[Pasado] El Bar que se mece en el océano
#1
12:43 Día 310 del año 10, Invierno.
Barolé (situado en algún punto del East Blue)


Removí ligeramente la copa con el agitador con el que había venido, un suculento cóctel construido a base de ginebra, fruta de la pasión y algún tipo de agregado de hierbas amargas, que atenuaban levemente el increíble dulzor que desprendía el combinado inicialmente.

El Barolé era un local tremendamente interesante, pues se juntaban personajes de lo más insólito.
Un grupo, situado a la izquierda de la sala, estaba formado por soldados de algún cuartel de la Marina cercano, quizá cuatro o cinco de ellos, que no podían evitar ocultar su nerviosismo novato al estar rodeados de maleantes y aparentemente indefensos. ¿Quizá venían de camino de regresar de alguna misión insulsa?

Por el otro lado de la sala, encontré la mirada insinuante de una mujer que hubiera sido bella, de no ser porque sus rasgos homínidos eran manchados por una piel verdosa decorada por unas escamas tornasoladas a sendos lados de sus orejas, y su pelo yacía lacio por el lateral derecho de su cabeza. Sus manos acabadas en algo parecido a ligeras garras, tenían una particular membrana entre sus dedos. Le acompañaba un hombre calvo y descuidado, prieto, pero alto, quizá algo entrado en edad.

“¿Qué hace una muchacha gyojin sin una cadena al cuello?”- musité en voz baja mientras daba un sorbo a la copa, y esta dejaba caer dos gotas que por poco no mancharon mi camisa de satén de tono blanco, decorada por un lazo negruzco que continuaba la armonía de color de mis ropas, compuestas también por un pantalón de corte recto también negro, y unos zapatos castaño oscuro rematados por espuelas en forma de estrella de cinco puntas y pequeñas dimensiones.

Rememoré por unos instantes lo útiles que eran para tareas de transporte logístico por medio acuático, pues desde mi infancia había contemplado como los compradores de esclavos los utilizaban para mover grandes conjuntos de material a través de los mares.

Finalmente, había otro grupo, piratas quizás, lo que provocó que desdeñara durante unos instantes el ferviente asco por la demihumana.
Estos eran bulliciosos, alcoholizados ligeramente, hablando a viva voz de sus hazañas y riéndose, pero no llegaban a ser molestos para el resto de la sala, mas sí para mí parecer.  No pongo en duda que los piratas sean unos buenos clientes, pero a veces eran…problemáticos.

No tenía mucho más que hacer allí que observar a la fauna, pues mi contacto ya se había ido y había cerrado otro negocio provechoso para la familia Blackmore.
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#2
Había oído historias acerca del Barolé en boca de mi maestro, Cromp. Era un restaurante afamado en todo el East Blue, donde se reunían los mejores productos de todo el mar, y en ocasiones de otros mares. Ciertamente no era barato para mi bolsillo, pero era una experiencia por la que merecía la pena gastar dinero, y más aún, un lugar interesante rodeado de todo tipo de personas.
- Es mi presentación en el mundo, aquí puedo encontrarme gente de todo el mundo e ideologías, poder, y quizá incluso altos cargos – Pensé conteniendo una sonrisa de emoción a duras penas.

Mihasy se había quedado atrás, él necesitaba tomarse un tiempo antes de entrar al restaurante, lleno hasta arriba de todo tipo de personas que podrían alterarle con facilidad si no se mentalizaba antes. No puedo culparle, ya que yo mismo he sufrido esa sensación en varias ocasiones. 

Antes de entrar estuve contemplando el gran navío desde fuera, el nivel de detalles en ese gran barco era muy bueno. Justo en la parte frontal se podía ver tallado la cabeza de un pez con cuernos. Debo admitir que me hizo gracia pensar que era un pez semioni, como yo.

Finalmente entré y nada más entrar me sentí aliviado. El lugar era tan grande como parecía desde fuera, podía moverme sin ningún problema con mi estatura, algo que muchas veces me produce inconvenientes. Pero muy pronto mis pensamientos se desviaron al resto de la clientela, ya que muchos se habían girado a mirarme, supongo que por mi tamaño.
- Aún no termino de acostumbrarme a esto – Pensé para mis adentros mostrando una sonrisa amable.

- No me miren así, el pez de fuera también tiene cuernos – Dije en voz alta para tratar de relajar el ambiente. Aunque a mi pesar, mi voz pareció amedrentarles más que causarles gracia. Solo unas pocas personas habían reaccionado con humor.

Fue en ese momento donde me percaté que en el lado izquierdo se encontraba un grupo de marines. Desvié la mirada con una sonrisa y me senté en una mesa libre contemplando un poco el tipo de clientela que había a mi alrededor. Los piratas eran del montón al parecer, borrachos y armando escándalo. Eso me favorecía, no es que quisiera ocultarme, pero tampoco me siento cómodo siendo el centro de atención en estas circunstancias. 

No muy lejos pude observar a una mujer gyojin, toda una sorpresa para mí, ya que era la primera que veía en toda mi vida. Estuve observándola unos segundos hasta que caí en lo incómodo que podría resultarle eso. Yo mismo acababa de tener la vista de todos hace unos minutos y no me gustó nada. Sin embargo su acompañante me llamó la atención durante unos instantes, algo no olía bien ahí, o yo era demasiado prejuicioso. 

Pasaron unos minutos y ya tenía mi bebida en la mesa, una mezcla refrescante con sabor a piña bastante dulce para mi gusto. Lo cierto es que me había provocado un poco de apetito, así que pedí un poco de pescado para comer, acompañado de unas patatas guisadas y salsa marina de la casa. De solo pensarlo se me hacía la boca agua.

En ese momento mi mirada se posó sobre un joven con tez blanca y cabellos negros, aunque llegaba a vislumbrar algunas canas en su pelo. Tenía un rostro bastante perfilado, pero lo que más llamaba mi atención era que su mirada no podía estar quieta. Literalmente estaba analizando a todas las personas en el sitio, y como no podía ser de otra manera, también a mí mismo.
- Este no es un tipo cualquiera – Estuve pensando mientras estudiaba su vestimenta y su forma de moverse. – No creo que sea alguien común.

Mientras pensaba en esto, me preguntaba también cuándo diantres vendría Mihasy. No iba a esperarle para comer, pero a este paso para cuando entrase a comer me dará hambre verlo comer a él.

Y ahí estaba de nuevo la mirada del chico. Supongo que no habrá visto muchos como yo, y desde luego le generaré curiosidad. Pero él a mí también me la generaba. Hay que tener un mínimo de seguridad y confianza para estar comiendo sólo en un sitio si no es por necesidad, y desde luego él no parecía necesitado por lo poco que pude deducir. Si a esto le acompañamos su incesante análisis, era seguro que no se trataba de alguien normal y corriente.

- Estoy esperando a alguien, pero creo que tardará un poco en llegar. ¿Te apetece unirte a mi mesa y conversar? Así dejamos más mesas para los clientes que vayan llegando. – Le dije con una gran sonrisa para transmitirle más confianza.
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#3
Ante mi aburrida mirada, tasando las particularidades de cada ente que se encontraba en la sala, escudriñando a los capaces y desestimando a la carroña básica de la que se compone la mayor parte de la materia mundana, surgió un hombre curioso. Este empequeñecía a la sala, lo que provocaba una cómica imagen de juguete que no encaja en esta casa de muñecas que era la estancia central del Barolé.

Incluso yo no pude evitar sonreír durante unos instantes por formular esa imagen en mi mente, la cual desestimé ante un análisis más exhaustivo de dicho ser, al fin y al cabo, era algo heredado desde la más tierna infancia… bendito tesoro.
El curioso sujeto que se había sentado a mi proximidad, tenía las características que podían identificarlo quizá como un gigante, pero no encontraba en él la cabeza abultada de estos, los miembros torpes y lentos andares, o el gesto bobalicón y casi inocente con el que balbucean esas experiencias a las que ellos denominan sus gestas.

Era notablemente más pequeño que estos, y en cierto modo podía pensar en algún tipo de hibridación con un humano, algo que me repugna, pero presto rechacé dicha idea. La complexión equilibrada, aunque potente del hombre, sumado a una mirada perspicaz y sus rasgos que recordaban a las leyendas que había estudiado de joven, disparaban ante mí una realidad novedosa.
¿Es acaso esto un Oni?
Es cierto que en nuestra sociedad se habla de ellos constantemente, pero es una de las razas menos frecuentes, puede que casi legendaria en las tierras bañadas por el East Blue. Sin duda, podrían ser unos esclavos de una gama premium, pero quizá también tremendamente incontrolables. Que casualidad más interesante ¿No?

Despertándome de mi viva ensoñación en la cual los negocios despertaban al depredador que hay en mí y, pausando la focalización mental que estaba naciendo y volviendo a mi usual estoicidad, el individuo de pelo argénteo me ofreció conversación y unirme a su mesa.
De tal forma una suerte de resonancia debió nacer en ese momento de análisis, pues tal cual yo había posado mis procesos mentales sobre dicha persona, esta había centrado su atención en mí, probablemente obviando el usual camuflaje que proporcionaba la marabunta del gentío.

- “Por supuesto, pareces un sujeto interesante… ¿Un Oni tal vez?”- respondí ligeramente ocioso. Los ámbitos sociales recreativos no eran mi mayor divertimento, mas no podía dejar de reconocer que uno acaba haciéndose a ello en un negocio como el mío.

Tranquilamente, tomé mi copa por la parte superior con la mano derecha y me situé de un movimiento elegante, quizá algo altivo, al asiento que se situaba frente al caballero.

- “No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real” – continué sin dejar espacio a respuesta a la anterior pregunta y señalando tenuemente con un grácil gesto de mi mano izquierda al grupo situado a nuestra derecha, ahora detrás de mí.

La situación había cambiado, y ahora la pérfida mancha oceánica que oscilaba alrededor del hombre obeso a la que las leyes me obligarían a reconocer como igual, la gyojin fútilmente seductora, jugueteaba con una piruleta que se llevaba a la boca y dejaba entrever unas piezas dentales incisivas y una lengua de un tono purpúreo.  No pude evitar mirar de manera despectiva, casi inquisitiva en un duelo de miradas que apenas duró un segundo y del cual fui vencedor.

Aunque estaba acostumbrado a tratar con el material piscícola, no era estúpido. No quería un altercado en un lugar tan desprovisto de seguridad como era este enclave, aunque he de reconocer que en momentos así probablemente le hubiera cruzado la cara por dirigirme esa mirada juguetona.
El negocio de los esclavos sexuales está bien, pero es mucho menos lucrativo que la logística de operativos especializados en contra de su propia voluntad, una bonita manera de llamar a los trabajadores que morían en su jornada laboral no remunerada.

Unos segundos después, mientas esperaba la respuesta de mi nuevo y masivo acompañante al tiempo que volvía a dirigir la mirada hacia él, el proyecto de banda pirata que tenía ahora más a la derecha comenzó a escupir canciones, insultos y demás bazofia barata que ellos llamaban música.
Comprendo que arengar es un valor interesante para motivar a tus trabajadores, y que recrear un sentimiento de pertenencia a un grupo refuerza la dedicación hacia algún tipo de tarea concreta, pero lejos de resultar una motivación esta imagen era casi ridícula.
Mientras pensaba en todo ello, mi mano derecha posó finalmente la copa vacía que transportaba casi inconscientemente desde mis labios perfectos, al tiempo que volvía al plano temporal que había obviado por la focalización que había realizado sobre la situación del establecimiento.

- “¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?” - espeté de manera ciertamente adusta aún de manera inconsciente, pero tomando forma de una pregunta que, si bien parecía simple, podía dar lugar y ofrecimiento a una gran conversación entre dos seres que ciertamente, salvábamos la capacidad mental media de aquel lugar, pues no hacía falta más que mirar la afilada expresión del cano para entrever una ágil mente detrás de una corpulenta figura.

Pronto, el grupo de miembros de la Marina, comenzó a envalentonarse y a hablar más alto, quizá motivados por el volumen ascendente de la sala, o producto de una baja supervivencia fruto de sus valores vocacionales. Quizá pronto habría jarana, pero aún era pronto para vaticinar un movimiento gregario tan dramático que traería funestas consecuencias para todos.

Las paredes crujían producto del potencial revuelo, como si de un quejido anticipado se tratara, pero también acusando un gran desgaste derivado de la humedad a la que la madera llevaba sometiéndose durante tiempo. 
El suelo se sumaba al canon del resto de elementos del restaurante, pues incluso calzado era fácil notar el tacto áspero de una superficie de madera desgastada aún bien trabajada. 
El personal no daba ni un minuto de tregua al ajetreo, pues llevaban bebidas y comida a todos los comensales a una velocidad pasmosa.

De pronto, sentí como un escalofrío rápido recorría mi espalda. ¿Cuánto tiempo tardarían los dos grupos contrarios en enzarzarse en una discusión?
Claramente, era solo cuestión de la necesidad básica del ser humano de erigirse como un alfa entre la muchedumbre que le apoya. Ridículo.
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#4
El joven accedió a compartir mesa conmigo, con suma naturalidad y sin dudar. Mis sospechas no hacían más que aumentar, no era alguien común. No obstante, sus palabras también comunicaban su intención entre líneas, me confirmaron que tenía un verdadero interés en mí. No era de extrañar por mis orígenes, sin embargo esa mirada y su forma de actuar me hacían pensar que había algo más, no era la inocente curiosidad de un niño que descubría algo nuevo.

- No me tomes a mal, pero no encontramos muchos de los vuestros en estas tierras y para variar, pareces ser uno de los pocos con una mirada que arde con una auténtica llama de pasión real – Me dijo mi desconocido y nuevo acompañante.

Sonreí ante el comentario que hizo acerca de mi mirada antes de responder, tengo que admitir que no esperaba que resaltase ese aspecto sobre mí.
- Creo que nadie me había dicho nunca nada de mi mirada. Al menos no directamente. – Le contesté para justificar así mi pequeña sonrisa. – No te preocupes, si te soy sincero, ni yo he visto a un Oni. Yo soy hijo de un honorable Oni y de una humana.

Al tiempo que respondía me percataba de un detalle que había hecho justo antes, al hablar de mi mirada. Quizá de pura casualidad logré advertir que su mano había señalado hacia detrás, concretamente a un grupo de piratas bastante ruidosos. Admito que me caían en gracia, pero también me hacían sentir incómodos con tanto ruido, este no era el lugar viendo el ambiente del resto de clientes. Retorné mi mirada en mi acompañante con idea de presentarme cuando antes de hablar vi que su mirada estaba fijada en otra mesa, concretamente en la gyojin, y en él había una mala mirada hacia la mesa.
- Vaya, pensaba que yo estaba siendo prejuicioso, pero veo que no soy el único. ¿Qué diantres hará ese hombre con esa gyojin? – Pensé mientras aprovechaba para dar otro trago antes de hablar. Algo en esos dos olía mal, aunque ahora sabía que no estaba solo en mis pensamientos.

- Perdona mi descortesía, aún no me he presentado – Le dije de golpe con una pequeña risa. - Mi nombre es Legan. Es mi primera vez aquí, ¿A ti que te trae por aquí? ¿Es tu primera vez?

A lo mejor es cosa mía, pero me daba la impresión que este chico había dirigido mi mirada con un leve movimiento de la mano para poder centrarse en la mesa de la gyojin y su acompañante sin que me percatase. Si esto era cierto había sido extremadamente habilidoso. ¿Con qué clase de persona me había sentado a comer? ¿O quizá era cosa de mi imaginación?

Era pronto para sacar conclusiones, pero la comida que me estaban sirviendo en la mesa captó toda mi atención. De solo verla se me hacía la boca agua. El emplatado consistía en el pescado como pieza central, bastante grande a decir verdad, ya que seguramente habían tenido en cuenta mi tamaño. Además, me lo habían servido sin rastro alguno de piel, totalmente blanco. Lo acompañaba una buena porción de patatas doradas, ya cortadas, y pequeñas láminas de pimientos y tomates cherry. Probablemente el aceite que ensalzaba el sabor de la comida era producto del horneado de todos los ingredientes en su conjunto. Por último, pero no menos importante, finas hierbas espolvoreadas sobre los alimentos y dos rodajas de limón.

Aunque me moría de ganas de empezar, desconocía si mi acompañante había pedido algo de comer, en cuyo caso prefería esperar a que llegase su plato por mera educación.
- ¿Has pedido algo para comer o ya comiste? – Le pregunté con ánimo de saber rápido la respuesta.

No había pasados ni unos segundos cuando el bullicio crecía, esta vez ocasionado por el grupo de piratas que se situaba a mi izquierda. Estaban cantando canciones piratescas, y aunque me evocó una sonrisa por mis sueños de ser un gran pirata, seguía pensando que ese no era el lugar más indicado. Se puede decir que tenía sentimientos encontrados al respecto. Pero una nueva pregunta de mi acompañante me sacó de esos pensamientos.
- ¿Qué te ha traído por el aburrido, tranquilo y en ocasiones hasta repetitivo East Blue?

- Oh, la verdad es que me recomendaron este sitio hace un tiempo. Además, quiero conocer gente interesante, y este lugar parece ideal. – Le contesté mostrando después una sonrisa de oreja a oreja durante uno o dos segundos. – Busco formar un grupo completo, peculiar, poder viajar juntos por el mundo persiguiendo nuestros sueños y ser un gran pirata.

Quizá me arriesgaba confesando mis intenciones, al fin y al cabo no sabía nada de mi acompañante, pero tampoco tenía recompensa por mi cabeza todavía, era un don nadie. Además, a lo mejor resulta alguien clave en mi futuro, para bien o para mal.
- Pienso que el mundo es enorme y alocado. Todos tenemos un destino, pero hay que ayudar a que se cumpla ¿No crees? Con un grupo unido de gente que realmente valga la pena, podemos conseguir lo que sea. – Terminé esa frase con una gran risa, quizá demasiado alta y se acabarían enterando las 4 o 5 mesas más cercanas.

Había extendido mi comentario anterior buscando impactar su corazón, o mejor dicho, su espíritu aventurero si es que lo tenía. Da igual el tipo de persona que seas, las personas tienen sueños y ambiciones.
- ¿Y tú? ¿Quién eres? ¿Qué buscas? No eres alguien del montón ¿Verdad? – Le espeté de golpe casi sin tiempo a que reaccionara a mis anteriores palabras.

El ruido en el restaurante aumentaba, los marines hablaban más altos, con risas incluso. Y los piratas parecían responder con canciones más despectivas hacia la marina. El viento parecía aumentar levemente al tiempo que iba entrando por la puerta. Todo comenzaba a aumentar de ritmo, los camareros sirviendo lo más rápido que podían, los clientes comenzaban a pedir la cuenta por el alboroto de los mencionados grupos, y al mismo tiempo otros clientes alzaban la voz para hacerse oír entre tanto ruido. Sin embargo, nada de eso me importaba, mi mirada estaba totalmente fija y concentrada en mi acompañante. Apenas habíamos intercambiado algunas frases, pero nuestro contacto ya vino antes de las primeras frases. Había levantado todas las cartas sobre la mesa y era su turno. Era extraño como todo se había precipitado antes, no obstante mentiría si no dijese que estaba emocionándome por la suma de acontecimientos.
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#5
Mi alto compañero de mesa había mostrado su sorpresa ante mi comentario, el cual le dejó durante unos segundos con una sonrisa esbozada y se tomó ligero tiempo para responder ante algo que claramente le había dejado descolocado.

- Creo que nadie me había dicho nunca nada de mi mirada. Al menos no directamente.  No te preocupes, si te soy sincero, ni yo he visto a un Oni. Yo soy hijo de un honorable Oni y de una humana.
Ante tal afirmación, dediqué una encantadora sonrisa ladeada al tiempo que de un gesto condescendiente me ahorré la respuesta, y me limité a observar de fondo a la extraña pareja.

- Perdona mi descortesía, aún no me he presentado Mi nombre es Legan. Es mi primera vez aquí, ¿A ti que te trae por aquí? ¿Es tu primera vez?
Nuevamente el extraño, o quizá ahora no tanto dado que se había presentado, había evitado una nueva espiral de pensamiento profunda, y no pude evitar dedicarle una mirada ligeramente interesada. Perspicaz y versado en artes conversativas, ya que deliberadamente yo había evitado presentarme. 

Aquí es dónde comenzaba nuestro duelo verbal, un interesante desafío no establecido pero que ambos comprendíamos muy bien donde el premio era la información.

- “Terence Blackmore”- dediqué mientras sacaba una moneda del bolsillo y la posaba de canto sobre la mesa y comenzaba a darle vueltas sin dejar de mirar a la cara al híbrido de cabellos canos y gesto cordial – “Celebro que sea tu primera vez en el Barolé… curioso establecimiento si me lo permites. ¿Qué cuál es la razón de mi llegada? ¿En qué otro lugar iba a disfrutar de un combinado de este calibre? Además, tu lo has dicho… es un lugar interesante en el que poder prospectar a las futuras celebridades ¿Verdad?”- finalicé intrigante y de forma desaboría.

Pronto, de forma casi afortunada, llegó una camarera de apariencia juvenil y adorable, con grandes lentes que le oscurecían el resto de la cara, pero dejaban ver unos grandes ojos pardos, unas pecas que le nacían a altura de la nariz y un cabello pelirrojo y corporalmente poco desarrollada, pero con curvas nacientes.
A mi masivo acompañante, por otro lado, lo que claramente le cautivó fue la comida, un compendio de sabores donde el pescado consistía en la pieza central, probablemente un atún, servido desnudo y con un acompañamiento de patatas bañadas en aceite, tiras de pimientos y una lluvia de pequeños tomatitos que era bañado por una tenue capa de finas hierbas sobre todo el plato y con varias rodajas de cítricos.

- ¿Has pedido algo para comer o ya comiste? – comentó el semihumano, en tono complaciente. Me sorprendía que había más de humano de lo que parecía dentro de aquel individuo, algo que en cierto modo me hizo sentirme más relajado.

- “Pensándolo bien, debería de pedir algo yo también…”- musité mientras ahora la moneda se encontraba jugueteando en un rápido baile por mis nudillos de la mano derecha.

Levanté la mano brevemente, captando la atención de la anterior camarera, que al llegar inclinó la cabeza para entender mi petición, momento que aproveché y le susurré mi comanda al oído, para no levantar más la voz de lo establecido y al mismo tiempo para jugar con el efecto susurro de una manera seductora ante un ligero sonrojo.

- Oh, la verdad es que me recomendaron este sitio hace un tiempo. Además, quiero conocer gente interesante, y este lugar parece ideal.  Busco formar un grupo completo, peculiar, poder viajar juntos por el mundo persiguiendo nuestros sueños y ser un gran pirata.  Pienso que el mundo es enorme y alocado. Todos tenemos un destino, pero hay que ayudar a que se cumpla ¿No crees? Con un grupo unido de gente que realmente valga la pena, podemos conseguir lo que sea. 

Su soliloquio fue dirigido con un tono agradable e incluso amigable, pero no dejaba de tener una gran carga emocional y casi era tangible la pasión de la que hablaba de esos sueños que ciertamente le rondaban la cabeza.
Gratamente sorprendido, comencé a tratar de entender los motivos que le habían llevado a ese sueño y a tomar medida de la voluntad de aquél extraño que poco a poco descubría que había debajo de esa máscara de tipo duro que sus facciones y complexión pasivamente le dotaban.

- ¿Y tú? ¿Quién eres? ¿Qué buscas? No eres alguien del montón ¿Verdad?

La fugacidad de su pregunta, me habló de su impaciencia y de que quizá su interés captado iba por el derrotero de un posible reclutamiento, pues estaba acostumbrado a clientes a interesarse por los productos de la hacienda familiar y a como su mirada se volvía ligeramente más lustrosa cuando veían algo que les interesaba.
No pude evitar sonreír y soltar una carcajada algo más audible de lo que mi tono taimado sugería usualmente.

-“Un camino interesante separado del rebaño es una respuesta que creo que responde a esas cuatro cuestiones… ¿Verdad?”- clarifiqué con una mirada divertida y poniendo la moneda de un rápido gesto en horizontal con la mesa, dando un ligero sonido seco metálico.
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#6
Nada allí estaba bien, bullicio, escándalo, risas, riñas... ¿Había alguna cualidad desagradable que no tuviera este lugar? Cada vez venía más y más gente, no sabía cómo diablos había conseguido ese tipo con cuernos convencerme para llegar hasta aquí, no había nada positivo, ni si quiera hacía una pizca de aire por ahí, tan solo se respiraba un hedor a humanidad y fritura que recorría todo el barco que se suponía que era este restaurante flotante.

Legim, como creo recordar que se llamaba aquél tipo, había conseguido convencerme para ir con él, no es que me gustase la idea, pero si que tenía algo positivo, y era un medio de transporte donde no tenía que aguantar a más de cuarenta personas hablando sin parar a cada rato, gente intentando conversar conmigo, o que simplemente me miraban mal y murmuraban cosas del estilo de ser muy descortés y poco fiable. Pero no era yo quien estaba molestando a un desconocido que claramente no quería hablar. No estaba tampoco del todo claro que aquello fuese una ventaja, por que como sigamos yendo a muchos sitios como este, donde parece que hay más personas que tablones de madera, no me resulta absolutamente nada beneficioso.

Habíamos llegado aquí navegando tranquilamente, por desgracia tampoco solos, no se si hice mal en confiar en él, la última vez que confié en alguien y le obedecí ciegamente, la perdí, y de esto ya hace más de diez años, ni siquiera tengo la noción exacta de cuanto tiempo ha transcurrido desde entonces, bien podría ser cinco años que veinte. Desde entonces no volví a confiar en nadie, lo que hace preguntarme que hizo que me convenciese para viajar con él, su promesa de viajar a solas fue solamente con la condición de darle un tiempo hasta poder hacernos con un barco propio para nosotros. Pensé que tal vez lo conseguiríamos más rápidamente.

Del recinto no cesaba de entrar y salir gente, estaba comenzando a sentirme algo agobiado después de tanto ver gente, también desesperado pensando que el cuernos se habría marchado y me había dejado ahí tirado. Cuando llegamos le expresé claramente que no quería entrar, o eso pensaba, no creo que esté esperándome ahí dentro, sería un error por su parte pensar que entraré, si me conoce un poco ya sabe que donde haya una gran masa de gente jamás apareceré.

El tiempo pasaba, la gente seguía yendo y viniendo, tal vez fueron cinco minutos, tal vez cinco horas, en esas situaciones la noción del tiempo se me escapa, tan solo necesitaba sentarme y relajarme un momento para calmar mis nervios que comenzaban a sobrepasarme. Nunca había estado con tanta gente, pensaba que ya me había acostumbrado a ello, pero no era así. No me creía lo que estaba a punto de hacer. Observé la entrada, no parecía tan mala idea después de todo, estaba haciendo un calor bastante sofocante, el sol estaba en ascenso y el poco viento que hacía era cálido, demasiado tal vez, probablemente por la cantidad de personas reunidas en un mismo punto.

Reuní fuerzas de flaqueza, me convencía a mí mismo que dentro por lo menos, al no estar al sol, se estaría más fresco, y por lo menos podría ver lo que el tipo cornudo estaba haciendo, dudo que fuera muy complicado de encontrar, no creo que haya tanta gente de su altura en un lugar así. De hecho espero que no esté llamando mucho la atención, de ser así cogería el primer barco que partiese de allí y me marcharía sin pensarmelo dos veces.

Me dirigí hacia la puerta, un hombre, posiblemente un portero, me saludó dándome los buenos días y preguntándome si iba a tomar algo, a comer o simplemente a pasar la travesía con calma. No le contesté, de hecho ni siquiera le miré, tan solo avancé hacia adelante ignorando el llamamiento que me hacía en busca de una respuesta, no quería hablar, no quería comunicarme, señor compréndalo y déjeme en paz.

Al atravesar las puertas pude sentir algo de alivio, tan solo con dejar de sentir el sol en la cabeza era un alivio suficiente para que mereciese la pena, pero además se notaba cierto frescor en comparación con el exterior que resultaba lo suficientemente agradable como para que mereciese la pena haber entrado. Ahora venía lo complicado, ver dónde podía estar Legan e intentar ser capaz de llegar hasta él.

Comencé a recorrer con la mirada el local, había todo tipo de gente por allí, había algún grupo bastante escándaloso, por las pintas podría ser presuntamente algún grupo de piratas, lo cual chocaba bastante con otro grupo uniformado que estaba casi al otro extremo del local, tenía entendido que cuando un marine se topaba con algún pirata debían tratar de arrestarlos. No me gustaba eso, quería marcharme de allí cuanto antes, no quería verme envuelto en medio de una trifulca entre piratas y marines.

También había una mesa donde había una mujer del mar acompañada por un extraño hombre con pinta de pocos amigos. No le podía culpar por ello, yo tampoco tenía, y lo cierto es que tampoco deseaba tenerlos, no obstante me llamó bastante la atención, juraría que era la primera vez que veía un miembro de la raza de los gyojin a solas, generalmente siempre iban en grupos de más de dos o tres, como poco era llamativo e interesante, pero no le di mayor importancia, y aunque hubiera querido algo volvió a llamar la atención de una forma bastante escandalosa.

Los piratas ubicados a uno de los fondos, estaban cantando canciones bastante estridentes y con cierto tono despectivo hacia el grupo de marines ubicados al otro lado, deseé que no se percataran o que por lo menos no lo tuvieran en consideración por parte de aquellos tipos. Fue entonces cuando le vi, sus cuernos sobresalían por encima de su cabeza y, aunque estaba de espaldas, dudaba que hubiera alguien más con esas características y, sobre todo, esa altura. Me dirigí hacia la mesa, de la cual se alejaba una mesera, pero no había atendido a Legan, sino a otra persona que estaba sentada con él.

Maldije en mi interior, esperaba que no estuviera tratando de hacerse con más amigos como hizo conmigo, eso no entraba en mis planes, y menos con tipos que no parecen ser nada. Me fijé en aquél y de primeras sentí el impulso de darme la vuelta y marcharme, pero tenía que ir con Legan y asegurarme de que nuestro trato seguía en pie. Ese tipo vestía con ropas muy elegantes, el tipo de gente que siempre más me ha repudiado en las ciudades, el tipo de gente que solamente te mira por encima del hombro creyéndose superiores, nada me daba más pereza que tener que tratar con una persona como esa. Tal vez si me mostraba arisco con él, o sencillamente como soy, se lo pensara dos veces ante cualquier tipo de propuesta que le hubiera hecho el cornudo.

Me aproximé hacia allí decidido, con el semblante serio, esperando que ese tipo ni siquiera me dirigiese la palabra al acercarme, ya era bastante hablar con Legan como para tener que ignorar al señor traje.

-¿Qué coño es eso? -Refiriéndome claramente a la persona frente a Legan.- ¿Ahora adoptas pijos también? 

Me senté al lado de Legan, ni siquiera le dirigí la mirada al otro tipejo, no tardó en venir la misma chica de antes, señalé la bebida que tenía Legan, dándole a entender que me trajese lo mismo, no sabía exactamente que era, pero con tomar algo ya me daba por satisfecho.

-No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio.
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#7
A duras penas me subí al extraño barco restaurante, supongo que me hubiese costado menos subir si hubiese utilizado la zona destinada para ello, pero que se le va a hacer, estaba allí, es lo importante, en mi cuerpo vibraban dos partes: el cerebro y el estómago, el cerebro porque sabía que si presentaba un escrito pidiendo empleo comenzaría mi gran aventura entre los fogones, sería rico, millonario y reconocido; el estómago pues porque tenía hambre, desde que escapé de Orange no he comido nada, por suerte el mar está lleno de agua así que beber he bebido.
Me decidí a entrar, mucha gente lo hacía, futuros clientes, una vez dentro me di cuenta rápidamente, el ruido, la gente rara, la gyojin de la piel grisacea y el fuerte olor a comida... este era mi sitio.

(Primer paso, escribir en un papel mi petición de trabajo) - Pensé - (No jodas Peixe, te has olvidado la tinta, que irónico...)
En ese momento me tocó recalcular el plan, paso número uno: Conseguir tinta.
Miré una de las mesas, llena de piratas, cantando y bebiendo, me intenté acercar pero enseguida me di cuenta de lo mala idea que era. Acto seguido miré hacia la gyojin de un triste color gris, me miró y cerró un ojo, supuse que la pobre era tuerta, no se, no me dio mucha confianza. Seguí mirando y deslumbré una mesa con tres personas hablando, uno de ellos comiendo, que hambre, otro mirando a la pobre tuerta, decidí acercarme tapando con todo mi cuerpo la visión de este último.

Buen día, mi nombre es Peixe Camarondi Boquerone, hijo de Quenlla Camarondi y Chirli Boquerone, tengo 29 años y vengo de Ciudad Orange, soy cocinero y me gusta el agua salada y la mantequilla, mi signo del zodiaco es cáncer, ya sabéis, el cangrejo, dicen que soy un cabeza de chorlito y que soy un gyojin que llora con mucha facilidad, mi tipo de sangre es cero positivo ¡mi sueño es ser un conocido cocinero, empezando por trabajar aquí, en este extraño vehículo restaurante!
Noté como los tres me miraban, seguramente con admiración ¿Quién no admiraría a alguien como yo? con tanta presentación y sin escuchar mucho lo que me tenían que decir, casi olvido el motivo principal del acercamiento a esa mesa.
Ah si, casi lo olvido, mi nombre es Peixe y esta es la única mesa a la que no me aterra venir a preguntar... ¿Tenéis tinta? es que me he quedado sin, necesito escribir una cosa - dije con la libreta en la mano, sonriendo todo lo posible y los ojos entrecerrados.

No se por qué pero notaba como que molestaba o no caía en gracia, serán paranoias mías, mantuve mi postura esperando una respuesta, necesitaba ese trabajo, es sorprendente como esta gente no es consciente de que están delante de un próximo famoso gran cocinero reconocido de forma mundial, quizás les firme un autografo si me lo piden.
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#8
Tras una conversación de una u otra manera agradable, entró un muchacho algo más alto que yo a la sala, intentando evitar las miradas y con un semblante serio y mirada cansada, claramente fuera de lugar.
El tipo, desarreglado y con ropajes oscuros y algo ajados por el uso, llevaba una barba de un par de días que empezaba a estar fuera de control, y sus ojos claramente intentaban eludir todo tipo de atención con la mirada un poco gacha.

- “¿Qué coño es eso? ¿Ahora adoptas pijos también?"- pronunció de forma clara, en un momento de hiatus entre el bullicio del salón, provocando un silencio incómodo durante unos segundos y posteriormente mirando a Legan y sentándose a su lado.

No pude evitar reírme, ¡El caballero los tenía bien puestos!

-“No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio”- completó el extraño.

- “Supongo que el señor Legan ha debido de cansarse de los piojos, y por eso ha entrado en este local donde la gente es un poco más higiénica ¿No?”- pronuncié mordazmente mientras inclinaba la cabeza ligeramente y levantaba la mano izquierda y la giraba tendiendo el dedo índice hacia arriba, señalando al grupo de zarrapastrosos piratas.

Esa persona no había comenzado bien conmigo, pero esa aura de seguridad contrastaba bastante con la elusividad que practicaba. Tenía interés y quería conocer algo más de él.
Al fin y al cabo, una persona segura es una persona menos que camina en el rebaño.

- “Al menos le echas cierto valor… pero estoy dispuesto a hacer una excepción olvidar el número del pijo”- continué, mirando a Legan y posteriormente bajando la mano que antes había señalado al grupo para realizar con ella un saludo simple en forma de gesto – “Solo les están provocando, claramente ese grupo de novatos nada más quiere engrosar su recompensa. Muchos creen que eso es indicativo de altas cualidades cuando en el fondo solo te pone una diana en la cabeza de mayor tamaño”.

La mesera entonces regresó con un pequeño plato lleno de rodajas de frutas a cada cual más extraña que contrastaban con una salsa rojiza intensa de aspecto intrigante. También lo acompañó de un té de tono castaño intenso, que sin embargo contaba con tres hielos.

- “Si vas a obtener una recompensa a tu cabeza, que al menos sea por algo grande… No se… Reclama una isla bajo tu nombre, conviértete en un problema para los que tienen el poder y róbaselo… Factores que realmente cambien el status quo”- sentencié tras tomarme una ligera pausa para dar un sorbo a mi té negro helado y finalizando para probar un trozo de algo parecido a mango, y lo mojaba en una salsa rojiza que le aportaba picor. Esto contrastaba con el dulzor natural de la pieza y reforzaba su sabor.

De pronto, un ser salido de la mente de un enfermo, compuesto por un torso rocoso una cresta rosácea que contrastaba con unos largos ojos y una fila de dientes, rematada por unas extremidades inferiores que recordaban a un cefalópodo entró con toda la falta de respeto y sin invitación y dio un discurso sobre su vida que ni siquiera me molesté en escuchar entero.
Me adelanté en cuanto terminó de hablar, henchido de furia contenida.

-“Buenos días extraño proyecto de pulpo visto desde la perspectiva de un oligofrénico, No te he preguntado tu nombre, pero a juzgar por lo que eres solo viene a mi mente una pregunta y esa es acerca de cuánto algodón puedes recoger con tus ocho protuberancias a las que probablemente definas tentáculos” - me levanté de la mesa y me puse de frente hacia él. Era más alto de lo que parecía, pero la curvatura de sus extremidades inferiores sobre las que se sostenía lo hacían parecer más bajo. –“Ahora deja de escupir esa mierda por ese orificio que entiendo que llamas boca y busca esa tinta en cualquiera de los demás que pueblan tu caricaturizado cuerpo, pero lejos de aquí” – finalicé, manteniendo un duelo de miradas que dejaba ver un ímpetu conquistador, pero también la frialdad de un témpano y un dominio de la situación casi pérfido que rompía ligeramente con mi porte ocioso y desapasionado.

De manera refleja, mi mano izquierda se posó sobre el mango de mi látigo recogido en lazo, en posición de descanso pero al mismo tiempo de guardia.
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#9
Tras mi pequeña presentación uno de los 3 hombres de la mesa se levantó, me hizo una interesante pregunta reflexiva y me dio una idea: "[...]busca esa tinta en cualquiera de los demás que pueblan tu caricaturizado cuerpo, pero lejos de aquí"

¿Los demás que pueblan mi caricaturizado cuerpo? ¿Lejos? ¡Claro! Debo preguntar a otra gente con caricaturizados cuerpos, como la otra gyojin por ejemplo. No puedo obviar que no ha sido muy agradable conmigo, supongo que me conoce del Pargo Rojo, ¿la mala fama nunca se va eh?
No soy un maleducado, se me ha quedado mirando, creo que espera una respuesta...
Ocho (quizás ocho sean pocos...) bueno, según, si cojo más de uno con cada tentáculo pues ponle que cojo dos, entonces sería el doble, aunque claro, si también uso mis brazos son más, piénsalo, pero bueno, yo quiero ser cocinero no recolector, ya sabes, sartenes, mantequilla, esas cosas.
En ese momento noté como me estaba mirando el alma, ¿Es uno de esos brujos que cuentan las historias infantiles?
Sea como sea, no tengo tiempo que perder, si nos quedamos mirándonos fijamente va a parecer un duelo de miradas...
Por cierto... ¿Tu por casualidad no serás de Ciudad Orange no? si lo fueses quiero pedir disculpas por todo lo ocurrido, de verdad que estoy intentando cambiar... -dije bajando la mirada algo arrepentido-
No quería molestar más a ese afable hombre, parecía ocupado o por lo menos de mal humor, me di media vuelta y me propuse andar hasta donde se encontraba la gyojin, quizás tenga razón y ella tenga tinta.
(Creo que olvido algo... ¡UN AUTOGRAFO!)
Disculpa las formas, no te he dado un autógrafo, entiéndeme, no tengo tinta, aquí tienes un papel, ya te lo firmaré -dije mientras alargaba el brazo para darle una de las hojas de la libreta-
Me dirigí hacía la gyojin, el hombre que iba con ella me miró muy mal, de nuevo la pobre me miró y cerró solo un ojo, no entendí que clase de enfermedad o tic debía tener para hacer eso constantemente pero me dio igual, nada podía ser peor que la recepción del hombre de la bufanda amarilla.
Una vez estaba cerca de la parejita pregunté por la tinta, por supuesto no tenían ¿¡ES QUE AQUÍ NADIE ESCRIBE!?
Supuse que solo me quedaba ir de cara, por algo soy Peixe Camarondi Boquerone, cocinero experto y gran ser.

Hola, mi nombre es Peixe Camarondi Boquerone, soy un experto cocinero, busco trabajo y considero que este es el sitio perfecto, he visto alguno de los platos de comida que han ido saliendo y creo que podría mejorarlos con mi revolucionarias técnicas y el uso de la mantequilla, lo cual mejora en por lo menos un oche-

No.

Perdone, creo que no se ha dado cuenta del hecho de que aún no había acabado de ha-

He dicho que no, no necesitamos a alguien como tu en nuestro restaurante  

Pero... yo solo quiero ayudaros a mejorar vuestra carta con mis-

No puedes... Hay ciertas libertades que no te puedes tomar, como entrar en una isla y decir que el rey de la misma te deja hacer esto o aquello, que te contratemos en el restaurante más famoso de los blues no es precisamente trabajar en una taberna de un pueblucho como del que debes provenir, uno del que seguro que nadie se acuerda de su nombre.

¿Por qué sois todos tan serios y tajantes? solo dame una oportunidad, soy Peixe Camar-

Sal del Barolé antes de que te eche yo mismo.

No me quedó otra que salir... supongo que para triunfar hay que empezar desde abajo, me decidí a buscar una isla nueva, una que me necesitase, iba a ser... ¡EL REY DE LOS PIRATAS COCINEROS!
Me propuse a salir de allí y empezar de cero.
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#10
Estaba emocionado al conocer a Terence Blackmore, era alguien que sin duda podría ser un compañero ideal si se contaba con su lealtad. Lengua sibilina, además de audaz en sus pensamientos. Busqué comprobar su espíritu y contagiarle el mío. Su respuesta me encantó, especialmente cuando fue precedida de una risotada. No parecía el tipo de persona que se ríe por compromiso.
- Un camino interesante separado del rebaño es una respuesta que creo que responde a esas cuatro cuestiones… ¿Verdad? – Me contestó con una mirada brillante, pícara incluso. Ahí dentro había un niño deseando lanzarse a la aventura, estaba seguro.

- No hay nada como la ansiada libertad ¿Verdad? Poder surcar los mares, los cielos, los países, sin dar explicación alguna y poder ver el mundo entero con tus ojos,  ¿Verdad? Ahí fuera existen millones de personas interesantes, ¡Tiene que ser increíble conocerlas a todas, sorprenderte cada día con algo nuevo! Jajajaja – Exclamé al final con una sonora risa, la cual parecía contagiarse un poco en Blackmore.

Estaba absorto con la conversación y la risa que cuando se sentó a mi lado Mihasy no me había percatado de su llegada, con lo cual pegué un pequeño salto en la silla a modo de susto. Debo admitir que era una reacción exagerada para provocar una pequeña risa, pero Mihasy es un público difícil, hay que admitirlo.
- ¿Qué coño es eso? – Preguntó señalando a Blackmore. Algo que me hizo quedarme de piedra durante unos segundos. - ¿Ahora adoptas pijos también? – Admito que me hizo gracia su intervención, pero provocó un pequeño silencio en la sala que rápidamente fue roto por el mismísimo Blackmore en una risa igualmente sonora que yo secundé aunque con menos sonoridad, temía que le sentase mal a Mihasy.

En los segundos posteriores llegó la camarera de antes y Mihasy pidió mi misma bebida con tan solo un gesto. ¿Hasta qué punto había logrado mantener conversaciones sin emitir palabras?
-No me gusta las pintas de esos piratas. Claramente están buscando bronca con los marines, no quiero estar en medio. – Sentenció sin ningún tipo de tacto.

- ¡Yo también estoy encantado de estar contigo Mihasy! Eres un amor jajaja – Comencé para suavizar la conversación con intención de continuar. Pero Terence se adelantó para responder a Mihasy.

- Supongo que el señor Legan ha debido de cansarse de los piojos, y por eso ha entrado en este local donde la gente es un poco más higiénica ¿No? – Le soltó sin miramiento alguno a mi querido compañero.

Estaba maldiciendo a Terence por provocar a Mihasy, aunque bien cierto era que él se lo había buscado un poco ya que inició las palabras ofensivas. Pero antes de intervenir continuó hablando y opté por morderme la lengua.

- Al menos le echas cierto valor… pero estoy dispuesto a hacer una excepción olvidar el número del pijo – Continuó Blackmore, concediendo así una pequeña tregua que agradecí profundamente. - Solo les están provocando, claramente ese grupo de novatos nada más quiere engrosar su recompensa. Muchos creen que eso es indicativo de altas cualidades cuando en el fondo solo te pone una diana en la cabeza de mayor tamaño

El cambio de tema era positivo para evitar el mal camino que había tomado al principio el encuentro entre estos, así que opté por continuar por ese nuevo camino de conversación.
- No podría haberlo dicho mejor. Hoy día la gente piensa que el mero hecho de tener mayor o menor recompensa sirve para saber quién es más fuerte, poderoso, o importante. El mero hecho de cometer delitos no es prestigio alguno. – Respondí en un tono mucho más serio. – Respeto que cada uno sea tan libre como para hacer lo que quiera, no obstante, al cometer esos delitos invades la libertad de otros, y eso es despreciable. Si cometes un delito ha de ser por necesidad o un bien mucho mayor. O mejor dicho, si cortas la libertad de otro, debe ser sólo porque es la única alternativa que queda. Que sea catalogado o no como delito es algo que me importa más bien poco.

Nada más terminar mis palabras llegó la camarera con un plato de frutas para Blackmore y la bebida de Mihasy. Me llamó la atención el plato de Terence, ¿Qué diablos era eso? ¿Estaría bueno?
- Si vas a obtener una recompensa a tu cabeza, que al menos sea por algo grande… No se… Reclama una isla bajo tu nombre, conviértete en un problema para los que tienen el poder y róbaselo… Factores que realmente cambien el status quo. – Contestó Terence siguiendo el hilo de la conversación.

- Estamos de acuerdo, llamar la atención para algo así es incluso infantil, como un pequeño niño que llora para pedir la atención de algún mayor, o figura de poder. Curioso símil ahora que caigo ¿No? – Dije riendo un poco al percatarme de que aquel ejemplo era casi literalmente lo que sucedía en este caso.

Era extraño sentirme en parte más afín a los marines que a los piratas en este caso, no obstante eso pasaba mucho más de lo que podría parecer. Cromp me contó que existían dos tipos de piratas, unos ansiaban solo el placer propio; dinero, lujuria, poder, etc. Sin embargo, el segundo tipo únicamente ansiaba libertad, aventuras, y conocer mundo. Por mis ideales era mucho más afín a este segundo tipo, lo cual me llevaría a enemistarme con la mayoría de piratas que existen en el mundo, pero ¿Qué más da? Eso también me serviría para poder pelear contra gente fuerte y seguir mejorando.
- Buen día – Escuché a mi lado provocando que pegase un salto en la silla adrede para mostrar mi sorpresa. Obviamente esto no iba a causarle gracia a Mihasy, nunca se la ha hecho en el poco tiempo que llevamos conviviendo. - Mi nombre es Peixe Camarondi Boquerone, hijo de Quenlla Camarondi y Chirli Boquerone, tengo 29 años y vengo de Ciudad Orange, soy cocinero y me gusta el agua salada y la mantequilla, mi signo del zodiaco es cáncer, ya sabéis, el cangrejo, dicen que soy un cabeza de chorlito y que soy un gyojin que llora con mucha facilidad, mi tipo de sangre es cero positivo ¡mi sueño es ser un conocido cocinero, empezando por trabajar aquí, en este extraño vehículo restaurante!

Le miré perplejo, con una clara cara de sorpresa y pestañeando varias veces. No tanto por hacer la broma, que también, sino para mostrar la sorpresa que me estaba causando el nuevo ser que ante nosotros se había colocado. Además, era increíble cómo había dicho todo eso sin un solo segundo para respirar. Debía tener unos pulmones impresionantes.
- Ah si, casi lo olvido, mi nombre es Peixe y esta es la única mesa a la que no me aterra venir a preguntar... ¿Tenéis tinta? es que me he quedado sin, necesito escribir una cosa. – Dijo el extraño con un cuaderno pequeño en la mano, sonriendo casi con la inocencia de un niño ilusionado.

Pensaba intervenir, aunque sin tener todavía claro que iba a decir. Todo había estado mal, lo rápido que había dicho tantas cosas casi sin respirar, aparecer como si nada presentándose e interrumpiendo la conversación. A eso habría que sumarle que de no haber visto gyojin en mi vida, había pasado a ver dos en menos de una hora, siendo este especialmente entusiasta. No obstante, Terence tomó la batuta y empezó a hablar con un claro tono de enfado.
- Buenos días extraño proyecto de pulpo visto desde la perspectiva de un oligofrénico, No te he preguntado tu nombre, pero a juzgar por lo que eres solo viene a mi mente una pregunta y esa es acerca de cuánto algodón puedes recoger con tus ocho protuberancias a las que probablemente definas tentáculos. - Contestó también sin tomar pausa alguna para respirar y posteriormente se levantó frente a él. - Ahora deja de escupir esa mierda por ese orificio que entiendo que llamas boca y busca esa tinta en cualquiera de los demás que pueblan tu caricaturizado cuerpo, pero lejos de aquí.

Me había hecho algo de gracia la situación, casi había que agradecer que le hubiese dado los buenos días, no obstante me alertó ver la mano de Terence en su cintura. No alcanzaba a ver de qué se trataba, pero esperaba que no fuese un arma.
- Ocho, bueno, según, si cojo más de uno con cada tentáculo pues ponle que cojo dos, entonces sería el doble, aunque claro, si también uso mis brazos son más, piénsalo, pero bueno, yo quiero ser cocinero no recolector, ya sabes, sartenes, mantequilla, esas cosas. – Contestó el extraño gyojin, lo cual me dejaba totalmente impresionado. ¿De qué diantres estaba hablando?.

Se tomó unos segundos antes de volver a hablar, y estaba casi expectante por saber qué iba a decir a continuación. ¿Eran así todos los gyojins? Yo pensaba que la diferencia era meramente física, jamás había llegado a imaginar siquiera que me costaría entenderlos.
- Por cierto... ¿Tú por casualidad no serás de Ciudad Orange no? si lo fueses quiero pedir disculpas por todo lo ocurrido, de verdad que estoy intentando cambiar... - Dijo bajando la mirada, con gesto arrepentido.

- ¿Pero qué ha hecho este en ciudad Orange? – Pensé absorto viendo todos sus gestos y movimientos.

A continuación parecía que se iba a marchar cuando volvió a girarse para dar una hoja de aquel cuaderno a Blackmore, incluso disculpándose por no poder darle un autógrafo, ya que le faltaba tinta.
- Pero… ¿Es alguien conocido? – Pregunté en voz alta esta vez mirando a Terence y Mihasy buscando algo de luz en todo este desconcierto.

El gyojin se había marchado ahora a la mesa donde estaba la otra gyojin, pero rápidamente fue rechazado y parece que se dirigía ahora a un miembro del restaurante. No quería ser entrometido, sin embargo había captado toda mi atención. Aun así el tono que usaba para hablar no era precisamente bajo.

En su corta conversación con el encargado había intentado entrar a trabajar, pero al instante había sido rechazado. Ni un minuto después el gyojin había salido por la puerta tal y como vino, rápido y sin mirar atrás.

Me quedé un rato observando la puerta por si volvía a asomar y pasados unos segundos devolví mi incrédula mirada a mis acompañantes.
- ¿Se puede saber qué ha pasado? ¿Son así todos los gyojins? No he entendido nada de lo que acaba de pasar. – Concluí entre risas a la espera de que alguno de mis compañeros supiese iluminarme.
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