10-08-2025, 08:15 PM
Cao parecía verse maravillado por la fruta, no solo se comió su ración de mango, también pidió un par de zumos, ofreciéndome uno a mi y bebiéndose el otro. Incluso soltó un suspiro de alivio y placer al saborear tal delicioso jugo, yo preferí ser mas precavido, uno nunca sabe cuando podrá volver a saborear esos manjares, así que decidí guardas el zumo y un poco de mango para mas adelante en el día.
Aquel tipo parecía un hombre de negocios, ya me estaba ofreciendo dinero y comida por amenizar una de sus veladas. "Hhmmm... La verdad es que no me iría mal comer bien por una vez." Pensé mientras me contaba un poco las escuetas condiciones del trabajo. -¿Una fiesta del té? No veo por que no, tengo preparadas unas partituras tranquilas y afables para esas situaciones.- Le dije mientras sonreía y miraba al cielo pensando en qué tipo de delicias podría toparme en aquella fiesta.
Miré la flauta de bambú que solté de mi cinturón, recordando que a mi padre le encantaban ese tipo de fiestas llenas de hedonismo y placer vacío, decía que su música era lo que le podía dar alma a esas situaciones. Lo decía bastante orgulloso de si mismo, quien sabe si era verdad, pero mi mente de niño le creía sin dudarlo, viéndolo como un superheroe que todo lo podía con su música.
-No necesito mas pago que el que me quieras dar, pero si ya hay comida allí... Yo me doy por servido.- Dije sonriéndole mientras lo veía comprando mas fruta, esta vez era una pequeña esfera de extraño color y forma... Variable, si es que eso era posible. El tendero intentó avisarle de algo, pero fue demasiado tarde, Cao la engulló de un bocado sin pensarlo demasiado. "Será una fruta en mal estado... Bueno, ahora la escupirá" Medité para mis adentro mientras veía a mi acompañante poner una expresión peculiar en su rostro, no daba la sensación de saber a gloria precisamente.
Esperaba aspavientos y y gritos de desagrados, pero lo que pasó posteriormente era algo que incluso a Cao le pilló por sorpresa. Su cuerpo comenzó a cambiar de color a tonos arcillosos y marrones y, acto seguido, su cuerpo comenzó a derretirse como un helado de chocolate en verano, dejando un charco marrón en el suelo por unos segundos. Di un salto del susto y abrí los ojos como platos, jamás había visto nada ni parecido, el tendero había salido corriendo como si la misma parca estuviese pisándole los talones y yo solo pude quedarme mirando atónito como de ese charco de lodo comenzaba a erigirse la figura de aquel hombre de nuevo. -¿Sorpresivo?.- Dije incrédulo al ver la indiferencia del tipo. -Sorpresivo es encontrarse una moneda por la calle. Esto ha sido raro de tres pares de narices.- Comencé a tocarle un brazo, incrédulo y asustado, para comprobar si volvía a deshacerse o ya había recuperado el estado sólido. -¿Te sientes raro o... mal? ¿Necesitas que busque un médico?- Pregunté realmente preocupado, en mi familia no era normal perder la forma y volverse fango.
Aquel tipo parecía un hombre de negocios, ya me estaba ofreciendo dinero y comida por amenizar una de sus veladas. "Hhmmm... La verdad es que no me iría mal comer bien por una vez." Pensé mientras me contaba un poco las escuetas condiciones del trabajo. -¿Una fiesta del té? No veo por que no, tengo preparadas unas partituras tranquilas y afables para esas situaciones.- Le dije mientras sonreía y miraba al cielo pensando en qué tipo de delicias podría toparme en aquella fiesta.
Miré la flauta de bambú que solté de mi cinturón, recordando que a mi padre le encantaban ese tipo de fiestas llenas de hedonismo y placer vacío, decía que su música era lo que le podía dar alma a esas situaciones. Lo decía bastante orgulloso de si mismo, quien sabe si era verdad, pero mi mente de niño le creía sin dudarlo, viéndolo como un superheroe que todo lo podía con su música.
-No necesito mas pago que el que me quieras dar, pero si ya hay comida allí... Yo me doy por servido.- Dije sonriéndole mientras lo veía comprando mas fruta, esta vez era una pequeña esfera de extraño color y forma... Variable, si es que eso era posible. El tendero intentó avisarle de algo, pero fue demasiado tarde, Cao la engulló de un bocado sin pensarlo demasiado. "Será una fruta en mal estado... Bueno, ahora la escupirá" Medité para mis adentro mientras veía a mi acompañante poner una expresión peculiar en su rostro, no daba la sensación de saber a gloria precisamente.
Esperaba aspavientos y y gritos de desagrados, pero lo que pasó posteriormente era algo que incluso a Cao le pilló por sorpresa. Su cuerpo comenzó a cambiar de color a tonos arcillosos y marrones y, acto seguido, su cuerpo comenzó a derretirse como un helado de chocolate en verano, dejando un charco marrón en el suelo por unos segundos. Di un salto del susto y abrí los ojos como platos, jamás había visto nada ni parecido, el tendero había salido corriendo como si la misma parca estuviese pisándole los talones y yo solo pude quedarme mirando atónito como de ese charco de lodo comenzaba a erigirse la figura de aquel hombre de nuevo. -¿Sorpresivo?.- Dije incrédulo al ver la indiferencia del tipo. -Sorpresivo es encontrarse una moneda por la calle. Esto ha sido raro de tres pares de narices.- Comencé a tocarle un brazo, incrédulo y asustado, para comprobar si volvía a deshacerse o ya había recuperado el estado sólido. -¿Te sientes raro o... mal? ¿Necesitas que busque un médico?- Pregunté realmente preocupado, en mi familia no era normal perder la forma y volverse fango.
