Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
58
211
193
58
107
118
0
05-10-2024, 02:19 AM
(Última modificación: 02-03-2025, 02:10 AM por Fuguwu.)
5 años antes de los incidentes actuales
Fuguwu, 20 años, sobre la lengua de una ballena isla
“Por supuesto que quieres que me ubique en el fondo de tu garganta, asquerosa ballena inmensa, para olerme, saborearme, ¡verdad cabron!” – gritaba, conmocionado, mientras restregaba mi culo amarillo lampiño sobre las papilas gustativas de la ballena isla que me había tragado días atrás.
Todo había escalado en cuestión de minutos. Había tenido una discusión muy fuerte con mis padres y había salido nadando fuera de los límites de la Isla Gyojin. Había atravesado varias escuelas de peces (incluyendo grupos de krill) hasta que de repente la oscuridad se cernió sobre mí. En cuestión de lo que a mí me pareció un instante, había sido “secuestrado” por una ballena isla que pasaba cerca de la Isla Gyojin.
“Felicidades, piratilla, acabas de ser tragado por una ballena de al menos de veinte veces tu tamaño, ¿ahora que sigue en tu ingenioso plan de rescate, imbécil?” – me reclame mentalmente. Me había llamado piratilla en plan despectivo dado mi animadversión a los piratas en general, malditos asquerosos, no podía concebir que solo uno fuera más útil que abono para el mar. Y por supuesto, imbécil, pero eso no era algo nuevo desde hace 5 años.
Tenía que espabilar. Tan solo tenía que resolver el misterio de como escapar a tu ballena isla que ha tenido bien a engullirte y estaba tratando de digerirte como parte de su almuerzo del día. Un lunes cualquiera vaya. Arrojado por la intensidad de las corrientes internas que es capaz de generar uno de estos seres inconmensurables, termine al final del maxilar superior la ballena isla (de la cual ni me había tomado la molestia de preguntar su nombre). Preparándome para un futuro incierto, ¿y cuando no lo es?, me hice bolita (a falta de termino científico que venga a mi mente, preparado para aceptar la carga cinética del empujón de la ballena isla dado con su lengua) y, dando cuatro o cinco giros, incorpore momentáneamente para instantáneamente ser disparado contra el infinito cielo azul.
Tras unos minutos girando en el cielo, rompí en el mar cual faja de Gyojin divorciado de 50’s (mi tío vaya), lo cual me hizo volver en mi prácticamente al instante. Acababa de aparecer en un lugar desconocido. Sin saberlo, y sin planearlo, había terminado cerca de la Isla Polestar.
Haciendo el mayor de mis esfuerzos braceé la distancia entre mi posición actual y la costa. Para mi buena suerte, después de un par de minutos, me encontraba en lo que parecía una isla comercial, con tiendas y mercados de todo tipo, llenas de productos de mares lejanos (al menos según la percepción de Fuguwu) y disponibles de múltiples tabernas y posadas para atender a los viajeros.
Después de cruzar al centro de la isla, decidí adentrarme en un bar que tenía muy mala pinta, acercarme a la barra de la taberna y, en mi afán de parecer más macho de lo que en realidad soy, pedir un vaso de whisky single malt en las rocas. Esto último en realidad no tenia ni puta idea de que significaba, pero había escuchado en múltiples ocasiones a varios bravos guerreros del mar el pedir esta bebida por lo que pensé “Si la mayoría lo pide, no puede saber tan mal, ¿verdad?”.
El camarero, con una mirada aburrida, colocó un vaso corto en la barra, le puso 3 cubos de hielo, sacó debajo de la barra una botella con un culo redondo y un pico hexagonal, sirvió durante menos de 1 segundo un líquido ámbar, y deslizo el vaso a 15 centímetros de donde mi mano reposaba.
He de aceptar que todo el fanfarroneo del barman se había visto cool. Pero, tras cavilar mi situación actual, me fue imposible dejar de temblar. Aquí me encontraba, Fuguwu, en una isla para mi desconocida, a kilómetros de mi hogar, cerca de probar mi primer trago de alcohol en la vida.
“Al menos tiene un color ámbar bonito” – pensé, después de ingerir el shot de un solo trago.
Me apetece rolear con mas gente en el server por lo que, luego de consultar con varios del server, me pareció correcto abrir este tema. Es bienvenida cualquier interacción en este tema.
No había ni avanzado 500 metros fuera de las ruinas donde había entrenado con Trident Glam cuando una música algo psicodélica llego a mis oídos. Lo raro, es que venia justo de la zona donde había entrenado y no fuera de ella, ¿qué había cambiado en los escasos 10 minutos desde mi despedida con el maestro?
“Esto será problemático” – pensé en voz alta. “Pero no me puedo quedar con la curiosidad de saber que está pasando.”
Dando marcha atrás active mi Haki de Observación el cual me permitió confirmar a mitad de camino que solo se encontraba el maestro en el centro de la zona de entrenamiento. A medida que avanzaba la música se hacia mas y mas fuerte, por lo que la respuesta era lógica, esta música la había puesto el maestro, pero ¿con que motivo? Igual y estaba sobre pensando las cosas y no hay otro motivo mas que este es el tipo de música que le gusta escuchar, pero es que no va en nada con su estilo característico.
El maestro Trident Glam, durante estos días que pase junto con él, se había mostrado reservado. Siempre envuelto en una manta que le cubría todo el cuerpo y que sombreaba hasta su cara por lo cual solo había podido apreciar su voz y la musculatura de sus brazos y piernas al entrenar, pero poco más. Estaba claro que era un Gyojin al igual que yo pues las aletas en sus pies en lugar de dedos lo dejaban en evidencia. Pero, fuera de eso, no había sabido nada mas de su aspecto, ni había preguntado sus gustos. Había estado tan enfocado en el entrenamiento que había olvidado la mas importante de las lecciones de casa, el ser educado. Por supuesto, había sido cordial y respetuoso con el maestro, faltaba más, pero no había mostrado interés alguno en el incluso cuando el mostro muchísimo interés en mi y me ayudo con el tema de Fugowo.
Bueno, esta era mi oportunidad de enmendar aquel error. Igualmente creo que aun tengo tiempo para quedarme, al menos un día o dos más, antes de tener que volver con mis compañeros de la división 21 en el manglar 70 donde se encuentra el cuartel de la marina, por lo que, aprovecharía este par de días para descubrir lo máximo que pudiera de mi maestro, Trident Glam. De momento ya empezaba con un dato que desconocía totalmente, le gusta la música psicodélica ¿o la odiaba y se estaba castigando? Gowowo wowowo, eso no tenia sentido, seguro le gustaba, ya empezaba a sobre pensar las cosas de nuevo.
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La música por cierto es bastante buena, el ritmo que traía se sentía como si observara cientos de vibrantes luces chillonas que prendían y apagaban en un constante ritmo frenético que da pie a un espectáculo grandioso. Iba fuertemente marcada por el compás de un sintetizador que despierta sensaciones de estar en un desfile futurista de modas, con todas esas pasarelas iluminadas y los flashes de las cámaras parpadeando uno tras otro. La melodía estaba cargada de una estructura electrónica que hacia pensar que los desfilantes en aquella pasarela de modas imaginaria se enfrentarían en un combate donde la vanidad y el glamour lo son todo y el sudor es solo un reflejo del esfuerzo por derrochar gracia y no por el esfuerzo físico que también conlleva este tipo de eventos.
Llegue al final del pasillo que conducía de regreso al corazón de las ruinas con clara felicidad por aquella música que sonaba a todo volumen alrededor, haciendo eco en toda el área y mandando vibraciones por todas las paredes, techo y suelo. Al centro de la cámara se encontraba quien supuse era mi maestro – pues el haki así me lo confirmaba – de espaldas a mí, quien por fin había perdido aquella aura de misterio. Llevaba una capa roja en un tono carmesí y en su cabeza podía ver claramente como una corona posaba sobre ella, bastante ornamentada, parecía ser de oro en su mayoría.
“Gowowo wowo, maestro, he vuelto. Tengo tantas preguntas que no se ni por donde empezar, a decir verdad.” – salude feliz de haber tomado la decisión correcta de volver.
“Fuguwu, ¿has vuelto tan pronto? – contesto Trident con un tono de voz juguetón, algo burlón, que me decía que estaba claro que esperaba que volviera – Me da alegría verte, pero también me causa curiosidad saber que ha pasado, ¿no era tu plan regresar con tus nakamas de división y reportarte al cuartel de la marina de Sabaody?”
“Bueno si, ese era el plan, pero en el camino de regreso me di cuenta de que fui un grosero con usted y no tuve ni la decencia de aprender más de usted, no de sus técnicas o como pelear, si no de usted como persona.”
“Ya veo.” – contesto Trident, aun de espaldas, tomando una pose dramática llevando su antebrazo izquierdo hacia su cara tapando su rostro a la altura de sus ojos mientras extendía el otro brazo mostrando la palma de su mano completamente extendida también – “Voy a ser completamente sincero contigo, Fuguwu, al inicio no suelo confiar en nadie, y podía notar que había algo que escondes en tu interior lo cual me hizo más difícil abrirme contigo. ¡Sin embargo! Cuando marchaste me di cuenta de que estaba siendo un necio, que solo escondías el dolor de haber perdido a tu hermano y que podía confiar en ti, y por eso se me ocurrió poner esta música a todo volumen, la cual me representa en todo mi esplendor y gracia.”
Así que era eso, tenía sentido, no podía esperar o exigir confianza a alguien con quien yo no había sido completamente honesto y abierto. Y esta realización no solo aplicaba para con mi maestro, si no también para con mis compañeros de división a quienes tampoco les había dicho todo sobre mi pasado. Apenas había comentado por encima a Apolo y a Ryze que había perdido a un hermano, pero eso fue en un bar y no estoy seguro de que lo recuerden pues lo que aconteció después fue mucho mas memorable.
“Espero estes preparado para verme en todo mi esplendor, Fuguwu, pues esta belleza ha llegado a azotar los corazones de muchos.” – dijo mi maestro y, seguidamente, empezó a girar rápidamente sobre su propio eje formando un torbellino de colores rojos, dorados, blancos y verdes a su alrededor, hasta que súbitamente paro de golpe extendiendo sus brazos hacia el cielo (o el techo en nuestro caso) levantando su cara de forma dramática, como si estuviéramos en una obra de teatro y el fuera el actor principal. Al verlo ahí, de pie, me quede sin palabras. Yo era consciente de que el maestro Trident era alguien fuerte, pero lo que emanaba de su figura gritaba a todos los cielos una sola palabra: poder.
Sus piernas eran enormes, y al igual que sus brazos, mostraban una cantidad de músculos impactante, como si fuera una escultura que había sido tallada en mármol. Su abdomen tenía tantos músculos que posiblemente se podrían usar para lavar la ropa y que saliera impecable. De sus enormes pectorales asomaban dos corazones en el punto donde un humano suele tener los pezones y su cara iba completamente maquillada, con los labios pintados de morado y sus ojos y cejas de un rojo que combinaban perfectamente con su capa, corona y bañador. No llevaba otra ropa mas que ese bañador, la capa y la corona. Tenia el porte de alguien que, si se te aparecía de noche por la calle, le darías todas tus cosas y le pedirías perdón incluso sin saber si es buena o mala persona. Era alguien imponente.
“Maestro Trident, estoy perplejo, anonadado, estoico, me he quedado sin palabras. Creo que es usted la definición del Gyojin supremo, el Gyojin Apex, el Alfa. Le debió haber costado infinidad de horas y toneladas de entrenamiento alcanzar tal musculatura, ¿verdad?”
“¿Te refieres a esto?” – dijo Trident Glam mientras posaba contrayendo sus enormes bíceps – “¿o quizás a esto?” – continuo, esta vez mostrando sus poderosos triceps mientras sacaba el pecho – “¿probablemente te estes refiriendo a esto, o esto otro?” – dijo seguidamente mientras contraía su abdomen reforzando aun mas aquellos cuadritos marcados y luego las piernas que parecían explotarían en cualquier instante. “JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, pues la verdad es que no, aunque no lo creas, todo este glamour es natural, he sido bendecido con buenos genes, aunque por supuesto que entreno, pero no es la razón principal de mi hermosa figura.”
Me acerque hasta mi maestro, quedando a poco menos de 2 metros de distancia de él, y juntando los brazos hacia mis costados realice una reverencia. Después, levante la cabeza y al ver que mi maestro sonreía levante mi brazo derecho con la palma de la mano abierta devolviendo igualmente la sonrisa y esperando me concediera aquel saludo mas informal. Para mi buena suerte si que lo hizo, manteniendo ambos aquellas sonrisas que estaban llenas de dientes afilados.
“Ya que estas aquí por al menos un tiempo más, ¿te gustaría aprender otra técnica del Gyojin karate?” – me pregunto el maestro Trident mirándome crípticamente, casi estudiando la reacción de su estudiante, mientras se pasaba la lengua por los dientes – “Ha decir verdad, muchos aprendices del Gyojin karate dejan su entrenamiento hasta el punto que tu has alcanzado, pero es la primera vez que siento que alguien es capaz de llegar a dominar esta otra técnica la cual, aunque tu estilo de pelea esta más enfocado en ataques cuerpo a cuerpo, requiere de mayor grado de Fuerza y Agilidad para poder dominarla.”
Me quede un momento sin contestar, pensativo, mirando fijamente a la corona que portaba mi maestro como si esta tuviera la respuesta a la pregunta que me había planteado. Por supuesto que quería aprender una nueva técnica del Gyojin karate, pero el hecho de que mi maestro haya matizado la necesidad de Fuerza y Agilidad me daba a entender que Trident Glam esperaba que lo considerara seriamente, no que simplemente saltara de alegría ante la idea de aprender nuevamente bajo la tutela del Gyojin Apex sin ninguna consideración de por medio.
“Antes de contestar a su pregunta maestro, me gustaría saber más sobre el Gyojin karate, ¿me podría sacar de la oscuridad en la que me encuentro respecto a este tema?” – dije con voz calmada, liberando la mano de mi maestro y tomando una pose seria. Tenía ciertas reservas sobre la forma en que planteo la pregunta, no quería sonar pedante, tan solo quería demostrarle que tenía la capacidad mental que se necesita dominar para tan solo aspirar a ser un aprendiz decente del Gyojin karate.
“Encantado de sacarte de las profundidades de ese océano en la que tu entendimiento sobre el Gyojin karate se encuentra, alumno.” – contesto Trident, cambiando por completo su actitud y tono de voz, mientras le miraba de forma pícara, casi burlona, como si intentara imitar mis gestos y postura.
“Por supuesto que se iba a dar cuenta” – pensé sin decir nada más, esperando pacientemente a que el maestro continuara, manteniendo la sonrisa que este agradable momento reflejaba en mi cara.
“Como ya sabes” – acentuó Trident Glam, dejando de lado el tono de voz pícaro mientras se acomodaba la corona sobre la cabeza con ambas manos – “El secreto del Gyojin karate radica en el dominio del agua en las inmediaciones de un usuario, usando su poder para enviar poderosas ondas que impactan el agua dentro del cuerpo de un oponente. Debido a que cada ser tiene un alto porcentaje de agua dentro de su cuerpo.” – prosiguió Trident – “Grandes maestros también mostraron que este estilo de pelea se puede usar de manera efectiva fuera del agua, ya que se puede manipular el agua de la atmósfera y usarla para atacar. Este arte marcial nació en la Isla Gyojin, específicamente en el Dojo del karate Gyojin, y existimos pocos maestros dispersos por el mundo dispuestos a pasar los conocimientos en este estilo de pelea a aquellos quienes estén interesados en aprenderla. En realidad, no es necesario ser Gyojin para aprender este estilo, pero sólo nosotros los Gyojin podemos usar su efectividad al 100%.”
Esta revelación me dejo en estado de shock haciendo que casi me atragante con el montón de baba que estaba a punto de tragar pues se había acumulado en mi garganta, por alguna razón a la cual no le busque explicación.
“¿Entonces, cualquiera puede aprender el Gyojin karate? ¿Incluso los humanos? ¿Incluso los piratas?” – pregunte alarmado, poniendo énfasis en su última pregunta. Estaba claro que mi rencor por los piratas estaba lejos de ser olvidado.
“Es correcto, cualquiera puede aprender estas técnicas. Y, adelantándome a lo que seguramente estás pensando, la respuesta es sí, he enseñado estas técnicas a humanos, algunos de los cuales se convirtieron en piratas eventualmente. Esto es algo que seguiré haciendo para futuros interesados en el Gyojin karate, particularmente con los humanos porque soy de la idea de que esta es una forma en la que ambas razas podemos llegar a convivir.”
Contesto Trident Glam sin alterarse, mientras imitaba diferentes posturas del gyojin karate como si estuviera en medio de una lección. Pero yo sabía que estaba nadando en corrientes peligrosas, tendría que ser cuidadoso con mis siguientes palabras. Ambos quedamos en silencio por un tiempo. Tras retomar la calma, respirando lentamente y contando hasta tres mentalmente, logre controlar mis emociones que amenazaban en emerger como lava de un volcán en erupción cosa que seguro hubiera sido contraproducente.
“Agradezco su honestidad, maestro.” – dije, rompiendo el silencio de forma calmada, a lo cual proseguí no sin antes soltar un suspiro – “Pensaba que me causaría conflicto saber que mi maestro podría potencialmente darles armas a mis enemigos, pero esta forma de pensar es errónea. Usted no decide quien será mi enemigo y quien no. Sería injusto e ilógico de mi parte que le atribuyera esta responsabilidad. Yo también he sido honesto con usted, y aunque en mi mente mi camino antes estaba plagado de venganza y odio, usted vio más allá de esto y me acogió como su aprendiz a pesar de todo. Creo completa y ciegamente en usted maestro.”
Trident soltó un grito de triunfo mientras dramatizaba como había ganado aquella lección imaginaria que estaba impartiendo.
“Veo que nos entendemos Fuguwu. Como te comentaba, el Gyojin karate es un estilo de combate que se especializa en utilizar y dominar el agua para atacar y defenderse.” – prosiguió mi maestro, teniendo un ligero cambio en su tono de voz siendo este un poco más alegre nuevamente. “Existen al menos 10 técnicas en el Gyojin karate, y una extra, que deben ser dominadas para poder considerarse un maestro de este estilo de pelea. Para realmente poder dominar las técnicas cuerpo a cuerpo que más se acoplan a tu estilo de pelea, esta vez debes aprender la técnica Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») la cual es incluso capaz de derrotar a tus enemigos de un solo golpe. El Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») es estrictamente un puñetazo que manipula el vapor de agua para que el golpe atraviese al oponente.”
Mientras escuchaba detenidamente la explicación de mi maestro, me empecé a sentir anonadado. Era increíble que una técnica así existiera, solo necesitaba aprovechar y saber manipular el vapor de agua, cosa que existe siempre en el ambiente. Seguro el sudor serviría igualmente, o mejor aún, el veneno que se secreta de sus nudillos con forma de pico característicos del Gyojin pez globo.
“Ahora entiendo porque se necesita Fuerza y Agilidad para dominar dicha técnica maestro, es una técnica increíble.” – afirme con voz emocionada por la idea de poder disparar lo que básicamente serían balas de veneno, cosa que claramente no practicaría frente a Trident para evitar tener que prometer algo que no cumpliría igualmente en el futuro.
“Decidido, a partir de mañana iniciamos el entrenamiento, estoy convencido que dominaras la técnica antes que pase el temporal. Ya luego hablamos sobre el tema que te trajo de regreso, ósea yo.” – contesto Trident Glam volviéndose a colocar la corona sobre su cabeza pues se había movido tras la lección imaginaria que había impartido.
“¡Claro que sí, maestro!” – dije asombrado, se me había olvidado completamente de la razón inicial por la que había regresado, absorto en la emocionante idea de aprender una nueva técnica del Gyojin karate.
“No te preocupes, enfócate en tu entrenamiento y ya te iré dando detalles de mi grandiosidad, en realidad ya has presenciado de esta escultural figura y mi cara angelical, así que ya vas de ganancia. Un problema a la vez.” – concluyó mi maestro.
“Entendido maestro” – asevere con energía.
Este segundo entrenamiento comenzaba con un aire diferente. No era mi primera vez en estas ruinas ni bajo la tutela de Trident Glam, pero esta ocasión tenía un propósito aún más profundo, debía conocer mejor a mi maestro y dominar una nueva técnica, todo en tiempo récord. Debía perfeccionar mis habilidades, y Trident, con su sabiduría, había decidido que era el momento adecuado para enseñarme una técnica que requería un nivel avanzado de control, el Samegawara seiken. En la primera mañana tras mi regreso, me presente nuevamente ante Trident en el mismo lugar en ruinas donde había aprendido el Yonsenmaigawara seiken. Esta vez, sin embargo, la atmósfera era diferente. Las sombras que se desprendían de los pilares de las ruinas parecían más alargadas, como si alguien hubiera pasado toda la noche montando un escenario colgando luces en el techo para que las lecciones parecieran una puesta en escena. A pesar de lo extraño que podría sonar la situación, me sentía más en sintonía con este entorno de lo que había llegado a imaginar, mi cuerpo y mente afinados por semanas de reflexión tras su primer entrenamiento.
Trident, en esta nueva faceta que me mostraba de maestro, me explico de forma breve que siempre había querido tener la oportunidad de participar en una obra de teatro, y por eso puso la zona de entrenamiento como una puesta en escena.
"Has regresado buscando perfeccionar tus ataques." dijo Trident Glam, apagando las luces del escenario, manteniendo solo una de ellas prendida la cual le enfocaba directamente. "Y sé que estás listo para aprender una de las técnicas más difíciles de nuestro arte. Esta técnica no solo pondrá a prueba tu fuerza, sino que te enseñará a usar el agua no como un torrente, sino como una herramienta de destrucción interna."
Tras decir esto, cambio las luces del escenario esta vez manteniendo una segunda luz enfocada directamente en donde me encontraba parado, como si fuera mi línea de entrada a la escena que había montado. El Yonsenmaigawara seiken me había dado la fuerza y confianza que necesitaba para enfrentarme a enemigos poderosos, pero sabia que el Samegawara seiken sería diferente. Me permitiría convertir el vapor de agua en un arma que dependía de su habilidad para controlar cada pequeño movimiento, desde el lanzamiento del golpe hasta su impacto. Por lo que, sin dudarlo, di un paso al frente y adopté una posición de combate.
Las primeras horas del entrenamiento fueron sorprendentemente lentos. Había esperado que Trident me empujara rápidamente hacia los movimientos avanzados, pero en lugar de eso, el maestro me llevó a un pequeño claro fuera de las ruinas, donde un arroyo artificial que imaginaba él había construido corría suavemente entre las rocas.
"Antes de poder lanzar usar este ataque con precisión, debes primero aprender a entenderlo." me dijo Trident. "El agua no solo fluye sin control; puede ser guiada, moldeada y utilizada en su forma más pura. Tu tarea, Fuguwu, es aprender a sentir cada gota de agua como una extensión de tu propio cuerpo."
Ok, demasiado teatral quizás. Esta afirmación, especialmente la parte de entender el agua, me irrito ligeramente puesto que, siendo un Gyojin al igual que mi maestro, por supuesto que entendía el agua. Por un momento pensé en reclamar y entrar en discusión, pero rápidamente borré esa idea de mi cabeza. Estaba aprendiendo a no saltar conclusiones, particularmente si estaba siendo enseñado por alguien como el maestro Trident Glam. “Entendido maestro”, contesté sin rechistar.
Durante esas primeras horas, pase la mayoría del tiempo en el arroyo, con las manos sumergidas en el agua. El ejercicio parecía simple a primera vista: mover las manos lentamente, sintiendo la corriente, observando cómo reaccionaba el agua a cada pequeño gesto. Pero a medida que avanzaban los minutos, me di cuenta de la dificultad real del ejercicio. Necesitaba no solo mover el agua, sino sentir su flujo, entender cómo la más mínima alteración en la presión de mis dedos cambiaba su dirección y velocidad. Era parecido de cierta forma a lo que se hacia con el haki y la energía, solo que esa era mi energía, y esta no es mi agua. El objetivo de Trident era que comprendiera cómo controlar el agua sin esfuerzo visible. El maestro me explicaba que Samegawara Seiken no era una cuestión de fuerza, sino de agilidad también. Era como un arquero que, antes de disparar una flecha, debe estar en completa sincronía con su objetivo. Al terminar esta primera fase del entrenamiento, me surgió curiosidad sobre cómo se diferencia el entrenamiento del Gyojin karate entre las diferentes razas de seres que buscan aprenderla.
“Maestro, cuando ha tomado a alumnos de otras razas bajo su manto para aprender el Gyojin karate, ¿es diferente el tipo de entrenamiento que ellos realizan?”, pregunte con un tono un poco apenado, manteniendo el enfoque sobre la tarea que traía entre manos.
“Lamento tener que ser ambiguo Fuguwu, pero me atrevo a decir que la respuesta es tanto si como no”, contestó mi maestro con aquella teatralidad que ahora le caracterizaba. “Es innegable que a nuestra raza se les facilita más entender varios conceptos del Gyojin karate por su estrecha relación con el agua. He igualmente, y seguramente por la misma razón, lo llegamos a perfeccionar más que otras razas.” – continuo Trident con su monólogo haciendo gestos exagerados y caminando de un lado al otro. “Sin embargo, he de confesar que he visto a muchos usuarios del Gyojin karate de nuestra raza tener menos control de las técnicas sobre lo que he visto dominan humanos, skypeanos, tonttata, por nombrar unos cuantos”.
“Entiendo; creo que debo aprender sobre otras razas y sobre todo no subestimar a mis rivales independientemente de su origen, ¿le comenté que hay un tonttata en mi división?”, respondí animado recordando a Ryze y a los demás. El maestro Trident asintió en silencio y ambos continuamos con el entrenamiento que nos traía a este punto. Después de un tiempo, Trident llevó el entrenamiento a un nuevo nivel. Había aprendido a manipular el flujo del agua en el arroyo, pero ahora debía concentrarme en una tarea mucho más precisa. El maestro colocó un cuenco lleno de agua en una mesa y, frente a él, alineó una serie de pequeñas piedras.
"Tu tarea", dijo Trident, "es lanzar una sola gota de agua y derribar esas piedras. Cada piedra debe ser golpeada sin que ninguna de las otras se mueva. Esta es Uchimizu en su forma más básica y te ayudara a dominar el Samegawara seiken, debes hacerlo claro sin utilizar el Uchimizu que es otra técnica la cual imagino ya conoces."
El desafío parecía simple, pero cuando intente lanzar la primera gota de agua, la realidad de la tarea se hizo evidente. La gota no tenía suficiente fuerza ni precisión, cayendo inofensivamente al suelo antes de llegar siquiera a las piedras. Tras varios intentos fallidos comprendí que necesitaba más que solo fuerza para lograrlo; debía dominar el control sobre cada aspecto del lanzamiento. Durante las horas siguientes, trabaje incansablemente en perfeccionar mi habilidad para lanzar la gota de agua. Trident me guiaba en cada paso, enseñándome a sentir el peso y la densidad del agua en mi mano antes de lanzarla. Debía concentrarme en cada pequeño movimiento, desde la tensión en mis dedos hasta el ángulo exacto en que liberaba la gota. Con el tiempo y ayuda de mi maestro empecé a mejorar. Mi precisión aumentaba lentamente, y aunque al principio solo lograba golpear una piedra de cada tres intentos, al final del medio día ya era capaz de derribar una piedra con cada gota lanzada. Pero aún quedaba un largo camino por recorrer antes de que pudiese ejecutar Samegawara seiken en una situación real de combate.
Tras un corto descanso, Trident llevó el entrenamiento a un nivel aún más avanzado. Dado que ya había dominado la técnica básica de Samegawara Seiken en un entorno controlado, tocaba ahora aprenderla a usarla en movimiento. El maestro diseñó una serie de ejercicios que implicaban lanzar golpes al aire aprovechando el vapor del agua mientras corría alrededor de ese escenario, esquivaba y saltaba entre obstáculos. El golpe debía ser lanzado con precisión milimétrica, sin importar cuán caótica fuera la situación. Tenía que aprender a mantener el enfoque y control incluso en las condiciones más difíciles. En estos ejercicios, sentí la verdadera dificultad del Samegawara seiken. Cuando mi cuerpo estaba en movimiento, era mucho más difícil concentrarse en el vapor del agua. Mi precisión se veía afectada por la velocidad y el esfuerzo físico, y muchas veces sus lanzamientos fallaban.
Sin embargo, Trident mi alentaba a continuar. "El agua es fluida, como la música, Fuguwu. Debes aprender a ser igual de flexible, a adaptarte a cualquier cambio en el tiempo que marque la banda. No importa lo que esté pasando a tu alrededor, tu control sobre el agua debe ser constante."
“Este ejercicio es demasiado desafiante maestro”, me queje por un momento, no siempre se puede ser relajado. “No solo necesito la Fuerza para utilizar el vapor del agua, sino que también la Agilidad para atinar al objetivo. Todo esto mientras estoy en movimiento.”
“Es correcto Fuguwu”, contestó el maestro Trident. “Es de suma importancia que domines esta parte del entrenamiento para poder emplear la técnica en combate. Te aseguro que tus objetivos, por no llamarles enemigos, no serán blancos estáticos. Particularmente si son piratas.” El maestro Trident dijo esta última frase con un tono que me sonó como una invitación de desafío, no de forma grosera o pretenciosa, sino alentándome a aceptar el desafío y superarlo. Inspirado por las palabras del maestro, entrene aún más duro. Cada hora que pasaba, los ejercicios se volvían más complejos, y mi cuerpo, aunque cansado, se adaptaba a los nuevos desafíos. Al final la tarde ya era capaz de lanzar Samegawara seiken en cualquier situación: en movimiento, mientras esquivaba ataques imaginarios, y con una precisión que había sido inalcanzable al principio del entrenamiento.
Fue durante esta fase del entrenamiento que me di cuenta de que sería muy viable el utilizar Samegawara seiken con mi veneno, sin embargo, presentaría un gran desafío. El principal problema que notó es que la densidad del veneno es diferente al del agua, así como su viscosidad, y otros atributos físicos y químicos de ambos líquidos, por lo que debería trabajar en esto. Durante esa última tarea, me toco enfrentar pruebas aún más exigentes. Trident organizó desafíos donde debía lanzar Samegawara seiken desde diferentes ángulos y posiciones inusuales, a veces en medio de intensas simulaciones de combate. No solo debía mantenerse en control de la técnica, sino también evitar cualquier tipo de distracción que afectara su enfoque. Una de las pruebas más difíciles fue una sesión donde Trident me llevó a un área de las ruinas llena de niebla espesa. Allí, debía detectar las pequeñas gotas de agua en el ambiente y lanzarlas con precisión a objetivos ocultos en la oscuridad. La visibilidad era nula, pero el objetivo de la prueba era que aprendiera a sentir el agua sin depender de mis ojos y tomando en cuenta que no podía usar el haki de observación, era todo un desafío. Debía confiar en mis otros sentidos y en su capacidad de conectar con su entorno de una manera profunda.
“Dominar esta técnica es imposible”, exclame con frustración, pues quedaba poco para que terminara el día. “No entiendo como debo ser capaz de detectar las gotas en el ambiente. No es tan tangible como lo es el agua en un arroyo, riachuelo o lago. Ni que decir del agua de mar.”
“Fuguwu, recuerda que el agua se encuentra en todos lados, en todos los seres, en todo el ambiente”, dijo pacientemente el maestro Trident, ajeno a su nuevo comportamiento. “Esta parte del entrenamiento es vital para poder dominar el Samegawara seiken a la perfección. Estoy seguro de que te encontraras en múltiples situaciones donde no dispondrás de una fuente de agua directa a la cual acudir para realizar la técnica. Es, por tanto, de vital importancia que aprendas a detectar la presencia del agua en el ambiente.”, sentenció Trident.
Aunque los primeros intentos fueron desastrosos (fallaba constantemente, incapaz de localizar los objetivos en la niebla), con la orientación paciente de Trident, comencé a entender la clave del ejercicio, era cuestión de concentración y adaptabilidad. El agua, como me había enseñado mi maestro, fluía en cualquier situación, y yo debía aprender a hacer lo mismo. Después de horas de esfuerzo, finalmente logre lanzar un golpe usando el Samegawara seiken con éxito, golpeando a mi objetivo oculto en la niebla con precisión.
“Gowowo wowo ¡Lo he conseguido!”, celebre con emoción.
“Felicidades Fuguwu, has trabajado muy duro y tus esfuerzos han pescado resultados”, dijo Trident saltando de un lado al otro, más feliz que yo al parecer de haber completado el entrenamiento. “Seguro que tienes el potencial para aprender a usar el Haki de Observación a un nivel más avanzado”, comento Trident observándome detenidamente.
“¿Haki aún más avanzado? No lo creo, he conseguido algo nuevo con el de armamento, pero no con el de observación, es muy complicado”, exclame un poco cansado tras el esfuerzo de todo el día, lo que menos necesitaba era una segunda puesta en escena esta vez enfocada con el haki.
“El Haki, estimado alumno, se encuentra en todos los seres al igual que el agua en el ambiente como bien ya sabrás. Sin embargo, como bien indicas, me temo que es demasiado pronto para mejores tu haki de observación, continua tu entrenamiento pues te aseguro que tienes potencial”, dijo Trident terminando la conversación de forma abrupta, como quien cerrara el telón de una escena a la que no tenía acceso aún.
Intrigado, tome nota mental de sus palabras, quizás de nuevo estaba sobre pensando las cosas. Seguro que en mis siguientes encuentros con sus compañeros de división podría discutir si creían que era posible para mi alcanzar un estado de dominio mayor al haki de observación. Cuando llegó la noche recogí mis pocas cosas y me preparé para marchar de regreso al cuartel de la marina. De igual forma, Trident me observó con satisfacción, al parecer había estado a la altura de sus expectativas. Sabía que yo, su alumno, estaba listo para seguir adelante, y también sabía que mi viaje junto con mis compañeros de división en la marina me llevaría a enfrentar nuevos desafíos.
En la mañana, después de un desayuno particularmente grande, Trident me llevó al borde del archipiélago, donde una vieja barca descansaba sobre las ahora calmadas aguas marinas. Aunque desgastada por el tiempo, la barca estaba bien mantenida, con cuerdas firmes y madera robusta. "He observado tu crecimiento, Fuguwu", dijo Trident, con una sonrisa leve pero sincera. "Has dominado el Samegawara seiken, y tu destreza ha alcanzado un nivel digno de los mejores guerreros del Gyojin karate. Entiendo que tu viaje debe continuar, es hora de que continúes tu camino junto con tus nakamas, pero si lo ves a bien, me gustaría despedirte hasta la orilla del cuartel."
Mire la barca y luego a mi maestro. Ahora entendía porque el maestro Gyojin me había acompañado hasta este punto. Juraba que aún me quedaban al menos un par de horas más de camino solitario, si no es que incluso un día completo, para poder proseguir mi camino cosa que no me apetecía demasiado. Sabía lo que este gesto significaba. Trident me estaba entregando algo más que su tiempo y compañía; me estaba dando su amistad cosa que valía muchísimo más que cualquier técnica del mundo.
“Maestro, muchas gracias por todas las lecciones, prometo que su paciencia y dedicación le serán recompensadas con un alumno que lleve su nombre, y el del Gyojin karate, a ser reconocido en todo el mundo. Espero nuestra amistad perdure más allá de nuestros días.”, dije con determinación.
"Has aprendido mucho, Fuguwu", dijo Trident, observando el horizonte. "Pero recuerda que el viaje del guerrero nunca termina. El dominio de la técnica es solo una parte; el verdadero desafío será siempre mantener la calma interior."
Asentí y subí a la barca, sintiendo que no solo estaba partiendo hacia un nuevo destino físico, sino también hacia un nuevo capítulo en mi vida. Después de que Trident montara en la barca partimos de esta zona del archipiélago, llevando conmigo las lecciones que había aprendido durante el entrenamiento. Había perfeccionado el Yonsenmaigawara seiken y, ahora, Samegawara seiken, dos técnicas que lo definían como un guerrero más completo y más en sintonía consigo mismo. El maestro Trident Glam había desempeñado un papel crucial, no solo como instructor, sino también como guía para que encontrara el equilibrio entre mis emociones y mi fuerza física. Mientras las olas nos llevaban hacia la zona de manglares donde se encontraba el cuartel general de la marina, platicaba con mi maestro sobre lo que había aprendido, no solo en términos de combate, sino recordando todos los errores ahora con risas y burlas como se llevan dos amigos que se conocen de años. Sabía que la venganza por lo ocurrido a Fugowo seguía acechando en mi corazón, pero las enseñanzas y la amistad de Trident me habían mostrado que debía ser paciente, que actuar por impulso solo me llevaría al caos.
El viaje de regreso solo duró un par de horas, bendita barca, hubiera tomado días a pie asumiendo que no me encontrara con problemas de por medio. La imagen de Fugowo, mi hermano mayor, aparecía en mi mente una y otra vez. Siempre había sentido una profunda culpa por el destino de mi hermano, secuestrado y esclavizado por mi imprudencia. Esa culpa había alimentado mi deseo de convertirse en un guerrero fuerte, y ahora, con dos técnicas poderosas a mi disposición, debía decidir cómo utilizar mi fuerza. El maestro Trident me había advertido sobre los peligros de actuar con resentimiento en el corazón. Yo había escuchado sus palabras, y aunque sabía que tenía razón, también sentía que mi responsabilidad hacia Fugowo me empujaba en la dirección contraria. Pero ahora, despidiéndome de mi maestro en medio del vasto océano, mis pensamientos tomaban una claridad que antes no tenía. Debía mantener mi misión enfocada en mi crecimiento personal y encontrar mi propio camino antes de buscar rescatar a Fugowo.
“Gracias por todo maestro, no, amigo, espero poder visitarle de nuevo antes de partir del archipiélago.” – me despedí con sentimientos encontrados de tristeza y alegría.
“Cuando quieras, my besto friendo, eres bienvenido cuando gustes.” – contesto Trident despidiéndose, dejándome ver por última vez aquellos músculos impactantes, la corona brillando con los últimos rayos del sol cayendo sobre el océano.
El viaje de regreso había sido solo el comienzo de un capítulo aún más grande. Estaba preparado para lo que viniera, con la certeza de que cada técnica, cada lección aprendida en el archipiélago Sabaody me estaba fortalecido para enfrentar los desafíos que el destino me tenía reservado.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
58
211
193
58
107
118
0
25-10-2024, 12:06 PM
(Última modificación: 17-04-2025, 02:32 PM por Fuguwu.)
“!Gowoooooo!” – exclamé tras dar el primer sorbo. Había pegado una buena bocanada como si de agua se tratara, grave error. Al instante siguiente de tomar la bebida sentía como mi garganta se calentaba hasta el punto de pensar que iba a explotar en fuego, un par de segundos después, una sensación similar invadió mi estomago el cual estaba vacío tras pasar el día entero dentro de las fauces de Moby Dick o como sea que se llamara mi taxi ballena – no había tenido tiempo a preguntarle su nombre.
Mientras ponía cara de asco y la toz me empezaba a invadir, podía escuchar como el camarero se reía sonoramente. Era una risa curiosa en realidad, parecía mas el llamado de un pájaro que una risa normal, aunque en retrospectiva, mucha gente que había visto pasar en la Isla Gyojin tenían risas bastante características.
“Kiiikiiki kiiki ki, ¿primera vez probando las mieles de la malta joven tritón?” – preguntó el camarero poniendo algo mas de curiosidad en mi presencia de la que había mostrado inicialmente al pedir el vaso de whisky. “Si me permites una recomendación, el whisky que te serví, como toda bebida de este bar, se disfruta mejor a ligeros sorbos.”
Un poco avergonzado, acepte el consejo del camarero, pero antes de retomar mi batalla con el whisky, quería hacerle mas preguntas.
“Así que sorbos ligeros, entiendo. Hay algo mas que deba saber para mejorar la experiencia” – pregunte con curiosidad.
“En realidad es que hay múltiples formas de disfrutar un buen whisky. Los más puritanos te dirán que el single malt solo se bebe en las rocas, incluso los hay quienes les parece un despropósito ponerle hielo al whisky. Sin embargo, si le preguntas a los maestros que destilan este licor, te dirán que el whisky se puede disfrutar con hielo, sin hielo, con agua, sin agua, con cola o sin cola, lo importante es que consigas el sabor que disfrutes tú, no lo que otros opinen de como bebes.” – sermoneó el camarero bastante feliz de que le haya preguntado al parecer.
Al final sentencio su discurso con una frase que se quedaría guardada en el fondo de mi ser, como si el consejo de mi padre se tratara – “En el whisky, como en la vida, nadie es dueño de la verdad absoluta”.
“Ya veo, pero es me deja con dos opciones según lo veo. O bien sigo tomando sin más, solo que a sorbos ligeros, o pruebo todas las combinaciones posibles y me vuelvo un alcohólico en el proceso, gowowo wowowo.” – conteste riendo, empezando a sentirme un poco ligero. “Tu que me recomiendas camarero”.
“Pues por supuesto que te recomendaría la segunda opción, siendo este mi bar me conviene que gastes todo tu dinero aquí, o si te quedas en la ruina podría emplearte de lavaplatos hasta que pagaras tu deuda. Pero, eso ya lo decidirás tu.” – aseveró con un poco de picardía en su tono de voz. Sin decir nada más, se puso a limpiar un vaso similar al que yo tenía con media bebida aún sin acabar.
“No vas a volver a probar tu bebida joven sireno.” – preguntó el camarero luego de un momento en silencio mientras me miraba de reojo.
“Sigo cavilando sobre las diferentes opciones que tengo.” – contesté – “¿Cómo me recomiendas tomarlo? ¿Cómo lo sueles tomar tú?”.
“Tal cual te lo serví” – dijo el camarero con orgullo – “El vaso es importante, porque según la forma resalta los aromas antes de tomar el whisky, el hielo balancea el porcentaje de alcohol de este whisky específico que te serví, y el whisky por supuesto es de la mejor calidad para su edad. Solo te hace falta tomarlo con calma, inicia por acercarte el vaso y huele los aromas que suelta el whisky, luego, toma un ligero sorbo y retenlo en la boca, deja que tu lengua saboree las diferentes notas que se le agregaron y el sabor de la barrica, finalmente, digiérelo, ver ás la diferencia contra tu primer trago”.
Un poco atónito por el ‘crash curse’ en ‘whisky 101’ que me había dado el camarero, di mi segundo trago siguiendo sus instrucciones. La verdad es que era increíble la diferencia, el aroma que soltaba el whisky era a caramelo con un deje de chocolate muy tenue, casi imperceptible. El sabor me parecía mas complejo de describir, las notas de naranja se peleaban con las de nueces y caramelo, al final, quedaba un regusto a especias cálidas que no sabría como diferenciar.
“Wow, esto está muy bueno.” – exclame tras pasar aquel sorbo. “Muchas gracias camarero. Por cierto, mi nombre es Fuguwu y soy un Gyojin de la Isla Gyojin, no un triton ni un sireno como mencionaste anteriormente”.
“Mucho gusto joven Fuguwu. Bienvenido al bar Zanators. El bar lleva el nombre del dueño quien se dedica a preparar bebidas en su tiempo libre y a conocer nuevos clientes interesados en una buena charla y un buen vaso de whisky.” – contestó el camarero, que en realidad era el dueño, con una sonrisa mientras continuaba limpiando los vasos de su repisa.
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No había ni avanzado 500 metros fuera de las ruinas donde había entrenado con Trident Glam cuando una música algo psicodélica llego a mis oídos. Lo raro, es que venia justo de la zona donde había entrenado y no fuera de ella, ¿qué había cambiado en los escasos 10 minutos desde mi despedida con el maestro?
“Esto será problemático” – pensé en voz alta. “Pero no me puedo quedar con la curiosidad de saber que está pasando.”
Dando marcha atrás active mi Haki de Observación el cual me permitió confirmar a mitad de camino que solo se encontraba el maestro en el centro de la zona de entrenamiento. A medida que avanzaba la música se hacia mas y mas fuerte, por lo que la respuesta era lógica, esta música la había puesto el maestro, pero ¿con que motivo? Igual y estaba sobre pensando las cosas y no hay otro motivo mas que este es el tipo de música que le gusta escuchar, pero es que no va en nada con su estilo característico.
El maestro Trident Glam, durante estos días que pase junto con él, se había mostrado reservado. Siempre envuelto en una manta que le cubría todo el cuerpo y que sombreaba hasta su cara por lo cual solo había podido apreciar su voz y la musculatura de sus brazos y piernas al entrenar, pero poco más. Estaba claro que era un Gyojin al igual que yo pues las aletas en sus pies en lugar de dedos lo dejaban en evidencia. Pero, fuera de eso, no había sabido nada mas de su aspecto, ni había preguntado sus gustos. Había estado tan enfocado en el entrenamiento que había olvidado la mas importante de las lecciones de casa, el ser educado. Por supuesto, había sido cordial y respetuoso con el maestro, faltaba más, pero no había mostrado interés alguno en el incluso cuando el mostro muchísimo interés en mi y me ayudo con el tema de Fugowo.
Bueno, esta era mi oportunidad de enmendar aquel error. Igualmente creo que aun tengo tiempo para quedarme, al menos un día o dos más, antes de tener que volver con mis compañeros de la división 21 en el manglar 70 donde se encuentra el cuartel de la marina, por lo que, aprovecharía este par de días para descubrir lo máximo que pudiera de mi maestro, Trident Glam. De momento ya empezaba con un dato que desconocía totalmente, le gusta la música psicodélica ¿o la odiaba y se estaba castigando? Gowowo wowowo, eso no tenia sentido, seguro le gustaba, ya empezaba a sobre pensar las cosas de nuevo.
La música por cierto es bastante buena, el ritmo que traía se sentía como si observara cientos de vibrantes luces chillonas que prendían y apagaban en un constante ritmo frenético que da pie a un espectáculo grandioso. Iba fuertemente marcada por el compás de un sintetizador que despierta sensaciones de estar en un desfile futurista de modas, con todas esas pasarelas iluminadas y los flashes de las cámaras parpadeando uno tras otro. La melodía estaba cargada de una estructura electrónica que hacia pensar que los desfilantes en aquella pasarela de modas imaginaria se enfrentarían en un combate donde la vanidad y el glamour lo son todo y el sudor es solo un reflejo del esfuerzo por derrochar gracia y no por el esfuerzo físico que también conlleva este tipo de eventos.
Llegue al final del pasillo que conducía de regreso al corazón de las ruinas con clara felicidad por aquella música que sonaba a todo volumen alrededor, haciendo eco en toda el área y mandando vibraciones por todas las paredes, techo y suelo. Al centro de la cámara se encontraba quien supuse era mi maestro – pues el haki así me lo confirmaba – de espaldas a mí, quien por fin había perdido aquella aura de misterio. Llevaba una capa roja en un tono carmesí y en su cabeza podía ver claramente como una corona posaba sobre ella, bastante ornamentada, parecía ser de oro en su mayoría.
“Gowowo wowo, maestro, he vuelto. Tengo tantas preguntas que no se ni por donde empezar, a decir verdad.” – salude feliz de haber tomado la decisión correcta de volver.
“Fuguwu, ¿has vuelto tan pronto? – contesto Trident con un tono de voz juguetón, algo burlón, que me decía que estaba claro que esperaba que volviera – Me da alegría verte, pero también me causa curiosidad saber que ha pasado, ¿no era tu plan regresar con tus nakamas de división y reportarte al cuartel de la marina de Sabaody?”
“Bueno si, ese era el plan, pero en el camino de regreso me di cuenta de que fui un grosero con usted y no tuve ni la decencia de aprender más de usted, no de sus técnicas o como pelear, si no de usted como persona.”
“Ya veo.” – contesto Trident, aun de espaldas, tomando una pose dramática llevando su antebrazo izquierdo hacia su cara tapando su rostro a la altura de sus ojos mientras extendía el otro brazo mostrando la palma de su mano completamente extendida también – “Voy a ser completamente sincero contigo, Fuguwu, al inicio no suelo confiar en nadie, y podía notar que había algo que escondes en tu interior lo cual me hizo más difícil abrirme contigo. ¡Sin embargo! Cuando marchaste me di cuenta de que estaba siendo un necio, que solo escondías el dolor de haber perdido a tu hermano y que podía confiar en ti, y por eso se me ocurrió poner esta música a todo volumen, la cual me representa en todo mi esplendor y gracia.”
Así que era eso, tenía sentido, no podía esperar o exigir confianza a alguien con quien yo no había sido completamente honesto y abierto. Y esta realización no solo aplicaba para con mi maestro, si no también para con mis compañeros de división a quienes tampoco les había dicho todo sobre mi pasado. Apenas había comentado por encima a Apolo y a Ryze que había perdido a un hermano, pero eso fue en un bar y no estoy seguro de que lo recuerden pues lo que aconteció después fue mucho mas memorable.
“Espero estes preparado para verme en todo mi esplendor, Fuguwu, pues esta belleza ha llegado a azotar los corazones de muchos.” – dijo mi maestro y, seguidamente, empezó a girar rápidamente sobre su propio eje formando un torbellino de colores rojos, dorados, blancos y verdes a su alrededor, hasta que súbitamente paro de golpe extendiendo sus brazos hacia el cielo (o el techo en nuestro caso) levantando su cara de forma dramática, como si estuviéramos en una obra de teatro y el fuera el actor principal. Al verlo ahí, de pie, me quede sin palabras. Yo era consciente de que el maestro Trident era alguien fuerte, pero lo que emanaba de su figura gritaba a todos los cielos una sola palabra: poder.
Sus piernas eran enormes, y al igual que sus brazos, mostraban una cantidad de músculos impactante, como si fuera una escultura que había sido tallada en mármol. Su abdomen tenía tantos músculos que posiblemente se podrían usar para lavar la ropa y que saliera impecable. De sus enormes pectorales asomaban dos corazones en el punto donde un humano suele tener los pezones y su cara iba completamente maquillada, con los labios pintados de morado y sus ojos y cejas de un rojo que combinaban perfectamente con su capa, corona y bañador. No llevaba otra ropa mas que ese bañador, la capa y la corona. Tenia el porte de alguien que, si se te aparecía de noche por la calle, le darías todas tus cosas y le pedirías perdón incluso sin saber si es buena o mala persona. Era alguien imponente.
“Maestro Trident, estoy perplejo, anonadado, estoico, me he quedado sin palabras. Creo que es usted la definición del Gyojin supremo, el Gyojin Apex, el Alfa. Le debió haber costado infinidad de horas y toneladas de entrenamiento alcanzar tal musculatura, ¿verdad?”
“¿Te refieres a esto?” – dijo Trident Glam mientras posaba contrayendo sus enormes bíceps – “¿o quizás a esto?” – continuo, esta vez mostrando sus poderosos triceps mientras sacaba el pecho – “¿probablemente te estes refiriendo a esto, o esto otro?” – dijo seguidamente mientras contraía su abdomen reforzando aun mas aquellos cuadritos marcados y luego las piernas que parecían explotarían en cualquier instante. “JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, pues la verdad es que no, aunque no lo creas, todo este glamour es natural, he sido bendecido con buenos genes, aunque por supuesto que entreno, pero no es la razón principal de mi hermosa figura.”
Me acerque hasta mi maestro, quedando a poco menos de 2 metros de distancia de él, y juntando los brazos hacia mis costados realice una reverencia. Después, levante la cabeza y al ver que mi maestro sonreía levante mi brazo derecho con la palma de la mano abierta devolviendo igualmente la sonrisa y esperando me concediera aquel saludo mas informal. Para mi buena suerte si que lo hizo, manteniendo ambos aquellas sonrisas que estaban llenas de dientes afilados.
“Ya que estas aquí por al menos un tiempo más, ¿te gustaría aprender otra técnica del Gyojin karate?” – me pregunto el maestro Trident mirándome crípticamente, casi estudiando la reacción de su estudiante, mientras se pasaba la lengua por los dientes – “Ha decir verdad, muchos aprendices del Gyojin karate dejan su entrenamiento hasta el punto que tu has alcanzado, pero es la primera vez que siento que alguien es capaz de llegar a dominar esta otra técnica la cual, aunque tu estilo de pelea esta más enfocado en ataques cuerpo a cuerpo, requiere de mayor grado de Fuerza y Agilidad para poder dominarla.”
Me quede un momento sin contestar, pensativo, mirando fijamente a la corona que portaba mi maestro como si esta tuviera la respuesta a la pregunta que me había planteado. Por supuesto que quería aprender una nueva técnica del Gyojin karate, pero el hecho de que mi maestro haya matizado la necesidad de Fuerza y Agilidad me daba a entender que Trident Glam esperaba que lo considerara seriamente, no que simplemente saltara de alegría ante la idea de aprender nuevamente bajo la tutela del Gyojin Apex sin ninguna consideración de por medio.
“Antes de contestar a su pregunta maestro, me gustaría saber más sobre el Gyojin karate, ¿me podría sacar de la oscuridad en la que me encuentro respecto a este tema?” – dije con voz calmada, liberando la mano de mi maestro y tomando una pose seria. Tenía ciertas reservas sobre la forma en que planteo la pregunta, no quería sonar pedante, tan solo quería demostrarle que tenía la capacidad mental que se necesita dominar para tan solo aspirar a ser un aprendiz decente del Gyojin karate.
“Encantado de sacarte de las profundidades de ese océano en la que tu entendimiento sobre el Gyojin karate se encuentra, alumno.” – contesto Trident, cambiando por completo su actitud y tono de voz, mientras le miraba de forma pícara, casi burlona, como si intentara imitar mis gestos y postura.
“Por supuesto que se iba a dar cuenta” – pensé sin decir nada más, esperando pacientemente a que el maestro continuara, manteniendo la sonrisa que este agradable momento reflejaba en mi cara.
“Como ya sabes” – acentuó Trident Glam, dejando de lado el tono de voz pícaro mientras se acomodaba la corona sobre la cabeza con ambas manos – “El secreto del Gyojin karate radica en el dominio del agua en las inmediaciones de un usuario, usando su poder para enviar poderosas ondas que impactan el agua dentro del cuerpo de un oponente. Debido a que cada ser tiene un alto porcentaje de agua dentro de su cuerpo.” – prosiguió Trident – “Grandes maestros también mostraron que este estilo de pelea se puede usar de manera efectiva fuera del agua, ya que se puede manipular el agua de la atmósfera y usarla para atacar. Este arte marcial nació en la Isla Gyojin, específicamente en el Dojo del karate Gyojin, y existimos pocos maestros dispersos por el mundo dispuestos a pasar los conocimientos en este estilo de pelea a aquellos quienes estén interesados en aprenderla. En realidad, no es necesario ser Gyojin para aprender este estilo, pero sólo nosotros los Gyojin podemos usar su efectividad al 100%.”
Esta revelación me dejo en estado de shock haciendo que casi me atragante con el montón de baba que estaba a punto de tragar pues se había acumulado en mi garganta, por alguna razón a la cual no le busque explicación.
“¿Entonces, cualquiera puede aprender el Gyojin karate? ¿Incluso los humanos? ¿Incluso los piratas?” – pregunte alarmado, poniendo énfasis en su última pregunta. Estaba claro que mi rencor por los piratas estaba lejos de ser olvidado.
“Es correcto, cualquiera puede aprender estas técnicas. Y, adelantándome a lo que seguramente estás pensando, la respuesta es sí, he enseñado estas técnicas a humanos, algunos de los cuales se convirtieron en piratas eventualmente. Esto es algo que seguiré haciendo para futuros interesados en el Gyojin karate, particularmente con los humanos porque soy de la idea de que esta es una forma en la que ambas razas podemos llegar a convivir.”
Contesto Trident Glam sin alterarse, mientras imitaba diferentes posturas del gyojin karate como si estuviera en medio de una lección. Pero yo sabía que estaba nadando en corrientes peligrosas, tendría que ser cuidadoso con mis siguientes palabras. Ambos quedamos en silencio por un tiempo. Tras retomar la calma, respirando lentamente y contando hasta tres mentalmente, logre controlar mis emociones que amenazaban en emerger como lava de un volcán en erupción cosa que seguro hubiera sido contraproducente.
“Agradezco su honestidad, maestro.” – dije, rompiendo el silencio de forma calmada, a lo cual proseguí no sin antes soltar un suspiro – “Pensaba que me causaría conflicto saber que mi maestro podría potencialmente darles armas a mis enemigos, pero esta forma de pensar es errónea. Usted no decide quien será mi enemigo y quien no. Sería injusto e ilógico de mi parte que le atribuyera esta responsabilidad. Yo también he sido honesto con usted, y aunque en mi mente mi camino antes estaba plagado de venganza y odio, usted vio más allá de esto y me acogió como su aprendiz a pesar de todo. Creo completa y ciegamente en usted maestro.”
Trident soltó un grito de triunfo mientras dramatizaba como había ganado aquella lección imaginaria que estaba impartiendo.
“Veo que nos entendemos Fuguwu. Como te comentaba, el Gyojin karate es un estilo de combate que se especializa en utilizar y dominar el agua para atacar y defenderse.” – prosiguió mi maestro, teniendo un ligero cambio en su tono de voz siendo este un poco más alegre nuevamente. “Existen al menos 10 técnicas en el Gyojin karate, y una extra, que deben ser dominadas para poder considerarse un maestro de este estilo de pelea. Para realmente poder dominar las técnicas cuerpo a cuerpo que más se acoplan a tu estilo de pelea, esta vez debes aprender la técnica Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») la cual es incluso capaz de derrotar a tus enemigos de un solo golpe. El Samegawara seiken («Verdadero golpe de tiburón de tejas») es estrictamente un puñetazo que manipula el vapor de agua para que el golpe atraviese al oponente.”
Mientras escuchaba detenidamente la explicación de mi maestro, me empecé a sentir anonadado. Era increíble que una técnica así existiera, solo necesitaba aprovechar y saber manipular el vapor de agua, cosa que existe siempre en el ambiente. Seguro el sudor serviría igualmente, o mejor aún, el veneno que se secreta de sus nudillos con forma de pico característicos del Gyojin pez globo.
“Ahora entiendo porque se necesita Fuerza y Agilidad para dominar dicha técnica maestro, es una técnica increíble.” – afirme con voz emocionada por la idea de poder disparar lo que básicamente serían balas de veneno, cosa que claramente no practicaría frente a Trident para evitar tener que prometer algo que no cumpliría igualmente en el futuro.
“Decidido, a partir de mañana iniciamos el entrenamiento, estoy convencido que dominaras la técnica antes que pase el temporal. Ya luego hablamos sobre el tema que te trajo de regreso, ósea yo.” – contesto Trident Glam volviéndose a colocar la corona sobre su cabeza pues se había movido tras la lección imaginaria que había impartido.
“¡Claro que sí, maestro!” – dije asombrado, se me había olvidado completamente de la razón inicial por la que había regresado, absorto en la emocionante idea de aprender una nueva técnica del Gyojin karate.
“No te preocupes, enfócate en tu entrenamiento y ya te iré dando detalles de mi grandiosidad, en realidad ya has presenciado de esta escultural figura y mi cara angelical, así que ya vas de ganancia. Un problema a la vez.” – concluyó mi maestro.
“Entendido maestro” – asevere con energía.
Este segundo entrenamiento comenzaba con un aire diferente. No era mi primera vez en estas ruinas ni bajo la tutela de Trident Glam, pero esta ocasión tenía un propósito aún más profundo, debía conocer mejor a mi maestro y dominar una nueva técnica, todo en tiempo récord. Debía perfeccionar mis habilidades, y Trident, con su sabiduría, había decidido que era el momento adecuado para enseñarme una técnica que requería un nivel avanzado de control, el Samegawara seiken. En la primera mañana tras mi regreso, me presente nuevamente ante Trident en el mismo lugar en ruinas donde había aprendido el Yonsenmaigawara seiken. Esta vez, sin embargo, la atmósfera era diferente. Las sombras que se desprendían de los pilares de las ruinas parecían más alargadas, como si alguien hubiera pasado toda la noche montando un escenario colgando luces en el techo para que las lecciones parecieran una puesta en escena. A pesar de lo extraño que podría sonar la situación, me sentía más en sintonía con este entorno de lo que había llegado a imaginar, mi cuerpo y mente afinados por semanas de reflexión tras su primer entrenamiento.
Trident, en esta nueva faceta que me mostraba de maestro, me explico de forma breve que siempre había querido tener la oportunidad de participar en una obra de teatro, y por eso puso la zona de entrenamiento como una puesta en escena.
"Has regresado buscando perfeccionar tus ataques." dijo Trident Glam, apagando las luces del escenario, manteniendo solo una de ellas prendida la cual le enfocaba directamente. "Y sé que estás listo para aprender una de las técnicas más difíciles de nuestro arte. Esta técnica no solo pondrá a prueba tu fuerza, sino que te enseñará a usar el agua no como un torrente, sino como una herramienta de destrucción interna."
Tras decir esto, cambio las luces del escenario esta vez manteniendo una segunda luz enfocada directamente en donde me encontraba parado, como si fuera mi línea de entrada a la escena que había montado. El Yonsenmaigawara seiken me había dado la fuerza y confianza que necesitaba para enfrentarme a enemigos poderosos, pero sabia que el Samegawara seiken sería diferente. Me permitiría convertir el vapor de agua en un arma que dependía de su habilidad para controlar cada pequeño movimiento, desde el lanzamiento del golpe hasta su impacto. Por lo que, sin dudarlo, di un paso al frente y adopté una posición de combate.
Las primeras horas del entrenamiento fueron sorprendentemente lentos. Había esperado que Trident me empujara rápidamente hacia los movimientos avanzados, pero en lugar de eso, el maestro me llevó a un pequeño claro fuera de las ruinas, donde un arroyo artificial que imaginaba él había construido corría suavemente entre las rocas.
"Antes de poder lanzar usar este ataque con precisión, debes primero aprender a entenderlo." me dijo Trident. "El agua no solo fluye sin control; puede ser guiada, moldeada y utilizada en su forma más pura. Tu tarea, Fuguwu, es aprender a sentir cada gota de agua como una extensión de tu propio cuerpo."
Ok, demasiado teatral quizás. Esta afirmación, especialmente la parte de entender el agua, me irrito ligeramente puesto que, siendo un Gyojin al igual que mi maestro, por supuesto que entendía el agua. Por un momento pensé en reclamar y entrar en discusión, pero rápidamente borré esa idea de mi cabeza. Estaba aprendiendo a no saltar conclusiones, particularmente si estaba siendo enseñado por alguien como el maestro Trident Glam. “Entendido maestro”, contesté sin rechistar.
Durante esas primeras horas, pase la mayoría del tiempo en el arroyo, con las manos sumergidas en el agua. El ejercicio parecía simple a primera vista: mover las manos lentamente, sintiendo la corriente, observando cómo reaccionaba el agua a cada pequeño gesto. Pero a medida que avanzaban los minutos, me di cuenta de la dificultad real del ejercicio. Necesitaba no solo mover el agua, sino sentir su flujo, entender cómo la más mínima alteración en la presión de mis dedos cambiaba su dirección y velocidad. Era parecido de cierta forma a lo que se hacia con el haki y la energía, solo que esa era mi energía, y esta no es mi agua. El objetivo de Trident era que comprendiera cómo controlar el agua sin esfuerzo visible. El maestro me explicaba que Samegawara Seiken no era una cuestión de fuerza, sino de agilidad también. Era como un arquero que, antes de disparar una flecha, debe estar en completa sincronía con su objetivo. Al terminar esta primera fase del entrenamiento, me surgió curiosidad sobre cómo se diferencia el entrenamiento del Gyojin karate entre las diferentes razas de seres que buscan aprenderla.
“Maestro, cuando ha tomado a alumnos de otras razas bajo su manto para aprender el Gyojin karate, ¿es diferente el tipo de entrenamiento que ellos realizan?”, pregunte con un tono un poco apenado, manteniendo el enfoque sobre la tarea que traía entre manos.
“Lamento tener que ser ambiguo Fuguwu, pero me atrevo a decir que la respuesta es tanto si como no”, contestó mi maestro con aquella teatralidad que ahora le caracterizaba. “Es innegable que a nuestra raza se les facilita más entender varios conceptos del Gyojin karate por su estrecha relación con el agua. He igualmente, y seguramente por la misma razón, lo llegamos a perfeccionar más que otras razas.” – continuo Trident con su monólogo haciendo gestos exagerados y caminando de un lado al otro. “Sin embargo, he de confesar que he visto a muchos usuarios del Gyojin karate de nuestra raza tener menos control de las técnicas sobre lo que he visto dominan humanos, skypeanos, tonttata, por nombrar unos cuantos”.
“Entiendo; creo que debo aprender sobre otras razas y sobre todo no subestimar a mis rivales independientemente de su origen, ¿le comenté que hay un tonttata en mi división?”, respondí animado recordando a Ryze y a los demás. El maestro Trident asintió en silencio y ambos continuamos con el entrenamiento que nos traía a este punto. Después de un tiempo, Trident llevó el entrenamiento a un nuevo nivel. Había aprendido a manipular el flujo del agua en el arroyo, pero ahora debía concentrarme en una tarea mucho más precisa. El maestro colocó un cuenco lleno de agua en una mesa y, frente a él, alineó una serie de pequeñas piedras.
"Tu tarea", dijo Trident, "es lanzar una sola gota de agua y derribar esas piedras. Cada piedra debe ser golpeada sin que ninguna de las otras se mueva. Esta es Uchimizu en su forma más básica y te ayudara a dominar el Samegawara seiken, debes hacerlo claro sin utilizar el Uchimizu que es otra técnica la cual imagino ya conoces."
El desafío parecía simple, pero cuando intente lanzar la primera gota de agua, la realidad de la tarea se hizo evidente. La gota no tenía suficiente fuerza ni precisión, cayendo inofensivamente al suelo antes de llegar siquiera a las piedras. Tras varios intentos fallidos comprendí que necesitaba más que solo fuerza para lograrlo; debía dominar el control sobre cada aspecto del lanzamiento. Durante las horas siguientes, trabaje incansablemente en perfeccionar mi habilidad para lanzar la gota de agua. Trident me guiaba en cada paso, enseñándome a sentir el peso y la densidad del agua en mi mano antes de lanzarla. Debía concentrarme en cada pequeño movimiento, desde la tensión en mis dedos hasta el ángulo exacto en que liberaba la gota. Con el tiempo y ayuda de mi maestro empecé a mejorar. Mi precisión aumentaba lentamente, y aunque al principio solo lograba golpear una piedra de cada tres intentos, al final del medio día ya era capaz de derribar una piedra con cada gota lanzada. Pero aún quedaba un largo camino por recorrer antes de que pudiese ejecutar Samegawara seiken en una situación real de combate.
Tras un corto descanso, Trident llevó el entrenamiento a un nivel aún más avanzado. Dado que ya había dominado la técnica básica de Samegawara Seiken en un entorno controlado, tocaba ahora aprenderla a usarla en movimiento. El maestro diseñó una serie de ejercicios que implicaban lanzar golpes al aire aprovechando el vapor del agua mientras corría alrededor de ese escenario, esquivaba y saltaba entre obstáculos. El golpe debía ser lanzado con precisión milimétrica, sin importar cuán caótica fuera la situación. Tenía que aprender a mantener el enfoque y control incluso en las condiciones más difíciles. En estos ejercicios, sentí la verdadera dificultad del Samegawara seiken. Cuando mi cuerpo estaba en movimiento, era mucho más difícil concentrarse en el vapor del agua. Mi precisión se veía afectada por la velocidad y el esfuerzo físico, y muchas veces sus lanzamientos fallaban.
Sin embargo, Trident mi alentaba a continuar. "El agua es fluida, como la música, Fuguwu. Debes aprender a ser igual de flexible, a adaptarte a cualquier cambio en el tiempo que marque la banda. No importa lo que esté pasando a tu alrededor, tu control sobre el agua debe ser constante."
“Este ejercicio es demasiado desafiante maestro”, me queje por un momento, no siempre se puede ser relajado. “No solo necesito la Fuerza para utilizar el vapor del agua, sino que también la Agilidad para atinar al objetivo. Todo esto mientras estoy en movimiento.”
“Es correcto Fuguwu”, contestó el maestro Trident. “Es de suma importancia que domines esta parte del entrenamiento para poder emplear la técnica en combate. Te aseguro que tus objetivos, por no llamarles enemigos, no serán blancos estáticos. Particularmente si son piratas.” El maestro Trident dijo esta última frase con un tono que me sonó como una invitación de desafío, no de forma grosera o pretenciosa, sino alentándome a aceptar el desafío y superarlo. Inspirado por las palabras del maestro, entrene aún más duro. Cada hora que pasaba, los ejercicios se volvían más complejos, y mi cuerpo, aunque cansado, se adaptaba a los nuevos desafíos. Al final la tarde ya era capaz de lanzar Samegawara seiken en cualquier situación: en movimiento, mientras esquivaba ataques imaginarios, y con una precisión que había sido inalcanzable al principio del entrenamiento.
Fue durante esta fase del entrenamiento que me di cuenta de que sería muy viable el utilizar Samegawara seiken con mi veneno, sin embargo, presentaría un gran desafío. El principal problema que notó es que la densidad del veneno es diferente al del agua, así como su viscosidad, y otros atributos físicos y químicos de ambos líquidos, por lo que debería trabajar en esto. Durante esa última tarea, me toco enfrentar pruebas aún más exigentes. Trident organizó desafíos donde debía lanzar Samegawara seiken desde diferentes ángulos y posiciones inusuales, a veces en medio de intensas simulaciones de combate. No solo debía mantenerse en control de la técnica, sino también evitar cualquier tipo de distracción que afectara su enfoque. Una de las pruebas más difíciles fue una sesión donde Trident me llevó a un área de las ruinas llena de niebla espesa. Allí, debía detectar las pequeñas gotas de agua en el ambiente y lanzarlas con precisión a objetivos ocultos en la oscuridad. La visibilidad era nula, pero el objetivo de la prueba era que aprendiera a sentir el agua sin depender de mis ojos y tomando en cuenta que no podía usar el haki de observación, era todo un desafío. Debía confiar en mis otros sentidos y en su capacidad de conectar con su entorno de una manera profunda.
“Dominar esta técnica es imposible”, exclame con frustración, pues quedaba poco para que terminara el día. “No entiendo como debo ser capaz de detectar las gotas en el ambiente. No es tan tangible como lo es el agua en un arroyo, riachuelo o lago. Ni que decir del agua de mar.”
“Fuguwu, recuerda que el agua se encuentra en todos lados, en todos los seres, en todo el ambiente”, dijo pacientemente el maestro Trident, ajeno a su nuevo comportamiento. “Esta parte del entrenamiento es vital para poder dominar el Samegawara seiken a la perfección. Estoy seguro de que te encontraras en múltiples situaciones donde no dispondrás de una fuente de agua directa a la cual acudir para realizar la técnica. Es, por tanto, de vital importancia que aprendas a detectar la presencia del agua en el ambiente.”, sentenció Trident.
Aunque los primeros intentos fueron desastrosos (fallaba constantemente, incapaz de localizar los objetivos en la niebla), con la orientación paciente de Trident, comencé a entender la clave del ejercicio, era cuestión de concentración y adaptabilidad. El agua, como me había enseñado mi maestro, fluía en cualquier situación, y yo debía aprender a hacer lo mismo. Después de horas de esfuerzo, finalmente logre lanzar un golpe usando el Samegawara seiken con éxito, golpeando a mi objetivo oculto en la niebla con precisión.
“Gowowo wowo ¡Lo he conseguido!”, celebre con emoción.
“Felicidades Fuguwu, has trabajado muy duro y tus esfuerzos han pescado resultados”, dijo Trident saltando de un lado al otro, más feliz que yo al parecer de haber completado el entrenamiento. “Seguro que tienes el potencial para aprender a usar el Haki de Observación a un nivel más avanzado”, comento Trident observándome detenidamente.
“¿Haki aún más avanzado? No lo creo, he conseguido algo nuevo con el de armamento, pero no con el de observación, es muy complicado”, exclame un poco cansado tras el esfuerzo de todo el día, lo que menos necesitaba era una segunda puesta en escena esta vez enfocada con el haki.
“El Haki, estimado alumno, se encuentra en todos los seres al igual que el agua en el ambiente como bien ya sabrás. Sin embargo, como bien indicas, me temo que es demasiado pronto para mejores tu haki de observación, continua tu entrenamiento pues te aseguro que tienes potencial”, dijo Trident terminando la conversación de forma abrupta, como quien cerrara el telón de una escena a la que no tenía acceso aún.
Intrigado, tome nota mental de sus palabras, quizás de nuevo estaba sobre pensando las cosas. Seguro que en mis siguientes encuentros con sus compañeros de división podría discutir si creían que era posible para mi alcanzar un estado de dominio mayor al haki de observación. Cuando llegó la noche recogí mis pocas cosas y me preparé para marchar de regreso al cuartel de la marina. De igual forma, Trident me observó con satisfacción, al parecer había estado a la altura de sus expectativas. Sabía que yo, su alumno, estaba listo para seguir adelante, y también sabía que mi viaje junto con mis compañeros de división en la marina me llevaría a enfrentar nuevos desafíos.
En la mañana, después de un desayuno particularmente grande, Trident me llevó al borde del archipiélago, donde una vieja barca descansaba sobre las ahora calmadas aguas marinas. Aunque desgastada por el tiempo, la barca estaba bien mantenida, con cuerdas firmes y madera robusta. "He observado tu crecimiento, Fuguwu", dijo Trident, con una sonrisa leve pero sincera. "Has dominado el Samegawara seiken, y tu destreza ha alcanzado un nivel digno de los mejores guerreros del Gyojin karate. Entiendo que tu viaje debe continuar, es hora de que continúes tu camino junto con tus nakamas, pero si lo ves a bien, me gustaría despedirte hasta la orilla del cuartel."
Mire la barca y luego a mi maestro. Ahora entendía porque el maestro Gyojin me había acompañado hasta este punto. Juraba que aún me quedaban al menos un par de horas más de camino solitario, si no es que incluso un día completo, para poder proseguir mi camino cosa que no me apetecía demasiado. Sabía lo que este gesto significaba. Trident me estaba entregando algo más que su tiempo y compañía; me estaba dando su amistad cosa que valía muchísimo más que cualquier técnica del mundo.
“Maestro, muchas gracias por todas las lecciones, prometo que su paciencia y dedicación le serán recompensadas con un alumno que lleve su nombre, y el del Gyojin karate, a ser reconocido en todo el mundo. Espero nuestra amistad perdure más allá de nuestros días.”, dije con determinación.
"Has aprendido mucho, Fuguwu", dijo Trident, observando el horizonte. "Pero recuerda que el viaje del guerrero nunca termina. El dominio de la técnica es solo una parte; el verdadero desafío será siempre mantener la calma interior."
Asentí y subí a la barca, sintiendo que no solo estaba partiendo hacia un nuevo destino físico, sino también hacia un nuevo capítulo en mi vida. Después de que Trident montara en la barca partimos de esta zona del archipiélago, llevando conmigo las lecciones que había aprendido durante el entrenamiento. Había perfeccionado el Yonsenmaigawara seiken y, ahora, Samegawara seiken, dos técnicas que lo definían como un guerrero más completo y más en sintonía consigo mismo. El maestro Trident Glam había desempeñado un papel crucial, no solo como instructor, sino también como guía para que encontrara el equilibrio entre mis emociones y mi fuerza física. Mientras las olas nos llevaban hacia la zona de manglares donde se encontraba el cuartel general de la marina, platicaba con mi maestro sobre lo que había aprendido, no solo en términos de combate, sino recordando todos los errores ahora con risas y burlas como se llevan dos amigos que se conocen de años. Sabía que la venganza por lo ocurrido a Fugowo seguía acechando en mi corazón, pero las enseñanzas y la amistad de Trident me habían mostrado que debía ser paciente, que actuar por impulso solo me llevaría al caos.
El viaje de regreso solo duró un par de horas, bendita barca, hubiera tomado días a pie asumiendo que no me encontrara con problemas de por medio. La imagen de Fugowo, mi hermano mayor, aparecía en mi mente una y otra vez. Siempre había sentido una profunda culpa por el destino de mi hermano, secuestrado y esclavizado por mi imprudencia. Esa culpa había alimentado mi deseo de convertirse en un guerrero fuerte, y ahora, con dos técnicas poderosas a mi disposición, debía decidir cómo utilizar mi fuerza. El maestro Trident me había advertido sobre los peligros de actuar con resentimiento en el corazón. Yo había escuchado sus palabras, y aunque sabía que tenía razón, también sentía que mi responsabilidad hacia Fugowo me empujaba en la dirección contraria. Pero ahora, despidiéndome de mi maestro en medio del vasto océano, mis pensamientos tomaban una claridad que antes no tenía. Debía mantener mi misión enfocada en mi crecimiento personal y encontrar mi propio camino antes de buscar rescatar a Fugowo.
“Gracias por todo maestro, no, amigo, espero poder visitarle de nuevo antes de partir del archipiélago.” – me despedí con sentimientos encontrados de tristeza y alegría.
“Cuando quieras, my besto friendo, eres bienvenido cuando gustes.” – contesto Trident despidiéndose, dejándome ver por última vez aquellos músculos impactantes, la corona brillando con los últimos rayos del sol cayendo sobre el océano.
El viaje de regreso había sido solo el comienzo de un capítulo aún más grande. Estaba preparado para lo que viniera, con la certeza de que cada técnica, cada lección aprendida en el archipiélago Sabaody me estaba fortalecido para enfrentar los desafíos que el destino me tenía reservado.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
58
211
193
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0
El sonido de los vasos y el tintineo de botellas me envolvieron mientras dejaba que la revelación del bar y el camarero, ambos Zanators, se asentaran en mi mente. Por fuera, el lugar parecía un típico bar de pueblo en medio de ninguna parte, con un letrero que colgaba sobre la entrada en madera vieja, tallada a mano con el nombre de Zanators en letras elegantes y claras. Sin embargo, una vez adentro, estaba sorprendido por el nivel de cuidado en cada detalle.
Apoyado en la barra, tras tomar mi segundo trago de whisky single malt, disfrutando de cada sorbo, admire el vaso en el que había sido servido. El vaso tenía un diseño simple, pero fino, de un vidrio que parecía tan cristalino que casi reflejaba el cálido brillo del lugar. Noté que toda la cristalería en la barra era igual de impecable; sin una sola marca, sin un borde astillado.
La barra, construida de una madera oscura y gruesa, recordaba esas cantinas del viejo oeste, pero era evidente que aquí todo estaba meticulosamente conservado. Cada borde y cada veta de la madera parecían lustradas a mano, y cada vez que apoyaba el vaso, el eco de mis golpes suaves se sentía como un pequeño saludo entre dos viejos amigos. El barniz tenía un tono cálido que capturaba la luz de las lámparas del techo, reflejando una especie de brillo dorado, como si el propio lugar quisiera ofrecer su hospitalidad.
Detrás de la barra, Zanators, el dueño del lugar, limpiaba otro vaso con una dedicación casi ceremoniosa. Su rostro era el de un hombre curtido, pero de expresión tranquila y afable. Vestía como un bartender de otra época, con chaleco oscuro y una camisa blanca pulcra. A pesar de su apariencia, parecía llevarse bien con la modernidad del lugar. Cada vez que preparaba una bebida, sus manos se movían con destreza y respeto, casi como si cada cliente mereciera su propio espectáculo.
El ambiente del bar era acogedor y al mismo tiempo imponente. Las paredes estaban cubiertas de fotografías en blanco y negro, algunas de lo que parecían ser otras tierras, otras de barcos que parecían navegar en mares desconocidos. Había detalles que me hacían sentir en un lugar de otro siglo: espejos con marcos dorados, estanterías de madera robusta cargadas de botellas de distintas formas y tamaños, y lámparas de techo que colgaban con delicadeza, dando una luz tenue, pero suficiente para ver cada rincón.
Noté que el suelo era de tablones de madera, gruesos y sólidos, tan bien cuidados que no crujían al caminar. Los pies de mis botas parecían resonar de manera sutil, mezclándose con las notas suaves de un piano en el fondo. Me di cuenta de que, si bien la atmósfera evocaba un viejo oeste polvoriento, aquí no había nada dejado al azar; cada rincón, cada objeto estaba en su lugar, limpio y en perfecto estado.
El camarero me sirvió de la misma botella de whisky por tercera ocasión. Al levantar el vaso para otro sorbo, admiré el leve sonido del hielo moviéndose. En cada sorbo, el whisky deslizaba su aroma por mis sentidos, y mientras cerraba los ojos, parecía que me transportaba a lugares más antiguos, a costas lejanas.
Fuguwu pasa a tener el efecto “ebrio” por llevar 3 turnos bebiendo on-rol.
Cualquiera es bienvenido a interactuar en este post puramente social.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
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Mientras saboreaba mi tercer trago de whisky, la puerta del bar se abrió con un chirrido suave. Un hombre de edad avanzada entró cojeando, apoyándose en un bastón de madera tallada. Su rostro estaba surcado por arrugas profundas y su piel curtida hablaba de años bajo el sol inclemente del mar. Se sentó pesadamente en un taburete a mi lado, sus ojos grises escudriñando el bar con una mirada penetrante.
"Lo de siempre, Zanators," gruñó con voz ronca.
El camarero asintió y le sirvió un vaso de ron oscuro sin decir palabra. El anciano tomó un largo trago y exhaló con satisfacción, girándose luego hacia mí.
El hombre me miró con una mezcla de curiosidad y desconfianza. No era raro encontrarse con extraños en un bar, y mucho menos a esta hora de la noche. Sin embargo, decidí no prestarle mucha atención y continué disfrutando de mi whisky.
Pero el hombre no parecía estar dispuesto a dejarme en paz. Se acomodó en su taburete y me observó fijamente durante unos minutos antes de hablar.
"¿Qué hace un Gyojin como usted en este lugar?" preguntó, con un tono que denotaba cierta hostilidad.
Me quedé unos segundos pensando cómo responder. No quería revelar demasiado sobre mí al extraño, pero tampoco quería provocar una confrontación innecesaria.
"Soy solo un viajero buscando un lugar para descansar," respondí finalmente, con algo de dificultad debido al efecto de ebriedad que el whisky había dejado en mí y con una sonrisa falsa.
El anciano se encogió de hombros y tomó otro trago de su ron. Parecía satisfecho con mi respuesta, aunque aún seguía mirándome con cierta sospecha.
"Pues ha encontrado el lugar perfecto," dijo, señalando con su cabeza alrededor del bar. "Este es uno de los pocos lugares donde todavía se puede encontrar algo de autenticidad."
Miré nuevamente alrededor, tratando de entender a qué se refería el hombre. Todo parecía perfectamente elaborado para mantener esa sensación de nostalgia por tiempos pasados, pero aún así había algo diferente en este lugar.
"Cada objeto aquí tiene una historia," continuó el anciano mientras señalaba las fotografías colgadas en la pared. "Y Zanators es el único que las conoce todas."
No pude evitar sentirme intrigado. ¿Quién era este Zanators y por qué era el único que conocía las historias detrás de cada objeto en este bar?
El anciano notó mi interés y continuó hablando. "Zanators es un hombre sabio, ha vivido aquí toda su vida. Ha visto pasar muchas cosas en este lugar, incluyendo a los dueños del bar."
"¿Los dueños?" pregunté, curioso.
"Sí, este bar ha cambiado de manos muchas veces a lo largo de los años," dijo el anciano con una sonrisa irónica. "Pero Zanators siempre se ha mantenido aquí como si nada hubiera cambiado, como si fuera el único hilo conductor entre todas las historias que se han vivido aquí."
Me quedé pensando en sus palabras mientras le daba otro trago a mi whisky. ¿Cómo podía ser posible que una persona se mantuviera tan fiel a un lugar a través de tantos cambios? Me intrigaba aún más la figura de este Zanators.
De repente, el anciano se puso en pie con dificultad y apoyándose en su bastón comenzó a caminar hacia la salida.
"Es hora de irme," dijo antes de desaparecer por la puerta.
Miré hacia el reloj encima del bar y noté que ya había pasado bastante tiempo desde mi llegada al lugar. Tal vez era hora también para mí de seguir adelante.
Me acerqué a la barra para pagar mi cuenta cuando vi algo que me llamó la atención. Detrás del mostrador había una fotografía antigua enmarcada en un marco dorado. En ella se podía ver al anciano que acababa de salir del bar junto con otro hombre más joven parados frente al edificio del bar.
"Disculpa Zanators ¿conoces de algo al anciano que se acaba de ir?" pregunté al camarero y dueño del bar.
“Es solo un cliente más de este bar, Fuguwu, no se lo tengas en cuenta. Le gusta hacerse el misterioso y magnificar historias que no son del todo ciertas, aunque tampoco mentira." respondió el camarero con impasibilidad en su rostro.
No sabia si creerle o no, pero se estaba haciendo tarde ya y tenia que conseguir donde dormir por lo que por esta ocasión lo dejaría pasar.
Preguntándole al camarero por recomendaciones de donde dormir, me dijo que aquí mismo contaban con un par de habitaciones las cuales rentaban a un precio bastante decente por lo que acepté la oferta y me fui a dormir un poco mareado y con la curiosidad por saber si de verdad este Zanators era alguien más que una figura escondida detrás de una barra de bar.
De momento termina la primera noche en el bar. Si a alguien le interesa el post por rolear y ganar PR si lo puede hacer asumiendo que es la mañana del dia siguiente y estan sirviendo el desayuno lo agradeceria.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
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0
20-12-2024, 08:53 PM
(Última modificación: 23-02-2025, 10:45 PM por Fuguwu.)
A la mañana siguiente la música con el volumen al máximo me despertó.
Era una canción bastante movida con muy buen ritmo que sin embargo no lograba apreciar por la hora y el bendito dolor de cabeza que me palpitaba hasta las sienes.
Vi ahí, cagua aquel
Olvídate que ya no traen nada para cantar
Solamente les trae la historia
Del gato volador
El gato volador
El gato volador
El gato volador
Mientras seguía la canción sonando, sin mayor remedio suspire fuertemente y me levanté de la cama. Esperaba que un poco de agua caliente ayudara con el dolor de cabeza por lo que poniendo el agua de la ducha lo más caliente posible me metí a bañar.
La música sonaba tan fuerte que incluso llegaba a oírla (aunque en menor potencia) mientras tomaba el baño.
Dice así
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Fue horrible
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
¿Es este el tipo de musica que escuahba Zanators todos los dias? Que tipo más curioso, para alguien que anoche parecía bastante reservado en la mañana mostraba un lado completamente diferente.
Dice así
Hago como iguana
Hago como mosquito
Hago como pollito
Hago como ballena
Hago como vaca, muuu
Pero ustedes lo que quieren es
El gato volador
El gato volador
El gato volador
El gato volador
"Gowowo wowowo, ¿que clase de letra es esa? No tiene ningun sentido, y sin embargo es bastante pegajosa" - pense mientras salia de la ducha a medio bailar siguiendo el ritmo de la cancion.
Hubo una fiesta en mi barrio
Llegó Don Gato, llegó el gato Tom
Llegó el gato Félix, llegó Silvestre
También vino Garfield, pero hacía falta un gato
¿Saben quién es?
El gato volador
El gato volador
Porquería de canción
El gato volador
El gato volador
A decir verdad era una cancion que si solo leyeras la letra pensarias que es un bodrio. Sin embargo, la letra era solo una excusa (a mi parecer) para traer el ritmo increible de la cancion, un ritmo que iba algo asi como 'tumpa tumpa'. Me tengo que aprender esta ocasion, seguro que sera un exito para cuando salga de esta isla.
Dice así
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Fue horrible
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Cuhana-cuhana-cuha, cuhana-cuhana-cuha
Intentaba terminar de vestirme mientras bailaba cosa que resulto fatal pues termine en el suelo intentando ponerme los pantalones abonbados y una camisa de tirantes, completando el conjunto con un cinturon para sujetar los pantalones. No llevaba ningun tipo de calzado ni gorra, por lo que mi cabeza calva disfrutaba de la brisa matutina que entro en el cuarto al abrir la ventana.
Esta es la historia de un gato que no se sabe nada
Nadie supo en vida lo que le pasaba
Llamaron al Gato con Botas, traigan las pelotas, parecían pendejotas
No sabía lo que pasaba, ni lo que sucedía
Cuando ese gato a mi casa se metía
No caminaba, ni se arrastraba
Él volaba porque es
El gato volador
El gato volador
El gato volador
El gato volador
Tú no lo sabes, no sabes cómo tú haces que yo me ría
Terminaba la cancion a la vez que yo bajaba las escaleras disponiendome a desayunar, ignorando el dolor de cabeza que aun latia fuertemente a causa del escandalo (y del whisky, seguramente).
“Al menos tiene un color ámbar bonito” – pensé, después de ingerir el shot de un solo trago.
“!Gowoooooo!” – exclamé tras dar el primer sorbo. Había pegado una buena bocanada como si de agua se tratara, grave error. Al instante siguiente de tomar la bebida sentía como mi garganta se calentaba hasta el punto de pensar que iba a explotar en fuego, un par de segundos después, una sensación similar invadió mi estomago el cual estaba vacío tras pasar el día entero dentro de las fauces de Moby Dick o como sea que se llamara mi taxi ballena – no había tenido tiempo a preguntarle su nombre.
Mientras ponía cara de asco y la toz me empezaba a invadir, podía escuchar como el camarero se reía sonoramente. Era una risa curiosa en realidad, parecía mas el llamado de un pájaro que una risa normal, aunque en retrospectiva, mucha gente que había visto pasar en la Isla Gyojin tenían risas bastante características.
“Kiiikiiki kiiki ki, ¿primera vez probando las mieles de la malta joven tritón?” – preguntó el camarero poniendo algo mas de curiosidad en mi presencia de la que había mostrado inicialmente al pedir el vaso de whisky. “Si me permites una recomendación, el whisky que te serví, como toda bebida de este bar, se disfruta mejor a ligeros sorbos.”
Un poco avergonzado, acepte el consejo del camarero, pero antes de retomar mi batalla con el whisky, quería hacerle mas preguntas.
“Así que sorbos ligeros, entiendo. Hay algo mas que deba saber para mejorar la experiencia” – pregunte con curiosidad.
“En realidad es que hay múltiples formas de disfrutar un buen whisky. Los más puritanos te dirán que el single malt solo se bebe en las rocas, incluso los hay quienes les parece un despropósito ponerle hielo al whisky. Sin embargo, si le preguntas a los maestros que destilan este licor, te dirán que el whisky se puede disfrutar con hielo, sin hielo, con agua, sin agua, con cola o sin cola, lo importante es que consigas el sabor que disfrutes tú, no lo que otros opinen de como bebes.” – sermoneó el camarero bastante feliz de que le haya preguntado al parecer.
Al final sentencio su discurso con una frase que se quedaría guardada en el fondo de mi ser, como si el consejo de mi padre se tratara – “En el whisky, como en la vida, nadie es dueño de la verdad absoluta”.
“Ya veo, pero es me deja con dos opciones según lo veo. O bien sigo tomando sin más, solo que a sorbos ligeros, o pruebo todas las combinaciones posibles y me vuelvo un alcohólico en el proceso, gowowo wowowo.” – conteste riendo, empezando a sentirme un poco ligero. “Tu que me recomiendas camarero”.
“Pues por supuesto que te recomendaría la segunda opción, siendo este mi bar me conviene que gastes todo tu dinero aquí, o si te quedas en la ruina podría emplearte de lavaplatos hasta que pagaras tu deuda. Pero, eso ya lo decidirás tu.” – aseveró con un poco de picardía en su tono de voz. Sin decir nada más, se puso a limpiar un vaso similar al que yo tenía con media bebida aún sin acabar.
“No vas a volver a probar tu bebida joven sireno.” – preguntó el camarero luego de un momento en silencio mientras me miraba de reojo.
“Sigo cavilando sobre las diferentes opciones que tengo.” – contesté – “¿Cómo me recomiendas tomarlo? ¿Cómo lo sueles tomar tú?”.
“Tal cual te lo serví” – dijo el camarero con orgullo – “El vaso es importante, porque según la forma resalta los aromas antes de tomar el whisky, el hielo balancea el porcentaje de alcohol de este whisky específico que te serví, y el whisky por supuesto es de la mejor calidad para su edad. Solo te hace falta tomarlo con calma, inicia por acercarte el vaso y huele los aromas que suelta el whisky, luego, toma un ligero sorbo y retenlo en la boca, deja que tu lengua saboree las diferentes notas que se le agregaron y el sabor de la barrica, finalmente, digiérelo, ver ás la diferencia contra tu primer trago”.
Un poco atónito por el ‘crash curse’ en ‘whisky 101’ que me había dado el camarero, di mi segundo trago siguiendo sus instrucciones. La verdad es que era increíble la diferencia, el aroma que soltaba el whisky era a caramelo con un deje de chocolate muy tenue, casi imperceptible. El sabor me parecía mas complejo de describir, las notas de naranja se peleaban con las de nueces y caramelo, al final, quedaba un regusto a especias cálidas que no sabría como diferenciar.
“Wow, esto está muy bueno.” – exclame tras pasar aquel sorbo. “Muchas gracias camarero. Por cierto, mi nombre es Fuguwu y soy un Gyojin de la Isla Gyojin, no un triton ni un sireno como mencionaste anteriormente”.
“Mucho gusto joven Fuguwu. Bienvenido al bar Zanators. El bar lleva el nombre del dueño quien se dedica a preparar bebidas en su tiempo libre y a conocer nuevos clientes interesados en una buena charla y un buen vaso de whisky.” – contestó el camarero, que en realidad era el dueño, con una sonrisa mientras continuaba limpiando los vasos de su repisa.
El sonido de los vasos y el tintineo de botellas me envolvieron mientras dejaba que la revelación del bar y el camarero, ambos Zanators, se asentaran en mi mente. Por fuera, el lugar parecía un típico bar de pueblo en medio de ninguna parte, con un letrero que colgaba sobre la entrada en madera vieja, tallada a mano con el nombre de Zanators en letras elegantes y claras. Sin embargo, una vez adentro, estaba sorprendido por el nivel de cuidado en cada detalle.
Apoyado en la barra, tras tomar mi segundo trago de whisky single malt, disfrutando de cada sorbo, admire el vaso en el que había sido servido. El vaso tenía un diseño simple, pero fino, de un vidrio que parecía tan cristalino que casi reflejaba el cálido brillo del lugar. Noté que toda la cristalería en la barra era igual de impecable; sin una sola marca, sin un borde astillado.
La barra, construida de una madera oscura y gruesa, recordaba esas cantinas del viejo oeste, pero era evidente que aquí todo estaba meticulosamente conservado. Cada borde y cada veta de la madera parecían lustradas a mano, y cada vez que apoyaba el vaso, el eco de mis golpes suaves se sentía como un pequeño saludo entre dos viejos amigos. El barniz tenía un tono cálido que capturaba la luz de las lámparas del techo, reflejando una especie de brillo dorado, como si el propio lugar quisiera ofrecer su hospitalidad.
Detrás de la barra, Zanators, el dueño del lugar, limpiaba otro vaso con una dedicación casi ceremoniosa. Su rostro era el de un hombre curtido, pero de expresión tranquila y afable. Vestía como un bartender de otra época, con chaleco oscuro y una camisa blanca pulcra. A pesar de su apariencia, parecía llevarse bien con la modernidad del lugar. Cada vez que preparaba una bebida, sus manos se movían con destreza y respeto, casi como si cada cliente mereciera su propio espectáculo.
El ambiente del bar era acogedor y al mismo tiempo imponente. Las paredes estaban cubiertas de fotografías en blanco y negro, algunas de lo que parecían ser otras tierras, otras de barcos que parecían navegar en mares desconocidos. Había detalles que me hacían sentir en un lugar de otro siglo: espejos con marcos dorados, estanterías de madera robusta cargadas de botellas de distintas formas y tamaños, y lámparas de techo que colgaban con delicadeza, dando una luz tenue, pero suficiente para ver cada rincón.
Noté que el suelo era de tablones de madera, gruesos y sólidos, tan bien cuidados que no crujían al caminar. Los pies de mis botas parecían resonar de manera sutil, mezclándose con las notas suaves de un piano en el fondo. Me di cuenta de que, si bien la atmósfera evocaba un viejo oeste polvoriento, aquí no había nada dejado al azar; cada rincón, cada objeto estaba en su lugar, limpio y en perfecto estado.
El camarero me sirvió de la misma botella de whisky por tercera ocasión. Al levantar el vaso para otro sorbo, admiré el leve sonido del hielo moviéndose. En cada sorbo, el whisky deslizaba su aroma por mis sentidos, y mientras cerraba los ojos, parecía que me transportaba a lugares más antiguos, a costas lejanas.
Mientras saboreaba mi tercer trago de whisky, la puerta del bar se abrió con un chirrido suave. Un hombre de edad avanzada entró cojeando, apoyándose en un bastón de madera tallada. Su rostro estaba surcado por arrugas profundas y su piel curtida hablaba de años bajo el sol inclemente del mar. Se sentó pesadamente en un taburete a mi lado, sus ojos grises escudriñando el bar con una mirada penetrante.
"Lo de siempre, Zanators," gruñó con voz ronca.
El camarero asintió y le sirvió un vaso de ron oscuro sin decir palabra. El anciano tomó un largo trago y exhaló con satisfacción, girándose luego hacia mí.
El hombre me miró con una mezcla de curiosidad y desconfianza. No era raro encontrarse con extraños en un bar, y mucho menos a esta hora de la noche. Sin embargo, decidí no prestarle mucha atención y continué disfrutando de mi whisky.
Pero el hombre no parecía estar dispuesto a dejarme en paz. Se acomodó en su taburete y me observó fijamente durante unos minutos antes de hablar.
"¿Qué hace un Gyojin como usted en este lugar?" preguntó, con un tono que denotaba cierta hostilidad.
Me quedé unos segundos pensando cómo responder. No quería revelar demasiado sobre mí al extraño, pero tampoco quería provocar una confrontación innecesaria.
"Soy solo un viajero buscando un lugar para descansar," respondí finalmente, con algo de dificultad debido al efecto de ebriedad que el whisky había dejado en mí y con una sonrisa falsa.
El anciano se encogió de hombros y tomó otro trago de su ron. Parecía satisfecho con mi respuesta, aunque aún seguía mirándome con cierta sospecha.
"Pues ha encontrado el lugar perfecto," dijo, señalando con su cabeza alrededor del bar. "Este es uno de los pocos lugares donde todavía se puede encontrar algo de autenticidad."
Miré nuevamente alrededor, tratando de entender a qué se refería el hombre. Todo parecía perfectamente elaborado para mantener esa sensación de nostalgia por tiempos pasados, pero aún así había algo diferente en este lugar.
"Cada objeto aquí tiene una historia," continuó el anciano mientras señalaba las fotografías colgadas en la pared. "Y Zanators es el único que las conoce todas."
No pude evitar sentirme intrigado. ¿Quién era este Zanators y por qué era el único que conocía las historias detrás de cada objeto en este bar?
El anciano notó mi interés y continuó hablando. "Zanators es un hombre sabio, ha vivido aquí toda su vida. Ha visto pasar muchas cosas en este lugar, incluyendo a los dueños del bar."
"¿Los dueños?" pregunté, curioso.
"Sí, este bar ha cambiado de manos muchas veces a lo largo de los años," dijo el anciano con una sonrisa irónica. "Pero Zanators siempre se ha mantenido aquí como si nada hubiera cambiado, como si fuera el único hilo conductor entre todas las historias que se han vivido aquí."
Me quedé pensando en sus palabras mientras le daba otro trago a mi whisky. ¿Cómo podía ser posible que una persona se mantuviera tan fiel a un lugar a través de tantos cambios? Me intrigaba aún más la figura de este Zanators.
De repente, el anciano se puso en pie con dificultad y apoyándose en su bastón comenzó a caminar hacia la salida.
"Es hora de irme," dijo antes de desaparecer por la puerta.
Miré hacia el reloj encima del bar y noté que ya había pasado bastante tiempo desde mi llegada al lugar. Tal vez era hora también para mí de seguir adelante.
Me acerqué a la barra para pagar mi cuenta cuando vi algo que me llamó la atención. Detrás del mostrador había una fotografía antigua enmarcada en un marco dorado. En ella se podía ver al anciano que acababa de salir del bar junto con otro hombre más joven parados frente al edificio del bar.
"Disculpa Zanators ¿conoces de algo al anciano que se acaba de ir?" pregunté al camarero y dueño del bar.
“Es solo un cliente más de este bar, Fuguwu, no se lo tengas en cuenta. Le gusta hacerse el misterioso y magnificar historias que no son del todo ciertas, aunque tampoco mentira." respondió el camarero con impasibilidad en su rostro.
No sabia si creerle o no, pero se estaba haciendo tarde ya y tenia que conseguir donde dormir por lo que por esta ocasión lo dejaría pasar.
Preguntándole al camarero por recomendaciones de donde dormir, me dijo que aquí mismo contaban con un par de habitaciones las cuales rentaban a un precio bastante decente por lo que acepté la oferta y me fui a dormir un poco mareado y con la curiosidad por saber si de verdad este Zanators era alguien más que una figura escondida detrás de una barra de bar.
El bar Zanators había cambiado por completo.
La penumbra cálida y misteriosa de la noche anterior había cedido su lugar a un ambiente luminoso y aireado. Las cortinas que antes oscurecían las ventanas ahora estaban recogidas, dejando entrar la luz del sol de la mañana. Los tonos cálidos del barniz en la madera brillaban con mayor intensidad, y las lámparas doradas parecían más humildes bajo la claridad natural. Las mesas habían sido reorganizadas en una disposición más abierta, dejando un amplio espacio en el centro para un largo buffet lleno de comida que invitaba con su sola presencia.
El buffet era un espectáculo en sí mismo. En una mesa alargada cubierta con un mantel blanco impecable, se ofrecía una variedad que combinaba lo tradicional con lo indulgente. Había bandejas de huevos revueltos con hierbas frescas, salchichas doradas que soltaban un aroma ahumado, y tiras de tocino perfectamente crujientes. Junto a ellas, una sección más ligera mostraba yogur servido en pequeños tarros de cristal, cada uno coronado con una cucharada de miel dorada o un puñado de frutos secos. Había una cesta grande con croissants y panecillos recién horneados, sus bordes aún brillantes por el toque de mantequilla.
En el extremo de la mesa, una estación de frutas ofrecía una paleta de colores vivos: rebanadas de piña jugosa, racimos de uvas, trozos de melón anaranjado y kiwi verde. Al lado, pequeñas tazas de vidrio contenían mermeladas caseras (frambuesa, naranja amarga, e incluso una de higo que parecía recién preparada esa mañana), dispuestas junto a un bloque de mantequilla fresca y un cuchillo de madera.
El café era protagonista por sí mismo. En una gran cafetera de cobre reluciente, burbujeaba y exhalaba un aroma reconfortante, mientras que al lado había un hervidor de té con una selección de bolsitas ordenadas en una bandeja de madera. Zanators, siempre impecable en su presentación, había cambiado ligeramente su atuendo: su chaleco oscuro seguía allí, pero ahora llevaba las mangas arremangadas y un delantal limpio atado a la cintura.
“Buenos días, Fuguwu” – dijo desde detrás de la barra, mientras reorganizaba algunas tazas. “Espero que tengas hambre.”
El resto del bar había sido adaptado para la ocasión. Los estantes que la noche anterior albergaban botellas de licor ahora estaban decorados con pequeños floreros de cerámica que contenían hierbas frescas: albahaca, menta y romero. En las paredes, las fotografías en blanco y negro seguían allí, pero parecían cobrar vida con la luz de la mañana, como si quisieran contarme nuevas historias.
Tomé asiento cerca de una ventana, desde donde podía ver el puerto aún medio dormido. Zanators se acercó con una jarra de café y una taza, sirviendo con la misma destreza que había demostrado al preparar cócteles.
“El desayuno aquí es buffet, pero si necesitas algo especial, dímelo. La cocina está abierta, y las ideas también.” – su sonrisa era cálida, como el primer sorbo del café que tomé después.
Mientras me levantaba para explorar el buffet, mis sentidos se llenaron de los sonidos del bar transformado: platos y cubiertos tintineando suavemente, el murmullo de conversaciones bajas, y la radio, que ahora tocaba una melodía más tranquila pero igual de animada. Este lugar no era solo un bar ni un restaurante; era un refugio donde cada momento del día tenía su propia personalidad.
El bar convertido en restaurante matutino era una obra de arte en sí mismo. La decoración, aunque sencilla, estaba cuidadosamente diseñada para transmitir una sensación de calidez y acogida. En las paredes, además de las fotografías en blanco y negro, colgaban pequeños cuadros con motivos marineros: nudos náuticos enmarcados, mapas antiguos de islas desconocidas y la reproducción de un astrolabio, que parecía contar historias de viajes lejanos. Las lámparas de techo, que la noche anterior habían creado una atmósfera tenue, ahora brillaban con un cálido resplandor gracias a las bombillas cubiertas con pantallas de vidrio esmerilado.
Sobre cada mesa había pequeños floreros de cerámica rústica, hechos a mano, que contenían una mezcla de flores silvestres y hierbas aromáticas. Los manteles a cuadros aportaban un aire hogareño, y las sillas de madera, con respaldos altos y cómodos cojines, parecían invitar a quedarse un rato más de lo necesario. La luz natural que entraba por las ventanas no solo iluminaba el espacio, sino que hacía que todo pareciera más vibrante, como si el lugar mismo cobrara vida con el sol de la mañana.
El espacio era pequeño, con solo cuatro mesas dispuestas de manera estratégica para no sentirse apretadas. Dos de ellas estaban vacías, lo que hacía que el ambiente fuera aún más tranquilo. Una familia de tres personas ocupaba una mesa en el centro del salón: una pareja con un niño pequeño que no podía tener más de cinco años. El niño, entretenido con un pequeño juguete de madera, parecía ajeno a la manera en que Zanators manejaba todo el lugar por sí mismo.
Zanators era un espectáculo digno de admirar. Con movimientos rápidos y precisos, se desplazaba entre la barra, el buffet y las mesas como si estuviera coreografiando una danza. A veces se detenía en la cocina, que estaba parcialmente visible a través de una pequeña ventana con un marco decorativo de hierro forjado. Desde allí, podía oírse el chisporroteo de algo friéndose o el sonido rítmico de un cuchillo cortando verduras.
“Aquí tienes, pequeño marinero.” – dijo Zanators al depositar un plato frente al niño, quien lo recibió con una sonrisa tímida. El plato contenía una tostada con forma de barco, decorada con mermelada para simular velas y un pequeño mástil de fruta.
Luego, sin perder el ritmo, se acercó a la mesa de los padres para ofrecer más café, intercambiando algunas palabras amistosas antes de girar y dirigirse hacia mí. Aunque parecía que no tenía un segundo libre, su semblante nunca reflejaba prisa ni estrés.
“Fuguwu, ¿todo bien? Si necesitas algo más, avísame. No quiero que te vayas sin probar las tostadas francesas. Las hago con un toque de vainilla y canela.”
Asentí con una sonrisa, sorprendido por su energía y eficiencia. Mientras servía una bebida caliente a los padres, escuché cómo canturreaba la melodía de la radio que seguía en el fondo, como si el trabajo interminable fuera más una costumbre que una carga. A pesar de ser el único chef, mesero y anfitrión del lugar, manejaba todo con una maestría que solo podía provenir de años de experiencia.
El ambiente, aunque sencillo, se sentía lleno de vida gracias a estos pequeños detalles. La combinación de la música, los aromas y la atención de Zanators hacía que el lugar pareciera mucho más grande de lo que realmente era, como si tuviera una personalidad propia que se adaptaba a cada momento del día.
La barra, que la noche anterior era el centro de atención con sus botellas perfectamente alineadas, ahora servía como un improvisado mostrador de buffet. Encima, se desplegaba un festín matutino que parecía mucho más elaborado de lo que uno esperaría en un lugar tan pequeño. Grandes bandejas de metal mantenían los alimentos calientes gracias a pequeñas velas colocadas estratégicamente debajo. El vapor ascendía en suaves espirales, llevando consigo los aromas de huevos revueltos, tocino perfectamente crujiente y salchichas especiadas. Junto a estos platos calientes, había una selección de panes artesanales, desde hogazas rústicas hasta panecillos dulces espolvoreados con azúcar glas.
Un rincón de la barra estaba dedicado a frutas frescas, cuidadosamente cortadas en trozos pequeños. Había melones, piñas y uvas dispuestas en un patrón ordenado, junto a pequeños tazones de yogur natural y miel. Al lado, una serie de jarras de vidrio contenían bebidas: jugo de naranja, de manzana y un agua fresca con rodajas de limón y hojas de menta que resultaba especialmente refrescante.
Sobre el buffet, una pequeña pizarra con bordes de madera desgastada tenía escrito el menú del día en una caligrafía cursiva y algo inclinada, como si Zanators la hubiera escrito apresuradamente mientras organizaba todo. ‘Desayuno del Emperador’ decía en letras grandes, seguido por una lista detallada de opciones:
- Huevos al gusto
- Tostadas francesas con miel de maple casera
- Avena con frutas y canela
- Ensalada fresca de verano
- Café recién molido o té de hierbas
- Panecillos dulces y salados
La pizarra, aunque sencilla, tenía pequeños dibujos de barcos y anclas en las esquinas, un toque juguetón que añadía personalidad al lugar.
Zanators seguía manejando todo como si el tiempo no lo afectara. Se deslizaba detrás de la barra para rellenar las bandejas de comida mientras llevaba un plato a la mesa de la familia. Luego regresaba rápidamente a la cocina, de donde salía con una cafetera humeante en cada mano. Su chaleco oscuro estaba ahora desabrochado, y la manga de su camisa blanca arremangada dejaba entrever un antebrazo marcado por años de trabajo físico. Aunque había sudor en su frente, no parecía quejarse ni un instante.
“¡Aquí viene el café!” – dijo con entusiasmo mientras servía en las tazas de porcelana. Su voz, aunque algo ronca, tenía un tono cálido que daba la impresión de que no importaba lo ocupado que estuviera, siempre tenía tiempo para un cliente.
Noté que incluso mientras se movía a toda velocidad, encontraba formas de hacer sentir a cada persona especial. A la madre de la familia le recomendó probar la avena con un toque extra de canela, mientras que al padre le ofreció un trozo de queso que había traído especialmente esa mañana. Cuando llegó a mi mesa, dejó un plato con tostadas francesas y dijo:
“Un regalo de la casa, para que me digas si son mejores que el whisky que probaste anoche.”
A pesar de la aparente falta de tiempo, Zanators siempre tenía una palabra amable o un gesto personal que hacía que el desayuno se sintiera más como una reunión entre amigos que como un simple servicio.
El lugar, con su decoración acogedora y el aroma a café y comida recién hecha, parecía pertenecer a un mundo aparte. Fuera del bar, la vida podía ser caótica, pero aquí, entre las flores silvestres en las mesas y el sonido constante pero no molesto de los cubiertos, el tiempo parecía detenerse.
Incluso la familia, que inicialmente parecía algo reservada, comenzó a conversar animadamente mientras Zanators pasaba a su lado con una bandeja. El niño reía al morder su tostada en forma de barco, y por un momento, pensé que este pequeño B&B era más que un lugar para comer; era un refugio donde cada detalle, desde el menú hasta el servicio, estaba diseñado para hacerte sentir como en casa.
Me acerqué al buffet, y mi primera impresión fue que cada plato parecía una pequeña obra de arte, cuidadosamente preparado y presentado con una perfección casi intimidante. Los aromas se entrelazaban en el aire, dulces y salados, creando una sinfonía que invitaba a probar todo. Mis ojos recorrieron la mesa, y finalmente me decidí a comenzar.
Huevos revueltos con hierbas frescas y mantequilla clarificada
El color dorado de los huevos me atrapó al instante, y las finas motas de hierbas verdes parecían pintadas a mano. Al llevar el primer bocado a la boca, la textura esponjosa y cremosa se deshacía suavemente, mientras las hierbas liberaban un sabor fresco que contrastaba con la calidez de la mantequilla. Cerré los ojos un momento, dejando que ese primer bocado llenara todos mis sentidos.
Pancakes con miel de flores silvestres y frutas frescas
Eran pequeños montículos perfectamente redondeados, casi brillantes bajo la luz tenue del lugar. La miel caía en finos hilos dorados, pegándose como un manto sobre la superficie dorada de los pancakes. Cuando probé un trozo, la dulzura floral de la miel explotó, equilibrándose con la acidez sutil de los arándanos frescos que la acompañaban. Era una mezcla que hablaba de mañanas soleadas, aunque el día estuviera gris afuera.
Salchichas caseras glaseadas en reducción de maple y especias
Estas pequeñas maravillas brillaban con un glaseado que parecía prometer todo lo bueno del mundo. Al morder una, la capa externa ofrecía una resistencia leve antes de desmoronarse, liberando un sabor robusto, ahumado, con toques dulces y especiados. El maple, con su dulzura rica y terrosa, parecía un abrazo cálido que complementaba el corazón salado de la salchicha. "¿Cómo hace Zanators para que algo tan sencillo sea tan sublime?" pensé mientras tomaba otra.
Croissants de mantequilla y chocolate amargo
Se veían delicados pero robustos, con capas que se desplegaban como las páginas de un libro. Uno mordí el de chocolate amargo primero. La masa crujió, dejando paso a una explosión de chocolate oscuro que parecía cantar canciones de tierras lejanas. Con el croissant de mantequilla, fue pura comodidad: una mezcla de riqueza y ligereza que se sentía como un cálido apretón de manos.
Frutas frescas cortadas, servidas con crema batida de coco y almendras tostadas
El arcoíris de colores era un espectáculo en sí mismo. Las rodajas de kiwi, las fresas, las uvas, y los mangos estaban dispuestas como si fueran joyas. La crema de coco era un toque de lujo, suave y con un dulzor leve que no opacaba la frescura de las frutas. Al añadir las almendras crujientes, sentí que el desayuno estaba completo: algo fresco, algo dulce, algo crujiente.
Tostadas de aguacate con semillas de sésamo y chile en polvo
No podía faltar algo que recordara a la simplicidad. El aguacate estaba untado con generosidad sobre el pan artesanal, y las semillas de sésamo añadían un toque de nuez, mientras el chile despertaba ligeramente el paladar. El bocado era una mezcla perfecta de cremosidad y especias. "Esto podría mantenerme vivo por días", pensé con una sonrisa.
Cada plato parecía una historia en sí misma, y a medida que probaba más, sentía que cada bocado me conectaba con el trabajo y la dedicación de Zanators. Él, por su parte, seguía moviéndose como un bailarín entre la barra y la cocina, asegurándose de que todo estuviera perfecto. A pesar de estar ocupado, no perdía la sonrisa, y cada tanto, asentía hacia los comensales, como si supiera que estábamos disfrutando de su obra maestra.
Con el plato en una mano y un equilibrio que habría envidiado cualquier acróbata, fui recogiendo una muestra de cada opción del buffet. A pesar de que las mesas estaban escasas, no podía evitar sentir que todos los ojos –o al menos los de Zanators– seguían mis movimientos. Su dedicación al detalle me hizo querer apreciar cada bocado de su trabajo. Una vez con todo servido, regresé a mi mesa, llevando conmigo un café humeante y un vaso de jugo de naranja recién exprimido.
El café, negro como una noche sin luna, emanaba un aroma profundo y terroso. Al primer sorbo, una calidez amarga recorrió mi paladar, pero no de manera agresiva. Era un café que invitaba a tomarse el tiempo, a saborearlo con calma. Lo dejé reposar mientras empezaba con el jugo. Éste, por el contrario, era como el sol capturado en un vaso: dulce, cítrico, con esa pizca de acidez que despejaba cualquier rastro de sueño que pudiera quedar.
Miré el plato frente a mí, cada sección cuidadosamente ocupada por un pedacito del menú. Era un mosaico de colores y texturas que parecía decir "atrévete a probar".
Primero los huevos. Levanté un tenedor de la suave mezcla dorada y, al probarla, las hierbas frescas parecieron despertar mis sentidos con su vivacidad. Me tomé un momento para apreciar la textura cremosa y la calidez reconfortante antes de avanzar.
Luego los pancakes, una apuesta segura, pensé, pero al partir un trozo y sumergirlo ligeramente en la miel de flores, me sorprendió la explosión de dulzura floral y la suavidad de la masa. Cada mordisco era como una melodía diferente, las frutas frescas al lado añadían un contraste ácido que equilibraba todo perfectamente.
Pasé a las salchichas, glaseadas y brillantes, que parecían llamarme con promesas de un sabor intenso. Y no decepcionaron: al primer bocado, el ahumado y las especias danzaron en mi lengua, mientras la dulzura del maple cerraba el trato. "Definitivamente, Zanators conoce su oficio", murmuré, levantando mi taza de café en un gesto inconsciente de respeto.
Los croissants me hicieron detenerme por un momento. ¿Con cuál empezar? Tomé el de mantequilla primero, dejando que la masa crujiera suavemente bajo mis dedos antes de probar. El sabor rico y cálido se sintió como una bienvenida a casa. Luego, el de chocolate amargo: intenso, profundo, y con un toque ligeramente ácido que me obligó a tomar un sorbo de jugo para equilibrar.
Las frutas frescas fueron el intermedio perfecto. Su simpleza y frescura renovaron mi paladar, mientras la crema de coco añadía un toque de lujo y las almendras, ese crujido satisfactorio. Me sentí revitalizado, como si hubiera tomado un bocado de energía pura.
Finalmente, las tostadas de aguacate. El pan crujiente, la cremosidad del aguacate y el leve toque del chile me hicieron cerrar los ojos por un momento, disfrutando la simplicidad de algo bien hecho.
Cada bocado era como una conversación en sí misma, un intercambio entre los sabores y mi propia historia. Me tomé mi tiempo, alternando entre sorbos de café y jugo, mientras la luz del día seguía llenando el lugar con una calidez que solo podía ser rivalizada por el ambiente acogedor que Zanators había creado.
A medida que avanzaba en mi desayuno, podía escuchar los pasos de Zanators detrás de la barra, el tintineo de platos y cubiertos, y sus ocasionales saludos a la familia en la otra mesa. A pesar de manejarlo todo él solo, no parecía perder el control ni un momento. Cuando pasó cerca de mi mesa, llevándole algo a la familia, le agradecí con una leve inclinación de cabeza. Él respondió con una sonrisa cansada pero genuina.
Al terminar mi plato, me quedé unos minutos más, saboreando el último sorbo de café y pensando que, si cada mañana comenzara así, el mundo sería un lugar mucho mejor.
A medida que iba terminando mi plato, el movimiento de Zanators no cesaba. Sus pasos eran rápidos pero precisos, y su atención a los detalles era impresionante, considerando que atendía todo por sí mismo. Mientras recogía un par de platos de la mesa de la familia, pasó cerca de la mía, y levanté la mano para llamar su atención.
“Zanators, esto ha sido increíble. No esperaba menos, pero aun así lograste sorprenderme.” – dije intentando mantener el impulso de eructar.
Se detuvo, equilibrando hábilmente la pila de platos en una mano mientras me miraba con una sonrisa agotada pero orgullosa.
“Gracias, muchacho. Siempre es un placer alimentar a alguien que lo sabe apreciar. No todos tienen ese ojo para los detalles, ¿sabes?”
Su voz tenía el mismo calor que su café, con una sinceridad que no necesitaba adornos. Parecía genuinamente complacido de que alguien valorara su esfuerzo.
“Espero que no estés pensando en limpiar todo esto solo.” – dije, señalando la barra y las mesas con una leve sonrisa.
“Ah, no te preocupes” – respondió mientras acomodaba los platos con un ruido sordo en la barra. “No sería la primera vez. Además, ¿quién más lo haría? ¿Los fantasmas?”
Ambos reímos suavemente, el tipo de risa que surge cuando compartes un momento simple pero significativo. Antes de irse, hizo un gesto hacia mi mesa.
“Si quieres repetir algo, hazlo antes de que se enfríe. Pero si no, déjame saber cuándo estés listo para otra ronda de café.”
Asentí mientras él regresaba a sus tareas, y me recosté un poco en la silla, observando cómo manejaba el lugar. Cada movimiento era una mezcla de eficiencia y familiaridad, como si estuviera en perfecta sincronía con su entorno.
Mientras terminaba el último sorbo de café, me detuve a reflexionar sobre el desayuno. No era solo la comida, aunque cada bocado había sido una experiencia por sí misma. Era el lugar, la atmósfera, y la dedicación de Zanators lo que convertía algo tan ordinario como desayunar en un momento especial.
Pensé en la vida en el mar, donde los momentos tranquilos eran escasos y la comida a menudo era funcional más que disfrutable. Aquí, en este rincón del mundo, había encontrado un oasis de calma y atención al detalle. Era un recordatorio de que la hospitalidad, cuando es genuina, tiene el poder de convertir lo cotidiano en algo extraordinario.
Levanté el vaso de jugo vacío, como un pequeño brindis hacia Zanators, quien seguía moviéndose incansablemente, y decidí que este lugar, este momento, merecía quedarse en mi memoria por mucho tiempo.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
58
211
193
58
107
118
0
El bar Zanators había cambiado por completo.
La penumbra cálida y misteriosa de la noche anterior había cedido su lugar a un ambiente luminoso y aireado. Las cortinas que antes oscurecían las ventanas ahora estaban recogidas, dejando entrar la luz del sol de la mañana. Los tonos cálidos del barniz en la madera brillaban con mayor intensidad, y las lámparas doradas parecían más humildes bajo la claridad natural. Las mesas habían sido reorganizadas en una disposición más abierta, dejando un amplio espacio en el centro para un largo buffet lleno de comida que invitaba con su sola presencia.
El buffet era un espectáculo en sí mismo. En una mesa alargada cubierta con un mantel blanco impecable, se ofrecía una variedad que combinaba lo tradicional con lo indulgente. Había bandejas de huevos revueltos con hierbas frescas, salchichas doradas que soltaban un aroma ahumado, y tiras de tocino perfectamente crujientes. Junto a ellas, una sección más ligera mostraba yogur servido en pequeños tarros de cristal, cada uno coronado con una cucharada de miel dorada o un puñado de frutos secos. Había una cesta grande con croissants y panecillos recién horneados, sus bordes aún brillantes por el toque de mantequilla.
En el extremo de la mesa, una estación de frutas ofrecía una paleta de colores vivos: rebanadas de piña jugosa, racimos de uvas, trozos de melón anaranjado y kiwi verde. Al lado, pequeñas tazas de vidrio contenían mermeladas caseras (frambuesa, naranja amarga, e incluso una de higo que parecía recién preparada esa mañana), dispuestas junto a un bloque de mantequilla fresca y un cuchillo de madera.
El café era protagonista por sí mismo. En una gran cafetera de cobre reluciente, burbujeaba y exhalaba un aroma reconfortante, mientras que al lado había un hervidor de té con una selección de bolsitas ordenadas en una bandeja de madera. Zanators, siempre impecable en su presentación, había cambiado ligeramente su atuendo: su chaleco oscuro seguía allí, pero ahora llevaba las mangas arremangadas y un delantal limpio atado a la cintura.
“Buenos días, Fuguwu” – dijo desde detrás de la barra, mientras reorganizaba algunas tazas. “Espero que tengas hambre.”
El resto del bar había sido adaptado para la ocasión. Los estantes que la noche anterior albergaban botellas de licor ahora estaban decorados con pequeños floreros de cerámica que contenían hierbas frescas: albahaca, menta y romero. En las paredes, las fotografías en blanco y negro seguían allí, pero parecían cobrar vida con la luz de la mañana, como si quisieran contarme nuevas historias.
Tomé asiento cerca de una ventana, desde donde podía ver el puerto aún medio dormido. Zanators se acercó con una jarra de café y una taza, sirviendo con la misma destreza que había demostrado al preparar cócteles.
“El desayuno aquí es buffet, pero si necesitas algo especial, dímelo. La cocina está abierta, y las ideas también.” – su sonrisa era cálida, como el primer sorbo del café que tomé después.
Mientras me levantaba para explorar el buffet, mis sentidos se llenaron de los sonidos del bar transformado: platos y cubiertos tintineando suavemente, el murmullo de conversaciones bajas, y la radio, que ahora tocaba una melodía más tranquila pero igual de animada. Este lugar no era solo un bar ni un restaurante; era un refugio donde cada momento del día tenía su propia personalidad.
El bar convertido en restaurante matutino era una obra de arte en sí mismo. La decoración, aunque sencilla, estaba cuidadosamente diseñada para transmitir una sensación de calidez y acogida. En las paredes, además de las fotografías en blanco y negro, colgaban pequeños cuadros con motivos marineros: nudos náuticos enmarcados, mapas antiguos de islas desconocidas y la reproducción de un astrolabio, que parecía contar historias de viajes lejanos. Las lámparas de techo, que la noche anterior habían creado una atmósfera tenue, ahora brillaban con un cálido resplandor gracias a las bombillas cubiertas con pantallas de vidrio esmerilado.
Sobre cada mesa había pequeños floreros de cerámica rústica, hechos a mano, que contenían una mezcla de flores silvestres y hierbas aromáticas. Los manteles a cuadros aportaban un aire hogareño, y las sillas de madera, con respaldos altos y cómodos cojines, parecían invitar a quedarse un rato más de lo necesario. La luz natural que entraba por las ventanas no solo iluminaba el espacio, sino que hacía que todo pareciera más vibrante, como si el lugar mismo cobrara vida con el sol de la mañana.
El espacio era pequeño, con solo cuatro mesas dispuestas de manera estratégica para no sentirse apretadas. Dos de ellas estaban vacías, lo que hacía que el ambiente fuera aún más tranquilo. Una familia de tres personas ocupaba una mesa en el centro del salón: una pareja con un niño pequeño que no podía tener más de cinco años. El niño, entretenido con un pequeño juguete de madera, parecía ajeno a la manera en que Zanators manejaba todo el lugar por sí mismo.
Zanators era un espectáculo digno de admirar. Con movimientos rápidos y precisos, se desplazaba entre la barra, el buffet y las mesas como si estuviera coreografiando una danza. A veces se detenía en la cocina, que estaba parcialmente visible a través de una pequeña ventana con un marco decorativo de hierro forjado. Desde allí, podía oírse el chisporroteo de algo friéndose o el sonido rítmico de un cuchillo cortando verduras.
“Aquí tienes, pequeño marinero.” – dijo Zanators al depositar un plato frente al niño, quien lo recibió con una sonrisa tímida. El plato contenía una tostada con forma de barco, decorada con mermelada para simular velas y un pequeño mástil de fruta.
Luego, sin perder el ritmo, se acercó a la mesa de los padres para ofrecer más café, intercambiando algunas palabras amistosas antes de girar y dirigirse hacia mí. Aunque parecía que no tenía un segundo libre, su semblante nunca reflejaba prisa ni estrés.
“Fuguwu, ¿todo bien? Si necesitas algo más, avísame. No quiero que te vayas sin probar las tostadas francesas. Las hago con un toque de vainilla y canela.”
Asentí con una sonrisa, sorprendido por su energía y eficiencia. Mientras servía una bebida caliente a los padres, escuché cómo canturreaba la melodía de la radio que seguía en el fondo, como si el trabajo interminable fuera más una costumbre que una carga. A pesar de ser el único chef, mesero y anfitrión del lugar, manejaba todo con una maestría que solo podía provenir de años de experiencia.
El ambiente, aunque sencillo, se sentía lleno de vida gracias a estos pequeños detalles. La combinación de la música, los aromas y la atención de Zanators hacía que el lugar pareciera mucho más grande de lo que realmente era, como si tuviera una personalidad propia que se adaptaba a cada momento del día.
La barra, que la noche anterior era el centro de atención con sus botellas perfectamente alineadas, ahora servía como un improvisado mostrador de buffet. Encima, se desplegaba un festín matutino que parecía mucho más elaborado de lo que uno esperaría en un lugar tan pequeño. Grandes bandejas de metal mantenían los alimentos calientes gracias a pequeñas velas colocadas estratégicamente debajo. El vapor ascendía en suaves espirales, llevando consigo los aromas de huevos revueltos, tocino perfectamente crujiente y salchichas especiadas. Junto a estos platos calientes, había una selección de panes artesanales, desde hogazas rústicas hasta panecillos dulces espolvoreados con azúcar glas.
Un rincón de la barra estaba dedicado a frutas frescas, cuidadosamente cortadas en trozos pequeños. Había melones, piñas y uvas dispuestas en un patrón ordenado, junto a pequeños tazones de yogur natural y miel. Al lado, una serie de jarras de vidrio contenían bebidas: jugo de naranja, de manzana y un agua fresca con rodajas de limón y hojas de menta que resultaba especialmente refrescante.
Sobre el buffet, una pequeña pizarra con bordes de madera desgastada tenía escrito el menú del día en una caligrafía cursiva y algo inclinada, como si Zanators la hubiera escrito apresuradamente mientras organizaba todo. ‘Desayuno del Emperador’ decía en letras grandes, seguido por una lista detallada de opciones:
- Huevos al gusto
- Tostadas francesas con miel de maple casera
- Avena con frutas y canela
- Ensalada fresca de verano
- Café recién molido o té de hierbas
- Panecillos dulces y salados
La pizarra, aunque sencilla, tenía pequeños dibujos de barcos y anclas en las esquinas, un toque juguetón que añadía personalidad al lugar.
Zanators seguía manejando todo como si el tiempo no lo afectara. Se deslizaba detrás de la barra para rellenar las bandejas de comida mientras llevaba un plato a la mesa de la familia. Luego regresaba rápidamente a la cocina, de donde salía con una cafetera humeante en cada mano. Su chaleco oscuro estaba ahora desabrochado, y la manga de su camisa blanca arremangada dejaba entrever un antebrazo marcado por años de trabajo físico. Aunque había sudor en su frente, no parecía quejarse ni un instante.
“¡Aquí viene el café!” – dijo con entusiasmo mientras servía en las tazas de porcelana. Su voz, aunque algo ronca, tenía un tono cálido que daba la impresión de que no importaba lo ocupado que estuviera, siempre tenía tiempo para un cliente.
Noté que incluso mientras se movía a toda velocidad, encontraba formas de hacer sentir a cada persona especial. A la madre de la familia le recomendó probar la avena con un toque extra de canela, mientras que al padre le ofreció un trozo de queso que había traído especialmente esa mañana. Cuando llegó a mi mesa, dejó un plato con tostadas francesas y dijo:
“Un regalo de la casa, para que me digas si son mejores que el whisky que probaste anoche.”
A pesar de la aparente falta de tiempo, Zanators siempre tenía una palabra amable o un gesto personal que hacía que el desayuno se sintiera más como una reunión entre amigos que como un simple servicio.
El lugar, con su decoración acogedora y el aroma a café y comida recién hecha, parecía pertenecer a un mundo aparte. Fuera del bar, la vida podía ser caótica, pero aquí, entre las flores silvestres en las mesas y el sonido constante pero no molesto de los cubiertos, el tiempo parecía detenerse.
Incluso la familia, que inicialmente parecía algo reservada, comenzó a conversar animadamente mientras Zanators pasaba a su lado con una bandeja. El niño reía al morder su tostada en forma de barco, y por un momento, pensé que este pequeño B&B era más que un lugar para comer; era un refugio donde cada detalle, desde el menú hasta el servicio, estaba diseñado para hacerte sentir como en casa.
Por si alguien está leyendo esto, la verdad me gustaría mucho tener un restaurante bar y servir desayunos potentes por las mañanas y whisky sabroso por las noches si logro retirarme de trabajar con suficientes ahorros.
Fuguwu
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
260
243
58
58
211
193
58
107
118
0
Me acerqué al buffet, y mi primera impresión fue que cada plato parecía una pequeña obra de arte, cuidadosamente preparado y presentado con una perfección casi intimidante. Los aromas se entrelazaban en el aire, dulces y salados, creando una sinfonía que invitaba a probar todo. Mis ojos recorrieron la mesa, y finalmente me decidí a comenzar.
Huevos revueltos con hierbas frescas y mantequilla clarificada
El color dorado de los huevos me atrapó al instante, y las finas motas de hierbas verdes parecían pintadas a mano. Al llevar el primer bocado a la boca, la textura esponjosa y cremosa se deshacía suavemente, mientras las hierbas liberaban un sabor fresco que contrastaba con la calidez de la mantequilla. Cerré los ojos un momento, dejando que ese primer bocado llenara todos mis sentidos.
Pancakes con miel de flores silvestres y frutas frescas
Eran pequeños montículos perfectamente redondeados, casi brillantes bajo la luz tenue del lugar. La miel caía en finos hilos dorados, pegándose como un manto sobre la superficie dorada de los pancakes. Cuando probé un trozo, la dulzura floral de la miel explotó, equilibrándose con la acidez sutil de los arándanos frescos que la acompañaban. Era una mezcla que hablaba de mañanas soleadas, aunque el día estuviera gris afuera.
Salchichas caseras glaseadas en reducción de maple y especias
Estas pequeñas maravillas brillaban con un glaseado que parecía prometer todo lo bueno del mundo. Al morder una, la capa externa ofrecía una resistencia leve antes de desmoronarse, liberando un sabor robusto, ahumado, con toques dulces y especiados. El maple, con su dulzura rica y terrosa, parecía un abrazo cálido que complementaba el corazón salado de la salchicha. "¿Cómo hace Zanators para que algo tan sencillo sea tan sublime?" pensé mientras tomaba otra.
Croissants de mantequilla y chocolate amargo
Se veían delicados pero robustos, con capas que se desplegaban como las páginas de un libro. Uno mordí el de chocolate amargo primero. La masa crujió, dejando paso a una explosión de chocolate oscuro que parecía cantar canciones de tierras lejanas. Con el croissant de mantequilla, fue pura comodidad: una mezcla de riqueza y ligereza que se sentía como un cálido apretón de manos.
Frutas frescas cortadas, servidas con crema batida de coco y almendras tostadas
El arcoíris de colores era un espectáculo en sí mismo. Las rodajas de kiwi, las fresas, las uvas, y los mangos estaban dispuestas como si fueran joyas. La crema de coco era un toque de lujo, suave y con un dulzor leve que no opacaba la frescura de las frutas. Al añadir las almendras crujientes, sentí que el desayuno estaba completo: algo fresco, algo dulce, algo crujiente.
Tostadas de aguacate con semillas de sésamo y chile en polvo
No podía faltar algo que recordara a la simplicidad. El aguacate estaba untado con generosidad sobre el pan artesanal, y las semillas de sésamo añadían un toque de nuez, mientras el chile despertaba ligeramente el paladar. El bocado era una mezcla perfecta de cremosidad y especias. "Esto podría mantenerme vivo por días", pensé con una sonrisa.
Cada plato parecía una historia en sí misma, y a medida que probaba más, sentía que cada bocado me conectaba con el trabajo y la dedicación de Zanators. Él, por su parte, seguía moviéndose como un bailarín entre la barra y la cocina, asegurándose de que todo estuviera perfecto. A pesar de estar ocupado, no perdía la sonrisa, y cada tanto, asentía hacia los comensales, como si supiera que estábamos disfrutando de su obra maestra.
Con el plato en una mano y un equilibrio que habría envidiado cualquier acróbata, fui recogiendo una muestra de cada opción del buffet. A pesar de que las mesas estaban escasas, no podía evitar sentir que todos los ojos –o al menos los de Zanators– seguían mis movimientos. Su dedicación al detalle me hizo querer apreciar cada bocado de su trabajo. Una vez con todo servido, regresé a mi mesa, llevando conmigo un café humeante y un vaso de jugo de naranja recién exprimido.
El café, negro como una noche sin luna, emanaba un aroma profundo y terroso. Al primer sorbo, una calidez amarga recorrió mi paladar, pero no de manera agresiva. Era un café que invitaba a tomarse el tiempo, a saborearlo con calma. Lo dejé reposar mientras empezaba con el jugo. Éste, por el contrario, era como el sol capturado en un vaso: dulce, cítrico, con esa pizca de acidez que despejaba cualquier rastro de sueño que pudiera quedar.
Miré el plato frente a mí, cada sección cuidadosamente ocupada por un pedacito del menú. Era un mosaico de colores y texturas que parecía decir "atrévete a probar".
Primero los huevos. Levanté un tenedor de la suave mezcla dorada y, al probarla, las hierbas frescas parecieron despertar mis sentidos con su vivacidad. Me tomé un momento para apreciar la textura cremosa y la calidez reconfortante antes de avanzar.
Luego los pancakes, una apuesta segura, pensé, pero al partir un trozo y sumergirlo ligeramente en la miel de flores, me sorprendió la explosión de dulzura floral y la suavidad de la masa. Cada mordisco era como una melodía diferente, las frutas frescas al lado añadían un contraste ácido que equilibraba todo perfectamente.
Pasé a las salchichas, glaseadas y brillantes, que parecían llamarme con promesas de un sabor intenso. Y no decepcionaron: al primer bocado, el ahumado y las especias danzaron en mi lengua, mientras la dulzura del maple cerraba el trato. "Definitivamente, Zanators conoce su oficio", murmuré, levantando mi taza de café en un gesto inconsciente de respeto.
Los croissants me hicieron detenerme por un momento. ¿Con cuál empezar? Tomé el de mantequilla primero, dejando que la masa crujiera suavemente bajo mis dedos antes de probar. El sabor rico y cálido se sintió como una bienvenida a casa. Luego, el de chocolate amargo: intenso, profundo, y con un toque ligeramente ácido que me obligó a tomar un sorbo de jugo para equilibrar.
Las frutas frescas fueron el intermedio perfecto. Su simpleza y frescura renovaron mi paladar, mientras la crema de coco añadía un toque de lujo y las almendras, ese crujido satisfactorio. Me sentí revitalizado, como si hubiera tomado un bocado de energía pura.
Finalmente, las tostadas de aguacate. El pan crujiente, la cremosidad del aguacate y el leve toque del chile me hicieron cerrar los ojos por un momento, disfrutando la simplicidad de algo bien hecho.
Cada bocado era como una conversación en sí misma, un intercambio entre los sabores y mi propia historia. Me tomé mi tiempo, alternando entre sorbos de café y jugo, mientras la luz del día seguía llenando el lugar con una calidez que solo podía ser rivalizada por el ambiente acogedor que Zanators había creado.
A medida que avanzaba en mi desayuno, podía escuchar los pasos de Zanators detrás de la barra, el tintineo de platos y cubiertos, y sus ocasionales saludos a la familia en la otra mesa. A pesar de manejarlo todo él solo, no parecía perder el control ni un momento. Cuando pasó cerca de mi mesa, llevándole algo a la familia, le agradecí con una leve inclinación de cabeza. Él respondió con una sonrisa cansada pero genuina.
Al terminar mi plato, me quedé unos minutos más, saboreando el último sorbo de café y pensando que, si cada mañana comenzara así, el mundo sería un lugar mucho mejor.
A medida que iba terminando mi plato, el movimiento de Zanators no cesaba. Sus pasos eran rápidos pero precisos, y su atención a los detalles era impresionante, considerando que atendía todo por sí mismo. Mientras recogía un par de platos de la mesa de la familia, pasó cerca de la mía, y levanté la mano para llamar su atención.
“Zanators, esto ha sido increíble. No esperaba menos, pero aun así lograste sorprenderme.” – dije intentando mantener el impulso de eructar.
Se detuvo, equilibrando hábilmente la pila de platos en una mano mientras me miraba con una sonrisa agotada pero orgullosa.
“Gracias, muchacho. Siempre es un placer alimentar a alguien que lo sabe apreciar. No todos tienen ese ojo para los detalles, ¿sabes?”
Su voz tenía el mismo calor que su café, con una sinceridad que no necesitaba adornos. Parecía genuinamente complacido de que alguien valorara su esfuerzo.
“Espero que no estés pensando en limpiar todo esto solo.” – dije, señalando la barra y las mesas con una leve sonrisa.
“Ah, no te preocupes” – respondió mientras acomodaba los platos con un ruido sordo en la barra. “No sería la primera vez. Además, ¿quién más lo haría? ¿Los fantasmas?”
Ambos reímos suavemente, el tipo de risa que surge cuando compartes un momento simple pero significativo. Antes de irse, hizo un gesto hacia mi mesa.
“Si quieres repetir algo, hazlo antes de que se enfríe. Pero si no, déjame saber cuándo estés listo para otra ronda de café.”
Asentí mientras él regresaba a sus tareas, y me recosté un poco en la silla, observando cómo manejaba el lugar. Cada movimiento era una mezcla de eficiencia y familiaridad, como si estuviera en perfecta sincronía con su entorno.
Mientras terminaba el último sorbo de café, me detuve a reflexionar sobre el desayuno. No era solo la comida, aunque cada bocado había sido una experiencia por sí misma. Era el lugar, la atmósfera, y la dedicación de Zanators lo que convertía algo tan ordinario como desayunar en un momento especial.
Pensé en la vida en el mar, donde los momentos tranquilos eran escasos y la comida a menudo era funcional más que disfrutable. Aquí, en este rincón del mundo, había encontrado un oasis de calma y atención al detalle. Era un recordatorio de que la hospitalidad, cuando es genuina, tiene el poder de convertir lo cotidiano en algo extraordinario.
Levanté el vaso de jugo vacío, como un pequeño brindis hacia Zanators, quien seguía moviéndose incansablemente, y decidí que este lugar, este momento, merecía quedarse en mi memoria por mucho tiempo.
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