Jesse S.
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No le extrañó la reacción de Kagura, era normal su vestimenta era cuanto menos peculiar, por lo que sabía perfectamente que iba a reaccionar con una carcajada, no era para menos. Aunque lo cierto es que parecía que se habían puesto de acuerdo para vestirse, pues ella iba de una guisa parecida, pero de un color rosa, que de forma algo imprevisible, le quedaba bastante bien. Ciertamente había pocas cosas que podían no quedarle bien a la pelirroja. Por no decir que nada le podía quedar mal, a pesar de su tono de cabello, casi todo le sentaba bien. Debía tener un don natural para ello, o mejor dicho, una belleza natural.
Cuando ella pellizcó la nariz y volvió al probador no pudo evitar lo bien que le quedaba aquel pantalón desde atrás, y por una vez no sintió el deseo de regañarse, simplemente esbozó una sonrisa y soltó un suspiro. Debía empezar a aceptar que su amiga se había convertido en una chica muy bonita y ni él mismo era capaz de evitarlo. A pesar de que quería protegerla de todo y de todos.
Volvió al probador y encontró unas prendas que le recordaron bastante a su juventud, unas prendas muy parecidas a las que usaba de niño cuando jugaba con ella y le enseñaba a subirse a los árboles, hacer que las piedras rebotaran al lanzarlas con cierta inclinación al mar. Le recordó una época donde las cosas eran más fáciles y la felicidad era verdaderamente el motor para hacer las cosas. En la actualidad, estuvieras feliz o no, debías moverte.
No dudo en ponerse esas prendas, lo cierto es que incluso con la edad que tenía le quedaban bastante bien, pero la forma en la que se proyectaba era algo diferente, se veía… ¿Más maduro? No estaba seguro de como expresarlo, solo esperaba que a Kagura le gustara la forma en la que se veía con aquellas prendas, pues realmente consideraba que iba con su personalidad que el traje de marine, pero para gustos colores.
Abrió la cortina del mostrador y su único ojo se centró en el probador que tenía enfrente, quizás era muy atrevido acercarse y plantarse muy cerca, no quería asustarla, pero… Decidió hacerlo. Se plantó apenas a un palmo del probador de Kagura, apenas unos dedos separaban su frente de la tela que cerraba el probador de su amiga. Quería estar cerca de ella… Cuanto más cerca mejor.
Cerró los ojos y metió las manos en los bolsillos, solo le quedaba volver a Kagura, y fuese como fuese, encontrarse nuevamente con los ojos de ella sería feliz. Ella le hacía recuperar la felicidad que muchas veces se había cuestionado si sentía.
Kagura
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Retirando prenda por prenda, realmente sentía que nada de eso encajaba conmigo, con mi personalidad, por muy hermosa y elaborada que estuvieran, ninguna lograba hacerme sentir cómoda, era como si simplemente no estuvieran hechas para mi. Cuando la última pieza cayó sobre el pequeño mueble deje salir un suspiro leve, permaneciendo unos instantes en ropa interior frente al espejo, contemplando el reflejo que este me devolvía, apreciando mi cuerpo, recorriendo cada tramo de mi piel lechosa, mis atributos femeninos, lucia bien –Si que estoy buena…– me elogie mientras acomodaba algunos mechones rebeldes detras de mi oreja, dándome una última mirada, Volvería hacia las otras prendas que aun me faltaba por probar, tocandolas, apreciándolas, nada de lo que estaba aquí me gustaba, hasta que di con algo que si sentí que era más acorde a mis exigencias.
Se trataba de un vestido blanco de manga larga, adornado con delicados detalles en tonos dorados que lograban destacar la elegancia de la misma prenda, el dobladillo terminaba unos centímetros por encima de mi rodillas dando un toque discreto, lo que más me gustaba era el fino cinturón que resaltaba mi figura de una manera sublime, acompañando el conjunto con unas medias en tono rojo y elegantes tacones dorados, finalmente el conjunto estaba más que listo. Agregue joyería y un listón que sujetaba mi cabello con elegancia. Ahora me sentía totalmente cómoda y segura con este tipo de vestimenta. Sin embargo durante ese breve momento de tranquilidad en donde apreciaba mi reflejo en el espejo, escuche suavemente los pasos de alguien aproximarse del otro lado del probador —¿Jesse? — mencione el nombre de mi amigo, y al darme la vuelta solo pude ver la silueta que se ocultaba detras de la cortina.
Deslizando la cortina para poder encontrarme con aquella silueta, por un instante sentí que el tiempo entre los dos se había detenido, conectando mis zafiros con aquel jade que transmitía su único orbe, esa mirada, esa expresión, ¿Que es lo que pasaba por su mente?, queria preguntar pero la respuesta probablemente me asustaba, me asustaba más que aquella noche en la que nos volvimos a encontrar después de tanto tiempo, tras esas ideas mi mirada se desvio exactamente hacia su torso, la ropa le sentaba de maravilla, la camisa era lo suficientemente ajustaba para remarcar su cuerpo, dejando en evidencia el resultado de incontables horas de entrenamientos, senti como mi corazón comenzó a latir por otros motivos, sus hombros, su espalda y sobre todo el contorno firme de sus pectorales, logrando que mi respiración se cortada durante un breve instante, un breve segundo.
De pronto solté un largo suspiro como si quisiera abandonar todas estas ideas incomodas, sacudiendo ligeramente la cabeza para expulsar todos esos pensamientos impuros, no podia seguir comportandome de esta manera cada vez que miraba un cuerpo muy bien marcado. Reuniendo el poco valor y fuerza de voluntad que me quedaba, alce la mirada para encarar de nuevo su mirada –Te queda bien…al igual que mi vestido…comprare este– mencione con algo de nerviosismo mientras procuraba en mantener la tranquilidad –¿Y tu? ¿Compras algo?....creo que el traje del vaquero te quedaba bastante bien…– con una leve risa no dude en apoyar ambas manos sobre los hombros de Jeese y con mucha suavidad, lo empuje para que retrocediera paso a paso, Apenas cruzó el umbral de su probador cuando deslice la cortina con euforia, sintiendo que finalmente mi rostro comenzaba a arder, realmente me habia tomado por sorpresa ese conjunto.
Mis manos cubrieron mi rostro por inercia tratando de ocultar mi verguenza, escapando del momento, de la situacion, no dude en regresar a mi probador para quitarme rapidamente este conjunto y colocarme de nuevo mi vestido ajustado en tono rojo, no seguiria probando o buscando mas conjunto, con uno me bastaba y seria este vestido blanco con sus demas complementos.
Jesse S.
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Al ver correr la cortina del probador enseguida se tensó un poco por lo que pudiera ver al otro lado, Kagura iba preciosa, cualquier cosa que se pusiera le quedaba bien, el sin embargo había quedado bastante absurdo con el traje de vaquero, sin embargo ella cualquier cosa que se pusiera, fuera de su estilo o no, le quedaba. Era lo que tenía ser guapa. Y además, imaginaba que a los tipos como él no todo le podía quedar bien.
Se quedó mudo mirándola de arriba abajo, sin duda iba preciosa, y además, ese vestido le daba un toque elegante, al contrario que él. Que iba de una forma más casual, incluso callejera, la forma en la que él solía vestir cuando era más críos y que había dejado atrás en el momento en que se alistó en la marina… Algo que no tenía porque haber hecho, aunque claro, ir siempre con uniforme tampoco le daba mucho tiempo para elegir la ropa que de verdad le gustaba, pues no tenía mucho tiempo para eso.
“Vas preciosa” quiso decir, pero de sus labios solo salió...
– Te queda muy bien... – Aunque sus mejillas, claramente, podrían delatarle.
Ella afirmó que se iba a comprar ese vestido, realmente era un gran acierto, por otro lado, el no tenia claro si comprarse algo, pues evidentemente lo que el traje de vaquero le quedaba bien era una broma de la pelirroja, además, dudaba atreverse a ponerse un traje como ese y caminar con él por la calle, eso sería demasiado. Y las ropas que llevaba en ese momento no estaban mal, pero dudaba que actualmente pudieran ser su estilo. Ya no era un adolescente, por desgracia.
– Yo creo que me iré con las manos vacías, dudo que haya estado muy acertado con mis elecciones, y la única elección buena era demasiado cara. – Se rascó la nuca, soltando una carcajada tímida.
Noto las manos de Kagura sobre sus hombros y fantaseo durante unos segundos que aquel gesto podía significar otra cosa, pero solo fue para apartarle un poco y adentrarse de nuevo en el vestidor.
Su mente viajó a toda velocidad, y sin saber exactamente metió su mano al mostrador de ella, claramente, antes de que ella tuviera tiempo a quitarse una sola prenda. No estaba seguro de si quería agarrarla a ella, o si por el contrario, quería que ella fuese quien le agarrara a él.
– Kagura, yo… – Empezó, pero no podía continuar si ella no decía, o respondía a la mano que él metió tras la cortina, o bien, saliendo ella… O haciéndole entrar.
En aquella tienda había descubierto cosas que no habría descubierto en otra parte, y aunque probablemente no se llevaría nada material, lo que se llevaría sin lugar a dudas serían un montón de certezas en su corazón.
En ese momento el corazón del pelirrojo iba a mil por hora…
Kagura
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Cuando estaba a punto de retirarme las prendas, de pronto sentí que algo me apretó ligeramente el trasero –¡UUHH!-- Sonrojándome un poco por la sensación extraña, me obligue a girar de golpe para comprender mejor lo que estaba pasando, al bajar la mirada noté que la mano que sobresale de la cortina era la de ¿Jesse?, conocía perfectamente esas líneas, ese dorso…si, conocía perfectamente esas manos. Al azar la mirada pude apreciar mejor la silueta que se dibujaba detrás de la cortina y pude identificar que realmente era Jesse quien me estaba buscando, ¿Pero porque me tocaria de esa forma?, cuando estaba a punto de reclamarle su voz rompió aquel silencio incómodo.
Sin completar la frase, el silencio volvió a reinar dejando esa incertidumbre que solo me dejaba mas confundida, más desesperada, más…sola, deje salir un suspiro para ahora levantar mi diestra y sin medir las consecuencias, mis dedos se entrelazaron con la palma contraria, mi corazón dejó de latir en esos breves segundos. Tirando de su mano lo obligue a entrar al vestidor, que aunque el espacio era reducido, retrocedí un poco hasta golpear contra la pared, justamente contra el espejo.
Observandole fijamente a los ojos, no aparté la mirada en ningún momento. Podía notar sus mejillas sonrojadas, su respiración chocar contra mi rostro y esa boca que parecía querer formular palabras, ¿Que era lo que quería? ¿En qué estaba pensando?, puede que mis mejillas ardieron en su momento, pero al observarle tan fijamente, recordé nuestro tiempo de pequeños, todas esas veces que me ha salvado o todas esas veces que me ha apoyado, mi mano soltó su palma y elevando mi palma hasta tocarle el rostro, mi mirada estaba fija en sus facciones.
Debes parar…ese sentimiento debe parar – esa fue mi respuesta, desde que el vendedor soltó aquellas palabras, sabía perfectamente que una tormenta se había desatado, mi corazón latía, al igual que el de Jesse, pero por mas que esos latidos se escucharan tan cerca el uno del otro, no estábamos en la misma página, no era nuestro destino, simplemente no era parte de nuestro mañana, pues Jesse también formaba parte de mi pasado, ese sentimiento que creció como una admiración…al final era eso…un amor de niño que deje ir hace tanto tiempo.
Al retirar mi mano de su rostro, sostuve su mirada mientras dejaba que el silencio reinara en ese momento, Ahora era su turno para definir y ordenar sus ideas, estaba delante de él. No huiria, no escaparia pero si seria sincera con mis sentimientos y escucharia lo que Jesse tenia que decirme, ¿Estaremos bien?, queria creer que si, queria creer que todo seguiria igual despues de este momento…pero eso lo definia solamente una persona…y ese era Jesse.
Jesse S.
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No era realmente consciente de que estaba haciendo atravesando con su mano la tela que cubria el pequeño cubículo del probador que en ese momento estaba usando Kagura, consideraba que probablemente se llevaría un golpe en la mano por parte de ella, pero lo que ocurrió fue muy diferente, ella tomo su mano y le hizo entrar. La forma de entrar fue un poco brusca y ella quedó contra el espejo y él. Estaban muy cerca, podía notar de forma sutil el pecho de Kagura contra su torso, no era una situación desagradable, pero sí novedosa, especialmente entre ellos dos.
Las manos de la joven subieron a su mejilla, lo cual le hizo cerrar los ojos durante unos segundos, mientras escuchaba las palabras de la pelirroja, una palabras que claramente dejaban en que lugar estaban sus deseos y lo que sentía. Realmente no sabía que podía esperar, si que notaba que de pequeña ella bebía los vientos por él, pero las cosas habían cambiado y se había convertido en una adulta, el momento en el que él, seguramente, si se lo hubiera pedido, bebería los vientos por ella. Realmente… ¿Cuánto tiempo llevaba sin hacer algo que él mismo deseaba hacer? Llevaba mucho tiempo viviendo en la marina, recibiendo órdenes, todo por cumplir el deseo de una persona que ya no estaba a su lado. Siempre había seguido las órdenes y deseos de los demás, pero nunca los suyos propios. ¿Era eso justo? Probablemente no.
– Kagura yo… – Iba a decir lo que su corazón le pedía que dijera, pues su corazón en ese momento iba a mil por hora. – Yo… – Por un lado quería decirlo, pero viendo el rostro de la joven se percató de algo. Seguramente intentar seguir sus deseos, en este caso con ella, le hacía ser demasiado egoísta… Desde siempre había preferido ser él quien sufriera a hacer sufrir a los demás, siempre que no fueran enemigos, claro.
No dijo nada. Simplemente la miró a los ojos, y acarició su mejilla con ternura, una ternura que siempre había demostrado hacia ella.
Se inclinó sobre el rostro de la joven, pegó su frente a la de ella y cerró los ojos durante unos segundos.
Y la besó.
Pero fue un beso en la frente, un beso de rendición, de sueño del que se desprendía por petición de Kagura. Y no, no la culpaba, era normal que no todo el mundo deseara lo mismo, y con ella no podía seguir un deseo egoísta.
— Siempre… Siempre estaré de tu parte. A tu lado. – Dijo en voz baja, para que solo ella pudiera escucharle.
Separó lentamente la mano de su mejilla, y la metió en uno de sus bolsillos, solo esperaba que aquella situación no hubiera asustado demasiado a Kagura… O mejor dicho, esperaba que no haber asustado demasiado a Kagurita.
Nuevamente, y no por última vez, rechazaría su deseo, y cumpliría el de alguien más. Pero esta vez no podía no hacerlo.
Kagura
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El roce de sus dedos sobre mi mejilla me hizo observarle con mas atención, ¿que estaba a punto de hacer? ¿En que estaba pensando? No me aparté y tampoco retrocedí, simplemente permanecí observando en silencio cada una de sus acciones, podía ver el conflicto en su mirada que ardía con intensidad, podía escuchar respiración y sentir el peso de todo aquello que ninguno de los dos había dicho durante años, estabamos a punto de cruzar una linea que quizas debiamos de borrar en ese instante. pero cuando apoyó su frente contra la mía, mi corazón se encogió por la sorpresa…por el gesto brusco de su parte, pero comprendí lo difícil que estaba siendo para él soltar este…¿sentimiento?...debia asumirlo ¿como tal?, Jesse siempre había sido alguien importante para mí y precisamente por eso aquella situación resultaba tan dolorosa y a la vez tan distante.
Cuando sus labios se posaron sobre mi frente, sentí una profunda tristeza atravesar el pecho, ciertamente no era un beso que despertara ilusión en mí, pero… era la confirmación de algo que ya sabía desde hace mucho tiempo, mi reacción fue…bajar ligeramente la mirada mientras escuchaba sus palabras, Aquella promesa…aquellas palabras fueron como sentir varias espinas clavarse en mi corazón, aun asi…trate de forzar una sonrisa pequeña y melancólica a la vez —Lo sé –- respondí en voz baja para nuevamente levantar la mirada —Y siempre estaré agradecida por eso…eres lo mas cercano que tengo de una familia…— Mis dedos se cerraron suavemente alrededor de la tela de mi vestido mientras intentaba ordenar mis pensamientos, deje salir un suave suspiro, No quería perderlo, pero tampoco podía ofrecerle algo que no sentía.
Observé cómo retiraba lentamente la mano de mi rostro —Jesse... gracias por entenderme— murmuré sin apartar la mirada de sus ojos, no queria agregar mas sal a la herida pero debia ser clara con todo este asunto, debia tomar mejores medidas para solucionar este nuevo dilema, un dilema que se ha estado formando desde hace tiempos —Pero creo que necesitamos algo de espacio...— Aquellas palabras fueron difíciles de pronunciar, pero era lo correcto para frenar estos sentimientos complicados y dificiles de comprender —No quiero que ninguno de los dos termine lastimándose más de la cuenta, ademas…estamos en la misma división y…— Dejé escapar un suspiro con solo recordar las complicaciones sobre tener un amorio en la marina pero…era un tema que aun me confundida un poco…ademas cierta silueta vagaba por mi mente con una sonrisa de fanfarrón — Eres diferente…eres…una de las personas más importantes de mi vida y no quiero perder al cruzar esa linea— estaba siendo totalmente honesta desde el fondo de mi corazón.
Quedando inmovil por unos segundos más, me incliné para tomar mi vestido carmesi, para luego observarle con algo de tristeza —Ire a pagar asi que… — comenté intentando aliviar la tensión del ambiente o mejor dicho…buscaba una excusa para escapar de ese vestidor, después acomodé una de las mangas entre mis brazos y lo observé una última vez, ¿le habre hecho daño?...esperaba que no…o quizas era mutuo, no sabia que pensar… —Hoy me divertí mucho contigo, lamento terminarlo de esta forma— admití con honestidad mientras dejaba salir una sonrisa ironica —Y espero que algún día podamos recordar este momento sin sentirnos incómodos, me alejare unos dias….— Mi sonrisa se volvió un poco más cálida y sin decir nada mas me dirigí hacia la salida del probador, dejando que la cortina volviera a cerrarse entre nosotros, quizás las cosas cambiarían durante un tiempo, pero estaba convencida de que aquella despedida era necesaria para que ambos pudiéramos seguir adelante, mirar hacia el futuro y compartiendo un mismo sueño: ser los mejores de la marina.
Jesse S.
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Cuando Kagura se marchó del probador sentía que una parte de él se había marchado con ella, un parte que a lo mejor nunca regresaría, pero otra vez había cedido a los deseos de una persona, él quizás deseaba darle otro tipo de beso, pero quizás habría empeorado las cosas o no, o tal vez simplemente se habría podido disculpar, pero lo que estaba claro es que al final, solamente cedía a los demás y no había forma de cambiar eso. Sentía que una sensación horrible se instaló en su corazón en ese momento, y era una sensación ponzoñosa, que le envenenaba y quemaba por dentro, pero que sabía que no podía quitarse, no por ahora.
Entendía que Kagura se quisiera alejar unos días, o más, incluso entendería que quisiera hacer gestiones para sacarlo de la División, probablemente el mismo no habría luchado para mantenerse en la misma. Todo aquello le había hecho saber lo desilusionada y desencantado que estaba de todo, ser marine le parecía pertenecer a personas de más poder que podría hacer contigo lo que les diera la gana solo por que llevaba un uniforme.
Se quedó en el probador unos diez minutos, mirándose al espejo fijamente, viendo las ropas que vestía en ese instante como no le representaban, era el Jesse de años atrás… Aquel que era… Aquel era una versión real de sí mismo. Actualmente el Jesse que existía ya no tenía nada que ver con aquel al que se recordaba. También se quedó tanto tiempo en el probador para poder dar tiempo a Kagura para que se marchara de la tienda.
Se llevó la mano al pecho siendo consciente de la oscuridad que se había instalado en su corazón y con la cual tendría que convivir por una cantidad indeterminada de tiempo, tal vez para siempre. Era algo que no podía saber, pero en ese momento tenía aquella sensación impulsiva de querer gritar, de dejarlo todo, mandarlo todo a la mierda y hacer cualquier barbaridad, pero, al menos de momento, tenía el suficiente autocontrol como para no hacer algo así.
Apoyó las manos en el espejo y se miró apretando los dientes, se notaba que había cambiado, seguramente a peor, pero una cosa estaba clara… ¡No había vuelta atrás!
¡HASTA SIEMPRE JESSE!
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