01-11-2025, 10:46 PM
(Última modificación: 02-11-2025, 12:22 AM por Voz Seductora.)
El Comandante Revolucionario de los Ejércitos del Oeste, en su trayecto hasta la posada que le había indicado la joven rebelde, pudo ver de primera mano la infinita generosidad que caracterizaba a la clase baja de Mogaro. Gente corriente ayudándose unos a otros, a familiares, amigos, vecinos e incluso a desconocidos. A pesar de las malas formas del hombre, todas las personas con las que se encontró le trataron con gran amabilidad y enorme gratitud, pues todos habían oído de su crucial labor en la liberación de Mogaro. El líder de los Toros Negros continuó interactuando con la gente, mostrando esa parte que, si bien muy escondida dentro de su interior, seguía siendo parte de su ser. Llegó sin ninguna dificultad al lugar que le habían indicado, en parte gracias a las indicaciones de varias de las personas con las que se había encontrado.
El ambiente dentro de la posada era realmente alegre. Había gente cantando, brindando y celebrando en todo el establecimiento, pues la situación no era para menos. Entre la gran cantidad de gente, el antiguo pescador pudo reconocer varios rostros, aquellos de los líderes de los forajidos a los que habían ayudado él y los suyos. A diferencia de cuando los vio por primera vez, aquellos rostros rebosaban una enorme alegría. La alegría de una gente que se había deshecho de una enorme carga, una gente que después de lo que había parecido una eternidad, por fin se sentía libre.
- Disculpe, padre, espero que no le moleste que cantemos estas cosas - una de las trillizas se encontraba sentada junto al Padre Tuck, aquel orondo monje que se había ofrecido a ayudarles con el funeral de Oxxy en el campamento - No te preocupes, hija. Hay que respetar y amar a todo el mundo por igual, independientemente de sus creencias o pensamientos - explicó el hombre, lo cual provocó que la joven le diera un abrazo tan fuerte que casi hizo que se le cayera encima la cerveza - Muchas gracias, padre jijijiji ¿Le traigo otra cerveza? - el beodo hombre de fé dio un enorme trago a la jarra que sostenía en su mano derecha, asintiendo mientras le entregaba el ahora vacío recipiente a la joven.
Kisuke, a pesar de tratar de perderse entre la gente, no dejaba de ser una persona famosa. No sólo eso, si no que él y sus compañeros se habían convertido en héroes. Si bien la mayoría de la gente sabía respetar el espacio personal, no fueron pocos los que se acercaron al espadachín, con la intención de agradecerle o simplemente para poder verle más de cerca, llegando incluso algunos jóvenes a tocar los músculos de sus brazos, quedando realmente impresionados. La presión de grupo, así como la creciente cantida de alcohol en su cuerpo, propiciaron que el comandante revolucionario lanzara un brindis:
Todos aquellos que se encontraban festejando dejaron todo lo que estaban haciendo para unirse a aquel brindis.
Tras el brindis la música volvió a sonar, la gente cogió nuevamente sus bebidas, y retomaron sus celebraciones - Hola hola - otra de las trillizas se sentó junto al comandante en la mesa. A su lado, otras tres chicas de una edad parecida a la de las trillizas se sentaron también, mirando todas a su amiga y al hombre intermitentemente - Estas son mis amigas. Cuando les he hablado de vosotros se morían de ganas de conoceros - las tres chicas asintieron sonrientes, haciéndose comentarios al oído acerca de aquel apuesto hombre - Se llaman Amelie, Mia y Evie - las jovenes saludaron con la misma alegría que la otra, sin darle demasiada importancia a las poco amigables palabras de su interlocutor - Si te preguntas donde está Robin, está arriba en la habitación con Lei. Pero no te preocupes, les hemos atado a la cama para que no hagan guarradas jijijiji - bromeó, antes de darle un sorbo a su bebida - Es broma, es broma - las cuatro jóvenes se quedaron hablando con el espadachín, tratando de conocer mejor al hombre, llevando en el proceso al límite la paciencia y las limitadas habilidades sociales de Kageyama.
Tras un par de horas de interrogatorio, el hombre logró librarse de las insistentes jóvenes. Cuando salió a la calle para fumarse un merecido y tan esperado cigarro, pudo darse cuenta de la magnitud de lo que tanto él como sus compañeros habían logrado. La celebración que había comenzado en aquel pequeño pero famoso Bed and Breakfast, ahora inundaba las calles de Kamome, abarcando casi la totalidad de la ciudad. Las gentes del pueblo se habían ido uniendo a los festejos a medida que habían terminado de tratar a la gente y de limpiar los destrozos más importantes.
Lo que comenzó siendo unos momentos de introspección para el úrsido mariscal, terminaron siendo algunas horas de soledad y necesaria tranquilidad. Mientras el mink estaba sentado en aquel banco, pensando en su antiguo camarada, desde su posición podía comenzar a escucharse cada vez más el ruido generado por el gentío. Aquel que portaba la D en su nombre se levantó finalmente del banco con intención de encontrarse con sus compañeros y celebrar junto a ellos, pero parecía que el destino tenía otros planes para él. Las calles estaban completamente abarrotadas de gente celebrando y cantando, y por si fuera poco, cada vez que conseguía avanzar un par de metros alguien le interrumpía. Todo tipo de personas se acercaban al revolucionario mink, desde ancianos que le agradecían su ayuda hasta niños fascinados con ver no sólo un Panda tan enorme, si no uno que encima era un héroe. Contentando a jóvenes y mayores por igual, el mink se logró abrir paso entre la gente, hasta que una voz amiga se ofreció a ayudarle - Por aquí, señor Panda - un joven que estaba comiendo un delicioso helado de chocolate le ayudó a salir de la calle, alejándose ambos a uno de los callejones - Supongo que querrás ir donde está tu compañero. Yo te llevo - el joven le indicó, antes de comenzar a moverse, manteniéndose ambos lo suficientemente alejados del gentío como para poder avanzar sin que aquello les llevara horas, pero lo suficientemente cerca como para escuchar la felicidad de la gente del pueblo - Madre me ha dicho que no me preocupe por ella, que ella estará bien, y que venga a la celebración - el joven explicó al antiguo bibliotecario la razón de que estuviera allí - Ha sido casualidad que me haya encontrado contigo después de comprarme el helado - Gracias al extenso conocimiento de aquel niño no tardaron mucho en llegar a las cercanías del lugar en el que los revolucionarios se hospedarían hasta que tuvieran una techo propio.
Tras despedirse de aquel joven, la primera persona con la que habían interactuado desde su llegada a esta pequeña isla del Nuevo Mundo, el mink pudo finalmente reencontrarse con su camarada y amigo. Juntos, celebrarían mientras veían las consecuencias de sus actos.
Tal vez la sensación que ambos luchadores de la libertad sentían fuera algo agridulce. Habían perdido a un compañero, y a alguien cercano siempre es realmente duro, sin duda. Pero gracias a sus acciones habían salvado incontables vidas y acabado con años de sufrimiento y opresión. Habían logrado algo que era mucho más grande que ellos. Habían dado un gran paso hacia el futuro que tanto ansiaban.
Momoiro, la Isla Gyojin y ahora Mogaro. Otra isla había roto su afiliación con el Gobierno Mundial para ponerse de lado de la causa revolucionaria. Este suceso despertaba varias incógnitas
La gente más temerosa incluso llegaba a preguntarse
Todas esas preguntas son preguntas que hallarán su respuesta otro día, pues en este día solo hay cabida para la celebración.
El ambiente dentro de la posada era realmente alegre. Había gente cantando, brindando y celebrando en todo el establecimiento, pues la situación no era para menos. Entre la gran cantidad de gente, el antiguo pescador pudo reconocer varios rostros, aquellos de los líderes de los forajidos a los que habían ayudado él y los suyos. A diferencia de cuando los vio por primera vez, aquellos rostros rebosaban una enorme alegría. La alegría de una gente que se había deshecho de una enorme carga, una gente que después de lo que había parecido una eternidad, por fin se sentía libre.
- Disculpe, padre, espero que no le moleste que cantemos estas cosas - una de las trillizas se encontraba sentada junto al Padre Tuck, aquel orondo monje que se había ofrecido a ayudarles con el funeral de Oxxy en el campamento - No te preocupes, hija. Hay que respetar y amar a todo el mundo por igual, independientemente de sus creencias o pensamientos - explicó el hombre, lo cual provocó que la joven le diera un abrazo tan fuerte que casi hizo que se le cayera encima la cerveza - Muchas gracias, padre jijijiji ¿Le traigo otra cerveza? - el beodo hombre de fé dio un enorme trago a la jarra que sostenía en su mano derecha, asintiendo mientras le entregaba el ahora vacío recipiente a la joven.
Kisuke, a pesar de tratar de perderse entre la gente, no dejaba de ser una persona famosa. No sólo eso, si no que él y sus compañeros se habían convertido en héroes. Si bien la mayoría de la gente sabía respetar el espacio personal, no fueron pocos los que se acercaron al espadachín, con la intención de agradecerle o simplemente para poder verle más de cerca, llegando incluso algunos jóvenes a tocar los músculos de sus brazos, quedando realmente impresionados. La presión de grupo, así como la creciente cantida de alcohol en su cuerpo, propiciaron que el comandante revolucionario lanzara un brindis:
¡Por Mogaro!
¡Por la libertad!
¡Salud y Revolución!
Todos aquellos que se encontraban festejando dejaron todo lo que estaban haciendo para unirse a aquel brindis.
Tras el brindis la música volvió a sonar, la gente cogió nuevamente sus bebidas, y retomaron sus celebraciones - Hola hola - otra de las trillizas se sentó junto al comandante en la mesa. A su lado, otras tres chicas de una edad parecida a la de las trillizas se sentaron también, mirando todas a su amiga y al hombre intermitentemente - Estas son mis amigas. Cuando les he hablado de vosotros se morían de ganas de conoceros - las tres chicas asintieron sonrientes, haciéndose comentarios al oído acerca de aquel apuesto hombre - Se llaman Amelie, Mia y Evie - las jovenes saludaron con la misma alegría que la otra, sin darle demasiada importancia a las poco amigables palabras de su interlocutor - Si te preguntas donde está Robin, está arriba en la habitación con Lei. Pero no te preocupes, les hemos atado a la cama para que no hagan guarradas jijijiji - bromeó, antes de darle un sorbo a su bebida - Es broma, es broma - las cuatro jóvenes se quedaron hablando con el espadachín, tratando de conocer mejor al hombre, llevando en el proceso al límite la paciencia y las limitadas habilidades sociales de Kageyama.
Tras un par de horas de interrogatorio, el hombre logró librarse de las insistentes jóvenes. Cuando salió a la calle para fumarse un merecido y tan esperado cigarro, pudo darse cuenta de la magnitud de lo que tanto él como sus compañeros habían logrado. La celebración que había comenzado en aquel pequeño pero famoso Bed and Breakfast, ahora inundaba las calles de Kamome, abarcando casi la totalidad de la ciudad. Las gentes del pueblo se habían ido uniendo a los festejos a medida que habían terminado de tratar a la gente y de limpiar los destrozos más importantes.
Lo que comenzó siendo unos momentos de introspección para el úrsido mariscal, terminaron siendo algunas horas de soledad y necesaria tranquilidad. Mientras el mink estaba sentado en aquel banco, pensando en su antiguo camarada, desde su posición podía comenzar a escucharse cada vez más el ruido generado por el gentío. Aquel que portaba la D en su nombre se levantó finalmente del banco con intención de encontrarse con sus compañeros y celebrar junto a ellos, pero parecía que el destino tenía otros planes para él. Las calles estaban completamente abarrotadas de gente celebrando y cantando, y por si fuera poco, cada vez que conseguía avanzar un par de metros alguien le interrumpía. Todo tipo de personas se acercaban al revolucionario mink, desde ancianos que le agradecían su ayuda hasta niños fascinados con ver no sólo un Panda tan enorme, si no uno que encima era un héroe. Contentando a jóvenes y mayores por igual, el mink se logró abrir paso entre la gente, hasta que una voz amiga se ofreció a ayudarle - Por aquí, señor Panda - un joven que estaba comiendo un delicioso helado de chocolate le ayudó a salir de la calle, alejándose ambos a uno de los callejones - Supongo que querrás ir donde está tu compañero. Yo te llevo - el joven le indicó, antes de comenzar a moverse, manteniéndose ambos lo suficientemente alejados del gentío como para poder avanzar sin que aquello les llevara horas, pero lo suficientemente cerca como para escuchar la felicidad de la gente del pueblo - Madre me ha dicho que no me preocupe por ella, que ella estará bien, y que venga a la celebración - el joven explicó al antiguo bibliotecario la razón de que estuviera allí - Ha sido casualidad que me haya encontrado contigo después de comprarme el helado - Gracias al extenso conocimiento de aquel niño no tardaron mucho en llegar a las cercanías del lugar en el que los revolucionarios se hospedarían hasta que tuvieran una techo propio.
Tras despedirse de aquel joven, la primera persona con la que habían interactuado desde su llegada a esta pequeña isla del Nuevo Mundo, el mink pudo finalmente reencontrarse con su camarada y amigo. Juntos, celebrarían mientras veían las consecuencias de sus actos.
Tal vez la sensación que ambos luchadores de la libertad sentían fuera algo agridulce. Habían perdido a un compañero, y a alguien cercano siempre es realmente duro, sin duda. Pero gracias a sus acciones habían salvado incontables vidas y acabado con años de sufrimiento y opresión. Habían logrado algo que era mucho más grande que ellos. Habían dado un gran paso hacia el futuro que tanto ansiaban.
Momoiro, la Isla Gyojin y ahora Mogaro. Otra isla había roto su afiliación con el Gobierno Mundial para ponerse de lado de la causa revolucionaria. Este suceso despertaba varias incógnitas
¿Será esto un caso aislado?
¿Estarán azotando el mundo las mareas del cambio?
La gente más temerosa incluso llegaba a preguntarse
¿Cuál será la siguiente?
Todas esas preguntas son preguntas que hallarán su respuesta otro día, pues en este día solo hay cabida para la celebración.
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