18-08-2026, 09:40 PM
Observaba desde el trono de la carpa lass actividades organizadas por el peculiar dúo formada por mi viejo y gran amigo, Pawurs y su primo Urususu. Ambos, desplegaron su comercio de tanto extracción de Akuma no Mi como de la posterior venta y distribución de aquellas frutas que habían sido expulsadas de los cuerpos de sus dueños. Era algo que había visto ya varias veces pero que, sin embargo, siempre me sorprendía, de alguna u otra manera, presenciar el poder del Chamán. Fueron varias personas los que se ofrecieron para cambiar el destino de sus vidas, siendo todos y cada uno de ellos, participantes de mis juegos de lo que había ido viendo en el transcurso del día. Para desgracia de Urususu, no parecía haber nadie interesado en la compra de frutas. Sin embargo, conociéndole, estaba más que seguro de que acabaría vendiendo en alguna otra parte esa nueva mercancía que acababa de conseguir.
En cierto punto, apareció la tercera invitada… ¿O invitado? No, ¡invitade! Sí, así me dijo Kuraku que debía referirme a Carlos. Si los poderes de Pawurs ya dejaban atónito a cualquiera, los de Cariños eran capaces de sobrepasar incluso los límites raciales y del género. En esta ocasión, fueron dos jóvenes los que bajaron hasta la arena con el propósito de sacar de su interior a la mujer que llevaban dentro. Sin lugar a dudas, a pesar de mis muchas primaveras, resultaba reconfortante ver el amanecer que experimentaban muchas personas gracias a los poderes hormonales de los que disponía le gyojin.
Una vez que mis tres amigos e invitados habían terminado con sus tejemanejes, dio una sonora palmada, dando la señal para que todos abandonaran la arena, esperando a que los tres terminaran por abandonarla. Llegado ese punto, miré hacia James, Kuraku y Puigdemonium, en ese orden, asintiéndoles gentilmente con la cabeza y sin mediar palabra. Tras eso, me puse de pie, levantándome del trono dorado, y comenzando a caminar hacia el centro de la arena - la cuál estaba en esos momentos vacía, salvo por los Custodios asegurando el perímetro -. Miré hacia alrededor, hacia los distintos puntos de las gradas, llenando mi rostro de una cálida sonrisa debido a la paz y armonía que se respiraba en Shandora. No pude evitar que se me escapara un pequeño pero profundo suspiro.— Queridos habitantes de Shandora, y queridos habitantes del Mar Azul-son. — comencé a hablar, a pleno pulmón, y sin necesidad de utilizar el Den Den Micro que James portaba consigo, asegurándome que todos pudieran escuchar mi voz.— Después de haber recibido a nuestros tres invitados, me gustaría daros una vez más las gracias de todo corazón por vuestra paciencia, saber estar y, en el caso de los participantes, arrojo en las pruebas-son. — Extendía mis brazos hacia los lados, al mismo tiempo que desplegaba mis alas para enaltecer mi figura.— En tiempos en los que las mareas de la historia se van arremolinando cada vez más, embraveciendo el océano del destino, es esencial tener momentos de paz, sosiego y entretenimiento como éste-son. — Volví a plegar las alas.— Por tanto, espero que todos os hayáis divertido tanto como lo ha podido hacer este anciano soberano uhahaha. — Reí entre dientes unos segundos, para volver a mostrarme completamente serio.— Por tanto, ¡declaro el final de esta edición de los Juegos del Emperador desde este mismo momento-son! — exclamé, a viva voz, recibiendo de manera inmediata un sinfín de aplausos y ovaciones, causando que mi viejo corazón se sintiera más joven que nunca.
Cuando el ruido y griterío proveniente de las gradas se volvió a tornar en silencio, mi mirada se dirigió hacia varios puntos de las mismas, deteniéndome en las personas que podía divisar, sobre todo, con el uniforme de la marina.— Aquellos que provenís del Mar Azul. — llamé la atención de todos, quedándome en silencio cosa de dos segundos.— Tendréis a vuestra disposición, para cada uno de vuestros hombres, mujeres y animales, una vivienda particular en la que podréis residir hasta que tengáis que abandonar Shandora. — informé, posicionando mis manos por detrás de mi espalda.— Tenéis siete días, contando el de día de hoy, para quedaros aquí, y empaparos cuanto podáis de nuestra cultura y nuestras artes combativas… Si es que resulta de vuestro interés-son. — expliqué, pensando en cómo les debería servir aprender tanto como pudieran de cara a la segunda mitad del Paraíso.— Por supuesto, no toleraremos cualquier caso de vandalismo o violencia. Esta tierra es sagrada, y cómo tal, queda terminantemente prohibio que iniciéis un conflicto mientras permanezcáis aquí, y esto os atañe tanto a piratas como a marines-son. — incidí en que no iniciaran ninguna clase de disputa.— Por otro lado, los Custodios me han informado sobre la muerte de 49 pobres hombres intentando llegar hacia esta tierra de leyenda… — Incliné ligeramente mi torso superior hacia delante, en señal de disculpa.— Mañana por la mañana, se realizará el rito funerario correspondiente para permitir que las almas errantes de casi esos cincuenta guerreros puedan descansar en paz-son. — comuniqué el caso de los aguerridos que se habían despeñado por uno de nuestros barrancos.— Ese mismo día, por la tarde, recibiré en mi Palacio a los ganadores de los Juegos, para hacer realidad su Deseo, en medida de que este sea posible. — acordé con los ganadores la fecha para que estos recibieran su merecido premio.— Y sin más preámbulos, podéis marchar. Los Custodios os acompañarán, de forma ordenada, a los residentes del Mar Azul a vuestros aposentos-son. — Asentí hacia los cinco birkanianos, mientras mi querida nube voladora llegaba hasta quedar a mi izquierda, pasando a subirme en ella.— Una vez más, dejadme que os de la bienvenida a Shandora, ¡ahora descansad y dejad que esta tierra de leyenda se quede grabada en vuestra memoria-son! — Me despedí, volviendo a dar la bienvenida a todos los aventureros que habían ascendido por medio de la Knock Up Stream para, acto seguido, hacer que mi nube me elevara por los cielos - subiendo primero 10 metros verticalmente -, para luego dirigirme raudo hacia el palco del Palacio. Aquellos habían sido unos muy buenos juegos, sí señor.
En cierto punto, apareció la tercera invitada… ¿O invitado? No, ¡invitade! Sí, así me dijo Kuraku que debía referirme a Carlos. Si los poderes de Pawurs ya dejaban atónito a cualquiera, los de Cariños eran capaces de sobrepasar incluso los límites raciales y del género. En esta ocasión, fueron dos jóvenes los que bajaron hasta la arena con el propósito de sacar de su interior a la mujer que llevaban dentro. Sin lugar a dudas, a pesar de mis muchas primaveras, resultaba reconfortante ver el amanecer que experimentaban muchas personas gracias a los poderes hormonales de los que disponía le gyojin.
Una vez que mis tres amigos e invitados habían terminado con sus tejemanejes, dio una sonora palmada, dando la señal para que todos abandonaran la arena, esperando a que los tres terminaran por abandonarla. Llegado ese punto, miré hacia James, Kuraku y Puigdemonium, en ese orden, asintiéndoles gentilmente con la cabeza y sin mediar palabra. Tras eso, me puse de pie, levantándome del trono dorado, y comenzando a caminar hacia el centro de la arena - la cuál estaba en esos momentos vacía, salvo por los Custodios asegurando el perímetro -. Miré hacia alrededor, hacia los distintos puntos de las gradas, llenando mi rostro de una cálida sonrisa debido a la paz y armonía que se respiraba en Shandora. No pude evitar que se me escapara un pequeño pero profundo suspiro.— Queridos habitantes de Shandora, y queridos habitantes del Mar Azul-son. — comencé a hablar, a pleno pulmón, y sin necesidad de utilizar el Den Den Micro que James portaba consigo, asegurándome que todos pudieran escuchar mi voz.— Después de haber recibido a nuestros tres invitados, me gustaría daros una vez más las gracias de todo corazón por vuestra paciencia, saber estar y, en el caso de los participantes, arrojo en las pruebas-son. — Extendía mis brazos hacia los lados, al mismo tiempo que desplegaba mis alas para enaltecer mi figura.— En tiempos en los que las mareas de la historia se van arremolinando cada vez más, embraveciendo el océano del destino, es esencial tener momentos de paz, sosiego y entretenimiento como éste-son. — Volví a plegar las alas.— Por tanto, espero que todos os hayáis divertido tanto como lo ha podido hacer este anciano soberano uhahaha. — Reí entre dientes unos segundos, para volver a mostrarme completamente serio.— Por tanto, ¡declaro el final de esta edición de los Juegos del Emperador desde este mismo momento-son! — exclamé, a viva voz, recibiendo de manera inmediata un sinfín de aplausos y ovaciones, causando que mi viejo corazón se sintiera más joven que nunca.
Cuando el ruido y griterío proveniente de las gradas se volvió a tornar en silencio, mi mirada se dirigió hacia varios puntos de las mismas, deteniéndome en las personas que podía divisar, sobre todo, con el uniforme de la marina.— Aquellos que provenís del Mar Azul. — llamé la atención de todos, quedándome en silencio cosa de dos segundos.— Tendréis a vuestra disposición, para cada uno de vuestros hombres, mujeres y animales, una vivienda particular en la que podréis residir hasta que tengáis que abandonar Shandora. — informé, posicionando mis manos por detrás de mi espalda.— Tenéis siete días, contando el de día de hoy, para quedaros aquí, y empaparos cuanto podáis de nuestra cultura y nuestras artes combativas… Si es que resulta de vuestro interés-son. — expliqué, pensando en cómo les debería servir aprender tanto como pudieran de cara a la segunda mitad del Paraíso.— Por supuesto, no toleraremos cualquier caso de vandalismo o violencia. Esta tierra es sagrada, y cómo tal, queda terminantemente prohibio que iniciéis un conflicto mientras permanezcáis aquí, y esto os atañe tanto a piratas como a marines-son. — incidí en que no iniciaran ninguna clase de disputa.— Por otro lado, los Custodios me han informado sobre la muerte de 49 pobres hombres intentando llegar hacia esta tierra de leyenda… — Incliné ligeramente mi torso superior hacia delante, en señal de disculpa.— Mañana por la mañana, se realizará el rito funerario correspondiente para permitir que las almas errantes de casi esos cincuenta guerreros puedan descansar en paz-son. — comuniqué el caso de los aguerridos que se habían despeñado por uno de nuestros barrancos.— Ese mismo día, por la tarde, recibiré en mi Palacio a los ganadores de los Juegos, para hacer realidad su Deseo, en medida de que este sea posible. — acordé con los ganadores la fecha para que estos recibieran su merecido premio.— Y sin más preámbulos, podéis marchar. Los Custodios os acompañarán, de forma ordenada, a los residentes del Mar Azul a vuestros aposentos-son. — Asentí hacia los cinco birkanianos, mientras mi querida nube voladora llegaba hasta quedar a mi izquierda, pasando a subirme en ella.— Una vez más, dejadme que os de la bienvenida a Shandora, ¡ahora descansad y dejad que esta tierra de leyenda se quede grabada en vuestra memoria-son! — Me despedí, volviendo a dar la bienvenida a todos los aventureros que habían ascendido por medio de la Knock Up Stream para, acto seguido, hacer que mi nube me elevara por los cielos - subiendo primero 10 metros verticalmente -, para luego dirigirme raudo hacia el palco del Palacio. Aquellos habían sido unos muy buenos juegos, sí señor.
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