El Puño y la Garra - [Auto T1] (Presente Absoluto)
#1
El cielo del South Blue brillaba despejado aquella mañana, apenas salpicado por algunas nubes flotantes que dejaban entrever la cumbre de una gran montaña. Desde la cubierta de un barco pesquero modesto, Krysser observaba el perfil de la Isla del Karate alzándose en mitad del mar como una fortaleza de piedra cubierta por un manto verde. Era una visión inusual, la inmensa estructura natural crecía hacia lo alto, casi rasgando el cielo, y desde sus costados brotaban pequeños bonsáis naturales, modelados por el tiempo y el viento, que contrastaban con tan colosal figura. A sus pies, arrozales escalonados cubrían las faldas de la montaña como escamas ordenadas, brillando bajo la luz dorada. 

Al ver aquella imagen, Krysser no pudo evitar recordar a Cao. El arroz fue la razón que esgrimió para salvar la iglesia de Sorbet, y ahora finalmente se hizo una idea del porqué. 

-Ciertamente, es algo impresionante. -Murmuró en voz baja, atónito ante tan majestuosa vista.

El mink de pelaje rayado, con los tobillos cubiertos por sus características protecciones metálicas, descendió en silencio por la pasarela de madera que lo depositó en tierra. El barro de los arrozales cercanos se adhería brevemente a las garras de sus pies antes de ser dejado atrás sin dejar rastro. No había equipaje, ni acompañantes, solo su sombra estirada bajo el sol y su figura de casi tres metros que se desplazaba como un espectro entre los caminos de tierra.

No tardó en avanzar hacia una zona de entrenamiento cercana. Los campos de práctica rodeaban los caminos intermedios entre dojos, con áreas delimitadas por estacas y cuerdas donde grupos de aprendices repetían movimientos bajo la mirada de maestros ancianos. No había llegado por invitación, ni con propósito diplomático, sino mecido por los vientos y empujado por la casualidad.

Un joven delgado, de no más de dieciocho años, con un kimono blanco ajustado, apareció frente a él antes de que pudiera tomar el camino de los escalones que llevaban montaña arriba. Tenía el cabello marrón y corto, y unos ojos oscuros e intensos, inexpertos pero aún así cargados de soberbia. Medía apenas un metro y medio, pero su postura erguida y su tono autoritario pretendían llenar el vacío de esa diferencia.

Imagen Aproximada

-Hey, tú, grandullón. -Dijo con voz alta, intentando llamar la atención de todos los presentes mientras señalaba a Krysser con una sonrisa arrogante.- ¿Quién eres? ¿Vienes a curiosear? O acaso buscas problemas, ¿eh?

Krysser lo miró con sus ojos dorados sin detener el paso, pero bajó un poco el mentón, como un tigre que observa sin decidir si vale la pena gastar energía en tan pequeña presa.

-A entrenar. -Respondió sin rodeos. ¿Qué otro propósito si no podría encontrar en una isla de tales características? Tenía claro que era inexperto, y por eso, debía centrarse en mejorar.

El joven lo siguió con el paso apresurado de quien no está acostumbrado a ser ignorado.

-¿Entrenar tú? ¿Aquí? ¿Con nosotros? -Rió con la boca abierta, sin intentar disimular su tono burlón.- Aquí se cultiva la armonía del cuerpo y el alma, no la violencia de una bestia como tú...

Krysser se detuvo en seco, notablemente afligido, y se giró por completo hacia él. La sombra de su figura proyectada sobre el barro del sendero parecía devorar al muchacho entero, como un funesto presagio. A su alrededor, otros aprendices interrumpieron su práctica y empezaron a prestar atención.

-Tienes un ego muy grande, para ser tan pequeño. -Dijo el mink, juntando los dedos índice y pulgar de su mano en un gesto inocnfundible, hasta estar realmente próximos, simbolizando la escasa medida de aquel sujeto. Aunque comenzó molesto, se había calmado y había decidido responder con ironía a las ofensas. El joven frunció el ceño al instante, visiblemente molesto. Cruzó los brazos, infló el pecho, y habló como si todos alrededor fueran parte de su audiencia.

-Me llamo Lucho. Discípulo del estilo Yowaiken. Este dojo me considera una promesa para el torneo de este año. -Dio un paso adelante, apenas a dos metros de Krysser, y levantó el mentón como quien exige respeto sin haberlo ganado, teniendo que alzar tanto la vista que era casi más cómico que imponente.- Si tanto deseas entrenar, entonces demuéstralo. Pelea conmigo, aquí, y ahora.

Krysser suspiró, alzando apenas el cuello hacia el cielo, los rayos del sol acariciaban las hojas altas de los bonsáis más lejanos, y bañaban su piel calentándolo suavemente. Tras meditar unos segundos, decidió que no le vendría mal el entrenamiento, y a aquel tipo tampoco le iría mal una dosis de humildad.

-Si eso es lo que necesitas para quedarte en paz. -Respondió, con sobriedad, aceptando el desafío.

Al oír eso, Lucho adoptó posición de combate, alejándose un par de metros más al instante casi por instinto. Sus piernas se separaron medio metro exacto, pie izquierdo adelantado, derecho retrasado, ambos doblados con tensión controlada. Sus brazos se posicionaron abiertos, palmas al frente, con los dedos ligeramente curvados hacia adentro. Su respiración comenzó a acelerarse por puro entusiasmo, pero rápidamente la calmó de nuevo.

Krysser afianzó bien sus pies en el barro, flexionó las rodillas, y arqueó levemente la espalda como si su cuerpo entero se preparara para un salto felino.

Hubo unos segundos de tensa calma, donde intercambiaron miradas fijamente, hasta que finalmente se dio el primer movimiento. Fue Lucho quien se apresuró a cerrar la distancia, sin duda el entusiasmo le pudo finalmente. Corrió los primeros dos metros con velocidad ligera, sin comprometer la guardia. A un metro de distancia, dio un pequeño salto lateral y atacó con una patada giratoria baja, buscando impactar la rodilla de Krysser.

El mink bloqueó con su antebrazo izquierdo, girando el torso para acompañar la fuerza y desviarla. La patada se deslizó por el borde del músculo curtido sin causar daño real, mientras el Mink sonreía. 

-Si cargas desde tan lejos, es imposible que no anticipe tus intenciones. -Comentó Krysser, haciendo enfadar al joven. 

-¡Cállate, ha sido suerte! -Respondió el karateka, apretando los dientes.

Acto seguido, Lucho volvió a cerrar la distancia y encadenó dos golpes rápidos ante la pasividad del Mink. Primero, un puñetazo recto al abdomen, que fue encajado por el brazo del tigre en un bloqueo nuevamente. Acto seguido, Lucho lanzó un empujón frontal con ambas palmas buscando romper el equilibrio.

Krysser absorbió el primer impacto sin problemas, y dejó que el empuje lo llevara a retroceder medio paso, solo para usar ese impulso y girar sobre su propio eje con una patada barrida a ras de suelo.

Lucho saltó hacia atrás justo a tiempo, asombrando al tigre por sus buenas reacciones, pero perdió medio segundo en recuperar el equilibrio. Krysser lo vio y avanzó de inmediato.

La distancia entre ellos se redujo a menos de un metro. Krysser lanzó un zarpazo diagonal desde su hombro derecho, apuntando al rostro de Lucho. El joven levantó ambos brazos en cruz para bloquear. El impacto hizo que sus pies resbalaran cinco centímetros hacia atrás por el barro, pero había detenido el golpe antes de que alcanzara su tez. 

-Nada mal. -Comentó Krysser, bastante sorprendido por el desempeño del joven.

-Aún no has visto nada... -Respondió Lucho, con algo de temblor en la voz después de haber hecho un esfuerzo considerable, dada la diferencia de fuerza que existía. 

Acto seguido, se impulsó hacia adelante usando el peso del zarpazo como ancla, giró sobre un pie y buscó conectar una rodilla al costado del mink. El impacto fue sólido. Krysser soltó un leve gruñido. Lucho intentó aprovecharlo. Golpeó con una palma ascendente hacia el mentón, un movimiento clásico del estilo que él practicaba, el Yowaiken. Pero el mink agachó la cabeza instintivamente y recibió el golpe, bloqueándolo con la frente.

Aunque la cabeza pudiera ser considerada un punto débil, era a la vez uno de los puntos más duros del cuerpo. Y la frente de aquella bestia de más de doscientos kilos dio buena cuenta de ello en el momento en que chocó con la palma del joven karateka.

El choque fue seco. Krysser aprovechó la sorpresa del joven, valiéndose de la cercanía para abrazar la cintura de Lucho con un solo brazo y levantarlo en el aire. Al muchacho se le escapó un grito poco digno, mientras el mink daba una vuelta sobre sí mismo, y lo lanzaba con fuerza contra el barro. La caída levantó una nube de tierra húmeda y fragmentos de hierba.

Lucho rodó una vez y se puso de pie con dificultad. Su kimono estaba manchado, su cabello decorado con trozos de barro y pasto. Escupió al suelo.

-¡No me subestimes, bestia! ¡Esto aún no termina!

Corrió de nuevo, esta vez con el puño derecho preparado, reuniendo su fuerza en aquel punto. Saltó entonces a toda velocidad, buscando dar un golpe descendente desde lo alto, buscando el cráneo.

Krysser se agachó sin demasiado esfuerzo. Sujetó el brazo en pleno vuelo con su mano izquierda y, sin detenerse, clavó su rodilla derecha contra el estómago de Lucho al caer.

-Sigues siendo muy predecible... -Lamentó el Mink mientras propinaba el golpe, tratando de dar consejo a Lucho, aunque no parecía atender a razones.

El joven cayó de rodillas, jadeando, con la boca abierta y algo de bilis goteando el suelo bajo sus pies. Su frente rozó el barro, pero su frustración lo hizo levantarse otra vez, tambaleante.

Aún con la visión borrosa, dio un grito y comenzó a lanzar una secuencia de golpes enloquecida. Derecha, izquierda, doble palma, codazo con giro. Ninguno alcanzó un blanco claro. Krysser retrocedía paso a paso, girando sobre sus tobillos, desviando, bloqueando con los antebrazos o simplemente dejando pasar. Pero el joven no se rendía.

Entonces Krysser lo entendió. La verdadera fuerza del estilo de aquel chico no radicaba en sus puños, sino en su determinación. Era algo ciertamente de admirar, pero no llegaría lejos con aquel ego. Por eso, entendió rápidamente lo que debía hacer. Darle una lección.

Recibió el último puñetazo de frente. Lo dejó entrar, sin esquivar ni bloquear en absoluto. El golpe impactó de lleno en el pectoral izquierdo del mink, un golpe limpio, ejecutado con rabia. Dolió, pero no tanto el golpe como el ego a quien lo lanzó. 

Krysser levantó la vista. Su mirada era calma. En ese instante, acercó su rostro al de Lucho, nariz con nariz, aunque las fosas nasales del tigre ocupaban casi la totalidad del rostro del karateka.

-No podrás vencerme así. -Dijo con voz profunda. -Tienes talento, pero necesitas... -Antes de poder continuar con su explicación, Lucho lanzó un cabezazo directo a la nariz del que trataba de aleccionarlo. El golpe fue contundente, haciendo retroceder la cabeza del enorme mink pese a la diferencia de tamaño. Krysser se quedó en silencio unos segundos, rechinando los dientes, mirando con odio al joven. -Ya veo, entiendo. No eres de los que aprende por las buenas, ¿eh? Muy bien, ahora te enseñaré lo que es una verdadera pelea.

Con un movimiento limpio, sin levantar el brazo entero, el mink golpeó con un solo puño cerrado en el estómago del muchacho. Fue una explosión muda. Lucho se dobló, escupió saliva, y cayó de rodillas, con los brazos colgando como sogas mojadas. Pero Krysser no le dejó caer, antes de que tocara el suelo, impactó nuevamente un puñetazo en el rostro del muchacho, esta vez un crochet ascendente que elevó el cuerpo del joven. 

Cuando pensaba que se había excedido, Lucho le devolvió la mirada con rabia, aún suspendido en el aire.

-¡Kyaaaah! -Gritó el joven, lleno de energía, tratando de acertarle una patada en el mentón al enorme oponente. 

-Sí, supongo que este es el lenguaje de los guerreros. ¿No es así? -Pensó Krysser, sonriendo al ver cómo finalmente parecían entenderse ahora. Detuvo la patada interponiendo el antebrazo, y devolvió otro golpe al abdomen del karateka. A pesar de encajar dos golpes más, el pequeño karateka seguía en pie, se negaba a caer. -¿Qué clase de voluntad descomunal tiene este mocoso? -Se preguntaba Krysser, observando la estampa de un chaval herido, pero erguido y sonriendo. 

Caminó lentamente, y Lucho se lanzó a por él con intención de derribarlo, una llave dirigida a sus piernas. Estaba lleno de sorpresas, muchos recursos diferentes. Pero el mink también. 

Conforme Lucho se agachó, saltando hacia las piernas como un lobo a un conejo, Krysser lanzó una poderosa patada que impactó de lleno en la frente del muchacho, deteniéndolo en seco y haciéndolo caer de espalda al barro. El golpe no fue lo bastante fuerte para causar una conmoción severa, pero en ese instante Lucho había entendido finalmente la diferencia de poder entre ambos. Tendido en el suelo, alzó el brazo en señal inequívoca de rendición. La pelea había terminado.

Aunque aún había varios aldeanos observando, nadie aplaudió, y nadie se atrevió a hablar. Solo los jadeos del vencido y la respiración firme del vencedor llenaban el claro. Algunos aprendices bajaron la mirada, avergonzados por el desempeño de su compañero. Otros miraban con una mezcla de miedo y respeto al enorme monstruo que le había vencido, dando crédito al joven por aguantar tanto tiempo. Krysser respiraba hondo, con el pecho manchado de barro, y algo de sangre goteando aún por su nariz tras el cabezazo. Taponó un agujero y sopló fuerte, dejando caer un misil de sangre y moco sobre el barro húmedo. No era elegante, pero era práctico. Y el vencedor podía darse esas libertades. 

Lucho, poniéndose de rodillas, hizo una reverencia de respeto colocando su frente nuevamente contra el suelo, esta vez en forma de reverencia. Alzó entonces la mirada, con los ojos vidriosos, preguntando algo al guerrero mink desconocido.

-Tu… Tu estilo... ¿Cómo se llama?

Krysser no sonrió. Pero sus ojos mostraron un brillo distinto, casi apagado por los años. Nunca se había molestado en ponerle nombre a su estilo, simplemente había aprendido a no morir con los años. Sin embargo, en aquella isla, las palabras tenían significado, los nombres tenían poder. Durante toda su vida lo habían tildado de monstruo, de animal, de bestia. Y en eso se había convertido.

- Mojuken. -Aquel era el nombre que debería llevar su estilo, el "Puño de Bestia Salvaje". 

Y con eso dicho, Krysser comenzó a subir los primeros escalones de la montaña, alejándose lentamente hasta perderse en la lontananza.

Desde atrás, Lucho lo siguió con la mirada, sin odio y sin rabia por la derrota. Solo con una duda en la garganta y un respeto que no podía explicarse con palabras. Quizás, pensó, el "Puño Débil" que practicaba aún tenía mucho por endurecerse. Aún podía volverse algo más... Bestia. 



Notas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 292 - 60 = 232
Energia: 282 + 0 = 282
Espiritu: 45 + 0 = 45
#2
Aventura Tier 1 Autonarrada Completada
Cita:Obtienes:
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  • 10.000 berries.
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