Enfermitos de Amor [Aventura T3][Presente Relativo]
#21
Escuchó las palabras de la mujer de cabellos verdes y… ¿Qué más?

Nada más.

Nada humano, al menos.

Lo único que habitó ese claro en medio de la jungla fue el propio sonido de la naturaleza intentando volver a la vida.

Empezó con un sutil crujir de las hojas en el suelo, luego, el partir de las aves que reposaban sobre ramas cercanas y, finalmente, las fuertes y agitadas respiraciones de aquellos gigantes que antes yacían moribundos sobre el suelo.

Nunca olvidó en donde estaban, pero se confió demasiado al creer que los animales se quedarían por siempre en esa extraña quietud con la que lo recibieron al llegar.

El médico dio un paso atrás y, entonces, notó esa expresión amarga en el rostro del tirador. No tenía que ser un genio para darse cuenta de que ellos eran los responsables de todo lo que estaba sucediendo.

—Drogas…No es una enfermedad, ellos drogaron a los dinosaurios —. No lo susurró, pero en medio de los gruñidos y pisotones de los animales, tal vez escucharlo era demasiado complicado, pero alguien con buen oído, habría podido percibir el mensaje que llevaban sus palabras.

Se quedó quieto. Escuchó de nuevo la voz de la mujer lagarto. ¿Irse? Claro que tenían que irse. Una cosa era acercarse a un grupo de dinosaurios enfermos o de esquivar a un pequeño grupo de triceratops confundidos, pero otra cosa muy distinta era quedarse para enfrentar a una horda de dinosaurios rabiosos. Su realidad no estaba tan alterada para intentar algo como eso.

El pelirrosa asintió mientras su mano derecha se aferró con fuerza al chaleco que le había quitado antes al hombre alto. No discutiría con la chica, haría lo que ella le propusiera…pero… ¿En verdad podrían correr más rápido que los velociraptors y otros dinosaurios? Lo dudaba mucho. Giró su rostro para ver a Maki y se dio cuenta de que había decidido cargar con los dos investigadores.

—Sí, nos los llevamos, pero puedo cargar al menos con…

Ni siquiera pudo terminar de hablar cuando escuchó el ruido de un árbol siendo arrancado de raíz y, más temprano que tarde, notó como ese mismo árbol iba directo hacia ellos. No pudo moverse a tiempo, pero, al menos, aquel tronco cayó frente a ellos. Les cortó el paso, sí…pero no los aplastó, eso era mejor que nada.

Entonces sintió que su respiración se hizo pesada, la adrenalina volvía a correr por su cuerpo. Volvió a apretar sus puños, esta vez sin importarle la herida de bala en el hombro izquierdo. Si tenía que agarrarse a golpes con los dinosaurios, pues lo haría…por más loco que eso sonara en su mente. Los miró con atención, dispuesto a esperar a que uno se le acercara para poder detenerlos poco a poco y huir después, pero…no tuvo tiempo de hacer eso…no, ni siquiera tuvo tiempo de moverse.

Su piel se erizó y, de forma inconsciente, tensó sus músculos. Una presión en su pecho se apoderó de él, como si estuviera aprisionado bajo una pesada roca. Empezaba a costarle respirar… ¿Por qué?, ¿por qué tan de repente?, ¿por qué ahora?

Los dinosaurios cayeron uno por uno, incluso vio de reojo como los dos animalistas ahora parecían más aturdidos de lo normal y, mientras tanto, toda esa energía repentina venía de… ¿La mujer lagarto?

Por algún motivo no quería girar para verla, sentía mucho poder venir de ella, un poder que no recordaba haber experimentado antes o, tal vez sí y estaba demasiado embobado como para pensar en ello ahora.

Intentó recobrar el ritmo normal en su respiración; sin embargo, ni siquiera pudo hacer nada cuando notó que Maki cayó al suelo de rodillas. No pudo agacharse para sostenerla. Se quedó quieto, como si aún temiera que esa energía aplastante volviera a hacerse presente.

¿El lado bueno? Los dinosaurios habían caído como plomo en el agua. Al menos de ellos estaban a salvo, pero… ¿Y qué pasaba con los otros sujetos?

Tomó aire. Debía hablar, asegurarse de que Maki estuviera bien y de que esos sujetos le dieran un poco de la droga que usaron para los dinosaurios y, de paso, el antídoto…a fin de cuentas…si pensaba quedarse más días en esa isla no podía arriesgarse a entrar a la selva y que más dinosaurios rabiosos lo persiguieran.

—Ma…Mako… ¿Estas bien? —Al fin se atrevió a decir su nombre, aunque hubiera errado en la última letra. —¿Qué fue eso que hiciste? ¿Cómo es que…? —Tomó aire, procesando sus propias palabras. —¿Cómo es que hiciste que cayeran de ese modo?

Luego miró a los sujetos a los que Maki sostenía y frunció el ceño…Ahora sí que debían soltar todo lo que sabían sobre esta situación.

—¿Saben qué? Tienen razón. Somos piratas y ahora mismo no me importaría sacar sus corazones y venderlos al mejor postor…pagan muy bien por corazones sanos en el mercado negro —. Podía sonar a una amenaza vacía, pero en el caso del médico, eso era muy cierto, tal vez lo más cierto que les había dicho a los hombres desde que empezó a hablarles. —Así que…dejemos de lado los trucos ¿Quieren? —El médico se agachó, no sin antes haber vigilado que los dinosaurios, efectivamente, estuvieran en el suelo.

—¿Van a darme una muestra de esa droga que les dieron a los dinosaurios? ¡Oh! Y también el antídoto, supongo que deben tenerlo…cualquier científico con un par de dedos de frente crearía un antídoto para su veneno, así que supongo que deben tenerla y…de paso…Nos dirán ¿Por qué hicieron esto? —El médico le dedicó una sonrisa “inocente” al más regordete, quien era el que más “sano” lucía entre los dos investigadores…una sonrisa que contrastaba con sus amenazas. —O si no…déjenme decirles que ser comido por dinosaurios sería un destino más dulce que lo que podría esperarles si no hablan. ¿Saben? Ustedes dos tienen buenos ojos ¿Se los habían comentado antes? —Mientras decía eso su mano derecha se elevó y sus dedos índice y corazón señalaron a los ojos del tirador, casi como si buscara picarlos en cualquier momento.

Por favor, léeme
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3019 + 0 = 3019
Energia: 1755 + 14 = 1769
Espiritu: 519 + 0 = 519
#22
El claro queda sumido en un silencio extraño tras la caída colectiva de los dinosaurios. Aquellas criaturas que unos instantes antes habían sido una marea de colmillos y garras ahora yacen esparcidas por el suelo de la jungla, enormes cuerpos respirando pesadamente entre hojas aplastadas y tierra removida, como gigantes derribados por una fuerza invisible. El eco del rugido de Maki aún parece vibrar en el aire, mezclándose con el sonido de su respiración agitada y el lejano murmullo del bosque que, poco a poco, intenta recuperar su ritmo natural.

Brunn tarda varios segundos en reaccionar. Sus ojos parpadean lentamente, todavía vidriosos por el golpe, y su cabeza se mueve con dificultad mientras intenta enfocar la escena que tiene delante. La sangre seca bajo su nariz le mancha los labios y el mentón, y cuando intenta hablar al principio solo logra expulsar un sonido áspero, como si su garganta hubiera olvidado cómo formar palabras.

Finalmente, con un gemido bajo, levanta la vista hacia Hyakinthos. La amenaza del médico, tan directa y tan tranquila al mismo tiempo, parece atravesar la neblina que cubre su mente. Sus hombros caen ligeramente, y durante un momento parece que toda la obstinación que lo había mantenido peleando se derrumba junto con la adrenalina.

-No… no eran drogas para matarlos…- murmura con la voz rota, intentando recomponer la respiración. -Era… para hacerlos más fuertes…-

Se traga la saliva con dificultad y vuelve a hablar, esta vez con un tono resignado, como si el simple hecho de explicarlo lo agotara más que los golpes.

-Nos dieron la misión… hace unos meses… en un laboratorio… en Arabasta…- sus palabras salen entrecortadas, obligándolo a detenerse varias veces para recuperar aire. -No nos dijeron demasiado… solo que era una fórmula experimental… algo para… potenciar criaturas grandes… hacerlas más resistentes… más agresivas… que pudieran sobrevivir a cualquier cosa…-

Sus ojos se mueven brevemente hacia los dinosaurios inconscientes que cubren el claro, y por un instante parece que la duda atraviesa su expresión.

-Nos prometieron que… que solo era temporal… que los animales estarían bien después… que ayudaríamos a… estudiar sus límites…- deja escapar una pequeña risa amarga que termina convirtiéndose en tos. -Dijeron que Little Garden era perfecto… que aquí nadie notaría nada.

Brunn sacude ligeramente la cabeza, como si intentara aclarar recuerdos confusos.

-Nos dieron cajas… frascos… instrucciones simples…- continúa, señalando débilmente el bolsillo donde antes estaba el mando. -Mezclarlo en comida… en agua… seguir observando… si algo salía mal… usar el mando… el dispositivo manda una señal… los vuelve agresivos… los despierta aunque estén debilitados…-

Sus ojos vuelven a clavarse en Hyakinthos.

-No tengo más muestras… se acabaron hace días…- dice con un hilo de voz. -Si tienen problemas con los dinosaurios… usen el mando… eso es todo lo que nos dijeron…-

Su mirada se vuelve más tensa, como si estuviera a punto de decir algo importante, algo que pesa sobre su conciencia desde el principio.

-Nos mandó… fue él… fue-

El sonido rompe el aire antes de que pueda terminar la frase. Un disparo seco. Luego otro. Y otros dos más, casi en el mismo latido.

Las balas atraviesan el claro con una velocidad invisible, silbando peligrosamente junto a los rostros de Maki y Hyakinthos, tan cerca que ambos sienten el desplazamiento del aire cortándoles la piel. El eco de los disparos se pierde entre los árboles mientras las trayectorias encuentran su verdadero destino.

Garruk ni siquiera tiene tiempo de reaccionar. El impacto abre un pequeño agujero limpio en su frente y su cuerpo, que apenas había conseguido mantenerse erguido, pierde toda tensión de golpe, desplomándose sobre la tierra con un sonido pesado.

Brunn recibe el mismo destino apenas un segundo después. La bala atraviesa su frente con precisión quirúrgica, interrumpiendo sus palabras para siempre. Su mirada queda congelada en una expresión de sorpresa incompleta antes de que su cuerpo se derrumbe hacia atrás entre el follaje aplastado. El silencio vuelve a caer sobre el claro, ahora más denso que antes. Alguien ha estado observando. Y quienquiera que haya disparado… no quería que Brunn terminara esa frase.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#23
Al ataque mental de Maki parecía que había logrado el trabajo, los animales calmados, desmayados, aunque eran feroces no podrían hacer nada contra su fuerza. Incluso el doctor Chicle había sufrido bajo su ataque, pero nada grave. —Mi… Mi nombre es Maki… Maki Zen´in y cargo con la voluntad de los D. recuérdalo doctor… … … no… no sé cómo, solo a veces cuando todo siento que está perdido, sale solo. Quizás deba entrenarlo… intentar sacarlo a la luz más fácilmente. No lo… no lo se. Tu… estas bien?— Pregunto algo cansada por todo el ajetreo.

Su transformación, su forma hibrida se desvaneció como un suspiro en el aire volviendo a su forma normal y sintiendo el peso de la batalla en sus hombros… con una rodilla en el suelo verde y musgoso intento recuperarse poco a poco. Mas fuertes… que era esa mierda, los dinosaurios ya eran jodidamente fuertes como es que estos supuestos animalistas no sabían de ello. Que no hay nada mas fuerte que la fuerza de la naturaleza cocinándose lento por millones de años. —Estúpidos… lo que es perfecto no puede ser mejorado… … … ya veo… que crees Hyákinthos?— dijo levantándose nuevamente mientras escuchaba la confesión y deja que el medico se encargue. Ella no era tan buena investigando y atando cabos en realidad.

Justo lo que necesitaban… un nombre. Los ojos de Maki se abrieron como platos. Sea quien sea que este detrás de dañar animales debía morir, No importa que sea marine, pirata o un jodido Yonko. El disparo es un maldito aviso, Maki se lanza sobre Hyákinthos con velocidad, agarrando su cabeza y metiéndolo entre su cuerpo para resguardarse detrás del árbol e irremediablemente ve como los dos animalistas caen muertos por precisos tiros provenientes desde la frondosa Jungla… los ojos afilados de Maki se movían entre el follaje intentando agarrar algo de movimiento pero había demasiado, tanto árboles y hojas en vaivén como cosas en quietud… —Vamos… movámonos… por aquí… atravesemos la jungla por este lado más oculto… arrástrate a punta y codo!— Se arrastro un par de metros y entró en una parte de hojas gigantescas… finalmente se levanto, se parapeto detrás de un árbol… dispuesta a salir de esta zona tan malditamente peligrosa… odiaba a los putos tiradores con el alma.

Arabasta… la isla de las tormentas de arena, el calor… ya buscarían más, Maki era vengativa, malvada, cruel y maldita con aquellos que actuaban de esta forma, en la noche con el puñal oculto en el velo de la cobardía. —Vámonos cariño… ya estamos seguros desde aquí… no tenemos mas que hacer. Con este par muerto y solo esa jodida pista de Arabasta y los experimentos tenemos suficiente… busquemos a nuestras tripulaciones.— Planteo sin saber que al volver le esperaba una sorpresa muy desagradable. Una donde se quedaba sola y abandonada en esta jodida isla.

Play Me!
[Imagen: Maki_NNM.gif]
[Imagen: mikiocheja.png]
#24
—Mak…Zin…D…—Una sonrisa nerviosa se dibujó en el rostro del pelirrosa cuando intentó recordar letra por letra el nombre de la mujer lagarto. No lo logró, evidentemente, pero tal vez, solo tal vez, en el futuro, podría grabarlo en su memoria. —Claro…lo recordaré. A su debido tiempo. Lo que importa ahora es que estes bien porque luego nadie podría defenderme de dinosaurios rabiosos o de animalistas locos —. Al terminar de hablar movió su mano, abanicando hacia donde estaba su compañera, en una señal de que no se preocupara por él, porque sí, estaba bien, aunque el brazo izquierdo volvía a dolerle por culpa del balazo.

—Estaré bien si consigues guiarme al Royal Flush. Debo curar mi hombro, esto empieza a ser molesto —. A pesar de sus palabras, su voz, aunque entrecortada por el dolor, tenía un matiz despreocupado que se reflejaba también en esa mirada aburrida que volvió a tener apenas la adrenalina empezó a bajar.

Aunque, pronto, cuando el animalista comenzó a decir las verdades de lo que ocurría en aquel claro, esa mirada de aburrimiento se transformó en una de curiosidad.

Drogas para hacerlos más fuertes.

Eso sí que logró captar toda la atención del médico.

Su cerebro pensó en todas las posibilidades que esa sola frase escondía y, por supuesto, intentó traducirlo a términos humanos. Si pudiera crear algo así para cuerpos más…humanos…sería valioso. Muy valioso.

Los alrededores se volvieron una simple decoración para el médico. Necesitaba saber más y, por eso, aunque escuchó la pregunta de Maki, no dijo nada, al menos no de inmediato, a fin de cuentas, quería saber que más tenía que decir aquel sujeto.

Pero, lo cierto, es que terminó decepcionado.

¿Qué clase de amante de los animales era capaz de darle drogas experimentales a las criaturas que decía amar, sin saber los componentes de dicha droga?

El pelirrosa chasqueó la lengua, al menos, dentro de todo, consiguió el nombre de una isla. Tendría que llegar ahí si quería saber más y, por lo tanto, tendría que memorizar el nombre de aquel lugar.

—Arabasta —pronunció la palabra con parsimonia, como quien saborea una delicia que no desea acabar de un bocado. —Mako, recuerda ese nombre, por favor. Tenemos que decírselo a Thrym. Quiero ir a esa isla.

Fue lo último que dijo el médico antes de dejar que el hombre siguiera hablando. Analizó cada una de sus palabras, su rostro, su voz. No parecía estar mintiendo y, claro, no tenía necesidad de hacerlo, de todos modos, el pirata no podía sentirse más que irritado al haber llegado “tarde”, tal vez si se hubiera enterado antes de lo que pasaba, podría haber conseguido muestras de las dichosas drogas, tal vez podría haberlas probado por su cuenta en dinosaurios que el creyera que podían adaptarse mejor a lo que esos dichosos investigadores buscaban. En los más agresivos, por supuesto.

—Una lástima —. Susurró antes de meter la mano en su bolsillo y darse cuenta de que aún tenía el mando, decidió conservarlo, así como decidió llevar consigo la chaqueta llena de parches que le quitó al más flaco. Seguro Merlot la apreciaría.

¿Y luego?

El ruido seco de una bala y unos brazos sobre él.

No le dio tiempo a reaccionar a nada y, además, terminaría por odiar a los tiradores. Primero uno lastimaba su hombro. Nada grave, pero si molesto. Y ahora, otro, hacía “callar” a los únicos que podían darle algo de información sobre esa droga experimental que ahora tanto le interesaba.

Refunfuñó aún en los brazos de Maki y, cuando la jungla recuperó su quietud habitual, alzó la cabeza para notar a los dos animalistas muertos. Nada estaba saliendo como quería; sin embargo, algo de provecho podía sacar a todo.

Escuchó la advertencia de Maki, pero antes de arrastrarse hacia el follaje espeso de la selva, decidió agarrar del tobillo al animalista más flaco y alto y arrastrarlo consigo hacia la jungla. El tiro fue certero, así que esperaba que ningún órgano estuviera dañado. Si llegaba a tiempo al barco, podría refrigerar al menos unos cuantos órganos que podría usar más adelante, ya sea para negocios o para estudios.

Se movió, quedando un par de metros detrás de Maki y, cuando la alcanzó y ella se puso de pie, él hizo lo mismo, no sin antes echarse al hombro sano, tanto la chaqueta de parches como el cadáver del hombre. Esperaba que Maki no hiciera preguntas y, no, no las hizo, pero lo que más le sorprendió es que no le preguntara nada sobre los dinosaurios. Eso hizo que el médico levantara una ceja, intrigado.

—¿No quieres saber que será de los animales? —Empezó a caminar siguiendo a la peliverde. —Creí que te importaban, así que te diré mi suposición. Si no tienen una sobredosis, como la droga no volverá a ser aplicada, ya que según el tirador no quedan más muestras…la sustancia saldrá de sus cuerpos poco a poco, así que deberían volver a la normalidad. Lástima que por culpa del “asesino invisible” no podamos traer con nosotros a algún dinosaurio, aunque sea uno pequeño…habría sido interesante estudiarlos —. Dio una mirada hacia atrás, pero por todo lo que habían avanzado mientras caminaba, ahora no tenían una vista del claro, solo la espesa jungla quedaba a sus espaldas.

Por favor, léeme
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3019 + 0 = 3019
Energia: 1769 + 14 = 1783
Espiritu: 519 + 0 = 519
#25
✓
Aventura TX: Completada

Recompensas Narrador (Moja)

— Puntos Mugiwara: 25

— Puntos de Rol: 30

— Berries: 90k


Recompensas User (Hyákinthos)

— Puntos Mugiwara: 17

— Reputación: 30

— Atributos: 2

— Berries: 60k +6k karmas


Recompensas User (Maki D. Zen'in)

— Puntos Mugiwara: 17

— Reputación: 30

— Atributos: 2

— Berries: 60k

STAFF DE NAKAMA NO MI
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