17-07-2024, 10:52 AM
(Última modificación: 17-07-2024, 11:00 AM por Erika Storm.)
Reino de Ran
10:58 AM
Día 49 de primavera, año 13
— ¡UUAAGGG! —
Abrí los ojos de par en par, mirando fijamente el techo, totalmente quieta, con la boca abierta. Una vez más, la baba se me escapaba por la comisura derecha de mis labios, notando con mi rostro como la manta de la cama estaba húmeda, así que llevaba ya rato así — ... Ugh, bueno... Eso es señal de que he dormido bien — Bostecé a continuación, abriendo la boca todo lo que podía abrirla. Me restregué con mi brazo para quitarme aquel fluido que salía de mi boca y luego me restregué con las manos los ojos para terminar de espabilarme.
Me moví como un robot, desplazando las piernas fuera de la cama para a continuación posar mis pies en el suelo, levantando el torso de manera automata y quedarme mirando a la nada. Llevé la mirada abajo y ahí estaba Espinas, durmiendo en aquel cajoncito metálico que encontré en el taller, pero que le preparé con cariño y amor con unas telas para que estuviera cómodo y feliz — Siento no poder darte un terrario en condiciones, nene, con ramitas, tierra húmeda, hojas, plantas... — Suspiré largo y tendido — Me encantaría poder darte todo lo que te mereces, pero... No tengo ni un duro. Esto de ser cazadora está costándome más de lo que pensaba — Procedí a levantarme finalmente, dirigiéndome a la puerta de mi habitación, salir de ella e ir al baño directamente, el cual estaba en el pasillo.
Una vez allí me miré en el espejo. Estaba en ropa interior, despeinada, con la línea de mis ojos totalmente destrozada, cayendo por mi rostro, llegando incluso a simular unos ojos llorando. Me quedé fijamente observándome con detalle — Chs, vaya careto tienes, Erika... — Dejé de mirarme y agaché la cabeza, abrí el grifo y procedí a lavarme la cara, intensamente, con mucha fuerza podría decirse. A continuación, agarré la toalla y me sequé el rostro, de nuevo, con mucha fuerza, frotando con rabia. Con aquel trapo, tapándome la cara por completo, levanté un poco la cabeza, volviendo a mirarme en el espejo, tan solo observando mis ojos y un poco de mi nariz. Todo lo que manchaba mi belleza desapareció, aquellas lágrimas de mentira ya no estaban más. Pero, era raro. Cuanto más me miraba, más seguía notando que no se habían ido, que estaban allí permanentemente, comencé a sentirme mal, empezando a notar un nudo en mi estómago, pero rápidamente agité la cabeza a los lados y tiré la toalla en el hierro soporte de la pared donde solía estar, intentando dejarla en su sito, pero para nada, se cayó al suelo de malas maneras y allí lo dejé.
Salí del baño, dejando la puerta entreabierta para proceder a ir al salón principal, el cual ya estaba recogido completamente, dejando la mesa principal de allí con pocas cosas encima. Aquel mueble lo usábamos el pipiolo y yo solo para comer, descansar y ese tipo de cosas, pues cuando nos poníamos a tocar y trastear con la mierda de allí y la chatarra, procedíamos a hacerlo en el taller principal de aquel sitio, ubicado en el garaje. Me senté en la silla de malas maneras, dejando caer mi cuerpo por el propio peso de la gravedad, dando mi precioso y magnífico culo, un bote en el pequeño mueble.
Me fijé que había una taza totalmente vacía encima de la mesa. Incliné mi cuerpo hacia delante para comprobar mejor su contenido, y poder olerlo — No es reciente, es de hace bastante — Comenté. Giré mi cabeza para postrar mi mirada en el pasillo de nuevo — Shoto se ha pirado hace rato... ¿A dónde coño ha ido? — Me pregunté a mí misma — Un segundo... — Pensé rápidamente — ¿Acabo de llamarlo por su nombre? — Me cuestioné, levantando la ceja y poniendo cara de culo ante este descubrimiento, pues, juraría que jamás le he llamado por su nombre real — Chs, joder — Chasqueé con la lengua.
Me levanté para dirigirme a la cocina y hacerme algo de desayunar. No es que hubiera muchas cosas, pero si no llega a ser por mí, habría todavía menos. Decidí un día hacer de chacha para comprar algunas cosas que tener que llevarnos a la boca, aunque no todo era de mi agrado, pero el dinero que hay es el que hay. Podría hacerme un café, pero me fijé en el reloj de la cocina de reojo — Cojones, las 11:21, pensaba que era más pronto — Así que, con un vaso grande en mano, abrí la nevera y me eché zumo de piña y manzana de una botella de dos litros que compré, rellenando completamente el cristalino recipiente, dejé de nuevo la botella y cerrar de nuevo la nevera con un ligero pero sexy y cachondo golpe de caderas con mi culo. Me acerqué al cesto que había al lado de la tabla de manera donde se cortaban los alimentos, y enganché un plátano, para salir de allí y dirigirme de nuevo al salón.
Otra vez, me senté en la silla, dejando el vaso grande encima de la mesa y abriendo el plátano con mis manos. No es que no me gustase la fruta, al revés, me encanta, es dulce, como yo, a veces, supongo. Aunque ahora es cierto que en el fondo me apetecía mucho más algo cerdo, no sé, un bollo relleno de chocolate, por ejemplo. Pero eso es más caro que la fruta, así que, es lo que hay. Mientras desvirgaba aquella amarillenta fruta, me fijé que, en el lateral de la mesa, había un periódico, pero dudaba de que fuera el último número, pues cuando recogimos aquel mierdero, encontramos entregas anteriores. Pero, este parecía muy limpio, demasiado, así que estiré el brazo derecho, mientras puse el plátano en mi boca y lo puse delante de mí.
Primera página, no sé qué de una reunión en una tierra divina y ... — Me la suda — Pasé página. Aquí que si dos piratas se habían dado de hostias — Aham — Luego cosas científicas sobre un proyecto de la Asociación Neurona — Eh, de esto he oído al pipiolo hablar de ello — Comenté mientras le pegaba un bocado al plátano. Y la tercera noticia es que, un calvo revolucionario había asaltado todos los barcos piratas anclados en la ciudad de Water 7 — ... — Me quedé mirando fijamente aquel nombre, Water 7, mientras masticaba lentamente el trozo de plátano — Uhm... — Expresé sin más, pasando la página.
Comencé a toser, pues aquello que estaba masticando casi me atraganta en cuando vi la siguiente noticia, me empecé a dar golpecitos en el pecho y beber después un buen trago del zumo, para poder tranquilizarme — ¡JODER, *cof cof* QUE MIERDA, TÍO, CASI *cof cof* ME MUERO, DIOS! — Una vez ya recuperada volví a fijarme en la noticia. El tan solo ver aquella imagen me hacía recordarlo perfectamente. Era el puto edificio aquel donde Shoto y yo entramos. Ahí parecía una infraestructura sin más, normal, pero nosotros sabíamos que no era así. Eso en realidad era un pollo con patas mecánicas.
Aun así, leí lo que ponía, y desde luego no fue nada mejor. Como si una lanza invisible atravesara mi pecho, eso es lo que sentía cuando completé de leer el texto, y no entendía por qué — ¿Cómo que los causantes están desaparecidos? ¿El viejo de la bata murió? ¿No saben que fue el quién hizo todo aquello? — Preguntaba en alto, pues no conseguía entender la noticia del todo. Fue aquel anciano, su mano derecha, la guarra rubia pija, y acompañado de todos los demás subordinados, quienes fueron los que la liaron, estaba claro.
— ... ¿Verdad, Erika?... — Murmuré.
Dejé el poco plátano que quedaba encima de la mesa. Y agarré el periódico con las dos manos. Había algo que me mantenía completamente pegada a la noticia, y no sé qué era — ... Fue el viejo... quería hacer daño... a toda la gente que había... allí... — Dije entrecortada, nerviosa, con la voz apagada. Apreté con mis manos el periódico poco a poco, con fuerza, arrugándolo lentamente — ¿Por qué entonces los causantes están... desaparecidos? — Repentinamente, destrocé el periódico, intentando hacer una bola con él, pero mi fuerza física era lamentable, así que como pude lo aplasté y lo tiré contra la pared, levantándome de la silla.
Comencé a jadear, me faltaba la respiración, le llevé la mano al pecho y apreté — ¿Qué... mierda de noticia es esa? — Volví a preguntar al aire — Joder... si el periódico estaba ahí es porque el pipiolo lo habrá leído, ¿no? — Me pregunté. Todo esto hacía que me costase más respirar, realmente me encontraba mal — Mierda, no... — Dije dirigiéndome al pasillo, mientras apoyaba mis manos en las paredes de ambos lados para volver a mi habitación. Abrí con el pie como pude la puerta, aquello que sentía iba cada vez a más y más, me costaba incluso desplazarme. Como pude, llegué a la cama y me senté encima de ella.
Una vez allí, volví a agarrarme el pecho con mi mano derecha, pues aquella sensación no desaparecía, pero, sabía muy bien lo que era. Por mi mente recordaba aquellos momentos, no sé si era mi subconsciente o que, aquel ataque que me estaba dando no me dejaba pensar, pero sí podía escuchar, claramente, una voz. Su voz. Transportándome años atrás, recordando como me pasó esto mismo por primera vez, pero, esa voz... también la escuchaba.
— ¡Tranquila, Erika! ¡Estoy aquí contigo, no me voy a ir! —
Era capaz de escuchar esa voz de manera tan clara y nítida que asustaba, pero no lo hacía, pues no era la primera vez que me pasaba. No asustaba... pero dolía, y hacía que me costase más respirar. Dejé mi cuerpo caer en la cama, tumbándome en ella y poco a poco hacerme bola. Esta vez, no pude evitarlo. Comencé a llorar poco a poco. Las lágrimas se desprendían de mis ojos lentamente mientras se juntaba con la falta de aire y ese nudo dentro de mi cuerpo.
— N-no... yo no l-lo hic-ce... — Comencé a decir llorando — No e-es mi c-culpa... Est-taba e-en peligro... — Dije, recordando lo sucedido en aquel edificio con patas ¿Realmente hice mal? Estaba en peligro, tanto yo, como Shoto, como el resto de la gente que había allí. No pretendía hacerles daño a ninguno de ellos, tan solo al viejo de la bata y su gente — No lo h-hice ap-posta... fue s-sin querer... — Seguía martirizándome mientras lloraba.
Pero lo peor no había venido. Me cuestionaba todo lo sucedido en aquel sitio, pero tras ello, ahora los traumas y recuerdos oscuros de hace años, volvieron a mi mente. Normalmente, estaba acostumbrada a ello, pero cuando se me juntaba con este tipo de ataques, era horrible. Al igual que antes, podía escuchar muy bien esas voces en mi cabeza diciéndolo.
— ¡Es por eso que estás sola, Erika! —
— ¡Nadie te quiere! —
— ¡Todos se van de tu lado! —
Comencé a llorar más fuerte, sollozando demasiado, de manera muy bruta y brusca, escondiendo mi cabeza entre mis brazos, haciéndome más pelota con mi cuerpo, no podía controlar lo que estaba pasándome.
— ¡YA BAS-STA! ¡MARCHAOS! ¡DE-DEJADME EN PAZ! —
Grité de manera muy bestia. Estaba perdiendo totalmente la cabeza, una vez más, supongo.— No s-soy mala... — Dije esta vez levemente — Janna... donde... estás... — Murmuré para mí misma.
Notaba el corazón a mil, parecía que iba a estallar, realmente pensaba, que me iba al otro barrio.
Pero de repente, noté algo. Más concretamente en la rodilla. Estaba hecha una bola, pero en ropa interior, así que pude notarlo bien. Era una sensación rara, áspera, lo suficiente como para distraerme por dos segundos y mirar que era eso.
Aun sollozando, saqué la cabeza entre mis brazos y no tuve que desviar mucho la mirada, pues pude verlo totalmente frente a mí. Era Espinas. Estaba dándome lametones en la rodilla, de manera lenta, a su ritmo — ¿Qué...? — Dije sorprendida, pues no me lo esperaba para nada. Estiré mi brazo, a su vez, el dedo índice, para acariciarle la parte derecha de su barriguita escamosa. Él respondió cerrando los ojos, incluso, parece que estaba sonriendo. Poco a poco, fui calmándome, las lágrimas dejaban de caer por mi rostro hacia la cama. Espinas de repente reaccionó, y se movió hacia mi cara.
— Eh, que pasa, nene — Era como si me buscase. Esta vez le acaricié su cabecita, y de nuevo, cerró los ojos, le estaba gustando. Mi respiración se estabilizaba, era capaz de controlarla. Solo me centré en mi mascota y en estar con ella, hasta el punto de que, por fin, volví a mis cabales. En ese momento, solo me salía decirle una cosa.
— Tranquilo, Espinas... estoy aquí contigo... no me voy a ir —

![[Imagen: bxTBltC.gif]](https://i.imgur.com/bxTBltC.gif)