RE: [EVENTO FASE 2] El mismo infierno (IV) Manglar 42
#1
El poderoso vendaval del Almirante se extendió por todos los manglares adyacentes con una inmediatez apabullante, como si hubieran invocado un tornado en el mismo centro del archipiélago y este se hubiera encargado furiosamente de distribuir por capricho y fortuna - o infortunio - a los seres vivos del lugar. Tanto civiles como criminales fueron disueltos en el aire hacia uno u otro lugar y esparcidos por el lugar, alejándolos todos del manglar cincuenta que era donde se encontraba el Almirante y quien quería poner espacio en su área de combate para no acabar con nadie. Se encargó personalmente de que su huracán circular no lanzase a nadie fuera de la isla, y, aun sabiendo que esto movería a los soldados y sus tropas aleatoriamente confiaba ciegamente en los hombres y mujeres a su cargo, y sabía que sabrían obrar en cualquier situación, siguiendo sus órdenes principalmente y su criterio en segundo lugar.

En este caso, con el gyaoh más grande que un felino podría pronunciar, el desgastado James Brando salió volando hacia el manglar cuarenta y dos, uno de los más alejados del almirante, librándose de agarres y juicios por parte de sus compañeros, seguro que sonriendo con sarna cuando se diera cuenta de su situación. Del mismo modo, el minúsculo vicecapitán - a todas luces - de los Mushoku aterrizaba en una de las ramas bajas del manglar a varias decenas de altura del suelo, en un nido de ardillas quienes se asustaron y salieron corriendo por las ramas abandonando el lugar.
¿Qué pasaría entre el loco de la justicia y el rey del escape?





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#2
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Caminaba decidido y con paso firme, teniendo a mi derecha aquel gigantesco muro que había levantado el coloso con su llegada. A pesar de lo que parecía un completamente inesperado a la vez que poderoso vendaval, mis pasos siguieron siendo igual de decididos, más no así igual de firmes, pues pronto me percaté de que estaba tratando de caminar en el aire. Salí despedido, como  una cucaracha que abre las alas en medio de un huracán. Aquel viento, si bien era extremadamente fuerte, parecía por momentos incluso rejuvenecedor - ¿Será este el aire de la sierra ese del que tanto hablaban los de la capital?  - Tampoco tenía yo demasiadas ganas de pensar en una forma para descubrir si estaba en lo cierto o no, pues ahora mismo prefería centrar mis esfuerzos en no palmarla. Volé, volé como no había volado nunca, y caí en una rama - Me da a mi que como me quede mucho tiempo en esta isla me voy a convertir en el segundo Tontatta astronauta, después del archiconocido White - murmuré, mirando con una ceja arqueada el número cuarenta y dos que había dibujado en el árbol en el que me encontraba. Mientras comprobaba que la chapa de Willow y el resto de mis pertenencias estaban en su sitio, pude escuchar y ver a un grupo de ardillas, las cuales me miraban algo asustadas. Me fijé entonces que había caído en un nido, el cual probablemente fuera suyo - Oh, perdón, perdón. No ha sido queriendo de verdad. Ya me voy, no os enfadéis - me rasqué nervioso la cicatriz de mi mano izquierda, antes de dar un pequeño salto, dejándome caer de aquella rama, la cual se encontraba a unos cincuenta metros del suelo, a una que estaba a mitad de camino. Me disponía a bajar todavía más, para continuar de esa forma con el para nada apetecible paseo que tendría que dar para volver a llegar al lugar en el que me encontraba (si es que no me perdía por el camino, como ya me había pasado varias veces en esta maravillosa y laberíntica isla) cuando escuché un peculiar y varonil gyaoh, viendo como lo que parecía un enorme felino de la misma altura que mi amigo el de los malos humos caía al suelo en mitad de la explanada, a unos veinticinco metros de la base del árbol. Me fijé en su llamativa melena blanca, pero lo que más llamó mi atención fue sin duda su vestimenta. A pesar de estar algo manchado, pude reconocer al instante aquel uniforme que llevaba el felino. Sin perder un instante desenfundé mi preciado Whistle, apuntando con ella a aquel marine - Venga, piérdete. En este árbol únicamente hay ardillas, así que vete a escopetear a niños y déjame en paz - murmuré, sin perder de vista a aquel animal. Yo solo quería ir a comprar cuatro cartas y echar una partida con mi colega el del machete ponzoñoso mientras me tomaba otro chocolate calentito con churros, y ahora me encontraba a tomar por culo en una muy bonita rama apuntando a un despreciable marine con mi maravilloso arma y esperando a que este se fuera a purgar civiles y me dejara tranquilo.




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#3
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Fuguwu acepta tratarme el hombro, dañado previamente por Joe. Aunque no parece muy animado con la idea, no me pone pegas. Supongo que esta es la virtud familiar de la que presume Joe. Ni me siento parte ni creo que vaya a hacerlo nunca, pero esto es un avance. Y si me puedo aprovechar del buen hacer de mi compañero de trabajo, mejor. Con gran destreza y un ritmo de infarto, el gyojin demuestra que sus manos no son solo para practicar karate, dejándome la articulación sin molestia alguna. Tal vez el tratamiento o tal vez los analgésicos, pero me siento más renovado que nunca y con el cuerpo incluso más ligero.
Apenas hay tiempo para agradecer nada. El espíritu colectivo (menos por alguno que otro que anda más desmotivado) está en alza. La idea de capturar a los Alas Negras es aterradora, pero la organización previa y la estrategia de equipo nos pondrían en una situación ventajosa... ¿No?

Una fuerte corriente de aire, como si de un vendaval se tratase, invade la avenida al completo. La violencia de la misma es tal, que empieza a arrastrar escombros pequeños, civiles desamparados y tropas incapaces de soportar el empuje. -¿De donde viene esta mierda?- pregunto en alto, intentando buscar una respuesta colectiva, necio de mi. Es evidente que a todos nos sorprende por igual. La procedencia de este clima virulento es una incógnita por ahora. 
La capa ondea en el viento con intensidad, como si quiera escaparse volando. La corriente es tan grande que empieza a empujar mi cuerpo por el suelo árido, empezando a preocuparme por si saldré despedido. Por suerte, mis garras me enganchan al suelto con firmeza. Sin embargo, un detalle se me escapa. La gorra, que apenas está sujeta a mi cabeza y a mi melena leonina, alza el vuelo sin pedir permiso. -Mierda...- suelto, mientras doy un pequeño salto para alcanzarla. Me doy cuenta tarde de mi error. -¡¡¡OOOHHH MYYYY GOOOOD!!!- grito cuando soy consciente de que, por no querer perder la prenda, me había despegado del suelo. Los fuertes vientos me arrastran a su merced entonces, separándome completamente de mi equipo.

Las turbulencias del viaje me llevan sin control hacia un nuevo destino, uno el cual no puedo controlar. Lo que si que hago, antes de chocar contra el suelo de forma irremediable, es activar el Hamon en mitad del vuelo para intentar tener estabilidad durante el aterrizaje. Con una intensa respiración profunda, canalizo la energía de mi cuerpo para potenciar mi físico. -Gyahoooooo- grito emocionado, intentando maniobrar en el aire hasta que *PUMMM*... Caigo contra el suelo, levantando una pequeña polvareda de tierra y escombro. Como buen felino, he caído de pie, aunque con una postura bastante errática pero sexy. -Bueeeno...- suspiro y pronuncio en alto, para luego recuperar una postura más natural. -¿Que cojones ha pasado y donde narices estoy?- me pregunto cabizbajo, mientras me quito arenisca del traje y me coloco la gorra, la principal causante de todo este lío.
Postura de aterrizaje

Miro a un lado y a otro, buscando alguna señal que indique mi posición en el archipiélago o alguna cosa que me haga reconocer el terreno. Me encuentro en una explanada inmensa y sin final aparente, completamente yerma y sin ningún alma con vida, más que algún roedor que se mueve entre las ramas. Frente a mi se puede ver el gran árbol distintivo de cada manglar. Este tiene un inmenso 42 dibujado. -Yare yare daze... Me han mandado lejos.- digo para mí mismo. - Me he librado de ser la carnaza de los Alas Negras, jajajaja.- me río para mí mismo, ignorante de que haya ningún espectador. Me doy la vuelta y, enfrentados al gran árbol principal, se encaran a varios metros un par de arboles gemelos, secos, uno al lado del otro, aunque de un tamaño mucho menor. Unos 50 metros cada uno. Entre los 3 árboles, se forma un triángulo equilátero perfecto, conmigo como epicentro de los mismos. Observo el árbol a mi derecha mientras le doy la espalda al 42, e inco la rodilla. Con el dedo índice de mi mano derecha recojo un poco de tierra y la acerco a mi hocico. La huelo, y después, alzo la cabeza para oler el aire. Me levanto y sigo mi camino, dejando atrás el mastodóntico árbol para acercarme al pequeño. Pese a no tener comparación con su hermano mayor, es de un tamaño considerable. Con un tronco de unos 5 metros de diámetro, robusto como el solo. Cuando me acerco a él, pongo la palma de la mano, comprobando la solidez de su madera. Como si fuera un naturalista experto. Empiezo a rodear el árbol y...
Con pivote pequeño pero fugaz, me escondo tras la base del tronco del árbol, cubriéndome en dirección al tufo que se desprende en lo alto de las ramas de tronco del árbol principal. Me atrevo entonces a entablar conversación con el desconocido oculto entre las ramas. -No sé quién eres, pero apestas a arma caliente y a pólvora que te cagas...- empiezo a charlar con él, con un tono jocoso. -¿Porque no charlamos y nos vamos cada uno por su lado?- propongo, negociando. Aunque estoy cubierto tras el árbol, el tipo tiene seguro un arma de fuego. Y no sé hasta que punto estoy dispuesto a recibir una bala, cuando ya tengo una misión que cumplir, que no es esta. -Si la victoria fácil no está de mi lado, lo mejor es llegar a un acuerdo... Y pensar en cómo salir de esta cobertura sin llevarme plomo como premio.-
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#4
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Lo extremadamente bizarro de aquella situación pero sobre todo las prisas por volver y la enorme pereza que el creciente número de inconvenientes me había causado hicieron que no me centrara lo suficiente en las cosas que eran realmente importantes. Por suerte para mí, aquel felino comenzó a andar despacio, analizando el suelo así como uno de los dos enormes árboles que se encontraban a su espalda. Dos árboles que parecía que hacía ya tiempo que habían pasado a mejor vida. Si bien sus enormes troncos se mantenían firmes y parecían realmente robustos, no sucedía lo mismo con las ramas, las cuales no había que ser ningún entendido en la materia para ver que estaban en un estado realmente deplorable - Menos mal que no he caído allí, porque esas ramas ni siquiera podrían sujetarme -  Murmuré. Mientras el felino caminaba con notable tranquilidad me pude fijar en que, al igual que había visto en varias ocasiones en el oso con gabardina que hacía las veces de médico privado a bordo del Niebla de Guerra, una corriente eléctrica recorría el pelaje, dorado como el amanecer, del repelente marine. Suspiré, aprovechando la enorme lejanía y el movimiento de aquel perro del gobierno, cambiando la munición de mi rifle rápidamente, asegurándome de no hacer ningún ruido durante el proceso, antes de volver a apuntar hacia aquel árbol. No me fiaba para nada de aquel marine (no me fiaba ni un pelo de ninguno, a decir verdad) y después de la estelar aparición que aquel enorme coloso había protagonizado hacía no tanto tiempo, cualquier precaución iba a ser poca. No iba a perder una ocasión como esa, pues si bien este se había escondido detrás del árbol, estaba a una distancia lo suficientemente lejana como para que no supusiera un problema, y visto lo apaleados que habían salido el trío de tipos llamativos en el encuentro con el pitufón musculoso, era mejor no racanear con la munición y utilizar la que tan útil me había sido anteriormente.


Para mi sorpresa, el humanoide comenzó a hablarme. Sabía que hablaba de mí, pues hacía referencia a una supuesta peste a pólvora y a un arma caliente. No tenía ni la más mínima idea de a qué olía un arma caliente. Tal vez olía como alguna de esas barras de pan recién hechas, pero que están tan duras que puedes utilizarlas para atizar con ellas a alguien cual cachiporra. Aunque no era yo el tipo al que las empresas de perfume llamarían para probar sus nuevas creaciones, por decirlo de alguna forma, así que era posible que oliera como las rosas en otoño, o tal vez olía como el culo de un castor. Posiblemente era una pregunta que le podía hacer a Eva la próxima vez que nos encontráramos.

- Yo solo huelo una rata del gobierno - respondí a su comentario, antes de escuchar a este proponerme charlar e irnos cada uno por nuestro lado - Charla finalizada. Piérdete - contuve la respiración, sin dejar de apuntar con la mira en la dirección en la que suponía que se encontraba aquel marine, basándome en que le había visto desaparecer detrás del árbol pero no volver a aparecer, teniendo en cuenta que en aquella explanada no había nada más que aquellos dos árboles secos lo suficientemente grande como para permitir a alguien tan enorme como este esconderse, y a juzgar por la procedencia de su voz, tampoco parecía haberse movido de detrás del árbol - ¿Habrá entendido lo que le he querido decir? - me pregunté a mí mismo - Nunca se sabe, porque estos marines están lejos de ser los cuchillos más afilados de la cocina - por un momento pensé en repetírselo para asegurarme de que me había entendido - Bueno, si no lo ha entendido que se joda, que oler mierdas sí que parece que se le da bien


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#5
Mientras el pequeño Tontatta estaba contestando (de forma bastante tajante y grosera) mis falsos intentos de negociación, yo ya estaba encaramado a la corteza del árbol con mis zarpas, apoyando los molletes de mis patas para apenas hacer el mínimo ruido. Nos separan una cantidad de metros exagerados, pero toda precaución era poca si buscaba provocar un ataque sorpresa desde las alturas. Como todo un cazador.

Ahora mismo me encuentro, precisamente, observando desde lo alto del árbol. Gracias a mis garras y a la fuerza de mis brazos, estoy apoyado de un solo brazo, mientras ladeo el resto del cuerpo para tener un buen ángulo de visión y de maniobra.
Ayuda visual. Postura de James en lo alto del árbol

Puedo apreciar desde aquí lo concentrado que está mi rival, que apenas se mueve. Está firme y rigido, sosteniendo su rifle con ambas manos, apuntando en dirección a la base del árbol. Tal vez no haya caído en el juego de la negociación, pero si que ha picado en el cebo del sonido. Y gracias a esta cobertura elevada, la ventaja es mia. -No parece haberse dado cuenta de mi presencia. Ha caído en la trampa de lleno. Sin embargo, parece que tiene claras intenciones de abrir fuego nada más me vea. No hay tiempo que perder.-
 
Es momento de cazar. He conseguido que mi oponente me pierda de vista y toca aprovechar el momento. Flexionando las piernas, me impulso gracias al tronco del árbol, con todas mis fuerzas y generando la mayor velocidad posible. Durante el salto, siento incluso el cuerpo ligero, aunque tengo los músculos completamente tensos, como si fueran de hierro puro. No pienso fallar. No debo fallar. Ya no solo tengo que reducir a un tipo que me ha apuntado con un arma, sino que tengo que defender el buen nombre del Gobierno y castigar a quien osa faltar al respeto al mismo y a la justicia. El salto dibuja  una diagonal descendente perfecta en dirección a mi diminuto adversario, que apenas es consciente de lo que se le viene encima. Literalmente. No hablo ni grito, solo corto el viento decidido a impactar contra mi presa en una emboscada sorpresa. A medio camino, cargo el puño izquierdo para atrás, canalizando la fuerza del golpe. Ignorante de si mi rival posee poderes o no, también recargo mi mano con poder Stand de armamento, por si acaso. 
Cuando tengo a tiro al pequeño pistolero, descargo un zurdazo legendario al grito de:
-¡¡¡MUDA!!!-
El golpe , en vez de ir recto y paralelo a mí cuerpo en caída, coge una trayectoria cada vez más arqueada,  curvando la trayectoria para pegar el puñetazo de forma descendente, sobre la cúspide de su enorme calva. El impacto se produce, hundiendo mis nudillos en todo su cráneo. La fuerza del ataque es tal, que quiebra la rama y obligando al Tontatta a caer conmigo irremediablemente.


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#6
Pero vamos a ver ¿qué está pasando aquí? Con lo agustito que estaba yo haciendo mis cosas de Dragón Celestial....
Me toca a mi agarrar la pala y dar una sentencia en este asunto para aclarar las dudas y zanjar todos los problemas. Evidentemente.

Vamos a hablar de los puntos clave de esta situación, que va a ser cortito:
  • Lo primero de todo y lo más importante: En Sabaody no hay más árboles que los Manglares, que son árboles gigantescos.
    Y el narrador ha colocado a Korg en la rama del manglar, por lo que James ni puede decir que hay más árboles ahí, ni desde luego que son el doble de altos que en el que está Korg. Sólo con ese punto, ya al entrar aquí podríamos invalidar los turnos de James desde que se pone ha hablar de estos árboles, pero vamos a obviarlo para explicar qué es lo que hay mal.
  • James, si quieres justificar que con tu karma "sentidos aumentados olfato" puedes detectar a alguien con "infiltrado", no puedes asumir que no puedan hacer lo mismo contigo. Es decir, alguien con el karma "sentidos aumentados" puede usar ese sentido para detectarte a ti también aunque tengas infiltrado. Si tú puedes, el otro también. Así que ahí ya tienes algo mal en tu deducción.
  • James, los hides tienen que tener un sustento narrativo.
    No puedes decir, por ejemplo: "Y cuando llegué a esa habitación, tranquilamente me senté a tomar un café, despacio y sin prisas" y poner un hide que diga "ESTOY MINTIENDO MUAHAHA, CUANDO ME SIENTO A TOMAR EL CAFÉ EN REALIDAD HAGO SEIS FLEXIONES Y ME PONGO A ESCARBAR UN AGUJERO PARA LLEGAR A CHINA".Tienes que apoyar en TU NARRACIÓN los actos que quieres reflejar en el hide, con metáforas y sentidos figurados que se puedan aplicar a este, por ejemplo en tu caso particular diciendo: "me escondí detrás del árbol, fundiéndome con las sombras de este sintiendo que el abrigo del sigilo me elevaba y me convertía en un depredador increíble". Y luego poner un hide que diga: "donde estoy diciendo "sintiendo que el abrigo del sigilo me elevaba" literalmente es porque estoy trepando con sigilo el arbol para..." blablabla patatín patatán, lo que se. Y esto por poner un ejemplo rápido y sin pensarlo mucho, que se puede hacer mejor, pero creo que se entiende.Habría sido una estrategia inteligente si lo hubieras respaldado con tu narración, pero no ha sido el caso, así que por lo tanto, tu hide es inválido y no sucede lo que especificas en él y tu post (el #5 de este tema) se da desde la posición en la que estás: a pie del árbol.

Es decir, y esta es la conclusión:
El hide de James es inválido y su turno sucede sin lo especificado en este, por lo que James se lanza a por Korg como ha narrado, respecto a los bonos, la velocidad y el ataque que ha puesto en su post, pero lo hace desde la base del árbol hacia arriba, que es donde está Korg, saltando.


Le toca a Korg, tienes 24h desde este post para responder. Después, James volverá a las habituales 48h.
¡Disfrutad del evento y del combate!

(Y como dice un gran sabio amigo de ambos: )
No leo lloros.
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#7
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El silencio en la zona me ponía bastante nervioso. Bueno, silencio posiblemente no era la palabra idónea, pues las características pompas de resina seguían formándose, ascendiendo y explotando. Pero dejando a un lado los fenómenos naturales nada comunes (aunque posiblemente por ello se llamaban fenómenos, porque no son algo de lo más habitual), no se escuchaba nada más. Era más que evidente que aquel felino estaba tramando algo, pues no hay marine que no sea un bastardo, quitando posiblemente a la prima que, aunque hubiera decidido tomar la cuestionable decisión (posiblemente por ingenuidad, por obligación o por la carta blanca que parecen tener para abrir fuego o cometer otra clase de crímenes contra menores de edad) de unirse a aquella reputada institución de dudosa moralidad, seguía siendo una buena persona - ¿Qué tal le irá? Conociéndola seguro que sigue a su bola. Siempre se ha tomado las cosas con una calma pasmosa - pensé por un instante.

Me pareció escuchar un leve sonido, como si la hierba del suelo se moviera. Antes de que pudiera tratar de descubrir de dónde provenía aquello, vi frente a mí la sombra del enorme felino. Dio un alto grito y al momento mi cabeza comenzó a dar vueltas. Sentí como si mis ojos se salieran de sus cuentas. Había tenido suerte, pues el golpe me había pillado conteniendo la respiración. Si me hubiera pillado hablando, por ejemplo, me podría haber mordido la lengua y me hubiera hecho una avería tremenda. Cuando mi vista se aclaró, pude ver como aquel despreciable marine caía gracilmente al suelo. Lo hizo de pie, como todo felino que se precie. No me estaba mirando directamente a mí, pero sí que estábamos enfrentados. Haciendo uso de mi nada despreciable juego de manos, apunté en dirección a donde se encontraba aquel animal, disparando con mi preciado Whistle tan pronto vi que posaba una de sus patas en el suelo. No me consideraba yo una persona rencorosa, ni mucho menos. Para persona rencorosa estaba mi amigo Ashura. Yo simplemente era alguien que valoraba lo suficiente la integridad física propia y que se consideraba lo suficientemente inteligente como para no dar ocasión a que alguien a quien me costaba seguir el ritmo volviera a atizarme. La bala voló con un silbido, (como hacia siempre). A aquel silbido le siguió una explosión, y otro silbido. Prefería arriesgarme a fallar mis dos disparos a impactar el primero y que mi objetivo tuviera tiempo suficiente como para esquivar el segundo, o volver a saltar para golpearme.

El resplandor del segundo impacto fue lo que necesitaba para continuar con mi estrategia. Si bien era cierto que tenía el terreno elevado, tenía que aprovechar, tal y como había hecho anteriormente con el coloso azulado y musculoso, a disparar y moverme, para que el "amigo" no supiera hacia donde dirigir sus ataques, pues después de haberse comido una buena explosión de pólvora le debería ser imposible seguirme el rastro por ese método, por lo menos a corto plazo. Con ello en mente, di un salto, más ligero incluso de lo que acostumbraba a saltar, recargando en el aire y cayendo treinta metros por detrás del marine, sin perder a este de vista ni un instante, volviendo a apuntarle con mi querido rifle, mientras sonreía al ver cómo el primer disparo había desintegrado la parte superior de su uniforme, gorra incluída


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#8
Las negociaciones no llegan a ningún término. Al contrario. Tan solo consigo que mi adversario, aquel que porta el arma de fuego, me insulte a mí y al Gobierno. Intolerable. Nunca me he considerado una persona irascible, y mucho menos un gran amante de los combates. Pero ya tengo suficiente. Entre los hechos del Patriota, las burlas y comentarios de mis compañeros por servir con lealtad y exponer sus amistades con piratas, y que Joe parecía más interesado en cumplir con sus ideales heroicos antes que ser efectivo para el Gobierno Mundial al que debe obediencia... Yo ya estoy hasta la polla.
No lo dudo. Un arrebato de ira se apodera de mi, como si una voluntad divina me poseyera y me obligara a hacerlo. No sé quién es aquel que se atreve a insultar a quien nos gobierna, pero será castigado por mi mano. Salgo de la base del árbol y pego un brinco prodigioso, dibujando una diagonal ascendente hasta clavar un puñetazo en el rostro del rival. 
-¡MUDA!-

El golpe conecta de lleno. Mi puño se alza sobre la rama donde se intenta esconder mi enemigo. El que se oculta es un pequeño Tontatta, que apuntaba con un rifle antes de ser fulminado. El golpe es un zurdazo cargado, que se eleva por encima de una rama de 1 metro de longitud horizontal, hasta conectar con el mentón y rostro del diminuto ser. 
Pero la cosa no va a acabar aquí. El salto está pensado para alcanzar la distancia de mi agresor en lo alto del árbol, pero no pienso caer. Con el brazo derecho, nada más conecto y veo que empiezo a descender, me engancho a una rama inferior de la que reposa mi enemigo, aturdido. Se encuentra a escasos 5 metros y comparte su longitud de 1 metro en horizontal. Al mismo tiempo, las zarpas de mis pies se clavan en la corteza del tronco del árbol, que no se aleja demasiado para mí, dado el tamaño de la distancia de la rama con mis 4 metros y medio de tamaño. 
Como una centella y con el Hamon activado, apoyado con el brazo en la rama y las piernas en el tronco, doy un pequeño salto para arriba de 5 metros y medio, antes de que el tirador se recupere y, con el brazo con el que había golpeado inicialmente, el izquierdo, ejecuto mi siguiente técnica...
-¡¡¡ZA... HANDO!!!-
Grito a la vez que extiendo mi brazo con la palma de la mano abierta, atrapando el cuerpo por completo y tan solo dejando libre aquel cabezón enorme. La ventaja de tamaños está servida y es notoria. La presión de la mano es tan brutal que no solo no dejo posibilidad a maniobra, sino que no dejo pié a la respiración. 

Entonces sí, empiezo el descenso. El salto era ínfimo, pero no innecesario. No podía permitir que se me escapara después de haberlo aturdido, así que aprovechar mi enorme tamaño y características de león eran un acierto para impulsarme con el árbol y no dejarme caer hasta el fondo y permitir que mi rival reaccionara. La caída es suave. Mis potentes piernas amortiguan el aterrizaje sin dificultad. El aura del Hamon es más intensa que nunca. Entonces me acerco al cautivo al rostro, completamente presionado y preso entre mis garras. 
-Yare yare daze...- digo, mirando con prepotencia y una sonrisa cínica. -Dejame adivinar... Tú siguiente línea de diálogo es... A no, espera, que no puedes hablar, JAJAJAJA...- evidentemente no puede. No le dejo respirar y menos mencionar palabras. Pero es mi momento de reírme con sarna.


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#9
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A pesar del enorme dolor de cabeza que el puñetazo me había dejado, pude vislumbrar en mi cabeza la línea a seguir para ganar este enfrentamiento. Recibir aquel primer golpe había sido un mal comienzo, eso era innegable (y viendo la velocidad del animal inevitable), pero con aquella jugada iba a poder estabilizar la situación y una vez logrado eso el resto estaba hecho.

Muy a mi pesar, antes de que mis sentidos volvieran a estar completamente recuperados, una enorme sombra me rodeó. Había sido un error de cálculo (uno más para añadir a la lista). Tendría que haberme fijado mejor a la hora de elegir una rama en la que quedarme. Buscar una más grande que pudiera ayudarme a pasar más desapercibido, teniendo en cuenta que estaba en un árbol tan alto que seguramente aun poniendo a toda mi ascendencia junta unos encima de otros no íbamos a llegar a alcanzar la copa. No es que quisiera pensar en eso, ni mucho menos, pero con lo mucho que me daba vueltas la cabeza no sabía ni por donde me pegaba el viento (por la derecha, a decir verdad)

Para cuando (esta vez sí) recuperé mis sentidos, me encontraba en la mano de aquel desgraciado marine. El tío apretaba con ganas, seguro que eso de ahorcar a la ardilla era una práctica habitual para él. Si bien estaba acostumbrado a aguantar la respiración, no lo estaba a que intentaran espachurrarme como una de esas cosas que se espachurran. El tipo entonces bajó al suelo. Antes de que pudiera pedirle que me soltara, el "amigo" movió su mano, haciendo que tuviera que ver directamente su cara. Parecía que quisiera que me quedara mirándole, lo cual, viniendo de un "maravilloso agente de las fuerzas del orden", no me sorprendía lo más mínimo. No es que los marines fueran conocidos por ser humildes, la verdad. Dijo algo en un idioma que no entendí (ni hice ningún esfuerzo por entender), antes de, para sorpresa de nadie, sonreír.

Aquella sonrisa me dio una maravillosa idea. Era realmente arriesgada, pero tal y como dicen los maestros de mazos de control, la vida es un recurso más. Mientras este hacía un comentario (bastante cutre) aludiendo a mi incapacidad para hablar, apreté el gatillo de mi querido Whistle, pues no había dejado de tener el rifle en mis manos ni el dedo en el gatillo en ningún momento. A diferencia de las veces anteriores, esta vez no se escuchó ningún silbido. O tal vez sí, pero con la explosión me pitaban demasiado los oídos como para pensar en si mi pequeño había hecho su sonido habitual o no. Si bien me ardían las piernas (y esperaba que no me ardiera también la cola), sí que pude sentir como el agarre del marine se deshacía, permitiéndome volver a respirar. Caí al suelo frente al felino, a dos metros y medio de distancia debido al impulso de la explosión. Pasó un segundo, el cual he de admitir que se me hizo eterno, antes de que mi vista volviera a aclararse y mi oído dejara de pitar. Sabía que el marine estaría igual de aturdido que yo, o posiblemente más después de que le estallara la mano de la nada, por lo que sin perder un instante solté la mano derecha de mi rifle, y con la increíble velocidad que me caracterizaba desenfundé mi confiable pistola, apuntando al marine con el mismo movimiento apretando el gatillo al final del este. Aparté la mirada (pues recordaba a la perfección la munición que había cargado) mientras la bala viajaba hasta impactar en las partes bajas del enorme humanoide. Tan pronto escuché el impacto y con un ágil movimiento, guardé la pistola, recogiendo mi rifle al vuelo y saltando hacia mi izquierda, pues no quería que aquella mole me aplastara al caer de bruces al suelo, aprovechando ese salto para recargar mi preciada arma. Toqué tierra a treinta metros del animal, apuntando al instante con la mira de Whistle, conteniendo la respiración, al marine que yacía derribado - Sé que con esto no es suficiente para matarlo - pensé, sin perder de vista al felino - Venga, levántate y vuelve a reírte


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#10
Ahora que lo tengo agarrado, lo puedo ver con claridad. Aunque su cuerpo es ridículamente pequeño, su cabezón es más que identificable. Esa enorme nariz, ese mentón pronunciado y esa calva brillante decorada con una hilera de pelo pobre en la nuca. Este tío, aunque no parezca una amenaza, era un pirata reconocido. Lo recuerdo bien, de haber visto este careto en los carteles de "Se Busca" de periódicos anteriores. Por las tardes que pasé en los archivos del cuartel general, soy consciente de que, entre mis zarpas, se encuentra un miembro de la terrible banda de los Mushoku. Aquellos que asaltaron una base de la Marina. 
Riéndome, aunque con la mirada fija, intento recordar con exactitud cual es el nombre del sujeto y el precio que ponen por su cabeza. Pero todo es frustrado por una... ¿Explosión?

El capullo diminuto, probablemente en un intento desesperado por escapar de la presión de mi agarre y tomar un poco de aire, activa algún tipo de artefacto explosivo o detonante, que hace que mi mano empiece a humear y a quemarse. Tan abrumado debe de estar, que ha preferido inmolarse antes que permanecer preso y morir asfixiado. Por desgracia para él, mi voluntad es férrea, y no pienso soltarle con tremendo ataque de chichi nabo. -Idiota mal nacido...- insulto, viendo salir humo de mano y viendo cómo el tipo está tan confuso que se ha hecho daño a si mismo. -... No eres consciente de la linea que acabas de cruzar.-
Flexiono una rodilla hasta apoyarla en el suelo y luego bajo el brazo con el que sostengo al Tontatta hasta descansar el dorso de la mano en el claro. Levanto entonces el otro brazo, todo lo alto que puedo. El puño se cierra, anunciando el inminente colapso de un golpe demoledor. Sonrío con más cinismo que nunca. La realidad de poder asesinar a un pirata, a un terrorista, siempre ha sido mi mayor fantasía. Servir a la justicia con la misma frivolidad con la que estos criminales aterrorizan al mundo. Y si encima los dioses me habían entregado a un asesino de marines... Los dioses serían recompensados con su sangre. 
-¡¡¡MUDA!!!-
Grito con más fuerza que nunca, mientras descargo el golpe en su cara, aplastando su cráneo contra el suelo. Al mismo tiempo, lo libero de su agarre, todo para aplicar más presión en su cabeza contra el terreno. El golpe suena con un estallido brutal y el suelo se quiebra al rededor del Tontatta espachurrado. Pero todavía queda más. Me pienso ensañar más. Me pienso divertir más. Solo su cadáver inmóvil saciará mi sed de justicia. Sin perder un segundo, me pongo en pie y, con la misma rodilla que antes se apoyaba, ahora empieza a elevarse del suelo. Y en una perfecta vertical, empiezan a llover las ostias.
-¡¡¡MUDA MUDA MUDA MUDA MUDA MUDA...!!!-
Las patadas van cayendo a discreción desde todas las direcciones. Una que cae en 90 grados para pisarle la cabeza contra el suelo. Otra lateral para chutarle el estómago, otra por la espalda para dañar su columna. Una cuarta que le patea por el lateral la mano. Una más que le pisa la rodilla y se la aplasta contra el suelo. Una paliza en toda regla que termina con la misma que empezó. Con un pisotón para prensar su cuerpo contra la superficie.  
Estoy eufórico. La sensación es indescriptible. Ver su cuerpo ahí, inerte, me invita a seguir goloenado hasta dejarlo tan machaco y tierno que me lo pueda comer. Un pirata que ha osado insultarme, que me ha atacado y que, por encima de todo, ha insultado al gobierno de todos. Solo la muerte sería una final digno. Pero entonces es cuando me relajo... Y pienso de forma más diabólica. No dejo que se recupere y nada más terminar la ensalada de patadas, lo recojo como antes, con un gesto rápido y potente, como a un muñeco, ejerciendo la misma presión que antes. Aunque ahora, soy más bondadoso y le dejo respirar, con lo cual, poder entablar conversación.
Ayuda visual de las patadas

Cuando veo que se recupera, lo miro con seriedad. Con la mano libre me ajusto la gorra, que se había movido levemente de su eje perfecto por el ejercicio anterior. -Bien, piratucho... Voy a ser claro. Dime tu nombre, y solo tú nombre. Y dime el número de Manglar donde habéis dejado vuestro barco. Si me lo dices correctamente y lo comprueban, te dejo marchar. Soy hombre de palabra. Y buscamos a tu capitán. No a tí. Pero si osas irte por las ramas o mentirme...- entonces mi rostro se ensombrece y una sonrisa terrible se dibuja en mi rostro. -... Me veré obligado a torturarte hasta que me lo digas. ¿Tenemos trato? Yare yare daze...-

Ayuda visual Cara de James

Seamos justos. Si quiero volver a casa y no pasar por el juicio y miradas de todos mis compañeros, más me vale no matar a este tipo. Al contrario, es mi comodín para tener a Joe contento. Solo imagina... "Héroe, mis acciones contra tí fueron por defender los beneficios del Gobierno. Pero en compensación por pegarte una nata, te traigo un Mushoku, para que te desquites con él." Se me hace la boca agua con solo pensarlo. Fama y reconocimiento. Al fin. Menos mal que mi rostro es de pura firmeza, y que mis fantasías solo quedan en mis pensamientos. Hora de interrogar. O paliza.


Aclaraciones

Bélico

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Cambios en estadísticas
Vitalidad: 5296 - 252 = 5044
Energia: 2001 - 976 = 1025
Espiritu: 1254 + 0 = 1254


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