ni sollozos que las precedieran simplemente estaba fluyendo. -No te abandonaré, dijiste- murmuró Kazan repitiendo las ¿palabras? de Seraphine. -Nadie me había dicho eso desde ... bueno....- Tocó las cuentas originales en su cuello con dedos temblorosos.

Entonces se permitió lo que nunca había permitido durante aquellos tres días solitarios, llorar de verdad.

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#13
No pudo evitar sentirse como si fuese una escaladora, enfrentándose a su montaña más dura, aunque hubiesen sido solo minutos, llegando a su cabeza, toda una película tras subirse al regazo de Kazan, se guardó bien el nombre de aquel circo, con intención de traerle caos si se cruzaba con este, sintiendo las enormes ganas de tomar un arco y flecha, dejó escapar un suspiró, acomodándose sobre el estómago ajeno, con sus zapatos sobre una pierna, las rodillas apuntando el cielo, casi se hizo una pelota.

Como respuesta, estiró una mano, deslizándola sobre la superficie más cercana que lo componía, su forma de decirle que estaba ahí, al no querer negarle las maneras que aprendió a lidiar con todo, aunque tampoco felicitarlo al ser algo destructivo, y cerró sus ojos al escuchar acerca de los esclavos fugitivos, apretando un poco la carne sobre la cual se encontraba sentada, no por castigo; decir que sentía lástima por él no era lo mejor, ¿compasión? Tal vez, sentía que se quedaba corta y estiró un poco su cuello para verlo al notar que miraba hacia abajo; una expresión en blanco, sin juzgarlo, escuchaba.

Y sonrió al ver que se desahogaba, con tranquilidad, sus dedos envolvieron a los más cercanos, siendo su forma de darle un abrazo, ya que le era imposible darle uno donde lo envolviera por completo, frotando con suavidad una de sus mejillas contra los pulgares, sintiéndose como una gata. Y se puso de pie, estirando sus brazos hacia el rostro ajeno, dejando que él eligiera el lugar que quisiera para ser abrazado más tarde.

Sus pequeñas alas se movieron, encontrando calidez en los últimos rayos del sol y Seraphine se atrevió un poco más; tocó la cicatriz más cerca que tuvo, delineándola. —Me gusta— Escribió. —Me recuerda lo vivo que estás— Pegó su cabeza contra los hombros. —Lo estás haciendo bien, te escucho, sigue, ¿hay algo más que te gustaría decir?— Buscó animarlo a desahogarse más y, por otro lado, tampoco sabía muy bien qué decirle, al no ser la persona con más tacto, moviéndose por impulso.

—¿Está bien que te considere…?— Sus dedos se detuvieron antes de continuar sobre la piel. —¿Mi primer amigo?
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#14
Los dedos de Seraphine envolviendo los suyos funcionaron disipando las dudas y ideas que pudiera envolver su mente, manos que abarcaban unos dedos del tamaño de antebrazos. Cuando se puso de pie y extendió brazos hacia su rostro, el wotan comprendió la invitación sin necesidad de palabras. Pudo sentir las pequeñas alas moverse y como esta acariciaba las cicatrices de su piel que nunca habían sanado. Entonces nuevamente sitio nuevas palabras "Me gusta. Me recuerda lo vivo que estás." "Ve vida donde yo veía muerte." -Hay...hay tanto- logró articular entre respiraciones. -Treinta años de mierda acumulada que pensé que había procesado pero solo enterré más profundo de mi ser, entre una gran cantidad de problemas menores o mayores. Cada niño que rescato, cada esclavo que libero, es intento de compensar los que no pude salvar.- Las lágrimas seguían cayendoy en ciencia cierta se notaban, eran lagrimas grandes y "gordas". Kazan no intentó detenerlas.

-Y la peor parte de todo esto es...- y su voz se redujo a un susurro -es que parte de mí todavía disfruta el combate, si lo se suena terrible. Pero cuando golpeo con Kurogane, cuando siento huesos romperse bajo el kanaboo, hay fracción de segundo donde soy nuevamente el gladiador perfecto que el Circo forjó. Y odio esa parte, desde el mas profundo de mi ser. La odio tanto que...-

Se interrumpió cuando leyó las siguientes palabras. "¿Está bien que te considere... mi primer amigo?" Kazan se quedó completamente inmóvil y el pensamiento se le fue de la mente. Las lágrimas seguían cayendo pero silenciosamente ahora era como si su cuerpo luchara entre colapsar en el llanto o permanecer cuerdo en aquel instante.

-Por las profundidades, Seraphine- exhaló finalmente y reduciria la fuerza para separarse de ella y mirarla. Sus ojos pequeños rojos e hinchados por llanto la miraron. -En treinta años de esclavitud, los únicos "amigos" que tuve fueron compañeros gladiadores que eventualmente tuve que matar o que me intentaron matar primero. Y en siete años como revolucionario, he tenido camaradas, compañeros de causa, superiores que respeto... pero nunca alguien que me ofreciera amistad sin agenda táctica detrás. Creo que me he acostumbrado a llamar amigos a gente que realmente no lo son-

Tocó sus cuernos con mano libre, ese tic que surgía cuando procesaba algo profundo. -Así que sí. Por las profundidades, sí. Serías mi primer amigo real. Y eso me aterroriza casi tanto como me... me llena de algo que no sé cómo nombrar. Es extraño, has pasado por lo mismo o mas que yo, creía que yo te salvé del agua pero mírate ahora me estas rescatando tu.-. Miró hacia el horizonte donde sol tocaba el agua.

-Si..- dijo recuperando parte de su voz normal. -Si vamos a hacer esto, si vamos a ser amigos reales, necesito que sepas, voy a decepcionarte eventualmente. Voy a priorizar código de honor sobre conveniencia tuya. Voy a meterme en peleas innecesarias porque no puedo rechazar desafíos. Voy a fumar demasiado tabaco y filosofar hasta irritarte. Y seguramente en algún momento no escuche tus palabras porque no pueda contenerme. No soy perfecto, soy Kazan.-

Una sonrisa pequeña se dibujo en sus labios y las lagrimas bordearon esta sonrisa. -Pero también significa que nunca te abandonaré en combate. Que siempre cumpliré mi palabra contigo. Que protegeré tu vida por encima de la mía sin dudarlo. Si lo hago con desconocidos imagina con un amigo, y no pidas que no lo haga; lo hare.- Pausó, asegurándose de que ella comprendiera el peso de lo que ofrecía. -La amistad de Kazan Marea Azul viene con garantías pero también con complicaciones. ¿Aceptas?-

Mientras esperaba respuesta, Kazan se permitió finalmente sacar su pipa del bolsillo interior de la túnica. La llenó con tabaco de bolsa casi vacía, encendiéndola con pedernal. La primera calada funcionó y el humo empezó a subir de nuevo.

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#15
Enfocó sus ojos en él, con una sonrisa, siendo sincera; no esperó conocer tanto de una persona solo en el segundo día de verlo, ni en el primero. ¿Sería así el conocer a los demás? Contándole sus problemas a Seraphine, no pudo evitar tensarse un poco. ¿Estaría a la altura de poder ayudarlos? ¿Y podía ella también contar con el mismo apoyo? Se mordió dentro de su mejilla, buscando despejar su mente de todo tipo de preguntas, ir poco a poco.

Mantuvo la calma cuando vio aquellas lágrimas enormes, aunque el cerebro gritase por correr ante el miedo de poder ahogarse. —Kazan, eso es normal— Escribió en su libreta. —Era el único mundo que conocías, la única normalidad que conocías— Movió un poco su cuello en círculos; el mirar tanto hacia arriba le producía dolor. —¿Y quién es Kurogane?— Se formó un enorme signo de interrogación sobre su cabeza, dándole incluso personalidad, bailando alrededor de su propia cabeza. —Lo que importa es cómo utilices esa sensación, contra quien— Imitó un gesto de estar golpeándole a alguien en la cabeza con un martillo.

Al escuchar su nombre, inclinó un poco su cuerpo hacia un lado, pareciendo jugar malabares mientras un pie se quedaba en el aire, a ver cuánto podía mantenerse en esa posición, moviendo de vez en cuando sus manos; al no querer quedarse quieta, no era la mejor forma para la mujer de bicolor de procesar las cosas. —Eso parece… Pero aquella sensación de amistad tampoco debe de ser falsa— Le enseñó sus dedos pulgares, en una enorme sonrisa, dando saltitos, emocionada. —¡Tengo mi primer amigo!— De la emoción, empezó a correr en círculos sobre el regazo ajeno.

Los pies de Seraphine frenaron cuando empezó a escuchar su descripción y se quedó quieta o más bien silenciosa, por varios minutos, procesando sus palabras, hasta que de pronto, comenzó a desvestirse, movimientos rápidos, colocó su ropa a su lado, de los pies, revelando un montón de cicatrices; las quemaduras eran pocas, pero los latigazos y demás existían a montones, llevó sus dedos a la más gorda, que decoraba su garganta, el origen de su mudez. —Kazan, nadie es perfecto, ni yo, ¿las ves?— Apartó algunos mechones de su rostro. —No pediré que no lo hagas, pero sí te pediré que vuelvas vivo.

Se agachó, buscando ponerse su vestido.

—¿Qué era lo que querías proponer?

Hace mucho tiempo que perdió el pudor en cuanto a desvestirse delante de los demás.
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#16
Kazan observó feliz la reacción de Seraphine, la cual empezó a correr en círculos sobre su regazo celebrando su primer amigo, el habría hecho lo mismo de no ser que de hacerlo tiraría la plataforma. Luego ella se detuvo y comenzó a desvestirse. El wotan inmediatamente desvió la mirada hacia el horizonte y un rubor se dibujo en su mejilla azul. Entonces volvio a mirarla de vuelta y el aire se escapó de sus pulmones. Las cicatrices cubrían su cuerpo como habia visto ya en gladiadores y la línea gruesa atravesando su garganta explicaba su mudez. "Ella te está mostrando sus cadenas rotas. No la insultes con lástima."

-Por las profundidades- murmuró Kazan y extendió un dedo trazaba el aire a centímetros de la cicatriz en su garganta sin tocarla. -Kurogane es mi kanaboo, mi garrote con púas.- "No pediré que no lo hagas, pero sí te pediré que vuelvas vivo."-Eso... eso puedo prometerte. Volver vivo. Aunque probablemente sangrando y necesitando tabaco. Y algunos vendajes- Mientras Seraphine se vestía nuevamente, Kazan dio otra calada profunda a su pipa. -Veamos...- y empezaría a estructurar sus pensamientos. -Llevo siete años como revolucionario operando principalmente solo y es algo cansado y es poco practico.- Exhaló humo lentamente. -Pero no es suficiente. No cuando el Circo de Sangre todavía opera. No cuando traficantes replican sus métodos. No cuando hay miles de versiones de nosotros todavía en cadenas.- Se inclinó hacia adelante para que le escuchara bien. -Quiero proponerte la creación de división especializada dentro de la Armada Revolucionaria. Enfocada exclusivamente en rescate de esclavos y desmantelamiento de redes de trata. Asi como luego la rehabilitacion de los mismos.- Su mano se cerró alrededor del mango invisible de Kurogane que no estaba ahí. - Encontrar cadenas y romperlas. Una y otra vez hasta que cada puto circo, cada casa de subastas, cada mansión de noble sádico sea cenizas.-

La voz se había vuelto más dura y una vena parecia notarsele en su frente -Necesitariamos un equipo. Personas que entiendan trauma porque lo vivieron..- Miró directamente a Seraphine. -Personas como tú, como yo. Como todos los que cargamos marcas que nunca sanarán completamente. ¿entiendes?-. Tocó sus cuernos -Pero sería obsceno pedirte que te lances a esto cuando todavía estás aprendiendo a caminar sin mirar sobre tu hombro.- El sol finalmente desapareció bajo horizonte, dejando cielo pintado de un color mas apagado pero igual de bello.

-Por las profundidades, Seraphine- dijo finalmente rompiendo la escena. -Si nos hizo tarde despues de que estuviera aqui contigo colapsado.- Una sonrisa pequeña aparecio en sus labios. Se puso de pie lentamente, movimiento que hizo crujir toda la estructura de la plataforma. Extendió mano hacia Seraphine -Ga-ha-ha-ha-ha! Vamos, pequeña tormenta. Necesito comida real, más tabaco, y probablemente deberíamos asegurarnos de que nadie piense que te secuestré.-
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#17
Dio un paso hacia delante y sintió su dedo impactar contra su garganta; no se apartó. En cambio, se permitió mostrar un pequeño momento de debilidad en su expresión, queriendo decirle sin palabras que le estaba mostrando cada uno de sus errores, sus miedos y demás terrores; por si el contrario quisiera apartar su dedo, lo sujetó con las manos. 

Por alguna razón, un posible rechazo así le dolía más que cualquier otro.

—No sé cuándo empezó todo; bailar siempre es algo que disfruté y sigo haciéndolo. Supongo que lo hice tan bien ese día, que acabé llamando la atención de un noble de Sorbet y de pronto…— Llevó una mano a su cuello, debiendo tomarse su tiempo para escribir. —La primera y única vez que intenté escaparme…— Hizo un movimiento de mano, imitando un apuñalamiento. —Directo a las cuerdas vocales— Se le escapó un pequeño escalofrío.

Garrote con púas.

—Creo que me hubiese sorprendido más si estuvieras peleando con alguna otra arma— Dejó escapar una pequeña risita silenciosa, le enseñó su dedo pulgar. —Bien, eso me da pase libre a regañarte y cuidar de ti— Le sacó la lengua, quizás un gesto demasiado infantil, pero ahora aquello no le importaba demasiado. ¿Y… estaba haciendo lo que creía que estaba haciendo? No pudo evitar arrugar un poco su nariz y toser; era como tener una nube enorme directo sobre su rostro. Por torpeza propia, cuando lo vio acercarse, el vestido quedó puesto a medias, solo faltando que metiese las manos por las mangas.

¡Maldita sea que todavía no se acostumbraba a que se acercara tanto!

Lo podía comparar con una muralla teniendo la capacidad de moverse. —Suena bien— Sonrió y en efecto lo hacía, no tardando demasiado en terminar de vestirse. —Solo una cosa— Levantó su palma. —Yo hace poco recuperé mi libertad… ¿Puedo disfrutarla por unos días más, quizás una semana, antes de terminar enfrentándome a las heridas más recientes de otros esclavos?— Cerró sus ojos. —Las mías aún no cierran del todo, no les sería de mucha ayuda.

A sus siguientes palabras, parpadeó y se echó a reír; ambos pensaron lo mismo.

—Creo que pensarán que te habré secuestrado yo— Abrió y cerró su puño. —Que fui yo la que te tomó de la mano— Señaló el hombro. —¿Esta vez puedo subirme ahí?
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#18
Cuando Seraphine sujetó su dedo contra su garganta cicatrizada el gigante azulado se quedó inmovil, dando el respeto que se merece a la herida que le mostraba. Las palabras que la joven escribió y entraron en lo mas profundo del ser de Kazan, adueñandose de su mano que se cerraría subitamente para contener su ira. "Otro nombre para la lista. Reino Sorbet."

-Por las profundidades- empezaria a comentar mientras retiraba poco a poco el dedo de la garganta. -El baile debería ser celebración de vida, no trampa que termina en cadenas. Y... esto..- La petición de Seraphine de disfrutar su libertad antes de enfrentar heridas ajenas le arrancó sonrisa que era mezcla de alivio y orgullo genuino, el mismo le habia comentado que era atroz pedirlo eso ahora, a futuro talvez pero ahora no. -Ay .. pequeña tormenta. Eso no era invitación para mañana ni pasado. Era una semilla plantada para cuando tú decidas que está lista para germinar.- Tocó sus cuernos mientras consideraba. -Tómate semanas. Meses. Años si los necesitas. La división existirá cuando estés lista, no al revés. Y cuando la requieras ahi estara, quizas me busques mas temprano que tarde-

Su risa ante la imagen de ella secuestrándolo a él hizo que Kazan soltara su propia carcajada retumbante como de costumbre que sonó por todo el lugar. -Ga-ha-ha-ha-ha! Sí, porque claramente la joven alada angelical de cuatro metros arrastra al wotan de diez contra su voluntad y este no puede hacer nada- Se agachó ante la petición de subir a su hombro, ofreciendo palma abierta como plataforma para que pudiera auparse. -Adelante.- Una vez que Seraphine se acomodó en su hombro, Kazan comenzó el descenso por escalera de caracol con pasos medidos que no sacudieran demasiado a su pasajera ni derribaran la estructura. El metal protestó bajo su peso pero aguantó, igual que siempre e igual que siempre lo hará.

-Entonces el plan es simple y vamos a llevarlo a la perfeccion- declaró Kazan mientras caminaban por las calles donde el olor a tierra y a salitre se mezclaban. -Primero, devolverte a El Ancla Oxidada antes de que la gente organice partida de búsqueda con antorchas. Segundo, conseguir comida decente porque llorar durante horas quema calorías sorprendentes y estoy ambriento. Y tercero...Tercero, enseñarte esta isla como prometí. Mañana, si quieres. o cuando tu prefieras.-


-Por las profundidades, pequeña tormenta- dijo finalmente rompiendo el silencio que emergia tras los pasos que guiaban hacia la taberna. -Hoy me diste algo que no sabía que necesitaba permiso para ser alguien vivo además de arma que apunta a sus enemigos. Y a cambio...- Tocó la pulsera en su muñeca. -A cambio te ofrezco amistad sin fecha de expiración, propósito futuro cuando lo quieras, y promesa de que mientras yo respire, nadie volverá a ponerte cadenas, también necesito que me protejas a mi.-

Extendió su puño cerrado hacia ella -Bienvenida a tu libertad real, Seraphine . La que construyes tú misma, no la que otros te otorgan.-

El humo de su pipa subió lentamente antes de disiparse en la brisa, llevándose consigo el peso de treinta años de culpa que finalmente, gradualmente, comenzaba a aceptar que quizás podía cargar sin que lo destruyera completamente.
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#19
Cerró sus ojos, le daba la razón a Kazan, pero ahora mismo no podía hacer nada para cambiar al respecto.

Sacudió su cabeza. —No, me gustaría ayudar cuanto antes— Llevó sus dos manos a las mejillas, frotándose con intensidad, dejando escapar un suspiro. —La idea de disfrutar mi vida también estaba ligada a ayudar a los demás; no podría hacerlo si sé que no estoy ayudando a nadie— Levantó un dedo. —¿Qué te parece, hasta el día 20? De esta Primavera— Sonrió. —Me gustaría sentir la experiencia de tener un trabajo y ser una civil más— Sintió su corazón palpitar, divertida ante esas ideas.

Estiró sus brazos, asegurándose de no caerse cuando se rio y se volvió a morder el labio inferior, sintiendo el sabor de la sangre; se mordía tanto allí que no le sorprendió el haberse causado una herida. Llevó su mano a su cabello, peinándoselo detrás de la oreja, mirando en dirección al sol, deseando una parte de ella poder volar, alejarse lo más posible de allí, de todos los problemas y cosas que podían herirla; sin embargo, ella no era así, debía enfrentarle.

Levantó ambas manos.

—Nunca se sabe— Sonrió. —Creo que hasta gente más baja puede conmigo, soy demasiado débil— Hizo una mueca, inclinándose un poco hacia un lado, haciendo un puchero. —Pero un día de estos voy a ser tan fuerte, que te protegeré y al resto— Su rostro se iluminó de alegría ante esa idea, no tardando demasiado en subirse y acomodarse sobre el hombro ajeno, con una mano aferrándose a Kazan para evitar caerse. —Mañana me parece bien— Arrugó su nariz. —Es que no necesitas permiso para eso.

Se le instaló una idea, acercándose un poco más a él.

—Lo haré, te protegeré— Buscó darle un pequeño choque de puños. —Por cierto, el humo apesta— Se acercó un poco más cuando escuchó su propio estómago gruñir y, al estar cerca, le dio un pequeño mordisco a la mejilla. —Y tampoco sabes a pez.
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