Vicios son vicios [Aventura T2 - Presente Absoluto]
#1
Dia 83 de Verano, Año 14


El reino de Ilisia, un lugar prospero que ha visto el incontable inicio de aventuras y el final de otras cuantas. Una isla grande y llena de vida, protegida por la más prestigiosa institución conocida en este mundo y el siguiente: La Marina. Pero muchas cosas escapan de nuestros grandes regentes, la vida se abre paso entre las grietas del cemento en formas de briznas de pasto lo suficientemente soberbias como para perecer, los entresijos de los mortales tejen la tela sobre la que se sostiene el mundo, y este, tan pesado como es, aguanta a duras penas sobre una base tan endeble.

Para que exista luz, debe haber oscuridad y fiel a esta regla ancestral de nuestro mundo, las calles de la gran ciudad de Ilisia, también conocida como Akarui, esconden secretos y monstruos a los que muchos dan la espalda, pues, para que algo sea prospero otros deben perecer y en sus suburbios, escasos, pero aún existentes, existen muchos tipos de peligros que la seguridad de la ciudadanía ignora.

Las drogas, la prostitución y esclavitud son los pilares fundamentales de cualquier sociedad moderna, esta triple entente rige bajo las sombras los vicios de las personas más grandes conocidas y sobre ellas, el poder y la lujuria toman la forma más primigenia conocida de la naturaleza de estos mismo: La humanidad.

Es por eso, que alejados de los lujos y la moralidad, los vástagos de estos terribles destinos, pelean y luchan por hacerse un sitio en lo más alto del escalafón social, aunque muchos de ellos perecen en el camino, otros consiguen prosperar y llegar a un estatus de bonanza y felicidad, sin embargo, aquellos que no son capaces de escapar de las brutales garras de las calles, son consumidos por las mismas sustancias que ellos consumen, convirtiéndose así en cascarones vacíos, el lugar perfecto para que la pena y la ruina proliferen sin que le salpique a nadie.

El verano llegaba así a su fin, aunque el calor estival acariciaba las calles, se alejaba mucho de las temperaturas pasadas que habían asolado a los adoquines que conformaban los cimientos de Akarui. El cielo presagiaba una tormenta venidera, y sobre las casas de aquella ilustre ciudad unas nubes con los colores de la ceniza y el humo amenazaban con purificar el aire cargado con las que había obsequiado a aquellas calles el terrible calor del verano.

Nuestro protagonista hoy no sería otro que el novato pero ambicioso cazador de recompensas Casca Belles, el cual, con la prepotencia que brinda la juventud, había dejado atrás temporalmente a su compañeros: un semigigante con un bigote envidiable y una humana adorable nativa de aquella ciudad con los que había echo grupo tiempo atrás.

Casca Belles caminaba por los suburbios mientras observaba la basura que los rodeaba y la precariedad con la que aquellas gentes convivía, pudiendo observar la diferencia que podía haber entre las distintas zonas de una misma ciudad. Frente a él los edificios  se erigían endebles, construidos con maderas roídas y arcilla mohosa, algunos estaban derruidos, otros tenían parches que intentaban arreglar la baja calidad de sus materiales, pero si algo era cierto, es que aquel barrio parecía un lugar totalmente diferente al mundo que había conocido en el centro de la capital.

Pero... ¿Por qué un novato cazarrecompensas caminaría decidido en dirección a un conflicto, con una tormenta sobre sus hombros y sin sus compañeros? La respuesta se encontraba en una nota que ahora descansaba en su ropajes, la cual, había encontrado en un tablón de recompensas y que con mala letra y peor ortografía, rezaba lo siguiente:

Cita:Nesesitemos de alluda, las caies del suvurbió 2 estan perdidas, nuestres familias destruidas. Desde qie se llevo acabo la rededa, el consumo a vajado, los chicos estan nerviosos y nuestro kerido Folk, el bueno de Folk... Alguien tien que acabar con sus sufrimientos, está fuera de sin, e un peligro para tós nsotros. Ofreceremo lo pogo que tenemo al q sea capas de ponerle en el canmino de la tunbas.


De uno de los callejones que se perdían en aquel inhóspito lugar un grito aterrador destruyó el silencio, era un grito de dolor y de agonía, cualquier otro hubiera escapado ante tan aterrador sonido, pero... ¿Qué haría nuestro protagonista? 


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#2
Cuando Pralder nos invitó a acompañarlo a visitar a su familia en las afueras de Ilisia, y Charel hizo lo propio para que fueramos, tuve que pensar cuidadosamente en cómo rechazar sin parecer desinteresado. Ellos querían que me uniera, era evidente, pero no podía. "Gracias, pero creo que aprovecharé este tiempo para resolver unas cosas que tengo pendientes," dije finalmente, dejando mis palabras en el aire, sin demasiadas explicaciones.

La verdad era más complicada. Sus planes giraban en torno a la familia, a lazos que ellos entendían y valoraban, pero que para mí siempre habían sido esquivos. Además, había asuntos que necesitaba enfrentar, cabos sueltos que había dejado enquistarse durante demasiado tiempo. El pasado siempre encuentra formas de alcanzarte, y el mío lo estaba haciendo ahora, con nombres y sombras que aún rondaban los barrios bajos de Akarui. No les dije nada de esto, claro. No necesitaban saberlo, había encontrado amigos en los que creía y eso era algo que no estaba dispuesto a estropear.

Fue precisamente en uno de esos barrios tras encargarme de mis “recados”, mientras caminaba por calles que conocía demasiado bien, donde encontré el tablón de recompensas. Entre anuncios rotos y maltratados, una hoja mal escrita, casi ilegible, destacaba. Algo en ella me detuvo, una cierta desesperación en aquellas palabras toscamente garabateadas. Tomé la nota sin pensarlo mucho y la guardé en mi chaqueta. No estaba seguro de por qué, pero en ese momento, sentí que no podía dejarla allí.

—Aún así… Esta nota tiene la peor ortografía que he visto en mi vida —dije entrecerrando los ojos un poco para distinguir algunas de las letras, aunque para ser sincero, debía sacar el contenido por contexto. —No puedo culpar a quien haya escrito esto, yo tuve suerte con Eleon, pero muchos fueron simplemente afortunados de no morir en la calle. No se puede hacer nada… CascAcasCa.

El aire aquí es denso, cargado de una mezcla agria de sudor, humo y desesperación que se pega a la piel como una segunda capa. Cada paso que doy sobre los adoquines desiguales resuena entre las paredes desvencijadas de los edificios, como si incluso la ciudad estuviera tratando de advertirme. Las casas, o lo que queda de ellas, parecen un insulto al concepto de hogar; madera podrida y ladrillos desmoronados sostienen techos que desafían la gravedad. Con cada paso, trato de evitar las posibles trayectorias de caída, nunca se sabe.

Es curioso cómo la miseria puede ser tan... creativa. Las calles están llenas de vida, aunque sea del tipo que uno preferiría evitar. Niños descalzos corren entre los callejones, sus risas contrastando con los gritos de adultos que discuten por una botella de ron barato o unos pocos berries. Las sombras se alargan aquí, no por la posición del sol, sino porque parecen pertenecer a algo más. Algo que observa, que espera.

Este lugar... Este lugar es un recordatorio. Me recuerda a lo que fui una vez, a lo que podría haber sido si Eleon no hubiera aparecido. Y sin embargo, no puedo evitar sentir cierta afinidad por estas calles. Aquí, como en mi pasado, la lucha es constante, pero al menos esta vez es honesta, únicamente elegida por mí.

Camino con cuidado, mis alas bien escondidas bajo el abrigo. No tardé en aprender que aquí, cualquier cosa que destaque demasiado es un riesgo, y aunque mis instintos me gritan que no quizá no es el lugar más apropiado ahora mismo, algo me impulsa a seguir adelante.

—Un momento tan bueno como cualquier otro para un cigarro —digo casi de forma hipócrita, éste ya estaba en mi boca antes de que empezase a hablar, y lo enciendo. Una calada, después otra. Entonces miré al cielo mientras la ceniza caía sobre los adoquines.

Tal vez sea la tormenta que se avecina, o tal vez sea esa nota arrugada en mi bolsillo, pero sé que algo está por suceder y, como si alguien me leyese la mente, ese algo llega.

El grito corta el aire como el rugido de un animal herido, visceral y desgarrador. No es el sonido de alguien sorprendido o asustado; esto es dolor puro, de ese que nace en lo más profundo y arrastra todo consigo. Proviene de algún lugar adelante, entre los callejones oscuros donde el caos y la miseria encuentran su refugio. Me detengo, cada músculo en mi cuerpo tensándose como un resorte.

La primera reacción es instintiva. Mi mano derecha viaja hacia mi espalda, donde el Long-range Choice descansa asegurado. Siento la textura familiar de la correa de cuero y, al tacto, mi mente parece despejarse. Desengancho el rifle con un movimiento fluido y lo bajo hasta mis manos, comprobando automáticamente que el seguro esté listo y la carga en su lugar. El peso del arma, frío y constante, es un ancla en este mar de incertidumbre.

El silencio vuelve, pero no es sólo un silencio, son varios de ellos. Apilados unos sobre otros creando uno más grande, fuera del plano físico. Es el tipo de calma que oculta el movimiento, un preludio a algo que todavía no se revela. En mis oídos, el eco del grito persiste, una advertencia que se mezcla con los sonidos de la ciudad; pasos que se pierden en la distancia, murmullos lejanos y el crujir de madera vieja que parece gemir bajo el peso de la humedad. Arriba, las nubes pesadas de tormenta se agrupan como un ejército en formación, y por un momento, incluso el aire parece detenerse.

Mis pasos se vuelven deliberados, cada uno calculado para evitar cualquier crujido innecesario en los adoquines desiguales. Camino con el Long-range Choice preparado y mi dedo índice descansando justo fuera del gatillo. La mirada recorre cada rincón, cada sombra, buscando movimientos o destellos que no deberían estar ahí. Aquí, todo puede esconderse y todo puede ser una amenaza.

El entorno no mejora. Las paredes se vuelven más estrechas, los edificios más bajos, y el hedor a podredumbre aumenta con cada paso. Veo grafitis en las paredes, nombres, insultos, promesas de venganza garabateadas con pintura barata que ya se está descascarando. Una rata cruza delante de mí, rápida como una sombra, y el ruido de sus garras en el suelo me hace apretar más el rifle contra mi cuerpo.

Mientras avanzo, distingo a un hombre encorvado junto a una pila de escombros, su figura apenas visible en la penumbra. No parece especialmente peligroso, pero aquí nadie lo es hasta que decide serlo.

—Oye, tú —digo, firme pero sin hostilidad, deteniéndome a unos pasos de él mientras el rifle sigue descansando en mis manos—. ¿Sabes algo de Folk? Porque le estoy buscando.
El hombre alza la vista de golpe, y su expresión se convierte en puro pánico. Sus ojos se abren como platos, y antes de que pueda siquiera soltar una palabra coherente, da media vuelta y corre, tropezando con la pila de basura en su prisa por desaparecer.

—Perfecto… —murmuro para mí mismo, volviendo a concentrarme en el camino. La reacción del hombre me dice suficiente. —Estoy exactamente donde debería estar, aunque eso no me hace sentir mejor… No se puede hacer nada.

Entonces, una sensación más aguda me invade. Ese grito… No fue solo de dolor. Había miedo en él, miedo a algo que quizás todavía está aquí, esperando. Mi respiración se ralentiza, controlada. Este no es el momento para dudas, y aunque mi corazón late con fuerza, mi mente ya está en modo de supervivencia. Eleon siempre decía: "Acho, piensa como si tu pellejo fuera el premio. Si fallas, lo pierdes. Si ganas, vives pa' contarlo." El hombre tenía un acento muy raro y marcado, pero cuando se ponía serio, apenas podía diferenciarlo.

Respiro hondo, acomodando el rifle en mi hombro. El Long-range Choice siempre ha sido una herramienta de precisión, pero en un lugar como este, los disparos a larga distancia son casi imposibles. Aun así, no pienso soltarlo. Es mi garantía de que, pase lo que pase, no estaré completamente indefenso.

—Esto es una pésima idea, pero no es que tenga fama de tenerlas buenas, ¿O sí? — murmuro, apenas en un susurro, como si el sonido de mi propia voz pudiera romper la tensión. —No se puede hacer nada…—. No me detengo. Estoy acostumbrado a avanzar hacia el peligro, incluso cuando la lógica me grita que debería retroceder.

El eco del grito sigue ahí, colándose en mis pensamientos. No sé qué me espera al final de este camino, pero sí sé que no puedo ignorarlo. Dando una última calada al cigarro, fijé la vista en la penumbra y di el primer paso hacia la oscuridad.

Atributos Personaje

Inventario

OFF

#3
Casca paseaba por las calles del suburbio alerta, el aire era tenso y denso y la tormenta estaba a punto de romper, los silencios se escapan como los vidas y los últimos suspiros de las mismas. Las ratas y las ratas que hablan evitaban al chico, el cual preguntaba por Folk. Pero en esos sitios no se hacen preguntas, mejor dicho, hay sitios en los que no quieres saber las respuestas. El grito seguía vibrando, pero no en el aire que lo trasmite, si no en las mentes de aquellos oídos que lo habían escuchado, ese quejido...

Casca entra en el callejón del que precede aquel sonido. Los adoquines son negros, las paredes de un marrón pálido, grietas y enredaderas las agarran a la tierra, pues sin ellas se despedazarían. Los cubos de basura están hasta arriba, el hedor es inhumano, los hierros de las verjas oxidados y roídos, y en el fondo, como un telón de acto una densa nube de polvo fruto de una fábrica cercana. A 7 metros de distancia de él hay 2 siluetas en el callejón: una tumbada y la otra acuclillada sobre ella, un reguero de sangre brota de la tripa de la figura tumbada. ¿Qué es el miedo? ¿Una respuesta o una pregunta? 
La silueta acuclillada se gira. Casca sin saberlo acaba de encontrar a quien estaba buscando. 

- KIIIII - Grita la silueta, es una alerta, el sonido es agudo, estridente, molesto e inhumano. Al abrir aquellas fauces Casca puede vislumbrarlo: sangre, pus y vísceras - FOLK QUIERE FLúÚ KIIIIIIIIIII - Vuelve a gritar con los ojos inyectados en sangre. La mirada de Folk atraviesa a Casca como un dardo, esa... ¿Qué es? Sus patas a pesar de ser bípedas tienen garras, afiladas como puñales, en sus ojos, dos gafas con cristales morados y agrietados protegen los dos luceros carmesí que observan a Casca. El cuerpo es peludo, el morro puntiagudo, la cola larga y rosada. ¿Qué es Folk? 

Folk, ahora no es otro que un cuerpo sin corazón, pero antaño, Folk fue criado por las ratas de los suburbios, sin saber ni si quiera que era un mink capaz de hablar como humanos, no fue hasta que cuando su tamaño triplicaba a sus hermanas empezó a hacerse preguntas y como he dicho antes, hay sitios en los que no se hacen preguntas. Folk comía de los cubos y las sobras que dejaba la sociedad, hasta que, uno de los regentes de una de las bandas locales se dio cuenta de que esa rata era poco común, más lista, rápida y fuerte que las demás. Supo sumar 2 más 2 y descubrió que no era una rata si no un mink, una raza poco común en estos mares pero no inexistente. La suerte de Folk no fue otra que la de encontrar a un buen hombre que le crio y quiso como a un humano más, aunque este usara sus capacidades para su beneficio nunca se aprovechó demasiado de Folk, pero... Escasas semanas atrás, una redada cambio los designios de aquella humilde gente. El patrón de Folk murió, aunque fueran buenos hombres, vicios son vicios, y la misma droga que suministraban a las calles era consumidas por ellos mismos en abundancia, es por eso que desde que el patrón desapareció, folk no puede consumir y por esa misma razón el ha sido consumido. Toda su banda ha sido aniquilada por el mismo, el barrio es asediado por un solo mink y todos y cada uno de los supervivientes temen por el día en el que las zarpas de quien ayer era su amigo se instalen en sus cavidades pulmonares para robarles su última exhalación. Por esta razón hoy Casca está aquí, por eso el cielo le hizo llegar aquella nota, hoy debería ser responsable de lo que otro había roto. 

Ahora Folk ignora el cadáver de la chica que está a sus pies, la sangre mana por el abdomen de la misma que estaba devorando, quizá antaño Folk fue un buen mink, pero hoy solo es el recuerdo del honor pasado, las patas traseras de folk se tiñen y se empapan de un rojo granate intenso. 

- ¿TÚú Tieness FLúU? - Pregunta Folk mientras ladea su cara, en el se ven signos de inestabilidad, un leve tic en su ojo izquierdo, sus movimientos aunque fluidos son erráticos - Kiiiiiiiiii- Con un diestro movimiento de su espalda saca una ballesta, te apunta y el virote silva en el callejón. No hay tiempo para pensar, solo los fuertes sobreviven. Las primeras gotas de la tormenta empiezan a caer sobre el callejón, un trueno parte el cielo en 2 y el agua comienza a mezclarse con la sangre. Hoy va a ser un día duro, tan bueno como otro para echarse un cigarro.
  
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FICHA DE FOLK

 
Bélico
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#4
La ballesta de Folk dispara con un chasquido seco, no puedo decir que fuese inesperado, pero no puedo reaccionar a tiempo. El virote vuela casi como un destello metálico en la penumbra. Empiezo a sentir la adrenalina y mis músculos reaccionan antes que mi mente, lanzándome de un salto hacia atrás mientras el proyectil silba, pero no he reaccionado lo suficientemente rápido. Siento un golpe seco sobre mi cuerpo, bajo las costillas y después otro sobre una pared a pocos metros de mí cuando el virote se incrustó en ella, astillando la madera podrida. Me ha dado y puedo notar como mi sangre comienza a manar de la herida.

Aún en el aire, aprieto los dientes, pero no puedo reprimir un exagerado grito de dolor mientras la peste a hierro inunda mis sentidos. Usando de algún modo las alas para controlar el vuelo, ruedo sobre los resbaladizos adoquines de la calle y me levanto, el Long-range Choice ya firme en mis manos. Habré ganado unos diez metros de distancia, dejándonos a diecisiete el uno del otro. Mis ojos se clavan en Folk, esa grotesca silueta que parece sacada de una pesadilla me observa con locura. El tic en su ojo izquierdo, el temblor errático en sus movimientos... No es solo una amenaza física; es una muestra de lo que sucede cuando se pierde todo control, reconozco esa imagen, la imagen de la adicción. Al final los vicios son vicios.
Por un instante, mi mente viajó a otro lugar, a otra época. Folk debía haber sido como yo alguna vez. No hacía falta conocer toda su historia para verlo. Un ser que sobrevivía en las grietas del mundo, haciendo lo que podía para encontrar su lugar. Pero algo lo había roto. Algo lo había empujado al borde, y ahora, el mink no era más que un cascarón lleno de desesperación y hambre.

"¿Y si no hubiera sido por Eleon? ¿Y si mi camino hubiera sido este?" – Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando me identifico con la criatura frente a mí, acompañado de una profunda pena.

Ese pensamiento me congeló por un instante, pero no tenía el lujo de perderme en reflexiones. Folk sigue emitiendo ruidos inhumanos, observo esas garras afiladas como si estuviera listo para saltar sobre mí en cualquier momento y agradezco haber ampliado las distancias por reflejo, a pesar de los daños. Sus patas están manchadas de sangre y por algún motivo sospecho que es suya. El rojo profundo de nuestra sangre se mezcla junto al agua de la tormenta que comienza a caer, formando hilos que se extienden hacia la posición de cada uno, como venas infernales creciendo en el suelo.

—¡Folk! —grito, mi voz resuena en el callejón —. ¡Para! No quiero matarte. —No miento, no del todo. Pondré mi vida por encima de la suya si es necesario, pero preferiría encontrar otra solución. —No se puede hacer nada…

No estoy seguro de que mis palabras tengan algún peso. Su mirada es la de un animal acorralado, los ojos inyectados en sangre detrás de las gafas agrietadas que protegen sus luceros carmesí se clavan sobre mí con un odio y necesidad lejos de la salvación. Por un momento me da la sensación de que titubea, ladeando la cabeza como si estuviera tratando de procesar mis palabras. Pero he visto eso otras veces, sólo es un tic nervioso fruto de la abstinencia, tengo que salir de aquí luchando y no puedo perder el tiempo tratando de entenderlo.

Un rayo rompe el cielo, la explosión del trueno rebota en los edificios y llega desde ángulos imposible, es la señal de que no hay vuelta atrás.
 
Respiro hondo, enfocándome en el peso del Long-range Choice contra mi hombro. La lluvia hace que el arma se sienta más pesada y resbaladiza, pero también hace que mis sentidos se afilen. Mis dedos encuentran el gatillo, y mi mente ignora el dolor para hacer un cálculo rápido: su posición, la distancia, el movimiento errático de su cuerpo.
No quiero disparar a matar. No todavía. Quizás no queda mucho de Folk en ese cuerpo, pero si hay algo, una chispa, no estoy dispuesto a extinguirla tan fácilmente.

Apunto a su pierna izquierda, donde las garras se arquean hacia adelante. Un disparo para desestabilizarlo, para detenerlo sin acabar con él. Mi dedo aprieta el gatillo suavemente, y el retroceso del rifle envió una sacudida familiar por mi brazo, casi por sorpresa, como debe ser.

El disparo hace eco en el callejón, un rugido que corta la tormenta por un instante.
Mientras lo observo desde mi posición, mis pensamientos no dejan de girar. Folk no es un monstruo, le han convertido en uno. Es el resultado de un mundo que aplasta a quienes no encajan en él. Su locura, su violencia, todo ello son solo los gritos de alguien que ha perdido todo lo que tenía, incluyéndose a sí mismo.

"¿Qué diferencia hay entre él y yo?" pienso. "¿Qué me separa de caer en el mismo abismo si pierdo a quienes me rodean? ¿Si dejo de luchar por algo más que sobrevivir?" aunque eso ya había pasado. Eleon había muerto no hace mucho y después había encontrado a Pralder y Charel. "¿Qué nos hace distintos Folk? ¿Es porque eres una rata? Es cierto que no se mucho de ratas que hablan".

BÉLICO
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 332 - 55 = 277
Energia: 437 + 0 = 437
Espiritu: 48 + 0 = 48
#5
Las palabras se las lleva el viento. Todo lo que Casca había dicho había sido tapado por el sonido de otro trueno, la lluvia empezaba a romper y el cielo lloraba de manera torrencial. Folk seguía sangrando, tenía una herida profunda. La muerte de aquel mink estaba escrita, el descanso de aquella alma era un augurio y una oda a la crueldad de este mundo. Los finales felices no existen, por lo menos, no en esta tierra. 

- KIIIIIiiIIIiiiiIIIII - El rugido de Folk se solapaba con la lluvia. Las patas traseras salen despedidas, las gotas chocan con su pelaje que empieza a empaparse y se pega a su rosada piel. De la herida en su espalda sigue manando sangre, el reguero que deja tras de si parece un capa. Folk cae dónde se supone que debería estar Casca, cargando en el tiempo que saltaba otro virote, la distancia entre ellos ha aumentado 3 metros más, separándose por 10 ambos contendientes. Folk se acelera se siente cada vez más débil, su corazón relincha, dando los últimos empujones, su vida se escapa, pero folk no lo sabe. Ignora que enfrenta a un enemigo inteligente, que sus fuerzas están mermando, que su vida está siendo drenada, no por el tiempo como el resto de mortales, si no por una hemorragia.

El callejón, espectador callado de estas y de otras muchas peleas, escucha y observa el silencio el sonido de un segundo tiro. La pólvora explota, el hierro recibe, la energía se transforma y la bala, presa de la hostilidad es despedida por el cañón del rifle. Más lento que antes Folk ignora el disparo recibiéndolo, aún así, la bala de Casca rebota y sale despedida partiendo un adoquín, el daño ha sido mínimo ¿era una bala o un perdigón?. Folk resopla y sin dar tregua dispara. El tic de su ojo acomoda la visión, sus manos sufren un subidón de adrenalina. El tiempo se ralentiza, el virote sale disparado cortando las gotas que caen a su paso, la madera silba en el aire, la tensión de la ballesta contesta con un seco sonido. Folk saca un nuevo virote y recarga. 

El cielo llora con más fuerza, con mucha más fuerza. Casca también está empapado, las gotas de lluvia golpean con fuerza, el cielo se ilumina en su totalidad, las nubes negras observan el combate desde su palco. El mink respira con dificultad, el cadáver de la joven descansa con la misma pureza que le permite la muerte, la seguridad de la ciudad de Akarui sigue ignorando lo que sucede. El bajo mundo se equilibra solo. El flú había matado a mucha gente, pero todo el mundo miraba a otro lado. Una vez más el asesino quedaría impune, la droga seguiría en las calles, las responsabilidades seguían sin nadie que las acogiera bajo su firme mano. El mundo seguía siendo un lugar cruel y el virote encontraría la carne, casca estaba en una carrera a contrarreloj y el premio por ganarla sería seguir vivo un día más. 




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FICHA DE FOLK

 
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#6
El disparo de la ballesta vuelve a estar en el aire, esta vez con un silbido que no tengo tiempo de registrar. Decido que es demasiado rápido y mis instintos se activan en un instante, de nuevo impulso mis alas y tenso las piernas para otro lanzamiento hacia atrás, despegándome del suelo justo cuando el virote se incrusta en algún punto de mi cuerpo. El impacto me sacude como si un mazo invisible me hubiera golpeado en todas partes al mismo tiempo, el dolor irrumpe con una fuerza brutal. Ni si quiera consigo saber donde he sido golpeado.

El aire a mi alrededor parece enfriarse de golpe, y durante unos segundos, todo lo que existe es el ardor fantasma bajo mis costillas y el zumbido en mis oídos. No estoy seguro de en qué punto estoy. Aleteo con fuerza, estabilizándome a duras penas a media altura, cada expansión y retracción de las alas envía mensajes de alarma en forma de dolor mientras mis pulmones se llenan con una mezcla de aire húmedo y un toque metálico de mi propia sangre.

Mis manos todavía agarran con firmeza el rifle, si es un acto reflejo o una elección de mi mente inconsciente, eso no lo sé. Cada movimiento es un recordatorio del virote clavado en algún punto de mi carne, un ancla que busca arrastrarme al suelo. Pero pasados unos segundos, el dolor no me controla del todo; lo tomo como un recordatorio de que sigo vivo, de que aún tengo fuerza, de lo contrario no podría levantarme.

Al alzar la vista, lo veo. Folk está allí, su figura iluminada débilmente por la luz parpadeante de una farola cercana. Sus movimientos son erráticos, casi animales, lo que hasta en este estado no podría resultarme menos irónico, pero no son los movimientos de un depredador calculador, sino los de una bestia que ha perdido toda conexión con lo que una vez fue. No necesito palabras para comprender su mensaje: él busca aplastarme, devorarme en todos los sentidos, todo por esa cosa que llama flú.

Mis alas se tensan, y un segundo impulso me lleva más alto, apenas lo suficiente para mantener la distancia, otros 10 metros. Ese es el límite para mi habilidad como tirador, más distancia y seguramente no sea capaz de cuadrar un disparo. Cierro los ojos un instante, escuchando los latidos frenéticos de mi corazón. Eleon siempre decía que las situaciones más desesperadas eran las que definían si vivías o caías.

"Hoy no caigo, aunque me la pego seguro..." pienso. — No se puede hacer nada...

Con una respiración profunda, a pesar del dolor que late con cada movimiento, mi mano está firme. Mi mente está en calma, y mi voluntad se aferra a un único pensamiento: volver con mis compañeros.

Aprieto el gatillo.

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 277 - 83 = 194
Energia: 437 + 0 = 437
Espiritu: 48 + 0 = 48
#7
Nuestro valeroso protagonista se ve superado. Una gran lección que de seguro Eleon le habría dado en algún momento: "Acho, no metas el hocico dónde no te llaman o te lo untan" Y se lo estaban untando a base de virotes y la ley del hielo, pues Folk, presa de su adicción, todavía no había alegado motivos para la pelea, ni mucho menos menos. Las únicas respuestas que Casca había obtenido del mink era, tensar la cuerda, disparar madera y acertar en el blanco. Si me preguntas a mi, mucho para el estado en el que la terrible criatura se encontraba. 

Otro salto de Casca, parecía que este quería evitar el conflicto a toda velocidad, hacer tiempo y ganar los preciados segundos que le separaban de su muerte prematura. Era una estrategia válida, pero no efectiva. Este último salto, le había dejado expuesto en la mitad de la calle central por la que había llegado, sus disparos se perdían entre el sonido de la lluvia y los truenos y Folk, presa del vicio ignoraba todo el daño que recibía, su único objetivo era consumir, su mente roída por la droga solo tenía un pensamiento "FLÚ". 

Las patas de Folk patinan en el mojado y angosto callejón, se siente si fuerzas, se siente cansado, pero Folk sigue. El salto es nimio en comparación a las agiles alas de su adversario. Los dos salen a la calle central, ¿El cadáver que dejan atrás? Olvidado como el de otros muchos que han sido asesinados en este suburbio. Un zumbido empieza a crispar el ambiente, es un sonido familiar, voces que se amontonan, gritos de guerra, la esperanza abriéndose paso en la oscuridad.

Son 20 hombres algo desnutridos, con ropas andrajosas y remendadas. Corren y gritan, entre el miedo y la valentía que otorga una muerte segura. 

- ASUDEN AL PAYO - Se escucha entre los gritos de guerra - FOLK LO VA A DEJAR PICAO - Grita otro - ASUDEN AL PAYO POR LO NINIOS - Se vuelve a escuchar. - VAMOS ES NUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD, NAIDE HA VINIO A AYUDERNOS - Por detrás de Casca, un ejercito de 20 personas aparece superándole e interponiéndose entre Casca y Folk. Algunos tienen lágrimas en los ojos, pero estas se disimulan con la lluvia. Otros tiene miedo. Otros no tienen otra opción que pelear para dormir a la bestia que la sociedad ha despertado. Uno de ellos fue el que dejo aquella nota que el destino entregó a Casca, el único que había demostrado tener una mano lo suficientemente firme como para aceptar aquel trabajo.

Folk, en aquella comunidad era querido, era un ser que les protegía junto a su jefe, aunque sus actividades no fueran morales lo hacían por el bien de la comunidad, pero aquella redada lo había cambiado todo. No quedaba ni un solo gramo de Flú en las calles, los mismos que lo habían metido en las calles lo habían sacado para reabastecerse. Ya no había Berries para comprar hogazas de pan mohosas, ni carne a punto de perecer, la situación era tan precaria que uno de sus salvadores había sido corrompido hasta el tuétano y convertido en un amasijo de caos y discordia. 

Los hombres rodean a Folk, pero este avanza, degollando con sus afiladas patas entre saltos y movimientos a la mitad de sus enemigos, los que siguen vivos le golpean: puñetazos, codazos, rodillazos y navajazos caen como un aluvión al cuerpo de Folk, pero este los ignora. Solo hay un objetivo "Flú". Entre toda el caos de gritos, sangre, muerte y violencia un virote sale disparado haciendo una parábola, el objetivo es el mismo, la velocidad cada vez menor. Folk esta siendo drenado poco a poco, pero no cesa en su búsqueda. Un trueno cae incendiado uno de los cubos de basura de la calle, la confusión hace mella en las huestes de Casca y Folk aprovecha la coyuntura, carga otro virote mientras los débiles hombres asustados por el impacto del rayo y la violencia de la muerte de sus amigos se quedan perplejos. Lo que era un combate uno contra uno se ha convertido ahora en una paliza a Folk. Los hombres atacan con pena, saben que el último regalo que le pueden hacer es otorgarle el descanso y la paz de la muerte. Casca, el único que ha acudido en su ayuda se ha convertido en un su última oportunidad para ayudar a su amigo, y aunque todos mueran, sabrán que lo hicieron por un bien mayor, habrían erradicado el miedo de las calles y devuelto el favor a un viejo amigo, que en días pasados lo habría dado todo por ellos, pero que en el presente, no podía entregarles nada más que miedo y ruina, pues era lo único que quedaba en su interior. A veces, no hay victorias, solo son derrotas disfrazadas. 

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FICHA DE FOLK

 
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#8
Con el rugido de la lluvia, los ecos de los gritos y el caos de la batalla a mi alrededor, intento centrarme en lo único que puedo controlar: mis propios movimientos. La adrenalina martillea mis sienes mientras busco un refugio temporal. Cada paso se siente como un juicio, los adoquines resbalan bajo mis pies, y el sonido de mi propia respiración parece llenar el mundo.

Folk está enfrente, y no hay duda de que está consumido por algo que lo trasciende. Sus movimientos, aunque erráticos, son letales; cada salto, cada virote disparado con su ballesta improvisada, tiene una precisión macabra. Mis manos tiemblan mientras trato de estabilizar mi Long-range Choice, pero la humedad y el dolor hacen que hasta eso sea un desafío monumental.

"¿Qué haría Eleon ahora?" pienso, recordando sus palabras siempre cargadas de pragmatismo y mordacidad. "Acho, piensa como si tu pellejo fuera el premio." Claro, porque eso hace todo más sencillo.

Algo pasa, Folk se mueve una vez más, tan inhumanamente rápido como las veces anteriores. Sin embargo algo es distinto, esta vez veo sus movimientos. "¿Es más lento? Si, eso está claro, pero no es todo, ¿verdad?" pienso adivinando mi siguiente acción. Después de todo, Eleon siempre decía lo mismo "Acho, si te pillan corre como si fuesen a jugar al ping pong con tus pelotas". Así que eso es lo que voy a hacer.

Folk y yo saltamos prácticamente a la vez. Él quiere acercarse y yo sé que ese aliento no es uno que quiera oler. No puedo evitar pensar que es una escena como la persecución del ratón y el gato. —¿¡Y por qué me toca a mí ser el ratón!? Esta de entre todas las veces... — grito en el aire, claramente disgustado.

Todavía en el aire, algo inesperado sucede. Gente inesperada, para ser concretos. 20 personas en terribles condiciones habían aparecido en algún momento y ahora me están superando mientras Folk acorta nuestra distancia poco a poco. — ASUDEN AL PAYO — Grita uno — FOLK LO VA A DEJAR PICAO — Grita otro — ASUDEN AL PAYO POR LO NINIOS — Se vuelve a escuchar. — VAMOS ES NUESTRA ÚLTIMA OPORTUNIDAD, NAIDE HA VINIO A AYUDERNOS.

— ¡Esperad! —Grito con fuerza, —¡Si seguís en esa dirección vais a morir! — Pero no me escuchan, y si lo hacen, prefieren ignorarme. — No se puede hacer nada... —, digo finalmente, sin entender por qué me importan estas personas que no he visto en mi vida.

La carnicería frente a mí no tiene sentido, Folk rasga los pobres cuerpos de al menos diez personas en cuestión de segundos, sin frenar su avance. Algunos de los supervivientes han conseguido dañarle un poco, pero sus ojos siguen clavados en mí, con una intención asesina superior a nada en el margen de lo racional. Planta los pies y dispara con una técnica asombrosa, apuntando por encima de las cabezas que tenían aún algún cuerpo sobre el que soportarse, el virote está viajando en curva hacia mí, a una velocidad alarmante.

El silbido viaja sobre el viento más rápido que yo, sin embargo consigo ganar suficiente distancia para evitar un impacto. El primero que no encaja alguna parte de mi cuerpo, ahora agujereado dos veces. Quiero acariciar el momento, pero la imagen de los múltiples cuerpos apilados tras Folk me lo impide, una lágrima se escapa de la prisión que son mis ojos y cae sobre el Long-Range Choice justo cuando aprieto de nuevo el gatillo. Junto a un trueno, el disparo ruge, Folk debe caer. 

Sin perder tiempo corro, ampliando más la distancia con la rata. Pidiendo perdón en mi mente a la gente que sin duda morirá. —No se puede hacer nada... Ahora mismo mataría por un cigarro.


BÉLICO
#9
El último virote que Folk disparó fue mucho menos precioso que los anteriores y había rozado el suelo sin probar la carne, fruto de una gran esquiva de Casca, cualquiera diría que había calculado por formulas mágicas a que distancias y velocidad iba aquel proyectil. En un entorno seco el acero de su punta hubiera generado chispas al contacto con el asfalto pero en este... El virote cae sin pena ni gloria, un paralelismo a la situación de Folk.

El cielo vuelve a iluminarse, el gatillo de Casca vuelve a percutir y la bala del mismo, evitando a los pobres diablos que le ayudan golpea el cuerpo del mink. La batalla llega a su climax, Casca recibe ayuda de los hombre valerosos que dios a enviado para que le apoyen. 10 hombres ahora rodean de manera inerte a Folk, el cual, jadea y resopla. Su tic en el ojo izquierdo se está incrementando, sus manos empiezan a temblar, cada vez se siente peor. El corazón le martillea y su venas bombean con tal potencia que folk solo escucha el retumbar del fluido de su sangre, la cual, sigue escapando por su espalda sin miramientos ni peticiones. 

Pero el disparo de Casca se ha sentido diferente... La ballesta de Folk, ya cargada, cae de sus manos, no le quedan fuerzas para sujetarlas y los únicos 10 hombres que quedan en pie le avasallan a golpes, alguno de ellos apartan la mirada, otros se obligan a mirar, haciéndose responsables de lo que están haciendo. Folk mira alrededor confundido, su compresión no llega a entender que está pasando, agacha las orejas y mira asustado de un lado para otro, sin comprender todavía que ha hecho para merecer tal destino. Su tic cada vez es mayor, y su miedo es exponencial a su desconocimiento. 

El cubo de basura alumbra la escena, haciendo un juego de sombras macabro, donde 10 figuras apalean sin miramientos a una pobre rata que simplemente es capaz de adoptar una posición defensiva llevando su garras a su cabeza y cubriendose la misma, las lágrimas escapan de sus ojos, que resplandecen con cada rayo que parte el cielo y sin poder responder ni entender nada, Folk recibe los golpes con su corazón en la garganta y su vida pendiendo de un hilo. Los hombres lloran, sus almas, apenadas por la barbaridad de sus actos a veces flaquean y fallan los golpe, pero Folk, sigue recibiéndolos, sin entender nada de lo que pasa, sin ser capaz incluso de articular ninguna palabra para pedir auxilio o rogar perdón, su mente se ha roto del todo sin la sustancia que tanto ansia y ahora folk solo es un roedor de exageradas dimensiones, siendo apaleado y acuchillado por la gente que un día amó. 

El mundo es cruel, pero aún así, Folk había arrebatado muchas vidas presa de su vicio, se había convertido en un peligro, aunque ahora Folk esté indefenso y su mente se sienta tan nublada, Folk habría matado a todos aquellos que ahora lloraban por sus actos sin ningún tipo de duda ni miramiento, para después, buscar en su cuerpo o ropa, un poco del polvo ese que tanto calmaba su corazón y la perdida de su jefe, el flú. Y aunque aquella escena vista fuera de contexto no sería tildada más que de un bárbaro ensañamiento, la verdad era otra. La muerte de aquel mink otorgaría el descanso a su atormentada alma y el descanso de la comunidad a la que llevaba atemorizando semanas. Un gran peso si me preguntas, más o menos, el mismo peso que una bala explosiva. 


datos de interes

FICHA DE FOLK

 
Bélico
[Imagen: 51pnN8x.png]
#10
OST


En apenas una miserable fracción de tiempo he logrado dos hazañas. 

La primera, esquivar uno de los virotes de Folk, ha sido determinante para la poca voluntad que me queda de pelear. No sé por qué empezó todo esto, pero desde el principio he sentido un terrible sabor de boca al respecto, esta pelea está mal.

No me entendáis mal, no creo que las peleas puedan estar "bien", pero pueden servir a un propósito, representar algo. Esta, a pesar de la dificultad con la que todavía respiro, más se había sentido vacía y carente de significado. Como la rabieta de un niño que no entiende por qué su padre no puede comprarle el juguete que le gusta porque no hay suficientes ingresos en casa, sencillamente algo triste de ver. Pero que me parta uno de esos rayos ahora si el niño no me ha dejado un par de agujeros bien distribuidos por el cuerpo... — No se puede hacer nada...

La segunda, he sobrevivido lo suficiente, no habrá más combate. Folk, maltrecho y doblado sobre sí mientras recibe los golpes de aquellos que una vez se consideraron sus iguales, ahora no tiene capacidad de pelea. Y yo... Yo nunca vine a matar a nadie en primer lugar, dentro de lo posible, quiero ayudar a ese Mink.

La ayuda no suele ser desinteresada, pueden existir muchos motivos para prestar una mano a otra persona, pero en su mayoría siempre existe egoísmo tras esas acciones. Compensar algún mal acto, sentir una superioridad moral o sencillamente la satisfacción de lo que uno cree que es correcto. En cualquier caso, incluso si esto beneficia a otro, sólo es para alimentar la propia hipocresía del buen samaritano. 

Yo no soy distinto, lo supe en mis días con Eleon, soy un triste hipócrita. Pero si ese es el estatus que se necesita para salvar a aquellos como Folk, víctimas de una sociedad que no da oportunidades y limita la libertad de elección, definitivamente lo llevaría por duro que pudiese ser el tormento de los autoproclamados "fuertes". — Esta noche lo he decidido, Folk. No hay un escenario en el que te deje aquí, de algún modo, te voy a salvar.

Enfundando el Long-Range Choice, salto hacia delante reduciendo la distancia con mi objetivo diez metros. La multitud sigue propinando flacos puñetazos y patadas al chico que solloza en el suelo, sin entender qué ocurre. En sí, individualmente los golpes parecen insignificantes, pero el número de ellos acaba encontrando aberturas que golpean las zonas afectadas de la rata, debe estar recibiendo bastante daño.

Los gritos y lamentos resuenan con eco en la calle al compas de los relámpagos que cortan el cielo. La melodía que se reproduce en el barrio esta noche no es alegre, aunque rara vez lo es cuando tiene que ver con la pobreza. Aterrizo, es más sencillo cuando no me están disparando, y vuelvo a saltar.

Me paro frente al demacrado grupo. Sé lo que debo hacer y también sé que no será fácil, no después de lo que han visto, de lo que han perdido y definitivamente no después de haber sentido como lo han hecho durante todo este tiempo. El corazón de la gente es curioso. — Dejadle... Sé lo que ha pasado esta noche, yo también me he llevado una parte —, digo señalando las visibles heridas en mi cuerpo. — Pero también sé que una vez, no hace mucho, le queríais.

Saco el trozo de papel que había empezado todo este problema y señalo una línea en particular:

Cita:...tan nerviosos y nuestro kerido Folk, el bueno de Folk... Alguien tien que acabar con sus sufrimientos, está fuera de sin, e un pe...

— Esto no es una nota de odio, nadie que haya escrito esto podría sentir algo así. — Las palabras fluyen graves y aceleradas mientras llueve, pero no son esas gotas las que caen de mis ojos mientras grito. — Esto es una petición de ayuda por vuestro amigo, y eso es lo que he venido a hacer, ayudar. — Me detengo por un segundo, eligiendo bien mis próximas palabras. — Así que, por favor, dejadme ayudar, dejad de golpearle y me lo llevaré.

BELICO


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