Tres Bestias al Atardecer [Pasado Social]
#1
El sol descendía perezoso sobre la región sur del Reino de Sorbet, tiñendo los campos de un naranja intenso que se adhería a las hojas como cera caliente. Zhang Zhang Guolao avanzaba con paso lento, entre las calles de Sorbet, por auella zona de la isla, era comun ver los huertos, verdes y llenos de vida. El viento soplaba suave, como respetando los años de aquel viejo Mink, quien dejaba que la brisa húmeda le peinara la barba.No tenia idea a donde se dirigia, solo el instinto del observador y su intacta curiosidad que en ocasiones, lo llevaban a nuevas aventuras. Cada rincon del lugar lo sorprendia un poco más, pero aquella parte del sur era algo diferente, no por su arquitectura rústica o los rostros humildes, sino por los ritmos de lo oculto, de lo desconocido. 
Zhang se detuvo bajo una palmera, apoyándose con torpeza en su bastón. Golpeó el suelo una vez con la pierna izquierda. Tic, el sonido sacudio el ambiente, aún no se había ganado el derecho a hablar del lugar. Solo mirar. Solo aprender. Y a su lado, Silencio, su inseparable compañero peludo, estaba inquieto, y de pronto, desapareció tras una hilera de arbustos.

Desde el otro lado llegó un sonido brusco. Luego, gruñidos. Luego, una explosión de ramas agitadas. Zhang no se movió. Solo resopló, golpeando el suelo con el pie otra vez.
—Hmmm... otra vez jodiendo, ¿eh?- Dijo al aire. Y sin más, del follaje emergieron dos sombras enredadas: Silencio, con las patas delanteras en alto, y un animal más pequeño, redondo como un melón salvaje. 

Zhang no dijo nada. Se sentó sobre una piedra grande y entrecerró el único ojo visible. Era una escena sin necesidad de intervención. La vida enseñaba mejor cuando se le dejaba ser. Silencio gruñía con ferocidad cómica, intentando empujar al otro animal fuera de su territorio invisible. Pero el rival era ágil, se deslizaba como si la tierra lo conociera mejor. Hubo un salto, un arañazo, y luego una torpe persecución circular que acabó con ambos enredados en un montón de hojas secas.

—Hmmm... burro, no intervengas —susurró Zhang para sí, sin moverse—. Si el mono pierde, aprende. Si gana, también.  Silencio logró zafarse primero, sacudiéndose el polvo con una dignidad fingida. Zhang no intervino. Su pierna golpeaba con fuerza seca la tierra, tic que lo traicionaba cada vez que el silencio se alargaba más de lo que le gustaba. La sombra lo resguardaba, y el viejo curandero no se movía. Solo observaba, con una mezcla de fastidio y curiosidad.

Y así se quedó, inmóvil bajo el cielo palpitante, con la Cadena del Retorno rozando su pecho y los ojos fijos en la danza ridícula y honesta de dos bestias, pero con todo el instinto del mundo. Y allí permaneció en silencio reconociéndose salvaje.  
Zhang Guolao
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#2
Un buen día inicia con la actitud correcta, el mundo es un lienzo en blanco y tú actitud el color que decides plasmar en él, en tu mano está si decides pintar un paisaje o un cuadro de frustración, este es uno de los muchos pensamientos que abordaba a diario la mente de Cao, que tras pasar un tiempo en aquel reino comenzaba a sentirse más interesado por la gente del lugar y los extranjeros que por ahí pululaban , por ello en el día de hoy se sentía especialmente optimista.

Sus andares ligeros y de porte serio acompañaban al ondear de su kimono abierto, el clima cálido de aquella isla le era favorable para llevar el torso al descubierto, por lo general le gustaba de por si llevarlo de aquella manera pero con la calidez tropical de Sorbet acompañaba llevar la ropa así.

Vagar era ya casi una maestría para él, iba esparciendo su dulce aroma a melocotón allá por donde pasaba , no pensaba hacía donde ir, solo iba y disfrutaba del momento, y cuando comenzó a atardecer con lentitud observó a un Mink viendo una pelea entre un mono y un animal salvaje, sabía que era de la raza de los Mink por que otrora había conocido a uno, un tigre de enorme corazón.

No sé iba a quedar con las ganas de hablar con él pues veía como observaba la pelea casi analizándola como si buscase una lección del universo en el transcurso de ella, era interesante verlo en silencio pues solía rebuznar de vez en cuando...se acercó hasta su altura. La vida a veces es así ¿No? Somos monos intentando sobrevivir en un ámbito hostil, o quizás el ámbito es hostil para que podamos sobrevivir...  Se llevó la mano al mentón por un momento mientras observaba también el conflicto, no solía pelear, pero si alguno se los animales iba a salir gravemente herido se metería en medio, en parte por qué no quería llamar la atención de ninguna guardia también.

Disculpa mis modales, soy Cao Guojiu, vagabundo profesional podría decirse. Le dedicó una sonrisa sincera y extendió su mano para iniciar el protocolo social de saludo, su mirada perlada de esclerótica negra no pudo evitar fijarse en su herida del ojo, esperaba que no fuera un Mink agresivo.
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#3
Zhang continuaba perdido en una conversación consigo mismo. Aquella batalla despertaba emociones en todo su ser, y, en medio del clímax del combate, escuchó una voz. Alzó una ceja al percatarse del nuevo espectador. No giró de inmediato, pues su atención aún reposaba en el torbellino de pelos que eran Silencio y su adversario. El comentario, sin embargo, le arrancó un resoplido por la nariz, y un breve recuerdo de burro viejo que escucha una idea del pasado.

Con la lentitud propia de quien no tiene prisa, giró ligeramente el cuello y observó al extraño. Era un poco más alto que el mink; su aroma era dulce como la miel, y su aspecto fuerte y temerario. Tuvo que voltear un poco más para poder detallar mejor a su nuevo invitado. Ser tuerto no era algo sencillo. Tenía el torso descubierto y ¡Pum! de nuevo su pierna zurda dio un golpe seco contra el suelo, levantando ligeramente el polvo. —Hmmm… -El sonido salió instintivamente mientras giraba la cabeza un poco, inclinándose respetuosamente ante aquel personaje. -A veces el caos pequeño refleja el caos grande, ¿no crees?- dijo mirando el horizonte—. Ver pelear a dos bestias nos muestra la verdad del mundo. Aunque, claro, verlos rodar también es divertido. —Dijo amablemente Zhang. Extendió la mano con torpeza; su agarre era firme-. Zhang Zhang Guolao… recolector de historias y dueño del silencio.- El apretón fue breve, pero sincero. El burro lo miró firmemente.

Fue entonces cuando, de nuevo, un chillido hizo que Zhang volviera a la batalla. Silencio había dado un salto y terminó perdiendo el equilibrio. Los animales rodaron una vez más, esta vez hacia una pequeña pendiente. El remolino de garras y patas se deshizo con un sonido suave: pomf. Los dos animales quedaron tendidos boca arriba, resollando, cubiertos de tierra y sangre. Zhang los miró sin cambiar el gesto. -Hmmm… duelo de titanes- comentó con un tono lleno de picardía.

La pausa se alargó entre ambos hombres, solo interrumpida por el sonido de las bestias. Zhang se giró y observó de reojo a Cao. —¿Vagabundo...  profesional,.. eh? —repitió lento, y pausado, con una sonrisa entre los labios -. Supongo que eso te da derecho a ver el mundo con otros ojos… somos dos, entonces.- Y, por primera vez en el día, soltó una sonrisa corta que sonaba graciosa con el rechinar de su garganta. Silencio levantó una oreja desde el suelo, como si reconociera la risa a lo lejos.

Silencio se acercó, y con una emoción propia del combate, se plantó desafiante frente a la presencia del extraño. Por su parte, Zhang se encontraba enternecido por ese acto. —Ven para acá, Silencio — dijo, mientras buscaba entre su túnica un ungüento especial para monos peleones -.Este es Silencio, mi compañero de aventuras.- Comenzó a untarlo en el cuerpo del primate, quien lanzó un chillido de dolor. Zhang sonrió. —¿Tienes mascotas, Cao?…Hmm. — Una vez más golpeó el suelo con su pata. -Lo siento, es una mala costumbre- Zhang nuevamente sonrió, mientras se tiraba contra el suelo para descansar un poco, después de todo ya era todo un burro viejo.  
Zhang Guolao
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#4
El burro se giró con cierta tranquilidad y de pronto sintió cierta conexión, una mente en paz era fácil de discernir , había emitido un resoplido por su nariz , quizás signo de su esencia como animal, pero lo cierto es que podía ver a un igual en el fondo.

La siguiente frase que mencionó el Mink golpeó en su mente como una idea profunda, Cao levantó ambas cejas con cierta sorpresa, "A veces el caos pequeño refleja el caos grande" una idea profunda y magnífica, tenía razón, aquel conflicto podía ser de hecho una representación del propio mundo, piratas y gobierno en constante lucha, y se fuéramos más arriba aún seguro que había conflictos mayores entre las estrellas que no éramos capaces de discernir, pero el remate fue lo mejor,  por qué tenía razón, a veces solo necesitamos disfrutar el proceso y divertinos aunque lo que estemos viviendo sea un caos.

Zhang... Tienes una mente increíble, en tan solo una frase he sentido que tus pensamientos evocan una profundidad exquisita. Al llegar el mono, Zhang lo trató con delicadeza, curando sus heridas, parecía tener ciertos tics físicos el buen burro, algo que no era para nada molesto, solo alguien sin paciencia podría ver aquello como algo molesto.No tengo mascotas, aunque los animales suelen acercarse a veces por mi olor , dicen que es dulce... Y no te preocupes, no tienes por qué disculparte.

Aquel hombre coleccionaba historias , era un vagabundo como él, le fue inevitable sonreír mientras lse llevaba al mentón la diestra de manera pensativa, el todo era caprichoso, el mundo está lleno de momentos altos y bajos, extremos que se juntan como casualidades planeadas...hoy estaba ahí por mero capricho, y sin embargo había llegado en la hora exacta en el momento exacto para poder conocer a Zhang Zhang. 

Le tendió la mano con esperanza Está es la casualidad planeada más interesante que me ha otorgado la vida, un placer y por favor... Cuéntame más de ti. Sus ojos dorados mostraban una chispa, como hacía tiempo que no la poseía, la auténtica curiosidad.
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#5
Zhang permaneció en el suelo por unos segundos, y no se inmutó al escuchar la voz. Sus patas descansaban sobre el suelo, reconectaban con todo aquello que lo hacía sentir animal, y era en esos momentos donde se sentía un poco más cerca de aquel mono salvaje que de la humanidad misma. —Hmmm... Las casualidades… bah. A veces son solo trampas del destino para que uno se tropiece con lo que tiene que vivir.— Sus palabras, fuertes pero tranquilas, de nuevo lo trasladaban a su pasado.


Aquel joven llamado Cao tenía una mentalidad un poco ajena a la vida misma, un alma sin hogar, un mundo sin sentido, una profundidad que erizaba el pelaje de Zhang. Recién entonces, con la lentitud propia de un sabio flojo, cerró su ojo y se encogió brevemente de hombros, giró el cuello lo suficiente para observarlo. Cao tenía algo extraño: una presencia cálida, olorosa, casi poética. Lo miró de arriba abajo, pestañeó con dificultad y alzó una ceja, la única que conservaba entera. —Hueles a vida… y juventud.— Y las palabras de aquel hombre semi desnudo eran ciertas. Algo en Zhang se sentía atraído por él, ¿su olor?


—Tus palabras son las de un hombre sabio. Por mi parte, soy solo un viejo karma que deambula por el mundo, aliviando penas del alma y del hueso.— Silencio, por su parte, continuaba agitado y su corazón corría a mil por hora. Sin embargo, en el resguardo cálido de su amo, poco a poco se fue acoplando a lo que sucedía. Y, si tal vez la curiosidad de un niño hablase, se acercó con torpeza a Cao y le extendió su pequeña mano, como pensando que se la habían extendido a su pequeño ser. —Al parecer, no solo es dulce… Hmmm.— Resopló con fuerza, y luego, con tranquilidad, inhaló el olor de ese cálido hombre.


—No soy de hablar mucho, joven. Pero me hiciste un cumplido, y los cumplidos no se desperdician a esta edad.— Extendió su mano y la apretó fuerte. —Zhang. Acompañante del tiempo. Curandero cuando me dejan, a veces, incluso cuando no. Soy un monton de errores andantes. Una bestia consciente, el resultado bueno o malo, del mundo mismo— Se rascó la oreja y luego dijo: —Y Silencio, mi mono. A veces mudo, a veces demonio… a veces, todo lo que necesito.— El chillido travieso del animal lo confirmó: Silencio saltó al regazo de Zhang, dejando un pequeño rastro de tierra, y comenzó a hurgar en uno de sus bolsillos.


Cao habló de nuevo, con esa voz limpia, sincera, de quien ha visto lo suficiente. Zhang asintió con lentitud, aún sin levantarse. Su pierna golpeó una vez más el suelo, marcando el ritmo del pensamiento. —Tienes buenos ojos, Cao. No por el color, sino porque no se te nublan con cosas inútiles. Me agrada eso.— Silencio se irguió, algo altanero. —No lo mires así.— Le dijo al mono con la dulzura de un padre, y continuó. —Cao, Silencio se hace el valiente, pero por dentro es un algodón. Yo lo encontré en una jaula, solo y necesitado, pero aprendió a andar mis pasos y a acompañar los últimos años de este vejestorio.


—Yo tampoco tengo mascotas —repitió, mientras le untaba un poco del ungüento sobre las patas al mono—. Hmmm. Yo tengo aliados. Amigos, familia, algunos peludos. Otros que solo viven en la cabeza.— Y sonrió, esta vez con la picardía de quien guarda un secreto. —Los peores son los que rebuznan sin permiso... pero esos también enseñan. - Refiriéndose a su burro interior.


Guardó el frasco y dejó que el silencio reinara por un momento. Solo el canto de las aves comenzaba a llenar el aire. —El mundo está hecho de encuentros que no pedimos. Y tú... hueles a uno interesante. Hmmm. Así que te haré caso. Quédate. Camina luego. Escucha más.— Le lanzó una mirada de reojo. —Te contaré. No de mí. Sino de lo que he visto. Porque si el mundo es una pelea entre bestias, alguien tiene que contar lo que no se ve. Y yo… soy bastante bueno mirando al mundo desde el suelo, desde aquí se ve el mundo sin mascaras.- Terminó estirando su mano hacia el suelo, invitándolo a su lado.
Zhang Guolao
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#6
Cerró los ojos mientras escuchaba con la paciencia de alguien que quería dar valor a las palabras de aquel ser, el mink hablaba con la mesura que podría tener alguien de avanzada edad, aún no sabía distinguir a los minks ancianos pero si este lo era o no era desconocido para él, aunque por sus formas lo parecía.

Fue el pequeño silencio el que irónicamente lo sacó de su trance, abrió los ojos y se agachó para saludarle y luego incorporarse mirando nuevamente a Zhang Valoras el poder de la palabra, no puedo negar que las mentes que lo aprecian me parecen dignas de admirar. Era un sanador que tenía un corazón tan puro que salvo a aquella criatura de una peor vida y la dejaba ser con libertad, no le cohíbe en lo más mínimo y le deja existir, no, disfruta de dejarlo existir.

Yo soy un vagabundo , nade en la seda pero me crié con la humildad y el orgullo de ser un hombre de pueblo, pero la traición de la sangre me hizo tener que partir y ahora con el corazón más lleno que nunca vago con tranquilidad por el mundo.

No podía dejar de ver como la criatura se desplazaba por el cuerpo de su compañero que había negado ser su amo y en cambio se cuidaban al otro como un único ser , sin embargo había algo en su discurso que le llevaba a pensar que ocultaba algo más, tampoco es que le incumba a Cao saberlo por lo que dicho pensamiento pasó con rapidez por su cabeza sin anidarse en ella como señal de desconfianza.

Le seré sincero Zhang, me gustaría poder debatir más con usted , ¿Le apetece?  Se llevó la mano en el mentón, procuraba generar un tema lo suficientemente interesante pero que a la vez le hiciera saber si Zhang era una persona indicada para tener cerca por el resto de su aventura Yo me dedico al comercio ... Así que ...¿Qué es el comercio para tí? 
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#7
El viento soplaba cálidamente, y los vestigios del mar impregnaban el aire de un sabor a sal. Su forma de hablar delataba buena educación, tal vez tuvo una vida cómoda, y era ese el motivo de su oratoria; sin duda Cao hablaba de forma adecuada, pausada, como quien nace con el don de gente. —La verdad del mundo está en las palabras... y las tuyas hablan con la verdad, que puede ser el idioma más difícil de todos—dijo, dejando que la frase se acomodara en el aire. Zhang se alegró por un momento de haber llegado a ese lugar, agradeció aquella batalla salvaje y el dulce clima de Sorbet. Y por unos segundos, amó incluso a la maldad de las personas, a la pobreza y la miseria, pues la corrupción de los hombres no lograba tocar ciertas partes de Sorbet. —O ciertos corazones —murmuró con suavidad, mientras miraba a Cao.

La intriga invadió a Zhang. Ladeó ligeramente la cabeza, y su oreja tembló con curiosidad. —¿De dónde eres, joven? Hmmm. —Pum— y dio un pequeño golpe seco con su pata izquierda, levantando algo de polvo como si su cuerpo exigiera respuestas antes que su boca. —Me encantaría disfrutar el ocaso intercambiando historias, joven Cao —dijo mientras se inclinaba de nuevo con respeto y comenzaba a buscar entre sus ropajes—. ¿Te gusta el té? —preguntó con tono ceremonioso, como si preparar una infusión fuese un acto sagrado.

—Hmmmmm… El comercio... es el arte de intercambiar cosas que creemos tener por cosas que creemos necesitar. A veces es justo, a veces no —afirmó, dejando una pausa antes de continuar. Sonrió por un momento y resopló suavemente por la nariz, como si esa verdad le picara un poco: —Eso sí… si te dan oro por algo que no necesitas… ¡tómalo y corre, muchacho! ¡Los dioses también comercian, solo que usan milagros! —dijo, soltando una risa ronca, casi muda, que tembló en su pecho como una cuerda floja. 

Continuó arreglando unas hierbas secas, y encendió de forma bastante rústica un caldero para calentar un poco de agua. Su pierna volvió a golpear el suelo, esta vez con más suavidad, como marcando el ritmo de una vieja danza. —¿Y tú qué opinas? —preguntó sin mirarlo directamente, con la sabiduría del que sabe esperar. -Nadie es dueño de la verdad, y la opinión de un comerciante seguro es más interesante que cien libros que haya leído —añadió, mientras ordenaba sus utensilios con torpeza —. ¿Para ti qué significa sanar a otros? — devolvió la pregunta, dejando que el humo del té comenzara a perfumar la noche.
Zhang Guolao
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#8
Llenó nuevamente sus pulmones del humo de las hierbas exóticas, mientras asentía con calma, aquí no se hacía especialmente un buen té y que le ofrecieran uno hecho de manera ritual era toda una suerte que no podía desaprovechar en lo más mínimo, exhaló el humo hacia arriba para no molestar sobretodo a silencio, que no se merecía que le estuvieran echando humo a la cara.

Entonces escuchó la respuesta de Zhang sobre lo que para él era el comercio, desde luego era una respuesta de alguien que poseía el control de su mente y que viajaba sin la necesidad de requerir grandes cosas, sus palabras hablaban más por lo que callaba que por aquello que decía y eso lo hacía un burro interesante, aquel tic ya se había vuelto algo natural en la conversación para él.

Cómo no, tú respuesta es sabía a la par que divertida caohohoho rió desde el abdomen con sinceridad mientras notaba el efecto del humo relajar su cuerpo, usó una pequeña piedra para apagar su pipa y guardarla, mientras miraba con esmero el ritual que su equino amigo estaba haciendo con el té, por unos instantes se sentía como en casa, paseando por la aldea y siendo invitado a té por los aldeanos, no pudo evitar esbozar una sonrisa tierna.

Entonces como un jugador deportivo devolvió la pregunta, en el fondo Zhang también estaba analizando al chico a su manera, aquello era una feroz batalla de mente, hecha en la calma , forjada en los silencios.  Para mí sanar es romper el yo, desgranar una parte de tu ser y dejar el ego a un lado, aquel que de corazón anhela el alivio del dolor ajeno ha roto su ego y transcendido en cierta manera, o quizás solo sea reconocer plantas y darles un valor... Eso podría pensar otros. Se frotó el mentón mientras miraba hacia arriba pensativo, no sabía si era la respuesta más acertada, la codicia en el mundo alcanzaba a todas las profesiones un verdadero sanador debía ser así, alguien que ya no pensaba en sí, si no en los demás y para ello había que romper el yo, el ego. 
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#9
Zhang vertió el agua caliente sobre las hojas secas con la solemnidad de un monje en su altar, observando cómo el vapor se elevaba por aquel aire húmedo del reino de Sorbet. Tenía dos tazas de cerámica desgastada; nunca se sabía cuándo alguien necesitaría una taza de té para sanar los dolores del alma. La taza resonaba levemente al contacto con el agua hirviendo, como si también ella exhalara un suspiro aliviado. Había escogido hojas de una planta con propiedades calmantes, propia de la región. No era un té de lujo, pero sí uno que sabía de trabajo y tradición.

Poco a poco, el olor fue ascendiendo en el aire, mezclándose con la dulzura que emanaba de Cao. Zhang alzó su ceja buena y sonrió por el simple placer de estar vivo. El humo de la pipa de Cao aún flotaba en el ambiente, suave y con un aroma peculiar que el olfato animal de Zhang no podía ignorar. —Hmmm… esa hierba tuya... tiene espíritu —dijo Zhang sin juzgar, más como alguien curioso—. Yo prefiero lo que se bebe... pero si te calma, es medicina igual —agregó suavemente, con ese tono que tanto lo caracterizaba.

Silencio, por su parte, parecía agradarle mucho aquel aroma. Casi por instinto, se fue acercando a Cao con cautela, para aspirar un poco de su fragancia. —A Silencio le gusta —confirmó el burro, mientras servía el té con una reverencia simple, colocando aquella taza frente a su invitado con un respeto solemne y un silencio ceremonial. El mono Silencio se había acomodado al lado de Cao, con los ojos entrecerrados, arrullado por el calor, el olor y los vapores.

Las palabras de Cao, sin embargo, hicieron que Zhang detuviera el movimiento de su pierna por un momento. “Romper el yo”. Zhang se sorprendió de inmediato, y por un segundo perdió la serenidad que lo caracterizaba. Inclinó su cabeza con respeto y lo miró con su único ojo bueno. Había escuchado muchas definiciones de lo que era sanar: unas llenas de fe, otras de ciencia, pero… —… Hmmm… —Golpeo el suelo como de costumbre.… pero esta última lo tocó.

—Sanar… —repitió con voz suave y ronca, dejando que el silencio se posara entre ellos—. Es cierto. El ego se rompe en mil partes cuando uno vive el dolor del mundo. A veces… sanar es no decir nada. A veces es dar una planta, como dices. A veces es escuchar. Y otras... es saber cuándo no hacer nada. —Se inclinó hacia Cao, bajando la voz y encogiéndose en sus brazos peludos—. Pero lo dijiste bien. Lo que no se rompe… no puede entender lo roto.

Zhang terminó de servir, y allí tomó su propia taza, rota por el uso y los recuerdos. Sopló suavemente y tomó un largo sorbo de aquel cálido elixir. —Yo me dedico a curar personas, de todo tipo de mal. Para algunos, un brujo; para otros, un chamán. Algunos me han llamado doctor. Yo solo me reconocería como Mink anciano que aun tiene mucho por aprender. —Aquel joven tenía una idea del mundo que hacía que aquel viejo se llenara de esperanza por seguir viviendo. —¿Y cuéntame?, ¿ya estás lo suficientemente roto como para ayudar a otros? —preguntó, y por unos segundos, la herida de su rostro dolió por el recuerdo del pasado.
Zhang Guolao
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#10
Cao parpadeó un segundo pues en su mente divagando ante respuestas había olvidado responder una de las preguntas de Zhang que evidentemente no dejaría en el aire Soy del País de Kano, disculpa mi olvidado momento vivido, es que cuando me pongo a divagar entre respuestas acabó ensimismado en el propio pensamiento inclinó ligeramente la cabeza mientras escuchaba con atención su respuesta, últimamente había comenzado a conocer prácticamente monjes mendigos de toda índole, graciosos, pervertidos, conflictivos, y cada uno le enseñaba una lección, Zhang por su parte parecía más anciano que el resto hablaba bajo la experiencia y la calma, alguien que por su ojo herido había roto algo más que su yo, que su ego, que había vivido el dolor en sus carnes pero aun tenía la voluntad y el buen corazón de sanar a los heridos.

¿Qué si yo estoy roto? ... ¿Y quien no lo está? Tomó un segundo mientras miraba con cierto interés la ceremonia del té lo cierto es que tenía una enorme necesidad de dar un sorbo cálido Creo que no se trata de quien está roto y quien no, se trata de quien decide hacer algo con los pedazos que quedan, o sí deciden permanecer así, yo vago por qué soy libre y soy libre por qué fui inculpado de algo que no hice, el dolor me arrebató la vida de mi padre a manos de mi hermano y se me inculpó a mí, claro que duele, claro que te rompe, pero el dolor es inevitable y el sufrimiento es opcional, así que veo está nueva vida con esperanza, de otra manera no me habría encontrado con alguien como tú diría todas aquellas palabras mientras veía con cierto asombroso cómo el mono quería inhalar también el humo, Cao por su parte se quedó sorprendido pero no podía tener el control de todo , todo el rato así que le dejó hacer mientras jugueteaba por los alrededores del mismo. ¿Donde aprendiste a preparar té? Los conocimientos médicos supongo que también engloban conocer de dicha planta así que reformulare la pregunta... ¿Qué buscas del mundo para estar preparando té en un lugar tan lejano?
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