[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano
Atento a las pruebas y tras lanzar a Ryota al medio del campo de juego, puedo ver cómo los participantes iban realizando sus mejores golpes, bien ordenaditos y sin colarse nadie, hacia el dial para ver los skykilos en el marcador. Y aunque de manera muy distinta, cada uno se dejaba ver de la mejor manera posible.

El primero, el topito, un topito tímido, tal vez por ser observador por tanta gente, pidió que nadie le mirara, cosa que obviamente no iba a pasar, era un topito gracioso. Además, ¿los topos no se supone que son medio ciegos? Tampoco se enteraría si le miran, ¿no? Un golpe brutal. El siguiente, el comandante Stroud—. ¡¡DALE FUERTE COMPAÑERO!! ¡¡DEMUÉSTRALES CÓMO SE HACE!! —grité lleno de entusiasmo, llevaba nuestro uniforme, tenía que dejar a la Marina en lo MÁS ALTO. Y me daba igual lo que pensaran mis compañeros de equipo, obviamente quería ganar, pero eso no significaba no poder animar a mis compañeros.

El siguiente fue un hombre bastante alto, otro gigantote como Sigurd, pero este era escamado y tenía con un flow violento, no parecía tan agresivo como el carnicero, sino que estaba dispuesto a dar show. Le gustaba la gente y los vítores, eso estaba claro. La siguiente fue una mujer calva, calva y explosiva, que se transformó en una iguana enana que si te descuidas la pisas, y tras ella, un maleducado, al que pronto me uniría junto con mis compañeros Juan y Shin para ponerle en su sitio.

—¡¡BUUUU!! ¡¡CACHO MIERDA!! ¡¡BUUUU, FUERAAAA!! —miré a Juan acto seguido entre risas esperando que nos devolviera la mirada al equipo seis, para después echar a reír junto con Shin, aunque a los abucheos se sumó Sigurd. Miré hacia arriba y era gracioso, marines y piratas gritandole a la misma persona. Curioso.

La próxima fue una chica que parecía ser de aquí, de Shandora, tenía las mismas alas que Masami, y también asestó al dial un golpe brutal. Y, por fin, Ryota—. ¡¡DALE AHÍ BIEN FUERTE MAHANA!! —grité con entusiasmo mientras observaba como le iban saliendo unos brazos peludos del cuerpo y le arreó un golpe brutal al contador de fuera—. ¡¡ESO, ESO, SHIN TE PAGA EL CURSITO, QUE YO NO TENGO UN DURO!! —acompañé a los vítores de mi comandante ante el brutal golpe. Y para mi sorpresa, grata sorpresa, la siguiente en aparecer fue la kuja que estuvo encerrada conmigo en Kutsukki, a quien Ryo le prestó mis guantes para que golpeaba con toda la fuerza del mundo.

En mi mente, esa mujer era muy pero que muy muy fuerte, hacía girar su brazo y multiplicaba sus golpes por a saber cuánto, y efectivamente, eso mismo hizo. Lo siguiente fue acercarse al grupo y darle un petisui a Ryo. Tras eso me devolvió los guantes—. ¡¡OYE, RUNIN, QUÉ ALEGRÍA QUE ESTÉS BIEN!! ¡¡Qué fuerte, no esperaba encontrarme contigo de nuevo tan pronto!! La vida te ha tratado bien ehh, eres más fuerte que antes, qué locura de golpe… —por un momento me había olvidado que estaba hablando con una pirata, al parecer interés amoroso del capitán pirata que estaba en mi equipo—. ¿Qué tal todo tras escapar de aquella isla? No sabía que eras parte de los Hanu Mahana, ¡qué bien! Ryo me esta cayendo muy bien, ¿sabes? ¡¡Me alegro mucho por los dos, hacéis buena pareja!! —tal vez Shin me diera un caté tras eso al ser su subordinado, pero lo que pasaba en Skypiea, se quedaba en Skypiea.

Por otra parte, la proposición de Ryota de darle 300 mil berries por haberle dejado los guantes me dejó boquiabierto, ¿eso era cierto? ¿Estaba bien aceptar dinero de un pirata con un comandante delante?—. Buah... Qué dices... ¿En serio? Está mal que acepte dinero siendo marine... Aunque la verdad es que como soldado estoy bastante pobre, no me pagan mucho... Siempre dependo de mis compañeros con el tema del dinero... ¿En serio me darías tanto dinero? Ay no se... ¿Debería aceptarlo? —MENUDO DILEMA. ¿Se podía considerar corrupción? No estaba haciendo favores en contra de la ley para librar a un pirata de sus crimenes, así que podría ser como el regalo de un... ¿Amigo?—. ¡¡Muchas gracias Ryo!! —desconocía si al final le entregaría esos berries o haría por que me llegaran de alguna manera sin yo saberlo para no sentirme menos bien por el regalo, tal vez lo que más me preocupaba era la posible reacción de mis superiores, pero era un truque por haberles dejado los guantes, aunque en un principio fuera de manera desinteresada... ¿Estaba haciendome amigo de piratas? Si ya mi mejor amigo era "Hilo Rojo"—. "En qué berenjenal me estoy metiendo" —aunque una cosa tenía clara, podía llevarme bien todo el mundo, pero traicionar a los míos, eso era algo que, con total seguridad, jamás iba a pasar.

El siguiente en participar fue un tipo estilizado y de pelo rosa, pero el pobre ni de lejos alcanzaría la cifra de Runin que, segundos después, el dirigente proclamó vencedora.

—¡¡MORENAAA, ENHORABUENAAA!! —le grité desde nuestro cubículo mientras me volvía a colocar los guantes.



Lo siguiente era otra prueba clave para nuestro dream team, la prueba del céfiro—. ¡Eh! ¡Sinosuke Nohara, esta es la tuya, brilli-brilli! —pero no fue el primero en participar.

La que tomó la iniciativa sin duda, era una de las mujeres más guapas que jamás había visto, una chica de pelo rosa, también alada, y para sorpresa, también miembro de los Hanu Mahana—. Loco… ¿Pero cuántos sois? —le dije a Ryota mientras observaba a aquella mujer de ojos azules tomar impulso con sus alas y avanzar para pasar el dial y que midiera su velocidad, era como si el mundo fuera a cámara lenta, dejando que el aire hiciera ondear su largo pelo rosa y acariciara con suavidad las plumas de sus alas. No era tan rápida como yo podía llegar serlo, pero no pude evitar aplaudir con bastantes ganas—. ¡MUY BIEN YUUKI, LO HAS HECHO GENIAL! —no podía quitarle la mirada ni dejar de aplaudir, y a pesar de ese pedazo de cicatriz que tenía en la cara, había hecho que me brillaran los ojos más de lo que podía llegar a brillar Shinchan.

El siguiente sí que fue rápido, un tipo con ojos de colores, también con una cicatriz en la cara que le atravesaba uno de ellos, pero que en un abrir y cerrar de ojos, atravesó los 30 metros de manera irrisoria—. ¡Hostia puta! ¡¿Eso se puede hacer?! ¡BUA, BUAH, Y SIN FRUTA, NO COMO TÚ SINOSUKE, PERO QUÉ LOCURA ES ESTA! —mi mente procesaba tan rápido que en un brote de efusividad tensé todo mi cuerpo y me coloqué en posición de batalla, animado por aquella técnica. Se había tenido que preparar y seguramente si yo quería conseguir algo parecido me tocaría hacer lo mismo, pero eso abrió mis horizontes—. Si tú puedes… Yo más y mejor —susurré para mis adentros mientras le mantenía la mirada de manera seria y lo veía regresar a su cubículo. Tras eso miré a Enji, a Juan y a Masami, y les asentí con la cabeza mientras les regalaba una sonrisa a cada uno, haciéndoles entender que si ese tirillas había conseguido hacer aquello, su soldadito rubio y guapo iba a conseguir algo mucho mejor.

El siguiente en aparecer fue otro tipo algo, de piel bastante oscura, también alado y con la tienda de campaña bien puesta—. ¿Pero qué cojones…? ¿Lo estáis viendo? —les comenté a mi equipo, el tipo medía dos metros y medio, y con impulsó también levantó la arena del estadio, pero sin alcanzar siquiera la mitad de la velocidad del anterior—. ”Claro, si es que eso no cortas el aire, te hace arrastre animal… ¡¿A quién coño se le ocurre participar tieso?!”

Y por fin, el momento más esperado de la Marina, el más esperado del equipo seis, y el más esperado de los habitantes de Shandora, aunque aún no lo supieran. El despliegue de medios del comandante dueño de la pika pika no mi, que atravesó el campo a la velocidad de la luz, dejando a cualquiera que intentara retarlo en velocidad a sus espaldas.

¡¡¡DALE COMANDANTE, BRUUUUUTAAAAALLLLLL!!!

Grité con todas mis fuerzas tras verlo avanzar tan rápido que si parpadeas te lo pierdes, envuelto en aquel color dorado que caracterizaba al poder de su fruta del diablo. Y tan pronto regresó al cubículo me volví a lanzar contra él para intentar engancharlo de las piernas y levantarlo en el aire, ¿está vez me dejaría?—. ¡Qué pasada de fruta tienes comandante!

El siguiente fue el gato negro, serio y callado, también uniformado Moja, con quien había compartido camino momentos atrás. Era tan recto, tan militar, que hasta a veces daba miedo. Se colocó en posición y cubriendo su pelaje de unos extraños rayos azules, atravesó los 30 metros también a bastante velocidad—. Bua, todos tenéis poderes super guapos… Ayudadme a encontrar la utilidad de los corazones va —zarandeé a Ryota y le di golpes a Sigurd en la pierna para que me hiciera caso, Shin ya se había medio “retirado” para descansar, y tampoco dejaba que le tocara, así que bueno, le dejaría con su ego ahí apartado—. Egocéntrico Sinosuke —le señalé y le saqué la lengua como solía hacer él cuando no me quería responder a mis akira-preguntas.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
Momentos antes…

Justo antes de que empezase la prueba del coloso, el hombre que se presentó como Jin me ofreció un cigarro, una señal de paz aparentemente. —No fumo… —Dije mientras tragaba algo de saliva; estaba nervioso. ¿Sería la siguiente prueba mi momento? ¿Y si ninguna prueba encajaba para mí? Me aterraba hacer el ridículo frente a una multitud tan enorme como la que estaba sentada en las gradas, pero, sobre todo, no quería decepcionar a mis compañeros. —¡Qué demonios! Dame uno, anda. —Exclamé antes de recibir el regalo. Recordaba cómo mi padre salía a fumar a la entrada del taller cuando se estresaba con el trabajo, así que quizás podría servirme para calmarme. —Gracias —le dije con sequedad, después de todo, seguía siendo un criminal. —Por cierto, mi nombre es Juan.

Tras realizar su prueba, Stroud regresó al cubículo. —¡Bien hecho, Comandante! —le felicité poniéndome con torpeza sobre mis patas traseras y moviendo las delanteras de un lado al otro en el aire. Nyra me preguntó por Maki con curiosidad; no tenía la intención de mentirle ni de guardar secretos, por lo que fui directo sobre nuestra relación. —Si es la Maki que creo que es, fue mi compañera durante nuestra etapa formativa en la Marina, aunque ahora parece que es una pirata… Parece que ha cambiado mucho… —El tono en mi voz no reflejaba tristeza a pesar de sonar algo apagado, era más bien melancólico.

Tras abuchear al tal Uker, pude percatarme de la presencia de Akira en la distancia, que se encontraba abucheando también junto con sus compañeros de grupo. Sin casi darnos cuenta, ambos nos miramos, y fue imposible evitar reír al hacerlo; tanto tiempo juntos había hecho que se nos pegase mutuamente la estupidez del otro, y eso era genial. 


Las pruebas terminaron y Nyra preguntó por mis guantes. Mentiría si dijese que no me daba orgullo ver lo bien que funcionaban, pero también me daba algo de coraje ver cómo habían sido dos piratas los que se aprovecharon de ellos. —Sí, son míos, jajaja. Cuando tengamos más tiempo, os haré algunas cosas. ¡Pero no se las dejéis a piratas! *Cough* *Cough* Mierda, no me acostumbro al cigarro este… —Al terminar de hablar, con algo más de calma traté de chupar aire del cigarro, dejando salir el humo del mismo por la nariz, sin abrir en absoluto la boca; bastante complicado era hablar con la colilla en la boca sin que se cayese al suelo.

A Nyra se le ocurrió la increíble idea de una prueba de belleza, ante la cual no tuve otra opción más que recostarme en el suelo del cubículo y esconderme en mi caparazón. —Belleza eee… Sí… Estaría bien. — Mientras lloraba ligeramente dentro de mi coraza, no podía evitar recordar todas aquellas veces que me llamaron feo desde mi infancia, pasando por la propia María o incluso aquella chica espadachín que estaba interesada en Akira. —Mi madre me decía que era el cangrejo más guapo del mundo… —Susurré, dejando un eco de palabras reconfortantes dentro de mi hogar móvil.


El narrador anunció los resultados de la prueba, Stroud no quedó en el top, pero logró un buen resultado. De momento seguíamos en la competición, y eso era lo importante. La siguiente prueba fue anunciada. —Prueba del Céfiro —pensé, velocidad… —Me niego a explicar por qué no soy buena opción para la prueba *Cough**Cough* —dije con un tono de sollozo, aún dentro de mi confortable caparazón y mientras dejaba que pequeños hilos de humo saliesen por los cinco orificios del mismo. —Suerte, Jin.—
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Desde mi posición, fui capaz de apreciar la música de las maracas de Masami, que eran muy animadas; sin dudas era la mejor en lo suyo, pero, sumergido en la melancolía, me centré más en el sonido de un violín que me resultaba familiar, logrando subir mi ánimo con la alegre música.

Con algo más de actitud, salí de mi caparazón y observé las pruebas de velocidad. Miré con atención a los participantes, me gustaría poder animarles, pero… No podía ver nada de lo que estaba pasando. —Esos bastardos son rápidos…—dije mientras humo blanco salía de mis orificios nasales.


Cajita de tortuga
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El joven arquero se mantiene en su posición, sabiendo que de haber sido el participante en la primera prueba por como la describieron habría sido un completo fracaso y total ridículo, siendo que ni se acercaría a los puntos del penúltimo participante quedando muy por debajo del mismo. De entre los miembros del improvisado grupo que competirían como equipo, el que es escogido para representar el grupo sale a competir con serenidad, pero lamentablemente no logra mantenerse en la competencia, aunque sí logra hacerse con algunos puntos para el grupo a pesar de ser uno de los que quedaron eliminados. Junto a él la otra eliminada fue una pirata conocida por el pelirrojo, aunque ella probablemente no le recuerde pues en su segundo encuentro en Little Garden no sabía quien era el marine a pesar de que éste le había intentado arrestar. Si fuera alguien cercano al pelirrojo, un compañero de división o un conocido de antes con el que tuviera buena relación, probablemente el arquero se acercaría a darle algo de ánimos de alguna manera, pero entre que no tiene precisamente una buena relación con Ucker y no lo conoce tampoco sabría como animarlo, por lo que simplemente se limita a no criticarle pues sí es cierto que hizo su mejor esfuerzo y no tiene nada a criticarle por haber sido superado.

Lamentablemente al ser eliminado el pirata no podrá seguir participando, por lo que se retira a las gradas desde donde observará las siguientes pruebas. No es un buen inicio para el grupo 2, siendo el grupo que logró la puntuación más baja sin contar al que no logró punto alguno, pero ahora es momento de centrarse en las siguientes pruebas, y a pesar de como resulte, el arquero no dará tanto valor a la victoria o la derrota, sino valora más cómo se siente respecto a su propio desempeño en las pruebas y poner a prueba sus nuevas capacidades y su nuevo arco antes de verse envuelto en una situación donde su vida realmente esté en riesgo y un fallo pueda significar no solo su muerte, sino la de sus compañeros también. El joven observa atentamente como El Dirigente empieza a preparar la siguiente prueba, lanzando algo a la arena que se convierte en lo que parece ser lo que medirá las capacidades de los participantes en la nueva prueba.

El joven arquero observa atentamente, manteniendo sus ojos atentos a todos los detalles y al resto de grupos, especialmente a los piratas  pues a pesar de que en teoría no deberían haber conflictos en ese lugar con riesgo de que las autoridades locales tomaran cartas en el asunto, el cazador de la marina no confía del todo en que todos ellos se comportarían, pues los piratas no son conocidos especialmente por respetar las normas. Tras la explicación de la prueba los participantes se postulan uno a uno a tratar de salir vencedores, entremedias dos participantes deciden animar y, muy probablemente, potenciar a los miembros de sus equipos. Tras eso empiezan a entrar los nuevos participantes de la prueba, Céfiro dijo se llama, donde empiezan por una chica que el pelirrojo no vio en su vida, seguida de otro misterioso sujeto, alguien también desconocido a los ojos del marine. El tercero en participar es un lunarian, una raza que el joven marine sabe puede ser bastante veloz pues no solo peleó junto a uno sino que enfrentó a una y sabe que son enemigos terriblemente veloces, aunque desconoce las capacidades del tal Heras y el motivo por el que parece estar mareado. Tras él quien va es el lucecitas de la división 75, llamado Shin, seguido por uno de los minks de la división 60, Moja, quien con su akuma puede alcanzar bastante velocidad. Finalmente, el más callado del grupo de Bertram, seguramente por su timidez o por tener problemas con marines, avanza a participar, siendo que lo hace bastante bien, no llega a los primeros puestos pero se queda bastante cerca.

-Por ahora no vamos terriblemente mal, pero todo dependerá de las siguientes dos pruebas y de cómo estén yendo los demás equipos sir.-

Piensa el joven arquero incapaz de contener su muletilla incluso cuando piensa, manteniendo sus ojos fijos en lo que está ocurriendo y su mente ideando algún plan para poder sacar ventaja en su propia prueba.


El Carcaj de información
berchanpandared



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Una vez finalizada aquella prueba, en el triunfante regreso de nuestro compañero simplemente le dediqué un par de aplausos: Aunque no habíamos obtenido por completo el triunfo la verdad es aquel lugar era casi igual de bueno que el primero, mi orgullo no podía evitar la frustración y no podía entender porque estaba sorprendido del triunfo de la morena, aquella mujer que conocía con certeza había entrenado bastante con nuestro capitán ¡Por supuesto que tendría ventaja! Volteé para observar al equipo, acomodándome los lentes con soberbia, venía la segunda prueba y quedaban el pelinegro, el perro y su hermoso servidor. —¿Entonces? Si ustedes tienen propuestas ¿Quién es el más rápido? Yo soy bueno en todo así que mándenme a donde no estén seguros ¿Me entiendes? — Iba a salir de mi zona de confort y ser un poco más humilde, así de multifacético soy.
 
Los participantes comenzaron a llegar a la arena y podía reconocer un par de rostros sobre la arena: Yuuki y aquel marine del “pejelagartesco” parque de diversiones ¿Tan lejos había viajado? No veía a su compañero por ahí. —¿Pusieron a Yuuki en esta prueba? Espero las alitas le sirvan de algo… También reconozco al perro gubernamental de por ahí ¿Es algo tuyo? — Pregunté al marine que estaba en mi grupo, sin voltear, no sabía si tan siquiera me había escuchado.
 
“¡SOY YUUKI! ¡LA MÁS PEQUEÑA DE LA HANU MAHANA! ¡CIERTAMENTE! ¡RECUÉRDENNOS! ¡PORQUE NOSOTROS A USTEDES NO LOS OLVIDAREMOS NUNCA!”
 
Sinceramente eso me había arrancado una sonrisa, las animadas palabras de mi compañera de viajes eran tan brillantes como lo era nuestra tripulación, se supone que no debería animarla pero… por supuesto no sería justo si se trataba de mi tripulación. —¡VAMOS YUUKI! ¡DEMUESTRALEEES! — Fue uno tras otro desde el cubículo 5, llevando ambas manos como túnel para que pudiera escucharme, mirando al resto de participantes para observar su desempeño.
 
Contrato confidencial: Tezca Norova
Observo a su equipo ahora que el pana Uker estaba en las gradas. No hablaban, y a Barald el silencio no le incomodaba porque siempre hablaba consigo mismo. Escuchar el nombre de la señorita Runin Kitai era un orgullo para el, no acompañaba los gritos porque el nunca gritaba, eso es de pussys, pero su corazón gritaba a pleno pulmón. Ahora miraba la continuación de los juegos esperando paciente a que se presentara su momento en las pruebas mientras veía a sus compañeros de equipo presentarse y al resto de su tripulación. - Entonces el bro es un monstruo, aguanta palizas de cuatromil cuatrocientos treinta a diario. Nada puede matarlo. - Realmente habían avanzado tanto que estaba orgulloso de todos y cada uno de ellos. Fumaba un cigarrillo tranquilo, observando ahora la nueva prueba de velocidad de la que estaba seguro que quedaría ultimo. - ¿Una prueba de correr? Eso no es lo mio - Y es que bajo ningún concepto se presentaría a esa prueba porque correr era de cobardes. Ahi fue el grandote del team a mostrar como de rápido era. Primero, la más alocada de su tripulación se  atrevería a ser la primera en realizar la prueba, ahí estaba el pana Barald para ver que tan rápida era a comparación con todos estos cabronazos que había por aquí sueltos. - Vamos Yuuki, es hora de  que vueles - Tras su actuación en la prueba apareció un tipo inconfundible, el jodido KuroVongola, el goat. Cuenta la leyenda que posee un bote de remos legendario capaz de aguantar cualquier tormenta y que siempre trabaja solo, por que ese es su estilo. Era el puto amo. Reventó la marca y dejó que el resto intentaran superarle.  Después apareció ese tipo que para hacer que sus palabras llegaran más lejos tenía que volverse grande, también era rápido ¿esta gente es que se prepara para algún tipo de maratón? Pero para su sorpresa una cara muy conocida para el apareció en escena haciendo gala de sus poderes de lampara de luz ultrasónica que le hacían ser infumablemente rápido y al igual que vio en Kutsukku, se convertía en luz y se desplazaba a velocidades las cuales eran imposibles de ver. Luego fue un mink de gato negro o algo por el estilo, otro marine, había muchos de ellos por aquí. Luego fue el grandote de su equipo, se transformó en pajaro volador y saco unos buenos puntos para el team, todavía no estaban muertos, o quizas si, porque su destino ya estaba escrito. 

Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
Atributos Personaje


El público bramaba. Stroud caminó con pesadez hasta el cubículo mientras El Dirigente anunciaba, entre el estruendo de la grada, los resultados de la dichosa prueba del coloso. El joven comandante solía mostrarse, por costumbre y por honra, impasible, ante lo bueno y ante lo malo. Sin embargo, resultaba evidente que volvía de un humor de perros. Sus ojos grises, tan serios como de costumbre, eran solo el capitel sobre una boca a medio torcer, en lo que podría considerarse el máximo gesto de desagrado y decepción para el Marine. Caminaba, sin embargo, tan firme como siempre lo había hecho: manos tras la espalda, entrelazadas, a paso lento y firme, y con la espalda tan recta y erguida, con el mentón tan adecuadamente levantado, como si se encontrase en una revisión de filas en el cuartel. Mientras el público aún bullía, alzó un puño cerrado con únicamente el dedo pulgar levantado, en escaso ánimo de buen perdedor.

Aquellos ojos se clavaron, en primer lugar, en Nyra, que había estado coreando el nombre de quien se había alzado con la victoria en aquella jornada, y que se giró rápidamente para felicitarlo. Cortés y formal ante todo, asintió con la cabeza a medida que sus labios volvían a un dibujo más neutral, alejándose, ni que fuera un poco, de aquella expresión de mal perdedor que había exhibido por unos instantes. "Gracias, soldado Kuroshiro," agradeció, si bien luego entornó los ojos cuando mencionó los guantes que habían empleado sus competidores. Quiso dar por hecho que aquello se debía a participar junto con Marines. Juan Sebastián celebró su actuación como solo un carismático Comandante Cangrejo Tortuga podía, con todo su ahínco. Los movimientos del crustáceo arrancaron una fugaz sonrisa del joven Nanashi, que había vuelto a extraer su pipa de su bolsillo y había comenzado a prensar tabaco en el interior de su cazoleta, una vez más. "Gracias, comandante Juan Sebastián," dijo, colocando su pipa Saltfin entre sus dientes y acercando una cerilla al extremo de la misma con meticulosidad. Alzó una ceja, contemplando al cangrejo. "No sabía que fumase. Mal vicio ese, comandante," comentó, sin reparar en las pequeñas volutas de humo que él mismo había empezado a exhalar en sucesión, mientras la brasa prendía en el interior de la pipa, sujetándola justo bajo la cazoleta en forma de orca.

A continuación, Jin lo felicitó con aquella frialdad profesional que lo caracterizaba. Le hubiese recordado a sí mismo, en cierto modo, si no hubiera estado más enfocado en la repugnancia que le producía aquel gamberrillo con ínfulas. No pudo evitar que su expresión se volviese a agriar ligeramente. Tomó la pipa con la mano derecha, alejándola de su boca por un instante, y asintió con la cabeza, dirigiendo su mirada hacia El Dirigente, que explicaba la prueba que estaba por venir. "Gracias, Jin," se limitó a decir, cuando sus ojos ya estaban lejos del yakuza, centrados aparentemente en El Dirigente. En realidad, su mente estaba lejos de allí. Le frustraba lo pobre de su actuación, especialmente mientras vestía aquel uniforme. Si bien era cierto que su desempeño no había quedado demasiado lejos del de los adversarios que lo habían superado, había sido a duras penas suficiente para no irse descalificado. Inconscientemente, volvió a llevar la cánula de la pipa a sus labios, y, tras unos instantes, exhaló una densa nube de humo que revoloteó frente a sí antes de dispersarse en la brisa. "Suerte," musitó entre la humareda cuando su compañero se pronunciaba como competidor en la que habían bautizado como prueba del céfiro, fuese lo que fuese un céfiro.

Sus competidores habían sido de una ferocidad inusitada; no esperaba que se lo pusieran fácil, pero tampoco esperaba tal despliegue de potencia física. Y todos habían tenido, hasta cierto punto, buen ganar o buen perder. Todos, menos aquel memo del mechón plateado, que, tras una paupérrima actuación, se había quedado a escasa distancia de solicitar un biberón y su libro de cuentos favorito. Por un momento, ante lo pueril de su comportamiento, contempló la posibilidad de responderle. Acabar, por qué no, lo que había comenzado en Little Garden. Pero no tardó en comprender que, por desagradable que fuese su actitud, era consigo mismo con quién estaba decepcionado. Stroud inspiró: debía ser mejor que aquello. En la derrota, continuaba portando el uniforme de la Marina, tal y como lo había hecho durante la prueba. Respiró hondo y volvió a alzar la vista, enfocándose, entonces sí, en la arena, dando otra calada de su pipa, y observó con atención.





Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5333 + 0 = 5333
Energia: 3779 + 46 = 3825
Espiritu: 1150 + 0 = 1150
Kibai observó como Bai se retiraba de vuelta hacia el cubículo del equipo siete, hincando una rodilla a su lado para recuperar su capa. El mink le dejó su tiempo, ya que era cosnciente del esfuerzo que la birkaniana acababa de realizar, y además, prefería que se relajase antes de intentar hacerle entender cualquier cosa. Como añadidura, en ese momento la Kuja Runin acababa de hacer una auténtica exhibición de poder, golpeando el blanco tan rápido que ni el propio Kibai, el cual se preciaba de tener una percecpción excepciónal, lo había visto venir.

—Kibai —

La voz de Bai pronunció su nombre, lo que le trajo recuerdos que le hicieron esbozar una sonrisa. Al ver que la birkaniana hacia el gesto de ignorancia y señalanado hacia Uker, el cual había sido eliminado, Kibai negó con la cabeza, antes de dibujar con una garra nueve monigotes en la arena batida del estadio, después señalar el blanco y borrar a dos de los monigotes, y finalmente dirigir su dedo hacia Maki y Uker, los cuales ya estaban subiendo a la grada.

— Buen trabajo, Bai. — dijo haciéndole un gesto con el pulgar hacia arriba.

Al anunciar la siguiente prueba, que consistiría en un ejercicio de velocidad, Kibai percibió por el rabillo del ojo como Yuuki se adelantaba rápidamente.

— Está bien. — pensó el mink mientras seguía con la rodilla hincada en la arena, con una mano apoyada en el suelo y la otra frotándose la barbilla. — Veamos que tal reacciona el público tras dos birkanianas seguidas.

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— Solo quedan dos pruebas, Kibai. — le dijo Kiyoshi, a su otro lado.  — Confiaré en ti para la siguiente si también depende la capacidad física. Si llega a ser así, arriesgaré todo para el último tonto juego.


— No te preocupes, Kiyoshi. — respondió el mink poniéndose de nuevo en pie con los brazos cruzados. — Empiezo a comprender como funciona este juego. Seguro que lo haremos bien. Y si, me sorprendería que vuestro compañero mink no participase, al fin y al cabo somos rápidos, pero confiemos en nuestra segunda birkaniana.


Tras sus palabras, el mink entornó la cabeza hacia su izquierda, dónde una atractiva joven humana de pelo naranjas había comenzado a entonar una suave melodía acompañada de un violín que hizo esbozar una sonrisa a Kibai. Hacía mucho tiempo que no escuchaba buena música.

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La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]
El Mord resultó ser un personaje peculiar. Lejos de los modales que se le atribuían a la nobleza, su comportamiento era de lo más cercano. No supe si aquello era una careta o la manera de ganarse a sus compañeros de equipo. Quizá, aquello se debía a que acababa de llegar a aquella isla desde el mar azul y, al igual que nosotros, no estaba informado de las costumbres de aquel reino. O tal vez, simplemente era que la nobleza de estas islas no se comportaba como la de allá abajo. Como sea, agradecí su comportamiento, pues por mucho que hubiese leído acerca de los nobles y sus modales, no estaba acostumbrado a relacionarme con ellos. 

—Sí, Uker es mi compañero. Un gran tipo. Y el mejor cocinero.

Me sorprendió ver qué todos allí parecían conocer a nuestro navegante. Recordaba los nombres de Zhang y Hyákinthos de la conversación con Uker. Ellos dos eran gente en la que confiaba mi amigo. Ahora Heras también decía conocerlo, aunque no podía confiar en si fueron amigos o enemigos en otra vida. O sí ahora aquella condición se mantendría. Preferí ser cautos al respecto y no desvelar más.

El entorno se enfrió. Observé a un lado, luego al otro. No parecía estar corriendo el viento. El descenso de la temperatura surgió como de la nada, como si la fuente de frío se hallase cerca. Algo que sin duda debía ser causa de una akuma no mi. Observé con cautela a mí alrededor. No parecía que ningún enemigo estuviera intentando atacarnos, pues no percibí ningún agravio a mis capacidades. Escuché las palabras de Zhang para descubrir que no solo conoció a Uker sino también a Rosse e incluso a Alana. Deseé preguntarle más acerca de ellos, si acaso sabía dónde se encontraban o si estaban bien. No tenía muchas esperanzas en cuanto a Rosse, pero tal vez Alana...

El Mord continuó con su peculiar jerga, con la cual parecía emitir arengas hacia nuestro equipo. Además, el tamaño del hombre se vio incrementado. Alcanzó una altura de unos veinticinco metros, algo digo de los gigantes de las leyendas. Y no fue lo único que había ganado en tamaño. De su entrepierna sobresalía un prominente bulto que proyectaba sombra más allá de sus pies. La imagen me horrorizó. ¿Cómo era alguien de su posición capaz de no comportarse en público? Sin embargo, no dije nada. Su cultura, sus costumbres, pensé. Di un salto para alcanzar su hombro, desde el cual poder divisar mejor no solo la arena sino también las gradas. Disfruté del cántico, original, que el Mord gigante dedicaba a nuestro compañero. Era una melodía peculiar, algo que no había escuchado antes. Tomé nota sobre los gustos musicales en Skypiea y aguardé al resultado de la prueba 

La ganadora fue la chica sin modales de los Hanu Mahana. ¿Quién hubiera pensado qué, entre tanta bestia, ella sería la más temible? Eros consiguió un buen cuarto puesto, viendo las capacidades sobrehumanas de que disponían los otros participantes. Nuestro compañero demostró su fuerza y consiguió librarse de la eliminación. No fue el caso de Uker. Mi navegante, diestro en el uso de la espada, se vio penalizado por una prueba que solo valoraba la fuerza bruta, sin nada de destreza. Pensé como se sentiría. Él había venido aquí a brillar, a demostrar a todos su poder. Sin embargo, había sido apeado a la primera de cambio.

—Ánimo, Uker! Hiciste un gran papel frente a esos monstruos 

El Dirigente volvió a tomar la palabra. Su explicación sobre la siguiente prueba fue detallada. Se trataría de una prueba de velocidad. Aquello era algo en lo que yo podría destacar, aunque viendo las bestias que habia allí... Tal vez deberíamos asegurar que ninguno de nosotros resultase eliminado. Aún quedaban dos pruebas. Bastión y Certeza. 

—Antes de elegir quién irá en la siguiente prueba, debemos pensar en las que vienen por delante —miré a mis compañeros del grupo 8—. Yo soy rápido, pero si el nombre de las pruebas está relacionado con lo que miden, tal vez la prueba de certeza sea lo mío —acompañé mis últimas palabras señalando mi rifle con el pulgar por encima del hombro—. Mord Heras, ¿Cómo de rápido eres con tus alas? Los mink poseemos una habilidad que nos permite ser muy veloces. 

Aguardé los razonamientos de mis compañeros hasta que tomamos una decisión. Sería el lunarian el que tomaría parte en esta prueba. Sin duda, creo que aquello aumentaba nuestras posibilidades de no acabar eliminados. Aunque nunca se podía asegurar, viendo las capacidades que habían mostrado los participantes de la primera prueba.

Eché un vistazo a las gradas. Los Mord, Pilebs y Scrum parecían disfrutar del espectáculo. No solo contestaban a coro algunas de las intervenciones del maestro de ceremonias, sino que también alentaban a los distintos integrantes de cada equipo, e incluso gozaban y se sorprendían con las demostraciones. Y eso era algo que nos podía dar una pequeña ventaja, en el caso de que el público influyese de alguna manera en los resultados de las pruebas.

—Vamos Mord Heras! Demuestra de qué están hechos los habitantes de Skypiea. Deja en buen lugar a los Mord!

Grité con pasión esperando que mi compañero comprendiese mis intenciones. Con la esperanza de encender al estadio en favor del participante del grupo 8. No es que me gustase hacer trampas o amañar resultados, pero si aquella ruleta podía tener repetidos los números a los que había apostado, nuestras oportunidades aumentarían. Un destello cortó mis pensamientos. El aire se sentía bloqueado en mis pulmones, como si estuviera congelado. ¿Sería acaso debido al frío que sentí antes? No, estoy era algo distinto. Mi pulso se aceleró tanto que mis latidos resonaban en mis oídos. Eso era lo mismo que veía cuando Rosse corría. Un chispazo y aparecía en otro sitio. ¿Podría ser que...?

—Ro... Rosse, ¿eres tú?

Mis brazos se sintieron pesados, como si no fuese capaz de levantarlos. Ahora era un calor intenso el que se extendía desde mi estómago. La clase de sensación que aparece cuando confirmas una certeza que te habías negado a aceptar. El participante de la prueba apareció. Un nuevo usuario de la Pika Pika no mi; Rosse había muerto.

Continué observando el resto de la prueba, como si aún pudiese procesar las imágenes que captaban mis ojos. Mis pensamientos estaban lejos, en el Crimson Stage, el primer escenario que nos había visto brillar. A Rosse, a Alana, a mí, a Eros... Aquello era el pasado, debía aceptarlo. Pero un pedazo de ese pasado aún estaba conmigo. Debía brillar por mi capitán. Los piratas de la Sepultura se merecían el mejor de mis esfuerzos. Apreté mis puños. Estaba ansioso por competir.



Antología
Emme's Codes

En otro momento se habría sorprendido al ver a un ser de 25 metros en un escenario; sin embargo, ver al moreno de alas negras y cabello blanco solo le recordó al pelirrojo que dejaron en Drum, después de todo, el médico, a pesar de su mala memoria, podía recordar con claridad que la estatura de aquel gigante debía ser similar a la del lunarian que ahora era parte de un equipo improvisado en estos juegos en los que no se esperaba participar.
 
—Creo que me recuerdas a alguien —. No gritó ni siquiera habló en voz alta, por lo tanto, no supo si el lunarian llegó a escucharlo, aunque en verdad poco le importaba al pelirrosa, pues por un par de segundos se disoció mientras miraba a la arena y luego hacia las nubes que ahora, más que nunca, se veían tan cercanas. —Jmmmmm…creo que a Thrym le habría gustado subir por aquella corriente empinada, me pregunto cómo le irá en ese maldito congelador al que llaman isla —. A estas alturas el médico había olvidado el enojo inicial por el abandono del pelirrojo, quedando aquella frustración guardada en algún rincón de su memoria del cual no tendría oportunidad de salir…Ventajas de su amnesia.
 
Fue el griterío de la multitud, junto con la falta de sombra que lo hizo reaccionar. Miró hacia arriba de nuevo, esta vez prestando más atención al cielo, como si buscara la razón por la cual el sol le pegaba de nuevo en su piel de manera inclemente, lo que lo hizo darse cuenta de que ahora el lunarian ya no medía 25 metros, si no que volvía a ser de una estatura más normal y aceptable. ¿Cuándo había cambiado? No creía haber estado distraído por tanto tiempo ¿O sí?
 
No le dio tiempo de pensar en mucho más, pues el Dirigente volvía a animar al público, además de anunciar la siguiente prueba…Céfiro…Velocidad. Inclinó la cabeza hacia un lado, seguro a él le habría ido mejor en algo como eso, pues en cuanto a fuerza, no podía hacer más que quedarse anonadado ante el poder que imprimieron los participantes de aquellos juegos. Lo había pensado antes y lo volvía a reafirmar en su mente: todos los de la prueba del coloso eran verdaderos monstruos.
 
—¿Mmm? —Habría seguido pensando en las pruebas y en los próximos participantes, pero en ese momento, la voz del lunarian y luego la del mink hurón lo sacaron de sus cavilaciones. —El chico mink tiene razón. Tener alas puede dar una ventaja en velocidad después de todo y si por algún motivo necesitamos habilidades más específicas, seguro podríamos contar con el ancianito y el chico hurón ¿No es así? —. Miró a ambos minks, aunque no esperó a que dijeran algo más pues el moreno parecía haber aceptado aquella prueba con mucho gusto...tal vez demasiado gusto porque...¿Era normal que estuviera así de...excitado? No lo había notado antes, pero bueno, ahora que lo veía prefería no pensar en eso, solo esperaba que eso no fuera una distracción en la carrera.
—¡Bien, Pollo! —No se había aprendido el nombre del lunarian. —Agradecemos tu entusiasmo, ahora ve y demuestra lo rápido que son los habitantes del cielo —. No sabía que más decirle para poder desearle buena suerte, pues era un médico y no un artista como varios de los otros participantes que animaban con cánticos y música.
 
De un momento a otro el escenario fue preparado para los nuevos juegos y cada participante empezó a pasar uno tras otro, incluyendo al lunarian de su equipo que tuvo una buena marca, o al menos, eso creía el pelirrosa quien poco o nada sabía de atletismo; sin embargo, terminó aplaudiendo y uniéndose al ánimo del público al tener a uno de los suyos participando.
 
Sin embargo, si uno de los participantes lo dejó con la boca abierta y de paso le hizo agradecer no haber participado en la carrera fue un marine de cabellos blancos y lindas facciones, de hecho, podría decir que apenas había visto en realidad su participación, pues esta fue más como una brillante estela de luz que recorrió el camino en menos de lo que canta un gallo, algo que lo hizo aplaudir por inercia al ver el espectáculo dado por el guapo marine…ahora se preguntaba…¿Alguno de sus conocidos participaría en esa prueba?
 
La pregunta se resolvió pronto cuando vio al enorme Beto Barto participando también, tomando una forma de ave que lo hizo hacer piruetas por los aires, haciendo que el médico también terminara celebrando la participación de “El Macho”, como la hermosa sirena de celeste rosa lo llamaba desde que se lo encontraron en el camino cuando recién llegaron a esta isla.
 
—Creo que ver estas pruebas desde la comodidad de este cubículo es más divertido que participar ¿No lo creen? —Le habló a ambos minks nuevamente, con mucha más soltura y ánimo que al inicio de estos juegos en los que seguía creyendo que su nombre había sido colocado por error en la lista de participantes, aunque, al mirar al chico hurón, en específico, lo notó algo diferente en él, su semblante había cambiado por completo y si alguien sabía de expresiones humanas y sobretodo, de miedo, era el médico.

—¿Hurón? —. Pasó una mano frente a su rostro, sin atreverse a tocarlo y respetando una distancia de seguridad. —¿Estas bien? Pareces distinto, diría que te ves pálido, aunque el pelaje me impide afirmarlo, pero...si estas distinto ¿Necesitas agua? ¿Un médico? Soy médico...¿Sabes? ¡Ah! No te desmayes aquí, por favor, aun debemos terminar los juegos ¡Piensa en que Uker puede darte un buen aperitivo si resistes! Sé que cocina de las mil maravillas, así que solo piensa en lo que puedes obtener si terminamos con las pruebas...¡Anciano, dile algo! —. Lo intentó animar, incluso pidiéndole ayuda al otro mink, sabiendo bien que para seguir en el ruedo necesitarían a todo el equipo no porque en verdad le importara un desconocido...claro que, todo lo dicho fue sin saber lo que en verdad podía estar pasando por la mente de aquel tierno mink.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
El ruido alrededor era indescriptible, y Zhang aún no lograba entender cómo era que habían llegado a este torneo tan extraño. El burro se encontraba alegre y, pese a haber sido separado de sus compañeras, estaba contento con lo que estaba pasando; hacía mucho tiempo que no se sentía tan vivo. Rebuznó un poco, mientras observaba cómo la primera prueba llegaba a su fin.

Observó, o más bien escuchó, cómo dos de los participantes habían sido descalificados. La fuerza de ambos hizo que el burro se sintiese débil, y entendió que estaba en medio de un grupo de poderosas bestias. Zhang soltó un bufido, golpeando el suelo con su pezuña por la emoción que todo ese evento estaba causando en su viejo cuerpo. Esperaba no emocionarse mucho, o tal vez un sobresalto tan fuerte haría que la vida del burro terminase allí mismo.

Zhang alzó los brazos de emoción al terminar el acto del hombre de los cabellos rosados. Mientras tanto, en el cubículo número ocho, el ambiente era... extraño. Hyakinthos regresaba de su extravagante demostración de fuerza, sacudiéndose el cabello y anunciando que descansaría un rato. En fin, se lo había ganado; Zhang le dedicó una sonrisa de respeto. Por si fuera poco, Heras se había agigantado y estaba dando saltitos, aplaudiendo, cantando y ofreciéndose para correr en la siguiente prueba. Aquello hizo que Zhang le acompañase alzando los brazos.

—¡ESA ES LA ACTITUD, MUCHACHO! ¡VE Y DEMUÉSTRALES CÓMO VUELAN LOS DE TU RAZA! —le gritó Zhang, dándole ánimos al gigante mientras este salía a la pista.

El Dirigente se acercó de nuevo y, luego de anunciar a los ganadores de aquella ronda, cambió en un abrir y cerrar de ojos el escenario; en el lugar aparecieron unos extraños aparatos. La Prueba de Céfiro había comenzado. Consistía en pasar lo más rápido posible frente a ese aparato.

Varios participantes de los otros equipos salieron disparados. Una joven alada cortó el viento con elegancia; luego, un hombre demasiado imponente se hizo con el primer puesto, pero le duró muy poco pues un marine irradiando luz destrozó por completo la competencia. Un mink de pelaje oscuro y un águila también habían hecho que aquel escenario temblase de poder.

Todos ellos se movían tan rápido que, para la vieja vista de Zhang, no eran más que borrones desdibujados. Se estaba quedando atrás y eso no le agradaba... Estaba cerca de cumplir años, y aquella fecha solo le recordaba el inexorable paso del tiempo.

Fue justo tras el destello de luz de aquel marine cuando el viejo Mink notó que algo andaba mal a su lado. Varo Ganchín, el pirata que acababa de conocer, el nakama de Alana, se había quedado paralizado, pálido y murmurando el nombre de "Rosse" al aire. El instinto médico de Zhang se activó de inmediato. El burro se acercó a Varo y posó su pesada y cálida mano peluda sobre el hombro del joven, intentando anclarlo al presente.

—Respira profundo, muchacho. A vecés la vida nos muestra fantasmas donde no los hay. Pero estás aquí, en el Shandora, disfrútalo. —le dijo Zhang con la voz serena, dándole una sonrisa amable para reconfortarlo—. Hyakinthos y Heras ya han participado. Tu tómame tu tiempo, que vamos a ganar esto.

Zhang le sonrió amablemente a Varo, mientras se daba la vuelta para ver si podía distinguir a Bai dentro los murmullos, o a Mahou quien se encontraba al otro lado, pero desde allí escuchaba los gritos de la pequeña quien sonaba alegre, y feliz, Zhang sonrió de la emoción, todo aquello era indescriptible. 

La bitácora del burro
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki


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