El Monje y el Tigre - [Pasado, Social]
#1
Algún día de primavera, Año 15

La lluvia caía con suavidad, como si alguien ahí arriba castigara a aquellos que se atrevieran a mirarlo, sin intención de herir, pero al menos sí de empaparlos por su osadía. Era casi como si el cielo del South Blue no terminase de decidir si llorar con furia o simplemente dejarse llevar por la melancolía.

Entre los caminos embarrados que serpenteaban los campos del sur de aquella isla, la silueta de una criatura caminaba sin prisa, sin rumbo fijo, pero con la decisión de quien no había dejado de avanzar desde hace años.

Era alto, imponente. Un Mink tigre de rayas negras y naranjas que destacaban incluso bajo el gris del cielo encapotado. Su pelaje húmedo goteaba con lentitud bajo unos ropajes de tela gastada, y su andar era casi imperceptible, como si la tierra no se atreviera a quejarse bajo sus pasos. A su alrededor, los campesinos lo miraban con una mezcla de recelo y asombro, algunos incluso escondiéndose tras puertas entreabiertas o fingiendo no haberlo visto.

Krysser soltó un suspiro de resignación, pero no los culpaba. En el fondo, había aprendido que su aspecto hablaba antes que su voz. Y no todos estaban dispuestos a escuchar lo que no se llegaba a decir.

Frente a él, la silueta de una iglesia de madera vieja emergía entre la bruma del campo. Las paredes del edificio se veían maltrechas por el salitre y los años, pero aún sostenían su cruz y su promesa de consuelo. La Iglesia Austro, aquel era su nombre.

El tigre había escuchado ese nombre al llegar al puerto, de labios de una anciana que le regaló un pan duro y una advertencia tras haberlo acompañado en la travesía y haber observado un poco más la forma de ser del felino, tímida y casi huraña. 

-Si buscas techo o silencio, el pastor no suele preguntar demasiado. -Había dicho justo antes de despedirse con una sonrisa del felino, encauzando sus pasos en aquella dirección. Krysser le agradeció el gesto, no con palabras, sino con una leve inclinación de cabeza que la mujer entendió.

Ahora estaba allí. Frente a esas puertas que, pese a todo, seguían abiertas. No sabía si entraría aún. Había aprendido que no todos los refugios eran lo que prometían ser. Pero el cansancio del viaje, el zumbido lejano del hambre y el frío húmedo que calaba hasta el hueso hacían del lúgubre umbral algo más tentador de lo habitual.

A su izquierda, el sonido leve de una carreta le hizo girar la cabeza. Un burro flaco tiraba del vehículo con resignación. En él, un par de sacos de frutas tropicales algo magulladas, y un niño que lo miraba con ojos tan grandes como el firmamento. Pero aquellos ojos no miraban con miedo, como tantos otros, sino con la curiosidad propia de la infancia.

Krysser sostuvo la mirada. Luego, por primera vez en todo el día, esbozó una leve sonrisa ladeada. No dijo nada, tampoco hacía falta.

El niño, sin entender por qué, sonrió también. Y ese gesto fue suficiente para que el Mink diera un paso más hacia el templo.
Tal vez el Reino de Sorbet fuera solo otra isla más, un lugar más en su travesía. O tal vez no.
  Responder
#2
Sus pasos eran ligeros, caminaba con la tranquilidad de quien anda con una mente en paz por las calles centrales de la capital de Sorbet el tiempo no acompañaba para nada, un cielo encapotado se expandía por la isla con la seguridad de la depresión líquida arraigada en sus nubes, las gotas fluían tímidas pero constantes, Cao llevaba un paraguas y parecía estar prácticamente solo en aquellas calles , pero si miraba a las casas podía discernir algunas figuras de personas mirándole, quizás por qué su apariencia podría parecer opulenta. 

El destino lo había llevado hasta allí, no pensaba el porqué ni tenía una razón concreta pues desde que había sido inculpado viajar era una forma de buscarse la vida, en su caminata pudo escuchar el sonido metálico de unos guardias con armadura que acompañaban a lo que parecía ser un noble de aquel lugar , que al cruzarse con Cao mando a parar el carro hablándole directamente desde la ventana. Vaya vaya no sabía que había visita de alguien con su porte, lamento decirle mi estimado amigo que hoy no es un gran día para venir a Sorbet... Mencionaría aquel hombre de aspecto aún más pomposo que el propio Cao, el cual simplemente elevó la vista hasta su rostro y sonrió tenuemente antes de hablar.

Lamento interrumpir entonces, no era mi pretensión ser una molestia , solo estoy de paso. Elevaría una mano entonces cómo saludo cordial ante aquel noble el cual no quería al parecer zanjar aún aquella conversación ¿A que familia pertenece? Se te ve alguien fuerte... Quizás podrías ayudarnos con unos asquerosos pueblerinos que no ceden una estúpida iglesia al reino. Las alarmas se dispararon en la cabeza de Cao Guojiu que al escuchar aquello no pudo pasar por alto que era la misma forma en la que actuaría su hermano para con los ciudadanos de Kano.

Debía actuar y conocer la situación, la vida no es blanco o negro, el todo es uno y no podía tener un veredicto final sin conocer todos los datos Con sumo gusto echaré una mano en todo lo que pueda... Si me facilita la dirección y me da un poco de tiempo podría ir yo mismo, estoy seguro de que se puede llegar a algún acuerdo. El noble mostró una sonrisa cruel como si se hubiera librado de gastar recurso, tiempo y hombres en aquella empresa que había comenzado.

Le extendió un mapa y le señaló el lugar para luego ceder un par de soldados que acompañarían a Cao con el fin de que esté cumpliera bien con su trabajo, no sé qué esperaban de él pero si era un combate directo no quedarían contentos con el resultado

Sus pasos seguían siendo tranquilos , Los guardias se ponían nerviosos por la tranquilidad con la que caminaba Cao pues querían llegar a tiempo y solucionar lo de aquella iglesia antes de que los nobles de Sorbet decidieran empezar a hacer recortes en el personal. Tras un paseo demorado llegaron hasta la iglesia a la par parecía que el tiempo amainaba empezando a salir algún rayo de sol que otro.

La iglesia era hermosa , tenía el encanto de lo antiguo aunque no estuviera en sus mejores momentos daba la sensación de que se habían vivido muchas y hermosas historias de fé bajo su techo, extendí la mano para que los guardias se parasen , pensaba hacer la primera toma de contacto yo solo por lo que comencé a caminar hasta estar a unos metros del lugar donde parecía haber gente.
  Responder
#3
Krysser cruzó el umbral de la iglesia con la misma cautela que un cazador adentrándose en un claro desconocido. El interior olía a incienso barato y a humedad, con el eco de pasos pasados aferrado a los bancos de madera carcomida, y el sonido de las gotas retumbando en el maltrecho techo. Vitrales polvorientos filtraban la escasa luz, proyectando colores apagados sobre el suelo de piedra. No era un templo opulento, ni pretendía serlo. Y sin embargo, irradiaba una calidez difícil de explicar.

Un hombre de edad avanzada, encorvado pero firme, salió de detrás de una cortina que separaba la sacristía del altar. Vestía sotana sencilla, manchada por el uso y los años. Sus ojos claros, aunque cansados, no mostraron miedo al ver al Mink frente a él.

-Vaya… Tú debes de ser el viajero del que todo el mundo habla... -Su voz era pausada, serena, como quien ha vivido demasiado para sorprenderse por apariencias. Dejó claro que estaba informado sobre lo que sucedía en la isla a pesar de no abandonar los muros de la iglesia, probablemente sus feligreses no tardaban en acudir a él para contarle cada detalle del exterior.

Krysser asintió con un leve gruñido afirmativo, bajando ligeramente la cabeza en señal de respeto. El sacerdote esbozó una sonrisa honesta, de esas que nacen del corazón, no de las conveniencias.

-Soy el padre Thoren. -Dijo, acercándose sin temor. -Y tú eres… ¿Un viajero? ¿O acaso alguien que busca algo?

-Un poco de ambos. -Respondió Krysser, con una voz grave y cansada, con apenas más que un susurro.

Thoren sonrió y lo invitó a sentarse en uno de los bancos delanteros. Pronto, unos pequeños ojos asomaron desde detrás de los pilares. Eran niños, al menos media docena. Uno de ellos, el mismo que lo había visto antes en la carreta, corrió junto al cura y le susurró algo al oído. El anciano asintió, sonriendo, y volvió la vista al Mink.

-Algunos de los niños comentan que pareces un monstruo. -En aquella breve pausa que hizo, Krysser se sintió deprimido al escuchar aquellas palabras. Sin embargo, todo rastro de aflicción desapareció en cuanto el párroco volvió a abrir la boca. -Y que eso les parece muy divertido. -Los jóvenes entonces comenzaron a trepar al cuerpo del felino, colgándose de su espalda hasta hacerlo tambalearse, y riendo mientras jugaban saltando de un lado a otro como si el cuerpo del inmenso Mink no fuera más que un columpio. 

Krysser quedó perplejo unos segundos, no esperaba algo así. La inocencia de la infancia siempre le tomaba desprevenido, la forma en que no juzgaban a nadie acorde a los patrones establecidos por la sociedad. Pasados unos segundos, cuando recuperó la compostura, se deshizo de los jóvenes sin herirlos, bajándolos suavemente, antes de continuar escuchando al sacerdote.

-Pero yo creo que, ante todo, pareces alguien cansado. -Thoren continuó entonces, diciendo aquello sin rastro de burla en sus palabras. Eran sus pensamientos más sinceros. Krysser, por su parte, no respondió. Sus ojos dorados se mantuvieron fijos en los vitrales mientras el sacerdote continuaba hablando. -Este lugar, por muy humilde que sea, ha sido un refugio para quienes no tienen dónde ir. Huérfanos, viudas, ancianos olvidados por la ciudad… No somos ricos, tampoco importantes. Pero desde hace unos meses, empezaron los problemas. -Suspiró, entrelazando los dedos sobre su regazo. -Los nobles del norte quieren este terreno. Dicen que la iglesia no aporta nada. Que afea su nuevo "proyecto de expansión urbana”. Pero todos sabemos que lo que realmente les molesta es que aquí se recuerde que hay gente sufriendo. O, tal vez, que se les intente ayudar a dejar de hacerlo.

Krysser giró la cabeza con lentitud, intrigado por la historia.

-¿Han venido a echaros?

-Varias veces. A amenazar. A ofrecer dinero. Incluso a provocar disturbios que luego intentan usar como excusa para desalojarnos. Pero nos resistimos. No porque tengamos fuerza, sino porque tenemos raíces, y cosas que debemos proteger. -Acariciaba la cabeza de uno de los niños, las razones más importantes para permanecer en pie firmes.

El silencio llenó el aire unos segundos. El padre Thoren lo miró directamente, con esa clase de fé que se lanza sin paracaídas.

-Los niños creen que tú podrías ayudarnos. "Los monstruos deben asustar a los hombres malos", o eso piensan ellos. Y yo también lo creo. No te pido que luches por una causa que no es tuya… Pero al menos observa este lugar. Aquí la gente aún cree en algo. Y eso, en estos tiempos, es casi un milagro.

Antes de que Krysser pudiera responder, un ruido metálico se oyó desde fuera, el sonido de pasos acompasados, firmes, y el crujir de las botas de soldados sobre la tierra húmeda. El Mink se irguió con agilidad felina, alzando casi tres metros con su porte imponente, dando cobijo bajo su sombra a Thoren y a los niños. 

El padre miró hacia la puerta, aunque apenado, no parecía siquiera sorprendido.

-Deben de haber mandado a alguien más. Esta vez dudo que solo con intenciones de hablar... -Miró a los niños y alzó una mano, señalando a la pared. -Id al fondo. No salgáis hasta que os lo diga.

Krysser ya estaba caminando hacia la puerta antes de que el sacerdote terminara de hablar. Su instinto animal rugía, sin duda afuera esperaba el peligro. Sin embargo no fue miedo lo que sintió en ese momento, sino rabia. Se vio reflejado en los ojos de aquellos niños que corrían veloces a esconderse por el miedo, y supo al instante que aquello estaba mal. 

Junto al umbral, giró apenas el rostro.

-No lucho por las causas de otro, viejo. -Tras decir aquello, el anciano párroco bajó la cabeza, apenado. No podía pedirle más a un desconocido, era lo más lógico, lo esperado. Sin embargo, Krysser continuó hablando. -Por eso, haré de esta mi causa. 

El padre Thoren sonrió de nuevo, como si hubiera oído una plegaria respondida desde arriba. Ambos se adelantaron a salir de la iglesia, decididos. 

El aire era más claro afuera. El sol se filtraba tímido entre las nubes. Frente a la iglesia, un hombre bien vestido se acercaba con paso tranquilo. No era un soldado. Tampoco parecía un noble, o al menos, no de estas tierras. Sus ropajes parecían distintos a los que había visto en su camino hasta el lugar, también a aquellos que los pasajeros del barco en el que llegó llevaban. Detrás de él, los guardias lo seguían en la distancia, con cara de pocos amigos.

Krysser se apoyó en el marco de la puerta, sin moverse, observando al recién llegado como un tigre vigila la entrada a su guarida. Por ahora, esperaría a ver qué tenían que decir aquellos hombres.
  Responder
#4
Mientras observaba la iglesia saco dos tramos de su Pipa de fumar uniéndolos, para echar unas hierbas en su interior y pasar a encenderla, dió una larga calada ante la perplejidad de los caballeros , tomandose el tiempo necesario hasta que el portón se abrió, y de él emergió una bestia, un hombre tigre de gran altura y con un portento físico más que notable.

Cao exhaló una gran cantidad de humo mientras los rayos del sol hacían brillas las gotas que se resistían a caer del césped , gracias a su vista mejorada Cao pudo ver por el hueco abierto del portón el rostro preocupado de un sacerdote ¿Qué estaba pasando ahí? ¿La bestia hacía temer a los nobles? ¿O era el noble el que estaba intentando explotarlos? 

Los caballeros desenvainaron bastante apresurados por iniciar el combate sin embargo Cao extendió su mano hacia él interponiéndose para que no avanzase Vamos...vamos no hay por qué alzar las armas , dejadme hablar con ellos primero así no tendréis que luchar y acabar agotados por luchas vanss... Quizás era por su semblante o el uso de la palabra con cierta tonalidad concreta pero el caballero le dió una oportunidad , envainó y retrocedieron algunos pasos siendo que Cao haría lo contrario, avanzo con tranquilidad hasta la Iglesia quedando apenas a un metro del hombre, daría otra larga calada y soltaría el humo, esperando su Pipa en dos tramos y guardándola en la espalda.

Cao Guojiu es mi nombre , me han traído hasta aquí por despejar está iglesia pero yo he venido para escuchar que está sucediendo aquí, ¿Puedo saber tu nombre? Extendió su mano con seguridad la raza no era de importancia para Cao , solo quería entender que sucedía por qué a priori aquel gatito enorme quería defender al sacerdote de algún tipo de enemigos que parecía ser El Reino de Sorbet, no le gustaba el combate así que lo ideal era solucionarlo sin llegar a las manos. 

Pareces extranjero, ¿Tú sabes que está sucediendo en ste reino? No me han explicado mucho más allá de que están siendo un problema...quiero escuchar vuestra versión. Su sonrisa tenue intentaba mostrar su enorme tranquilidad y negación al combate, aunque si el tigre atacaba no le quedaría otra que defenderse. 
  Responder
#5
El sonido de la lluvia apagándose se mezclaba con el crujido húmedo de las botas sobre el césped, como si incluso el clima contuviera la respiración ante lo que estaba por suceder. Desde la puerta de la iglesia, Krysser observó en silencio.

El desconocido no parecía apresurado. Fumaba con calma, como quien no tenía prisa por llegar a ninguna conclusión, o tal vez, como quien la analizaba con detenimiento. La escena habría sido casi cómica, si no fuera por los dos guardias que lo escoltaban, con manos nerviosas en la empuñadura de sus armas y la arrogancia dibujada en los ojos. Cuando las espadas comenzaron a salir de sus vainas, el Mink tensó los hombros de forma instintiva, pero no dio ni un paso. Aun así, estaba preparado. Siempre lo estaba.

Sin embargo, no hizo falta intervenir. El hombre de la pipa levantó la mano y los que parecían ser sus subordinados detuvieron el avance, obedeciendo con reticencia. Krysser alzó una ceja con disimulo. Aquello no era lo habitual. Casi nadie ponía freno a las espadas una vez desenvainadas.

El forastero avanzó solo, sin escolta, y se detuvo a un metro del umbral. Estaba cerca, pero no lo suficiente como para que Krysser sintiera su espacio invadido. Inteligente.

Se trataba de un extranjero, de eso no había duda. Alzaba alrededor de metro noventa, y aunque delgado, parecía ser un guerrero. Su aspecto noble y sus ropas de seda de alta calidad lo delataban, aunque Krysser no reparó demasiado en el valor de aquellas telas. 

-Cao Guojiu es mi nombre , me han traído hasta aquí por despejar esta iglesia, pero yo he venido para escuchar que está sucediendo aquí, ¿Puedo saber tu nombre?

El Mink no respondió al instante. Miró la mano extendida durante unos segundos. No con desconfianza, sino con una calma que parecía medida al milímetro. Finalmente, sin apartar la vista de los ojos del hombre, alzó su enorme garra y estrechó la mano de forma firme, pero sin violencia.

-Krysser. -Dijo, con su voz grave. 

-Pareces extranjero, ¿Tú sabes que está sucediendo en este reino? No me han explicado mucho más allá de que están siendo un problema...quiero escuchar vuestra versión.

Dio un paso fuera del marco de la puerta, permitiendo que la luz bañara por completo su figura. A sus espaldas, el sacerdote permanecía en silencio, pero atento. Los niños ya no estaban a la vista.

-Efectivamente, tampoco soy de aquí. Llegué hace poco. Pero ya he visto suficiente. -Sus ojos se entrecerraron, evaluando al recién llegado, buscando signos de arrogancia o mentira en su mirada. Sin embargo, no parecía haber rastro evidente de ninguno, de modo que decidió creer las palabras de Cao Guojiu, al menos por el momento.

-Dijeron que aquí vivían “delincuentes”, ¿no es así? -Krysser ladeó el rostro, como un animal midiendo a su presa. -Pero lo único que encontré fueron niños, gente anciana, y personas que aún creen que hay lugar para la compasión. -Dijo, refiriéndose al sacerdote, e hizo una pausa breve. -No sé por qué estás aquí, ni si estás con ellos... -Añadió, señalando con la cabeza a los soldados detrás. -Pero si eres alguien que realmente quiere entender, entonces, entra. El viejo te lo explicará todo. 

Hizo una seña a Thoren para dejar pasar al desconocido, y le había instado a contarle la historia que él mismo escuchó momentos antes. Con eso Krysser se dio media vuelta, entrando nuevamente en el templo, no sin antes volverse y lanzar una mirada amenazante a los soldados que aguardaban fuera, un aviso claro. No era una invitación a cualquiera.
  Responder
#6
No esperaba que su hablar fuera tan retraído se mostraba distante, tajante, estaba claro que tenía instintos que muchos tardan en desarrollar en las artes marciales ¿Qué tipo de vida tendría aquel tigre para tener tanta carga en sus hombros? 

No, no estoy con ellos pero por alguna razón la gente tiende a confiar en mi, su "jefe" me pidió mediar y ya he visto tiranos antes, por lo que quería saber de primera mano la situación. Avanzó hasta el marco de la puerta y caminó observando el interior , los muebles estaban desgastados parecía que alguna ventana no había podido ser reparada, indicios de una clara pobreza, se acercó hasta el sacerdote inclinando levemente su cabeza como muestra de respeto, gesto que el dudoso sacerdote le tomó por sorpresa, pues entre las opulentas ropas, sus ojos raros y su caminar tranquilo le había dado una primera impresión distinta. 

El anciano le comentó lo sucedido, sus palabras salían de su boca con una mezcla de frustración y necesidad de ayuda, los pequeños comenzaron a salir y el rostro por lo general apacible de Cao cambió a una sonrisa tierna para transmitir seguridad.

Habéis pasado por mucho, y no es justificable pero me preguntó si podemos llegar a un acuerdo pacífico con ellos , no me gusta la violencia y la procuro evitar, pero os prometo algo chicos, si los malos quieren pelear defenderemos este lugar. Sus palabras salían con la seguridad de aquel que tenía una verdad absoluta aunque Cao no creía en las totalidades no iba a dejar pasar una situación así.

Tras eso volvió a caminar hasta el borde de la puerta cruzándose con el tigre al cual le guiñó un ojo amablemente y abrió ligeramente la puerta hablándole a los guardias. Cuanto lo siento muchachos , resulta que me caen mejor ellos id con vuestro jefe y avisad de lo siguiente "Cao Guojiu quiere hablar" , si acepta seguiremos por aquí.

Se quedaron perplejos , parpadeando , un noble por muy poco conocido que fuera se había puesto del lado del pueblo más bajo , comenzaron a crisparse y hablar entre ellos pues no podían permitirse marchar con las manos vacías. Cao cerró la puerta y volvió a entrar, para tras eso tirarse cómodamente en un banco de madera , de manera muy poco educada , espatarrado y es que así de relajado era él podía mostrar rigidez marcial o la vagancia de un mendigo. 
  Responder
#7
Desde un rincón en penumbra, donde la escasa luz filtrada por los vitrales apenas acariciaba las losas del suelo, Krysser observaba en silencio. Apoyado contra una de las columnas de piedra, con los brazos cruzados y la mirada fija, era como una estatua viviente. Inmóvil, vigilante, y más que dispuesto a convertirse en una fuerza de la naturaleza si algo salía mal.

El forastero, Cao Guojiu, se movía con soltura por la iglesia, como si no le incomodara en lo más mínimo el contraste entre su aspecto pulcro y las paredes gastadas que lo rodeaban. Krysser lo siguió con la mirada mientras saludaba al sacerdote con una leve reverencia. Una ceja se le arqueó levemente. No era común ver a alguien tan bien vestido inclinarse ante un viejo pobre en un edificio a punto de venirse abajo.

Thoren, siempre con su templanza habitual a pesar de las dudas sobre aquel individuo, le habló con palabras sencillas, sin adornos ni súplicas. Solo la verdad, exactamente el mismo relato que antes le había contado al Mink, ahora compartido con aquel extraño de ojos curiosos. Krysser no se movió, no interrumpió, ni siquiera desvió la mirada cuando los niños reaparecieron tímidamente, saliendo de sus escondites como cervatillos ante la calma. Y vio algo. No una mueca fingida, no un gesto educado. Sino una sonrisa sincera en el rostro del noble, de esas que solo se dibujan cuando uno realmente se siente tocado por lo que ve.

No dijo nada, y no hacía falta. El Mink había aprendido hacía mucho que algunos hombres se delatan más por lo que hacen, que por lo que dicen.

Cuando Cao se volvió hacia la puerta, Krysser se separó de la columna y lo siguió con la mirada, caminando unos pasos tras él, sin salir del templo. Observó en completo silencio cómo el extranjero abría la puerta y hablaba a los guardias con una naturalidad que rayaba en la desfachatez.

-Cuanto lo siento muchachos , resulta que me caen mejor ellos id con vuestro jefe y avisad de lo siguiente "Cao Guojiu quiere hablar" , si acepta seguiremos por aquí.

Krysser soltó una leve exhalación nasal, algo parecido a una risa contenida. No era burla, mas bien era sorpresa. E, incluso, cierto respeto.

-Tiene agallas, eso no se lo niego… -Murmuró para sí, mientras lo veía cerrar la puerta y volver a adentrarse como si aquello fuera su casa.

Cuando Cao se dejó caer en uno de los bancos, como si estuviera en una posada y no en un templo bajo una amenaza inminente, el Mink se le acercó a paso tranquilo. No dijo nada al principio, solo se limitó a apoyarse en la columna más cercana, con los brazos cruzados de nuevo, evaluando.

-No sé si eres un tonto temerario o si realmente crees que es la mejor forma de hacer las cosas aquí... -Sus palabras no eran hostiles. De hecho, había un matiz de reconocimiento en ellas. Krysser lo observó unos segundos más y luego añadió, con voz más baja. -Pero creo que has hecho lo correcto. -Tras decir eso, inmediatamente pensó para sus adentros. -O, al menos, lo que hubiera hecho yo. 

Al hacer venir al noble, podrían tratar las cosas directamente con él, y tal vez hasta convencerlo de desistir en su intento de expropiar a aquellas personas. Sin embargo, tan solo habían ganado algo de tiempo, y ambos lo debian saber bien. Necesitaban encontrar una solución antes de que aquellos guardias regresaran.

-No tardarán en volver. -Comentó Krysser a Cao, y también como un aviso a navegantes para el cura, bajando la voz de inmediato para solo ser escuchado por el monje de aspecto noble. -No creo que usar la fuerza sea la solución, especialmente en esta situación. -Miró de reojo a los niños, posibles víctimas colaterales si algo sucedía. Sin embargo, el Mink sabía que no era lo bastante listo para encontrar una solución mejor. Volvió a guardar silencio, dejando que el ambiente de tregua se asentara, al menos por ahora, y tratando de pensar alguna solución mejor. Pasara lo que pasara, algo se les ocurriría.
  Responder
#8
Cerró con cautela los ojos mientras aún se mantenía en aquella pose, no para negar las palabras de aquellos que le estaban hablando si no más bien por qué estaba rumiandose una idea en su cabeza, se incorporó con lentitud , el felino amigo que había hecho tenía razón, iban a volver.

Hay que tener una cosa clara, la vida que estamos viviendo al menos de momento no es todo blanco o negro, y el sistema establecido actual pone a los nobles por encima del pueblo, siendo que si los ven prescindibles tienden a ser eliminados...

Volvió a levantarse del todo caminando de un lado a otro con la diestra en el mentón, hasta que finalmente decidió soltar aquello que se le pasaba por la cabeza Lo cual me hace pensar que al menos de momento ser indispensable para ellos es importante, viniendo aquí no pude evitar ver qué está colina tiene buena tierra y húmeda, en el País de Kano donde yo vengo se pueden construir campos de arroz en dichas colinas segmentando el terreno, la cosecha es buena, scon la lluvia necesaria puede dar más de una al año, puedo venderle está idea al rey, y soy comerciante conozco algunos aldeanos de Kano que no les importaría traer el material hasta aquí si lo costea algún noble del Reino de Sorbet...

Dejó de hablar unos segundos para dar tiempo aque su idea calara en los dos adultos, no era una solución eterna seguramente con el tiempo el noble exigiría más pero era una forma de volverse indispensable hasta que ganaremos el tiempo suficiente para volver y defender a los aldeanos, nos daría varios meses...

¿Se entiende lo que quiero decir? La cosecha del arroz es tan abundante que posiblemente dejarían de pasar hambre y todavía tendrían excedente que vender para pagar una mensualidad a los nobles , ellos estarán contentos , ustedes no pasarán hambre y nosotros ganaremos tiempo. 

Desde que la consciencia se le había concedido, Cao era una persona de gran recurso dialéctico que meditaba sobre las formas más pacíficas de resolver las cosas, posiblemente el mundo estaría mejor de otras formas pero no podían instar a un sacerdote y a niños a revelarse contra un Reino pues destruirían aquel templo con suma facilidad así que tenía que encontrar otra forma , y aquella consideraba que era la mejor, buena tierra, lluvia rica, un entorno ideal para proliferar con plantaciones de arroz.
  Responder
#9
Krysser no interrumpió mientras Cao hablaba. En cambio, permaneció en su rincón, apoyado contra la columna, siguiendo el ir y venir del noble con la mirada. Incluso 

Aquel tipo hablaba con calma, pero con la seguridad de alguien que creía en lo que decía. No parecía un charlatán, ni un idealista perdido. Era más como un arquitecto improvisando planos para un puente mientras el río crecía. Sin embargo, en esta ocasión la crecida era demasiado rápida.

El Mink ladeó ligeramente la cabeza cuando escuchó la propuesta. Campos de arroz en la colina, abastecer a los suyos y pagar con excedente. Ingenioso. Muy ingenioso, incluso. Sin embargo, no tenían tiempo ni recursos para prometer algo así, únicamente la promesa de un extranjero. Era inviable. Al menos, si pretendieran cumplirlo realmente.

Cuando Cao terminó de hablar y el silencio volvió a llenar la sala del templo, Krysser bajó la mirada hacia el suelo unos segundos. Sus garras golpearon suavemente contra la piedra, rítmicas, como si acompasaran su pensamiento.

-Es una buena idea. -Dijo finalmente, sin sarcasmo, y con un leve asentimiento que no era fácil de obtener de alguien como él. -Comida, suficiente comida en abundancia... Eso calma el hambre y la rabia. Amansa hasta al más salvaje de los hombres. -Comparaba en el refrán a los hombres con las bestias, y no era para menos dada su experiencia. Su voz era reflexiva, casi respetuosa. Luego alzó los ojos, fijándolos en Cao. -Pero no tenemos tiempo, ni los recursos para algo así. Sería prometer algo que no podremos cumplir...

Se separó de la columna y dio unos pasos por la estancia, recorriendo el pasillo central con su imponente figura mientras hablaba, tratando de explicar el porqué de su razonamiento.

-No tenemos tierras aradas, no tenemos herramientas apropiadas, ni manos suficientes para trabajar un cultivo tan grande sin desatender los que ya labran. Ni siquiera sabemos si esa colina aguantaría el peso de terrazas de agua. -Krysser sabía bien de lo que hablaba, pues en su isla natal era frecuente ser inundados por el gran Zunisha, y no era algo que todo terreno pudiera soportar. -No hay ingenieros, ni materiales. Además... -Se detuvo, girándose hacia el noble, soltando un suspiro de resignación. -¿Crees de verdad que los nobles dejarán pasar todo por una promesa?

Hubo entonces una breve pausa. No era rechazo, sino la voz de alguien que había aprendido a sobrevivir con poco, y que había visto fracasar demasiadas buenas ideas por falta de medios. Si solo esperaban que la realidad fuera suficiente, probablemente no lo sería. Había que adornarla un poco, hacer más dulce aquel anzuelo antes de lanzarlo.

-No estoy diciendo que no sea posible. -Agregó, con tono más bajo. -Lo que propones podría funcionar... Al menos, como una distracción, una forma de ganar tiempo. Si logramos que te escuchen, si consigues convencer a ese noble de que puede ganar más dejando vivir a esta gente que echándolos, tal vez sea posible ganar tiempo. Pero no basta con venderles un poco de arroz, no les importa que su pueblo no pase hambre. No, debe ser algo que tiente a esos egoistas, que los haga pensar que se harán ricos. Y, si vas a venderles esa idea, más te vale hacerlo rápido. Y sonar muy convincente. -Se cruzó de brazos, su mirada fija en la puerta como si ya pudiera oír las botas acercándose a lo lejos.

-Usar tu plan no como solución, sino como distracción. Una falsa promesa. Algo que los mantenga ocupados mientras nosotros buscamos una salida real. -Lo miró de reojo. -¿Podrías venderlo así?

La última frase no tenía tono de desafío. Era una pregunta honesta, un gesto de confianza. Porque por primera vez, Krysser empezaba a creer que aquel extraño vestido de noble tal vez no era solo un viajero con buenos modales, sino un aliado con una forma similar de ver el mundo y lo que era la justicia.
  Responder
#10
Parecía que el tigre tenía temor por lo que pudiera suceder , quizás no había explicado con total certeza su plan, pues le preocupaba que los nobles no cedieran ante esa propuesta, se notaba que sus intenciones eran puras por ello Cao se acercó hasta el tocando su hombro. 

Confía en mí Krysser, el sistema escalonado está diseñado precisamente para el soporte del peso y puedo convencerlos para que paguen ellos los materiales de la infraestructura, al final, con el excedente vendido el sacerdote podrá pagarle a estos ávaros el dinero por el que tanto se mueven , y si fuera necesario yo mismo entregaré dinero para  que el inicio sea factible.

Esperaba de corazón que la respuesta hubiera tranquilizado el alma de su nuevo amigo, no es que tuviera una fortuna pero podía poner dinero suficiente como para entregar algo simbólico para ayudar a estos y al fin y al cabo esto era una solución temporal hasta que pudieran encontrar otra dentro de un tiempo, pues Cao en el fondo aún esperaba no tener que combatir y encontrar una solución factible.

Thoren, si fueras tan amable necesito papel y tinta para poder escribir una carta oficial, así la tendré finalizada para cuando vuelvan y podré explicarlo con tranquilidad con más peso.

El anciano se le veía con una mezcla de incertidumbre y posible ilusión quizás como hombre de fé también esperaba poder solucionar el problema sin tener que recurrir al conflicto, por lo que no tardó en traer todo lo necesario para la escritura.

Cao tomó con tranquilidad el papel y pasó a escribir acercándose a un atril donde suponía que el padre thoren daba sus discursos pues necesitaba un apoyo:

"Yo vuestro amigo Cao Guojiu con el pesar de mi corazón os pido a los aldeanos de Kano un último favor, prometo que algún día volveré para zanjar la tiranía de mi hermano, pero ahora está en vuestras manos poder ayudar a otro pueblo oprimido, requerimos que uno de vosotros viaje hasta aquí con material suficiente para enseñar el cultivo del arroz a unos aldeanos, muchos niños dependen de vuestra ayuda, con todo mi cariño os mando un saludo"

Con aquello sería más que suficiente, por años Cao les había ayudado y sabía que el cariño que le tenía les haría movilizarse para ayudar a esta gente, ahora solo faltaba vender la idea al noble y usar todas sus capacidades oratorias para ello.

De todos modos, hasta que no hablemos con él los niños y el sacerdote deberían esconderse por si tenemos que luchar, y ahí es donde confío más en tus habilidades amigo mío, ¿Me darás la oportunidad de solucionarlo intentando no llegar al conflicto?
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)