[P. Absoluto] Novedades a la vista
#21
No llegué a entender al completo conque todo hubiese sido más divertido si yo trabajase para otro bando, ¿le aburría el combate? De ser así ¿por qué simplemente no se iba y punto? ¿o qué pretendía hacer en caso de que fuésemos aliados?. Quizás hasta podría ser que he hecho nuevos fans y todo. — El bando correcto... así que crees en absolutos y juzgas a las personas según el color de la camiseta que vistan. Pues yo no. Yo descubrí por mí mismo que hay marines que son una basura, quizás otros unos traidores... pero también conocí a marines impresionantes. No me atrevería tampoco a poner la mano en el fuego conque todos los piratas sean malas personas, o todos los vuestros seáis de fiar — apreté mis puños haciendo sonar el cuero sintético que recubrían mis guantes de combate — ... en cuanto a esa basura del Gobierno...

Estaba inmerso totalmente en mi discurso sobre la moral, cuando éste se vio interrumpido al ver que el Gyojin salía disparado del mar hacia Marcia. A veces conocer más a tu rival podría ser de utilidad, quizás hasta se podría llegar a un acuerdo y es que pelear por pelear me daba mucha pereza. Lástima que una vez la bandera había sido izada y la contienda comenzada, yo no iba a ser quién la abandonase primero.

Era sorprendente ver cómo ese Gyojin pudo volar propulsado desde el mar, desconocía que pudiesen hacer tales maniobras... pero lo más sorprendente fue que Marcia ni se dignó en querer esquivarlo y simplemente se limitó a recibir el golpe. La agilidad con la que se desplazaba y la velocidad y fuerza con la que utilizaba sus piernas estaba siendo un problema importante hasta ahora, para más inri ahora parecía que tenía un cuerpo de acero debido a que pudo aguantar la acometida del hombre pez. Y precisamente no tenía pinta de que mi compañero tuviese los puños hechos de algodón.

Pero siempre hay que mirar el lado positivo de las cosas, este enfrentamiento me estaba alertando de que a partir de ahora tendría que tomarme las cosas más en serio, así que lo primero que haría después de terminar este enfrentamiento sería buscar una taberna y tomarme por fin mi zumo de piña. Y luego me echaría una siesta... y luego quizás buscaría un lugar para patinar un rato, habían sido demasiados días encerrados en un barco... pero luego sí que sí, tendría que ponerme a entrenar e idear formas nuevas de ganar combates gracias a mi fruta. Ya que me quitó la posibilidad de surfear con tranquilidad, al menos que ésta me diese algún regalito por otra parte. Las que entran por las que salen y la balanza totalmente equilibrada, como debía ser.

Una vez el Gyojin terminó de atacar y de desplazarse cinco metros detrás de ella, vi mi oportunidad cuando la Revolucionaria cometió el error de enfocarse en él — Bingo — convertí mi cuerpo totalmente en arena para recorrer los once metros que nos separaban (y dieciséis respecto a mi compañero), a la vez que ella se desplazaba de forma cómica hacia mi compañero sobre una pierna. Me recordaba a un personaje de una película de animación que vi en Ballywood hace muchos años, la película iba sobre una lámpara que daba saltitos y en una ocasión llegó a encontrarse una I... estaba totalmente inmerso en mis pensamientos hasta que de pronto volví en mí al ver que ya estaba situado un metro detrás de Marcia. Tenía que aprovechar bien esa pequeña oportunidad que tuve, así que lo más sensato era replicar mi anterior técnica, la cual la había dañado y me había dado una mini victoria previamente.

Reapareciendo en mi forma corpórea y agachado, apoyé el pie izquierdo sobre el suelo y convertí mi pierna derecha totalmente en arena, concentrándola lo máximo posible para que el golpe fuese lo más contundente y duro que pudiese. Comencé a rotar de espaldas en el sentido de las agujas del reloj, a la vez que gritaba — ¡SANDY SNAP! — para finalmente, en el segundo giro, golpear con la parte del talón y la base del pie, a la zona exterior de la pierna izquierda de Marcia, cercana a la altura de la rodilla — Te estaba abriendo mi corazón y me has dado la espalda, ignorándome. No me gusta que me rompan el corazón, no estoy acostumbrado y no es de buen gusto, ¿me sigues? — Rematé el golpe con una sonrisa confiada, a la vez que me peinaba el pelo con los dedos hacia atrás. La última vez me había dado una coz como si fuese una yegua después de mi golpe, quizás esta vez haría lo mismo pero debido a la distancia que tuve que volar, empezaba a estar cansado


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#22
Había sido una gran estrategia la de utilizar el Uchimizu como señuelo para conectar mi Hyakumaigawara seiken, todo había salido tal cual lo había planeado. Bueno, casi todo, los ataques habían impactado, eso estaba claro, pero debían haber mermado más a Marcia. Parecía que todo el daño había sido nulificado.

“Por supuesto, ataca y se mueve por encima de tus capacidades, cara de merluza. ¿Acaso dabas por sentado que su defensa no estaría a la par de sus otras habilidades?” – me recrimine mentalmente mientras aterrizaba a 5 metros de distancia de Marcia con mi salto.

Básicamente sin inmutarse por mi ataque, prosiguió a recriminarme el chiste sobre la armada revolucionaria por ser “demasiado realista”. Esta persona no puede estar cuerda, en lugar de enojarse por el insulto se molesta porque el chiste no le hizo gracia por ser realista. Además, poniéndonos a discutir como hacer un buen chiste, una parte primordial es aludir a algo realista. Seguramente por eso Marcia se había unido a la revolución, su sentido del humor iba de la mano con su sentido común, el cual, en su caso, era el menos común de sus sentidos.

“Es humor Gyojin, Marcia, no lo entenderías.” – contesté con un dejo de desdén. Quizás el punto débil de Marcia era meterse con el sentido del humor. No lo sé, esta chica era rara en muchos sentidos.

Apenas había terminado de pronunciar estas palabras cuando difícilmente note como se lanzaba contra mi a una velocidad por encima de mi capacidad de reacción. Al instante siguiente, su pierna derecha había impactado en la boca de mi estómago para después retirarla de nuevo quedando otra vez balanceada en una sola pierna quedando de frente a mí.

“Gowowo wowowo wowowo wowowo wowowo” – reí de forma excéntrica. “¿Acaso no habías dicho que no te hacia falta utilizar tu pierna derecha, charlatana?” – golpe aparte, estaba feliz por haber obligado a Marcia a utilizar ambas piernas, aunque la magnitud de su ataque palidecía en comparación con su primera patada.

Sin vacilar, aprovechando que la distancia era de menos de un metro entre nosotros, lance por segunda ocasión en el combate mi técnica Senmaigawara seiken dirigida igualmente a la boca de su estómago. En caso de conectar, la técnica le debería empujar 6 metros.

Alejándome con un salto 11 metros de donde había lanzado el Senmaigawara seiken, vi de reojo como a lo lejos como un cangrejo asomaba a la orilla de la playa, mientras que el mar seguía su meneo constante e infinito. Lo que en mi mente parecían horas se veía desafiado por el casi nulo cambio en las condiciones ambientales y de nuestros alrededores, no habrán pasado mas de 30 minutos desde que apareció Marcia.

Al caer decidí aplicar rápidamente uno de los kits de curación que traía conmigo. Al parecer este combate podría extenderse todo el día por lo que prefería no dejar caer mi salud y estamina al punto que dejara de ser útil en la batalla.
 

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#23
El discurso del rubio era enternecedor, pero no me convencía en absoluto. Estaba claro que en cualquier bando había gente de todo tipo, pero aquellos que decidían pertenecer a un grupo opresor, por muy simpáticos que fuesen o por mucho bien que se creyesen que hacían, eran unos necios, como poco. A estas alturas de la película, ninguno íbamos a cambiar de opinión respecto a nuestras convicciones. Tan solo nos quedaba confiar en nuestras convicciones y acatar órdenes. La que a mí me habían dado era muy concreta y ya estaba tardando demasiado en ejecutarla. No sabía cómo les iría a mis compañeros, seguramente bien porque en esta división de marines parecían unos peleles. También podía ser que yo hubiese tenido la mala suerte de toparme con los novatos. De cualquier manera, fallar no era una opción.

Al girarme para atacar al gyojin creí que sería una buena opción. El otro, a pesar de tener un poder impresionante, especialmente en el terreno en el que nos encontrábamos, parecía reacio a utilizarlo a lo grande. Tal vez todavía no era consciente de lo que podía ser capaz. En cambio, el pez estaba especialmente beligerante. Me convencí de que mi decisión era la correcta, ahora que lo tenía de frente no pensaba parar hasta dejarle tirado en la arena. Sin embargo, en seguida me percaté de mi error cuando escuché la voz del rubio cerca de mí, a mi espalda. No pude ni girarme para ver qué estaba tramando, directamente sentí su golpe y lo aguanté. Ya lo conocía, era el mismo de antes, el que había conseguido reducir mi velocidad. Este juego ya no me gustaba y, para colmo, el cara pez aprovechó para reírse. No pensaba dejar ni que acabase su burla ni que el rubio tuviese la oportunidad de darme otro golpe. Me agaché apoyando ambas piernas en el suelo y giré para hacer un barrido en círculo golpeándoles en sus muslos con mi pierna derecha imbuida en haki.

La intención era tirarles al suelo y volver a obtener ventaja, pero ya no sabía qué esperar de ellos. Aquella posición no me convenía en absoluto, así que tras dar la vuelta ligeramente agachada pegué un salto de cinco metros hacia mi lado izquierdo, el más alejado del mar, para tomar algo de distancia y tratar de procesar lo que había ocurrido. Aquellos dos marinuchos casi me fastidian pero bien, aunque realmente había sido mi culpa por tratar de alargar la situación. Me habían pillado por sorpresa por última vez. —¡Lo flipas! Mira que eres rencoroso rubito. Se acabó ser buena onda.

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Energia: 2113 - 414 = 1699
Espiritu: 1925 + 17 = 1942
#24
Mi plan, a pesar de haber ido al límite en cuestión de tiempo, había funcionado. Podía recordar en mi mente los entrenamientos que llevé a cabo con mi madre, seguro que si me hubiese visto atacar por la retaguardia me habría echado la bronca. En el aspecto de las artes marciales, en teoría se supone que hay que mantener unos códigos y un honor... por suerte para mí tampoco estaba en una competición oficial. Desgraciadamente mi madre tampoco podía verme pelear, ni arbitrar la contienda. El honor está muy bien... pero tampoco gana combates, así que tonto el último, haría cualquier cosa para poder salir victorioso, como si tuviese que hacer algo tan sucio como llenar los ojos de arena de esa revolucionaria y atacar en ese momento.

Al conectar mi patada volví a sentir la dura y tensa musculatura de las piernas de Marcia, a veces no sabía si estaba peleando contra una persona, o si estaba peleando contra un monumento esculpido en mármol, sostenido por dos columnas dóricas. No tenía sentido. Sea como fuere, ese desarrollo en sus fibras musculares eran suficiente para hacerme saber que, pese a haber sido el segundo golpe que conectaba, eso no iba a detenerla. Al menos sí sabía que al menos podría desgastarla, pero tenía que tener cuidado de su velocidad porque cada vez que ella conectaba, me costaba recuperarme. Erosión y desgaste, esa era mi carta... incluso los chorros de arena a presión pueden quitarle el óxido a una pieza metálica, limar esas imperfecciones que Marcia tenía. Quizás si le ganase hasta podría preguntarle que me enseñase esos trucos raros suyos, sigo sin entender por qué es capaz de golpearme, ¿me habrá dado una lipotimia y ésto será producto de mi imaginación? No lo creo, tampoco hace mucho calor.

Tras mi patada debía estar atento a lo que ella pudiese hacer, la última tras golpearla, consiguió patearnos tanto al Gyojin como a mí a la vez dejándonos momentáneamente en problemas, aunque se supone que había dicho que no usaría su pierna derecha, así que lo tendría difícil para golpearme al menos a mí... pero tampoco me fiaba de ella. Y así fue. Poco después de aplicar el Sandy Snap, se agachó y ahí fue el momento que pude aprovechar para transformarme completamente en mi elemento, era la forma más rápida que tenía que desplazarme. Volvió a hacer ese barrido circular pero en esa segunda ocasión fue más lento que la primera, que me pilló totalmente desprevenido. Por la velocidad parecía que yo no era el único al que le estaba pasando factura el combate, algo es algo. Me alcé en el aire dos metros en vertical para evitar ser golpeado por su... espera, ¿está usando la pierna derecha? ¡pero será asquerosa! ¡la estrategia de mentir era mía!

Aproveché su giro y que estaba agachada para deshacer mi transformación en el aire subiéndome a su espalda como si fuese una mochila, convirtiendo mis piernas en dos columnas de arena compacta, rodeando por fuera sus brazos para inmovilizarlos bien contra su tronco, como si mi tren inferior fuese un anillo. Entrelacé mis pies el uno con el otro para aplicar el candado completamente cerrado. A su vez, transformé también ambos brazos en arena, pasando el derecho por debajo de su barbilla y agarrando mi bíceps izquierdo, para con el ese mismo brazo llevarlo hasta la parte trasera de su cabeza, sosteniéndola con mi mano izquierda y acercándola a mi pecho.

— ¿No decías que no usarías la pierna derecha? ¿Estás en problemas o qué, corazón? Relajémonos un rato pues, ¿me sigues? ¡kakahaha! — Erosionar y desgastar, ese era el plan: Jiu Jitsu básico, posición de mataleón y que pierda energía. Intentar ganar golpeando era como intentar tirar un muro con los nudillos, poco práctico y estúpido. Había que usar otra estrategia. Sólo espero que si el Gyojin fuese a usar sus trucos mágicos para hacerla volar, no apuntase hacia el mar, no me había traído la tabla.



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Vitalidad: 2387 + 0 = 2387
Energia: 2266 - 148 = 2118
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#25
No había ni terminado de reír histéricamente cuando sentí un intenso dolor en mi pierna derecha producto de un nuevo ataque de Marcia el cual no había podido seguir, nuevamente.

Esta chica parecía más máquina de combate que persona cuando se ponía seria. Habíamos tenido unos instantes de respiro mientras usaba únicamente una pierna, pero sin este hándicap estaba claro que poca oportunidad tenía para atacarle o defenderme. Era verdaderamente frustrante.

Desde el piso, tras ser derribado por el ataque de Marcia, vi como a lo lejos como un cangrejo asomaba a la orilla de la playa, mientras que el mar seguía su meneo constante e infinito, ¿era esto producto de mi imaginación? No estaba claro, el golpe había sido tal que me sentía algo confuso, desorientado. Lo que en mi mente parecían horas se veía desafiado por el casi nulo cambio en las condiciones ambientales y de nuestros alrededores, no habrán pasado más de 30 minutos desde que apareció Marcia.

Tras unos cuantos segundos, me levanté nuevamente en mi posición y pude observar como Marcia se encontraba ya a 5 metros lejos de mí, alejándose del mar cada vez más. Decidí que lo mejor sería reevaluar la situación tomando una distancia de al menos 20 metros por lo que, saltando rumbo hacia el mar, me acerque a 15 metros de este quedando a 20 metros de Marcia.

Al caer decidí aplicar rápidamente uno de los kits de curación que traía conmigo. Al parecer este combate podría extenderse todo el día por lo que prefería no dejar caer mi salud y estamina al punto que dejara de ser útil en la batalla.
 

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Energia: 2327 + 143 = 2470
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#26
Pensé que no iban a sorprenderme mucho más. Ya había visto que el cara pez tenía cierta destreza con los golpes de sus puños y parecía medianamente rápido. Su compañero se fundía en la arena y daba también golpes de esta manera, aunque sin demasiada imaginación. Tal y como esperaba, sentí como mi ataque impactaba, pero tan solo en uno de ellos. Para mi sorpresa, el rubio no solo había conseguido esquivarme, sino que también se puso en marcha para realizar un movimiento de lo más arriesgado. Casi no me dio tiempo a reaccionar, pero en el fondo sabía que era lo mejor. Una parte suicida y arriesgada de mí quería saber qué era lo que pretendía, y mi parte más engreída me convencía de que nada le serviría. Nunca había dejado de estar segura de que aquel combate acabaría cuando y como yo quisiese, y todavía no había llegado el momento. Me quedé quieta esperando para reaccionar de la mejor forma a su ataque o lo que fuera aquello. Mientras tanto, el gyojin fue más precavido y aprovechó para ponerse en pie como pudo y alejarse de mí lo máximo posible.

Enseguida me percaté de lo que pretendía el rubio de la bachata, pretendía hacerme una especie de agarre para inmovilizarme. Debía admitir que esta vez me había sorprendido, especialmente por su insensatez, pero también por haber visto un movimiento nuevo y arriesgado por su parte. No sabía cómo de fuerte sería ese agarre, aunque no tardaría en comprobarlo por mí misma. Hice fuerza para despegar mis brazos de mi cuerpo, los cuales estaba intentando aprisionar, y no me costó demasiado separarlos lo suficiente como para sacarlos de debajo de sus piernas y ser yo la que le agarrase con mis manos imbuidas en haki y presionando también con mi brazo. Era todo un poco caos extremidades y que fuesen de arena no facilitaba las cosas. No sé exactamente qué agarré, imaginaba que una parte de sus piernas, ya que luego se extendían hasta rodear mi cuerpo. Al apretarle con mis manos, pegué un salto hacia arriba, a siete metros, y otro en línea recta hacia el mar hasta pasar los tres metros de la orilla. Es decir, un recorrido recto de 22 metros. —Lo flipas si crees que ni por un segundo me habéis puesto en un apuro. Ahora sí que vamos a relajarnos con un bañito.

Una vez ahí, sobre el agua, me dejaría caer agarrando todavía las piernas de aquel marine. Durante el trayecto me pareció ver al otro curándose con una especie de botiquín. Seguía sin importarme en absoluto. Además, si tan correcto era y tan comprometido estaba con su facción y con la seguridad de los demás, no dudaría en venir a rescatar a su compañero. Esta vez me la estaba jugando de lo lindo, pero con mis dos piernas activas me estaba empezando a divertir otra vez. Me daba hasta lástima ver cómo pensaban que tenían una oportunidad y cómo intentaban por todos los medios sobrevivir. La dura realidad les golpearía tarde o temprano, cuando comprendiesen que otra parte de su división me estaba siendo atacada por mi otra compañera y su jefazo se encontraba en graves apuros, y que su ponente era mi brillante maestro, que no podía perder. Como grupo estaban acabados y el mundo vería por fin lo patanes que eran todos y cada uno de los miembros de esa organización fascista.

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#27
Intentaba mantener la tensión de mi candado de jiu jitsu utilizando mis piernas, rodeando los brazos de Marcia alrededor de su cuerpo, pero muy a mi pesar ella consiguió liberarlos con un leve forcejeo. No conseguíamos ser más rápidos que ella, ni podíamos tumbarla a golpes, ahora tampoco servía la fuerza bruta por lo que se me acababan las ideas. Para colmo y mayor de mis problemas, de nuevo esa puta habilidad rara que permitía tocarme hizo que ella pudiese bloquear mis piernas y no me pudiese soltar, ojalá hubiese estado rodeado de Marines competentes que me enseñasen a hacer cosas así y simplemente no me hubiesen tenido apartado por caerles mal o por actuar con unos métodos e ideales propios que no les gustaban. ¿Me habría equivocado al querer honrar y seguir los pasos de mi madre siendo Marine? Quizás mi futuro habría estado mejor si siguiese haciendo lo que me diese la gana.

A la revolucionaria le volvió a apetecer usar sus muelles inferiores y dar un vuelo conmigo a la espalda, pero lo peor es cuando saltó por segunda vez en el aire dirigiéndose hacia el mar. Traté de usar toda la fuerza que tenía en mis piernas para soltarme pero era inútil, estaban completamente bloqueadas y la cosa se volvía cada vez más frustrante — Un paseo por las nubes, qué romántico, vas a hacer que me derrita y todo — con mi diestra convertida aún en arena, le asesté un crochet al lateral derecho de su cara para ver si así me soltaba, pero seguía sin ser efectivo.

El salto la introdujo tres metros sobre la orilla y sus largas piernas podían hacer que sobresaliésemos por encima del mar, para colmo, decía que nos relajásemos con un baño — Ya sé que tienes miedo de seguir peleando pero déjame sobre tierra, loca de mierda. No me apetece bañarme, hoy tengo el pelo muy bien y el agua salada me lo estropearía — De nada servirían mis palabras porque lady zancos ya se estaba dejando caer hacia dentro del mar, agarrando mis piernas.

En cuanto noté que el agua me cubría, comencé a notar mi cuerpo muchísimo más pesado de lo habitual. Mi energía había desaparecido como si el grácil beso de un valquiria se hubiese llevado mi alma y ya no había nada más que hacer, mis extremidades previamente convertidas en arena, volvían a su forma habitual. Maldigo el día en el que me comí esta Akuma no Mi por error. Encima no tenía noticias de mi nuevo compañero ni sabía qué estaba haciendo, toda esta contienda estaba ya perdiendo la gracia que le quedaba. Sólo tenía claro que, en caso de poder salir de ésta, iba a montar un pollo. No entendía por qué nos trajeron a este lugar, por qué nos estábamos pegando con esta mujer ni por qué el supuesto líder de todo este grupo no había tenido el detalle de dar la cara a recibirnos, como si el Gyojin y yo fuésemos irrelevantes.



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#28
Tumbado en la arena, me sentí completamente a merced de Marcia. Era frustrante la sensación, básicamente indefenso a sus ataques me sentía completamente expuesto. Esperando el inminente remate, tras quedar en derribado en la arena, pasaron los segundos pero nunca llegó. Incluso, me dió tiempo a levantarme y aplicar el botiquín medico para curarme ligeramente.

Sin embargo, todo esto había pasado a costa de Apolo quien, mientras yo me levantaba, había intentado retener a Marcia. Para nuestra desgracia, Marcia se liberó fácilmente del agarre de Apolo para llevarlo rumbo al mar en retribución a la par que yo terminaba de curarme.

Estaba por suceder el peor de los escenarios para un usuario de frutas del diablo.

Desde mi posición en la orilla del mar, pude observar como Marcia pegaba un salto hacia el mismo junto con Apolo sumergiéndose ambos mar adentro. Marcia había vuelto a usar ambas piernas lo cual le hacía igual de rápida que al inicio. Asumiendo que inminentemente se sumergirían en el mar, me lancé tras ellos a la vez que ambos rompían el agua.

Alcanzándoles una vez mar adentro, asestaría un puñetazo utilizando una de mis técnicas del Gyojin karate a la espalda de Marcia con la intención de liberar a Apolo de su agarre. Tras esto, lanzaría a Apolo hacía la playa ya que había quedado inmovilizado por los efectos que el mar tiene sobre los usuarios de frutas del diablo.

Finalmente, me movería un par de metros para quedar a 11 metros en diagonal de Marcia la cual habría sido empujada 6 metros más al fondo del mar por el impacto de mi técnica, ambos completamente sumergidos.

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#29
Las palabras del rubito no le sirvieron de nada. Intentó por todos los medios que no nos lanzásemos al mar, pero ya estaba decidida. Aquella idea, por algún motivo, me había parecido espectacular. Ya había pasado demasiado tiempo, tendría que haber acabado mi misión y, lo más importante, era posible que Gol hubiese acabado la suya. Esta era la principal y la más importante, de hecho, la única que debía llevarse a cabo sí o sí, sin opción de fracasar. La de mi compañera y la mía era totalmente opcional. Llevarnos a aquellos marines detenidos nos podría dar alguna ventaja, tal vez. Pero lo importante era que no se reuniesen durante este tiempo con su jefazo. Había sido tan estúpida que se me había olvidado el den den mushi, así que ahora no podías haber cuándo mi superior había completado su misión. Por si acaso, estaba alargando la situación todo lo que podía, aunque estaba bastante convencida de que ya no sería suficiente hacerlo durante mucho más tiempo.

Al caer al mar sentí como el frío invadía todo mi cuerpo y la oscuridad se volvía casi total. En aquel elemento me seguía sintiendo bastante capaz, aunque algo mermada. Activé mi haki de observación a cinco metros para poder medirme mucho mejor con el gyojin, en caso de que este no huyese como un cobarde para dejar tirado a su compañero. Ahora que lo pensaba, no estaba del todo segura de qué pretendía con aquello. Tal vez comprobar si aquellos marines tenían un mínimo de corazón como para protegerse entre ellos, a pesar de no conocerse de nada. La pelirroja, que era su superior, ya les había dejado totalmente vendidos y a ellos mismos no parecía haberles importado demasiado lo que le ocurriese. No me extrañaba. Sin embargo, en este poco tiempo ellos habían forjado un pequeño vínculo. Podría ser que el cara pez rechazase la idea de huir y contarles a sus superiores una historia fantasiosa en la que él era el héroe y el único superviviente. Sonaba tentador y no tardaría en averiguar cuál fue su reacción.

Casi nada más activar mi haki sentí cómo el marine, en un acto de valerosidad o de idiotez, se lanzaba al mar para rescatar a su compañero. Tal vez él no lo viese arriesgado al encontrarse en su elemento natural, pero por supuesto que lo era. Eso sí, también era algo arriesgado para mí. No iba a negar que tenía un as bajo la manga que no dudaría en utilizar si la situación se complicaba demasiado, pero aún así podía suceder cualquier cosa. Ese tío podía respirar bajo el agua, cosa que yo no podía hacer. Si jugaba bien sus cartas tal vez podía tener una minimísima posibilidad de dejarme bajo el mar sin respiración. Sin embargo, las ansias por salvar a su compañero le cegaron. Pude sentir sus intenciones y eran bastante simples: un golpe por la espalda. Sería una genial idea si no tuviese a su compañero a mi espalda, subido a caballito y sujeto por sus piernas. Justo donde se tendría que encontrar mi espalda, estaba la del rubio, que recibiría el impacto. Eso sí, de la fuerza del golpe salimos despedidos varios metros bajo el agua. En ese momento, liberé al marine de mi agarre, que comenzó a hundirse más profundamente en el mar mientras yo me quedaba quieta mirando a su compañero. No era una psicópata, no iba a disfrutar impidiendo que le rescatase, pero sí me interesaba ver qué elegía hacer, perder el tiempo intentando darme otro golpe o lanzarse corriendo a salvar a su compañero, al que cada vez le quedaba menos aire. Eso era lo segundo peor de estar bajo el agua, lo peor de todo era no poder soltar todos los comentarios ingeniosos que se me estaban ocurriendo.

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#30
La sensación de ser un usuario bajo el agua era bastante claustrofóbica, irónico cuánto menos debido a la vasta extensión del océano. Aún estaba totalmente consciente, por lo que notaba el frío que transmitía el mar y la incapacidad de respirar era bastante agobiante, era como estar encerrado y atado en una cápsula de aislamiento sensorial. No podía ver, ni oír, ni moverme... que era lo peor. Tampoco sabía dónde estaba la superficie del mar, ni dónde estaba el fondo Lo único que notaba era el contacto de la revolucionaria, lo cual me daba la idea de que se estaba hundiendo conmigo ya que me seguía agarrando de las piernas.

Pasaron unos segundos hasta que, para mi sorpresa, noté una especie de golpe en la espalda, como si fuese un puñetazo. Marcia no podía haber sido ya que me estaba agarrando las piernas, así que o tenía un aliado sorpresa, o el que decía ser mi compañero me había traicionado. Quizás ésto finalmente sí fuese una prueba de la Marina o vete a saber tú qué se tenían entre manos, pero bajo el mar estaba totalmente vendido y, si era incapaz de pelear contra un rival, imagina dos. Ese puñetazo fue tan duro que pudo empujarme unos metros incluso estando bajo el mar y, en ese desplazamiento, pude notar que Marcia se había separado de mí pues ya no notaba el contacto de sus manos sobre mis piernas, lo cuál hizo que perdiese definitivamente cualquier referencia. Lo único que sabía era que el golpe me desplazó más hacia el fondo, debido a que perder las propiedades de mi Akuma no Mi, hizo que sintiese que la presión marina estaba aumentando ligeramente y que cada vez iba notando que mi cuerpo se resentía más y más, por lo que de salir del mar, no me quedaría excesivo tiempo en pie.

La suerte que tuve es que el haber nacido en una isla tropical y crecido en las playas, mi capacidad pulmonar estaba bastante desarrollada, así que aún no notaba que estaba cerca de quedarme sin aire. La desgracia, es que no podría salir de allí por mi cuenta e iba a necesitar ayuda. Ya no era una shortboard, ese cáctus me había convertido en un ancla.


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