Pijama Wars :: PR :: Entrenamiento :: Privado.
#11
Los ataques para ambas habían resultado exitosos, uno en defensa y el otro para darle su merecido a quien se burlaba de ella. Maki estaba furiosa, estaba harta que se burlarán de ella, cambiándole el color de su cabello era el epitome de la falta de respeto. Si la querían muerta podrían haberla dejado en Little Garden para que se la comieran las criaturas salvajes o en cambio que su fruta terminara de consumirla y volviéndola para siempre una criatura híbrida horrenda.
 
El Carnicero sintió el dolor de su ataque, uno que, aunque no contaba con sus armas mas potentes si que le había dado resultado para que supiera a que se enfrentaba a una Maki furiosa y enloquecida por el dolor acumulado de ser abandonada, haber sido rota y despreciada por quien pensó podría amar para siempre. Todo eso habían dominado sus pensamientos. En parte también porque María Merlot la evitaba creyendo que se burlaba de ella desconociendo el dolor que sentía por creer que la abandono durante el incidente.  
 
El golpe hizo que sintiera que se desahogaba un poco más, sin embargo, el doctor no se quedaría con la ofensa, en cambio lanzo su ataque… El golpe a su rostro Maki se preparó físicamente pero no, no lo sintió en la cara, sino en el costado… el golpe feroz, atroz. Fulminante… se quiso proteger con la mano rota pero solo consiguió que le doliera una vez más, retrocedió un paso, otro... escupió sangre... sintió su cabeza volando fuera de su cuerpo... maldición el doctor golpeaba potente —Así te quería ver… hijo de puta… arrggg…— Maki retrocedió un par de pasos. Un metro para ser especifica. —Mostrando tus verdaderos colores… traidor de mierda… jamás has estado con ninguna tripulación… jamás has sido leal... ERES IGUAL QUE ESE ESTUPIDO YAKUZA!! SOLO SIRVIENTE DE TUS INTERESES!! USANDONAS A NOSOTRAS PARA TUS TONTERIAS!!!— Quiso contraatacar nuevamente, pero el salto alejandose de inmediato con su inmensa velocidad, era hábil por cierto, no era la basura que aparentaba ser. un enclenque y un debilucho, pero no lo era en absoluto… —¿Dos contra uno?... no te confíes tanto corazón, te puedes llevar una sorpresa DESAGRADABLE— Su voz era suave, delicada, burlona pero al final su voz temeraria de siempre, quiso dar un paso para ponerse frente a frente al señor de las rosas y así lo hizo, pero sintió que su agresora se enfrentaba nuevamente a ella, le llamo… la lucha era diferente, pausada, como en las películas antiguas donde se producían grandilocuentes diálogos de esperanza o de reprensión. También como lo haría Maki… desesperanzadores y rugientes. Apenas torció su vista para mirarla sobre el hombro. Sus palabras mordaces y malvadas. —Tu… amenazándome?… te partiré y te haré sashimi tal y como debí hacerlo ese día cuando…— Se cayo de improviso. Recordó justo en ese momento la alegría de pasear con ella por la selva, por que era tan complicado todo. No quería dañarles en verdad. pero no dejaría que hicieran lo que quisieran con ella. entonces vio lanzarse a la sirena después de su amenaza, Maki sintió que debía darlo todo. Su corazón palpito. Si furia salto fuera transformándose en esa criatura malvada y escamosa, su forma híbrida. la cola veloz como un rayo, rodeo a Merlot y con una fuerza abrumadora la lanzo contra el doctor que parecía en guardia. 

El azote fue tremendo, haciendo que la sirena y el Carnicero chocasen una con el otro pero Maki no estuvo satisfecha. salto rasante sobre el camino que los separaba y empuñando el boken hizo un poderoso movimiento giratorio para golpear a ambos. el dolor les esperaba si luchaban contra ella, la reina de las espadas. el grito atemorizante —DANZA ESCAMOSA: MAKINA DEL CAOS!!!— Su golpe termino potente y la sonrisa de Maki se sintió macabra en su propio rostro... —Y bien quien sera la primera rata traicionera en disculparse... he?— Apuntaba con su arma al par pero en un segundo la cambio de mano a su mano enyesada, quizás ya no quería pelear... hecho un pie hacia atrás y giro sobre si misma mientras juraba un rezo en su mente elevando un murmullo que deseaba que fuera suficiente para que entendieran que no eran rival para ella.

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#12
Frunció el ceño, apretó sus puños e, incluso, se vio tentado a cerrar la boca de Maki con un puñetazo cuando la escuchó llamarlo traidor…o sea, sí, lo era. Traicionó a su antigua tripulación, era de los pocos recuerdos que quedaron almacenados en su memoria. Traicionaba a cada rato a cualquier pareja que tuviera y dijera amarlo, pero… ¿Qué sabía la iguana? ¡Ella no sabía las razones!

Tuvo que morderse la piel interna de la boca con fuerza para no responder a esas provocaciones…de todos modos… ¿Por qué se enojaba? Maki no sabía sobre su pasado, no sabía sobre sus andanzas, de hecho, en realidad no sabía nada sobre él, pero…aun así…sus palabras le molestaban lo suficiente para hacerse sangrar mientras se mordía el interior de la boca, algo que lo llevó a chasquear la lengua cuando sintió el sabor metálico en su boca… ¿Por qué tanta rabia? Simple, no soportaba que le dijeran una verdad tan clara sobre sí mismo.

Ella podía estar diciendo palabras al azar, pero había dado en el clavo.

Avanzó un metro, aún con los puños apretados con fuerza y dispuesto a seguir con la pelea que… ¿Quién había empezado en verdad? Ya no lo recordaba, pero, entonces…la voz de Merlot hizo eco en el ambiente y, con ella, un viento frío llegó…como si la naturaleza la ayudara con alguna especie de efecto secundario.

“MIRAME, NO LO VOLVERE A REPETIR: CON HYAKINTHOS NO. GOLPEA A QUIEN QUIERAS, HASTA A MI, PERO A ÉL NO, NUNCA, JAMÁS, NI EN JUEGOS”

¿Debía detenerla?

Sí, quizá sería lo correcto.

Lo único que necesitaba era moverse con rapidez y sujetar las muñecas de la chica o, tal vez, su cintura. Inmovilizarla no sería problema, pero…

La verdad es que todo ese amor y devoción no le molestaba para nada…entonces… ¿Por qué no observar a los toros desde la barrera? Así podría analizar hasta que punto era capaz de llegar Merlot solo por él.

Sonrió, más que satisfecho por la situación y, mientras esa sonrisa se ensanchaba en su rostro, cerró sus ojos por un leve instante y se cruzó de brazos, entonces el viento sopló de nuevo, esta vez con más fuerza y trayendo un aire más frío que antes. En ese momento, los brazos cruzados del pelirrosa no fueron solo por satisfacción, si no que se convirtió en un abrazo a sí mismo para intentar olvidarse del repentino frío que el ambiente traía consigo.

—Oigan…No les parece que empieza a hacer… ¿Fr…ío? —Tembló y abrió los ojos. Había decidido ignorar los ruidos externos, incluso la pelea que podría estar desarrollándose frente a sus ojos, así que, cuando volvió a mirar a su alrededor, lo primero que vio fue el cuerpo de Merlot siendo usado como un proyectil que iba directo hacia él.

—Oh…mierda…

Intentó moverse, pero otra corriente de aire frío chocó con el barco y, por lo tanto, contra él. Por instinto volvió a abrazarse en lugar de correr de la Merlot Bala. Grave error.

Recibió el peso de la chica directo en su abdomen, sacándole el aire por un momento, aunque, a pesar del frío que empezaba a sentir, pudo sostener a Merlot en sus brazos y, además, sus piernas se fijaron bien al suelo para evitar caer, manteniéndolo tanto a él como a la chica en el mismo lugar que antes.

—Jmmm… ¿Estas bien, sirena? —No pudo recibir una respuesta inmediata, pues, más temprano que tarde, la ex peliverde estuvo frente a ellos y no precisamente en son de paz.

No pudo reaccionar a lo que siguió. Maki no solo había crecido gracias a esa fruta del diablo que había consumido, si no que su velocidad para atacar usando ese palo de madera que simulaba una espada, era más de lo que el pelirrosa podía admitir. No podía evitarla, no importa que tan rápido se agachara o corriera.

Lo que si pudo hacer fue girarse para recibir mayor cantidad de daño… ¿Por qué? No…no era por un instinto protector ni nada por el estilo, solo quería proteger la belleza de quien servía como mercancía de emergencia… ¿Qué pasaría si golpeaban sus valiosas escamas y estas se dañaban? Podían volver a crecer, pero…No, simplemente no podía permitirlo.

La mayor cantidad del golpe lo recibió en su costado derecho, mientras que, con ese mismo brazo, abrazaba a Merlot para que no resultara más afectada que él, aunque…con la potencia de ese golpe, ahora no estaba seguro de nada.

Tuvo que cerrar los ojos por un instante, pues su mente empezó a sentirse confundida, además, su cuerpo entero se sentía entumecido y, sus piernas, en especial, dieron pasos en falso que lo hicieron darse cuenta de que estaba algo desorientado, lo suficiente para que el brazo con el que sostenía a Merlot cayera a su costado y soltara a la chica, pero…más importante… ¿Cuándo había cambiado de posición en el barco? Ni siquiera se dio cuenta de que Maki lo había empujado al menos unos 3 metros.

—Ja… ¿Di…discul…parse? —Empezó a temblar de frío, las corrientes de aire helado eran más evidentes ahora. Bastaba con mirar al cielo para darse cuenta de que habían entrado en una zona en donde algunas nubes grises empezaban a formarse sobre sus cabezas, aunque, por el este, el sol aun brillaba con fuerza.

El clima del Grand Line era una locura. En algún momento fue consciente de ello, pero ahora, lo había olvidado…claro, era eso o que estaban entrando en los mares cercanos a esa isla de la que Thrym les había hablado.

—¿Qué tal si empiezas tu con una disculpa? ¿Querías tirar el mástil y dejarnos en medio de este mar helado? ¡Joder! No quiero morir congelado por tu culpa —. Gritó desde su lugar, separado de Maki por esos tres metros que ella misma lo había empujado, aunque quizá, lo que más lo molestó es que la chica se diera la espalda…pero ¡Oh! Por supuesto, él no era alguien que temiera apuñalar por la espalda… ¡Era un pirata! Las peleas justas no estaban en sus libros.

Se movió con toda la rapidez que le permitió su cuerpo entumecido y, además, con la mente algo nublada. No se sentía al 100%, pero eso no lo iba a detener ahora, así que, antes de que la ex peliverde pudiera analizar lo que estaba pasando, el médico cerró el espacio entre ellos y se acercó con la agilidad suficiente para poder golpear con sus puños, al mismo tiempo, cada uno de los hombros de Maki, por la espalda, justo en la zona en la que terminaba el hombro y empezaba el antebrazo y, luego, antes de que la chica pudiera girarse y pegarle con su cola o algo por el estilo, el pelirrosa dio un salto hacia atrás para alejarse cinco metros de ella, volviendo a quedar más al lado izquierdo que el derecho del barco, es decir, a babor, pero no cerca del barandal del barco. No iba a arriesgarse a caerse al agua.

—¡Mierda! ¡Me estoy congelando! Tsk… ¿Ya dejarán la estupidez de estarse golpeando? ¿O me obligarán a paralizarlas a ambas? —dijo a sabiendas lo que su ataque era capaz de provocar en el cuerpo ajeno, aunque, apenas abandonó el calor de la pelea, volvió a abrazarse a sí mismo, su nariz empezaba a enrojecer por culpa del clima…deseaba entrar a la cocina y buscar algo de calor.

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#13
Narrador / María Merlot



¿Atacar sin pensar? Parecía la mejor idea de todas pero resulto ser bazofia. Si de algo era consciente María Merlot es que su utilidad nunca estaría en la fuerza física ni la destreza de un campo de batalla. Nunca sería una guerrera como Maki D. Zenin o un lobo disfrazado de oveja como Hyakinthos. La semi sirena simplemente era un objeto decorativo que se veía bonito y no hacía nada más, hasta el mascaron del Flush Royal tenia más utilidad que ella, alzándose entre las corrientes oceánicas con majestuosidad para protegerlos de los espíritus del mar y guiárlos hacia un horizonte seguro; si definitivamente, el mascaron tenia mas beneficio que ella.

Tu… amenazándome?… te partiré y te haré sashimi tal y como debí hacerlo ese día cuando…

La voz de su Unnie resonó por la cubierta perdiéndose en el espacio abierto de la misma. A María poco le importo su amenaza porque si Algodón de Azúcar estaba involucrado no había nada más que decir o hacer: ¡Nadie lo tocaba, heria, maltrataba, lastimaba o lo que fuera negativo frente a ella! Su fanatismo por el médico rosado rayaba la obsesión silenciosa de una mente rota, reparada solo por la glucosa de su salvación, una salvación que no pidió ni ella ni él pero resulto así.

Oigan…No les parece que empieza a hacer… ¿Fr…ío?

A lo lejos la voz del objeto de su fanatismo apenas se dejo escuchar, la adrenalina de llegar a la peliverede y hacerla pagar por sus ofensas al medico le impidieron ver o sentir ese tal frio. Cuando Maki la sujeto con tanta facilidad con su escamosa cola, y quizás con algo de delicadeza, y la lanzo como un proyectil en otra dirección... María Merlot reafirmo su patético estado físico para las batallas. ¿Cómo podría proteger a su Unnie si otro gigante volvía a atacarla? ¿Cómo podía ser de ayuda si ahora mismo otra tripulación pirata los atacara en el medio de la nada? ¿Ver desde la distancia el desarrollo de la situación? ¿Una espectadora sin voz ni voto viendo a sus amigos dándolo todo?

Jmmm… ¿Estas bien, sirena?

Hyakinthos la recibió con sus brazos y sus palabras calidos… ella solo pudo verlo a sus preciosos ojos claros, perdiéndose un momento en su belleza difícil de ignorar. ¡La había salvado otra vez! Su médico era el mejor en todo, hasta en verse bien. Iba a decirle algo pero los eventos no se detuvieron, cayo al piso por error (jamás pensaría que Algodón de Azúcar la soltó) sintiendo el golpe de Maki en todo su esplendor. El dolor la recorrió y le hizo sentir cuan viva estaba pero también cuan débil era.

Desorientación. ¡Wiwiwiwiwi!
Confusión. ¡Patos, dóndeeeeeeee!
Derribo. ¡Hola Suelo!
Entumecimiento. ¿Soy un embutido de atún?
Parálisis. Glu glu glu

La mente de la mestiza fallo, su cuerpo reaccionó pero de manera negativa mientras convulsionaba en el suelo. ¿Había frio? ¿ahora si lo sentía? Si, definitivamente si y estaba en pijama, una muy expuesta. El frio del collar y la tobillera, la hizo recordar justo esas palabras de Hyakinthos. Cuando su cuerpo se recuperó, o eso pensó, se intento levantar pero no pudo, no a la primera. Vio a Maki a unos cinco metros de Hyakinthos, y ella solo a dos del hombre. Se llevo la mano a la cabeza, el largo cabello enmarcaba su rostro y cuerpo.

Distraer a Maki con un ataque de frente había terminado en fracaso. ¿Qué podía hacer? No podía pensar con claridad. No tenia sus guantes, ni sus dagas… entonces vio el escudo a dos metros de ella y a cinco de Maki, se movio para sujetarlo... y hacer más lógico: lanzárselo a Maki con todas sus fuerzas.



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#14
La verdad era que Maki no sabia nada del pasado de ambos, de Merlot ni de Hyakinthos, ellos nunca le confiaban nada y ahora que lo pensaba eso le enfurecía más aún. Siempre la menospreciaban por ser… por ser… una jodida rara. Con furia empuñaba su arma y parecía que se rompería bajo su mano temblando de furia. El dolor le calaba hondo. Tan hondo como si hubiera sido victima en lugar de victimaria como lo era ahora. Pues parecía que estaba en control de la situación. Pero no quería bajar la guardia. No le gustaba sr derrotada, aunque fueran dos contra ella.

Mierda… el viento… estaba casi desnuda y ahora si el frio le estaba afectando… el vapor de su aliento comenzó a hacerse visible y los estertores del maldito frio… desvió un segundo la mirada como de reojo… a lo lejos podía ver la blanca isla alzarse frente al horizonte. Era hermosa, con manchas rosas por todos lados y coronada por una gran montaña en su centro.

El cuerpo de la sirena no fue problema. Sus fauces animales tiritaron y su lengua chasqueo ante el frio que le agolpaba por un segundo se distrajo viendo el mar. O mierda cuanto amaba el mar su aroma, su vaivén… se miro su brazo roto. Sus manos escamadas terminadas en garras. Sus patas como una bestia… su cola se meció ante su defensa inminente.

El golpe les dio a ambas, el lanzamiento de pez también fue algo gracioso… en otro momento se habría reído con ellos, pero ahora no. recordó su cabello, la humillación. El que se rieran de ella, había atacado con todo. Pudo ver como a pesar de que ambas fueron dañadas, Cherry quiso proteger a la sirena… a la maldita sirena que se había burlado de ella volviéndola mas monstruosa que antes. Mas horrible más… más… sus ojos se rompieron un poco ante el sentimiento errado de protección que observaba. Si bien el doctor la protegía era por que era una especie de mercancía, pero en su locura ella creía que era por cariño… cariño… estaba tan falta de cariño, de amor… ella también quería ser querida, ser amada. Ser cuidada. Por que MIERDA NADIE LA CUIDABA. Golpeo el suelo con la cola que casi se rompió bajo su furia mientras le apuntaba con el Booken. 

Ahora si sentía frio verdadero… sus piernas, sus brazos, su mente un poco limitada. Mierda desde cuando hacia frio de esta forma. Quería. Dormir. Terminar con esta tontería… no eran rivales para ella. ninguno de los dos, ni, aunque la enfrentaran al mismo tiempo. Le pidió una disculpa… quien se creía… giro sobre si misma, burlona. Tramposa. Estaba atenta y preparada. Cuando el medico se movió ella también lo hizo su defensa preparada. Lo vio venir y choco contra el ataque de él. Ambos con sus puños, ambos con una furia. Había ignorado a Merlot… en el suelo mientras ambos chocaban. —Danza escamosa... Torreón de ESCAMAS!!— Seguro no podría ver las velocidades de ambos golpeándose… La sonrisa de la iguana se volvió amplia… se… estaba divirtiendo? probablemente. pues no tenia mas palabras para ambos. Ni para el hermoso doctor ni para la sirena mas hermosa de todos los mares.

El golpe era tremendo y ambos fueron dañados, Maki mas pero sin perder el aliento salto sobre el doctor... su arma durante el salto fue desenfundada y contorsionándose como una maldita criatura inhumana lanzo su ataque contra el doctor, su brazo de verdad parecía un látigo un.. —DANZA ESCAMOSA: LÁTIGO D. STRUCTOR!!— cuando su golpe poderoso y sorpresivo termino uso su cola nuevamente... larguísima y agarrando por la cintura al doctor... veloz como el rayo, interpuso su cuerpo contra algo que volaba hacia ella. algo metálico... apenas se protegió de ello con el cuerpo de Hyak. Lo lanzo contra la sirena.

Maki entonces sintió que un golpe mas y terminaba con ambas... no quería eso. ya no sentía que esto era una pelea. se par. esta vez sin defensa. sin trucos. Movió sus manos adoloridas, una por su quebradura la otra por el entumecimiento de la tecnica del carnicero. 

—Quieren que me disculpe? HE!! HE!!!... solo habrá una maldita disculpa cuando ese pescado de mierda pague por lo que hizo!! por todo lo que me ha hecho!!... Hyak... tu... tu... maldición!!! hijos de puta!!!— Maki se movió a otro lugar... esta vez... interpuso su Boken entre ella y sus adversarias. —APÁRTATE!! NO TENGO NADA CONTRA TI... ES CONTRA ESA TONTA... ESA... ESA... MÍRAME... ME RIDICULIZA!! ME ODIA... ME DETESTA!! MIENTRAS YO... YO...— Le grito a Hyak para que no se metiera en el pleito. Estuvo a punto de partirse su corazón, a punto de volcar todo lo que sentía pero. Se detuvo, estaba segura que la habían traído para burlarse de ella. Una locura. —Si insistes en protegerla... atácame... ataquenme con todo!! deberán matarme por que no me detendré MALDICIÓN!!!— Sentencio al final preparándose para recibir a ambos nakamas. 

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#15
Un giro que no vio venir.

Su técnica fue bloqueada. De inmediato intuyó que la mujer iguana se había estado preparando para eso. Fue un idiota.

No pudo decir nada en contra de ello, ni siquiera maldecir, simplemente, su mano desnuda sintió la dureza de la piel escamosa de su compañera y una sensación extraña recorriendo su cuerpo hasta llegar a su cerebro. De repente su mente se desorientó, tanto que quiso tomar su cabeza entre sus manos, pero no tenía tiempo para eso…No cuando estaba en medio de un ataque.

Tal vez si hubiera estado en mejor condición, se habría alejado de inmediato, pero ni siquiera se le ocurrió…mejor dicho, no tuvo tiempo. Vio a Maki saltar y el peso de su ataque, acompañado de ese palo de madera que la acompañaba, cayó sobre él. Tuvo la necesidad de hacerse hacia atrás; sin embargo, sus piernas se mantuvieron en su sitio…Eso fue un grave error.

Jadeó cuando un agarre rodeó su cintura y cerró los ojos cuando vio venir un arma hacia él, específicamente un escudo que chocó contra su brazo derecho. Le causó dolor, sí, aunque no tanto como lo que vino después.

¿Estaba en el aire? Sí, algo así…no pudo hacer nada para detenerse antes de caer encima de Merlot ¡La Iguana Asada lo había mandado a volar!

Ya estaba cansado de esa pelea absurda.

No pasaron ni dos segundos para que el médico colocara sus brazos a cada lado de la cabeza de la semi sirena, mirándola desde arriba, como si estuviera haciendo una plancha…lo cual fue necesario para no mantener su peso, por demasiado tiempo, sobre la joven mujer.

—Lo siento, sirena, cuando esto termine revisaré cualquier herida que tengas —. Sus brazos temblaron, todo producto del frío del ambiente, así que antes de que flaquearan, se hizo a un lado, específicamente a la derecha de Merlot, a menos de medio metro, y se acostó sobre la cubierta del barco, mirando al cielo mientras escuchaba los reclamos de la expeliverde…Seguía sin entender porqué gritaba que Merlot la odiaba…Tal vez todo era un malentendido, tal vez era momento de hablar, aunque…algo le decía que luego de lo que acababa de pasar, la semi-sirena querría atacar con todo a la otra mujer...y…bueno, era claro que ninguno de los dos era rival para la chica, ni aunque tuviera su brazo roto.

Antes de que Merlot pudiera reaccionar a nada, el medico movió su mano izquierda para tomar la muñeca del brazo derecho de Merlot, con fuerza, aunque no tanta como para hacerle daño, lo único que quería es que se mantuviera a su lado. Luego de eso, se sentó, lo que haría que, tal vez, por inercia, su compañera experta en comercios y besos también se sentara.

—¿De qué hablas? —Cuando hizo esa pregunta sintió que la sangre volvía a bajar desde su nariz. Chasqueó la lengua y se limpió con su mano libre. —¿De dónde sacaste que te ridiculiza y te odia? ¿Sabes que esa que dices que te odia es quien se mantuvo a tu lado todo el tiempo que estuviste dormida? No sé que pasó en la selva, pero ella te atendió mejor de lo que yo, siendo médico, habría podido. ¿No me digas que estas así por tu cabello? Y si es así… ¿Qué tiene de malo el rosa? Mi cabello es de ese color y no me siento ridículo, al contrario, sé que soy hermoso…aún con la nariz rota y despeinado por culpa de esta pelea sin sentido —. Cuando terminó de hablar soltó la muñeca de la semisirena, se puso de pie y se limpió el polvo de una pijama que de por sí ya estaba ensangrentada y sucia.

—Aun así, si quieres seguir peleando después de escuchar eso…

En menos tiempo de lo que podría pensar, recorrió los cinco metros que lo separaba de Maki y dio un salto mientras estiraba una de sus piernas para atacar a un costado de la cabeza de la mujer iguana y, luego, sin fijarse si le había hecho daño o no, se alejó unos tres metros de la chica.

—Tal vez una pequeña patada te ayude a pensar mejor ¡Reacciona, Maki! ¡Nadie te odia en este barco! —En ese momento una ráfaga de viento frío choca directamente contra los que estaban en la cubierta del barco. El médico, tan poco resistente al frío, tiembla y se abraza a sí mismo…esperaba poder ir pronto a la cocina para calentarse.

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#16
Narrador / María Merlot



¿Lógico?

En su cabeza lo parecía, y mucho, lanzarle un objeto contundente a la desquiciada Valkiria Besada por El Sol. Toda esa situación era caótica, confusa y catártica, si le preguntaban. Luego de semanas soportando todo lo que los abrazo, a la fuerza, en la Isla de Litlle Garden: los miedos, las frustraciones, la ira, la impaciencia, la vergüenza, la humillación, la melancolía, la tristeza, la perdida, la traición… la soledad. Aquellos griteríos, golpes y vómitos de bilis… podría llevar a algo muy bueno, o a algo muy malo. ¿Lo curioso? El gigante ni se inmutaba, aquella mole enorme seguía roncando ignorante al enfrentamiento de sus nakamas.

Otra vez: Falló. Maki D. Zennin era demasiado poderosa, no podía hacerle nada, ni un rasguño. ¿Tan inútil era? ¿Tan poco útil para sus nakamas? Por un momento pensó en el horrible gigante con casco que casi mata a su hermana, lo mucho que le costo llegar hasta Hyakinthos por atención medica: era simplemente un desastre, uno hermoso pero desastre al final del día. ¿No fue eso justo lo que le dijo Ashveil? La conservaban por lastima, por ser un objeto cuyo único valor era su belleza pero que, al igual que él, la desecharían cuando perdiera el encanto. Aquella noche, en el Flush Royal, sucedieron tantas cosas… y algunas aún estaban demasiado latentes.

Lo siento, sirena, cuando esto termine revisaré cualquier herida que tengas

— … estoy bien, no te preocupes. Tan fuerte como un árbol de cerezos en plena floración primaveral. Yo… lo siento… todo esto es mi culpa — balbució con tristeza, sus emociones eran una montaña rusa. Claro, la voz de su Algodón de Azúcar la hizo respirar profundamente, al tiempo que escuchaba el ir y venir de las palabras, y más allá de eso, el dolor, reproche y miedo. Detestaba que hicieran daño a su amado doctor pero aunque estaba cegada por eso, no podía ignorar los ladridos desesperados de su hermana, a quien tenia orbitando de segundo lugar en su corazón. Si no estuviera el hombre rosado presente, sería ella la luz de su universo. La quería como la hermana que nunca tuvo, la admiraba como la guerrera que nunca llegaría a ser, la respetaba por las heridas que cargaba con la frente en alto, le fascinaba porque nunca se rendía, porque siempre lograba alzarse entre la penumbra de la vida como una Diosa, como LA DIOSA que era.

ES CONTRA ESA TONTA... ESA... ESA... MÍRAME... ME RIDICULIZA!! ME ODIA... ME DETESTA!! MIENTRAS YO... YO..

¿Odiarla?

¿Ridiculizarla?

Coincidía con Hyakinthos.

¿De dónde sacaba eso?

María a se mordió el labio inferior, tanto que sangro mientras cerraba con tanta fuerza los puños de sus manos que se lastimo con las uñas las palmas. ¿Por qué su amada Unnie se sentía así? Si la única que había fallado fue ella… al dejarla sola en la adversidad por ser un inútil estorbo. El agarre por la muñeca, aunque firme no le hacia daño. Aun así el sabor metálico lleno su boca, bajo por su garganta al tiempo que sus orbes ámbar se clavaban en la dama de pijama negra y sensual cuerpo.

María se levanto también. Vio al masculino ir contra Maki. Por un momento quiso decirle que no la golpeara, que se detuvieran, todo aquello estaba mal… ellos no eran enemigos, eran amigos, la discordia, las rencillas… los destruirían, debían parar… ¿verdad? Si ella era la culpable del estado de Maki, porque lo era, su hermana acababa de decirlo, entonces asumiría las consecuencias. Hora de acabar con todo.

Una decisión tomo la sirena, calmaría los ánimos con lo que ella más amaba: El agua. Así que a pesar del frio, lo intentaría. Corrió detrás de Hyakinthos, aprovechando su estela para sorprender a Maki — ¡HYAKUMAIGAWARA SEIKEN! — grito esperando impactar a la valquiria y empujarla lo suficientemente lejos como para hacerla caer al agua, debía refrescarse. El agua nunca había matado a nadie, pensaba María desde su ignorancia.




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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#17
Maki tenía instinto de pelea, transformada en esa esta forma escamosa solo se ocupaba de dar rienda suelta a su violencia y fuerza el doctor la había visto poco en acción y no conocía bien sus capacidades. Lastima, por que ella era un manojo de sorpresas, la versatilidad de sus ataques era la clave para salir airosa en cualquier encuentro, este no sería la excepción. Puñetazos, espadazos, el uso de su larga cola y lanzamientos, bloqueos entre otros.

El golpe se suscito violentamente, su brazo nuevamente le dolió… mierda no podía usar todas sus capacidades, pero sin duda estaría en aprietos si ellos tuvieran sus armas y no estuvieran… dios que frio hacía, demasiado y estaba casi desnuda y con el frio metiéndose en las venas profundamente, parecía que la furia había dominado la mente de Maria Merlot, sus ataques eran erráticos y fáciles de leer. No… no estaba en su mejor momento al parecer… como si no quisiera causarle daño a pesar de lo que pasase.

Mientras le gritaba lo que sentía a los dos tripulantes, se agarraba el brazo con fuerza, le dolía el frio, las vendas ya no tan apretadas y los movimientos bruscos, era todo tan incomodo y doloroso. Le dolía todo especialmente el corazón, le picaba la garganta sintiendo la amargura de su mala fortuna descendiendo al interior de su estómago. Como es que no podía encontrar un lugar donde encajar… ¿Era por su forma monstruosa? ¿Era por qué no era hermosa como antes?... o era por que no era refinada y talentosa?... ¡¡¡POR QUE NADIE LE QUERIA CERCA!!!

—Solo mírame… MIRAME CARAJO… en esto me convirtió… en una especie de payaso para que se burle de mi…— Se agarro los cabellos rosas recientemente pintados y aun chorreaban algo de tintura pintándole levemente los dedos. —Ahora… apártate… le daré su merecido… AHORA!!!— Dijo encolerizada pero igualmente deteniéndose un poco en lo que decía retrocedió medio paso… normalmente una lucha de este tipo le emocionaría. Le llevaría a superar cada vez mas sus niveles y sus límites, pero esto no lo era en absoluto. Era solamente violencia y una discusión con algo de roces para ella. su boca se contorsiono en una especie de mueca de dolor.

Era cierto que la chica le había llevado la había cuidado y Maki había creído que… lo había hecho por que solo Rochallor le llevaría de vuelta al barco, pero. No. ahora que lo pensaba la chica se había puesto en peligro para protegerlo, era una verdad, pero una que no estaba dispuesta a aceptar. —No... tu eres... te ves...— dijo cabizbaja y vulnerable

Crujió sus dientes y estaba a punto de rendirse… le habían derrotado. No físicamente, sino psicológicamente, el golpe de Hyak termino de amedrentarla fue doloroso, le hizo tambalearse y retroceder… casi tiro su arma pero por reflejo apreto mas aun. La sangre exploto en su nariz poderosamente y su cuerpo monstruoso quiso retroceder mientras el frio se le metió en las escamas provocando que sacuda la cabeza con fuerza para intentar contraatacar, el golpe le habia entumecido notablemente... apenas podía centrarse.

Descubrió entonces que Merlot no estaba aun satisfecha. pudo verla, pero no reacciono a tiempo. Ella le atacaba por el lado de su mano rota… mierda. El instinto le traiciono y no reacción a tiempo no, fue el golpe a alta velocidad del doctor. El golpe de la sirena le impacto y aunque deseo resistir el ataque… mierda por que era tan fuerte. Porque tenía tanto empuje… Maki reboto contra la barandilla y cayó al agua helada saliendo disparada al vació frio de la nada.

Maki cayo y sintió el agua como miles de agujas frías... se sumergió lentamente pero no pdia moverse y su espada… mierda había caído durante el golpe de la sirena al rebotar contra la baranda, quedando sobre cubierta, cuando cayo ya no importaba. Cerro los ojos, sintió el frio intenso recorrer su piel y sus huesos, su transformación retrocedió casi de inmediato. Podría haber luchado contra la caída, quizás usado su cola para agarrarse a la chica peli rosada o tal vez haber enterrado las garras en el barandal, pero… ya no importaba. No podía nadar, desde que se comió esa fruta, el mar le rechazaba, le agarraba del cuello y le arrastraba a las profundidades. Mierda. Esto era lo mejor el agua entrando en sus pulmones. Morir no era tan malo. A quien amaba siempre le alejaba o le hacía daño, Mai, Ash, Rackham, Merlot… no necesitaba más. No más… no quería sufrir, solo soñar con una muerte en el frio del mar… era mas de lo que merecía. A manos de enemigas que le derrotaron con astucia.

Maki se hundió poco a poco en medio del mar… su vista miraba la superficie desde abajo reflejando la luz del sol… trago agua salada desesperadamente pero con aparente tranquilidad esperando morir rápidamente. No quería sufrir ni tampoco quería hacer sufrir a nadie mas. esto si que era lo mejor y lo que merecía.

Play Me!
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#18
El aire se cortó a un lado de su cabeza. Una brisa repentina movió sus cabellos, pero no era como las heladas ventiscas que se habían sentido hasta ahora…Esta vino acompañada de un grito.
 
—¿Eh? —Maki no había respondido a su patada y eso…estuvo seguro de que no fue porque no pudiera hacerlo, si no porque algo más o, mejor dicho, alguien más, le bloqueó la posibilidad.
 
Todo pasó muy rápido, aunque de todos modos fue capaz de ver, casi en cámara lenta, como es que María Merlot había estirado su brazo para dar un golpe que… ¿Lo sorprendió? Sí, definitivamente lo sorprendió… ¿Cuánta fuerza tenía en verdad la sirena de azul celeste? Esa técnica sí que había sido impresionante.
 
En cualquier otro momento se habría emocionado, sacando a relucir ese pequeño gusto por las artes marciales que tenía desde hace años, incluso le habría dicho a la chica que le enseñara a hacer eso…pero ahora…algo más robó su atención.
 
El cuerpo de Maki se estrelló con el barandal del barco y eso no habría supuesto un gran problema si no fuera porque las maderas no hicieron nada por frenar lo que cualquier marinero temía en aguas heladas: hombre al agua…o mujer…da igual
 
—¿Eeeh? —Parpadeó un par de veces antes de tomar del suelo uno de los bo que estaban desperdigados por la cubierta y, sin más demora, corrió hacia el borde del barco solo para intentar estirar aquel palo de madera para que la mujer de cabellos verdes, ahora rosas, pudiera sostenerse…pero había sido muy lento…demasiado lento, pues acercarse al borde solo sirvió para que viera como la chica caía al agua y, sin demora, como si fuera un pedazo de plomo, empezaba a hundirse. —¡MAKI!
 
Ahí iba su guardaespaldas.
 
¿Qué debía hacer? Un carabela no podía ser guiada por unas míseras 3 personas y, sí, uno de ellos podía ser un gigante, pero eso no quitaba el hecho de que tanto Merlot como él mismo no tenían idea de donde estaban parados, tampoco sabían reparar un barco ¡Él ni siquiera podía ver un martillo!
 
Maki no era una burla…era la carpintera y su guía en los sitios en los que Thrym, por su colosal altura, no podía guiarlos.
 
El médico observó desde arriba, pálido y tembloroso…esta vez no solo por el frío, si no por la idea de no ser los suficientes como para llegar a su isla de destino… ¿Qué tan lejos estarían?
 
—¿No sabe nadar? —Apenas habían pasado unos tres segundos desde que Maki chocó contra el mar; sin embargo, el ruido del cuerpo contra las olas aun habitaba en la mente del pelirrosa. —¿Por qué lo hiciste? —El médico se giró para encarar a la chica que aun quedaba en cubierta…Sí, estaba molesto, no podía ocultarlo esta vez. —¡No puedes tirar a la gente al agua! ¡Mucho menos con este clima tan helado! —No se quedó quieto mientras hablaba, se había acercado a la mitad sirena y levantó el bo hasta que estuvo a la altura de la cabeza de la chica y, luego, le dio un golpecito suave con este…sí…un golpe que parecía ir mucho más fuerte al inicio, pero que disminuyó su velocidad y fuerza al ver con quien estaba tratando…No…a ella no podía herirla, por eso, al final, se vio solo como si el objetivo del médico fuera asustarla.
 
—Vigila a Maki, debemos detener el barco…no estamos anclados, no podemos alejarnos mucho de ella…El agua debe estar helada y ella… ¡No sale! ¡No puedo verla!... ¡Creo que no sabe nadar o esta inconsciente! —Él no tenía la más mínima idea del efecto negativo que tenía el iguanezco y devastador poder de la fruta del diablo que Maki había comido. —¡Buscaré una soga y un flotador! Tu solo encárgate de hablarle… ¡Hay que hacer algo para sacarla del agua! No podemos perderla —. Porque eso significaría perder un gran activo y no estaba dispuesto a aceptarlo.
 
Mientras estaba hablando, Hyak se había movido por la cubierta, había revuelto unas cuantas cajas y, finalmente, se encontró con una cuerda que esperaba usar para lanzar al agua…porque sí, quería sacar a Maki, pero no tanto como para lanzarse él…aunque… ¿Qué había de Merlot? ¿Qué haría ella?

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#19
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



La brisa fría movió sus largos cabellos rosados, olvido como respirar y el tiempo pareció alentarse ante sus orbes ámbar. La hecatombe que armaron en la cubierta del Flush Royal se silencio con aquel sonido tan amado por la sirena: el agua chapoteando, justo como cuando ella se lanzaba hacía los brazos del mar. Dio un paso, y otro más, hasta correr a la barandilla, viendo como su amada hermana se hundía, semejante a una muñeca de trapo sin voluntad en las manos de un niño odioso. Pudo ver, con su buena vista, la mirada amarilla enfocada en ella, sin descifrar que le querían decir esos profundos, valientes e intimidantes ojos… pero el movimiento mismo del barco la dejo atrás.

Como si no importará…
Como si la abandonarán…
Como si la olvidaran…

"No" quiso decir, sus manos temblaban, su voz se había extinguido. Quiso gritar su nombre, decirle que nadará, que lo sentía tanto, que todo era su culpa… ¿Por qué no salía a flote? ¿Se estaba rindiendo por qué le había fallado como hermana al abandonarla con el gigante? No, no, no. Si alguien merecía el brazo roto, la muerte amarga y el olvido de sus nakamas, era ella misma. La horrible mestiza que abandono a su mujer favorita en el momento más importante… pero cómo explicarle que no fue por miedo, que no fue por cobardía, sino para no estorbarle porqué sabía bien lo inútil que era… si se hubiera quedado, seguro estaría peor que ahora, porque María Merlot sabía que la Valkiria Besada por El Sol, jamás dejaría que nadie le hiciera daño, que ni un solo cabello de su preciosa cabeza se perdiera…

Hyákinthos, su amo y señor, el objeto de su adoración, reacciono primero. No sin antes llamarle la atención por lo que hizo, María abrió la boca buscando una excusa pero no tenía voz, sus ojos se llenaron de lagrimas que no derramo cuando el médico la golpeo en la cabeza, un suave reproche que decía mucho, demasiado para su relación. Jamás quiso empujar a su hermana, jamás quiso teñir su cabello por maldad, jamás quiso que le pasará nada de eso cuando pidió su ayuda para rescatar dinos bebes. ¿Una cuerda? ¿Un salvavidas? El barco seguía andando, y su hermana se quedaba atrás.

No…
Pum…
No otra vez…
Pum pum…
No la volvería a dejar jamás…
Pum pum pum…
Aunque tuviera que dar su vida…
Pum pum pum pum…
No la perdería otra vez…

El aire volvió a sus pulmones, una aspiración profunda que soltó su tensión, y con ello las lágrimas salieron sin esfuerzo de sus orbes, resbalando por sus mejillas. Sin pensarlo, solo siguiendo a su corazón, corrió a la popa del barco, en el recorrido el suéter beige se cayo de sus hombros, puse un pie, luego el otro sobre la baranda y se impulsó. Sus manos unidas por las palmas, así cortaría mejor el agua, entraría de una forma mas limpia. Cuando su cuerpo hizo contacto con el frio mar, sus sentidos despertaron, solo tenía un objetivo: Rescatar a su hermana.

Nado sin grillos atormentándola, su mirada privilegiada le servía mas que nunca en esos momentos. No pensó en lo tonta que era para orientarse, solo pensaba en que su hermana cayo a una distancia y aún no salía a la superficie. ¿Por qué no salía? ¿Por qué no nadaba? ¿Por qué no seguía gritándole “Tonto Atún”? Cuando se encontraron en la playa, antes de ir al rescate infructuoso, pensó que solo estaba de paseo lejos de su tripulación. Luego sucedió lo del gigante, ella se quedo con ellos, ellos nunca preguntaron la razón, o por lo menos María no lo hizo. ¿Qué le habían hecho Los Olvidados a su amada hermana? ¿Por qué no regreso con ellos? Le gustaba la información, le divertían los chismes, pero no indago… era, aunque no lo pareciera, lo suficientemente inteligente para entender que su hermana había sido “Olvidada”. Ahora, con el frio océano relajando sus pensamientos, y lo sucedido en la cubierta, lo entendió… ella estaba: Sola y Asustada. Sus sueños, su amor, su entorno seguro se desquebrajo… y aun así, intento continuar, aunque su corazón estuviera roto. La antigua peliceleste entendía esa sensación, ahora lo veía con más claridad.

Las lágrimas de la mestiza se mezclaron con el mar. Lloraba por su hermana, por haberse refugiado en su propio egoísmo y demostrarle cuanto la amaba, si no por haber entendido tan tarde cuanto la necesitaba.

La amaba como amiga.
La amaba como compañera.
La amaba como a su vida.
Y estaba segura de que la amaba tanto como a Hyákinthos.

Jamás la dejaría atrás, aunque se lo suplicará.
Jamás volvería a hacerla dudar de su lealtad.
Jamás sería Olvidada.

Porque una mestiza loca, e igual de rota que ella, siempre la recordaría, la buscaría y la encontraría… aunque eso significará dejar la piel en ello, sacrificar a quien debiera sacrificar.

Entonces la vio, hundiéndose. Como si el mar tirara de ella hacía sus profundidades abismales.

María estiro su mano, sujeto la de la mujer pelirrosada. Su tacto cálido, a pesar de la frialdad de las aguas, esperaba que hiciera entrar en razón a su hermana. Con fuerza tiro de ella hacia sus brazos y la acuno contra estos. El refugio que ahora entendía estuvo buscando desde aquella mañana en la playa, cuando acepto acompañarla a una aventura en los Bosques de Little Garden — Lo siento, lo siento, lo siento tanto. — le susurro en su histeria de llantos esperando ser escuchada.

Sentía haberla golpeado.
Sentía haberla llevado hacia el gigante que le rompió el brazo.
Pero sobre todo sentía tanto no haberse dado cuenta de su sufrimiento hasta ese momento.

La mestiza no se detuvo ahí, sabía que a diferencia suya Maki D. Zennin no podía respirar bajo el agua. Así que empezó a nadar hacia la superficie, al salir pudo ver al barco acercándose a por ellas — ¿Un-unnie? — la llamo tiritando al tiempo que acariciaba una de sus mejillas con suavidad mientras con la otra mano la sujetaba por la cintura contra su cuerpo.

Unos segundos después, el doctor lanzó el salvavidas con una cuerda, María como pudo amarro a su hermana para que fuera sacada del agua por el fuerte hombre médico. Luego subió ella sola a la cubierta, cuando lo hizo corrió al lado de Maki, tirándose en el suelo al lado contrario de donde el pelirrosado la atendía — Lo siento, jamás quise hacerte molestar, ni empujarte al mar, no sabia que no sabias nadar. Te voy a enseñar, Unnie, te lo prometo. Por favor no te mueras, dime algo, haré lo que quieras por tu perdón, jamás quise abandonarte… yo, yo soy tan inútil, no fue cobardía, yo solo no quería estorbarte. Jamás te abandonaría Unnie… y el cabello, es porque quería mostrarte cuanto te quiero, compartirte mi tinte favorito, lo siento, debí preguntar. Y no eres ningún payaso para mí, eres la mujer más hermosa, poderosa, increíble, divertida, astuta, sanguinaria, loca y maravillosa de todo el planeta, de mi vida entera… si te he ofendido pagaré por eso pero por favor no me odies. ¿Quieres partirme el brazo? ¿Hacerme una cicatriz en la cara? ¿Lanzarme a llamas ardientes?  — propuso sin miedo alguno en su arrebato de sinceridad, no le importaba nada, solo obtener el perdón de la Reina de Espadas, todo ello mientras las lágrimas caían en descontrol por sus mejillas — … Te amo, Unnie, te amo más que a mi vida, por favor, permíteme entrar a la tuya, aunque no tenga el valor para caminar a tu lado, yo… yo solo quiero respirar tu mismo aire… estar con mi amada hermana sin importar el lugar o las circunstancias… si estas, es el lugar perfecto para mi, aunque no lo merezca por ser un Tonto Atún. Lucharé cada día para ser una digna hermana de Maki D. Zennin — prometió mirándola, y luego levantando los ojos al hombre —… y una digna, y provechosa, compañera de Hyákinthos — lo ultimo lo dijo en baja voz, como si fuera un secreto peligroso que demostraba que ella estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por él también. Su vida giraba en torno a esos dos. Y aunque lo pareciera la mayoría de las veces, la mestiza no era tonta como algún que buscaba siempre información valiosa, ignoraba algunas cosas..., pero si el amor de ambos pasaba por los propios fantasmas de sus personalidades, hobbies y pasados, ella los abrazaría y mancharía sus manos de sangre, y mataría a cualquiera que les impidiera hacerlo… aunque estuviera justificado... considerando lo especial del enigmático médico.



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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#20
El golpe le dolió más que cualquier otra cosa, más que todos los huesos rotos que había cargado en su vida o seguía cargando ahora. Cuando cayó al agua, sus músculos se rindieron uno a uno. No hubo resistencia. No hubo lucha. Solo ese abandono súbito, obsceno, de un cuerpo que por fin entendía que ya no tenía nada por lo que seguir peleando. Era su fin, el final de todas las cosas.

La dejaban atrás… olvidada.

El Royal continuaba su avance, inmutable y silencioso, como si la súplica muda de Maki jamás hubiera existido. Aun así, su música la siguió durante la caída: una melodía melancólica, áspera, funeraria, como un réquiem tocado para una sola mujer. Poco a poco, incluso eso comenzó a apagarse. Su corazón ya no parecía capaz de sostenerla; su mente se resquebrajaba como vidrio bajo una bota.

Era lo mejor, era mejor hacer honor a su afiliación, ser la olvidada.

¿Para qué vivir siendo despreciada? Siendo una carga para personas tan inmensamente fuertes como Cherry y Merlot. Nunca había sabido conservar el amor en sus manos. No pudo retener al cocinero, ni a su dios dorado, ni a nadie. El destino se los había arrancado a todos de entre los dedos.

Sí.

Era un buen final.

El agua le golpeó la cabeza y sus escamas retrocedieron como un puñado de aves huyendo del invierno, dejándola desnuda ante su tumba de hielo. Cerró los ojos. El mar la recibió con esa crueldad muda que solo tienen las cosas inmensas. La envolvió, la hundió, la reclamó como si siempre hubiese sido suya, como si recuperase un tesoro que años atrás se le escapo robado por ladrones implacables.

¿Sería mejor aguantar la respiración o mejor abrir la boca y tragar el mar de una sola vez?, Sería menos doloroso?

Una muerte ahogada no sonaba mal. Solo lenta. Solo cruel. Solo merecida.

Se hundía despacio, desarmada, desnuda, queriendo volver al origen. Tal vez nunca debió salir del Blues. Tal vez nunca debió dejar aquel bar miserable donde conoció a Rosse, donde una noche de canciones le compraba techo y comida. Tal vez debió quedarse ahí, pequeña, quieta, insignificante. Tal vez el error no fue caer ahora.
Tal vez el error fue seguir viviendo creyendo merecer algo para lo que no estaba lista, algo tan gratificante. Tan hermoso que no podria resistirlo ni aguantarlo. Si, era mejor ahora terminar todo.

El recuerdo de su hermana le atravesó el pensamiento como un fuego fatuo en mitad de la noche. Breve. Ardiente. Irreal. Maki no se movía, pero su espíritu sí: erraba entre las olas buscando el rostro de Mai.

Mai…

Mi dulce Mai.

¿Esto era lo que sintió?

¿Esto fue lo que le atravesó el cuerpo y el corazón como una hoja oxidada?

No, No, seguro esto era distinto, esto era dulce, dulce como una redención. No se lo merecía que ella muriera tan atrozmente mientras ella descansaba y se iba en el abrazo del gelido mar. Dulce como dejar de sostener el peso de una vida que nunca supo cargar. Sintió entonces que, si alguien debía derrotarla y empujarla por el camino de la violencia desmedida, debían ser ellas. Sus… sus dioses. Señores de estrellas innumerables, criaturas eternas y radiantes ante las que ella no era más que una mancha de barro, una basura con forma de mujer que se aferraba a su gloria infinita.

En esa inmensa quietud, flotando entre las olas en busca de Mai, encontró algo parecido a la paz. Y entonces el ruido la alcanzó. Primero fue un murmullo, después un barullo.
Después una voz arañándole el oído como una uña clavada en carne viva.

¡¡¡Qué era… qué era, joder!!!

¡¡Bajen el volumen!!

Era Cherry. Cherry gritándole algo desde muy lejos, desde un mundo al que Maki ya no quería volver. ¿Qué quería? ¿Se había caído alguien al mar? Maki quiso mirar desde su inconsciencia y la realidad le mordió la nuca. Mierda.

Estaba paralizada.

Caer al agua al inicio de su travesía no habría significado nada. Ahora era lo más cercano a la muerte. Estaba sola, triste, y ni siquiera podía llorar. No podía permitirse ese lujo, porque entonces la mirarían como lo que era: algo débil, roto, miserable. Se burlarían. Abusarían.

Así que se giró y con la poca voluntad que aún le quedaba, se entregó al abrazo maldito de la fruta y se hundió más, más abajo, más lejos y más olvidada, una vez más.

La última olvidada.

Entonces lo sintió
☼He?, el calor de las manos de alguien… PAPA? PAPA ERES TU VINISTE POR MI!?  Papa estoy tan sola tan triste, nunca… nunca quise hacerle daño nunca quise matarla, nunca quise alzar mi mano contra ella… por favor perdóname papa… PA…. NO!!!… no eres tú!!… nunca me amaste, siempre me despreciaste, nunca fui mejor que Maki… ósea que Mai… que digo… mierda me confundo…☼

El calor de alguien que no la había olvidado. El corazón de Maki quiso latir con violencia, como si de pronto recordara que seguía vivo, pero el agua ya le estaba invadiendo los pulmones, llenándola por dentro con agujas heladas. El dolor fue inmediato. Salvaje. Íntimo. Sintió cómo el pecho se le partía desde dentro, cómo el cuerpo entero se rebelaba contra la decisión que su mente ya había tomado.
Demasiado tarde, cerró los ojos de su mente y su espíritu, su voluntad quebrada no soportaba más. Las sombras le cerraron la garganta y la arrastraron hacia abajo, muy despacio, hacia la tumba helada del fondo, hacia ese lugar negro y silencioso donde siempre había pertenecido.

☼No… no vengas. Déjame. Quiero irme con dignidad. No soporto más dolor. Mi corazón no aguanta, mi mente se quiebra. Por favor… déjame aquí. Aquí es donde permanezco. Como la olvidada. La última olvidada.☼

Eso quería decir.

Quería gritarlo.

Escupirlo.

Arañarlo contra el mundo si hacía falta.

Quería que la dejaran hundirse en las aguas negras de la muerte ya nada importaba y nada tenía peso, nada tenía nombre y todo estaba disperso en la memoria. Ella misma no era nada en medio de un todo demasiado grande para su existencia. Apenas una espectadora en el mundo donde sus amigos brillaban como astros y ella solo arrastraba sombra. Se sentía horrenda. No solo por las cicatrices, por esas inmundas marcas de traición y dolor, sino por lo que escondían debajo: La prueba de lo mentirosa, de lo maldita que era. De lo traicionera. Capaz de matar para agradar a quienes la mirarían solo un segundo con desdén.

Había matado a su hermana a sangre fría maldición.

Lo mejor era morir ahora, antes de hacerle lo mismo a María Merlot, Hyakinthos o a Thrym. Ninguno merecía llevar una víbora pegada a la espalda. Nadie merecía una sabandija como ella respirándoles cerca.

¡¡¡TRAIDORA!!!

¡¡DÉJALOS EN PAZ!!
¡¡DÉJALOS!!

Salió del agua, pero no lo sintió estaba más muerta que viva sin fuerzas y sin ganas.
Vacía como una vasija rota.

El doctor pronto le atendió, pronto la trajo de vuelta a la vida, su atención veloz como un rayo, manos de un ángel salvador, nuevamente… mierda… El golpe le aparto… —Que… que hacen maldita sea… apártense cof cof… arrrgg….. malditos… malditos todos… cof cof— Apenas vomito todo el agua de mar se arrastró, desnuda, fría y adolorida muerta de frio y de dolor… sus lagrimas congeladas en sus ojos no corrían. Su boca llena de ira torcida en la muerte eterna escuchaba como su hermana?... hermana?.... era peligroso llamar a Maki hermana, ella habia matado a su ultima hermana. —POR QUE NO ME DEJAN MORIR EN PAZ MALDITA SEA!!!— Una vez mas se arrastro y se levanto… mientras ella seguía hablando, diciendole que la amaba que le daría lo que fuera..

—YA SILENCIO!!!! CALLATE CALLATE!!! NO… NO QUIERO ESCUCHARTE!!! no me dejas… dejas…. No me… no me dejas… pensar… pensar. Si… no… ya cállate…— Dijo evidentemente confundida húmeda con la piel azul… miro rápido… el boken… tomo el boken… miro a ambos, primero a Cherry, después a la sirena. Apreto los dientes y con furia golpeo un barril que se hizo pedazos de principio a fin, tanto que retumbo el Royal Flush —AAAAAAAAAAAAAAAAAAAA— su respiración agitada… el boken lo tiro al suelo y este se clavó… —No… no es suficiente… quieres que estemos a mano por esto?... por todo?— alzo el brazo, pero el dolor fue tan intenso y grande que se la tiro al suelo… —Mal… dicion… hijo de puta…— Ahí… ahí estaba… a dos pasos su guitarra. Colgada al costado del mástil principal. La hoja de los mil recuerdos rotos. Toco su tsuka y como una sinfonía de muerte, como una marcha negra resonó con las notas más oscuras y negras que pudieran existir. Notas. Prohibidas.

—Si quieres que estemos amano… alza el brazo… ese brazo será mío… es más… álzalos ambos… AHORA!!!— Le apunto a Merlot para que se alzase frente a ella… ambas a seis metros. Maki era letal a esa distancia. —Dices que me darás lo que sea… bien… dame esto… y estaremos… a mano… y tú. No te metas médico o te matare!— Maki tenia la vista seria, ojos afilados y la mueca de la muerte desapareció, ojos fríos y músculos en control. Dejo de temblar, dejo de sentir odio, paz, amor. Todo desapareció… vio a María Merlot, la sirena e hizo un gesto para que Hyakinthos el medico de los Death Man Hand.

Una vez que el medico se aparto miro su objetivo. Sus brazos extendidos…

Veloz como el rayo, su movimiento fue desquiciado, su dolor era tremendo, su arma centelleo y el golpe fue brutal. No… no fue un corte… no fue un golpe, un abrazo… Maki abrazo tan profundamente a Merlot que deseaba partirla en dos… —Nunca… nunca me abandones atún… atún tonto… y tu tampoco cara de culo…— Maki agarro la cabeza del doctor y le obligó a abrazarlas a ambas… la fuerza de Maki fue tremenda, lo máximo que pudo sacar en ese momento… Maki entonces se quebró, rota no soporto su propio peso. Cayo de rodillas sin soltar a su hermana a la única que confío y nunca le abandono… a ella solo a ella… su nueva diosa. —Perdóname por favor. Nunca… nunca te traicionare. Por favor… tu… tu perdóname… yo soy la malvada, ámame... ámame tanto como te amo… no quiero ser mas la olvidada… quiero… quiero… no se que quiero, pero lo que quiero es que estemos juntas por siempre en el cielo eterno. Por y para siempre… Atuncito… tu eres la que tiene que perdonarme. Se que no me abandonaste… sé que tu dolor fue más grande que mi estúpido brazo.— Maki entonces… murió ese día. Murió como olvidada. Renacida como una de los dioses que su padre le cantaba de niña.

Rio de estrellas
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