17-09-2024, 01:04 AM
(Última modificación: 17-09-2024, 01:10 AM por Apolo Bahía.)
49 de otoño, año 13
Reino de Ballywood, West Blue
Reino de Ballywood, West Blue
El verano y la mitad del otoño habían pasado volando desde aquel último incidente con el contrabandista que se dedicaba a explotar niños en East Ballywood. ¿Había recibido algún tipo de recompensa tras desmantelar el chiringuito yo solo? Por supuesto que no, mi premio era seguir siendo el miembro encargado del servicio de limpieza del cuartel, el número uno, eso sí. Parecía ser que a mi superior no le terminaba de convencer mi estilo de trabajo y mis formas, a veces crudas pero necesarias. Pobre iluso... si supiese el tipo de habilidades que escondo quizás se arrepentiría de tenerme siempre en la sombra, o lo más probable es que su orgullo estuviese aún por encima, lo que es seguro es que no se le veía con mucha ambición en la vida, estando estancado en un cuartelillo de una isla del West Blue. Yo tampoco estoy para hablar pero, honestamente, mientras me dejen tranquilo y a mi aire, a mí me da igual.
Ese día, cuchicheando conversaciones ajenas en el cuartel, escuché algo de que esa noche habría un gran festival de música en Ballywood Hills por lo que algunos marines estaban destinados a patrullar la zona. Casualmente a mí me dieron un par de días libres, vaya... me pregunto si, como siempre, mi estética y mis modales callejeros tendrán que ver en la decisión de apartarme del clasista pijerío local que abarrotaría la zona esa noche. Allá ellos con sus decisiones y sus consecuencias.
Era ya de noche así que decidí vestirme para salir. Me puse unos pantalones cargo negros, una camiseta ancha básica blanca y un gorro de lana negro, algo básico pero cómodo. Cogí mi mochila, el skate en mano y salí de mi apartamento de Ballywood Hills para patinar y dar una vuelta por el festival para matar el rato. Como siempre los ricachones me miraban con mala cara y hablaban entre ellos, como si por patinar estuviese destruyendo la avenida, sólo sé que si por algún casual viese por el festival cómo les roban, yo haría la vista gorda. No es mi problema, ni me han ordenado que patrulle, que se busquen la vida.
A medida que avanzaba la multitud cada vez era más densa, hasta que finalmente en una de las mayores plazas de la zona vi que había un inmenso escenario montado. Me bajé del skate, lo llevé a mi mano con un pisotón seco y lo volví a acoplar a la mochila. Eché un vistazo a la zona y parecía que estaba la cosa bastante tranquila, estaba todo plagado de las familias adineradas de la isla y en los laterales de la plaza había montado diferentes puestos de comida y bebida de todo tipo. Un poco soso en comparación a las fiestas que vivíamos en Samba, a decir verdad. Suspiré y miré al cielo estrellado, echaba de menos a mis muchachos, ver las tonterías que Thiago y Bruno solían hacer juntos porque eran completamente estúpidos o mismamente a Giulia, la cual al menos habría animado la situación sacándome a bailar... sea como fuere la forma de bailar esta puta música lounge que sonaba por toda la plaza, no sé si estaba en un festival o tomándome un café en la cafetería más chic de todo el West Blue, por el cuádruple de berris de un café normal.
Me apetecía distraerme tomando algo así que analicé los diferentes puestos de la zona con la mirada. Casi todos estaban abarrotados y parecía que pertenecían a los diferentes restaurantes caros de Ballywood Hills, pero a mí me llamó la atención uno que parecía más humilde, estaba atendido por una muchacha joven con mala cara y sólo tenía un cliente. Me senté en un taburete en la barra y automáticamente el hombre que estaba tomando una cerveza se levantó refunfuñando
— ¿Qué pasa? ¿Atraigo al mal destino? ¿Huelo mal? — me olí a mí mismo — no, en serio, no tengo olfato ¿huelo mal?¡kakahaha! — el hombre me me miró con mala cara y se fue. Tenía cara de estar en la cuarentena de años, el pelo y la barba negros como el carbón y totalmente desaliñado. La ropa la tenía sucia y rota y se veía claramente que no era de esta zona, yo diría de hecho de que a todas luces ese hombre era un pirata — ¿todo bien? No te habrá hecho nada, ¿verdad? — me dirigí a la dueña de ese pequeño puesto de bebidas, una muchacha rubia de ojos claros la cual iba vestida con un sencillo y humilde vestido blanco
— No... no... está todo bien — fingió una falsa sonrisa — ¿qué te pongo?
— Un zumo de piña, por favor — estaba claro que estaba mintiendo — East Ballywood, ¿verdad? Me refiero a que eres de allí. No te preocupes porque hoy es tu día de suerte, ha venido a tu local don Apolo Bahía, respetado y titulado capitán de la Marina... aunque no lo parezca por mis pintas. Hoy es que estoy de vacaciones como agradecimiento a mis increíbles hazañas en servicio a la comunidad — la verdad es que soy bastante sinvergüenza
— Don Apolo Bahía — la quinceañera se reía mientras me ofrecía mi zumo, la verdad es que parecía que mi presencia estaba cambiando la situación y calmándola— yo me llamo Mía y efectivamente soy del East Ballywood, no soy capitana de nada pero intento ganarme la vida como puedo
A veces iba y venía algún que otro cliente pero me quedé un par de horas charlando con Mía. Tener compañía hacía más entretenida la noche y total, no podía patinar a esas horas con tanta gente. Me despedí de ella cuando empecé a escuchar que en el escenario estaba tocando una banda de bossa nova y eso me recordaba a mis raíces, así que me acerqué a escucharlos hasta que una hora después terminaron
No quedaría mucho tiempo para que la noche terminase pero el festival seguía y la gente no se iba, yo sin embargo sentí que ya era suficiente para mí así que decidí volver a casa y dormir un poco. Me puse en camino y saqué el skate en cuanto me alejé de la gente para volver patinando por la avenida. A lo lejos vi salir corriendo a una sombra de un callejón, no podía distinguirla bien debido a la distancia pero juraría que era el tipo que se fue cuando me senté en el puesto de bebidas. Seguí avanzando por la avenida hasta que, al estar a la altura de ese callejón, miré hacia dentro con curiosidad y se me heló la mirada.
Había una persona tirada en el suelo inconsciente y al acercarme me topé con la peor situación posible. Era Mía. Tenía golpes en la cara y en los brazos, moretones en las piernas, restos de sangre y el vestido completamente destrozado, con su ropa interior a un par de metros tirada en el suelo. Ese hijo de puta había cruzado una línea por la que tendría que pagar a un precio elevado. En ese momento dejé de pensar con claridad y me dejé llevar por la ira, me asomé a la avenida por si veía algo y sólo me topé a otro de los reclutas de la Marina caminando por la acera en un estado que parecía de embriaguez. Le asalté agarrándole por el cuello de la camisa, levantándolo un palmo del suelo y estampándole contra la pared a mi costado, clavándole la mirada de una forma seria y agresiva que difícilmente se ve en mí
— A qué cojones os dedicáis en esta isla. Coge a esa muchacha y llévala a un médico cagando hostias — Señalaba al cuerpo inconsciente dentro del callejón. El marine del susto pareció reaccionar y se puso manos a la obra
Pateé un cubo de la basura de la rabia y me llevé las manos a la cara
— Respira Apolo, cálmate, piensa con claridad... — recordé que aquel hombre no era de la propia isla y tenía pintas de ser un pirata. Tendría por lo tanto un barco y, evidentemente, no podría atracarlo en la propia Ballywood Beach. Ser navegante me ayudaba a orientarme y, viendo el camino que seguía aquél tipo saliendo del callejón, sumé dos más dos — La parte trasera de la isla — apoyé el skate en el suelo y empecé a desplazarme patinando lo más rápido que pude
Minutos después llegué a una pequeña playa y, efectivamente, allí había una pequeña goleta atracada con una bandera negra y una jolly roger. Mala suerte para él, se había topado con el marine que peor le venía. Aún no dominaba por completo los poderes que aquella fruta me había otorgado hace unos meses, pero sí sabía hacer un par de cosas. Utilizando sus propiedades de determinada forma, podría elevarme por el aire y sortear el mar, así que eso hice hasta aterrizar en la proa de la goleta
Caminando de forma lenta y con total seguridad, me fui acercando a la puerta que daba al interior del navío, llamando con tres golpes bastante fuertes
— ¿Vive alguien aquí? — abrí la puerta de una patada y allí estaba el tipo, acompañado de dos personas más, las cuales imagino que serían sus subordinados. Una banda pirata de mierda que iba a terminar su viaje esa noche mismo — Quem com ferro fere, com ferro será ferido — pronuncié esas palabras de forma fría con la mirada clavada en el capitán que abusó de Mía — ...quem com ferro fere, com ferro será ferido... — palabras que repetía como un mantra que aprendí de pequeño. Partí una silla de la habitación con una patada y recogí una de sus patas — ¿Cómo hacemos esto, amigo? ¿Cómo pagarás la deuda y equilibrarás la balanza? ¿Te quitas la ropa tú, o te la quito yo?
Siempre se me daba por vacilar en medio de un combate, esta vez estaba demasiado perdido por la ira, estaba hablando en serio. Seguí avanzando hasta el capitán con la mirada clavada en él y sus dos compañeros se abalanzaron a por mí atacándome con sus sables. Sus ataques me daban completamente igual, el acero tocaba y atravesaba mi piel pero no sentía nada, sólo conseguían deformar mi cuerpo y hacer que se volviese a recomponer. Era como ver a niños con palos intentando destruir una duna, sólo se agotaban. Un puñetazo seco con mi diestra a la mandíbula del hombre que tenía a mi izquierda, haciendo que su nuca golpease contra la pared de la habitación, dejándolo inconsciente me libró de uno. Aprovechar la inercia para echar el codo hacia atrás y golpear la nariz del segundo a mi derecha, rompiéndosela y haciendo que su cabeza golpease contra una estantería, me libró del segundo. El capitán intentó huir aterrorizado al ver que no tenían nada que hacer, aprovechando mi ataque a sus compañeros, pero en medio de su intento de huida golpeé con mi pierna izquierda hacia atrás, como si fuese un caballo, conectando con su costado derecho y derribándolo.
— Parece que te has encontrado con un terrible destino, ¿verdad?— Me senté sobre él inmovilizándolo con mis rodillas y comencé a conectar golpes como un loco sobre su cara. Ni siquiera pensaba, era la primera vez que me habían hecho llegar a ese límite. Uno tras otro, su nariz se rompió, le siguieron un par de dientes, su ceja izquierda estaba abierta y el ojo derecho empezaba a hincharse
— P...p...pero... si sólo... era una niña... más — dijo como podía
— ¿Sólo una niña más? — me levanté, le agarré del cuello y lo alcé en el aire sobre mí. No paraba de brotar sangre de la cara de ese tío y sólo estaba consiguiendo mancharme la ropa y el brazo. Pero cegado por sus palabras, mi pulso empezó a acelerarse y seguí apretando mi mano. No sé cómo, pero ese tío se estaba deshaciendo en mis manos, cada vez más consumido y arrugado... era como exprimir una esponja. — ¿SÓLO UNA NIÑA MÁS? — Finalmente estampé la espalda de ese pirata con todas mis fuerzas sobre su mesa, agarrándole por el cuello lanzándome con él y partiéndola por el impacto. No estaba muerto pero casi, quizás hasta lo agradeciese.
Con cuerdas que disponía la nave, até a sus subordinados por las muñecas y los dejé colgando por el lateral del barco. Al capitán le até por los pies, cogí su espada por el lateral de la hoja con la yema de los dedos y en la frente le escribí la palabra "violador" con la punta, como si yo fuese un escultor tallando en roca. En un papel escribí "Por obra de Apolo Bahía. Cuartel de la Marina de Ballywood" y la clavé a su ropa. Me daba igual haberme sobrepasado, iba a asumir las consecuencias que fuesen necesarias y se trataba de mandar un mensaje. Estaba cansado de haberme topado dos casos con menores en tan poco tiempo y de la ineptitud que me rodeaba en general mientras yo me dedicaba a tener que limpiar con un mocho.
Posé mi mano sobre el mástil de la vela de la goleta y repetí el proceso que acababa de aprender. La madera empezó a crujir hasta que la superficie que estaba tocando, se convirtió en polvo haciendo colapsar todo. Ese barco no iba a volver a navegar. Quizás yo no podría surfear más debido al error de comerme esa fruta... pero empezaba a sacarle utilidades.
Cogí la cuerda con la que até los pies de ese pirata, me la eché al hombro y salí volando de la nave hacia tierra firme para dirigirme al cuartel. ¿No querían que entregase a los criminales? Allá les iba uno que respiraba a duras penas. De camino al cuartel me topé con algunos ciudadanos que miraban asustados que llevase a una persona en esas condiciones a mi espalda. Me daba igual lo que pensasen, quizás hasta me venía bien que se corriese la voz para que la gente pensase mejor lo que hacer.
Llegando al cuartel, mi superior salió corriendo por la puerta principal dirigiéndose hacia mí
— APOLO ¿PERO QUÉ COJ...
Le arrojé al pirata con la cara desfigurada, completamente deshidratado y con el mensaje tallado en su frente a los pies, dispuesto a darle réplica interrumpiendo lo que tuviese que decirme
— Este hijo de puta ha abusado de una menor... al lado del puto festival... y he tenido que encargarme yo en mi día libre. Haz lo que te salga de los cojones conmigo. ¿Quieres suspenderme? ¿Quieres despedirme? Hazlo, me la suda, ¿ME SIGUES?— Era la primera vez que mi superior me veía cabreado de verdad, sin vacilar. Sin darle opción a que me dijese nada, me fui.
Volví a mi casa, me lavé y me cambié de ropa. Me puse mi uniforme de marine (con la camisa abierta y mal, como siempre) y me fui al hospital en el que estaba Mía. Me dejaron pasar por estar uniformado así que entré en su habitación. Estaba dormida y tenía la cara en mal estado pero eso era secundario, no quería ni imaginarme cómo podría estar psicológicamente. Esas heridas son mucho peores. Me senté en una silla al lado de la cama, crucé mis brazos, cerré mis ojos y apoyé la cabeza hacia atrás contra la pared
— Lo siento mucho
Información
