[Aventura T2] Berry desencadenada.
#1
Bosque de la isla Korossasu.
09:36H. Día 53 de invierno. Año 14

Ya habían pasado más de una treintena de días desde que la mink zorra se había instalado en el bosque de la apacible isla Korossasu, en este tiempo se había consagrado como la dueña de la arboleda por dedicarse a lo que mejor hacían los de su especie, sobrevivir. Día a día se vio enfrentando a la adversidad más salvaje que la isla tenía para ofrecerle, y día tras días salía victoriosa de cada prueba que la naturaleza le ponía, ni los lobos ni los osos eran rivales para ella, y con el tiempo la fauna local empezó a entender que era mejor no intentar molestar a la Zorra Negra, sin embargo los humanos son animales que no se rigen por las mismas normas, y aún sabiendo de qué es capaz, pues algunos ya habían probado sus potentes patadas, seguían viéndola como inferior, solo por el hecho de ser una mink. Los pueblos tienen muchas cosas buenas, pero la discreción nunca será una de esas cosas, un rumor corre como la pólvora prendida, y una realidad lo hace el doble de rápido, cuando Rick, el hijo de un gran terrateniente de la isla, empezó a hablar de lo que él y su padre habían descubierto en el bosque la gente se sorprendió, los minks son una raza exótica y difícil de ver, y ellos tenían uno en su isla, muchos celebraron poder conocer a un espécimen de otra raza por la curiosidad que despertaba en ellos el funcionamiento de estos animales antropomórficos, otros, sin embargo, recibieron la noticia con miedo y preocupación, si esa bestia, como la llamaban los más reacios a confiar en ella, era capaz de hacer frente a una manada de lobos, ¿Qué no podría hacer con ellos, los humanos?

Aún no siendo mayoría sus discursos acabaron calando en las partes más neutrales de la población, haciendo que el sentimiento de intranquilidad creciera cada vez que se mencionaba el tema, llegando incluso a calar entre los comerciantes que, con moderada asiduidad, llegaban a la isla para vender sus productos y comprar mercancías que vender en sus islas de origen, con el pasar de los días todos en Pueblo Cobo eran conscientes de su situación, unos la aceptaban con orgullo y otros la rechazaban con miedo, el boca a boca había deformado la historia original, pues cada uno daba una versión propia en base a lo que había entendido de quien se lo había contado, y el rumor de una bestia peligrosa habitando en el bosque de la isla llamó la atención de viajeros y comerciantes, y con el tiempo llegó a los oídos de una tripulación pirata que empezaba a hacerse un nombre en el West Blue por saquear barcos mercantes interceptandolos durante el viaje de vuelta a sus islas. La idea de dominar a una bestia a la que todos temían se le antojaba muy apetecible a la cabeza de estos piratas, y por ello ordenó a su tripulación de diez hombres poner en marcha el barco para tomar tierra en la costa de Korossasu lo antes posible. — Muy bien panda de simios, quiero que este barco vuele, ¿Está claro? — un sonoro coro de afirmación respondió, de parte de la tripulación. — Esa bestia del bosque va a convertirse en mi nueva mascota, y si no quiere someterse… — una sádica sonrisa se dibujó en el rostro de la capitana de estos piratas mientras acariciaba las cadenas que colgaban de su arma, consiguiendo un ruido metálico que muchos de sus subordinados había escuchado - y sentido - más de una vez. La capitana se puso en pie para sentir en su rostro la brisa marina y dejar que esta misma acariciase su pelirroja cabellera, pocas cosas disfrutaba más que someter a los más débiles, y la idea de hacer eso mismo pero con un animal salvaje que poder domesticar a base de pura fuerza bruta era algo simplemente demasiado bueno para dejarlo pasar.

Pero eso estaba sucediendo en el mar, en el bosque de la isla Korossasu, ajena completamente a todo esto, Berry despertaba en su campamento improvisado, con restos de la cena aún intactos porque ningún animal en el bosque se atrevía ya a intentar quitarle la comida. El día empezaba como uno cualquiera, el viento mecía las ramas y el sacudir de las hojas era el coro perfecto para acompañar al canto de los pájaros que apagaba el silencio de la noche del mismo modo que la luz del Sol encendía el cielo, la vida en el bosque comenzaba a abandonar el letargo nocturno y a activarse poco a poco.

Offs
#2
Era otro día en la isla, otro amanecer donde todo le parecía bonito a su alrededor, el lago fluyendo, los pájaros cantando y su cuerpo respondiendo a la brisa bajo las mantas. La zorra se había olvidado del encuentro con los humanos, era bastante olvidadiza aunque visitaba los alrededores del pueblo con frecuencia simplemente para buscar algo que hacer, su motor era ver que tanto podía juguetear antes de tener que retirarse al bosque. Los animales habían dejado de ser un entrenamiento, las presas escapaban con el solo hecho de verle cerca por tanto su gran opción para estirar las piernas era encontrar algún rival nuevo. Si bien en aquel bosque podía decirse que era la depredadora por excelencia, la mujer se negaba a considerar que no hubiera más oponentes o un depredador originario al que todavía no se había cruzado. Buscó mientras tanto un nuevo desafío, era alguien inquieta y no podía dejar pasar la oportunidad de mejorar, en el bosque ya no había nada que le atrajese. Apenas trepaba los árboles, los monos salían corriendo, apenas cruzaba el arroyo los pocos reptiles se escondían de su mirada e incluso los osos antaño territoriales se apartaban solo con verle llegar. A lo mejor era que no soportaban a una mink de su calibre, tan hermosa paseando en ropa interior por sus lugares, bostezó mientras cruzaba otro de los caminos en espera de un recibimiento diferente pero los lobos que habían llegado a probar el lago huyeron despavoridos al verle llegar.

Se rascó la cabeza mientras masticaba un poco de la carne seca que había preparado para distraer sus colmillos mientras cazaba, el bosque seguía de un lado y del otro, los límites de su territorio no estaban definidos pero ya lo sentía como un todo. Olfateó mientras reconocía aromas extraños, era algo nuevo en la isla, pero dudaba si era bueno o malo podía ser el peligro que buscaba o la comida de algún humano que hubiera decidido ingresar al bosque en busca de que algún animal le comiese vivo. Los humanos podían ser muy confiados, sin embargo, la zorra no saltaría a la acción desesperada tenía un buen suministro de comida y no había necesidad de ser imprudente en aquel lugar. La naturaleza le había respaldado con garras para trepar por los árboles como todo un felino, un olfato para que quien ingresara a su territorio tuviera cuidado y una fuerza devastadora.

Utilizando sus afiladas garras trepó hasta la cima de un árbol, saltando entre las copas hasta tener una visión despejada del territorio, siguiendo el aroma desconocido hasta esperarlo cubierta entre la vegetación y la ayuda de algunos pájaros que sobrevolaban haciendo que sus movimientos en las copas parecieran lo normal en aquel terreno lleno de vida. Se recostó sobre una de las ramas gruesas, afinando su mirada en dirección a lo que su olfato había detectado y esperando pacientemente sin mover un solo músculo. Como el depredador que espera tranquilamente antes de descender desde las sombras, tenía una buena postura, un salto y su patada impactaría contra el suelo en cuanto decidiese pasar por ese lugar. Sentía la emoción desbordando su cuerpo, las suaves brisas del viento anunciando el inminente cambio. ¿Qué sería esta vez? ¿Una humana? ¿Un humano? ¿Le dejaría coquetear? ¿Sería fuerte? Todas esas dudas se movían como su cola, de lado a lado, en busca de una mejor respuesta. ― No hay apuro, seas lo que seas, voy a disfrutar verte caer ante mi inigualable belleza... solo cruza el umbral y acepta tu destino... ― masculló en una especie de ronroneo. Los minutos pasaban, el tiempo se volvía difuso y ella seguía allí, en la copa del árbol buscando a su nueva presa que había decidido salir a jugar en un hermoso día de Invierno.


Atributos Personaje


inventario y pasiva

resumen
#3
Después de recorrer una gran distancia saltando de copa en copa de árboles por todo el bosque, buscando la fuente de un olor que, aún no ser familiar del todo, es reconocible. Con cada brinco la madera de las ramas que servían como puntos de apoyo, tanto para dar el salto como para aterrizar sobre ellas, crujía un poco, por la fuerza que se ejercía sobre estas al recibir la fuerza de las piernas de la zorra negra; esto provocaba que algunos pájaros pequeños huyeran por el ruido, temiendo que fuera un depredador, otros se mantenían, especialmente los más grandes y que eran predadores ya. Tras llegar a la fuente del olor se acomodó en la copa de un árbol, y por debajo de ella no se demoró en pasar un rostro conocido por la zorra, era Chum, un humano al que había conocido tiempo atrás como la mascota de Rick, un hombre calvo hijo de un terrateniente.

Chum llevaba un cubo metálico en la mano izquierda, lleno de pescados, y en la derecha, agarrado de tal forma que podía reposar sobre su hombro, una caña de pescar bastante larga. El joven iba silbando despreocupado por el bosque, de camino a una zona cercana a la costa en la que la arboleda desaparecía y el verdor propio del bosque, producido por las hierbas y el moho, daba paso a una arena de color marron, como si más que arena fuera tierra húmeda y sin vegetación que la cubriera. El descenso de la mink lo sobresaltó tanto que poco le faltó para caerse, — ¡E-Eres tu! No me pegues otra vez, por favor… — replicó, agachándose para protegerse como podía, anteponiendo el pescado por si, de alguna manera, eso ayudaba. — Solo quiero disfrutar de mi cit- de mi comida con Rick, puedes acompañarnos si no nos pegas… Perdón por coger tu ropa interior, por cierto, pensábamos que era robada…. Mejor me callo… — Volvió a erguirse y pasó por el lado de Berry sin dejar de mirarla a los ojos, se notaba el miedo en su mirada, aunque no estaba lo suficientemente asustado como para que no se le escapase la mirada hacia el pecho de la mink cuando pasó más cerca, justo antes de retomar su camino.

En la zona más costera un círculo de piedras, de medio metro de diámetro, guardaba una humilde fogata que chisporroteaba de vez en cuando, el joven clavó la caña de pescar en la arena con algo de dificultad y valiéndose de una piedra grande y con un lado plano Chum se sentó y empezó a limpiar los pescados que traía y a empalarlos en palos largos que colocaba en forma de pirámide alrededor de la fogata, cuando la mitad de los palos estaban colocados apareció Rick con algunos troncos bajo el brazo derecho y un rifle sujetado con ambas manos, — ¡Chum! No te lo vas a creer, creo que hay un nuevo ave en el bosque, he visto ramas moverse como si estuvieran peleando por el territorio, si lo cazo seguro que podemos cenar por tres días. — entró tan emocionado por lo que creía que era su descubrimiento que no reparó en la oscura mink, que era en realidad la que había provocado el fenómeno que Rick había estado siguiendo y había confundido con un ave, Chum respondió con una sonora tos, intentando llamar la atención de su amigo para que mirase en su dirección y viera a su compañera de hoguera. Al girarse la cara del calvo cambió por completo, — ¡Tu! — la señaló, soltando el rifle con la mano izquierda, mientras la mano que aún sostenía el rifle acabó reposando sobre la zona que la mink pateó con fuerza en su primer encuentro. — ¿Qué haces aquí? ¿Quieres comerte mi pescado? — comenzó a andar en dirección a ambos, — En realidad lo he pescado yo… Y además hay de sobra para los tres. — dijo casi sin intención de ser escuchado, pero lo fue. — ¿Qué? Pero, ¿¡Por qué has pescado tantos!? — Rick dejó su rifle apoyado en la piedra que a Chum le servía de silla, tomando asiento a su lado, — Porque a tu padre le encanta y quería llevarle lo que no fuéramos a comernos, pero bueno, se lo podemos dar a ella, como disculpa por lo de… quitarle la ropa interior… — se aclaró la garganta después de decirlo, — Está bien. — aceptó a regañadientes el calvo.

Y mientras esta entrañable escena estaba teniendo lugar, en alta mar un grumete entonaba el tierra a la vista, este reclamo llegó a oídos de la pelirroja capitana de los Piratas Deep Sea, Sarah, que pisó con fuerza la madera de su barco mientras se levantaba del trono que tenía dispuesto tras el timón. — Muy bien panda de cerdos, estamos llegando a nuestro destino, recordad que estamos buscando a una bestia, vosotros bajareis y explorareis el bosque, cuando la encontréis vendréis inmediatamente a decirme dónde está. ¿Está claro? — al unísono se respondieron los 10 tripulantes del barco un sonoro “Si, capitana”.

En el horizonte empezaba a verse ondear una bandera negra como el pelaje de la mink Berry, con una calavera que en lugar de dos huesos cruzados tras de sí tenía un hueso que cruzaba de izquierda a derecha y un ancla que cruzaba de derecha a izquierda. El primero en darse cuenta de la cercanía del barco fue Chum, que entrecerrando los ojos para ver mejor la embarcación preguntó al aire, — ¿Los barcos mercantes no embarcan por el lado que está más cerca del pueblo? — Rick se levantó en cuanto se dio cuenta, — Tienen una bandera negra… Eso no es barco mercante, ¡Son piratas! — exclamó zarandeando a Chum.

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#4
Vaya que el mundo era pequeño, como la memoria a corto plazo de Berry quien había saltado frente al humano y utilizado un arma letal, una pose tan sensual que desmayaría a cualquiera o eso pensaba. Estirando sus brazos hasta posarlos detrás de su cuello, dejando su larga cabellera azabache caer y asentuando sus pechos al adelantar su torso mientras su ropa interior hacía lo justo y necesario para tapar un poco. Claro que su cola se movía alrededor de su cintura, cubriendo poco y nada de su contorno usando una mirada desafiante como invitación a perderse en el paisaje. Sin embargo, esto fue reemplazado por una mueca de sorpresa al escuchar que ya le conocía, afinó la mirada mientras le hablaba de un tal Rick y algo de su ropa, pero pese a forzar sus neuronas no conectaba al humano frente a ella con nada de nada. Se llevó una mano a su mentón, a lo mejor le confundía con otra criatura del bosque o alguna mujer aunque dudaba que esto fuese posible. — Me gusta el pescado, me quedaré entonces, no recuerdo bien quien eres o de que me hablas pero supongo que pasado pisado. Soy Berry, pero todos me llaman, ehm... Berry supongo.—

No hubo mucho tiempo, al hincarle el diente a uno de los peces apareció otro humano, parecían plantas brotando de la nada. El calvito también pareció reconocerle, despertando la mayor cara de desconocimiento de Berry quien no dejaba de masticar la carne como si eso le ayudase, su madre solía decirle que el pescado era bueno para la memoria aunque también su padre decía que los peces tenían corta memoria. Era como en esos días que preparaban huevos y uno le decía que los comiese rápido porque frios provocaban dolores pero la otra parte le instaba a comer despacio para no quemarse la lengua. ¡Qué complicado! Parpadeó volviendo a la escena frente a ella, Rick y Chum discutiendo sobre si era bueno tenerla cerca. ¿Acaso no era grandioso poder verle sin pagar? No entendía bien a los humanos, pero mientras más hablasen tendría más pescado para ella por lo que no se molestó en intervenir en otra cosa que no fuesen los peces que se llevaba a la boca.

— ¿Piratas? ¿Se comen? — interrumpió la mink inclinando la cabeza con una cola de pescado que colgaba de su boca, si bien había navegado por el mar nunca entendía lo de los piratas, marines y todas esas chorradas que le explicaban una y otra vez. Tampoco entendía la idea de que existiesen bandos, la historia no era su fuerte, ella siempre vivía el día a día sin meterse en ningún problema y si lo hacía se lo olvidaba al día siguiente.  Escupió los huesos mientras estiraba su cuerpo, alzando sus orejitas y sintiendo como crujian sus nudillos y extremidades con unos cuantos estiramientos. — Bueno, supongo que ustedes los esperaban, si no hay nada más que pueda hacer a cambio del pescado me volveré al campamento. — comentó mientras se cruzaba de brazos, al desconocer del todo la razón de darle el pescado la mink pensaba que les debía un favor. Un caso bastante curioso, pero que para su mente era lo justo, a lo mejor terminaba entrando a una aventura sin haberlo pensado y por mera casualidad.

Resumen
#5
Mientras los dos humanos se preocupaban más de discutir sobre qué hacer con la mink, cómo repartir la comida, o si perdonarla o no por las patadas que les arreó en un pasado, nada más conocerse, de hecho, la zorra negra estaba disfrutando del festín que Chum había dispuesto y que había cometido el error de dejar desatendido para centrarse exclusivamente en Rick cuando este apareció. La discusión de ambos siguió hasta que se vio en el horizonte un barco con la bandera negra, algo que Rick reconoció al momento, eran piratas lo que se acercaba. Por su parte, Berry, en un alarde de la más pura inocencia intervino, preguntando si eran comestibles, — ¿Pero qué dices? — exclamó Rick — ¿No sabes lo que son los piratas? — preguntó Chum, visiblemente confundido. A ambos les resultaba inverosímil que una persona de su mundo desconociera algo tan básico como qué era un pirata, se miraron confundidos el uno al otro, después a la mink, de nuevo a los ojos de cada uno y una última vez a la mink, mientras llevaban a cabo el numerito recibieron una especie de ultimátum de la zorra, si no había nada más que hacer se iría a su cueva, pero en un instante Rick se interpuso en su camino estirando el brazo, — No puedes irte, necesitamos que salves la isla de piratas como esos, tu eres la más fuerte de la isla. — tras del calvo apareció Chum para intentar disuadirla también, con una tierna mirada de cordero y un tono tembloroso, como si intentase imitar la voz infantil de alguien, — Por favor… — salió poco después de la sombra de Rick y mirándola a los ojos lo repitió — Ayudanos con los piratas, nosotros no podemos hacer nada contra un barco entero de piratas, estamos acostumbrados a cazar animales, no humanos. — esta petición quedaría en el aire, a espera de una respuesta de parte de Berry, pero los piratas no estaban dispuestos a esperar una respuesta.

Con el viento a favor y toda la tripulación del barco concentrada en que el barco llegase cuanto antes a su destino el tiempo que separó el avistamiento de la isla y la toma de tierra fueron unos escasos cinco minutos, y el barco había atracado a once metros de la hoguera. — El ancla está echada  y velas recogidas capitana, ya podemos desembarcar. — dijo uno de los tripulantes, mientras los otros nueve terminaban de colocar la pasarela que los ayudaría a pisar el suelo de la isla y recortaría un metro de distancia entre el barco y el grupo de tierra, mientras la colocaban uno de los piratas vio en la lejanía al trío conformado por Berry, Rick y Chum, — ¿Eso de allá es un perro a dos patas o algo así? — preguntó otro al aire, esperando respuesta de alguien con más experiencia que él, — Eso tiene pinta de que es la bestia que nuestra capitana quería domesticar, parece que esos lugareños se han adelantado. — Un sonoro crujir de dedos interrumpió al pirata mientras hablaba, la capitana tenía el puño derecho cerrado y lo presionaba contra la palma de su mano izquierda, provocando ese crujido que había cortado las palabras de su subordinado. — Entonces id, matadlos, y traerme a la bestia. — sentenció con seriedad mientras se levantaba de su asiento, recogiendo un ancla que había en cubierta, su arma, y cargándola en su hombro derecho, la mantenía sujeta solo con la mano derecha y dejaba que una cadena de un metro de largo cayese hasta tocar la madera de la cubierta del barco, — Traedme mi nuevo juguete ya. — fueron las últimas palabras que dedicó a su tripulación antes de que todos bajasen del barco y se encaminaron en dirección a dónde Berry y sus olvidados humanos estaban, que al ver que se acercaban los piratas se pusieron tras de Berry, rogando por su ayuda.

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#6
Las palabras sobre los piratas no parecían cobrar mucho sentido para la mink, al parecer no eran comestibles si no que eran otros humanos, aunque seguía sin entender la razón por la cual había tanto peligro con estos. Por lo general, los humanos se llevaban mejor entre ellos, pero cuando alzaban esa bandera podían desatar aquella reacción de terror. La mink se encogió de hombros, tampoco entendía que confiaran tanto en su fuerza, era la primera vez que se veían o eso pensaba. Aunque también era cierto que estaba buscando un desafío y eso parecía ofrecerle aquellos locos que venían corriendo hacia ella, levantó su garra para hablar, podía verlos llegar y no eran un problema para ellos pero tampoco quería forzar a hacer un esfuerzo innecesario con simples humanos. Podía intentar noquearlos uno a uno, para ahorrarse el problema y luego regresar pero había una aldea que cuidar por lo que lo importante era centrar su atención en ella mientras los humanos que le habían dado comida escapaban. ― Ustedes vuelvan a su refugio, traigan armas por si necesitan defender su barricada o lo que tengan, yo me encargo de perderlos por el bosque y destrozarlos uno a uno... Después de todo, ustedes me dieron comida y ellos no me dieron nada. ― bromeó con una sonrisa mientras comenzaba a correr hacia la horda, deteniéndose mientras saludaba y tiraba besos para llamar su atención. Solo se había movido un metro, dedicando su tiempo a centrar la atención para permitir a Chum y Rick salir de ese lugar cuanto antes, al ver sobre su hombro que no estaban detrás suyo sonrió para buscar el primer golpe en la colisión de la horda que se había acercado lo suficiente. ― Parece que no han sido muy listos... ¡Toma esta patada guapo! ― sonrió mientras descargaba una poderosa patada a la cabeza del cabecilla de la horda y comenzaba a correr a gran velocidad para adentrarse en el bosque. Usando sus garras trepó uno de los árboles al ver que la horda se había quedado atrás.

― Mmm, a lo mejor tarde más, pero será más sencillo cazarlos desde las sombras... ― sus ojos rojos se adentraron a la espesura de uno de los árboles. Vigilando a la horda mientras se aproximaban en busca de sus pasos. No parecían ser los más listos del lugar pero ahora en el bosque nada era subestimado, estaban en su territorio de caza, en aquellas tierras que tanto había transitado y los cazadores ahora eran presas frente a la mink que los observaba desde las alturas. Los cazaría uno a uno, buscando siempre aquel que se quedase muy atrás, ese punto flojo de todas defensas, hasta que el último golpe le asegurase a sus pies la conquista total. Solo quedaban nueve piezas de las diez que se habían adentrado, era momento de demostrarle a aquellos piratas como se vivía en la naturaleza, si alguno caía en fauces de otro depredador tan solo sería parte de la naturaleza reclamando otra víctima, un nuevo sacrificio que sin dudas Berry no buscaba evitar. ― Estos piratas... realmente no saben donde se metieron... ― masculló para sus adentros, mientras seguía deslizándose suavemente por la copa de unos de los frondosos árboles que adornaban el bosque. Cerró sus ojos, recordando cada recoveco, cada elevación y cada desnivel, si seguían forzando su persecución podría ir guiando a los piratas cada vez a zonas más escarpadas y complicadas de transitar. Era momento de usar su hogar como un arma más, ella tenía la experiencia y también la paciencia para intentar una estrategia. No podía olvidar que a lo mejor los humanos también regresaran con armas y comenzaran a ayudar, sería lo mismo que cazar animales pero ahora se cazaban personas seres mucho más manipulables. Sabía lo mucho que podía sentirse agobio al estar en un bosque, los sonidos, el calor o el frío cambiante dependiendo del lugar y también que aquellos humanos eran unos recién llegados que jamás habían recorrido esas tierras y rápidamente podrían perderse sin un olfato eficaz o un mapa, cosas que la mink al menos contaba con la primera.

resumen


bélico
#7
Las palabras de la mink dieron palabras a los dos humanos, Chum asintió con algo de dudas y retrocedió, dejando su caña de pescar clavada en la arena, Rick hizo lo mismo y retrocedió, llevándose su rifle con él bien pegado al pecho. — Te los encargamos. — y dicho lo cual miró a Chum y ambos huyeron en dirección al bosque, desapareciendo rápidamente de la vista por lo denso que era el follaje en aquella zona. Los piratas ya desembarcados rieron, — ¡La han dejado sola! — decían unos, — Ahora seguro que es más fácil. — respondían otros. No se tomaban en serio a la mink. Cuando esta comenzó a andar en dirección al grupo de esa forma tan curiosa, intercalando dulces besos e inocentes saludos todos callaron sus palabras y dejaron abiertas sus bocas, a uno de ellos incluso se le escapó un silbido seguido de un sonoro — ¡Guapaaa! — que fue respondido por sus compañeros, todos girándose hacia él para mirarlo por lo que había dicho. — Perdón... — replicó tímidamente, — En fin. — comentó el cabecilla, el más adelantado de la horda, que avanzaba en forma piramidal hacia su objetivo mink, — Podemos hacer esto por las buenas, o por las malas, ¿Tú qué dices preci– — no le dio tiempo a acabar su frase, una poderosa patada impactó contra su cabeza con tanta fuerza que la arrancó del cuerpo que la sujetaba e hizo que volase hacia el mar, dejando atrás su cuerpo que, primero cayó sobre sus propias rodillas, y acto seguido cayó sobre su abdomen, con la sangre brotando de manera ininterrumpida del cercenado cuello del pirata.

El silencio cayó como una losa en la escena, mientras la mink huía los nueve piratas miraban como la sangre de la playa se oscurecía mientras se teñía de un rojo oscuro que crecía por momentos. Uno de ellos se giró al barco, — ¿Ca-Capitana..? — la capitana se dejó ver, finalmente, y tras ver como uno de sus hombres yacía en el suelo descabezado simplemente suspiró. — Si ni siquiera pueden hacer esto, son basura del peor tipo. — sentenció, levantó el ancla que cargaba en su mano derecha y apuntó con ella a lo que quedaba de su tripulación. — Traédmela o seré yo misma la que os arranque la cabeza. Uno por uno. — con eso dicho devolvió el ancla a reposar sobre su hombro derecho y esta vez se mantuvo en la cubierta, sentada en la barandilla de esta y observando cómo se desenvolverían sus hombres. Los nueve restantes se miraron confusos y atemorizados, ¿Qué deberían hacer? Se preguntaban muchos, pero las ordenes de su capitana eran claras como el agua: Cazar a la mink o morir en el intento. La habían visto huir hacia el bosque, adentrándose nueve metros en el bosque y buscando en todas las direcciones para intentar encontrarla antes que ella a ellos, temiéndose lo peor, se habían puesto a sí mismos en una situación de pérdida absoluta, si no la cazaban morían, y si intentando cazarla eran atacados por si presa acabarían muertos igualmente, como había quedado demostrado.

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#8
No acostumbraba a que los humanos fuesen tan frágiles, apenas había utilizado una patadita como ella hubiera descrito aquel golpe, por lo que al ver la cabeza salir volando como un balón una mueca de sorpresa se mostró en su rostro. Era cierto que siempre que golpeaba lo hacía fuerte, con unas ansias propias de su especie y aunque aquel golpe pretendía ser el inicio de un combate largo el mero hecho de poder explotar la fragilidad de sus oponentes le hizo cambiar la sorpresa por una sonrisa. Una sonrisa que solo se ensanchó al ver a la capitana, algo en ella se revolvió, esa ropa que usaba era tan ardiente que guiñó su ojo al verla aunque desatendía todo lo que esta decía. Claramente ambas se veían como objetos, para Berry esa joven y bien fornida mujer era su próxima cena en la cama, se relamió los labios mientras corría, irguiendo su cola como la de un escorpión al sentir que estaban dispuestos a ir tras ella. Todo estaba saliendo de acuerdo a su plan, escondida los latidos de su corazón se aceleraban, no solo por la caza si no porque el premio era esa mujer que ahora se había convertido en el centro de su atención. No tenía tiempo para perder en sus hombres, una mujer como esa pirata no merecía meros humanos que podían usarse como balones, necesitaba una zorra que le enseñase lo que era bueno y ella se sentía la digna merecedora de aquel lujo. ¿Quién mejor que ella? Sabía pelear, cazar, era hermosa y nadie podía decirle que no al menos esa era la imagen que Berry tenía en su cabeza de ella alguien que siempre actuaba noblemente y en defensa de lo que consideraba justo pero que con su corta memoria podía considerar justo algo que al otro día detestase. Como esos dos humanos a los que ahora protegía simplemente por haberle alimentado, cuando se olvidase de su encuentro, a lo mejor podrían terminar muy mal si no se encargaban de explicarle las cosas a tiempo. ― Suficiente... esta profundidad está bien, lejos del agua no podrán orientarse... es hora de terminar con esto de forma rápida. ― masculló aún oculta en la espesura de aquel árbol antes de descender como un camaleón alrededor del tronco y patear la cabeza del primer tonto que se había quedado demasiado atrás del resto.

Lo que siguió fue una completa carnicería, los gritos se despertaban de un lado y del otro del bosque, sus garras habían probado la sangre de algunos piratas, otros le habían servido para lustrar las suelas de sus zapatos. Con una velocidad vertiginosa la mink se había adentrado unos metros más al bosque, utilizando la nieve de las primeras horas para hacer una pequeña montaña y apilar los cuerpos cazados en una extraña montaña que presentaba a las puertas del bosque, como una bienvenida para la presa principal. Suspiró antes de volver a moverse, mucho más rápido y esta vez usando sus garras para aferrarse a otro árbol, uno mucho más alto desde donde podía prever la llegada de su invitada. ― Bien, solo veremos cuanto te gusta este lugar... si el mar te ha curtido a lo mejor este bosque pueda desnudar tus debilidades... y tu ropa... solo comienza a caminar. ― pensó en un leve suspiro mientras se estiraba sobre la rama, lista para saltar en dirección a la capitana en cuanto estuviera muy cerca. Su arma era pesada, en aquella zona la nieve había formado pequeñas elevaciones que seguramente le provocarían alguna desventaja, además de que si se mantenía quieta con tan poca ropa en pleno invierno tampoco le haría mucha gracia. Ella al menos tenía su pelaje, la ropa humana que tenía y solía quitarse era más por mera formalidad o para divertirse imitando a los más "civilizados" una manera de defenderse de la discriminación que había sufrido en su tribu. Pero para los humanos no era lo mejor, menos en un terreno tan desolado como un bosque, en algo que buscaba ser un combate o una expedición con bastante tiempo para finalizarse. Berry estaba solo jugando, probando la paciencia de su enemiga, viendo como explotar su ventaja, seguiría utilizando ese modo de lucha tanto mental como físico, un golpe, escapar hacerle correr, otro golpe y volver a cambiar de ubicación hasta que no tuviese más opción que rendirse ante la inclemencia de un terreno que si bien Berry dominaba una humana no lo vería tan apacible. El infierno era el paraíso de los depredadores y Berry se había convertido casi sin darse cuenta en la criatura dominante entre los diferentes bichos y alimañas que ahora bordeaban los terrenos en busca de las sobras.

Off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 813 + 0 = 813
Energia: 764 - 90 = 674
Espiritu: 45 + 0 = 45
#9
Los nueve grumetes avanzaron con miedo, dejando atrás la arena de la costa y adentrándose poco a poco en la frondosidad del bosque, sin embargo poco tardaron en arrepentirse, más aún, de haber entrado, pues en cuanto el primero cayó, el que vigilaba la retaguardia, todos le siguieron en una sucesión rápida de cortes y patadas, apenas les alcanzaba el tiempo para decir algo más que gritos sin sentido e inconexos, lo suficientemente fuertes para que su capitana los escuchase, quien, con una mueca de molestia lanzó su arma a la arena y bajó del barco dando un salto. — Panda de inútiles… Desde luego, si quieres algo bien hecho tienes que hacerlo tú misma. — se dijo resoplando, precisamente a ella misma. Hizo sonar los huesos de sus nudillos, después destensó los músculos de sus brazos con una serie de estiramientos principalmente para el tren superior, brazos, hombros y espalda, tras eso volvió a levantar su arma para hacerla reposar sobre su hombro derecho mientras también destensaba su cuello con movimientos circulares. Antes de comenzar a andar recolocó su cabello cobrizo hacia atrás para que no se interpusiera en su visión mientras daba caza a su juguete nuevo y ajustó la zona del pecho de la reveladora prenda que llevaba. Suspiró y comenzó a moverse en dirección al bosque, no tenía claro dónde estarían sus subordinados, pero sabía por donde habían entrado al bosque, así que seguiría los pasos que les vio dar.
 
En ningún momento tuvo esperanzas reales de que esos diez plantasen cara a la mink, era evidente que eran solo cerdos mandados al matadero con la única misión de descubrir si esa bestia de la que todo el mundo estaba hablando en este cuarto del mundo era digna de su atención, y para sorpresa de la musculada capitana, lo era, y con creces, se podría decir incluso que era su tipo. Cuando pasó por el cadáver descabezado del primero en caer de sus hombres escupió a este con asco, — No valías ni para seguir órdenes, tenía que haberte dejado tirado en tu isla para que te murieras del asco allí. — dio una patada al lateral del cadáver, este no voló, como si lo hizo su cabeza. — Bien, gatita, ¿Vas a salir a jugar o me vas a hacer ir a buscarte? — exclamó la capitana en dirección al bosque, intentando hacerla salir, aunque de llegar a ser necesario entraría al bosque, prefería no hacerlo, su arma podía golpear un árbol por accidente y eso salvar a la mink de un golpe fatal, prefería los espacios abiertos para poder controlar bien su peculiar arma.

Offs
#10
La mink conocía aquellas palabras, las provocaciones en su vida se deslizaban por su pelaje como el agua, apenas escuchó la voz de la otra mujer se recostó sobre el tronco del árbol tomando su tiempo para estirar las piernas y los brazos mientras esbozaba un liberador bostezo y chasqueaba la lengua. Era toda una cortesía que su oponente le diese un tiempo de descanso, no debería gastar más fuerzas en intentar desplazarse ni tampoco tenía la necesidad de utilizar sus piernas para alguna patada, todo se basaba en esperar y si algo tenía la zorra es que era una astuta cazadora que sabía aprovechar cada segundo. Partió una ramita para comenzar a limar sus garras cuidadosamente mientras los gritos de la otra mujer decoraban el ambiente como una melodía que sus orejas paradas en punta seguían suavemente. La ramita se deslizaba entre las garras, quitando el exceso de sangre de su mano y logrando que vuelvan a brillar en ese tono cobrizo casi azabache que le gustaba. — ¡Bwahahaha! ¿Moverme? Estoy muy bien aquí y tus hombres están muy tiesos a lo mejor te guste verlos, no creo que alguien los haya endurecido tanto alguna vez. ¡Bwahahaha! — bromeó provocando y jugando con su ventaja, colocó el palillo en su boca para aguardar unos momentos mas mientras seguía escuchando. Se había divertido bastante con aquella horda de brutos pero esperaba que esa mujer lograse durar más tiempo, sería decepcionante volar su cabeza de una patada y aunque no pensaba contenerse si quería estar con ella debía resistir uno o dos golpes, aunque a lo mejor su objetivo siempre había sido morir en su cama mientras la partía al medio con sus piernas, pensamientos de mink afilando sus garras hemos de suponer.

Era evidente que una presa solo recurría a la provocación cuando estaba en desventaja, era una estrategia cobarde que buscaba herir el orgullo. ¿Pero por qué ella deebía ceder a los designios de alguien tan inferior? No le importaba mucho lo que esa mujer dijese, era bonita y seguramente le haría gozar como nunca una vez la redujese pero ahí estaba el punto. Para alguien tan egocéntrica como Berry la batalla ya estaba ganada, lo que su presa dijese solo era algo que le entraba por un oído y le salía por el otro porque en su mente ella era lo más grandioso del universo y todo lo demás simples hormigas que tenían la fortuna de conocerle sin pagar por una entrada. Suspiró volviendo a estirar su espalda, su cuerpo pegado a la gruesa rama nuevamente en espera de la mujer. — ¡Si quieres ser mi gatita entonces ven a buscar mi camita! ¡Prrr! — respondió provocando nuevamente aunque esta vez sin quererlo ya que había escuchado algo de una gatita y entendido que la mujer quería ser su gatita. ¿Eso había dicho no? La zorra dudó unos segundos antes de volver a agudizar su mirada, al parecer la mujer todavía no se animaba a entrar algo que le restaba puntos aunque a lo mejor solo estaba muy emocionada por ser su primera vez con una mujer tan hermosa y voluptuosa como lo era la inigualable Berry.

— No te preocupes, seré suave contigo o a lo mejor quieres que rasguñe tu espalda y nadie tenga dudas de quien te domina... ¡Bwahaha! No te cortes, solo ven y recoge tu premio capitana felina. — rugió antes de guardar silencio por última vez, no creía que fuera necesario provocar más, el bosque volvía a esa calma antes del huracán, el terreno frondoso le daba mucha ventaja, podría atacar y ocultarse, utilizar sus garras para usar cada tronco como plataforma, llevarle a lugares mucho menos generosos donde el fango, el lodo, la misma densidad de troncos hicieran a la mujer ser presa de la naturaleza. Para Berry eso no era una caza más, era uno de esos momentos en los que gozaba, disfrutaba llevar al supuesto cazador hasta su propia tumba y deleitarse con la sensación de que una indomable criatura se había transformado en su presa. Sus músculos se prepararon ligeramente, apenas sintiese el aroma de la capitana llegando daría inicio a un choque que pocos hubieran pensado dentro de esa isla.

Resumen
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 813 + 0 = 813
Energia: 674 + 10 = 684
Espiritu: 45 + 0 = 45


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