(Pasado) una Ambición naciente
#1
Hace 8 Años, Verano.

Zack llevaba ya varios meses dando vueltas por el south blue, desde que había tenido que escapar de sus pesadillas buscando de esa manera no ser reconocido ni tampoco que nadie lo ligera con su apellido rara vez lo citaba siempre se presentaba solamente con su nombre y en la isla que acaba de llegar no seria diferente estando en el puerto se acomodo sus googles tranquilamente ya que un detalle que no le gustaba dejar ver eran sus ojos llamativos de color celeste cielo que llamaban siempre la atención de todos los que le rodeaban.

Apenas llego su primer paso fue recorrer la ciudad tranquilamente ya que le generaba curiosidad de conocer mas de la ciudad y saber en que se estaba metiendo, caminando tranquilamente con las manos en los bolsillos observando tranquilamente lo que pasaba, se acercaría a una de las panaderías para comprar algunos bocadillos con tranquilidad y aprovechando para entablar una conversación con la joven que estaba allí atendiendo.

-Hermoso día verdad, soy nuevo por la isla y me gustaria conocer un poco mas de la isla que seria lo mas interesante de poder conocer en este lugar??

Preguntaría con una leve sonrisa en los labios mirándola de reojo mientras probaba la comida que la joven le estaba trayendo la misma se encontraba fascinada por el albino que tenia en frente y este no desaprovechaba el hecho de que el tenia esa facilidad de llevarse bien con la gente  y mas aun si era mujer. Dio un suave mordisco a su comida cuando escucho como la joven le contaba de las atracciones que tenia la isla, pero sobre todo la gran selva que predominaba en la isla, desde una ventana Zack se asomo para mirar que realmente tenia una gran extensión de tierra por delante, observo por un momento toda la tienda y realmente se veía de lo mas agradable todo hecho en madera, se podía notar que el fuerte era justamente ese tipo de material, seguramente la isla contaba con carpinteros no sabia que tan buenos, pero se imaginaba que se podrían defender. Giro hacia la puerta ya que escucho alguien mas entrando a la tienda, se imaginaba que no seria raro que mas personas vinieran a comprar su desayuno ya que era temprano aun en la mañana.
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#2
La vida pasaba y yo hacía de recadero. ¿Era lo que quería hacer con mi vida? Desde luego que no, pero uno tenía que ganarse el pan de la forma en que pudiera y no quería dar problemas a mi familia adoptiva metiéndome en líos por robar o lo que fuera. Tenía instintos que no se saciaban con un trabajo como aquel, que simplemente llevar cosas de un lado a otro no podía hacer desaparecer. Obviamente yo era dueño de mis propias acciones y podía sobreponerme a esos instintos si quería, no era un animal al fin y al cabo, por mucho aspecto de lobo que tuviera. Pero luchar contra esos instintos se sentía antinatural y forzado. Recordaba lo bien que me sentí cuando un bandido intentó atracarme y salió despavorido cuando vio que sabía defender mi vida. La emoción de esa persecución, la adrenalina por mis venas, el olor a miedo de aquel tipo… Había sido tan embriagador que casi lamenté el momento en el que finalmente lo atrapé ya en medio del bosque.

Me relamí recordando el sabor de su sangre salpicada en mi rostro mientras abría la puerta de la panadería. – Buenos días Kijiko. Traigo tu pedido de leche. Deberían ser cuarenta y dos botellas. Cuéntalas si quieres. – Le dije a la dueña del local, que se puso a contar las botellas en las cajas. No era muy complicado, había siete cajas y cada una contenía seis botellas. Mientras tanto aproveché para poner la tablilla que llevaba sobre la barra y rellenar datos en un papel. Marqué el pedido como entregado, puse mi firma, la fecha y hora y lo giré para que Kijiko lo firmara también cuando terminase de contar. Todavía iba por la mitad. Esas esperas insulsas y sin sentido eran lo mismo que volver al pasado y ver mi vida pasar por delante de mí sin hacer nada. Desesperantes. No era más que una espera de un par de minutos, pero yo me había prometido a mí mismo que viviría mi vida, no que la desperdiciaría. Y si sumabas esos dos minutos a lo largo de los años que me quedaban… podían ser días o semanas enteras. Un pequeño y débil gruñido desesperado escapó de mi garganta mientras trataba de controlarme y no zarandear a esa mujer desconfiada y decirle que aprendiera a multiplicar para no hacerme perder el tiempo todos los días.
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#3
Zack vería entrar de manera curiosa, como no, una especie de lobo que estaba cargando unas cajas. Recordaba esa raza del Nuevo Mundo, se trataba de los Minks, una raza que tenía apariencia de animales. Eran conocidos por ser formidables en el combate; en su mansión, tuvo a varios como guardaespaldas y demostraban valer su peso en lo que les pagaba su padre para que cuidaran las inmediaciones de la mansión. Eso le hizo suspirar levemente. Hacía menos de un año que todo se había torcido. Ahora no tenía más que sus conocimientos y algo de dinero, aprovechando que pudo llevarse unas bolsas de estos. Suspiró levemente dando un bocado a su comida, viendo que el joven lobo parecía compartir la misma desdicha que él, ya que notó el suspiro del mismo.

—Eh, chico, que aproveche.

Le lanzó uno de los bocados salados que tenía en su poder, que había comprado recientemente, ya que le gustaba más lo dulce. Eso le encantaba, realmente, y lo salado era algo que tenía que comer para equilibrar un poco su dieta; si no, mucho dulce le haría perder su excelente figura y cuerpo entrenado. Sonrió levemente, esperando ver los reflejos de aquel lobo. Se quedaría satisfecho de lo que estaba haciendo y, aprovechando que le tenía que esperar al conteo, se sentó sobre una de las mesas, mirándolo con un pie sobre la silla que debería usar para sentarse.

—¿Pareces cansado de esa vida, cuánto tiempo llevas haciendo eso?

Preguntaría curioso, ya que se notaba en cómo había traído la leche y cómo también estaba esperando con pocas ganas. Seguramente, si se pudiera comer a la panadera, ya lo hubiera hecho y necesitaba gente como él, gente con una mirada deseosa de hacer algo más. Sus ojos brillaron cuando reaccionó al lanzamiento. Esperaría su respuesta para hacer más llevadera su espera; él mismo no tenía nada que hacer.

—¿Aún te quedan muchas entregas más, en qué andas, carro?

Sus preguntas eran para saber un poco más de este lobo. Cuando hizo esas preguntas, intentó mirar por la ventana para ver en qué estaba transportando las cajas. Después de todo, él no tenía nada mejor que hacer y por qué no aprovechar a un lugareño que entregaba mercancías. Seguramente podría recorrer la ciudad acompañándolo y no le molestaba la idea de incluso darle la mano. Aunque Zack fuera un noble, desde que la desgracia estaba sobre los Gremory, no tuvo más remedio que apañárselas y hacer todo por él mismo, descubriendo que ayudar a otros podría ser una manera de generar una conexión y, como no, provocar que le deban favores que más adelante pudieran serle útiles. Algo aprendido por su padre: en la familia, las conexiones gobiernan el mundo.
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#4
La intervención de uno de los clientes de la panadería me ayudó a controlarme. Una interacción social, por mucho que fuera con un desconocido, siempre ayudaba a matar un poco el tiempo y a centrarte en algo para evitar tus instintos. Tenía una pinta cuanto menos curiosa. Ya no era por el pelo blanco, que sin duda destacaba, era por la venda que tenía en los ojos, tapándolos. ¿Sería ciego acaso? Si era ciego no entendía cómo podía tener tan buena puntería como para lanzarme un pan directamente a la cara. Pude atraparlo al vuelo, pero por los pelos. ¿Por qué me daba un trozo de pan si no nos conocíamos de nada? – Gracias… - Dije, aunque no sabía muy bien qué estaba agradeciendo ni a quién. Ya había desayunado al levantarme para poder hacer el recorrido de entregas con energía, pero picar un poco de pan no hacía daño a nadie, así que le di un mordisco. Ojalá tuviera una salchicha, o chorizo, o un buen filete para acompañarlo… Sólo de pensarlo se me hacía la boca agua.

- Tres años. Es un trabajo aburrido. – Le contesté, viendo que la señora ya terminaba de contar y comenzaba a contar los billetes para pagarme por la mercancía, lo que me hizo soltar otro gruñido. – Sólo una más. Y no, voy a pie, tirando de una carreta. – Una nueva respuesta, señalando a la ventana que tenía yo detrás, pues desde la del cliente no se podía ver la carreta y no podía dejarla sin vigilar para que no me robaran nada. Cuando intentó ver por la ventana dónde transportaba todo me quedó claro que no era ciego, sólo extravagante como para llevar una tela cubriéndole los ojos. Imaginaba que sería una tela especial que al estar muy cerca te permitía ver a través de ella, o de lo contrario no entendía nada.

¿Por qué parecía hacer tan buenas migas con aquel forastero? No lo conocía de nada y estaba haciendo preguntas sobre mi vida sin siquiera presentarse o preguntar antes mi nombre. Era raro, pero supongo que tenía más afinidad con un forastero que con cualquiera de los habitantes de ese lugar. No me habían tratado mal, los amigos de mis padres habían cuidado de mí y el maestro del dojo me enseñó bien… Pero no podía quedarme para siempre o sería desgraciado toda mi vida. - ¿Puedo ir contigo? Pareces alguien que viaja mucho.
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#5
Zack escuchó lo que mencionó el joven Mink y sintió lo mismo que él. Hizo un gesto con la cara de "pobre criatura" porque, para él, realmente le estaba pareciendo pesado hacer eso todos los días por tres años. Quizás él tenía la culpa por el hecho de ser un noble; no hacía lo mismo ni durante dos meses, ¿por qué haría eso durante tanto tiempo? Se apenó por el joven, pero no lo dejó ver. Simplemente, una sonrisa se dejó ver en su rostro, ya que el joven parecía tener algo para transportar esas cajas. Después de todo, no creía que las llevara en sus lomos, en un cajón, ni siquiera en una bolsa mágica. Lo dudaba. Por lo tanto, se alegró de eso; solamente que solo le quedara un envío más causó un poco de decepción en él, pero asintió levemente. Dejó la mesa y se encaminó hacia el lobo.

—Déjame acompañarte en tu siguiente entrega, ¿dónde será?

Él tenía más interés en acompañar al joven que en que este lo acompañara a él, ya que Zack no contaba realmente con un lugar adonde ir. Actualmente, el mejor guía era el locatario, pero claramente que no dudaría en aceptar si el joven demostraba tener lo que se necesitaba para acompañarlo. Necesitaba gente así, con deseos como los que tenía ese lobo. No lo conocía de nada, pero en cómo reaccionó y cómo hablaba, se notaba que no estaba conforme con su vida. En su vida había conocido gente que se entregaba a su destino, obedeciendo a lo que les había tocado ser: esclavos, mayordomos, empleados, comerciantes. Aunque no les gustara, no eran capaces de enfrentar su destino, sino que se sometían a ello y dejaban de desafiarlo. Cuando se encaminó hacia la puerta para salir, tomó unas monedas y las arrojó hacia la barra de la dueña.

—Gracias por todo, espero que disfrute de su leche, señora. En algún momento vendré por otro bocado, ¡realmente delicioso!

Aquello lo decía con una sonrisa y alzando la mano para despedirse de la mujer para luego centrar toda la atención en el lobo y en el carro que tenía para moverse, ya que estaba afuera. Finalmente se presentó.

—Soy Zack, un gusto. Quisiera conocer la isla mejor y me puedes ayudar en eso. Podría contarte mis aventuras por el mundo, vengo de muy lejos.

Miraría en dirección hacia donde estaba la Reverse Mountain. Él venía desde muy lejos, había visto muchas cosas. Eso hacía que todos los días amara el mar y conocer el poder del mundo para acabar con la maldición de su familia.
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#6
¿Qué podía tener de interesante acompañarme a hacer una entrega de leche? Lo importante es que él no había respondido a mi pregunta de si podía acompañarle yo en sus viajes. Pero no podía dejar que eso me nublara la vista, ese forastero podía ser mi billete de salida al mundo. En lugares donde nadie me conociera no importaría si daba rienda suelta a mis instintos. Tampoco me apetecía hacer daño a gente a la que conocía y que había sido amable conmigo toda la vida. Pero por ahí fuera… Podía imaginarme persiguiendo a alguien por el bosque, disfrutando de la emoción de la caza por fin… No podía pifiarla por algo tan insignificante. – Es en un restaurante a dos calles de aquí. – Respondí finalmente mientras la dueña de la panadería ponía los billetes bien contados en mi mano abierta. Sólo tenía que cerrarla de golpe y mis garras se clavarían en su piel como cuchillos… Pero no lo hice.

Kijiko me daba dinero a mí y aquel humano le daba dinero a ella. Bueno, se lo lanzaba. Y en monedas además, para que las recogiera de donde fueran a caer. Se lo tenía merecido, por no saber contar como es debido. – Yo soy Kuroshi. Puedo enseñarte la ciudad y los alrededores, no mucho más. – Respondí presentándome también. Mis orejas se alzaron con interés y mi cola se meció ligeramente de lado a lado ante la mención de escuchar aventuras por el mundo. Debería trabajar más en controlar esos gestos ya que revelaban mucho sobre mis intenciones, pero resultaba tremendamente complicado comportarse de la misma forma que un humano siendo, en esencia, un lobo. – Estaría bien escuchar historias de fuera para variar. Nunca he salido de este sitio y tiene que ser muy interesante viajar por todo el mundo.

Ese hombre representaba todo lo que yo soñaba con ver, el mundo fuera de esa pequeña isla. Ganarme su confianza era clave para salir por fin de allí. Lo sentía por la familia que básicamente me había adoptado, no me hacía mucha gracia dejarlos, pero era probable que un día, más estresado de lo normal, perdiera los estribos y acabara con sus vidas en un frenesí de caza.
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#7
"Kuroshi… interesante nombre", pensó el albino escuchando las palabras del joven lobo, que estaba entusiasmado. Eso se podía notar con el movimiento de su cuerpo lobuno, lo que esbozó una sonrisa en los labios del joven. Llevando sus manos a los bolsillos, luego de comer el último pan dulce que le quedaba, decidió seguirlo. Era un restaurante cercano, algo que no le daba mucha información de la ciudad, pero que resultaba ser interesante. Sonrió levemente, escuchando lo que él mencionaba para seguir avanzando tranquilamente por las calles, mientras miraba de reojo al lobo que venia empujando el carro para movilizar.

—Vengo de lo que ustedes conocen como la Grand Line, existen rivales de todo tipo y tamaño, seguro que ese instinto de lucha tuyo lo pasaría genial.

Diría el joven albino con una sonrisa en sus labios, sobre todo porque había notado algunos comportamientos físicos que denotaban el gusto del mink. Se encaminó hasta entrar al restaurante con una leve sonrisa, mirando todo con detalle, cada cosa que tenía el restaurante, sonriendo levemente por los detalles para luego hacer sonar su cuello tranquilamente. Luego miró al dueño de dicho lugar, que parecía de pocos amigos, que tenía unos tatuajes en su cuerpo, aunque él no sabía si era el dueño o uno de los dos empleados que se notaba que tenía una mala leche. Y Zack aprovecharía ello para cuando el hombre estuviera distraído, desde atrás de Kuroshi, arrojarle una pequeña piedra de tal forma que provocara que se molestara con el lechero.

- Veamos de que estas hecho Kuroshi, jejeje.

Quería provocar caos en el lugar para ver cómo el lobo salía de esa pelea. Precisaba ver ese instinto animal en funcionamiento, se alejó unos centímetros para luego esperar a ver qué iba a pasar en unos instantes.
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#8
Grand Line. Se suponía que allí estaba Zou, la isla originaria de los minks como yo. Mis padres me habían hablado algo sobre ese lugar, aunque no recuerdo mucho. Al fin y al cabo, habían pasado ya ocho años desde la última vez que los vi. Grand Line prometía ser un lugar interesante que recorrer, donde vivir aventuras dignas de salir en los libros de historia y leyendas. Aunque en algo se equivocaba el chico de la venda en los ojos, yo no tenía instinto de lucha. Sí, me defendía peleando porque me había buscado un buen maestro para defender mi vida, pero mi instinto era de caza. Y no es lo mismo. El instinto de lucha te urge a pelear, a buscar problemas en todas partes y batallar sin motivos. Eso no era nada sofisticado, más bien burdo. En cambio, el instinto de caza te llevaba a todo un proceso. Desde acechar hasta perseguir. Siempre era más divertido cuando huían. Perseguir a una presa desesperada por escapar de las fauces de la muerte era un chute de adrenalina con el que no se podía comparar ninguna otra cosa. Ni comida, ni drogas, ni juegos. Era pura emoción.

Decidí que era mejor no corregirlo, no es que fuera algo importante y era mejor caerle bien que caerle pesado si quería que me llevara con él en sus viajes. ¿Por qué me aferraba tanto a aquel desconocido? Puede que fuera por el peso de esos años haciendo un trabajo insulso y aburrido sumados al estrés constante de suprimir mis impulsos más salvajes. Puede que finalmente algo dentro de mí hubiera cedido ante ese peso y ahora buscaba irme de allí lo más rápido posible y Zack representaba esa salida inmediata.

Una vez en el restaurante descargué las cajas que quedaban y se las entregué al encargado, que ya tenía listo el pago por lo que esa vez fue mucho más rápido que con la panadera. Pero cuando el joven ya se iba a la cocina con las cajas en un carrito, una piedra lo golpeó en la espalda. Obviamente pensó que había sido yo por la dirección de la que provenía el golpe. Gruñí bajo y suspiré. – No busques pelea conmigo o acabarás malparado. Ha sido el forastero. – Le dije, aprovechando el tono grave de mi voz para infundir algo de miedo en el trabajador, lo que lo predispuso a creerme. Era mucho mejor enfrentarse a un forastero humano por raro que fuera su aspecto que a un lobo humanoide de casi dos metros de altura y que iba armado.
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#9
La broma, al parecer, no le había salido al albino como quería. A pesar de eso, quedó satisfecho con el resultado, ya que el lobo había usado su "voz encantadora" para asustar al sujeto del restaurante. Eso dejaba claro que algo de iniciativa tenía. Sin embargo, su rival resultó ser una especie de cobarde, ya que esa voz no debería amedrentar. Como un buen dramático, el albino, con las manos guardadas en los bolsillos, negó levemente con la cabeza.

—Es difícil que fuera yo. Mira, mis manos están guardadas y no soy tan rápido como un mink para esconderlas sin que te dieras cuenta.

Con su mejor cara, o sonrisa, debería decir, se alzó de hombros. Después de todo, Zack era un buen mentiroso: un noble aprende a aparentar cosas, incluso a exagerar si es necesario. Pero ese no era el caso. No quería que el lobo se molestara, solo que peleara un poco para divertirse y conocer más sobre las habilidades de aquel sujeto que, prácticamente, se estaba ofreciendo a acompañarlo. El Gremory quería reunir un grupo de seres excepcionales para poder patearle el trasero a los malditos enemigos de la familia, pero cada cosa a su momento. Ahora mismo, tenía delante a un tipo malhumorado que parecía indeciso sobre a cuál de los dos atacar.

El albino, por un momento, decidió ignorarlo y caminar por el lugar mirando las mesas y los detalles que había, como las botellas de distintos alcoholes en la parte de atrás. Señaló una de ellas.

—Interesante, se nota que tienes buen gusto. Abren de noche; sería interesante venir a tomar unos tragos con ustedes...

Diría con una leve sonrisa, esperando que el lobo terminara todo su trabajo para poder seguir con el siguiente punto. Miró por la ventana, buscando conocer más del pueblo. Cuando el lobo terminó, preguntó

—¿Qué hay de interesante en esta isla?
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#10
¿Realmente me convenía asociarme con aquel tipo del pelo blanco? Acababa de comprobar de primera mano que era un mentiroso y que incitaba situaciones incómodas o violentas para su propio disfrute. Y una cosa era provocar a alguien para que huyera y así perseguirlo y otra muy distinta era provocar a alguien para que atacase a otro. Empezaba a plantearme seriamente mis opciones, pero no tenía barco. Apenas una barcaza que servía para cruzar un río o pescar cerca de la orilla. Si intentase viajar entre islas con ella era muy probable que acabara en el fondo del mar. Así que, de nuevo, Zack era mi vía de escape de Centaurea.

El trabajador del restaurante decidió que era mejor dejar pasar lo de la piedra y continuar con el día como si nada, así que me dio el pago y continuó cargando cajas hacia la cocina como si nada. – Es un restaurante y nada más. No van a abrir para que te bebas alcohol, no es un bar o un club. – Le dije, dirigiéndome ya a la puerta de salida, confiando en que el vendado vendría tras de mí. Terminé de escribir un par de cosas apoyado en la carreta y luego arrojé la tablilla con los papeles dentro de la misma. ¿Para qué llevarla colgando del cinturón de forma incómoda si tenía que tirar de la carreta igualmente? - ¿Interesante? Esta isla es anti-interesante. No encontrarás pedazo de tierra más aburrido en los cuatro Blues. Apenas hay animales que cazar siquiera… - Se me escapó lo último, en realidad no quería decirlo pero ahora que estaba tan cerca de librarme de las cadenas sociales que me reprimían supongo que estaba un poco ansioso y me dejaba llevar un poquito por el instinto, dejando menos espacio para la razón.

- Diría que lo más interesante de esta isla ahora mismo es el barco en el que has llegado, porque nos sirve para irnos. – Traté de encaminar la conversación por otro derrotero, uno que me beneficiara más que simplemente hacer turismo.
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