[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#31
Atributos Personaje

Al final, la demostración de su potencial quedó ingratamente olvidada por todos los espectadores al saber que su grupo había quedado eliminado de la prueba por haber quedado en sexta posición. Claramente, la participación de sus compañeros no es que hubiera sido deficiente, pero dejaba expuesto a la vista de todos los presentes la clara actitud compartida por la mayoría de los presentes. Muchos buscaban fuerza, otros velocidad, y otros no eran buenos en ninguna de las dos fortalezas principales que se mostraron en las pruebas principales. Para los ojos de los juegos del cielo, dió la sensación de que las dos primeras pruebas eran las principales del evento, y el resto...donde habían quedado relegados el resto. 

Oh, pero no os confundáis. 

Es bastante útil ser el mejor en algo a lo que el resto no le presta atención, especialmente, si sabes aprovecharlo.

Fueron los ojos del azabache los que buscaron al resto de marines, ignorando la idea de seguir interactuando con sus compañeros de equipo. En primer lugar, seguir tratando con una pirata como Maki sin ser necesario no sería observado con buenos ojos por las figuras de mayor rango en la marina allí presentes. En segunda instancia, prefería centrar su atención en la gente que más atención atraía hacia él en aquel momento, las personas que se sentarían en las gradas y que, en circunstancias normales, no tendría la oportunidad de conocer si no fuera por la excepcionalidad de este evento.

Abandonaría los prejuicios hacia el Santo Enji, la duda en la confianza sobre el comandante tortuga, y el respeto a mantener una conversación con el joven Nanashi, para tratar de conseguir nuevos objetivos. ¿Cuáles? Ni siquiera él lo tenía claro.

Pero...es a eso a lo que se quiere dedicar ahora, ¿no? 

Es la hora...
de dar rienda suelta a nuevas máscaras.
Por supuesto, no debía dejar de lado las apariencias, y por ello tenía que tratar de, al menos, hacer un leve acercamiento a sus compañeros de división para, por lo menos, hacerles saber que estaba contento con los resultados obtenidos por cada uno de ellos. 

Fue entonces que no perdió un instante en acercarse hasta la compañera Humink, ignorando incluso el acercamiento indebido de su compañero de los juegos Masami, quién había tenido la inmensa osadía de tocarle el trasero, algo que ni siquiera la más locamente enamorada de las mujeres que habían caído presa de sus encantos se había atrevido nunca a llegar a hacer. Minutos atrás se le habría pasado por la cabeza la idea de ahorcar con una soga semejante acto, pero en aquel momento, su mente dejaba de lado esa clase de pensamientos para centrarse en nuevas facetas que aún tenía que desubrir.

Claramente, Nyra ya había demostrado desde el inicio de la travesía por las tierras celestiales que no se encontraba en el mejor de los estados, ocultando su malestar en lo profundo de su corazón, azotada por sentimientos que el azabache, si no preguntaba o encontraba en contexto, sería incapaz de entender. 

Sus iris no quisieron juzgar más de lo necesario, pero en ellos...veía más de lo que ella quería mostrarle incluso a él.

—Muy buen trabajo, compañera.—Felicitó tras alcanzarla con un comentario...¿sincero? En apariencia, al menos, así lo parecía, observándola a los ojos para comprobar cuanto tiempo podía mantener la mirada de él sobre ella..—Has dejado a nuestra división en un buen estándar. ¿Te enseñaron algo nuestros antiguos compañeros sobre como disparar? Porque la verdad, me dejas sorprendido.—No quiso mencionarlos más de lo necesario. Posiblemente, alguien tan sentimental como ella no aguantaría el recuerdo de buena manera.—Si te parece bien, me gustaría que me acompañases en las gradas cuando comiencen los combates. Hay al menos un par de cosas que me gustaría hablar contigo mientras aún estamos aquí en el coliseo.—Apartó la mirada, comenzando a retirarse para darle su espacio. Al fin y al cabo, ambos debían retirarse del lugar en la mayor brevedad posible. 

Y ahora, al siguiente que debía buscar era...

"No...creo que no es el momento."

Su luz dorada, su brillo incandescente...son demasiado más intensos para él ahora de lo que jamás ha llegado a sentir. No quiere evitarlo, pero...creo que es mejor que, por ahora, él tenga su espacio mientras aún está aprendiendo a colocar sus primeras máscaras por encima de su rostro. 

En su lugar, sencillamente, lo mejor sería acercarse hasta las gradas...y probar fortuna con el que parecía más capacitado para mantener una verdadera conversación.

No tardó tiempo en detectar como se acercaba hasta él. Aquel rubio comandante de la marina, alguien varios logros ovacionados en el periódico hacía tiempo atrás que atrajo la atención del soldado, buscando la oportunidad de entablar una pequeña charla que, al menos para el de menor rango, le permitiera entender cuál era su clave del éxito. No buscaba una mentoría, ni mucho menos un cercano. Comprender una entidad como la de un Nanashi quizás le permitiría comenzar a entender mejor lo que estaba a su alcance y lo que no, incluso fuera de su burbuja.

—Muchas gracias, Comandante, pero uno nunca puede sentirse como en casa rodeado de tantos criminales.—Había elegido aquellas palabras con cuidado. No porque las sintiera con especial intensidad, sino porque eran las que esperaba escuchar de un marine íntegro, algo que ya le había dejado demostrado, pero que podía amoldar con facilidad. Era una frase sencilla, segura y difícil de discutir. Si aquello era construir una máscara, el primer paso iba a consistir en comprobar si el mundo respondía de forma distinta cuando uno pronunciaba las palabras adecuadas.—Mi compañera vendrá cuando comiencen los combates, mientras que el comandante Hasegawa...bueno. Digamos que intuyo que es mejor que lo deje apartado hasta terminar lo que resta de tiempo en los juegos. 

"¿Mejor para mí, o para él?" Esa pregunta al menos, quedaría sin respuesta.  

Alzó una ceja cuestionando el comentario acerca de ese virus de veinticuatro horas. No entendía a que podía estar refiriéndose, pero en perspectiva, creo que ha llegado a observar ciertos patrones de malestar en varios de los presentes durante aquellas pruebas. ¿Una epidemia, quizás? Al menos, por el momento, a él no le había llegado a afectar de ninguna manera notoria, por lo que podía quedar tranquilo creyendo que, al menos en esas circunstancias, no había quedado afectado dentro de la misma.

...Claro que si era contagioso, ¿quién podría decirle a él si estaba seguro al lado de Stroud?

Bueno...la oportunidad de hablar con él valía más la pena que acabar enfermando por una tontería como esa.

—Mal momento para ser víctima de algo así. Se encuentra en uno de los equipos que deben aún participar en las peleas, ¿cree que podrá tomar parte?—Una pregunta estúpida, pero al mismo tiempo extremadamente necesaria para ese momento tan particular. No obstante, no parecía estar del todo atento a lo que el mayor de los dos comentaba. 

Siguiendo el trazo de su mirada tan solo encontró el escenario, sin poder vislumbrar exactamente el personal presente en el campo donde comenzaban a tocar aquella música tan variopinta y estrafalaria. Ante el sonido de una música tan falta de carisma para un oído entrenado como el suyo en las artes escénicas del mundo de la flora y la nata, el marine quedó enmudecido, a la espera de entender si el joven de rango superior volvería a centrar su atención en él, o si debía dejarlo ahondar en sus pensamientos, cesando toda la conversación

Por suerte, pareció llegar a darse cuenta de su error.


"El día que un Marine contempla una bandera pirata y no siente que tiene ante sí el fracaso o la Justicia, olvida por qué viste el uniforme...pero no se corte, ¿qué ve usted cuando mira ahí abajo, soldado Omuyaga?"


Ese hombre...parecía estar dispuesto a dar con la clave, una en la que los miembros de la marina debían pensar más de lo que él mismo incluso llegaba a vaticinar. Donde quiera que busque llegar a parar, había captado la atención del marine. Por mucho que estuviera jugando a encontrar su propio juego de identidades, parece que deberá dejarla de lado por un instante para unirse también a su partida, intrigado por la respuesta que incluso él mismo daría, en cuanto las palabras comenzasen a emerger de su garganta a través de sus labios.
 
—¿Qué es lo que veo?—Sus ojos recorrieron lentamente las gradas, tomando unos momentos en observar a aquellos grupos que conversaban entre risas, así como en el concierto en el centro del lugar.— El fruto de la negligencia convertido en oportunidades.—No hubo un señalamiento, no de primera instancia, así como tampoco una explicación sobre esas oportunidades. Observa los ojos del contrario buscando en ellos el interés hacia sus palabras, solo para seguir entregando su respuesta si sentía que no perdían el hilo.—¿Por qué todos ellos campan tan felizmente a sus anchas incluso cuando estas tierras poseen marines como nosotros para llevarlos hasta la celda más fría de Impel Down?—Incluso para él, casi parecía hacerle gracia la respuesta, tan cargada de ironía.—Porque saben que no podemos hacerles nada. Incluso si cometieran algún crimen, la jurisdicción de su encarcelamiento y castigo no pasa por nuestras manos. Nos ignoran, porque las leyes de estas tierras los protegen.—Un pensamiento fugaz le genera la idea de chasquear la lengua, algo que ignora por completo, sintiéndolo excesivo.—Desde fuera seguro que les parece que llevar el uniforme es una acción por gusto aquí arriba.


En todo aquel proceso de análisis, la mentalidad de ambos parecía entender ciertos aspectos del contrario con una gestión intelectual medida y entrenada, pero en cierto momento...comenzó a pensar en ser él quién estirase los límites del ajeno, probando su entereza.

Tapó sus labios con ambas manos, apoyando los codos sobre sus rodillas, mientras continua mirando al frente, observando el espectáculo sin prestar su atención al mismo.

—Aún así, como he dicho, se han convertido en oportunidades, fuentes de información sobre personajes de alto calibre que merecen una escolta hacia la celda más desoladora que pueda ser ofrecida. Ninguno de ellos espera ser detenido aquí. Por eso hablan, se relacionan, bajan la guardia, y revelan el nombre de sus aliados más cercanos, sus costumbres, rivalidades... Incluso aquellos que creen estar fingiendo acaban mostrando algo de sí mismos cuando dejan de sentirse perseguidos.—Un pensamiento fuera de su línea habitual, y que sin duda...podría llevarle a nuevas etapas de su ser.—Skypiea tendrá un emperador bajo el gobierno mundial, pero su influencia...choca con fuerza por encima de nuestras normas. 

Fue entonces cuando finalmente, decidió dar el paso, ese movimiento que definiría que tan cerca podría encontrarse de aquel superior...o que tan lejos estaba de entenderlos.

—Así que digame, comandante Nanashi. ¿Cómo cree que deberíamos nosotros proceder en este lugar, señor?

máscara de oportunidad
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#32
Atributos Personaje


Pasó la última prueba. Por supuesto, el Tontoyoshi había ganado. Sobre la apuesta que había hecho con Uker realmente no logró llegar a nada... ¿Cómo se suponía que iban a apostar si ambos iban por el mismo participante? Como fuera, Yuuki se mantuvo callada y algo alejada de todos poco después. No se perdería, sin embargo, la participación de Tezca, quien parecía que había adoptado un poco del estilo de tiro de la pelirrosa... y no lo había hecho mal tampoco. Se sentía algo alegre de que pudiera influir a otros de esa manera. La hacía sentir viva. Como tal, la prueba de precisión terminaría y ahora darían paso a una especie de concierto que sería antesala a un combate nuevo, que sería de dos contra dos. Yuuki suspiró con algo de cansancio y prefirió pasarse entre las gradas, escuchando las conversaciones.

Podía prestar atención a lo que los marines tenían para decir, y también otros piratas. No opinaría nada al respecto, pero se guardaría bien los nombres de las personas que pudiera y las aparentes relaciones que tenían unos con otros. La única opinión que pudo sacar al final fue: ¿Seguirán todos siendo tan amables luego de salir de allí? Por supuesto que ella no. Ya había hecho una tácita declaración de guerra antes de su participación en aquellos juegos.

Y mientras hacía esto, prestaría atención a la música de Miyori y la presentación que habría hecho. Era una dotada para la música. Recordaría la melodía que había escuchado de ella en Baterilla y sonrió por un momento. Quiso olvidarse de las cosas que le pasaban por la cabeza no hacía mucho y hasta le dio por querer bailar, aunque luego un birkaniano de la nada le había empujado sin querer al buscar pasar detrás de ella. Y podríamos narrar la pelea en la que casi se mete por eso, pero la verdad es que poco importa... más por el hecho de que antes de entrarse a puños y patadas, se notó sola. ¿Dónde estaban sus amigos?

No encontraba a Tocho Morocho, Cardan y el Gordo Farsante por ningún lado. Y eso que tenía buena vista. Y tampoco recordaba el camino para buscar volver a las gradas donde antes estaba con Uker. Pero tenía que volver con ellos. Se acomodó el cabello y echó a andar... con lo despistada que era, lo más seguro es que los encontrara al final.

Combo de pollito frito con papas
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✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
#33
Atributos Personaje



El menudo cuerpo de la joven humink se aleja, dispuesta a hacer gala de sus habilidades. ¿La motiva más el tofu que la victoria, o viceversa? La idea genera una suave risa que queda atrapada en la garganta de la amazona. No, lo último que desea en ese instante es distraerse; dejar que sus pensamientos discurran o que su imaginación eche a volar la alejaría de lo importante: la competición que tiene lugar ante ella.

Mahou se convierte en el pináculo de la atención cuando sus pasos la acercan al tocón; acaricia la madera sin mediar palabras. ¿Qué tiene planeado? ¿Algo de tacto le ayudará a calcular mejor el espacio entre ella y las moscas? Runin, curiosa, estira el cuello cuando la fémina pide una de las armas de fuego expuestas por el dirigente. ¡Una pistola!

La pregunta que sigue provoca en la kuja una risa a viva voz. No se trata de una burla, pues tampoco tienden a hallar gusto, fascinación o utilidad en ese tipo de artilugios bélicos, sino de una reacción originada por la honestidad de la castaña. ¿Preocuparse? En lo absoluto. Comerse las uñas no es algo que pueda hacer, al menos no en el presente.

Ynal, con su característica amabilidad, trata de explicar el funcionamiento de la pistola, aunque sin éxito aparente. No, Mahou parece ser alguien impaciente, el tipo de persona que busca las soluciones rápidas e intensas por sí misma. Les da la espalda, extrae una de las balas del arma y la lanza con fuerza hacia arriba. ¿Qué sucede después? Bueno, el azabache le roba las palabras de la boca al mencionar la posibilidad de una fruta del diablo. ¿Incluso existen ese tipo de habilidades en el mundo? Runin sonríe, anonadada, e incluso da un par de aplausos, aunque la bala no logra dar en el blanco.

—Fufufu al final la respuesta si es el tofu. —Bromea aunque la castaña no entienda a qué se refiere. Ynal cuestiona lo que ronda por la mente de la amazona. —Eso ha sido de lo más extraño, cariño.

El siguiente, y último, en la arena es Akira. Aquel intrépido y escandaloso marine que… empieza a hacer piruetas y volteretas con un control tan envidiable que Runin no puede hacer más que prestar atención. Al menos hasta que empieza a sentir náuseas de nueva cuenta debido al constante movimiento y trajín. Gira el rostro hasta que el espectáculo culmina en algo que sí logra hacerla voltear. ¿Corazones? ¿Podía hacer eso la última vez que lo vio? No recuerda tal cosa, aunque eso de lanzar fuegos artificiales resulta entretenido. Vuelve a aplaudir, apretando los labios.

Claro que la última parte es la cereza del pastel. La amazona ríe ante las delicadas palabras del rubio. ¿Incluso en la Marina se llevan mal entre ellos? Debe ser. Sí, sí, algún día podría invitarlo a comer con la tripulación, siempre alejado de Yuuki. No vaya a ser que ella se enoje e intente matarlo.

Los resultados salen a la luz. La victoria inminente del subcapitán de los Sepultura, la eliminación de Mahou. El quinto puesto de Tezca y el segundo puesto que aún ostenta el noveno grupo. —mmm —Runin parece pensativa durante un instante antes de responder hacia el oficinista. —Ni tan mal. —Responde a sus palabras, no planea culpar a Mahou, a ninguno en el equipo, en realidad. —Ni tan mal. —Repite, con un poco más de convencimiento.

El dirigente ruge hacia la emocionada multitud, que no hace más que encandilarse cuando la nueva propuesta sale a la luz. ¿Qué? ¿Es posible traer de vuelta a alguien de los eliminados? Se determina una hora de descanso antes de la verdadera competencia: las pruebas de combate. ¡Enfrentamientos de dos contra dos entre equipos hasta encontrar a quienes se enfrenten a uno de los vencedores del sexto equipo!

Runin se estremece al pensar en lo increíble que sería combatir contra Ryota. ¿Tiene algo contra su capitán? En realidad, no; mas el espíritu competitivo que, en el fondo, ambos ostentan seguramente los llevaría a disfrutar cada instante de un enfrentamiento «real» entre ellos. Algo dice sobre presentaciones musicales mas la kuja está demasiado metida en la fantasía que ignora, por un momento, a todo y a todos.



—La posibilidad de pelear contra mi capitán…

¿Se atrevería a utilizar su fruta del diablo aún a pesar del temor que esta le provoca? ¿Qué tan fuerte estará golpeando en la actualidad? ¿Ryota podría aguantar uno de sus puñetazos cargados con su akuma o terminará en el suelo? ¿Quién es más veloz? ¿Habrá entrenado nuevas técnicas que no conoce? La voz de Merlot le arrebata el momento de esparcimiento, haciendo que la amazona vuelva en sí. Claro, las situaciones están llenas de posibilidades, no siempre es posible aferrarse a una de ellas aunque se quiera.

—Jamás podrás saber qué tan fuerte eres si nunca combates. ¡Esperar hasta el último momento para hacerlo es igual a condenarte a ti o a tus compañeros! —Emite la morena mientras infla el pecho y cruza los brazos, emocionada. Su expresión carece de agravio o crítica; más bien refleja reafirmación y tenacidad, una emoción que solo los más osados conocen. ¿Runin intenta hacer que la fémina de sonrosados cabellos cambie de opinión? ¡En lo absoluto! Solo es un consejo a medio dar para cualquier inminente futuro.



—¡De cualquier manera pienso pelear yo, fufufu! ¡Nunca se le pone mala cara a una buena pelea.

Ríe, estridente, hasta que la suave voz, ligeramente tartamuda, del oficinista rompe el intrépido ambiente. Runin se vuelve hacia él y le sonríe, intentando infundirle algo de valor para que pueda expresarse abiertamente. —¿Oh? ¿Te apetece pelear a ti? —Cuestiona. Nada más alejado de la verdad. Lo que sigue funde, poco a poco, la expresión de la amazona. La seriedad la embriaga hasta transformarse en una desazón que la obliga a mostrar un gesto menos alegre y más pensativo.

Runin observa a Omi, tratando de sonreír; sin embargo, el desconcertante momento le impide mostrarse altiva, aunque solo sea por ese instante. Su nombre fluye de los labios de Ynal y la dulzura de sus palabras hace que, al fin, tanto la mente como el corazón de la fémina comprendan. ¿Una despedida?

Podría enfadarse, alegar cobardía, debilidad o temor por quedarse a obtener aquello que desea, pero no lo hace. Instintivamente, la fémina descruza los brazos y lleva su propia mano hacia el lugar donde descansa su corazón. ¿Romperlo? Quizá existan algunas personas capaces de hacerlo, mas espera no tener que pasar nunca por ello.

El hombre de cabellos azabache les da la espalda. Por instinto, Runin alarga el brazo, como si estuviera a punto de sostenerlo. Sin embargo, desiste en el último momento y cierra los dedos en el aire, mientras una sonrisa serena, cargada de una calidez poco premeditada, se dibuja en sus labios.

¿Qué tipo de vida lleva Ynal? ¿Cuál es la carga que ostenta? ¿Por qué sus expresiones le recuerdan al color de la soledad? El tiempo que han compartido ha sido breve. Incluso en medio de las competencias, incluso teniendo un único objetivo en mente, todo parece diluirse ante la amabilidad que aquel cuarteto ha mostrado.

H-hasta el punto de r-recordar lo q-que era tener a u-un amigo y a-amiga…

Existió una época en la que Runin tampoco tenía algo así en su vida; una época en la que se distraía tratando de cazar y embaucar para sobrevivir, en la que jamás habría imaginado sentarse a comer un plato de comida con alguien que no fuera ella misma, ni que el tofu se convertiría, de repente, en algo que probaría con tanto ahínco. Pero ahí estaba, observando la espalda del hombre alejarse mientras Merlot gritaba a pleno pulmón.



—El mar es enorme, Ynal.

Pronuncia al verlo darse la vuelta para emitir una última despedida.

—¡Es enorme y, al mismo tiempo, es un pañuelo! Aun si no quieres comer tofu, comeremos carne, legumbres, vegetales. ¡Lo que quieras! ¡Sin ti no habría llegado a esa primera victoria! —Exclama. El hecho de ser una orgullosa amazona no significa que sea ciega o carezca de lógica. Aquello que hizo al animarla la ayudó a encontrarse en esa posición, en ese instante y con esa puntuación.



—Nos volveremos a encontrar, Ynal, Omi.

Aún si ninguno de ellos lo desea, el mundo de la piratería siempre termina convirtiéndose en un estanque pequeño.

Un suspiro es exhalado, un paso hacia el frente y un nuevo llegado irrumpe en el lugar. Es un hombre atractivo, al parecer, compañero de Merlot, esta última la presenta haciendo que Runin ría en negación. —Runin Kitay, cariño. —No demoran en retirarse, la amazona guiña hacia MM. —Espero grites tanto como lo hiciste al despedirte de Ynal, me gusta sentirme apoyada. —Le gusta el ruido y la algarabía, en realidad. —Bueno, Mahou. Siento no poderte hacer participar, pero soy muy competitiva, fufufu. Prometo dar lo mejor de mi.


Sin intercambiar más palabras se retira hacia las gradas. Busca con la mirada a sus siempre estridentes compañeros. En el recorrido abre su morral para sacar una pequeña petaca con vino en su interior, consume el líquido. ¿No debería evitarlo por las náuseas? Si, claro. ¡Eso no importa! ¡Ese no será el día de su muerte! Menos por un poco del delicado y delicioso néctar que tanto alimenta su alma, no su cuerpo.

—¡Cariño! ¿Qué tal el banco de los perdedores? —Es la primera burla que profesa hacia Barald, se nota el brillo jocoso en su mirada, ese que aparece cuando quiere molestar a los suyos. Cierra la petaca y esconde el vino en su morral. —¿Haciendo amiguitos? Qué grupo más colorido, volviendo a juntarnos. —Saluda a Uker con un gesto de cabeza antes de despedir personas para tomar asiento junto al pelinegro, con la confianza que solo él le permite concederse a sí misma.

—¿Y? ¿Me apoyaste? Sé que no eres de gritar, cariño, pero ¿me apoyaste? Fufufu —Sigue picando, incluso acuesta su cabeza sobre el hombre del azabache. —Estoy segura que lo hiciste, Bary. —Y continuaría burlándose un poco más.

El tiempo pasa y una nueva presencia toma forma. ¡Una enorme presencia! El hombre que ha quedado en segunda posición en la prueba del coloso ¿Cómo se llama? Bah, claro que se lo ha guardado en la mente: Ubbe.



—¿No lo sabes, cariño? La belleza no es enemiga de la fuerza.

Sonríe con la confianza creciendo a su alrededor, incluso se pone de pie para no verse tan pequeña en comparación a aquel coloso lleno de músculos y actitud radiante. Cruza los brazos, levanta el mentón. ¿Limpiamente? Algo por el estilo, trata de no reírse de ello. ”Gracias, Ynal.” —¿Crees que existirá una próxima vez, cariño? —Una gran sonrisa hace acto de presencia.

—¡Estás en lo correcto! Cuando quieras nos divertimos un rato. —Separa los brazos solo para alzar uno de sus brazos. —No le temo a una buena pelea, fufufu. —Le guiña al verlo alejarse. ¿Es normal que los luchadores de cuerpo a cuerpo tiendan a ser tan extrovertidos? No conoce demasiados pero debería hacerlo. En ese momento se escucha el bullicio de personas levantando piernas y un relinchido característico que queda atrás. De repente Cardan aparece entre los presentes, buscando a su dueña.

—¡Cariño! ¿También me animaste? —La serpiente no demora en enredarse alrededor de Runin, siseando y restregando su rostro contra el de la morena. —Fufufufu, sé que si pudieras gritar lo hubieras hecho en cada ronda. —Acaricia a la criatura, acomodando un poco su sombrero y camisa. —Qué desastre eres. —La serpiente se acomoda en sus piernas, pesada, casi le tapa la vista pero ella le toca la frente para que baje un poco más y le de espacio para respirar. La fémina escucha un poco a los demás hasta que cierto rubio, al fin, se acerca al grupo.

—¿Pero qué tenemos aquí? ¡El enamorado de la tripulación! Besarte con mafiosos te sienta de maravilla. —Ríe con fuerza antes de negar, divertida. —Cuando gane el deseo veré de conseguir raciones ilimitadas de mi shampoo. —Niega riendo ante sus palabras. ¡Claro! El grandote es parte del equipo de Tezca. Lo que significa… —Fufufufu. ¿Es en serio? ¿De querer pelear entre nosotros a pelear juntos? —De fondo se escucha el intermedio musical al que, en realidad, no presta real atención.

El último en llegar es el radiante capitán. ¿Dónde se ha metido? Levanta una de sus cejas, tratando de no sospechar de más. No se ha robado ninguna casa de oro, eso es seguro, no de momento.

—¡¿Cómo que no estarás?! —La ilusiones terminan por romperse, a este paso piensa que deberá preguntarle directamente por un combate si el castaño está dispuesto a no huir ante la responsabilidad que eso podría implicar. —Qué aburrido… —Masculla. Cardan sube su cabeza para hacerle mimos en la nariz a Runin, quien vuelve a sonreír. —¿Hmm? ¿Un deseo? Primero deberás arrancarlo de mis manos, querido. —Cardan se sube sobre las piernas de Barald antes de postrarse sobre su cuello.

Runin se pone de pie para ver mejor a su capitán, se apunta a sí misma con total seguridad. Relame sus labios sin poder evitarlo. —¿No es obvio acaso? ¡Espero que sigan apoyándome! —La mirada se posa sobre Tezca. —Juro que si apoyas a tu amado novio antes que a nuestros equipos… —Esta vez observa con fijeza a Barald. —O si apoyan a los de su equipo. —Por último le sonríe a Ryota, con esa amabilidad que tanto la caracteriza. —Dormirán todos juntitos y abrazados en la cofa del barco durante un mes entero, cabrones. —Siempre tan dulce, tan gentil y atenta.

“Ojalá te ganen por conseguir más puntaje que yo.”



—¡Ya quisieras!

Y aunque Cardan trata de ponerse entre ellos, Tocho Morocho relincha y el mejor Tezca ríe viendo el intento de Runin de sostenerle la camisa a Ryota; al final la fémina carcajea sin poder evitarlo. Sabe que, a su manera y contra cualquier pronóstico, sus amigos siempre terminarán por apoyarla. En medio del bullicio un nuevo integrante aparece.

Jin, el mafioso amante del querido comerciante de la tripulación hace acto de presencia, llenando de cierto grado de egolatría a la morena. —Qué agradable novio te has conseguido, Tezca, Jin si sabe cómo encantar los oídos de las personas. ¿Por eso tan enamorado? Fufufufu. —Claro, todo bien porque las risas son contra el rubio al que ama molestar. —FUFUFU. La próxima dile que no se aleje, a veces somos un poco ciegos. —El mejor Tezca les hace un gesto de cuidado, ella solo ríe aceptando.

—Gracias por la bebida, Jin, sin embargo ya amenacé a Tezca. Amigos antes que pareja, cariño. —¿La verdad? Le da igual. Sabe que una vez en la arena sólo podrá pensar en la adrenalina, el ruido general y todo lo que ha entrenado a lo largo de los meses. Bueno, quizá sí pueda escuchar a alguien. Una mirada es dedicada a su capitán antes de guiñar hacia él, la única persona que puede romper el molde de sus pensamientos.



—Que gane el mejor equipo, amigos.


BOLSA DE ESTRELLITAS
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#34
Como lo había pronosticado, Kiyoshi fue el vencedor en su prueba.

Eso no lo ponía feliz, para nada. Veía en cada victoria que él no estaba en ese lado, que a él le había faltado fuerza, valor dentro del mundo en el que vivían. Su enojo con sus compañeros de tripulación mermaba muy lentamente, poco a poco entendiendo que al fin y al cabo ellos eran buenos en esas cosas y él simplemente tuvo mala suerte.

Quien sí se le acercó en ese momento fue el otro espadachín con el que había compartido grupo, Barald Kane. No respondió a su saludo o presentación, no hizo un amago de saludarlo o de aceptar sus palabras con unas propias, simplemente respondió de la manera más seca posible. - Ambas -. Se refería a la pregunta del contrario sobre su situación metal. Al fin y al cabo, hasta ahora no tenía pruebas de que los equipos se hayan elegido a dedo, fue pura suerte que terminaran juntos con esos otros dos, pero lo que tampoco podía negarse era que claramente no había sido capaz de superar esa barrera que se le puso en frente.

Como todo, se trataba de una mezcla de factores, pero estos factores estaban, de nuevo, jugando en su contra. Los había sobrepasado en los Cabos Gemelos, pero desde que ingresó al Grand Line no existía nada que lo hiciera crecer o incluso demostrara que esa gran recompensa por su cabeza estaba justificada.

El otro hombre siguió hablando, ahora sobre el camino que ambos compartían en su estilo de combate. Podía entender a lo que se refería, pero no podía compartirlo. - Mi espada no es capaz de guiarme por el camino que mi mente quiere recorrer -. Se le había enseñado que luchar para dañar no era lo correcto, que ese odio lo volvería ciego a lo importante y que en algún momento la hoja de su espada iba a terminar hiriendo a alguien querido si seguía por ese camino. Su mente le decía otra cosa, lo llenaba de rabia y le dejaba en claro que cada vez que practicaba esos movimientos defensivos estuvo desaprovechando tiempo que podría haber servido para aumentar su fuerza.

Lo miró, por fin, extrañado en cuanto el otro mencionó que tomara por un momento su arma. No podía ser de esos loquitos que decían ser capaces de escuchar a sus espadas, ¿verdad? Viendo que incluso sin responderle el otro aún mantenía la oferta, suspiró y tomó la katana por el mango, levantándola y sosteniéndola, analizándola más que imprimiendo en ella sus deseos o emociones. Incluso él podía notar que era un buen arma, antes de que el contrario agregara el comentario contando de la vez que la consiguió.

Sin decir una palabra más, le devolvió el arma en cuanto este volvió a extender su mano, momento en el que llegó alguien que no deseaba ver en ese momento.

- Pensé que la respuesta era obvia. Perdí -. No adornó la situación con una gran explicación, no se detuvo a explicarles a sus compañeros sus ideas o pensamientos. En ese momento, en ese lugar, él no era más que una basura, peor que cualquiera ahí. Si su equipo seguía compitiendo o no poco le importaba, al fin y al cabo tuvo que ser la rata que se sacrificara por culpa del resto. - Ya que los otros dos pudieron hacer un buen trabajo en sus pruebas, pueden ir a pelear sin problemas, no veo el porque me necesitarían -. Incluso si su razonamiento era lógico para él, no abandonaba en ningún momento el enojo en su voz o en su rostro, pues obviamente no estaba hablando su cerebro en ese momento.

Eros tomó la palabra, lo cual tampoco fue bueno para el cocinero de la tripulación. ¿Sus objetivos reales? Si ni siquiera podía superar a toda esta gente, ¿cómo podía aspirar a controlar a la muerte? Los discursos cargados de esperanzas poco servían si la realidad le había golpeado con la fuerza suficiente como para tenerlo derrotado en una banca.

Y no, si hubieran ido como tripulación tampoco creía haber ganado en su prueba correspondiente. De nuevo se encontraba enfadado con todo alrededor.

Y todavía faltaba más.

Primero fue el propio Barald, pero luego incluso llegó el propio marine pelirrojo a decirlo. Necesitaban que combatiera, cosa que, por raro que parezca, no le trajo alivio. - Pensé que te había ido bien en tu prueba, marine -. No sabía su nombre, así que se limitó a mencionar esa última frase como si le estuviera escupiendo. - Hace unos meses querías cazarme. ¿Ahora me necesitas porque te falta fuerza? -. Lo observó, solo un momento más, pero su cabeza decide que al menos por ahora hará caso. Dejó que el marine se fuera sin hablarle de nuevo, asumiendo que algunos podrían pensar que se había vuelto loco.

¿Por qué le haría caso a un marine? ¿Porque aceptó que sería mejor para el combate? ¿Porque todavía veía una posibilidad de demostrar su fuerza? Todas esas teorías se iban por un caño al ver cómo sus dientes volvían a rechinar en el interior de su boca y sus manos se apretaban formando puños que amenazaban con volver a hacer sangrar sus palmas.

Libro de recetas
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#35
Atributos Personaje


—¡Atchú!

Sorbió la nariz y, por enésima vez en los últimos cinco minutos, puso los ojos en blanco y suspiró, hastiado, mientras una catarata de moco caía de sus fosas nasales. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Se preguntó. «Ya sabes dónde, so imbécil». Estaba enfermo. El problema era que Enji se enfermaba, como quien dice, “una vez cada muerte de obispo”. ¡Y no tenía idea de lo que era un obispo! Pero ahora, de pronto, por obra y gracia del señor, se sentía de la mierda. Tenía la garganta tomada, la nariz tapada de moco y flema, y empezaba a sufrir de un picor insoportable en el cuello. Se rascaba como perro enfermo, desesperado, hasta dejar trazas rojas en su piel y pequeñas heridas teñidas de sangre.

La picazón la tenía todos los días. ¿El resto de síntomas? Esos sí que lo estaban jodiendo de verdad.

—¿Ah? ¿De dónde te robaste esto?

Una cerveza apareció de pronto frente a sus ojos. Ubbe, el buccaneer, se la ofrecía. No escuchó su justificación, simplemente tomó la botella y arrancó la tapa con sus dedos. Estaba fría, helada, y era pecado dejar una cerveza fría sin beber. Empinó el pico sobre sus labios y dio dos largos tragos antes de decir nada más.

—¿Un templo? —exclamó tras separarse de la botella y suspirar—. ¡Shihahaha! ¡Lo que digas, grandote! Tú te lo pierdes.

Tezca regresó de su prueba poco después y Enji alzó la cerveza hacia él, en señal de reconocimiento. No había estado mal. Nada mal. Con su aporte, todos los participantes del grupo cinco habían sumado puntos y ninguno había caído eliminado. Eso tenía que valer de algo.

La primera ronda llegó a su final y los resultados fueron anunciados, alto y claro, por el carismático maestro de ceremonias. La mitad de los equipos cayeron en el pozo. El suyo fue el último en salvarse. Se habían ido de un pelo, pero estaban vivos en la competencia, aunque no podía decirse que Enji estaba muy satisfecho con su manera de pasar a la siguiente ronda. Sin embargo, le alcanzaba. Ahora tenían que poner la cabeza en el siguiente desafío y asegurarse un lugar en la final. ¡Quería ese premio! ¡Quería pararse en la cima de esa competencia! ¡Era muy divertido!

—Hijo de puta, casi nos quedamos afuera —comentó a sus compañeros cuando todavía estaban reunidos en el cubículo de su grupo. Después le dió otro trago a la cerveza y se bajó del gigante—. ¡Bien! Supongo que toca nominar a… a… ¡Atchú! ¡A uno!

Las reglas de la siguiente ronda habían quedado relativamente claras en su cabeza. Cada equipo entregaba un luchador para enfrentarse en una batalla de dos contra dos, el mejor ganador se llevaba puntos y el equipo con más puntos podía después enfrentarse a los ganadores de la primera fase: el equipo de Akira y Shin.

Enji se paró frente a Ubbe y lo señaló con el culo de la botella de cerveza, provocando que algo de líquido se volcara en el suelo.

—¡Yo te nomino a ti, grandote! —dijo, sonriente, confiado—. Fuiste el que más puntos nos dió, te transformas en un bicho enorme y genial, tienes lentes de sol, eres negro… ¡Todo ventajas! ¡Shihahaha! —Su sonrisa estalló y solo logró acallarla otro largo trago a la cerveza fría—. El come abuelas es muy simplón, la diva es demasiado extravagante… ¡Y tú mides cinco metros! —Abrió los brazos, señalando lo enorme de su tamaño—. ¿Estamos todos de acuerdo en que el mastodonte va? —Miró a sus otros compañeros, a Tezca y a Dharma, buscando su aprobación. Cuando la obtuvo, volvió a fijarse en Ubbe—. Barre el piso con ellos y llévanos a la final. —Enji le enseñó el pulgar arriba, se dió la media vuelta y, mientras se dirigía a las gradas, señaló su pecho con el mismo gesto—. A quien sea que espere allí, me lo comeré crudo, con algunas papas fritas y un poco de salsa criolla al costado. ¡Eso denlo por hecho! ¡ATCHÚ!

Su andar se aceleró, poco a poco, a medida que atravesaba la zona de los cubículos de camino a la grada. De caminar pasó a trotar y luego, corrió. Su mirada se fijó en cierto caparazón que asomaba apenas un metro por encima del nivel del suelo. Saltó, se proyectó como una bala en su dirección y, al alcanzarlo, se estampó contra él plantándole un cabezazo sobre ese caparazón blindado. Se estampó como una estaca de madera contra un muro de acero, duró un segundo en el aire, con el cuerpo recto, y después aterrizó de cuclillas a la derecha de Juan Sebastián.

—Juancho, Juancho, Juancho… ¿Algo que confesar? —Sus ojos brillaban con un juicio malicioso. No olvidaba que el cangrejo había entrado fumando a la arena—. Cinco minutos te dejo solo y ya estás agarrando vicios. ¡CINCO MINUTOS! ¡El cigarro es una mierda!

Dicho lo cual, ni lento ni perezoso, Enji encendió su propio cigarrito. Otra vez, salido directamente del elástico de sus boxers.

—Lamentable… pero bueno, lo compensaste un poco con tu prueba. ¡No como los otros dos! —Negaba con la cabeza, decepcionado y pensando en ir a por Akira y Masami, hasta que algo más desvió su atención: música—. ¡Eh! Reconozco ese violín.

Paró la oreja y empezó a seguir el sonido, como hipnotizado, hasta llegar a la zona donde se abría el escenario del concierto. Allí, entre otros, encontró a Miyori desplegando su arte, y junto a ella… ¿Una pelada? Estaban dándolo todo sobre la tarima y se les notaba que disfrutaban de hacerlo. La euforia del público se le contagio y acabó agarrado el barandal con una mano mientras la otra se levantaba en el aire, extendidos sus dedos índice y meñique únicamente.

—¡Shihahahaha! ¡Eso, Naranjita! ¡Doña cabeza de rodilla!

La gente se estaba volviendo loca con esas dos. Volaron flores, peluches, calzones…

¿Calzones?

—Fah, que mierda. —Se encogió de hombros y se sacó los boxers, última prenda que le quedaba, para luego arrojarlos al escenario—. ¡VAMOOOOOS!

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 4097 + 0 = 4097
Energia: 3657 + 215 = 3872
Espiritu: 1450 + 0 = 1450
#36
Fijación de atributos


No hizo caso a la reacción de Akira, porque más allá del orgullo existía algo que lo dominaba por completo en ese momento, y estando tan cerca de la victoria en la fase inicial no iba a ser menos, dispuesto a felicitar al rubio incluso si se ubicaba en puestos bajos de la tabla, porque puntuar significaba quedar primeros ante un montón de competidores que se movían bajo el mismo deseo, imponerse a los demás.

Concentrado, aguardó el regreso de Raito al cubículo y prestó atención a los circos del Dirigente, elevando las expectativas en el público y haciéndolos vibrar de la emoción. Ese trabajo sabía hacerlo a la perfección, era un completo maestro en el arte de manejar a las masas y generar tensión antes de desvelar la información clave, al punto en donde inclusive él, tan estoico y confiado, quería acelerar sus palabras para conocer el resultado parcial previo al paso a la última parte del evento.

Restando pocos misterios en el tintero, empezó con la tarea de pasar a datos estadísticos el desempeño de los participantes, sorprendiendo a los espectadores una vez más con la ruptura de un nuevo récord por parte del subcapitán de los Sepultura, Kiyoshi. Se alegró del resultado dado por Miyori, aunque no tuvo demasiado tiempo para pensar, porque cuando se desveló que Mahou, última integrante del equipo nueve, falló en darle a la mosca, y se aseguró que Akira lo consiguió, a nivel matemático todo estaba dicho.

Avanzaron en primer lugar.

Su sonrisa no pudo ocultarse, sin embargo se mantuvo en silencio aún y cuando los demás gritaban por la victoria. No era el malestar dominándolo, menos evidente en su imagen que en comparación de Miyamoto, se trataba de algo mucho más crucial en la mente de una persona tan competitiva como Hasegawa Shin; los Juegos del Cielo todavía no habían terminado. Recibe el golpe en la espalda por parte de Haakon, lo que consigue impulsarlo hacia delante, y es ahí cuando finalmente reconoce el mérito del rubio —Supiste aprovechar tu momento. Así se hace. —su sonrisa confiada se mantiene viva, dándole con el puño sobre el pecho al contrario, sin fuerza ni mucho menos, era sólo un toque al marine, quien supo abandonar sus intereses en pos de beneficiar al equipo.

Ante ellos, se abrió la puerta a lo existente más allá en el torneo. El Dirigente anunció la ronda de combates, la posibilidad de recuperar compañeros perdidos a lo largo de las pruebas y también, una hora de descanso. Esperaba que esta última alcanzase para terminar de recuperarse del cruento estado viral en su cuerpo.

Lo inesperado recayó en la extraña categoría que tendrían las peleas, siendo la normativa un dos contra dos entre los equipos nueve y cinco, contra el uno y dos. Del ganador, quien mejor desempeño obtuviera le daría la oportunidad a los suyos de competir en la final, eligiendo a un nuevo representante. Acto que los actuales líderes del torneo debían replicar, instante donde el gesto del albino se ensombreció ligeramente, girándose al resto de su grupo.

El detalle, es que alguien faltaba.

—¿Ah? ¿Y Ryota? —ladeó la cabeza —¿Se asustó? —replicó el gesto hacia el otro lado, momento en donde recordó lo que le había respondido sobre los motivos tras ser un pirata —¡Momento! ¿Nos ha robado? —palpó sus pertenencias, y suspiró de alivio al darse cuenta de que no fue el caso. Esa sensación no duró mucho más, la enorme presión que ejercía la presencia de Sigurd se llevó toda su atención. A penas y llegó a escuchar del concierto, aunque consiguió ser plenamente consciente de ello.


La voz del buccaneer se hace escuchar con un peso sublime. Tal y como pronunciaba su discurso, desencajando el hacha del suelo y colocándola en su hombro, suponía que iba a postularse él mismo como representante del equipo, y entendiendo la visceral personalidad de aquel hombre, se preparaba mentalmente para buscar argumentos lógicos con tal de convencerlo de lo contrario. Sin embargo, mientras era engullido por las sombras, escuchó lo imposible.

'Propongo al hijo de la luz como nuestro representante en la prueba final.'

Los ojos del marine se abrieron con sorpresa, separando sus labios al quedarse sin habla pero, de todas formas, querer contestar. Ese silencio fue aprovechado por Sigurd, explicando a los dos presentes restantes el motivo tras su elección y con ello, regalándole una advertencia que sólo remarcó la oscuridad que aquel gigante de siete metros proyectaba sobre sí mismo.

Entonces, lo entendió. Hablaba en serio, con el detalle de que aquel encuentro pareció forjarse por los finos hilos del destino, ganara o perdiera. Porque ambos resultados le servían a un sanguinario como Haakon, tanto por la decepción de depositar su fe en alguien que creía sumamente poderoso, o en su defecto, la confirmación de sus creencias, bajo un condicionante muy puntual en su retorcida lógica guerrera.

Demostrar que puede matarlo.

Ensombrecido por la silueta del pirata, lo miró hacia arriba por primera vez desde que el contrario tomó esa posición, manteniendo su característica sonrisa impasible. Tras su sentencia final, sólo la espalda del imponente sujeto quedó visible ante las iris cerúleas de Shin —Oye, Sigurd. —la frase que tanto repitió a lo largo de las pruebas para referirse a él, esta vez dicha sin elevar demasiado el tono de voz —Pretendo iluminar todas las sombras del mundo. Más allá de todo, ¿crees que alguien como yo se escondería? —él también le dio la espalda, ahora rodeado por los rayos del sol, más vivos que nunca. —Nunca peleo pensando en la derrota. —afirmó. A pesar de que en el fondo conoce y respeta esa posibilidad, nunca la aceptaría como consecuencia final.

—Akira, te mereces que te responda algunas de tus preguntas. —sus manos temblaban, aunque la sensación de malestar en su cuerpo parecía amainar gradualmente —Apúntalas, ¿okey? —aún sonriente, lo mira a los ojos a través de sus gafas de sol —Primero necesito recuperarme de esto. —le mostró los efectos del súbito estado que los invadió en ese mismo movimiento involuntario de sus dedos.

Conociendo que deberá informar al Dirigente la decisión del equipo, le venía bien pasarse por los puestos a beber un poco de agua.



Cuando todo se preparaba para el concierto y, luego de un breve paseo en el sector gastronómico, Shin volvió con un poco de agua, bebiéndola y refrescando su cuerpo, relajando esas sensaciones molestas hasta que finalmente se topó de frente con lo inevitable; informar su decisión al afamado "favorito de la gente", quien se encontraba en la zona céntrica de los cubículos. Recortó las distancias con suma naturalidad, llevando su chaqueta enganchada en los dedos índice y medio de su mano libre y colgándola al hombro, con ese brazo flexionado.

Haciendo gala de su falta absoluta de vergüenza, lo saludó a la distancia, observando su silla plegable, la sombrilla y el refrigerio. Sí que estaba gozándose el descanso. —¡Yõ, Dirigente! —exclamó, con una sonrisa de oreja a oreja y cerrando los ojos detrás de las gafas —Cumpliendo lo que pediste, venía a informarte que seré el representante del equipo seis en la final. Espero que disfrutes de la música, ahí arriba hiciste un gran trabajo. —señaló con el mentón el cielo sobre el cielo, lugar desde donde animó a toda Shandora con su inigualable carisma.

Hecho el trabajo, no tardó en avanzar hacia las gradas, teniendo presente que a mitad del descanso iniciaría el concierto. Decidió sentarse exactamente donde lo hizo al principio, y sólo cuando la decisión estuvo tomada, caminando hacia el sector en cuestión, pensó en ella. ¿También volvería a su lugar?



[Imagen: c8079b7a-e528-45ed-8666-b7ea4cfd1892.png]

La espera se hacía eterna.

No vio a demasiados conocidos al llegar. Quizás a una mujer calva llena de cicatrices que le trajo ciertos recuerdos de Karate, pero Merlot no se encontraba por ningún lado, y fue entonces que cuando menos se dio cuenta, su vista se mantuvo fija en la arena, allí donde le juró a Shandora que sería el mejor marine de la historia, haciendo gala de su velocidad y exhibiendo una pequeña parte de lo que sus habilidades le permitían hacer.

El mundo comenzó a apagarse. Perdió la noción del asombroso lugar donde se encontraba, y recordó las palabras de Sigurd, regalándole la confianza del equipo por sobre él. Algún día le devolvería ese favor, enfrentándolo para mostrarle que hasta los monstruos tienen sus límites, sin embargo, primero debía atravesar el desafío que recaía sobre sus hombros, mismos desde donde su chaqueta protocolar colgaba, sin colocarse las mangas. En el bolsillo interno de la susodicha reposaban sus gafas de sol, llegados a cierto punto comenzaron a molestarle y prefirió quitárselas.

Veía al mundo en todo su esplendor.

Con sólo un objetivo en mente.

Al menos hasta que escuchó el apellido de María, en voz del mismo hombre que la animó a besarlo más atrás en aquella tarde. Mencionó a Maki también, y pronto, sus ojos, hasta ahora fijos en el escenario, se dirigieron de soslayo hasta el lado del movimiento. La música los invadía, alentando a las pulsaciones de su corazón con esas distinguibles vibraciones ocasionadas por instrumentos de viento, pero desde luego, lo que llamó su atención al margen de las pequeñas interacciones que sostenían entre ellos, fue la sirena.

Desde las palabras de Sigurd, se había convertido en una sombra, amalgamado con las formas que aquel sujeto evocó sobre él, y sin embargo, en tan sólo una frase, Merlot le recuerda cuál es su destino, y que nunca debe dejarse llevar por esas extrañas sensaciones de presión en su pecho. Magia, ¿así le llaman? A esas alturas lo desconocía, especialmente porque la mayoría de sus pensamientos se apagan cuando la mira a los ojos y escucha las ocurrencias que sólo a ella se le pasan por la cabeza.

Podría volver a atravesar infinitos kilómetros de mares, y la chica frente a él volver a cambiar su apariencia, pero seguiría reconociendo esa forma de ser, única en su tipo. Irrepetible. Por ello no pudo hacer otra cosa más que sonreír ante su pregunta, y acercarse un poco más, víctima del magnetismo que siempre los atrapaba en una burbuja.

'¿Eres inalcanzable ahora, Malvavisco?'

—Estoy justo aquí, María.

Su mano se elevó con suavidad a la altura de su rostro.

Sin previo aviso, le dio un toque sutil en la frente, sonriéndole con una dulzura que creía olvidada.

—Sólo tienes que mirarme.

Durante breves segundos, se hizo el silencio entre ellos. ¿Sería ese el momento? Donde por fin pudiese enseñarle como se hace lo que intentó en el cubículo, donde pudiese contarle las aventuras que lo arrastraron hasta atravesar el cielo, y también, preguntarle a la Reina de las Estrellas la historia alrededor de Betelgeuse. Su corazón así lo sentía, el único problema... es que una voz los interrumpe, rompiendo la burbuja que los aisló del resto, haciendo más fuerte el volumen de la música y los vítores que ofrecían los habitantes de Shandora. ¿Para más inri? El marine más tramposo del que tenía recuerdos era el culpable, haciendo que Shin frunza el ceño automáticamente.

El Comandante se pone de pie, encarando al pelirrojo y totalmente dispuesto a responderle sus... ¿delirantes palabras? —¿Navidad? ¿Qué es eso, BerBer? ¿Tienes fiebre? —ladeó la cabeza hacia ambos lados a cada nueva palabra que decía, hasta que, obvio, contestó a su apodo —Luces... sí, desde luego prefiero ser una a que me salgan por los ojos y la boca. Eres mi copia barata, tramposo. —sonríe con una tranquilidad bastante irritante, lamentaba que Merlot lo estuviese viendo así —No te ayudaré a resolver los problemas que te buscaste solo, y por lo que veo, también se lo hiciste a Nyra... —negó con la cabeza —Y pensar que la marina se permitió a un Contramaestre tan débil... —bufó, creyendo, ahora sí, que mínimamente podría despedirse de Merlot, aún entre el júbilo de la música. Pero ese mismo magnetismo que los unió, la gravedad, les indicaba que todavía no era el momento, pues Masato llegaba de la misma manera escandalosa que antes.

Los halagos del alado son abundantes, y Shin se dedica a esperar con suma tranquilidad. No es hasta que la segunda interrupción se relaja un poco que por fin llama la atención de la sirena, porque estaba seguro de dos cosas. Una, no podría relajarse junto a alguien tan hiperactivo como Masami, y dos, estaba el tirador tramposo de la sesenta, participante de un equipo rival, no se fiaba un pelo.

—Eh, María. —esperó a que voltee, mirando a sus orbes como si estuviese intentando comprobar que seguía ahí. Con la decisión tomada, y sin ápice de duda, recortó las distancias de la misma manera que la indiscreta pirata hizo en el cubículo, sintiendo su fragancia, inmerso en una cercanía que podría volverse adictiva. Sujetó su rostro a la altura del mentón con un roce electrizante, y por fin reclamó el beso que ella le había intentado robar tras la prueba de Céfiro. En su mejilla, peligrosamente cerca de la comisura de sus labios.

Al separarse unos centímetros, siguió tan cerca que su voz no necesitó elevarse.—Vaya... parece que yo también tengo mala puntería... —un susurro cálido, con el tono más relajante que podía emitir su voz, sabiendo que aferrarse aún más a esa burbuja sería imposible. Por eso, primero deslizó la yema de sus dedos en una caricia sutil por su piel hasta soltarla, como si le costara romper aquel contacto, y luego, se alejó, devolviéndole el espacio personal. —¿Recordarás mi número de Den Den Mushi si te lo digo? —cuestionó, y a pesar de lo que ella dijese, se lo terminaría recitando antes de darse la vuelta.

Su naturalidad tras semejante acto de descaro era escalofriante.

—Dado que mis compañeros marines son expertos en interrumpir, les daré el gusto. —se gira a ellos, mirando a un hombre con el mismo color de cabello que Merlot —¡Y tú! Si que tienes buen gusto, no cambies. —lo señala con extrema soltura, sujetando la chaqueta con sus dedos y colgándola a su hombro otra vez, dispuesto a abandonar aquel sector de las gradas. —No olvides la historia sobre Betelgeuse, María, quiero escucharla. —sonrió, imaginando qué podría ser —Yo tampoco olvidaré lo que tengo pensado para ti. —aún sin dar el primer paso, y completamente de espaldas, le recitó una última frase, solamente para ella.

—La próxima vez que nos veamos, hay algo que debo mostrarte.

Y sin dar pistas, manteniendo la incertidumbre del misterio, empezó a alejarse de la zona, buscando un sector donde los alados abundasen. Al final, y tras caminar un poco, se apoyó en una pared en las gradas, observando de pie el resto del espectáculo. Vio a Maki, a Miyori dar un paso más en su sueño y a The Cupids, lo estaban dando todo, haciendo valer el espectáculo musical tras el deportivo, y reavivando el bienestar de su cuerpo, algo que parecía imposible luego de ese instante en el cubículo. Se podría decir que estaba al cien por ciento otra vez, más allá de que en un susurro que sólo era audible para él centró su atención en la chica de cabello anaranjado. —Recuerda este día, MiyoMiyo. Alcanzaste el cielo. —su sonrisa no podía ocultarse.

¿Qué más daba? Nunca temió tratar a las personas buenas como se merecían, moriría defendiendo ese ideal. Poco a poco se iba relajando más después de tantos estímulos, una paz mental que realmente necesitaba antes de volver a la arena, a por su enfrentamiento en la final. Primero, obvio, tendría que ver a los otros equipos desafiarse por un lugar en ese último combate. ¿Lucharía Bertram? El tramposo le caía mal, dudaba mucho poder perdonar semejante acto de cobardía, para Hasegawa y su crianza, un guerrero nunca debe desconfiar de sus virtudes, y mucho menos esconderse en alguien más al intentar resolver las consecuencias de sus actos. Por suerte, estaba en otra División, aunque podría encontrárselo como oponente más tarde.

Era una ruleta, ¿él? Sólo debía esperar un poco más.

En algún momento volvería a moverse.

Let there be light
[Imagen: vEBNZb3.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3093 + 0 = 3093
Energia: 3138 + 460 = 3598
Espiritu: 1132 + 0 = 1132
#37
Atributos Personaje

El momento de finalización de la primera fase había llegado a su fin; ahora venía un intermedio, por decirlo de alguna forma. Dharma no estaba tan acostumbrado a grandes eventos de esta naturaleza, así que no le prestaba atención a las demás cosas que sucedían. Simplemente hacía caso a lo que el presentador decía y parte de eso era moverse hacia las gradas para dar paso a un concierto. Pero no sin antes conocer el resultado de las pruebas. Pues eso era lo más importante por ahora y por lo que todos los presentes se habían reunido y conjurado a llevar a cabo estos juegos. Dharma, por su parte, escuchaba atento que su equipo se encontraba clasificado en el quinto lugar; al menos no había perdido nadie y por ahora las cosas se mostraban con un buen panorama.

|  Creo que tienes todo el ánimo... el universo dicta... hay que permitir que suceda...| Sus palabras eran sinceras, dando a entender que el hombre tenía toda la voluntad para la siguiente fase. Eso era suficiente para dejarle hacer lo que quería. El espadachín solo pronunció esas palabras mientras escuchaba lo que los demás pudieran decir. Pero la decisión por ahora era contundente. El ánimo del colosal hombre de piel canela era bastante contagioso y, a diferencia de otros seres que había conocido, el llamado Ubbe tenía la fortaleza para sostener sus vociferaciones. No era alguien solo diciendo lo que deseaba al viento. Parecía seguro de sí mismo y eso era mucho.

Tras  pasar el momento de elección y sin decir más palabras, con la seriedad que le caracteriza y un poco desapegado de las situaciones triviales, Dharma comenzó a caminar en dirección hacia las gradas, mientras veía que Ubbe se adelantaba, saludando a otro hombre de una apariencia igual de portentosa que él. Un par de tipos que parecían fuertes y tenían actitudes bastante llamativas, algo en lo que no parecía congeniar con el espadachín; pero el que un par de seres de ese gran poder pudieran ser amigos uno del otro le daba bastante curiosidad, seguramente ambos eran Buccaneer. Esa raza era peculiar, eran fuertes y el de orbes esmeralda lo sabía. Ante su mirada analítica y taciturna, en la lejanía escuchaba un poco de lo que hablaban, tanto el moreno de gran tamaño como el rubio de igual grandeza física. Los reconocía del periódico; en ese momento era un tipo que había causado una gran matanza y el otro también había dado de qué hablar incluso en el paraíso.

Sin llamar tanto la atención, Dharma volvió a situarse en la cima de las gradas, pasando entre la gente. Por ahora no tenía ningún ánimo de socializar, pues aún no estaba tranquilo del todo respecto a la convivencia de todo tipo de facciones y pensamientos. Se le hacía de lo más extraño que nadie estuviera peligrando por su vida, incluso un tanto bizarro. Puso sus manos sobre las empuñaduras de sus armas, la diestra en la contraria y viceversa. Por unos segundos estrujó ambas; no sabía cuándo llegaría el momento de que los juegos llegaran a su fin y las reglas dejaran de tener sentido. Su mirada trataba de ver a todos y todo lo posible.

También estaba esa sensación de malestar enfermizo que le dio de momento, pero parecía que no iba a ir a mayores. Sentado esperó que el tiempo pasara, cerrando los ojos, concentrándose y meditando un poco en una postura firme. Sus manos se alineaban a los costados de su cuerpo, haciendo un sello que le permitía concentrarse de mejor manera: imitando así el varun mudra con sus manos, relajándose sin perder la concentración. Mientras el concierto comenzaba a suceder y los murmullos y gritos parecían aumentar, su mente comenzaba a trascender, como si no estuviera presente, como si pudiera separarse de su cuerpo de alguna forma. Esa sensación especial ocurrió por unos leves instantes.
[Imagen: Varun-Mudra-1.jpg]


OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#38
Atributos Personaje

Todos los participantes tras de mi en la prueba de certeza obtuvieron peor puntuación. Tal vez fuera debido a el malestar que les había provocado con los poderes de mi habilidad. Quizá, tan solo se tratase de que yo era más hábil que ellos. Como sea, cuando el Dirigente anunció los resultados de la prueba, yo me hice con el cuarto lugar. Una parte de mi se enorgulleció, pues había conseguido el mismo puesto que Eros en su prueba. Sin embargo, ver a Kiyoshi alzarse victorioso me provocó un sentimiento amargo. No por el hecho de verle triunfar; sabía que él era el mejor tirador. Sino por la enorme distancia que había entre nosotros, la cual parecía agrandarse cada vez más. Además estaba aquella maldita apuesta. Ahora le debía 1000 berries a Kiyoshi.

Recuperé mi posición en el cubículo. Tomé de nuevo el hatillo que había dejado para la prueba. Con mi rifle al hombro, ajusté mi sombrero. Un gesto que repetía sin cesar, algo que hacía de manera mecánica, casi sin darme cuenta. Un gesto adquirido tras los años. Un gesto que era eco de las palabras de mi padre. "Un buen explorador nunca pierde su sombrero", me repetía una y otra vez cuando volvían de sus expediciones. Por ese motivo comencé a ceñírmelo. Para que mi sombrero no se fuese volando, y con él, el aire se llevase el recuerdo de mi padre.

—Siento no haber podido obtener mejor resultado —dije mirando a mis compañeros del equipo ocho—. Al menos conseguimos que ninguno quedase eliminado. Veamos que nos depara la siguiente ronda.

Iluso de mi, miré hacia el escenario en el cual el Dirigente habló dando continuidad a los juegos, sin saber, que mis posibilidades de brillar se habían esfumado. Al parecer, había un nuevo criterio de eliminación de participantes. Algo que no nos habían desvelado con la normativa explicada en un principio. Algo que carecía de lógica para mí.

—¿Que sentido tiene eliminar a los peores participantes de cada prueba, si ahora vas a eliminar equipos enteros? Con estas nuevas normas, alguno de los eliminados pasará de fase, mientras que otros que ganaron sus pruebas quedan eliminados.

Sí, estaba hablando de Kiyoshi. Había dado lo mejor de sí para ganar la prueba de certeza y ahora su equipo no estaba entre los anunciados por el presentador. Era algo que me parecía ciertamente injusto, tanto como el hecho de haber conseguido que no eliminasen a nadie de nuestro equipo durante las pruebas en vano. Sin embargo, era algo lógico si tenía en cuenta lo que había leído sobre aquel reino. Un lugar donde la raza servía para dar o quitar estatus social, no podía ser un lugar justo, por mucho que brillase. Apreté mis dientes, resignado. Si cultura, sus tradiciones, pensé con tono sarcástico.

—Parece que no lo hice suficientemente bien. Ahora somos simples espectadores —dije en respuesta a las amables palabras de Hyákinthos—. Sin duda podría enseñarte a disparar, pero creo que aún me queda mucho que aprender. De cualquier manera, te anoto mi número para cualquier otra ocasión. El numero es 490-490-490. Zhang, Mord Heras, anotadlo vosotros también si queréis —le devolví el den den mushi a Hyákinthos con una sonrisa y asintiendo con la cabeza—. Si... Ehm... Seguro que se trata de otro mink hurón —intentaba ahuecar el cuello de mi camisa, como si no supiese qué más hacer con las manos—. Muchas gente aparece en esos carteles hoy en día.

La idea de que alguien tuviese mi cartel de recompensa guardado no me hacía sentir cómodo. Aquel hombre no parecía tener malas intenciones. Además, estaba el hecho de que Uker confiaba en él. Sin embargo, que alguien guardase un papel en el que ofrecían una recompensa por mi cabeza, no me hacía sentir del todo tranquilo, ya fuese por qué tenía intenciones de venir a cobrarla o por la fama que me estaba reportando.

—Es el fin del equipo ocho del locho —dije intentando parafrasear a Heras, para desviar la atención hacia algo que no fuese mi incomodidad— ¿Qué tienen pensado hacer hasta el comienzo de la siguiente fase? Yo supongo que iré a pagar un par de cuentas pendientes y luego recorreré la ciudad. No todos los días se puede explotar una ciudad perdida.

En aquel momento, apareció Kiyoshi, aunque antes de verlo, lo sentí. Recibí un golpe en la cabeza y su reprimenda. No quise intentar justificarme, pues desde antes de haber actuado, ya había pensado en las consecuencias para mí compañero. Me sentía arrepentido. Me giré hacia él y contesté a su siguiente pregunta mientras gritaba con la mano mi cabeza.

—Lo... lo siento, Kiyoshi. No estoy del todo seguro. Tal vez me asusté. Sentí un destello y creí que estaría tramando algo. Al fin y al cabo, era un marine y ya sabes cómo se las gastan...

Abandoné mi cubículo. Avancé cabizbajo para dejar atrás la arena. Me sabía poco merecedor de los vítores que provenían de las gradas. Me sentía decepcionado por los juegos, por mi participación en la prueba, por qué todos mis amigos hubiesen quedado eliminados. Tan solo Uker, apeado en la prueba del coloso, tenía ahora posibilidades de ser repescado por su equipo para participar en los combates. Debía contactar con él. Yo ya no podía seguir agrandando el nombre de los piratas de la Sepultura, si es que mi participación en los juegos había servido para algo. Sin embargo, si había una pequeña oportunidad para que mis amigos se acercasen a sus objetivos, yo iba a estar ahí. 

—Kiyoshi, Eros, yo saldré un momento a revisar el mercado que hay fuera. Luego me reuní con vosotros en las gradas.

Los alrededores de la plaza se llenaron rápido de gente. Nunca había pensado que fuese alto, pero la estatura media de todo el mundo allí me hacía parecer insignificante. Supuse que así era como ve el mundo Alana. O lo veía, pensé. Los muros de carne y alas que me rodeaban, Unidos a los seres de otras razas, que incluso llegaban a alcanzar los siete metros, tapaban mi visión. No podía identificar donde se encontraba ninguno d mis compañeros. Los tenderos comenzaron a anunciar sus productos. Frutas cortadas, carnes en pan, o pescado en brochetas. Todo tipo de comida lista para ser consumida en el acto, de pié, con una sola mano. Sentía el estómago lleno, bien a causa del delicioso kimchi de Uker o bien por la frustración de haber sido eliminado. Seguí ojeando los puestos. Había quienes vendían alguna joya de mayor o menor valor. Otros una extrañas caracolas que parecían muy cotizadas. Por último, encontré uno que vendía botellas de vino. Un vino afrutado típico de Skypiea, repetía como reclamo. Recordé mi deuda con Eros. Me acerqué y consulté por una botella. No estaba familiarizado con los precios del cielo, pero pensé que hacía honor a la expresión de "estaba por las nubes". Aún así, compré un par de ejemplares, una para saldar la apuesta perdida, otra por si Uker y Kiyoshi también se querían unir a la fiesta, y unas pocas más para llevar al barco.

En aquel momento, una voz me sacó de mis pensamientos. Era Hyákinthos. Aunque está vez no venía solo, la acompañaba una chica de pelo rosa. Tal vez sean familia. O tal vez procedan de una misma isla en la que abunda aquel color de pelo. Tendré que investigar sobre eso, pensé. Mis divagaciones duraron poco al enterarme de que era ella a quién se refirió anteriormente. La chica que guardaba carteles de recompensa. Apreté mis puños. El sudor corría por mi frente. Mis ojos bien abiertos delataban mi nerviosismo ante la posibilidad de tener que mentir. Pero todo quedó en una falsa alarma. Peluche. Así se llamaba el mink del otro cartel de recompensa. Pensé que debía ser un pirata con poca reputación si nunca lo había visto en el periódico.

La chica se explicó y yo me relajé al creer que todo aquello no era más que una confusión. Nada de cazarrecompensas. Me tranquilizaba saber que estaría a salvo, al menos si me mantenía lejos de un uniforme de marine. 

—Alguien que considere un animal como su amigo, también es mi amigo. Por supuesto que firmaré ese cartel de recompensa —rascaba mi cabeza, por debajo del ala de mi sombrero, levantándolo al hacerlo, mi boca con una media sonrisa. ¿Como íbamos a ser plantas? ¿Acaso hacíamos la fotosíntesis?—. Usted también me resulta familiar. Tal vez de... ¿algún día en la feria? —no supe de dónde vino ese pensamiento —. No, no tiene sentido. Hasta hoy no había conocido a nadie con el pelo rosa.

Tras aquello guié a Hyákinthos y a María de vuelta a las gradas. El camino fue más duro de lo esperado, pues tuve que agarrarlos para que su pésimo sentido de la orientación no les llevase por una ruta equivocada. Subí las escaleras con el hatillo en una mano, el vino en la otra y mi rifle bien amarrado a la espalda; ya no iba a necesitarlo. Me senté junto a mis amigos justo a tiempo para escuchar las palabras de Eros. Él, al igual que yo, se lamentaba de nuestra participación en los juegos. Sí, tal vez de haber podido participar juntos, el resultado hubiese sido otro. O tal vez no. El mundo estaba lleno de monstruos y nosotros no habíamos estado a la altura. Sin embargo, aquella vez no iba a regocijarme en nuestras heridas.

—Cierto. Tenemos con nosotros al mejor tirador, pero no solo eso. También al mejor capitán. Y al mejor cocinero, y probablemente uno de los mejores espadachines —mi dedo saltó de uno a otro de mis compañeros hasta llegar a mi—. Y el mejor... —metí la mano en la bolsa de botellas—. El mejor vino de Skypiea!

Tomé una de las botellas y la alcé al aire. En aquel instante, la voz de un hombre llamó nuestra atención. Se encontraba junto a los piratas que habían compartido con nosotros la ruta hasta Shandora. Nos invitaban a ir a por bebidas. Nosotros ya teníamos. No sé si fue el ambiente festivo de aquel lugar, o tal vez el haberme visto obligado a interactuar con más piratas aquel día, pero mis actos me sorprendieron a mí mismo.Agité la botella en dirección a aquel grupo. 

—¿Qué tal un poco de vino de Skypiea?  Tenemos más que de sobra.

¿Estaría sufriendo del mal de altura? ¿Sería aquella la fiebre del oro sobre la que había leído? ¿Cómo había acabado invitando a unos desconocidos a tomar vino con nosotros? Quizá, solo quería apartar de mi mente la decepción de aquellos juegos.



Antología
Emme's Codes

#39
Atributos Personaje


Todavía se encontraba en el cubículo cuando el reflujo contraatacó con fuerza, regalándole una punzada ácida que pronto le abrasó la garganta, depositando un repulsivo rastro de bilis sobre la lengua.



«No, no, no...», pensó a continuación, tapándose la boca con urgencia y sofocando la arcada a duras penas al tiempo que se replegaba sobre sí como si de aquella manera pudiera contener el violento espasmo estomacal.

Tan centrada estaba en contener lo que debía quedarse dentro que, para cuando Kiyoshi se acercó, su primer instinto fue sobresaltarse. No obstante, al ver el gesto del muchacho, Bai se recompuso rápido y agradeció el apoyo de sus manos que la guiaron con cuidado hacia el suelo. Después, tras quedar sentada, bajó la mirada hacia el pañuelo blanco que él le tendía y, finalmente, le dedicó una sonrisa cansada pero sincera. ¿Sería, quizás, para que se tapara al toser? ¿O tal vez para usarlo como una barrera contra los malos olores del lugar? Fuera como fuese, Bai se acomodó en el piso y se llevó la tela al rostro, permitiendo que el penetrante olor a aséptico tranquilizara el doloroso repiqueteo de sus sienes por un momento.

—Gracias, Kiyoshi —murmuró con los ojos cerrados al tiempo que se inclinaba en una especie de reverencia.

Algo que, en realidad, no tendría que haber hecho.

Al inclinarse, un leve mareo estomacal le golpeó, provocando que la tregua apenas durase unos segundos antes de que una nueva y violenta arcada la golpeara por dentro. La bilis volvió a subir y el intento del joven quedó ahogado por el zumbido de los propios pensamientos de Bai. No había tiempo para descansar ni para esperar a que nadie hiciera de intermediario. Así que, ignorando las órdenes de quedarse quieta, Bai se puso en pie tambaleante, se aferró al pañuelo y, tras asentir a Kibai, desapareció como si se tratara de un espectro por los pasillos interiores en busca de un servicio donde poder vaciar el estómago de una vez por todas.

Minutos después, aún apoyada sobre el lavabo, Bai se enjuagó la boca con abundante agua fría, intentando borrar cualquier vestigio del malestar antes de emprender el regreso junto a sus compañeros.

Por suerte, su estómago se sentía muchísimo más aliviado y ya solo quedaba un resquicio, una pequeña necesidad, de ingerir algo de alimento antes de volver a someter al cuerpo a cualquier clase de esfuerzo físico.

Por eso mismo, al salir, pese a que trató de desandar sus propios pasos y volver junto a los participantes, también se desvió lo estrictamente necesario para comprar algo de fruta. Una vez hecho esto, subió por las gradas cuando cayó en la cuenta de que, con las prisas, no había avisado a sus nakamas de adónde diablos se había metido y, en ese momento, ocupando gran parte del pasillo que descendía hacia la arena, Bai decidió quedarse plantada en el medio, estática como una estatua, rebuscando entre sus ropas para sacar su Den Den Mushi.

En ello estaba cuando una figura pasó por su lado a una velocidad vertiginosa. Irradiando una energía tan desbordante que Bai tuvo que apartarse de un salto para evitar ser golpeada.

Era Maki, pero... ¿A dónde iría?

Bai se encogió de hombros, preguntándose qué demonios hacía aquella mujer volviendo tan feliz al mismo sitio del que los acababan de echar y, sin darle más vueltas al asunto, marcó el número de Zhang.

Llamada


Aun con el comunicador entre sus manos, la birkiniana volteó hacia todos lados, percatándose de que había alguien más a quien reconocer en aquel lugar. Era el mismísimo lunarian de Karate. Levantó la mano cuando creyó que este miraba hacia donde ella estaba y le hizo un gesto invitándole a acercarse.

Llamada


Sin esperar realmente una respuesta, Bai se acercó al puesto mientras cortaba la llamada. Una vez allí, y siendo que con el hombre tampoco se podía comunicar, señaló con el mentón tres jarras de cerveza mientras guardaba el Den Den. Después, buscando algo ligero para asentarse el estómago, observó cómo el vendedor llenaba una pequeña jarra de cerámica desde un barril. En ese momento, Bai aprovechó para echar una mirada indiscreta al interior; debido a su daltonismo y a la opacidad del barro, el líquido pálido le pareció agua ligeramente enturbiada.

—Será por el color de la jarra —murmuró al tiempo que el hombre le preguntaba con gestos si también le servía de aquello.

Bai asintió.

Sin embargo, justo cuando el comerciante iba a llenar la jarra de barro con lo que ella creía que era agua, unas notas musicales le hicieron mirar hacia el improvisado escenario. Y al hacerlo, no solamente se fijó en la pelirroja, cuyo cabello apenas se veía con gracia gracias a su vista, sino también en la otra birkiniana a quien había conocido gracias a los juegos.

—¡Yuuki! —gritó aleteando sin querer.

Parecía despistada, quizás incluso perdida, pero confiaba en que con un segundo grito la escuchara.

—¡Yuuki!

Después, apresurándose para disfrutar del espectáculo, pagó a toda prisa y subió por las gradas equilibrando el cargamento junto a la fruta en busca de un espacio para todos.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
Virtudes
Vicios
#40
Atributos Personaje

¡¡¡AKI-RA, AKI-RA, AKI-RA!!!

Los vítores de la gente me llenaron el corazón. Y aunque en mi equipo ignoramos en gran medida el que no hubiera sido capaz de rascar tantos puntos al no especializarme en precisión, el anuncio del dirigente de que el equipo seis era el que encabezaba la lista, sin duda, fue increíble.

—¡¡¡HEMOS GANADO, CHAVALES, HEMOS GANADO!!! —lo celebramos orgullosos, Sigurd no podía parar de gritar, yo le seguía los gritos, Ryota seguía hablando raro y moqueando y Shin mantenía esa calma suya pero acompañándonos con una sonrisa. Me enganché de un salto al brazo de Sigurd, ya que al parecer éramos los dos más efusivos del grupo—. ¡¡¡SIII, JODER, LOS PUTOS NÚMERO UNO HOSTIA!!!

Y de pronto Ryota desapareció, sin haber avisado a ninguno que la madre naturaleza le estaba llamando y que de no darse prisa se cagaría encima—. ”¿No era Sigurd el que tenía diarrea?” —qué cagones.

Lo próximo en anunciarse fue un JUICIO POR COMBATE, entre los grupos perdedores, porque así se llama a quien no queda en primera posición. Porque lo importante es ganar, y aunque yo hubiera hecho el ridículo en la prueba de precisión, me había ganado EL CARIÑO DE TODA ESTA GENTE, que eso sí que era lo más importante.

Y por suerte o por desgracia, más por desgracia diría yo, los vencedores de las eliminatorias se enfrentarían, ni más ni menos, que con el representante de nuestro victorioso equipo seis—. ”Hmmm… Qué puta mierda que me saquen tanta ventaja en todo… Realmente hay gente muy capaz en el Grand Line… Hmmm… Aunque yo creo que puedo ganar, quiero decir, ya sé quién destaca en qué y cómo se comportan… Sí, sin lugar a dudas puedo ganar. ¡Está decidido, yo lucharé!”

—Propongo al hijo de la luz como nuestro representante en la prueba final ”¿Qué cojones, Sigurd?” —me giré velozmente saltándo de su brazo al suelo para mirarlo de manera bastante seria—. Este hombre nos ha traído un primer puesto y ha demostrado una actitud competitiva envidiable. Es lo más justo ”Bueno, ahí tiene razón, es el único que ha quedado en primer lugar” —me giré buscando la mirada de Shin—. Tiene razón, sería lo más justo —tenía razón. ¿Y Ryota? ¿Qué opinaría de todo esto? Pero seguía sin aparecer.

—Si fracasa, me encargaré yo mismo de lanzarlo al mar —le golpeé a Sigurd en la patita, lo máximo que alcanzaba con mi diminuto bracito estando a su lado, a modo de despedida mientras veía como se marchaba hacia las gradas—. ¡¡Tchakikikiyah, lo de las preguntas estaría bien!! ¡¡Mi intención es ser el más rápido, tal vez puedas ayudarme con eso, estuviste increíble!! —volví a hablar con Shin, ya que éramos los únicos que permanecíamos todavía en el cubículo. Y tras eso, busqué mi división entre las gradas mientras se preparaba el escenario para una serie de conciertos.

Pude ver a lo lejos como el capitán se lanzaba de cabeza, como si saltara a la piscina en dirección al caparazón de Juanito, así que haciendo lo mismo, cogí carrerilla en aquella dirección, y siguiendo los pasos del capitán calzoncillos me lancé también de un salto de cabeza contra ellos, cayéndoles a los dos encima y quedándose ahí tirado, tumbado encima de ambos como si fueran el sofá más cómodo del mundo.

—¡¡¡Buenas, buenas, mi genteeee!!! ¡¿Cómo se siente no ser parte del equipo ganador?! —les vacilé mientras me levantaba, les guiñaba un ojo y empezaba a lanzarles besitos con las manos—. ¿Habéis escuchado cómo gritaban mi nombre? Les he: —volví a hacer la figura del corazón con mis manos sobre el pecho, sacando culete y poniendo morritos con los ojos cerrados—. enamorado.

Y acto seguido empezó la música, primero de violín, una melodía algo celta pero con ritmos rápidos, era aquella chica pelirroja. ¿Enji también la conocía? Qué pequeño es el mundo. Y casi sin pestañear, una mujer calva se le unió con la potencia de una guitarra para subirle el ritmo a aquella melodía de violín.

—¡¿PERO BUENO?! —enganché a Juan en su forma de tortuga y a Enji y empecé a zarandearlos con fuerza siguiendo el ritmo—. ¡¡QUÉ PASADA!! —la combinación entre el violín y la guitarra hizo que me volviera loco y no pudiera dejar de saltar en las gradas, acompañando a toda esta gente alada de Shandora en sus locas reacciones, mientras enganchaba a mis amigos con intención de que bailaran y gritaran conmigo al ritmo de la música—. ”Lo raro es que Masami no se haya subido al escenario con estas dos.”



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 3316 + 0 = 3316
Energia: 1844 + 16 = 1860
Espiritu: 790 + 0 = 790


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