[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 5)
#31
—Hablo—
—Pienso—


Inmediatamente después de mis golpes, Mizuki remató al hombre mono con un poderoso cabezazo que lo tumbó en el acto y lo remató con un disparo, parecía seguir vivo, por lo que tuve la intención de acercarme para sacarle información, pero, tras un intenso jadeo, empezó a convulsionar mientras espuma espesa salía de su boca.

El macabro espectáculo cesó con una sonora ventosidad, que parecía ser el último acto de su vida, por lo que parecía, esta misma acabó a la altura de lo que había sido… Una mierda —Bueno…— Dije al mismo tiempo que me rascaba la cabeza con mi mano izquierda, un poco confuso aún por toda la situación —Bien está lo que bien acaba, supongo— 

Lo primero que hice fue acercarme a Sigrid para ayudarla a levantarse —¿Estás bien? Vaya calambrazo te has llevado…— Tras ello, me di la vuelta para dirigirme a los dos valerosos civiles que nos habían acabado ayudando en lo que parecía ser un conflicto interno —No tengo palabras para expresar la vergüenza que supone que los actos de un marine hayan atentado contra la vida de civiles como ustedes. Mi más sincera gratitud en nombre de la Marina— Mis inusualmente respetables palabras fueron acompañadas por una cordial reverencia que hacía ver el respeto que les tenía a ambos.

Pero ese aire solemne y respetuoso desapareció de golpe en cuanto una idea brillante cruzó mi cabeza de forma fugaz, golpeé la palma de mi mano con mi pinza bien cerrada, dando a entender que se me había ocurrido algo genial. —¡Esperad un segundo! Jeje...— Me acerqué con presteza al cuerpo frío y chamuscado del hombre mono y empecé a hurgar en sus ropas sin pudor alguno mientras susurraba —Aquí no… Esto no… Joder, qué asco… ¡EUREKA!— Y saqué un buen fajo de billetes que ocultaba —Estos son unos cuantos años de salario para un científico de tu calibre jejeje— Tras ello, le quité los guantes y los examiné con detenimiento —Nada mal… Si al final iba a ser listo y todo…—

Una vez terminé con la “revisión” del cuerpo, me dirigí de nuevo a mis tres compañeros de… ¿Esclavitud? —Tomad, una parte para cada uno— Y repartí los quinientos mil Berrys que llevaba el mono encima con una amplia sonrisa que dejaba el malestar de la situación atrás. Por supuesto, yo me quedé con mi parte, los salarios no eran la gran cosa, por lo que ahorrar para el barco era difícil, y esto nos acercaba un poco más a ese objetivo.

Una vez repartido el dinero, desactivé mi transformación, volviendo a mi jovial forma crustácea, con las idas y venidas del combate casi se me había olvidado que seguía en forma híbrida, las ventajas de ser un cangrejo tortuga cada vez estaban más grabadas dentro de mí, casi hasta el punto en el que me planteaba estar siempre en forma de tortuga. 

El siguiente punto era sin dudas el más importante. Ahora, con la cabeza fría y con algo de paz, teníamos que averiguar ¿Dónde estábamos? ¿Dónde estaban nuestros compañeros? ¿Cómo podríamos salir de aquí? Difíciles preguntas con aún más difíciles respuestas… Pero bueno, saldríamos de esta, siempre lo hacíamos después de todo.


Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2588 + 24 = 2612
Energia: 960 + 26 = 986
Espiritu: 474 + 0 = 474
#32
El suelo seguía sintiéndose frío contra su cuerpo, demasiado frío para alguien que hacía apenas unos segundos estaba en medio de un combate brutal. Sigrid no se movía. No porque no quisiera, sino porque simplemente no podía. Sus músculos no respondían, su respiración era débil y pesada, y por un instante muy real, muy crudo pensó que ese era el final.  La idea cruzó su mente con una calma extraña, impropia de ella, pero sus ojos no se cerraron, se negaron. Algo dentro de ella, terco, profundamente terco, no dejó que lo hicieran.
 
Y entonces sintió una bofetada, seca y directa. Su cabeza giró apenas por el impacto y el mundo volvió de golpe, como si alguien la hubiera arrancado de ese borde invisible al que estaba a punto de caer. —¿Huh? — Antes de poder reaccionar del todo, sintió algo más, algo entrando en su boca, tragó sin pensarlo, no lo cuestionó y apenas ese pequeño objeto duro, extraño, como un frijol descendió por su garganta, el cambio fue inmediato, no fue una recuperación completa, no fue magia instantánea, pero fue suficiente.
 
El aire volvió a entrar con más fuerza, el corazón respondió y sus músculos obedecieron. —¿Qué fue eso?— murmuró, aún aturdida, pero claramente más presente. Sus dedos se movieron primero, cerrándose contra el suelo. Luego su brazo. Luego el otro. Con un esfuerzo que aún dolía en cada centímetro de su cuerpo, Sigrid comenzó a incorporarse, temblorosa, como alguien que se levanta después de haber sido aplastado y decide ignorarlo. Escupió un poco de saliva al costado, limpiándose la boca con el dorso de la mano. —No sabe a hidromiel, pero sirve.— le respondió a Juan Sebastian con una media sonrisa torcida, claramente recuperando parte de su espíritu. Aún dolía, todo dolía, pero ya no estaba cayendo, se apoyó en una rodilla, luego en la otra, levantando lentamente su enorme cuerpo otra vez, sus ojos azules volviendo a fijarse al frente, donde la amenaza seguía presente. —Parece que no me voy a morir aquí Juanchi.— dijo en voz baja, pero firme.
 
El cuerpo del marine con apariencia de simio ya no se movía, tendido en el suelo como una masa inerte que, hacía apenas unos momentos, había sido una amenaza imposible de ignorar. Sigrid lo observó unos segundos, aún con la respiración algo agitada, asegurándose de que no habría más sorpresas. No había orgullo en su mirada, tampoco satisfacción. —Se acabó. — murmuró, más para sí misma que para los demás. El dolor seguía ahí, recordándole cada golpe, cada descarga, cada error pero ya no importaba tanto. Estaba de pie, seguía respirando y eso era suficiente. Cuando Juan repartió los berries, Sigrid bajó la mirada hacia las monedas en su enorme mano. Las hizo sonar levemente, moviéndolas de un lado a otro, como si comprobara que eran reales y entonces sonrió. Una sonrisa simple y honesta. —Compraré mucha medicina con esto.— respondió con naturalidad, alzando un poco la mano como si enseñara su recompensa.
 
No lo dijo como una broma, lo decía completamente en serio, porque después de lo que acababan de pasar… la iban a necesitar. Guardó el dinero con cuidado, dándole un pequeño golpecito al bolsillo para asegurarse de que quedara bien sujeto, y luego estiró los brazos por encima de su cabeza, soltando un leve gruñido cuando los músculos protestaron.  Miró alrededor una última vez, los tubos, la sala, el desastre y finalmente a sus compañeros. —La próxima vez— empezó, girando el cuello con un leve crujido, —prefiero pelear en un campo abierto. — Hizo una pausa, y luego añadió con esa chispa suya —Y con mi alabarda. — Había sobrevivido sin ella, pero eso no significaba que quisiera repetir la experiencia.


Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 44 + 120 = 164
Energia: 1305 + 20 = 1325
Espiritu: 213 + 0 = 213
#33
El zumbido del frenesí de combate seguía pitando en los idos de Mizuki tras realizar un disparo de pistola al cuerpo inerte del primate que habían “derrotado”, la respiración de la oji azul se balanceaba como el agua en un mar tormentoso, seguía furiosa pero el combate ya había concluido, seguía frustrada porque Kong no hubiera pagado por sus crímenes, cerro su mano izquierda y lanzó un último Uchimizu contra una de las paredes para evitar lastimar a nadie o hacer que los tubos explotaran, simplemente realizó el ataque para desprenderse de la saliva y restos que ensuciaban su mano izquierda.

Los ojos de la mujer tiburón se enfocaron en cada uno de los individuos allí presentes para ver que cuanto menos estuvieran con vida o si hacían algo que la ayudara a recuperar su calma tras la batalla. El hombre cangrejo-tortuga priorizo ayudar a su compañera marine, algo que me parecía más que entendible, me recordaba que no sabía en qué clase de problemas estarían mis camarada, no era algo grato saber que podían estar en un peligro similar sin yo poder ayudarlos inmediatamente, pero debía de tener fe en que la corriente guiaría nuestros caminos en el mismo rumbo. -Buena esa Sigrid, no entiendo bien como lo lograste pero jodiste bien al mono en el último momento.- comentó para la peli naranja.

La atención de la rubia regreso al cangrejo que había tenido una gran idea, saquear el cuerpo de su no compañero marine, algo que tomó desprevenida a Mizuki pues al pensar en robar el cuerpo ella hubiera creído que no se lo permitirían, por suerte se le ocurrió primero al buen marine que abría la veda para que quienes quisiera pudieran hacer lo mismo. -Buena idea Juan Sebastián, quizás tenga algo útil entre sus cosas, o un suvenir por las molestias ocasionadas- dijo de forma tranquila la Gyojin tras recibir el fajo de billetes que le había sido ofrecido por el marine de gran resistencia.

Así pues Mizuki comenzó a revisar también el cuerpo del oponente caído con una expresión de desagrado en su rostro, hasta acabar quitándole la capa de Sargento de la marina, un Den Den Mushi y un cuaderno de notas con un par de hojas de aluminio. La mujer tiburón guardo el cuaderno sin preocuparse mucho al respecto antes de quedarse solo con el den den mushi en su mano y apoyar la capa doblada sobre uno de sus hombros para que no le molestase antes de guardarla o entregarla si alguien la deseaba.

-A ver si esto funciona- tras realizar un par de pruebas el Den Den Mushi no dio más que estática claramente no se conectaba con nada en aquel momento, la mujer de piel ocre y gris registro la frecuencia de su propio Den Den Mushi para que pudiera comunicarse con el ex objeto del gorila -Imagino que ustedes tienen sus Den Den Mushi provistos por la marina, así que dime chico- la mujer de dos metros treinta y cinco se comenzó a acercar caminando a Alek tranquilamente, con las pupilas menos dilatadas y una respiración más regular -¿Quieres un Den Den Mushi para ti? O Prefieres quedarte con la capa del orangután?- dijo señalando a la capa que estaba hecha para una criatura de unos seis metros como Kong.

-Te la jugaste con mucho valor y sin ti Sigrid estaría mucho peor ¿Crees que puedes seguir recuperándote?- preguntó con cierta preocupación por el muchacho que parecía tener una edad similar a la propia para Mizuki.

Jump the shark
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1779 + 0 = 1779
Energia: 1124 + 18 = 1142
Espiritu: 267 + 0 = 267
#34
Atributos Personaje


El chimpancé terminó de hablar, de peerse, de moverse. Había cesado su actividad y por fin había un poco de paz en la sala, aquella tranquilidad que tanto le gustaba al lunarian, a pesar de que llevaba la batalla en la sangre. Pelear siempre había sido lo que más frecuentaba en su vida.

El agarre de su mano sobre el mango de su espada se relajó casi de inmediato, sin dejarla caer, y es que desde el mismo momento en el que se había despertado en la sala que ahora tenía al lado, había estado con el corazón en un puño y el cuello en un collar. La adrenalina, el miedo, el terror, la desorientación y el mismo y puro dolor, eran las únicas sensaciones que habían estado presentes en su cuerpo y mente los anteriores minutos. Dejó salir aquella respiración contenida, por fin, algo aliviado. Sus alas lo posicionaron de nuevo en vertical y dejó que las plantas de sus pies acariciasen el suelo nuevamente, tomando tierra, mientras la punta de su arma tocaba el hormigón del suelo.

Vio a la gran mujer despertar abruptamente y preguntar que era, aunque el moreno no respondió, solo observó. Habían ganado, si, habían sobrevivido, pero nada indicaba que en cualquier momento no pudiese entrar por la puerta refuerzos o quizás otro Kong, y eso era preocupante. El lunarian desconfiado se mantendría atento, así como de los movimientos de los marines, al fin y al cabo el mink era uno también. Nunca se había fiado de los marines, pero ahora esa semilla terminaría por germinar.

El marine que parecía fresco como un centollo le acercó la pinza con un par de billetes. Alek lo miró, luego a la pinza, para volver a terminar en la mirada ajena. Sen decir nada, pero asintiendo con su cabeza, tomó el fajo y se lo guardó en uno de los bolsillos de su pantalón sin contarlo si quiera, algo era algo. Miró al resto, a Juan, la mole proteica, sin ningún rasguño aparente; a Sigrid, quien había vuelto del umbral del más allá; a la otra gyojin, quien imitaba a Juan rebuscando entre las pertenencias del orangután que probablemente estaba aun caliente; y luego, a sí mismo, tenía la ropa rasgada, heridas, moratones, su frente aun dolía al igual que su torso, había estado a un paso de cruzar el umbral al igual que la buccaneer. Con ese miedo en la mente solo podía hacer una cosa, comer.

De su bolsillo sacó otra pluma que con el mero roce de la hoja de su katana se convertiría nuevamente en un plátano al mismo tiempo que la gyojin terminaría de rebuscar entre los bolsillos ajenos. El espadachín de tres metros quince la encaró y, mientras hablaba, comenzaría a pelar el plátano en su mano libre, con la ayuda de su boca, y a comerlo mientras la escuchaba. Antes de elegir, y después de terminar su tentempié, dejó la cáscara de plátano sobre la mano del mink, como una venganza personal por haberle golpeado en primera instancia. - La chaqueta, nunca se sabe cuando necesite una manta. Aunque... - Acercó ligeramente su nariz y olfateó. - ...huele a fracaso y debilidad - Se encogió de hombros y tomó la chaqueta de marine y se le llevó al hombro hecha un amasijo de tela desordenado. - En eso estoy - Aunque sabía a pluma, la comida lo estaba restaurando poco a poco. - Yo solo hice lo que tenía que hacer para sobrevivir, si hubiese sido cualquier otro lo habría hecho igual. Hasta la muerte - Clavó su mirada sobre la mujer, a la que le sacaba casi un metro de altura, mientras recordaba el collar alojado en su cuello.

- Seguramente tenga que tener una llave, si no está en sus bolsillos, puede que lo tenga en su escritorio - Batió sus alas al mismo tiempo que pronunciaba sus últimas palabras. Con una aparente calma, aunque con un interior aun nervioso, se acercaría hasta el escritorio o mesa donde estaba el mink en cuanto entraron a la sala y se pondría a rebuscar en pos de encontrar aquella llave que le quitaría, literalmente, un peso de encima.


cositas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 537 + 120 = 657
Energia: 815 + 111 = 926
Espiritu: 141 + 0 = 141
#35
—Hablo—
—Pienso—

Observé perplejo cómo el muchacho moreno, cuyo nombre aún desconocía, hacía que una de sus plumas se transformase en un plátano, claramente era el poder de una fruta —¿La Plátano plátano No Mi?— Pensé incrédulo, sin dudas, el mundo estaba lleno de cosas fascinantes, era alguien a quien vendría bien tener a tu lado en una isla desierta.

Y hablando de frutas, había algo que pasé por alto por la adrenalina del combate —Por cierto…Sigrid ¿Qué fue eso que hiciste hace un rato?— Le mencioné a mi gigante compañera mientras observaba su mano de cerca, como si al observarla con detenimiento pudiese activar su poder por mi cuenta. —Cuando manchaste al babuino, parecía como si se hubiese embriagado. Sé de lo que hablo, tengo experiencia peleando contra borrachos.—

También debía empezar a investigar los acontecimientos que nos habían llevado a esta situación —¿Mizuki, tú viajabas en el ferry? De ser así, podemos estar hablando de cientos de civiles encerrados…— Me estremecía pensar en ello ¿Cuántas vidas podíamos tener en nuestras manos en estos momentos?

Seguido de las explicaciones, tocaba ponerse manos a la obra, aún no sabíamos nada de nuestros compañeros teníamos que registrar la sala para encontrar una forma de salir. El chico alado fue a revisar el escritorio del mono, era un buen sitio por el que empezar —Seguid gastando cuidado con los tubos… Los corrientazos no son agradables jajaja—

Por mi parte, me dirigí a la zona de la derecha de la habitación, donde el mono dijo que estaba la sala de seguridad, igual podría haber dejado allí las llaves de los collares o un interruptor que abriese una puerta científica para salir de ese peligroso laboratorio. Nunca se sabe cuándo te puede caer un rayo en la cabeza en un sitio como este…

En la “zona de seguridad” lo único que pude encontrar fueron unos grilletes, los que Kong nos mandó a poner. Los examiné de cerca, eran ajustables y parecían estar bien hechos, así que me los guardé en los bolsillos de mi pantalón de uniforme, siempre está bien contar con unos buenos grilletes cuando peleas por la justicia. —¡Por aquí no parece haber llaves!— Exclamé con un tono elevado de voz a mis compañeros que recorría toda la sala de forma uniforme.

Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2612 + 24 = 2636
Energia: 986 + 36 = 1022
Espiritu: 474 + 0 = 474
#36
Cuando el destino es el crupier, da igual que uno se levante de la mesa: el juego continúa.

Se hizo el silencio. Los collares de metal empezaron a tintinear con mayor fuerza que antes, si bien al mismo ritmo. El compás mecánico marcado por sus engranajes internos se volvió más audible, más marcado, haciendo vibrar con ímpetu los collares con cada pequeño sonido, con cada girar de sus engranajes. Tac, tac, tic, tac, tac, tic. Las luces de la sala se atenuaron casi por completo, quedando reducidas a una mera refulgencia que a duras penas permitía adivinar las siluetas y los rasgos más evidentes de cada uno de los presentes. El número presente sobre cada uno de los collares había empezado a resplandecer en la oscuridad.

Al fondo de la sala, justo encima de una enorme e infranqueable puerta acorazada que no había dado señales de ir a abrirse en todo el tiempo en que habían estado allí (y que, por lo sólido de su aspecto y la regularidad de su superficie, podía pasar desapercibida fácilmente a ojos del grupo si no habían prestado la suficiente atención), se encendió una luz que proyectó una inquietante luz naranja, girando sobre sí misma como una sirena silenciosa. Pasados varios segundos, a lo largo de toda la sala, se oyó una voz monótona y metálica que retumbó a través de lo que probablemente fuese un sistema de comunicación.

"Felicidades, aspirantes. Para continuar con el protocolo de selección de aptitudes y garantizar la calidad del producto final, deberéis escoger al menos apto de vuestro grupo. Los demás tendréis el privilegio de ser comercializados en nuestra primera gran hornada de esclavos del South Blue, y continuaréis con vuestras vidas en manos de nuestros mejores clientes. Comunicad vuestra decisión al Equipo de Control, que ha observado y escuchado con interés toda vuestra actuación y tendrá en cuenta vuestro criterio. Tenéis un minuto. Pasado un minuto, de no haberse declarado un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Gracias por vuestra colaboración."

Con un chasquido metálico, la emisión de la grabación terminó, y se volvió a hacer el silencio.




Información importante
#37
Sigrid estaba a punto de explicarle a Juan cómo funcionaba su Akuma no Mi, incluso levantó una mano para empezar, pero algo cambió en el ambiente. El aire se volvió pesado, denso, y un silencio incómodo cayó sobre la sala como si todo se hubiera detenido de golpe. Frunció el ceño y bajó lentamente la mano, mirando alrededor con alerta, justo cuando un tintinear metálico la hizo reaccionar. Su mano subió de inmediato a su cuello, el collar vibraba, no solo el suyo, todos. El sonido comenzó leve pero fue creciendo, resonando contra su piel como si algo dentro del metal estuviera activándose.
 
Las luces comenzaron a apagarse poco a poco, no de golpe, sino como si fueran drenadas, dejando la sala en una penumbra inquietante donde las sombras se alargaban de forma antinatural. Entonces lo vio, números brillando en los collares. Sus ojos se abrieron más de lo normal, y su respiración se volvió pesada otra vez, no por el combate, sino por esa sensación que ya había experimentado antes, ese miedo profundo que no podía explicar. —¿Qué es es…?— murmuró, con una voz más baja de lo habitual en ella.
 
Y entonces llegó la voz, metálica, monótona, sin emoción, resonando en todo el lugar o quizás directamente en sus cabezas. Sigrid se tensó por completo, sus manos se cerraron en puños y sus piernas se afirmaron al suelo, pero no avanzó. Por primera vez en mucho tiempo, no sabía contra qué estaba peleando y eso era lo que realmente le helaba la sangre.
 
Ante el mensaje, la mente de Sigrid comenzó a moverse más rápido de lo que normalmente lo hacía. No era estratega, no era calculadora, pero sabía reconocer peligro cuando lo tenía enfrente. Sus ojos se clavaron en la estructura que antes ni siquiera había considerado una salida; ahora, bañada por esa luz anaranjada, era evidente. Esa era la puerta. La única opción. Su respiración se volvió más pesada mientras procesaba todo. Si aquello era lo que parecía si realmente iba a explotar entonces no había tiempo para dudar. Miró de reojo a los demás, a los civiles, a sus compañeros y finalmente a Juan. De todos los presentes, él era el único que podría resistir algo así o al menos, el que tenía más posibilidades.
 
Pero eso no la tranquilizaba. Apretó los dientes. La idea de que incluso él pudiera no salir bien parado le cruzó la mente como un golpe seco, y no le gustó nada. Su cabeza, que normalmente funcionaba de forma simple y directa, ahora iba a mil por hora intentando encontrar otra opción, otra salida, algo mejor, no la había. —Tch— chasqueó la lengua, frustrada. Sus manos se cerraron en puños mientras volvía a mirar la puerta, no era una buena decisión, no era una decisión segura, pero era la única y Sigrid lo sabía.
 
Sigrid miró a Juan y asintió sin decir más, porque no hacía falta; sabía perfectamente que él no permitiría que nadie más se sacrificara y, con la dureza que tenía su cuerpo, era el único con una oportunidad real de resistir lo que fuera que venía. Apretó los dientes un segundo, tragándose cualquier duda, cualquier pensamiento que no ayudara en ese momento. —¡JUUUUUUUUUAAAAAAAAAAAN!!!!!!! ¡¡¡SOBREVIVEEEEEEEEEEEE!!!!!— gritó con toda la fuerza de sus pulmones, una mezcla de orden, ruego y confianza absoluta.
 
No perdió más tiempo. Giró sobre sí misma y corrió directo hacia los civiles, sus pasos pesados retumbando en el suelo mientras sus manos comenzaban a reaccionar. De sus palmas brotó aquel líquido rojo, espeso, vivo, extendiéndose primero hacia el chico con alas, lo tocó con firmeza, marcándolo antes de cargarlo sin dificultad. En el mismo movimiento alcanzó a la chica de la raza del mar, repitiendo el gesto, dejando la misma marca sobre su cuerpo antes de levantarla también.
 
El peso no fue problema, nunca lo era. Con uno a cada lado, sostenidos con la seguridad de alguien que sabía exactamente cuánta fuerza aplicar para no dañarlos, Sigrid se impulsó hacia adelante sin mirar atrás. Su cuerpo, más grande, más fuerte, más resistente, se movía con decisión a pesar del cansancio acumulado y del dolor que aún recorría sus músculos, sus ojos se fijaron en la puerta cerrada, pero no por mucho. —Ábranse por favor— murmuró entre dientes, acelerando el paso, sintiendo cómo el tiempo se les escapaba encima. —¡Ábranse de una vez! — No sabía cuándo lo haría, pero sabía que lo haría y cuando eso pasara ella ya estaría ahí.

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 164 + 0 = 164
Energia: 1325 - 40 = 1285
Espiritu: 213 + 0 = 213
#38
Atributos Personaje


El moreno abrió el cajón con rapidez, un golpe secó en cuanto llegó a su límite se escuchó. Nada, no había nada útil. Solo podría ver algún que otro papel garabateado, probablemente por el mink al que acaban de enfrentar. algún chicle pegado en una esquina, y hasta viales vacíos con la punta rota. Escuchó al gyojin en la lejanía, que parecía haberse internado en aquella sala a la que los quería empujar el mink en primer lugar. - Nada - Comunicó, haciendo oídos sordos respecto a la pregunta sobre plátanos.

El alado suspiró mientras se arrancaba otra pobre pluma de sus alas y, con un simple movimiento cortó la pluma en dos. Una de las dos mitades se transformó en una pequeña judía verde algo blanda al tacto y, con un mero movimiento de su mano, se la llevó a la boca, masticándola y tragándola en un instante. Volvía a sentir el calor de su cuerpo una vez más, aunque seguía intranquilo. Todo lo que había pasado era tan increíble y doloroso que le costaba procesarlo. Había despertado en una sala a oscuras habiendo caído inconsciente solo dios sabe cómo, un marine parecía tenerlo retenido y, queriendo experimentar con él, casi lo mata y ahora estaba intentando buscar la llave de aquel mecanismo que apresaba su cuello. - … - Tomó aire por su nariz, intentando tranquilizarse, pero algo le cortó ese pequeño momento de tranquilidad. Algo que estaba en sus oídos desde que se había despertado, el singular sonido de un mecanismo que hacía el mismo ruido que un reloj. Tic tac. Ahora cobraba presencia, después de abandonar el terror y parte de la adrenalina, aunque aun conservaba en su cuerpo la suficiente como para que sus sentidos se volviesen a poner alerta en cuanto sintió que las luces comenzaron a atenuarse.

Miró alrededor de la sala, sin perder ni un solo segundo volvió a alzar el vuelo, su elemento, era su agua para el pez. Apenas podía distinguir las cuatro figuras al fondo de la sala. Una sobre el suelo, el mono; una fina a comparación de las otras, la mujer gyojin; una ancha más que larga, el gyojin; y la de alguien más alto que el resto, la mujer como una montaña.

El alado arrugó la nariz en cuanto vio iluminarse algo al fondo de la sala, en cuanto sintió la luz salir de su propio cuello entendió parte, los collares se estaban iluminando. ¿Estarían a punto de explotar? No tenía idea realmente. De lo que si tenía idea es de la luz que sorpresivamente se iluminaría, como la típica de alarma, una luz que giraba constantemente y sin descanso. Aquello ponía más nervioso al lunarian y, sin un ápice de duda, volvería a ahorcar con fuerza el mango de su katana una vez más. Tanto frenesí no le había dejado pensar en ello, pero probablemente hubiese más gente en aquel sitio. ¿Únicamente cuatro personas para experimentar? No, imposible. Debían haber más, y más como el orangután. No se podía fiar de nadie.

La voz habló, Alek escuchó.

- Ni de broma. Preferiría morir a ser el esclavo de nadie - Farfulló, antes de que la grabación terminase, con la nariz arrugada emitiendo aquel tono tan estático y neutral. - ¡No pienso salir para que me conviertan en carne de cañón para un esclavista, no de nuevo! - En su mente el grito si resonaba. - La Marina es definitivamente lo peor - Habló, recordando que aun llevaba la capa del orangután con él, la tomó con su mano izquierda.

Ahí llegó, la crispación. Un grito que retumbó más que la propia grabación, el alado miró con la adrenalina de vuelta. Aquella mujer, Sigrid la había llamado Juan, sacando un grito desde lo más profundo se su ser, instaba al marine a sobrevivir, para, de un momento a otro, y repentinamente, empezar a cargar contra Alek. El aleteo de sus alas en mitad del aire era evidente, su mano se estrechaba con más fuerza sobre su arma, sus alas acumulaban el impulso. Estaba nervioso, con adrenalina, acababa de escapar de una muerte casi segura contra un marine que quería experimentar con él. ¿Y después de todo eso, y un mensaje por altavoz de lo menos esperanzador para alguien que había sido esclavo, uno de los dos marines comienza una estampida contra él? Para no dejar lugar a dudas, sus pasos con un estruendoso sonido y alzando las palmas de sus manos según se estaba acercando, intentando tirarle algo a unos cuantos metros.

No.

- Vosotros estáis compinchados seguro, a mi no me cogeréis con vida - Recitó mientras que con sus alas se desvió del impacto, esquivándolo, de aquel chorro. ¿Sangre? No podía distinguir ni lo que era, pero no iba a dejar que lo tocara. - Antes muerto - Continuó sin detener su vuelo en curva hacia Sigrid, puesto que la mujer parecía seguir queriendo atraparlo a como diese lugar. Y es entonces, cuando la tuvo a tiro de pluma, poco más que un metro, cuando dejó que su arma danzase en el aire.

Otro tajo. Otra línea. Otra vez Liberatio.

Su arma describió un arco horizontal en el aire que impactaría de lleno contra el pecho de la mujer, bajo aquella luz que ahora podría saber que eran números en el collar. Una vez más tenía que luchar por vivir, y ahora, las palabras que le había dicho a la gyojin unos instantes antes, cobraba sentido de nuevo.

'' - Yo solo hice lo que tenía que hacer para sobrevivir, si hubiese sido cualquier otro lo habría hecho igual. Hasta la muerte - ''
cositas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 657 + 120 = 777
Energia: 926 - 95 = 831
Espiritu: 141 + 0 = 141
#39
Antes de que Sigrid tuviera tiempo de explicarme como funcionaban sus poderes, el sonido macabro de unos engranajes que provenía de mi cuello llamó mi atención. Era el collar que había empezado a sonar de forma clara para todos nosotros y nos recordaba lo nefasta que era nuestra situación actual. —Maldita sea… Ahora que estábamos recuperando poco a poco el ánimo—  Pensé. El repetitivo sonido que emitía mi collar me hizo recordar la presión en el pecho que sentí al despertarme en aquella oscura habitación, lo que me hizo tragar saliva y agitar la cabeza en un intento de mantener la calma.

Las luces de la sala se fundieron para dar paso a unas luces que parecían ser de emergencia y que, de la misma manera, dieron entrada a una locución que se dirigía a nosotros. Me acerqué a la puerta que estaba debajo de las luces mientras la voz resonaba por toda la sala. Cruzado de brazos me pregunté para mis adentros—¿Menos apto?— ¿Acaso todo lo que había pasado en esta habitación estaba dentro de sus planes? ¿No era el científico babuino parte de ellos?

Las preguntas sin respuesta se empezaban a amontonar en mi cabeza, pero no había tiempo para conseguir respuestas, el número más bajo sería “eliminado” si no decidíamos al menos apto de los cuatro en un minuto… Sin contarme a mí mismo, el número más bajo lo tenía Mizuki, no podía permitir que un civil fuese asesinado, no en mi guardia.

La decisión para mí era sencilla, más de lo que me gustaría en el fondo, pero era un marine, y no solo eso, soñaba con ser un héroe… Si a los aptos los harían esclavos, no se necesitaba pensar mucho para saber qué le ocurriría al que se quedara atrás. Era mi deber, como miembro de la Marina y como el más resistente de los presentes, ser el que se quede atrás.

Sigrid, mi confiable compañera, estuvo en sintonía con mis pensamientos, lo que me hizo tremendamente feliz. Sabía que podía contar con ella para cuidar de los otros dos, es una persona con un corazón que hace que su altura se quede corta en comparación.

Justo cuando me pasó de largo pude ver como volvía activar el poder de su Akuma No Mi, método quizás un poco drástico para mi gusto, pero a quién quería engañar, era algo que podría hacer yo perfectamente, la delicadeza nunca ha sido nuestro punto fuerte…

El moreno evitó el chorro de pintura de Sigrid con facilidad, y se dirigió a ella con su katana desenvainada tras acusarnos de estar colaborando con los responsables de esto ¿Era tonto? Si fuese el caso, lo habríamos matado con facilidad ayudando al orangután… Al ver con claridad como este iba a por mi querida amiga, me coloqué entre ambos y escupí directo a su torso, cortando en seco su movimiento antes de que hiciese una tontería. —¡Yeeepaa! quieto ahí samurai— Dije con sequedad antes de levantar mi brazo izquierdo, mientras decía con una voz poderosa y serena que realmente no iba nada conmigo —¡Yo soy el menos apto! Que el resto salga de aquí por favor— Todo esto mientras miraba con severidad al chico de alas negras —No hay porque alterarse tanto…—


Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2636 + 12 = 2648
Energia: 1022 - 76 = 946
Espiritu: 474 + 0 = 474
#40
El frenesí del combate había terminado de ceder dejando bajo control a la mujer tiburón cuando hubo un cambio repentino en la iluminación, aquello no le gustaba demasiado pero lo siguiente le gustaría aún menos, una voz ajena daba explicaciones y ordenes indicando lo que debía de ocurrir a continuación, la idea de ser esclavizada una vez más no era algo que le gustase demasiado, pero tambien se se sentía capaz de salir de las garras de la esclavitud una vez más, no porque fuerra arrogante o al menos no solo por eso. Sino porque se había vuelto también mucho más fuerte de lo que había incluso en su mejor momento como Gladiatrix, e incluso con esa confianza adicional a la ya de por sí abundante confianza de la Gyojin, no terminaba de confiar en el mecanismo que llevaba en el cuello ni tenía idea de cómo haría para escapar de tan funesto implemento, pero eso sería un problema para más tarde.

Sin embargo los pensamientos de Mizuki se verían interrumpidos pues aunque eran veloces por ser cálculos instintivos y predicciones poco meditadas sobre sus posibilidades en el futuro, la gente que la acompañaba en aquella sala no parecía desear desperdiciar ni una fracción del minuto que tenían para decidir o parlamentar, la grandullona de hermosa figura estaba dispuesta a intentar llevarse a Mizuki y usar ¿Pintura roja? Un efecto similar o tal vez el mismo al que había afectado al primate y basándose en lo que el hombre cangrejo había preguntado anteriormente por aquellas manchas, eran una forma de ataque a tener en cuenta.

Por un segundo la Gyojin de tiburón tigre y cabello rubio estuvo a punto de plantarse en el lugar para luchar contra la marine, sin embargo descartó la idea antes de empezar ninguna pelea, si planeaba evitar que ella llegase a la puerta estaba muy equivocada, así pues  -¡No voy a dejar que me hagas lo mismo que al gorila!- Gritó furiosa antes de lanzarse en dirección a la puerta de salida alejándose de la vikinga a la máxima velocidad que le era posible sin pisar aquellos malditos tubos del demonio recorriendo diez (10) metros en dirección a la puerta gritando -¡No se que planes tienes usando tus poderes extraños en nosotros, pero sí decidiste traicionarnos te romperé la maldita cara!- declaró con la desconfianza natural de cualquiera que se hubiera topado en su vida con Marines corruptos o traidores… sin contar el propio ejemplo del Mink previamente que yacía inerte.

Sin esperar a una respuesta la mujer de escamas ocre y grises dio uno de sus poderosos saltos para avanzar una vez más esos poderosos veintidós (22) metros antes de voltearse y adoptar postura de combate en caso de que la pelinaranja quisiera acercarse con aviesas intenciones

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-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1779 + 0 = 1779
Energia: 1142 + 9 = 1151
Espiritu: 267 + 0 = 267


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