Buscando a la indicada [Pasado - Varo Ganchin]
#11
— Sí, te entiendo. — Se apura en contestar. No necesariamente porque le pareciera incómodo el contacto con otra persona, sino porque desconoce la higiene que posee. ¿Se lavará bien la cara? ¿Usará jabones acordes? ¿Qué tan seguido se lava? ¿Tendrá contraído algún germen o bacteria? Son demasiadas incógnitas que, si desconoces, pueden afectarte con el más mínimo roce que otro se atreva a tener contigo. Así que ese es el principal motivo por el que evita el contacto directo con otros. Ahora, también influye que no es muy sociable y expresivo fuera del ámbito profesional/médico, el cual va dejando cada vez más en el pasado al centrarse en su vida de pirata. Desde hace un tiempo para acá, sus labores médicas se centran más que nada en sus compañeros, no en la sociedad común.

Por el momento, su mente solo trabaja en encontrar un camino que les permita huir de todos sus perseguidores. Sin embargo, cierta expresión dada por Varo cambia todo el protocolo. Gira su cuello hacia el costado y se encuentra con el rostro del Mink. — ¿Acaso tú… — Sin poder pensar con demasiada claridad debido a la exigencia física a la que se está sometiendo, dice lo primero que se le viene a la cabeza. — ¿O sea que eres tú quien quiere una novia y no Uker? Parece que mis cálculos fallaron esta vez. — Quizás esta sea la oportunidad para que al cocinero dejen de involucrarlo en problemas con mujeres, como ya pasó con esa cazadora en el bosque tiempo atrás. Puede que sea el turno de Varo Ganchin de ser el objetivo para este plan trazado con el objetivo de mejorar la efectividad en el trabajo con aporte a la tripulación. — De acuerdo, hablaré con Uker y juntos te buscaremos una mink gato. No te preocupes, me aseguraré de dar con una que no sea tan tonta.

Varo se ha metido en un problema, parece que le falta aprender a controlar sus palabras, más con Kiyoshi presente, quien siempre se toma muy en serio de mantener sanos tanto físicamente como mentalmente a sus amigos. Un comentario de este tipo es algo que no puede ignorar.

Lo otro que no ignora es el escondite que encuentra Varo. Por un momento duda, pues ingresar en una propiedad ajena puede traerles problemas con la ley. ¿Acaso eso le importa a un pirata? A Kiyoshi por supuesto que sí. Se muerde el labio inferior un momento, mientras se queda parado, pero cuando ya se escuchan más fuertes las pisadas y voces de aquellos que los quieren capturar y posiblemente golpear, se atreve a ir para adelante. — Espero que sepas lo que haces, tonto. — Con cuidado pega un salto para apoyar la cintura en el marco inferior de la ventana, y luego con los brazos impulsarse hacia el interior. Espera que Varo cierre la misma para que así el ruido no llegue al exterior.

Desde fuera sí se escuchan voces.

“Ey, ¿por dónde fueron?
Los perdí de vista, pero no deben andar lejos.
Si no los atrapamos, la jefa nos patearé el trasero a nosotros.
Ni loco, yo los pillo o me lanzo al mar.
Dejen de hablar estupideces y mejor pónganse a buscar
”.

— Bueno, creo que si nos quedamos aquí un rato, en algún momento se cansarán y se irán. Ahí podremos tomar algún camino alterno de regreso al barco. — Pero ¿es tan sencillo como suena? Están en una casa desconocida.

Específicamente se encuentran en un salón. Está limpio, aunque no tiene muchos muebles. Parece ser la casa de alguien y no un alojamiento temporal. Por mucho que sea una isla controlada por piratas, la existencia de civiles nunca escasea. Por eso mismo es que se oye una voz femenina acercándose del pasillo. — ¿Mamá, eres tú? Hace mucho calor para que cierres la ventana. — Kiyoshi, temeroso, y sabiendo que entrar aquí fue idea de Varo, lo empuja para que vaya a dar cara a la mujer que se acerca mientras él se agacha detrás de una mesa cuyo mantel es lo suficientemente largo como para que no se vea su cuerpo desde abajo. Cuando la dueña de casa aparezca, solo verá al mink.

¿Cómo sobrellevará la situación? Y más importante aún, ¿cómo será la chica que lo recibirá o, quizás, confrontará?

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#12
Había habido unas palabras durante nuestra huida que había pasado por alto. Unas que, sin duda, me traerían problemas a futuro. Sin embargo, no eran nada tan irritante como la maldita coletilla que me dedicó Kiyoshi antes de entrar por la ventana que había abierto. ¿En qué momento le habría dado yo señas de tanta falta de inteligencia? No es como si fuera el menos inteligente de la tripulación, ¿no? Tampoco es que Kiyoshi fuese una eminencia. Al menos, mi plan nos quitaba a esa banda de brutos de nuestra estela. 

Me deslicé dentro del edificio. Cerré la ventana, con cuidado de no hacer demasiado ruido. Entramos a lo que parecía ser una sala bastante modesta. No me extrañó en exceso, pues llevaba días pensando en si habría una buena manera de ganarse la vida en una isla llena de brutos como aquella. Los pocos civiles que aún estuvieran encerrados en este callejón sin salida, debían subsistir a base de las pocas ganancias que les quedasen tras afrontar saqueos, destrozos y las deudas contraídas con piratas usureros. Aunque no tenía demasiadas cosas, no había duda de que la vivienda estaba habitada. Todo parecía ordenado y limpio. Un buen lugar para escondernos mientras las voces de nuestros perseguidores mostraban sus dudas y temores.

—Sí, será mejor esperar a que esos brutos se marchen y buscar una ruta tranquila para volver. No me gustaría ver de qué sería capaz esa peliverde si llega a atraparme.

Un escalofrío recorrió mi espalda al recordar el tacto de su rostro junto al mío y las insinuaciones que había hecho. ¿Quién podría sentirse atraído por alguien así? Desde luego, yo no. Eso me hizo recordar una cosa.

—Oye, Kiyoshi. No te pregunté qué tipo de mujeres te...

Mi cuerpo se tensó. No pude acabar la frase. Dentro de aquella casa había alguien. Por las paredes resonaba la voz de una mujer que se acercaba. Intenté girarme en busca de un rincón en el que esconderme. Para alguien como yo, cualquier pequeña rendija serviría. Bajo una mesa, junto a una alacena o incluso detrás de la puerta. Sí ese sería el mejor sitio. Tan pronto como entrase aquella mujer, me escabulliría por la puerta sin levantar sospechas, con todo el sigilo del que soy capaz. Me dispuse a avanzar uno de mis pies, cuando sentí un par de manos en mi espalda que me empujaron hacia la puerta. Maldito Dichoshi... Me la había jugado. Me había lanzado contra el peligro. Ahora mi cuerpo se sentía agarrotado, mi mente embotada, sin capacidad de reacción. ¿Cómo se tomaría aquella mujer que nos hubiéramos colado en su casa? Tan solo pareceríamos un par de vulgares ladrones, de esos que no debían escasear en esta isla. Miré a mi alrededor una y otra vez. Debía haber algo con lo que poder librarnos de esta situación. O tal vez podría hacer uso de las habilidades de mi akuma no mi para dejarla fuera de juego y así poder escapar. No, no podía meternos en más líos. Además, aquella mujer no tenía ninguna culpa de lo que había pasado en la cantina. Tenía que encontrar una manera de hacer frente a esta situación, de pasar desapercibido hasta que pudiéramos escapar. Mis piernas parecían bloqueadas por los nervios. ¿Acaso ahora íbamos a ser acusados de allanamiento?

Di un nuevo vistazo a mi alrededor. Eso era. Ya había encontrado una manera de escapar de esa situación. ¿Sería este otro de mis famosos momentos de lucidez? Aproveché los últimos instantes para agarrar el mantel de ganchillo que había sobre la mesa y echarlo sobre mi cabeza. Dejé el cuerpo recto, con firmeza. Casi como de una columna se tratase. Estaba dispuesto a parecer parte de la decoración. Una lámpara de pie. Una de esas que parece una estatua, digna del propio Hércules. Mis brazos pegados al torso con fuerza. Mis piernas rectas como pilares. La respiración contenida mientras oía los últimos pasos de la mujer que se dirigía hacia nosotros. Todo yo listo para salir corriendo en cuanto tuviese la más mínima oportunidad.
Emme's Codes

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#13
Kiyoshi se siente seguro, pero Varo no acepta ser el que confronta y pone en marcha un plan improvisado que le beneficia, pero también obliga al médico a ponerse pillo. El mantel que toma es precisamente el que nuestro protagonista usaba como cobertura, por lo que rápidamente opta por situar las rodillas en el suelo y meterse directamente bajo la mesa, apelando a que la suerte le ayude de que la chiquilla no tenga ningún ángulo que le permita verlo ahí debajo. Una posición normal, pero que incomoda, pues situarse las rodillas en un piso que desconoce cuánta dedicación le han invertido a su limpieza…

Al fin aparece en el salón la tercera integrante en discordia de este nuevo grupo. Por su apariencia juvenil, debe estar apenas en sus 18 años o en una edad similar. Lleva un delantal blanco sobre su vestido, el que indica que debe dedicarse a las tareas del hogar o, por el olor que llega desde uno de los pasillos, puede tratarse de quien realiza la comida de la casa. Su cabello es rojo y está amarrado en una única trenza. En sus mejillas abundan pecas y hay ciertas marcas de suciedad tanto en el rostro, delantal e incluso en sus pequeñas manos, todas manchas de comida. Si juzgamos el libro por su apariencia, podemos concluir que no se trata de alguien peligroso. ¿Nos equivocaremos o acertaremos? Solo el tiempo lo dirá.

— Mmm, qué extraño. Juré que escuché un ruido. — Se pasea un momento y se acerca a la ventana abierta, procediendo a cerrarla no sin antes asomar la cabeza hacia fuera, viendo a los tipos que siguen moviéndose por la zona en la busca de los sepultureros. — Esos tipos siguen causando problemas. Me pregunto por qué los Daten Shi no les han dado una paliza todavía, son muy gritones. — Parece que el grupo de Zaki no es muy bien visto por los habitantes de la isla. Es un dato curioso. — Solo espero que no molesten a mamá mientras regrese a casa.

Parece que la muchacha está a punto de regresar a la cocina, sin percatarse de que a su lado se encuentran dos personas. Sin embargo, no todo es tan simple como parece. De pronto, la chica mira hacia el suelo y encuentra rastros de suciedad. — Limpié esta mañana. ¿Quién ensució esto? Quizás mamá dejó entrar sucios cuando estuve tomando la siesta. — La respuesta inmediata se deja dar por parte de Kiyoshi, quien alza la voz sin tener ningún tipo de cuidado. — ¿A quién diablos le estás diciendo sucio, tonta? Sucia serás tú. — En lo que el médico sale de su escondite y se muestra, la chica suelta un fuerte grito. — ¡AHHHH! — Retrocede, angustiada, tres pasos. Su delantal cuenta con un bolsillo ancho del cual extrae un gran cuchillo cocinero que usa para amenazar a Kiyoshi. — ¿Quién eres tú y qué haces en mi casa? ¡No te me acerques! — Recién ahora Kiyoshi es consiente del error que ha cometido, por lo que intenta arreglarlo rápido. — No te asustes, no he venido a hacerte daño. Solo entré para esconderme de los tipos de fuera que me estaban molestando. — Mucha explicación y todo, pero la chica, impulsada por su miedo, se lanza hacia delante buscando dar una estocada con la punta del cuchillo justo en el pecho del médico. Este, veloz, da un pequeño salto hacia atrás que le permite evadirla, aunque logra que su espalda se vea apegada a la pared y sin espacio para seguir huyendo.

Aquí es donde busca ayuda, entendiendo que la situación se le está escapando de las manos.

— Oye, Varo, deja de perder el tiempo y ayúdame a hacerla entrar en razón. Si sigue gritando, atraerá a esa mujer y dudo que quieras seguir siendo su oso de peluche para los brazos. — Primero, echa al agua a su pobre compañero, quien hasta ahora ha pasado inadvertido con su peculiar disfraz. Segundo, elige las palabras predilectas para casi obligar a Varo a salir y ayudar, pues Kiyoshi tan tonto no es y entendió perfectamente el trauma que el Mink agarró con la chica del bar.

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